La música, como la combinación de sonidos y silencios, es quizás el arte más antiguo que ha acompañado a los seres humanos a lo largo de su larga evolución, ya sea con sonidos de percusión producidos con las manos, los pies o la boca. Los registros que avalen esa hipótesis no los conocemos hasta el momento; lo único que tenemos como registro arqueológico es el hallazgo de unas flautas musicales, que datan de hace 42.000 años.
Sin embargo, esta flauta no ha sido considerada por la comunidad científica ni como la más antigua ni como perteneciente a una cultura neandertal.

Estudios realizados por
investigadores de la Universidad de Oxford y de Tübingen revelan que, hace
42.000 o 43.000 años, el Homo sapiens de la cueva de Geissklösterle, al
suroeste de Alemania, utilizaba instrumentos musicales como innovaciones
tecnológicas y artísticas en su vida cotidiana, lo que constituye la primera
representación, hasta la fecha, de piezas musicales encontradas pertenecientes
al hombre moderno europeo.
Los hallazgos se produjeron
en 2009 y fueron publicados en la revista Nature.
La edad de dichos
instrumentos ha sido datada mediante el método de carbono-14, lo que ha retrasado la
edad de los hallazgos en unos 3.000 años. Pero en el año 2009 se dataron los huesos de animales encontrados en dichas capas de excavación, y los de estos animales con marcas de haber sido cazados y comidos por los humanos no habían sido descontaminados lo suficiente; por eso, las dataciones anteriores no habían sido precisas. Los investigadores
confirman estas nuevas dataciones en la revista Journal of Human Evolution, mediante un método capaz de eliminar los errores causados por la contaminación. Se revela, de esta manera, que esta población correspondería, hasta el momento, a los auriñacienses más antiguos, de la era del Paleolítico Superior.
Uno de los autores del
trabajo, Nick Conard, de la Universidad de Tubinga, señala que el hallazgo coincide con una hipótesis formulada hace años: que el río Danubio fue un corredor fundamental para el movimiento de seres humanos e innovaciones
tecnológicas hacia el centro de Europa, entre 40.000 y 45.000 años atrás.
En dicha cueva se encontraron
la figura femenina tallada en marfil más antigua hasta ahora conocida, procedente de Hohle Fels, y los hallazgos de
instrumentos musicales, estatuillas y herramientas, que configuran una amplia
colección sobre los modos de vida de estas sociedades.
Las flautas halladas son
las evidencias más antiguas, hasta la fecha, conocidas de prácticas musicales.
Una de las flautas está
realizada con el radio de un buitre
leonado y ha sido reconstruida casi por completo a partir de 12 fragmentos.
Tiene una longitud de 21,8 cm y unos 8 mm de diámetro; consta de cinco orificios para colocar los dedos sobre ellos, así como de dos hendiduras en forma de “V” en el extremo superior del tubo, por donde los músicos probablemente
soplaban.
Según los autores, la cantidad de fragmentos y pequeñas piezas de
instrumentos encontrados en la zona, junto con restos de animales y herramientas, da cuenta de lo extendida que estaba la práctica musical en el Auriñacense y de que la música cumplía diversas funciones sociales. La otra está hecha de marfil de mamut.
Las sociedades del
auriñaciense fueron capaces de fabricar un gran número de adornos personales,
de desarrollar un arte figurativo particular que incluía imágenes míticas y de utilizar un amplio repertorio de instrumentos musicales. Se cree
que este desarrollo musical habría sido estimulado por las rigurosas
condiciones climáticas.
Los autores establecen que la
música, como parte de otras expresiones artísticas y simbólicas de la época,
contribuyó al mantenimiento de redes sociales más amplias y, por tanto, a la expansión territorial y demográfica de los humanos modernos en relación con las poblaciones de neandertales, culturalmente más conservadoras y demográficamente
más aisladas.
Tom Higham, de la Universidad de Oxford,
explica que hay una supuesta flauta encontrada en Eslovenia, en una excavación
con restos neandertales, pero los investigadores del trabajo creen que los
orificios los hizo un depredador carnívoro y no un humano. Por lo tanto, los restos de Geissklösterle constituyen la evidencia más antigua de los instrumentos musicales.
Ante este hallazgo y el de la flauta del yacimiento Divje Babe, encontrada en Eslovenia, nos encontramos con un nuevo caso de un estudio tafonómico que determinaría si se trata de una flauta o bien de marcas
de carnívoros, como creen algunos arqueólogos.
En 1995, en el yacimiento de Divje Babe, se encontraron restos de un fémur de un oso joven que presentaba cuatro agujeros alineados. El
arqueólogo Iván Turk la encuentra asociada a herramientas de la
industria musteriense y a la presencia de hogares.
Sin embargo, esta flauta no ha sido considerada por la comunidad científica ni como la más antigua ni como perteneciente a una cultura neandertal.
Bibligrafía:
-T. Higham, L., Basell, R., Jacobi, R., Wood, C.B., Ramsey, N., Conard (2012): “Testing models
for the beginnings of the Aurignacian and the advent of figurative art and
music: The radiocarbon chronology of Geissklösterle”. Journal of Human Evolution. Vol 62. Pp: 664-676.

