martes, 14 de enero de 2014

MATERIAL DE TRABAJO: las colecciones osteológicas de comparación o de referencia.


Los restos óseos de animales, recuperados en los yacimientos arqueológicos, contienen una excelente información sobre las condiciones ambientales, culturales y climáticas, así como sobre el estudio de las dietas, etc., de las sociedades del pasado. Pero para llegar a revelar esta información, es necesario un conocimiento preciso por parte del especialista sobre cada grupo animal que esté estudiando.
Normalmente, cuando se realiza una excavación arqueológica, se extrae material muy diverso, dependiendo de la cronología del yacimiento, de su funcionalidad, de su tipología o de su duración, y los restos óseos suelen estar presentes en la mayoría de los casos.
Dentro de esta infinidad de posibilidades, de recuperar los restos óseos de diferentes especies, algunas han perdurado hasta nuestros días y otras pertenecen a animales vertebrados ya extintos, relativas, sobre todo, al Cuaternario.
Pero estos restos se encuentran, en la mayoría de los casos, fragmentados o fracturados, y sólo disponemos de pequeñas esquirlas o partes anatómicas para su identificación, por lo que a veces resulta difícil determinarlos. Una de las herramientas que utiliza el/la arqueólogo/a para su identificación son las colecciones de comparación, que nos sirven de referencia para clasificar los restos óseos del yacimiento en estudio. Como dice Arturo Morales, ante la imposibilidad de identificar todos los restos de fauna en una muestra, no conlleva considerar la labor del analista más deficiente, ya que en la mayoría de los registros suele haber huesos fáciles, medianamente complicados, difíciles e imposibles de identificar.
 Para este último caso, tenemos las colecciones paleontológicas, que podemos encontrar en varios sitios; uno de ellos son los museos de Ciencias Naturales, que suelen tener, más que nada, colecciones paleontológicas compuestas por restos de fauna prehistórica. Una de las funciones de estos centros es conservar y gestionar sus colecciones paleontológicas, de modo que sean accesibles a cualquier investigador/a que las solicite.
Otra forma de disponer de ellas es mediante los laboratorios de zooarqueología que se van formando a través de los departamentos de Prehistoria de las diferentes facultades y suelen disponer de colecciones de comparación o de referencia que conservan esqueletos de especies actuales y también huesos hallados en los sitios arqueológicos.
Estas colecciones de comparación proceden de carcasas de animales recientes recogidas en el campo; también se consiguen a través de centros zoológicos y se ordenan con base en una catalogación que suele ser: familia, género, especie y procedencia. Cada centro establece su registro.
Los grandes centros de investigación en el campo de la arqueología, como París, Londres y Múnich, disponen de excelentes colecciones, en su mayoría procedentes de sus colonias. Sin embargo, en España no empezaron a formarse hasta la década de los 60 del siglo pasado, ante la necesidad de estudiar los restos óseos faunísticos procedentes de las excavaciones en curso.
En nuestro país, la colección osteológica más importante es la del Laboratorio  de Arqueozoología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi en San Sebastián. Está formada en su mayoría por esqueletos de toda la fauna ibérica actual y de la que existió durante las fases glaciares del Cuaternario, en sus diferentes edades. También cuenta con animales nórdicos, de la estepa asiática y africanos. Conjuntamente con esta colección de vertebrados, también existe una amplia colección de aves, micromamíferos y malacofauna. Posteriormente, se han ido formando otros, de los cuales ya hablaré en otra entrada: los laboratorios zooarqueológicos.
Estas colecciones de comparación  son de gran ayuda para la actividad científica en curso, ya que aportan nuevos instrumentos y métodos de análisis en el estudio de los restos de fauna.



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