lunes, 4 de diciembre de 2017

La caza del ciervo en la Prehistoria (I)

La caza fue, quizás, una de las primeras actividades que realizaron  los grupos humanos. Para comprender este trabajo,  en la Prehistoria, y su evolución en un medio natural, hay que tener en cuenta una serie de factores y hechos, el más importante es que la fauna de una determinada zona cambia en el transcurso del tiempo. Como resultado de las oscilaciones climáticas,  surgen nuevas especies y a su vez se extinguen otras. El ciervo es una especie muy conocida, sus machos presentan una cuerna típica y característica: amplia, ramificada y caediza. A diferencia de ellos, la cierva no presenta cuernas.
Esta especie está presente durante la biozona Mp 19, debido a las fluctuaciones climáticas producidas durante esta etapa. La fauna de gran tamaño sufrirá una serie de cambios morfológicos y métricos, como es el caso del ciervo, dentro de este periodo nos encontramos con el Megaloceros, que es un mamífero que pertenece a la familia de los cérvidos; su característica es que era de gran tamaño, pero sobre todo destacaba por el gran tamaño de sus cuernas. Se trata de un género de cérvido extinguido, que se desarrolla durante el Plioceno al Pleistoceno y se extinguió aproximadamente hace unos 5.000 años.
Los Megaloceros cohabitaron con los primeros homínidos y fueron presas de sus cacerías. En la Península Ibérica, en el año 2015, se han encontrado restos en Cueva Victoria (Cartagena-Murcia), en concreto se trata de fósiles de dientes, astas y huesos de las extremidades. Estos restos han sido estudiados por el paleontólogo Jan van der Made, que lo ha denominado Megaceros Novocartaginiensis n.sp. y se cree que habitaron en la península hace 780.000 años, durante el Pleistoceno.
En el año 2005, en el yacimiento paleolítico de Preresa (Getafe-Madrid), apareció un conjunto de restos óseos que pertenecía a un tipo de cérvido, que Jan van der Made atribuyó a Haploidoceros mediterraneus, y apareció en conexión anatómica completa. Tiene un tamaño menor a los Megaloceros, se encuentra entre el ciervo rojo y el gamo. Su tamaño es bastante factible para ser cazado por los neandertales. En la Península Ibérica se ha encontrado, como ya he comentado, en Preresa, en niveles de 84.000 años y en la Cova del Rinoceront (Castelldefels-Barcelona), en niveles de hace 90.000 años y también hay registros en el sur de Francia.
Estos restos de Haploidoceros aparecieron junto a otros conjuntos óseos de cabra montesa, corzo, mamut, zorro…etc; donde los grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico Inferior y Medio establecieron sus campamentos, en las riberas de los ríos de los valles del Jarama y Manzanares, donde llevaban a cabo diversas actividades, entre ellas la caza de animales para su abastecimiento de carne.
También estaban presente en el yacimiento de Jou Puerta (Asturias), donde el paleontólogo Diego Álvarez ha podido recuperar un ejemplar de megaloceros, en concreto fragmentos de astas, y donde se ha determinado que la distancia entre ambos extremos del asta había una distancia de tres metros y medio y cada asta media un metro ochenta desde la base hasta su extremo.
Durante la biozona Mp 19 se produce la renovación de los Megaceros de grandes cornamentas, que dará paso al Cervus elaphus, durante el Paleolítico Medio. Y durante la biozona Mp 20 se produce un restablecimiento de la fauna mediterránea llevada a cabo por la biocenosis de determinadas especies, como el Equus caballus, Mammuthus primigenius y el Cervus elaphus; por un cambio regenerativo de la vegetación arbórea, producido por un gran cambio climático. Algunas plantas desaparecen y  aparece una renovación de algunas de ellas, que venían con poco contenido en minerales. Estos minerales son necesarios para la dieta de los cérvidos, tanto para sus huesos como para sus astas, luego un déficit en la aportación de estos minerales significa la presencia de animales débiles, que llevaría a su próxima extinción. Se pasa, así, a un registro más homogéneo de especies mediterráneas como los équidos, bóvidos, cérvidos y cápridos que perdurarán hasta la llegada del Holoceno.
El Cervus elaphus de la península, pertenece a una de las cuarenta especies de la familia de los cérvidos que hoy existen en el mundo. De todas estas especies de cérvidos, hay tres especies que han sobrevivido a lo largo de todo el Holoceno, como son: el ciervo (Cervus elaphus), el corzo (Capreolus capreolus), y el gamo (Dama dama). La familia de los cérvidos agrupa un total de 17 géneros, a su vez, el Cervus elaphus es una de las 9 especies de su género. El orden corresponde a Artiodactyla y  suborden Rumiantes. Como artiodáctilo tiene las extremidades rematadas en un número par de pezuñas, como rumiante posee un estómago dividido en cuatro partes y cómo cérvido tiene cuerna ósea, maciza y caediza que se renueva cada año.
En la Península Ibérica habitan dos especies, que se pueden considerar autóctonas, como son el Cervus elaphus hispánicus y el Cervus elaphus boliva, más robusto y de cuernas más ramificadas, encontrándose estas en las sierras del sur, como sierra Morena y Extremadura.
Recientes trabajos de investigación entre las Universidades de Córdoba y de Navarra, basada en los análisis de ADN, han observado diferencias genéticas entre los ciervos que pueblan los montes  españoles con los de otras partes de Europa, y han ratificado la existencia de dos linajes diferentes dentro de la subespecie ibérica. Se ha determinado que estas dos poblaciones locales se diferenciaron durante la última era glacial, por lo que tienen una antigüedad de al menos 12.000 años. A partir de este estudio los investigadores han podido identificar no sólo estos dos grupos locales diferenciados, sino establecer qué zonas ocupan y desde cuándo.  Así tenemos que estos ciervos pueblan la Península Ibérica desde la última glaciación. El sur de Europa, se convirtió en un refugio para este mamífero, por eso al establecerse en una zona mucho más cálida que la centroeuropea, esta especie reduce su talla, no quiere decir que sea antinatural, sino que es sabido que una misma especie reduce tanto más su talla cuanto más cálidas sean las condiciones de su hábitat….
En el próximo post hablaré de los aspectos generales cinéticos, dinámica poblacional, etiología y biodiversidad del ciervo para llegar a entender su caza…


Referencias:

- Made, J.van der., 2014: “The latest Early pleistocene giant deer megaloceros novocartaginiensis n.sp. And the fallow deer Dama cf. vallonnetensis from Cueva Victoria (Murcia,Spain)2. Mastia, 2012-2014.
- Carranza, J; Salinas, M; Andrés, D; y Pérez-González, J.,2014: “Iberian red deer: paraphyletic nature and mtDNA but nuclear markers support its genetic identity”. Ecology and Evolution.

- Cáceres Sánchez, I., 2003: La transición de las sociedades cazadores-recolectoras a pastoras-agricultoras en el mediodía peninsular a través de los restos óseos. Modos de vida y de trabajo de las sociedades cazadoras y productoras. BAR. International. Series 1194. Oxford.Londres.



Ilustración del Megaloceros o ciervo gigante de Diego Álvarez


Asta holotipo de Megaloceros Novocartaginiensis sp. vista por las dos caras.
Ilustración de Mauricio Anton de Megaloceros.



Esqueleto de Hoploidoceros mediterraneus  descubierto en Getafe (Madrid). Foto: S.González.



miércoles, 1 de noviembre de 2017

LOS CELTAS DE LA BETURIA. EL YACIMIENTO DE CAPOTE

Cuando hablamos de los celtas siempre lo asociamos a los castros que se asentaron en la zona de Galicia, Cantabria,  Asturias y parte de Portugal. Sin embargo, en la zona de la Beturia (en el suroeste peninsular), en el año 1985, fue descubierto un castro Celta, que se ha consolidado como uno de los referentes arqueológicos más acentuados de la Beturia Céltica.
Según las fuentes clásicas, la Beturia era el término con que se conocía al territorio limitado por los ríos Guadiana, Tinto y Guadalquivir. Este término era un concepto más territorial que geográfico, que se utilizaba para referirse a la zona montañosa en torno al Guadiana.
En el s. IV a.C los celtas que habitaban en la zona del Duero medio, se desplazaron hacía estas tierras atraídos por su riqueza minera y ganadera; y se fueron asentando por toda la Beturia y el Alentejo portugués. Se inicia así un proceso de colonización de estos territorios. Se asentaron en castros (poblados fortificados), que se caracterizan por situarse en lugares con un amplio control visual de la zona.
El Castrejón de Capote, es un yacimiento de unas características excepcionales, se encuentra emplazado en la parte sudoccidental de Extremadura, en el término municipal de Higuera la Real (Badajoz), que está bañada por el río Sillo, en su recorrido hacia el Guadiana.
Según la geomorfología del castro, emplazado en un cerro alargado y plano,  delimitado por la confluencia de los ríos Sillo y Álamo, le confiere una forma de espigón que le dota de pronunciadas pendientes por tres de sus cuatro flancos, lo que le convierte en un lugar de difícil acceso, excepto por su extremo oriental. Estas características especiales le determinan como “castro de ribero”. Todas estas características geológicas y geomorfológicas del  terreno, rico en agua y con una extensa biomasa vegetal, así como, una abundancia de cuarcitas y pizarras, fueron las bases para que este castro se situase en este lugar.
Su historia se remonta al año 1984, cuando se encontró en el lugar una losa de gran tamaño, que presenta grabados característicos de las denominadas estelas del suroeste (s. IX a. C). Dada la importancia del hallazgo se iniciaron las respectivas prospecciones y posteriormente las excavaciones; desarrollándose una primera fase entre los años 1984-1990 y la segunda en 1994-1996, ambas fueron dirigidas por el Prof. Luis Berrocal-Rangel.
Las intervenciones arqueológicas, en un principio, fueron enfocadas hacía el conocimiento del tejido urbanístico del poblado, de sus defensas y de los límites de la ocupación. Sus estructuras se encontraron todas cubiertas de sedimento, de ahí, que se haya podido documentar tan bien. Se ha logrado autenticar que se trataba de un poblado totalmente amurallado, con una puerta principal resguardada por torres y bastiones, que alcanzan los 9 m de altura. Su urbanismo se articula en torno a una calle central que atraviesa el poblado de Este a Oeste, y a la que desemboca el resto de callejones transversales, que separan las distintas  viviendas y facilita el desagüe de las calles, por tratarse de una zona bastante lluviosa.
Las casas se distribuían en dos estancias, una de acceso y otra dedicada a ser el almacén de los alimentos. En la primera habitación se sitúa el hogar o cocina, en el centro, junto a un banco corrido, y suele haber un molino giratorio. En la segunda habitación se depositaban las grandes vasijas y las herramientas del campo, sobre un suelo pavimentado.
En el centro del poblado se sitúa un pequeño Santuario que fue destruido, y posteriormente sepultado, después de haber celebrado en él una de sus ceremonias rituales. Por el registro arqueológico, se determina que, posiblemente, participaron unas trescientas personas. Estos participantes ingirieron unos 23 animales: 6 bóvidos, 2 ciervos, 2 équidos, 5 suidos y 5 ovicaprino. Estos animales fueron sacrificados sobre la mesa-altar de piedra, y su carne fue ingerida en un banquete ritual acompañada de bebidas alcohólicas. Se trata de una ceremonia colectiva encaminada a incrementar la cohesión social de estas comunidades campesinas. Parece ser que este ritual se celebró con la idea de abandonar el lugar, sus ofrendas y utensilios sagrados fueron enterrados bajo una capa de piedras y un muro.
Gracias a la buena conservación del yacimiento, se ha documentado una segunda ocupación, a la que corresponde la mayoría de las murallas y de las casas que se conservan. Los restos de un incendio generalizado pueden relacionarse con las guerras contra Viriato, quien ocuparía el poblado entre los años 150 y 139 a.C.
Tras la derrota del caudillo Lusitano, los habitantes de Capote lograron la estabilidad necesaria para un evidente progreso económico. En esta etapa, Capote recupero todo su auge económico y tecnológico, pero siempre bajo la supervisión de la curia romana, que conquistó la Beturia en el año 138 a. C.
Nada se sabe del abandono definitivo del poblado, según los registros, sus habitantes abandonaron el lugar, tras una salida rápida; según la estratigrafía del yacimiento se ha podido datar que se produjo en el año 76 a. C, que coinciden con la guerra civil contra Sertorio. Tras la victoria de Roma, la Beturia quedó integrada en la nueva provincia de la Bética.
Con la puesta en valor de este yacimiento, así como, con los trabajos científicos que ha generado, se ha ampliado el conocimiento de los célticos en el suroeste peninsular que era prácticamente inexistente.  Extremadura, ha apostado por la revalorización de esta zona arqueológica, y ahora le corresponde a la población, en general, apoyar y conservar este hermoso Patrimonio que nos han legado nuestros antepasados. No sólo, nos encontramos ante un yacimiento de unas características excepcionales, como así lo ha demostrado su registro, sino también, se trata de una zona con un enorme valor Histórico, Arqueológico y Etnográfico que se debe conservar y mantener, y sobre todo, seguir apostando por este proyecto con nuevos trabajos de excavaciones e investigación, para aunar en el conocimiento de un poblado como es el de Capote.

El Centro de Interpretación:

Una de las actuaciones que se llevaron a cabo en el yacimiento para la adecuación de las visitas, realizadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, ha sido la realización de un Centro de Interpretación. En él, podemos encontrar una serie de paneles explicativos de todo el proceso histórico de este asentamiento, así como reproducciones de objetos hallados en las excavaciones, una maqueta de cómo sería el castro y un audiovisual con tecnología digital en 3D, donde te reconstruye la historia del yacimiento.
El centro está dirigido por la historiadora Victoria, que una vez visionado el vídeo, te hace una excelente aclaración de todo el recorrido del yacimiento, explicándote todo tipo de dudas al respecto. Sin duda, un magnífico enclave para visitar, donde puedes disfrutar de un rico patrimonio, de su rica gastronomía, y de una variedad de flora y fauna.     

Referencias:

- El altar prerromano de Capote. Luis Berrocal Rangel.

- Capote. La Ruta Céltica. Luis Berrocal Rangel.

-La Beturia: definición, límites, etnias y organización territorial. Susana Pérez. Brigham Young University. Utah.




Puente sobre el río Álamo

Puerta principal.
Lienzo de Torre defensiva para mejorar la protección del flanco sureste.



Taller metalúrgico 




Calle central es la calle mas importante del poblado.

Viviendas

Santuario: está flanqueado por dos casas y levantado por un podio

Centro de Interpretación.



Lámina de oro con forma de hoja de laurel, hallada en el depósito.

Ajuar cerámico recuperado en el Santuario (Foto: L. Berrocal)





miércoles, 18 de octubre de 2017

INTERCAMBIO DE OBJETO DE HUESO ENTRE COMUNIDADES DEL MESOLITICO

En el año 2013 se llevó a cabo una excavación, en un estanque de peces, en la aldea de Golebiewo, en Polonia Central. En el registro se encontró un objeto que fue identificado como un “bastón de mando perforado” realizado sobre asta de reno (Rangifer tarandus). Debido a lo significativo del hallazgo, en aquel lugar, se procedió en 2015 a una intervención en extensión, pero no se obtuvieron nuevos hallazgos de instrumentos del paleolítico.
El bastón mide 30 centímetros de largo y 2-3 cm de diámetro. A  lo largo de su superficie está grabada una serie de motivos triangulares  y presenta un gran agujero en uno de los extremos.
Según los diferentes análisis, tanto de carbono-14, como de ADN, para determinar la antigüedad y la especie animal, así como de carbono, nitrógeno y análisis de isótopos de oxigeno para estimar el lugar geográfico de origen del animal,  han determinado que se trata de un asta de reno y tiene una antigüedad de 10.000 años, por lo que pertenece al periodo mesolítico inicial de la zona.
El hecho de que fuese un objeto aislado en el registro, y sobre todo fabricado en asta de reno, fue lo que puso en alerta a los investigadores, ya que, los renos en esa época se extendían solamente por el norte de Escandinavia y el noroeste de Rusia.
Para los autores del hallazgo, el bastón perforado es un objeto que representa el arte de los cazadores-recolectores del Holoceno inicial. Y entre las diferentes hipótesis que barajan es que pueden tener diferentes funciones, entre las que se encuentran: la de ser un obsequio que realiza una población a otra; de ritual, o pueden ser arpones, azadones o bien herramientas utilizadas para la fijación de cuerdas a las chozas.
Creo que lo más significativo del hallazgo es la distancia que separa la zona donde fue creada, posiblemente en el sur de Laponia, y donde fue encontrada: el Centro de Polonia. El objeto fue desplazado unos 1.600 km. Lo que se intuye que posiblemente hubo un intercambio de útiles  entre los grupos de cazadores-recolectores de principio del holoceno.

Referencia:

-Osipowicz, G, et al; 2017: Origin of the ornamented baton percé from the Golebiewo site 47 as a trigger of discussion on long-distance exchange among Early Mesolithic communities of Central Poland and Northern Europe. PLoS ONE 12 (10).




Bastón perforado de Golebiewo 47, (Foto - J. Kuriga)


Bastón perforado de Golebiewo 47, (Dibujo de B. Kawalewska)