Uno de los materiales que podemos encontrar en los
yacimientos arqueológicos es el “hueso”. El conjunto de estos huesos configura el esqueleto o sistema esquelético y forma parte del
endoesqueleto de los vertebrados.
Determinados huesos de animales han servido a lo
largo de la historia como materia prima para los grupos humanos en la
fabricación de adornos y herramientas. Esta práctica se conoce como industria
ósea.
Las partes anatómicas del esqueleto de los animales
que más han sido utilizadas, según los registros, han sido las costillas, las escápulas, los huesos largos, las astas y los dientes.
A este tipo de material se le suele considerar
frágil, pero a su vez, es resistente y duro, lo que le confiere unas características ideales para ser trabajado y manipulado, mediante técnicas como la percusión bien directa o indirecta, el aserrado, la abrasión, la perforación, la incisión y el recortado o pulimentado, para convertirlos en
instrumentos o en elementos de adornos.
Ya desde el musteriense, los grupos humanos lo
utilizaban para elaborar útiles como punzones, agujas, azagayas, arpones,
varillas, espátulas, bastones, perforadores, propulsores, puntas de flechas,
alisadores, cinceles, arpones, anzuelos, ídolos, adornos, colgantes,
brazaletes, instrumentos musicales, botones, peines, cajas, etc.
Hoy quiero hablar en este post del hueso utilizado
como juguete. Cuando aparecen determinados materiales en los registros
arqueológicos, hay que determinar cuál era su función; es decir, un hueso puede tener bien una función lúdica, bien una función ritual u ofrenda.
En la prehistoria, para determinar el uso de elementos lúdicos (juguetes), hay que remitirse a los hallazgos en yacimientos arqueológicos, como sonajeros, figurillas con forma de animal, silbatos, etc. Por
ejemplo, en Europa se ha encontrado un arco de pequeñas dimensiones que se interpreta como una fase de juego-aprendizaje de los más pequeños, para prepararlos para cazar.
También se han hallado bolas de barro y fichas de hueso, lo que parece indicar que los niños se entretenían con una
especie de juegos que podrían ser los antecedentes de las canicas o del juego
de las tabas.
¿Qué son las tabas? Una taba es el hueso del
astrágalo, que se encuentra en las extremidades traseras de algunos animales;
los más utilizados para el juego son los astrágalos de cabras, ovejas y
corderos.
Estos animales, cuando eran sacrificados en las casas (sociedades ganaderas y agrícolas), se guardaban para que los niños jugaran con ellos.
Normalmente, el juego se componía de 6 tabas y una
canica, que se guardaban en una bolsita de tela.
Este juego era y es un entretenimiento (en algunas
zonas de España aún se sigue jugando y en algunos países) de niñas, que se llevaba a cabo en las gradas de las casas sentadas o sobre alguna superficie lisa, en
círculo, debido a que la canica tiene que botar en el suelo.
El juego consiste
en lanzar las tabas con las manos y dejarlas caer al suelo. Seguidamente, se lanza al alto la canica y, durante ese período, hay que colocar las tabas en la misma posición; se puede hacer
de una en una o de dos en dos, dependiendo de los reflejos y habilidades de las
jugadoras.
Las caras de las tabas tienen formas diferentes (6 caras) y, por lo tanto, diferentes probabilidades de salir, y cada cara recibe un
nombre.
Dependiendo de la zona geográfica, el juego de la
taba tiene multitud de acepciones. Pero normalmente se pierde o se gana cuando
no se volví ninguna taba o la canica
daba dos botes en el suelo. De esta forma, la contraría empezaba su partida.
Las tabas también podían ser utilizadas por los
adultos; en este caso, eran un juego de azar y se usaban para apostar.
También tenía una función ritual y en rituales adivinatorios de carácter
religioso.
La mayoría de las culturas de los pueblos del mar Mediterráneo realizaban ofrendas a sus muertos con este tipo de material. En
la península, las primeras tumbas que aparecen, con una función de ritual y de juego, han sido en el yacimiento de la Cruz del Negro en Carmona (Sevilla),
en la segunda mitad del s. VIII a. d. C.
También se han encontrado en multitud de yacimientos romanos, donde este juego era muy conocido y practicado en la cultura romana, que a su vez lo heredó de los griegos (tali
en latín y astragaloi en griego).




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