jueves, 22 de septiembre de 2022

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ASTURIAS

 Cuando visitamos Asturias, una de las ciudades de obligada parada es Oviedo, para disfrutar de su inmenso patrimonio, tanto cultural como natural. En pleno centro de la ciudad, se encuentra el Museo Arqueológico del Principado, que conserva una larga tradición museística desde 1845. Realizamos nuestra visita a las nuevas instalaciones del museo, situadas a la espalda de la Catedral, en el monasterio benedictino de San Vicente, y relacionadas con el primer asentamiento de la ciudad. El edificio ha sufrido varias reformas. La última ha sido una exquisita rehabilitación que ha dotado al edificio de instalaciones renovadas. Se abrió al público en 2011. En esta rehabilitación también se llevó a cabo la reposición del claustro y la ampliación del solar del edificio contiguo, respetando la fachada de estilo barroco.

Un paseo por el interior y te das cuenta de la diversidad cultural y la riqueza arqueológica e histórica que guarda la historia de Asturias, y que vamos descubriendo a través de sus exquisitas colecciones particulares, que van desde tiempos prehistóricos y la época de los castros hasta Roma y la Asturias medieval.

Prácticamente, me voy a centrar en la sala de Prehistoria, que para mí es la preferida en un museo. Comienza con unas vitrinas dedicadas a las condiciones ambientales en la prehistoria, que exhiben una rica colección de restos de fauna cuaternaria procedentes de las cuevas de El Castillo, Buxu, Sofoxó, La Rierca y del Cierro…

La incorporación de equipos de investigación en las excavaciones arqueológicas ha permitido conocer las estrategias de subsistencia de los primeros grupos humanos (caza, pesca, recolección, etc.) y los avances técnicos en la fabricación de las herramientas halladas en distintas cuevas y abrigos. Dentro de este período, la parte antropológica está muy bien representada por los hallazgos de la cueva de El Sidrón.

Una de las vitrinas alberga una representación a escala 1:1 de la figura de una mujer neandertal, con el objetivo de resaltar las diferencias anatómicas entre los neandertales y los humanos modernos. La cueva de El Sidrón puede decirse que alberga uno de los registros más completos de fósiles de neandertales (Homo neanderthalensis). Sus restos han sido estudiados desde 2003 por el Grupo de Paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales –CSIC, con el paleoantropólogo Antonio Rosas González como director. Decir que el descubrimiento de la estructura del ADN en 1953 marcó el inicio de la era de la biología molecular y de la genética. Gracias a los beneficios que nos aporta la genética y a partir de esos registros, podemos reconstruir parte de la historia de la especie a la que pertenecieron y así hacerlos nuestros, reintegrándolos a la gran familia biológica que es la especie humana. Pues bien, a partir de su ADN se han establecido las relaciones de parentesco entre los 12 individuos que han aparecido.

Entre la información que nos han dejado, sabemos que eran grupos que practicaban el canibalismo, usaban plantas medicinales en su vida cotidiana y empleaban palillos de dientes. Pero quizás una de las novedades es que este grupo conocía la división del trabajo por sexo y por edad.

Lo que hace extraordinaria esta cueva es que en la Península Ibérica no existe un registro tan completo y variado de esta especie, por lo que constituye un referente en el mundo neandertal.

Otra de las evidencias, única del rico patrimonio de Asturias, es el conjunto de arte mueble paleolítico, que, a mi modo de ver, está muy bien expuesto. Basándose en los aspectos museográficos, han conseguido, mediante iluminación con leds, el efecto de una vitrina de doble visión, de tal forma que te permite ver las piezas desde sus diferentes ángulos. También la información sobre estas es accesible a través de los recursos interactivos, en los que se puede profundizar en los elementos decorativos de las piezas. El conjunto de industria lítica y ósea procede de las cuevas de Buxu, Llonín, Tito Bustillo, Las Caldas…

Hay que resaltar que buena parte de las colecciones disponibles en el museo se debe al trabajo de investigación y a las donaciones de muchas personas, y me gustaría destacar la del profesor Francisco Jordá Cerdá, quien fue director de este museo desde 1953 hasta 1963 y del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación Provincial de Oviedo. Esas donaciones se deben a sus trabajos en las cuevas de Pindal, Cueto de Mina, Peña de Candamo, La Lloseta, Cova Rosa, El Cierro, la cueva de Les Pedrose...

Otra de las salas, muy bien distribuida, es la que alberga las sociedades del neolítico. En este período nos sorprenden los megalitos, el mundo funerario que se desliza entre el culto y el territorio, así como la transformación del paisaje como reflejo de una nueva sociedad.

Y, por supuesto, en Asturias no podía faltar el poblamiento castreño, que tanto ha influido en el paisaje de esta comunidad entre el final de la Edad del Bronce y la conquista romana. Donde se generaliza el uso del hierro, aparecen los primeros poblados fortificados y, sobre todo, mejoran las técnicas de cultivo. De este período destaca la diadema de Moñes, que representa el arte figurativo en la orfebrería céltica. Es una tira de oro con representaciones figurativas, de un exquisito trabajo.

De aquí se pasa a la sala donde se refleja la llegada de Roma a Asturias, que supuso la organización del territorio, la transformación de las actividades económicas y un fuerte cambio cultural que la vincula con la civilización clásica. Se da paso a la monarquía astur, desde su formación en la alta Edad Media hasta la llegada del s. XV. El recorrido termina con la visita al claustro del antiguo convento, de estilo gótico y friso renacentista.

En general, podemos decir que el Museo Arqueológico de Asturias satisface las necesidades culturales, científicas, educativas y lúdicas de cualquier público que se acerque a sus salas.

Sólo me queda felicitar a todas las personas que han participado en la puesta en valor de este museo por la diversidad cultural y la riqueza arqueológica y, sobre todo, por su planteamiento museológico y museográfico de las piezas que custodia.

 

Referencia:

-Izquierdo, I. y García, S. (2011-2012): “El Museo Arqueológico de Asturias (Oviedo): identidad y memoria del patrimonio asturiano”. Museos.es, 7-8, pp. 264-279.