miércoles, 26 de diciembre de 2012

MUSEO DE LUCENA (Córdoba)



Los museos son lugares de encuentro con la cultura, con el saber, con nuestro pasado y presente, es decir, con nuestra identidad personal a lo largo de los años. También los museos tienen o deben tener una función de enseñanza, de conservación y de investigación de toda esa cultura que protegen  y preservan, para el bien de todos.
Si visitamos la población de Lucena, no debemos dejar de visitar su Museo Arqueológico y Etnológico, emplazado en el Castillo del Moral, de planta cuadrangular, con torres que datan del s. XVI, y que es Monumento Nacional.
El Castillo está muy bien conservado y, además, el Ayuntamiento ha sabido darle utilidad para el uso y disfrute de la población, albergando en su interior el Museo y la Oficina de Turismo.
En una de las dos torres que presiden el castillo residió Boabdil el Chico, quien fue prisionero del regidor Martín Hurtado de Lucena.
Este museo está distribuido en diez salas, donde puedes realizar un recorrido histórico de la zona. Nosotros nos vamos a detener en las salas 3 y 4, donde se recrean los modos de vida de las comunidades preneandertales del yacimiento de la Cueva del Ángel.
Esta cueva debe sus inicios, en 1995, a Cecilio Barroso y Daniel Botella, que presentaron el primer proyecto de intervención en la zona, y donde se ha seguido excavando en intervenciones intermitentes hasta 2009.


 El depósito arqueológico de la cavidad abarca un amplio espectro cronológico que va desde 100.000 años y más de 480.000 años según las dataciones de U/Th; y según el registro de material lítico y óseo, 



Definen un horizonte secuencial ,que abarca desde un Pleistoceno Medio al Pleistoceno Superior; es decir, según los veintiún niveles de ocupación que se han detectado en la cueva su registro cultural 




Abarca desde el periodo cultural del Achelense superior hasta el Musteriense de tradición achelense.




En sus vitrinas podemos observar restos hallados en dicha cavidad, pertenecientes a grandes herbívoros como elefantes, bóvidos, rinocerontes y caballos. También, se han encontrado en dicha cueva 


ciervos, jabalíes, bisontes; aunque no son muy abundantes, entre los carnívoros tenemos el lince y el oso. 


También se han encontrado restos óseos de tortuga, conejo y aves de pequeño y mediano tamaño.
Se  trata de comunidades de cazadores-recolectores especializados en la caza de ungulados.


         
                                                                

martes, 4 de diciembre de 2012

TAFONOMÍA



El término Tafonomía viene del griego taphos: enterramiento y nomos: leyes, y se debe al paleontólogo ruso Efremov en 1940, que la definió como el estudio de un proceso cuyo resultado final es que los restos de los organismos que sucumben en las diversas partes de la Biosfera  una vez fosilizados, se convierten en parte de la litosfera, es decir, es la disciplina que se dedica a las leyes de los enterramientos.
Efremov realizó un intenso estudio sobre las alteraciones y modificaciones que experimentan los huesos desde que el animal muere hasta su enterramiento. En sus primeras fases de estudio, la tafonomía era considerada una subdisciplina de la paleoecología; actualmente forma parte tanto de los estudios paleontológicos como de los arqueológicos. Pero ¿QUÉ ES LA TAFONOMÍA? Vamos a ver, a grosso modo,  el recorrido que ha seguido esta disciplina en las investigaciones recientes.
Como he comentado, Efremov fue uno de los primeros en  dedicarse al estudio de la tafonomía. Luego, la disciplina tuvo un parón debido a la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, más tarde Müller diferenció la bioestratinomía de la diagénesis como dos fases diferentes del proceso tafonómico.
 

Aunque Efremov y Müller, ya en los años 1940 y 1950, nos estaban dando los planteamientos tafonómicos bajo una metodología analítica y evolutiva, sobre los procesos que influyen en la formación de un yacimiento y los fenómenos que actúan en su destrucción.
Hay que destacar también los trabajos pioneros  de Behrensmeyer y Kidwell, que definen esta disciplina como el estudio de los procesos de preservación y de cómo estos han afectado a la información en el registro fósil, es decir, qué agentes naturales o humanos permiten explicar la presencia de los elementos óseos en los yacimientos.
La metodología que han llevado a cabo se basa principalmente en dos hechos fundamentales: uno es la cantidad de huesos acumulados en el lugar y otro, el tipo de sedimentación que ha intervenido en el enterramiento. En ello han influido factores como la abundancia de vertebrados, la cercanía de los huesos a ambientes deposicionales, la disposición potencial de los huesos, la proporción de huesos con exposición atmosférica y las actividades de carnívoros.


Las investigaciones tafonómicas, que han adquirido más auge y han generado más información  e interpretación, han sido los trabajos angloamericanos, vinculados principalmente al estudio de asentamientos del Plioceno-Pleistoceno de África.
A pesar de que las investigaciones tafonómicas son bastante recientes para los prehistoriadores, no fue hasta los años 1980 cuando cobraron mayor importancia, gracias a los estudios de investigadores/as que intentaban dar luz a la interpretación de los procesos de preenterramiento para llegar a conclusiones sobre los comportamientos de las comunidades prehistóricas, sobre todo en yacimientos del Plio-Pleistoceno.
Aquí, en nuestro país, los estudios de Fernández López han dotado a dicha disciplina de una teoría y de una serie de contenidos metodológicos y conceptuales, así como de finalidades. Para él, los restos óseos son generadores de información, ya que cada uno de los procesos que han experimentado puede manifestarse en el grado y el tipo de preservación, así como en las características macro y microscópicas de los elementos.


 La tafonomía nos ayuda a distinguir la sincronía de la diacronía de los procesos desarrollados por los diferentes fenómenos y/o procesos en un resto óseo. Esta disciplina tiene en común con la zooarqueología el interés por los valores informativos que aportan los fósiles, más allá de la identificación taxonómica de los organismos que representan, de las cuestiones de anatomía comparada y de biología o filogenia que pueden ilustrar.
Aunque las posibilidades de conservación de los restos óseos son limitadas, ya que muchos elementos se pierden por la destrucción de los carnívoros, el clima, los suelos ácidos, los desplazamientos de corrientes de agua, etc., hay numerosos factores que ayudan a que los restos faunísticos persistan hasta su exhumación.
Mediante estos estudios, un/a arqueólogo/a pretende conocer cómo han llegado al yacimiento los restos óseos y qué procesos han experimentado hasta su exhumación; por tanto, proporciona a la arqueología nuevos instrumentos teóricos y metodológicos que nos permiten caracterizar las modificaciones físicas, químicas y biológicas por las que atraviesa todo organismo.
Frente a las concepciones antropocéntricas, que han prevalecido en los estudios arqueológicos hasta los años 1960, esta disciplina permite insertar la actividad humana en su contexto natural. Así entendida, la tafonomía no solo nos permite acercarnos a la paleoecología de los homínidos, sino que también nos ayuda a discernir los procesos generados por los seres humanos de los demás agentes y nos da bases sólidas para inferir paleoecológicamente.
Cualquier yacimiento con un registro en el que hayan participado seres vivos atraviesa una serie de fases hasta su formación como fósil, como la muerte, el enterramiento y el descubrimiento. Luego podemos afirmar ella estudia el efecto de los procesos posmortem, es decir, el enterramiento y la preservación de los conjuntos fósiles, y para su estudio se requiere del conocimiento de varias subdisciplinas, una la Bioestratinomia (de bios-vida; stratum-capa; nomos-ley) que se encarga de investigar los procesos que ocurren entre la muerte del organismo y su enterramiento, mientras que la Fosildiagénesis (fodere-excavar; día-a través, génesis-formación) estudia los procesos de fosilización que ocurren después del enterramiento.

Referencias:

BEHERENSMEYER, A.K., and KIDWELL, S.M., 1985: "Taphonomy´s Contributions to Paleobiology”. Paleobiology, 11 (1), pp. 105-119.
CÁCERES SÁNCHEZ, I., 203: La transición de las sociedades cazadoras-recolectoras a pastoras-agricultoras en el mediodía peninsular a través de los restos óseos .Modos de vida y de trabajo de las sociedades cazadoras y productoras. BAR. International. Series 1194. Oxford.  Londres.
EFREMOV, J. A., 1940: "Taphonomy: A new branch of paleontology". Pan American Geologist, 74. pp. 81-93.
FERNÁNDEZ LÓPEZ, S., 1986: “Sucesiones Paleobiológicas y Sucesiones Registráticas. (Nuevos conceptos paleontológicos)”. Revista Española de Paleontología, 1, pp. 29-45. Madrid.
MÜLLER, A.H., 1951: “Grundlagen der Biostratonomie”. Abt. Dr. Akad. Wiss, pp. 1-147. Berlín.

                                                               

sábado, 17 de noviembre de 2012

LOS ÚLTIMOS CAZADORES-RECOLECTORES DE ÁFRICA ORIENTAL: LOS HAZDA

Cuando estuve en Tanzania realizando la “Expedición Orígenes Humanos”, no podíamos dejar de visitar a la última etnia de cazadores, que se asienta en esta parte oriental de África.
Los Hadzabe, alrededor de mil, viven en sus territorios nativos, en las amplias llanuras que rodean el lago Eyasi, protegidos por el bastión rocoso del Gran Rift Valley. Sobreviven en pequeños grupos; se desplazan de forma nómada por el territorio, cazando y recolectando lo que el bosque les ofrece.
Tienen unos modos de vida de cazadores-recolectores que han perdurado desde hace 10.000 años, a pesar de la influencia de sociedades agricultoras a su alrededor. Los hadza no conocen ni la agricultura ni la ganadería.
Tuvimos que madrugar mucho para desplazarnos hasta sus campamentos. Nos esperaba una salida de cacería con un grupo de Hadza. Salimos al alba de su campamento. Junto a cuatro cazadores, emprendimos la marcha. Les seguíamos sigilosamente para no interferir en su trabajo ni espantar a la fauna que nos rodeaba. Antes de comenzar la cacería, los más adultos, 


Se preparan en una especie de pipa rudimentaria de tabaco para fumar, que se la van pasando de unos a otros, y acto seguido, en el mismo lugar, se ponen a preparar sus arcos y flechas.




Nos íbamos desplazando por matorrales espinosos y acacias erguidas. Así, pasamos por un gran palmeral, muy deteriorado en esta época debido a la escasez de agua. Se desplazan por el bosque de forma sigilosa y observando el terreno, lo hacen tanto por tierra como trepando por los 


Árboles, con gran agilidad, así, la primera presa que capturaron fue un gálago, de cola ancha, estos animales son pequeños suelen pesar de uno a 


Dos kilos y su longitud oscila entre 25 y 40 cm, por lo que hay que cazar unos cuantos para desayunar a cuatro personas.



Cuando ya habíamos recorrido un gran espacio por la zona de arboleda y se había conseguido lo suficiente para comer, pasamos a zonas más abiertas para cazar ratones de campo. La técnica que utilizan para estos animales es el acecho; lo suelen esperar en las salidas de las pequeñas galerías que construyen en los terrenos áridos y,  de la forma más increíble, cazan un ratón de campo que no suele ser mayor que el grosor de sus arcos. En estos momentos te das cuenta de las características que mantienen viva a esta etnia: el sigilo con el que se mueven por el bosque y la buena puntería que tienen. Son capaces de cazar un gálago a varios metros de distancia, entre la maleza, donde apenas son visibles.

 para dar paso a quitarles las vísceras;

Una vez que los haza consideran que los animales que han cazado son suficientes para su alimento del día, paran y, en el mismo lugar, como son presas pequeñas, las ponen sobre el fuego y les queman la piel para dar paso a quitarles las vísceras; vuelta y vuelta, dan paso a su comida.


Los hadas disfrutan de mucho tiempo de ocio; suelen dedicarse a la búsqueda de alimento durante una media de cinco o seis horas al día.
Son gente pacífica; nunca han practicado la guerra ni la guerrilla entre etnias locales, que suele ser muy común en estas latitudes. Su población nunca ha sufrido brotes de epidemias ni hambrunas. Practican un modo de vida en total sintonía con la naturaleza y disfrutan de la dieta más saludable que existe, ya que comen lo que la naturaleza les ofrece; de esta forma, nunca alteran el ecosistema.
Normalmente, los hazdas viven en pequeños grupos familiares y carecen de bienes; todo lo que poseen se lo pueden llevar al hombro. En sus cambios de campamento, no suelen estar más de un mes en un sitio. El trabajo lo tienen muy bien diferenciado: los hombres se dedican a cazar y recolectar miel, mientras que las mujeres salen a recoger bayas y frutos, y a recolectar tubérculos.


Las mujeres viven libremente; su sistema es la autonomía individual y no sufren la subordinación a ningún hombre del grupo. Entre los hazdas no hay celebraciones ni bodas; practican la monogamia; de hecho, suelen cambiar de pareja a los pocos años. Los roles entre ellos están bastante definidos, como he dicho antes, la mujer suele pasar el día recolectando y también elaboran esteras para el suelo de las cabañas que construyen con hojas de palma, también elaboran collares, con cuentas de plástico, que suelen adquirir con el trueque de la miel o bien de los souvenires, que les llevan los 


turistas. Sin embargo, los hombres, aparte de las horas que les dedican a la caza, destinan el resto del día a dormir o a enderezar los astiles de flecha, tallar arcos y afilar las puntas de flecha, que suelen untar con el veneno de la rosa del desierto, que tiene la capacidad de matar a un búfalo. Normalmente, cuando los hazda salen de caza, la presa la llevan al campamento y la reparten entre todos; y si se encuentran con un animal grande que ha muerto hace poco, son los hazda los que se desplazan adonde está.


Es una tribu que tiene una lengua propia (hadzane), no se relaciona con ninguna otra y se resiste al establecimiento de normas. Durante la época colonial se intentó asentarlos en dos ocasiones, y ambas concluyeron con una epidemia de sarampión y un alto índice de mortalidad.
En el año 1980, se intentó incorporarlos a un sedentarismo dándoles ganado, granos y herramientas para cultivar la tierra. Pero los Hadza siempre han sido una sociedad cazadora y carecían de los conocimientos necesarios para practicar la agricultura.  Pero cuando el grano se terminó y el ganado se consumió, volvieron a su estado primitivo: gente libre.
Actualmente, comparten su tierra inhóspita, del lago Eyasi, con los Datoga, que luchan una batalla perdida contra el gobierno del progreso, que los esfuerza a la extinción de un estilo de vida que se ha prolongado a lo largo del tiempo desde el Paleolítico.  El Hadza tiene lengua propia; no tiene jefes ni casa ni sistema político; vaga por la tierra, en pequeñas bandas, con poco sentido de tribu.
La usurpación de sus territorios de caza tradicionales ha avanzado rápidamente, fomentada por las políticas gubernamentales de registro de tierras y por la agricultura, tanto el cultivo comercial de menor escala como la producción de trigo a gran escala, financiada por el gobierno canadiense. Y los cazadores del lugar han agotado los recursos silvestres, dejando la tierra agreste.
Actualmente, hay algunas ONG que han intentado ayudar a los Hadza, suministrándoles pantalones y cinturones, que son su única indumentaria, y a través de escuelas y colonias; pero estos esfuerzos han sido desviados hacia los grupos políticos dominantes en la zona, como los Datoga y los Iraqw.  Hoy por hoy podemos decir que esta  sociedad cazadora está desapareciendo…