El
poblado ibérico del Puig de Sant Andreu de Ullastret es uno de los yacimientos más conocidos de
Cataluña y donde mejor está representada la ciudad ibérica. Los íberos son la
población autóctona de la edad del bronce en la franja mediterránea de la
península ibérica, que recibió influencias culturales de griegos y fenicios. El
origen del poblado ibérico de Ullastret se remonta a mediados del s. VI. a. de. C y en la segunda mitad de este siglo se fortificó
todo el recinto con una muralla reforzada por siete grandes torres, y durante la
primera mitad del s. IV a. de. El poblado se amplió hasta casi triplicar la
superficie amurallada. En la parte inicial del recorrido por el yacimiento, lo primero que
visitamos es un lienzo de la muralla más antigua, y una parte de este muro fue desmontada cuando se construyó la muralla del s. IV a. C. Observamos
que los materiales y las técnicas de talla empleados en las dos fases
constructivas son muy diferentes.
En
general, podemos decir que la organización urbana de este poblado es propia de
un oppidum, poblado fortificado en
altura, característico de la época protohistórica, donde se conservan sus calles, adaptadas a las pendientes y las irregularidades del
suelo; donde se puede observar la longitud de las mismas, en concreto, la que tiene el recorrido de norte-sur, que es
la más larga. El poblado ha experimentado diversas fases de reurbanización; la
más importante fue la construcción de la muralla en la parte oriental, así como de algunas casas pertenecientes a familias
aristocráticas.
Además,
el poblado contaba con importantes obras públicas, como templos, cisternas, silos y necrópolis, todo un entramado de organización social de la comunidad.
El
poblado dominaba un amplio territorio del que se explotaban recursos económicos y ganadería, así como canteras, minas, etc.
La
actividad más importante que realizaban era la agricultura, seguida de la
ganadería, donde, según los registros arqueológicos, la fauna más frecuente ha sido la de los ovicápridos, seguida de los cerdos y los bóvidos, y, en menor medida, también tenían caballos y
perros. La ganadería les proporcionaba una dieta, además de materias primas como la lana, pieles y huesos, que se utilizaban para fabricar
diversos elementos. Pero también practicaban la caza de cérvidos y de jabalíes.
Comerciaban
con las comunidades indígenas cercanas, con la colonia griega de Ampurias, así como con griegos y fenicios.
Con
la llegada de los romanos a la zona durante la Segunda Guerra Púnica se inició
un proceso de transformación en el sistema de ocupación y explotación económica
del territorio que condujo al abandono forzoso del sitio a inicios del s. II a.
C.
Ya
en época carolingia, en la cumbre de la colina se levantó un castillo, del que hoy en día se conservan restos de la muralla y de la torre. En los siglos XVI-XVII
se construyeron una ermita dedicada a Sant Andreu y una casa de labranza, donde hoy día se alberga el museo del yacimiento.
En
dicho museo se encontraba la exposición temporal titulada “Las cabezas cortadas de Ullastret.
Violencia y ritual en el mundo íbero”.
Durante
las excavaciones en una de las calles del yacimiento, en el año 2012, se
encontraron 15 fragmentos craneales humanos, entre los cuales dos cabezas enclavadas en muy buen estado. Esto viene a testimoniar la práctica ritual de
las cabezas cortadas, costumbre de origen celta que consiste en exhibir la
cabeza del enemigo vencido como un trofeo de guerra. Es la primera vez que se
expone este material, pero, ante la importancia del hallazgo, se quiere hacer
extensible a otras áreas de la
Península. Su visita es muy interesante.









Gracias Isa de nuevo por esta entrada . En mi agenda tenia a Ullastret desde hace tiempo, lo que sucede que pilla algo a tras mano. Cuando nos veamos te haré algunas consultas de dudas que tengo. Saludos, hasta pronto.
ResponderEliminarGracias Salvador, las que tu quieras. Saludos
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