Muchas veces, cuando caminamos
sobre sedimentos blandos o fangosos, nuestras pisadas quedan marcadas en el
suelo; dependiendo del tipo de sedimento, estas tendrán una forma u otra, o
perdurarán más o serán más efímeras. A veces creemos que los restos fósiles son
sólo huesos, dientes y conchas, pero tenemos cada vez más evidencias indirectas
de su presencia, como las huellas, conocidas como icnitas.
Estas icnitas las podemos ver en
las rocas y fueron hechas por organismos vivos mientras caminaban o corrían, y
nos aportan gran información sobre los animales que se movían o vivían en
determinadas zonas. Para que se conserve una huella, es necesario que el animal
camine sobre una superficie blanda, como el barro o la ceniza volcánica. Esta
huella es posteriormente cubierta por arena, limo o ceniza adicionales, que le
sirven de protección frente a fenómenos atmosféricos, como el viento o el agua.
A través de su estudio, se puede colegir qué animal las dejó, la velocidad y el
modo de desplazamiento que presenta, que se miden a partir de la distancia
entre pisadas, su comportamiento y, sobre todo, el entorno donde vivía, a
través de la textura del sedimento.
Con el paso del tiempo, estos
sedimentos se fosilizan y forman rocas en las que quedan impresas las huellas
de los animales. La fosilización se debe a los movimientos tectónicos derivados
del plegamiento alpino en el Pirineo. Es el fenómeno observado en el yacimiento
de La Fondota (Abiego, Huesca), donde se han hallado más de mil icnitas de
mamíferos. El yacimiento fue descubierto en 1973 y actualmente está siendo
estudiado por un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza,
integrado por Martín Linares, Diego Castanera y José Ignacio Canudo, quienes
han realizado el estudio sedimentológico e icnotafonómico.
Hace 35 millones de años
(Oligoceno) en Abiego había una zona de lagos y lagunas someras, sometidas a
frecuentes oscilaciones de la lámina de agua, donde los mamíferos acudían a
beber y en esas zonas de fango (calizas, margas areniscas) quedaron impresas
las huellas. Durante este periodo, el paisaje estaba compuesto por praderas y
coníferos, con lagos poco profundos; de ahí que los animales acudieran a beber.
Dada su buena conservación y atendiendo a su morfología, se ha determinado que
estas huellas están asociadas a Anoplotherium y Entelodon, dos
artiodáctilos extintos que tenían pezuñas y dedos pares. El registro fósil de
estos animales se encuentra en el Reino Unido, Francia, España, Portugal y
Alemania. El Anoplotherium es un herbívoro endémico de Europa occidental
y podía pararse sobre dos patas para ramonear las plantas.
Para saber más sobre las icnitas,
o huellas, podéis consultar la entrada en este blog: «Las huellas fósiles más
antiguas», que se refiere a huellas humanas.
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| Ilustración realizada por Rosa Alonso. |





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