martes, 10 de enero de 2017

CUEVA DE LA PILETA (Benaoján-Andalucía).

El arte rupestre prehistórico es uno de los fenómenos culturales que más literatura e hipótesis ha generado a lo largo de las últimas décadas. En Andalucía, en concreto, este fenómeno se ha catalogado siempre dentro de dos grandes grupos estilísticos culturales. Por un lado han estado los santuarios parietales subterráneos del Pleistoceno, con sus diferentes fases del Paleolítico Superior; y por otro lado han estado las manifestaciones post-paleolíticas, donde se encuadrarían los momentos holocénicos y que reflejan los fenómenos esquemáticos. Hoy hablaré del santuario prehistórico más importante, del sur peninsular, como es la Cueva de la Pileta, en Málaga.
Dicha cavidad fue descubierta en 1905 por José Bullón Lobato, cuando iba buscando murcielaguina para abonar sus tierras, descendió a la cavidad por una pequeña sima, con una rudimentaria cuerda. En estas primeras incursiones a la cavidad, el descubridor fue localizando restos de cerámica, pinturas, restos humanos, etc; lo que más le llamó la atención fueron las pinturas rupestres en forma de signos esquemáticos, por eso la denominó, en un principio, “Cueva de los Letreros”, porque los signos le parecían que fuesen letras.
En 1911, visitó el cortijo de Harillo un inglés afincado en Jimera de Libar, era aficionado a la ornitología, y pasó por allí para buscar huevos de las grajas que habitaban en la sima de los Murciélagos, y fue cuando José Bullón le comentó lo que había visto en la cueva y se ofreció para acompañarle en su próxima visita.  Su asombro, por lo que había visto, le llevó a publicar este hallazgo en la revista Saturday Review. Esta pequeña referencia bibliográfica llegó a manos del Abate Breuil, que preparó una expedición al sur peninsular, para visitar la cueva, acompañado de Hugo Obermaier, Paul Wernet y Juan Cabré.Toda la documentación que habían extraído de sus trabajos, la plasman en la monografía: La Pileta à Benaojan.
De esta forma, dentro de sus labores cotidianas, se descubrió la que posteriormente ha sido considerada la cueva con mayor riqueza artística en el extremo meridional de la Península Ibérica.
Posteriormente, José Bullón legó su propiedad de la cueva a su hijo Tomás Bullón que fue quién llevó a cabo una serie de trabajos de acondicionamiento para que la cueva pudiese ser visitable y también descubrió la puerta por la que hoy día se accede a la cavidad.
Pasando a los registros artísticos que encontramos en la cavidad se ven plasmados los dos episodios culturales del Paleolítico Superior, uno es el solutrense y el otro el arte magdaleniense. Durante el episodio solutrense en la cavidad vemos plasmado dos temas principalmente, uno atribuido a la figura de los animales y el segundo el formado por ideomorfos o abstractos. Respecto a la fauna representada, durante el solutrense, se encuentran los animales típicos de climas cálidos, como los bóvidos, cápridos, cérvidos y équidos.
En la zona de la Nave Central es donde aparecen las primeras representaciones artísticas de color ocre, rojizos y amarillentos que representan un caballo, una cabeza de toro y signos esquemáticos.
En la sala del Salón, destacan un reno, un ciervo, un caballo amarillo, cabra negra y vaca rojiza, y signos esquemáticos. Pero quizás el lugar emblemático de la cavidad por su belleza y perfección es el conocido por el “El santuario”, donde se representa una yegua preñada y una representación de animales de época solutrense, que fueron estudiados por los profesores Francisco Jordá Cerdá y Eduardo Ripoll Perelló.
Otras de las salas emblemáticas es la Sala del Pez, la más conocida de toda la cavidad, donde se representa los primeros pisciformes, en este caso en concreto se representa un gran pez, de especie marina, dentro de la especie han representado una foca y encima de éste se aprecia el dibujo de una cierva; a la izquierda de ese panel se puede apreciar también la figura de un chamán y el negativo de una mano.
A lo largo de toda la cueva se aprecian multitud de representaciones de animales y signos esquemáticos, que van desde el auriñaciense, solutrense, magdaleniense y neolítico, y es en éste último periodo donde se han encontrado más representaciones. También hay que destacar las representaciones de figuras humanas, como la figura del arquero, con claras influencias levantinas.
Ni que decir tiene que la cavidad además de servir de lugar de hábitat fue un lugar de encuentro de los grupos de cazadores-recolectores procedentes tanto de la vertiente Mediterránea como de la Banda Atlántica.


Observación: Nuestro agradecimiento a José Antonio Bullón por sus explicaciones y por habernos acompañado en la visita, así como a Francisco Giles Pacheco, por su esfuerzo, gestión, y explicaciones a lo largo del recorrido de esta cueva.

Referencia: José Antonio Bullón, La cueva de La Pileta. IPEK. Jahrbch fur prahistorische & Ethnographische kunst.













José Antonio Bullón actual propietario y conservador de la cavidad.

A la entrada de la cueva con el arqueólogo Francisco Giles Pacheco.


martes, 20 de diciembre de 2016

LAS PRIMERAS EVIDENCIAS DE HUESO TRABAJADO

Hasta la fecha siempre se ha asociado la industria ósea junto a evidencias de registros fósiles, procedentes de contextos del  Paleolítico Superior.
Un reciente artículo publicado en la revista Nature, publicado por Andrea Zupancich, nos viene a determinar que en  la cueva de Qesem (Israel), con un registro del Paleolítico Inferior, se han hallado dos herramientas de sílex que presentan restos de material óseo en su filo. Dentro del mismo contexto cultural, pero no en el mismo nivel estratigráfico, se ha registrado un fragmento de tibia perteneciente a un gamo.  Este hueso presenta una serie de incisiones cortas y profundas, conectadas en un mismo punto y además superpuestas, lo que se ha identificado como un aserrado.
La solución que dan los investigadores, ante tales evidencias, es que los homínidos que ocuparon la cueva de Qesem habían transportado piezas seleccionadas de animales cazados; y después de consumir su carne, grasa y tuétano, ocasionalmente utilizaban los huesos de los animales desechados para usos diferentes que no eran los alimentarios.

Según los datos presentados en la revista se cree que tales hechos fueron practicados entre 420.000 y 300.000 años. Y que posiblemente sean las evidencias más antiguas hasta la fecha, relacionada con una fracturación intencional de hueso con fines que no son los alimentarios, utilizando para ello una serie de herramientas de sílex.

Referencia:
A. Zupancich, et al, 2016: Las primeras evidencias del uso de herramientas de piedra en el hueso  trabajado en la cueva Qesem, Israel. SCi.Rep.6, 37686.




domingo, 11 de diciembre de 2016

MARÍA ENCARNACIÓN CABRÉ HERREROS: Una pionera de la Arqueología Española.

María Encarnación Cabré fue una pionera dentro del mundo de la Arqueología, aunque, podemos decir que se crío entre cerámicas, vasijas, molinos y todo tipo  de registro arqueológico, ya que, era hija del prestigioso arqueólogo Juan Cabré y éste hecho le dio la oportunidad de estar en contacto con excavaciones desde una edad muy temprana, además de un bagaje de conocimiento  que  fue forjando una vocación por esta especialidad.
Corría el año 1911 cuando nació Mª Encarnación, en una época en que el panorama laboral para la mujer era casi inexistente; en esta época las únicas salidas laborales que tenían las mujeres eran el magisterio, archivos y bibliotecas; será ésta última, la que le abrirá las puertas a la mujer para  tener acceso a la Arqueología. Pero Mª Encarnación ya desde pequeña acompañaba a su padre a las excavaciones, era su más estrecha colaboradora, realmente participó en varias campañas que se realizaron en el Castro de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila) y en la necrópolis de La Osera; de hecho, realizaba multitud de dibujos de las piezas recuperadas de una excelente calidad y siempre tomaba notas in situ, en su cuaderno de campo, sobre los trabajos que se realizaban en las excavaciones en el día a día.  Con apenas 18 años ya participó en el IV Congreso Internacional de Arqueología, celebrado en Barcelona, en 1929, que estaba presidido por Mélida y actuaba como secretario Bosch Gimpera, allí presentaría junto a su padre una comunicación sobre la cerámica de Cogotas.
Estudió Filosofía y Letras, sección Historia, en la Universidad Complutense de Madrid, que finalizó en 1932. Ya antes de terminar la Licenciatura participó en el XV Congreso Internacional de Arqueología y Antropología Prehistórica, que se celebró en Portugal, donde presentó un estudio sobre cerámica peninsular. También sustituyó a su padre en la excavación de Alcalá de Azaila (Teruel), sin haber terminado aún, sus estudios. Cuando finalizó su Licenciatura se matriculó para realizar los cursos de Doctorado, para ello solicitó una beca de la Junta Superior de Ampliación de estudios de Madrid, para poder asistir a cursos en las Universidades de Berlín y Hamburgo, donde llevó a cabo cursos de Prehistoria y Etnografía. En esta época obtuvo una beca para participar en el Crucero del Mediterráneo (para realizar prácticas de arqueología) y a su regreso obtuvo un puesto como profesora ayudante en el departamento de Arte de la Universidad Central.
Viajó por varios países para impartir conferencias y reunir información para su Tesis Doctoral, que no llegó a terminar, entre ellos se encontraba: Marruecos, Alemania, Francia, Austria, Italia, Checoslovaquia y Suiza.
Pero quizás, uno de sus trabajos más reconocidos fue el que realizó en la cueva de los Casares, en Riba de Saelices (Guadalajara), donde llevó a cabo los grabados de arte rupestre paleolíticos, y los dio a conocer tanto en Inglaterra como en Alemania y en Bruselas, en el XVI Congreso Internacional de Antropología.
Pero su trabajo más meritorio podemos decir que fue el de salvaguardar el patrimonio artístico que teníamos en el Museo Nacional, durante el período de la Guerra Civil Española. Durante este periodo Mª Encarnación se quedó en Madrid con su padre, (que rechazó la propuesta de trasladarse a Valencia cuando estalló ésta), que por aquella fecha era director del Museo Cerralbo. La guerra afectó negativamente en la vida de Encarnación porque tuvo que abandonar su fase investigadora y pública que había llevado hasta ese momento. En 1939 contrajo matrimonio y tuvo ocho hijos. La vida familiar y los acontecimientos políticos que la rodeaban, unidos a la muerte de su padre y la de una de sus hijas, fue mermando poco a poco la vida laboral tan fructífera que Mª Encarnación había llevado; aunque nunca se separó totalmente de la Arqueología, así, mandaba trabajos a la revista de Guimaraes y a revistas de Prehistoria españolas, así como, a congresos; pero siempre con el objetivo de mantener vivo el nombre de su padre que había fallecido en 1947.
Cuando uno de sus hijos, Juan Antonio, terminó la Licenciatura de Filosofía y Letras, Encarnación volvió poco a poco a retomar sus estudios arqueológicos y colabora con su hijo en dichos trabajos.

Referencias:   - Baquenado Beltrán, I., 1993: “Encarnación Cabré Herreros. La primera mujer en la arqueología española”. Revista de Arqueología, 146. 
 
Encarnación sentada junto a una vasija hallada en el Cerro de El Castillo (Cardiñosa, Ávila) 1928. Foto: Ministerio de Cultura. Fototeca del Patrimonio Artístico Archivo J.Cabré.

Encarnación tomando notas de un hallazgo en la necrópolis de La Osera. Foto: Ministerio de Cultura. Fototeca del Patrimonio Artístico Archivo J.Cabré

Encarnación, en la necrópolis del castro de Las Cogotas (Cardiñosa, Ávila) 1927. Foto:Ministerio de Cultura. Fototeca del Patrimonio Artístico Archivo J.Cabré.