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jueves, 8 de diciembre de 2022

EL PERRO DOMÉSTICO EN EL MAGDALENIENSE (País Vasco).

 En 1985, el profesor Jesús Altuna (arqueólogo-antropólogo y pionero en España en los estudios arqueozoológicos) dirigió las excavaciones de la cueva de Erralla, en Sestao, Gipuzkoa, donde se halló una serie de registros óseos, entre los que se encontraba un húmero de cánido, pero en ese momento no se supo determinar a qué especie pertenecía; se clasificó como Canis sp. Esta cueva presenta una estratigrafía con niveles bien definidos y caracterizados, con rangos que van del VII al I. El nivel V, donde se encontró el húmero de cánido, está cubierto por el nivel IV, que proporcionó restos de siete cabras montesas (Capra pyrenaica) en posición anatómica, lo que indica que murieron en la cueva.

Según el registro del nivel V, se depositó una abundante industria lítica y ósea, característica del magdaleniense inferior, así como objetos ornamentales y otros elementos decorados. Además de los análisis polínicos, que indican que este nivel perteneció a una fase fría (Dryas I), hay análisis arqueozoológicos que nos hablan de la dieta de los humanos de Erralla, con un predominio de Capra pyrenaica sobre Cervus elaphus. Las dataciones por isótopos de este nivel sitúan este entre 15.740 ± 240 y 16.270 ± 240 AP.

Un estudio reciente realizado por el grupo de Biología Evolutiva Humana de la Universidad del País Vasco, en el que han combinado análisis de morfología, datación por radiocarbono y análisis genéticos, ha confirmado que se trata de un Canis lupus familiaris, situado en el Magdaleniense inferior, en la región Cantábrica.

El perro (Canis lupus familiaris) doméstico más antiguo, Canis lupus familiaris, proviene de su agriotipo, el lobo gris (Canis lupus), que apareció en el Paleolítico Superior. Pero aún está por determinarse cuándo y dónde fue domesticado el lobo. Sin embargo, basándonos en los estudios genéticos, podemos afirmar que los orígenes de los linajes de perros se remontan a los antiguos lobos europeos, lo que deja claro un origen europeo de la domesticación de los lobos. Aunque hay autores que consideran el origen del perro en Europa y en Asia. Pero estudios anteriores, publicados en 2020,  determinan que existían diferentes arquetipos de cánidos hace más de 11.000 años y que los perros europeos son sólo un subconjunto muy pequeño de la diversidad  que alguna vez existió, lo que asegura que la domesticación del perro fue multifacética.

En el País Vasco, hasta la fecha, no se han clasificado restos de cánidos domésticos en niveles magdalenienses, y este es el primer estudio que incluye una datación por AMS de 14C y un análisis genético para la identificación de especies. Hasta la fecha, solo se han identificado tres perros del paleolítico superior (Magdaleniense y Epigravetiense) en los yacimientos de Kesslerloch (Suiza), Bonn-Oberkassel (Alemania) y Grotta Paglicci (Italia), mediante análisis morfométricos y genéticos.

Según los resultados de este estudio, durante el Magdaleniense el perro doméstico formaba parte de los grupos de cazadores-recolectores de Europa occidental. El perro de Erralla (17.410-17.096 cal. AP) es uno de los ejemplares más antiguos identificados como Canis lupus familiaris y comparte el haplogrupo mitocondrial C con los perros magdalenienses analizados hasta la fecha. Este estudio nos permite determinar que la domesticación del lobo en Europa occidental es la más antigua conocida hasta la fecha.

Referencia:

-         Altuna, J., et al., 1985: “Cazadores magdalenenses en Erralla (Cestona, País Vasco).” Munibe, 37. San Sebastián.

-         Botigué, L.R., et al., 2017: “Genomas de perros europeos revelan continuidad desde principios del Neolítico.” Nature Communications, 8. 10.1038/ncomms 16082.

--          - Bergström, A., et al. 2020: "Origins and genetic legacy of prehistoric dogs." Science 370, pp 557-564.

-          -Hervella, M., et al., 2022: “The domestic dog that lived   ~ 17.000 years ago in the Lower Magdalenian of Erralla site (Basque Country): A radiometric and genetic analysis”. Journal Archaeological Science 46, 103706.

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 : Húmero de cánido de Errácula: a-vista anterior, b-vista posterior, c-vista medial, d-vista lateral. Foto: J.A.S.




sábado, 3 de julio de 2021

HALLAN UN DINOFELIS, DE PEQUEÑO TAMAÑO, EN EL NORTE DE ÁFRICA


Mandíbula fósil de Dinofelis. Foto: A. Rodríguez-Hidalgo. 


En el noreste de África se ha descubierto un espécimen de pequeño tamaño de la especie Dinofelis en registros del Plioceno-Pleistoceno.

Los Dinofelis son un género de gatos dientes de sable extintos que se encuentran entre los mayores carnívoros terrestres; su tamaño se aproxima al de los leones actuales. Estos animales combinan algunas características típicas de los dientes de sable con otras más propias de los félidos panterinos, como los leones (en cuanto a la estructura general del cráneo y las proporciones del esqueleto). También porque sus dientes eran intermedios entre los dientes largos y aplanados del diente de sable y la forma cónica de los dientes de los felinos actuales. Los caninos inferiores eran robustos, pero los molares no tanto.

En la cuenca de Aïn Beni Mathar-Guefaït se ubica el yacimiento Guefaït-4. En la zona se lleva excavando desde hace más de 10 años; se trata de una región montañosa, caracterizada por bosques abiertos y abundancia de agua. En el pasado era una zona húmeda, con lagunas donde carnívoros y herbívoros se acercaban a beber. Su antigüedad se remonta a unos 2,5 millones de años.

Del trabajo intenso realizado en el yacimiento se ha obtenido un material óseo abundante de grandes mamíferos, como caballos y antílopes, correspondiente a un período que coincide con el inicio de la dinámica glacial-interglacial del hemisferio norte.

En un área determinada del yacimiento se encontró, hasta la fecha, un único individuo de Dinofelis, con una mandíbula y varios huesos de las patas delanteras, como el húmero, la ulna y varias falanges. El pequeño tamaño de este Dinofelis ha llevado a paleontólogos e investigadores a plantear que podría tratarse de un nuevo linaje de metailurina, hasta ahora no registrado, y a abrir la puerta a reflexionar sobre la competencia interespecífica entre los carnívoros del Pleistoceno africano.

Estos trabajos se llevan a cabo gracias a la colaboración entre la Université Mohamed Premien de Oujda, el ICP (Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont) y el IPHES-CERCA (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Social), que trabajan en la zona en un proyecto de investigación para determinar los orígenes del poblamiento humano en el norte de África.

Referencia:

-         -  Madurell-Malapeira, J., et al., 2021: First small-sized Dinofelis: evidence from the Plio-Pleistoceno of north Africa. Quaternary Science Reviews, 265,107028. DOI: 10.1016/j.quascirev.2021.107028.



lunes, 11 de mayo de 2020

ZOOARQUEOLOGÍA: El Lobo



Canis lupus familiaris. Foto: Ambientum

Algunos colectivos están pidiendo programas de reintroducción del lobo en sus antiguos territorios, es decir, en aquellas zonas en las que ha desaparecido por diversas causas, entre ellas la intensa presión cinegética. Sin embargo, el lobo se extendía por toda la Península Ibérica, desde el Pleistoceno medio hasta el Holoceno. 
Sus restos suelen estar presentes en la mayoría de los yacimientos, porque es el carnívoro mejor representado a nivel taxonómico, tanto por el número de restos como por el de individuos, aunque no en grandes cantidades, que comienzan a ser más frecuentes a partir del Paleolítico superior.
Aquí nos vamos a centrar, sobre todo, en la evolución del lobo (Canis lupus) y en los taxones extinguidos que lo precedieron.
En el continente europeo aparece la familia de los cánidos, representada por los géneros Canis y Vulpes, entre otros, que aquí no vamos a valorar, a finales del Eoceno y a principios del Oligoceno. 
En el Pleistoceno inferior, hace unos 2 millones de años, surge el género Canis. La Península Ibérica, durante el interglacial Mindel-Riss, se caracterizó por intensas oscilaciones climáticas que provocaron diversas distribuciones faunísticas en las distintas regiones de España; así, se extinguió el coyote y surgieron lobos y zorros.
Hay diferentes posiciones sobre cuál fue el ancestro del lobo actual, que no abordaremos. En China tenemos los registros fósiles más antiguos documentados del género Canis, en depósitos de unos 3,4 Ma.
Los primeros cánidos encontrados en Eurasia fueron el Canis etruscus y el Canis falconeri. Los más antiguos de ambas especies se encontraron en China, con una antigüedad de entre 2,5 y 2,8 millones de años. En Europa tenemos el Canis etruscus del yacimiento de Olivola (Italia), con 1,8 millones de años.
En cambio, en la Península Ibérica, en el yacimiento de Fonelas P-1 se registran Canis etruscus y Canis falconeri, característicos del Plioceno Superior y del tránsito Plioceno-Pleistoceno. 
También tenemos hallazgos de Canis falconeri en yacimientos pliocénicos de Villaroya (La Rioja), Puebla de Valverde (Aragón) y Venta Micena (Orce, Granada), con una antigüedad de entre 1 y 1,5 millones de años. Y los restos de Canis etruscus en Cueva Victoria (Murcia), Huéscar-1, Solana de Zamborino y Cúllar de Baza (Granada) con 500 mil años.
Prácticamente, podemos decir que el lobo estaba presente en la mayoría de los yacimientos de la Península Ibérica, como Torralba y Ambrona, con una antigüedad de 0.4 Ma, en la Sima de los Huesos con 0,25 Ma, cueva Fantasma, en Pinilla del Valle, cueva de la Carigüela, cueva Negra, Cabezo Gordo, cueva de los Casares, cueva de los Torrejones, Abric Romani, Leztxiki, Labeko Koba, Amalda, Santimamiñe, Bolinkoa, Ermitlia y Urtiaga (Guipüzcua), Morín (Cantabria), Cueva Ambrosio…
Durante el Paleolítico inferior, la Península Ibérica estaba formada por ecosistemas de sabanas y zonas lacustres, donde se extendía una diversidad de especies animales que hoy no coexisten. Entre los que se encontraban hipopótamos, mamuts, jirafas, rinocerontes, félidos y hienas, diferentes tipos de monos cercopitecos y équidos (precaballos), bóvidos y una gran variedad de artiodáctilos.
Entre los carnívoros teníamos a los Canis falconeri, que atacaban a los ungulados. Por sus mandíbulas se determina que tenían una alimentación carnívora, en su mayoría, con una muela carnicera más cortante que la de los lobos actuales, con cúspides muy afiladas; por lo tanto, no eran rompedores de grandes huesos. Estos lobos eran sociables y cazaban en grupo, por lo que su eficacia en la caza era mayor que la de los felinos; incluso superaban la de los dientes de sable.
Sin embargo, el Canis etruscus es un lobo que caza en solitario; su tamaño corporal también es menor: pesa unos 10 kg y, al ser un gran corredor por sus características anatómicas, suele cazar presas de animales más pequeños.
Entre 1,6 y 1,8 millones de años hubo dos grandes cambios de especies en todo el planeta; cuando esto ocurre, suele deberse a una serie de cambios climáticos. En este primer cambio sobrevivieron tanto el Canis etruscus como el Canis falconeri
Sin embargo, otro gran cambio se produjo hace aproximadamente 800.000 años, cuando dio lugar a una serie de animales que aún existen, entre ellos el Canis lupus (lobo).
El lobo, más evolucionado y generalista, excluyó a Canis etruscus y Canis falconeris, que presentaban habilidades vitales, básicamente debido a su sistema de caza en grupo, lo que le permitió reemplazar a otros depredadores.
Según el registro faunístico de yacimientos paleolíticos, con presencia de taxones carnívoros, nos determina que los cánidos han tenido varias implicaciones a lo largo del Pleistoceno en su relación con los grupos humanos, una de ellas ha sido su papel de agente acumulador de carcasas de ungulados en  zonas de hábitat de humanos, pero también, el lobo normalmente, acudía a los yacimientos que estaban ocupados por los grupos humanos en épocas en que estos estaban libres, buscando los residuos dejados por éstos. A través de los estudios tafonómicos, se ha observado en el yacimiento de Galería, en la Trinchera de la Sierra de Atapuerca, que hace 200.000-500.000 años se registró un gran número de herbívoros con marcas de haber sido comidos por los homínidos, y también se observaron marcas de mordeduras de cánidos, lo que indica que los cánidos aprovechaban los recursos cárnicos que los humanos dejaban. 
Pero también los lobos han sido presa de grupos de cazadores, ya sea por su carne o por su piel; estos serían cazados a finales de otoño o a principios de invierno, cuando su piel está más bonita.
Aunque estos animales son difíciles de cazar debido a su naturaleza evasiva y su agudo sentido del olfato. Son territoriales y su forma de vida es en manada, compuesta por machos y hembras, con entre 10 y 15 individuos. 
Su dominio no suele ser muy amplio, sólo abarcan una zona de 200km; el aullido es lo que marca su territorio con las manadas vecinas, pero lo que más le caracteriza es su gran olfato, pueden oler a grandes distancias, gracias a que tiene repartido por todo su cuerpo una serie de glándulas, en la cola, los ojos, las patas, en la piel y en los genitales; sus feromonas secretadas por dichas glándulas son las que identifican a cada lobo. 
Debido a que se desenvuelve en un biótopo muy amplio, ya sea en la montaña o en los bosques caducifolios, taigas y praderas, su capacidad de adaptación le ha permitido extenderse por toda Europa, Asia, América y África. Así, también nos han dejado constancia a través de sus representaciones en el arte parietal, que han estado presentes muy cerca de las comunidades humanas. 
Estas representaciones se distribuyen por toda Europa a lo largo de todo el Paleolítico, que se extiende desde Alemania hasta la Vega Verde. Aquí se contabilizan once sitios con representaciones gráficas distribuidos por Navarra, el área cantábrica, la mediterránea y la Meseta. 
Estos animales, a lo largo de los diferentes períodos históricos, han estado al refugio de los humanos, ambos compartimos un carácter biológico y somos animales sociables, pero esta relación nunca ha sido así, en nuestra península estuvo a punto de extinguirse a finales de los años setenta (del s. XX), por los ataques que se producían a los rebaños de ganado, que llevó a los ganaderos a luchar contra éste animal, llevándolo casi a la erradicación. Gracias a la perseverancia de Félix Rodríguez de la Fuente, se salvó de una desaparición segura y obtuvo un régimen de vedas anuales.
Muchas comunidades rurales no ven con buenos ojos que en sus territorios se reintroduzca el lobo (Canis lupus familiaris), porque se les atribuye la responsabilidad de las pérdidas en sus rebaños. 
A pesar de que las administraciones han adoptado algunas medidas para subsanar estos problemas, no hay acuerdo entre ambas partes. Como en todos los ámbitos en los que surgen las indemnizaciones, también surge la picaresca: hay depredadores carnívoros (lobo, osos, depredadores medianos…) que atacan a las reses, pero también intervienen carroñeros (buitres, halcones…), por lo que resulta difícil determinar qué animal es el responsable de las matanzas.
Existe un estudio encabezado por el Dr. José Yravedra, basado en la morfometría geométrica, para distinguir entre diferentes ataques de carnívoros y que se fundamenta principalmente en el análisis de la morfología de las marcas dentales dejadas por estos en los ejes de los huesos largos. 
Con este tipo de análisis se podría resolver el conflicto que a veces genera el fraude en seguros y, así, reducir la tensión entre ganaderos y funcionarios del gobierno.
Hay que tomar medidas por ambas partes (cercas eléctricas, perros pastores…), como plantean los estudios de M. Sánchez, y sólo así podríamos disfrutar de poblaciones de lobos en nuestros campos.


Referencias:

-A. Azzoroli, 1983: “Quaternary mammals and the end Villafranchian dispersal event: a turning point in the history of Eurasia”. Paleogeography, Paleoclimatology, Palaeoecology, 44.

-A. Arribas y G. Garrido, 2016: “Los primeros lobos, linces y cabras montesas de la fauna ibérica”. Quercus, n.º 359.

-G. Garrido y A. Arribas, 2008: Canis accitanus, una nueva especie de cánido del Plioceno superior. En Arribas. A (Ed). Vertebrados del Plioceno superior terminal en el suroeste de Europa: Fonelas P-1 y el Proyecto Fonelas. Instituto Geológico y Minero de España, serie Cuadernos del Museo Geominero, 10, 187-199.

-A. Arribas y P. Palmqvist: El registro fósil de los cánidos del Cuaternario en España: inferencias tafonómicas y paleobiológicas. 

-I. Cáceres et al., 2010: “El yacimiento de Galería (sierra de Atapuerca): un enclave para la obtención de recursos carnívoros en el pleistoceno medio”. Actas de la 1.ª reunión de científicos sobre cubiles de hiena en los yacimientos arqueológicos de la P. Ibérica.

-A. Lobo Montañés, 2018: “Los cánidos en las manifestaciones gráficas paleolíticas”. Munibe, n.º 69.

-J. M.ª Vázquez-Rodríguez, 2019: “Presencia de cánidos (género Canis, Vulpes y Cuon) en el registro arqueofaunístico de yacimientos paleolíticos cantábricos”. Actas de las X Jornadas de Jóvenes en Investigación Arqueológica (Burgos, 2017).

-J. Yravedra, 2003-2004: “Interacciones de Humanos y Carnívoros en el Pleistoceno Superior de la P. Ibérica. Novedosas interpretaciones en la cueva Almanda”. Espacio, tiempo y forma. Prehistoria y arqueología. T 16-17.

-J. Yravedra, M. A., Maté, L., Courtenay, D.González y M. Fernández, 2019: “The use of canid foot marks on bone for the identification of livestock predation”. Naturesearch. Scientific Reports 9:16301.

-J.Yravedra, et al., 2011: A taphonomic study of wild Wolf (Canis lupus) modifications of horse bones in Northwestern Spain. J.Taphonomy, 9(1), pp 37-36.

-M. Sánchez et al., 2019: Por la convivencia del hombre y el lobo. Observatorio de Sostenibilidad. See. P.51



Reconstrucción de Canis etruscus. Foto: R:Uchytel



Maxilar y mandíbula de Canis etruscus de Fonelas P-1.




Cráneos y mandíbulas de Cánido falconeri de Venta Micena. Foto: J.L. Santamaría.




sábado, 21 de marzo de 2020

APROVECHAMIENTO CÁRNICO EN LA GRUTA DE LOS RINOCERONTES (Marruecos).


La cueva de los Rinocerontes fue descubierta en 1991, en el marco de un proyecto de investigación franco-marroquí, en la cantera Oulad Hamida 1, a 30 km de Casablanca. 
En el momento del hallazgo, la cantera estaba activa y ya se había destruido la parte trasera de la cueva; sólo se veía la parte inferior de la estratigrafía.
Las excavaciones se llevaron a cabo en 1996 y se extendieron de 2005 a 2009. Estos trabajos dieron como resultado un rico material lítico achelense, asociado a una variada representación de la fauna, en un contexto estratigráfico bien definido del Pleistoceno Medio.
Es una cavidad marina cuya longitud es desconocida; por el corte de la cantera, actualmente mide 7 m de altura y 12 m de ancho. 
La cavidad se rellena con una acumulación sedimentaria continental de 7 m de espesor, compuesta por materiales arenosos calcáreos, y se divide en dos conjuntos litoestratigráficos principales: el superior y el inferior.
Este yacimiento ha sido fechado mediante ESR/U (Resonancia Paramagnética Electrónica, basada en la datación de esmalte dental fósil); para ello, se han utilizado 7 dientes de herbívoros de las campañas 2007-2009, provenientes de bóvidos y rinocerontes, que se encontraban en muy buen estado de conservación, para realizar las analíticas.
La fauna más representativa de la cavidad, a lo largo de toda la secuencia, son los bóvidos, especialmente las gacelas y los Alcelaphini, representados por Parmularius cf., un género extinto de bóvidos que existió desde el Mioceno hasta el Pleistoceno en África.
Están representadas todas las edades, desde los juveniles hasta los seniles, con predominio de los elementos craneales y de las extremidades.
El rinoceronte blanco, Ceratotherium mauritanium, está representado en menor medida, con individuos juveniles y seniles.
Otros mamíferos presentes, en menor cantidad, como cebras, jabalíes, camellos, elefantes y Theropithecus oswaldi (primate). 
Y entre los carnívoros están el chacal, las hienas, los felinos, los úrsidos y algunos carnívoros pequeños.
Los restos óseos presentan marcas de dientes de carnívoros, distribuidas a lo largo de los elementos de los huesos largos y de los huesos de herbívoros, así como en las porciones articulares.
En cuanto a las marcas de corte, se han observado 37 especímenes, que consisten en marcas a veces aisladas y limitadas a los relieves  musculares.
Otras marcas corresponden a raspado. Los bóvidos, como las gacelas, los ñus y Parmularius, las cebras y el rinoceronte, también presentan marcas.
Pero lo más llamativo de este conjunto faunístico es que se han encontrado cuatro elementos óseos procedentes de la parte inferior del litoestratigrama que presentan marcas de dientes humanos. Son huellas lineales y poco profundas, es decir, una serie de hoyos en forma de media luna.
Un hecho peculiar de este yacimiento es el hallazgo de restos de fauna dentro de la cavidad, ya que normalmente los registros  hallados en África corresponden a yacimientos al aire libre que datan del Achelense inicial, sobre todo de la zona central de África, y están relacionados con megafauna, con una datación de 1.7 Ma.
En la cueva de los Rinocerontes, los homínidos realizaron actividades de subsistencia en su interior, como lo demuestra el estudio tafonómico del yacimiento. Este paso ocurrió en el norte de África hace aproximadamente 700 ka.

Referencia:

-Daujeard, C et al., 2020: “Earliest African evidence of carcass processing and consumption in cave at 700 ka, Casablanca, Morocco”. Nature, vol. 10, n.º 4761.

Ubicación de las cavidades en la costa atlántica marroquí: RDA: Gruta de los Rinocerontes; GH: Cueva de los Hominides; SAD: Mina de Sidi Abderrhmane. Dibujos de M. Rué.

Incisivo de homínido: segundo incisivo izquierdo. Posiblemente de un individuo joven.

Modificaciones de la superficie ósea  con marcas y fracturas.

Marcas de corte y de percusión en los restos de herbívoros.

Marcas de dientes humanos en los restos de herbívoros.







domingo, 24 de noviembre de 2019

LA FIGURILLA MÁS ANTIGUA ENCONTRADA HASTA LA FECHA EN SIBERIA.


En la parte sur de Siberia, en concreto en el macizo ruso de Altái, se encuentra una cavidad de unos 270 m² denominada Denísova, la cueva de San Denis, llamada así en honor a un ermitaño que ocupó la cavidad a finales del s. XVIII.
Se encuentra cerca de la República de Kazajistán y de Mongolia, a una altitud de 750 m sobre el nivel del mar. Se encontraron los primeros vestigios paleoarqueológicos en 1970 y, en 2010, se descubrió la falange de una nueva especie humana.
Esta cueva está proporcionando información sorprendente y de gran interés, tanto a nivel antropológico como arqueozoológico. 
Los estudios han desvelado ocupaciones del Pleistoceno, entre 125 y 30 ka, con industrias líticas de tipo Musteriense y Levallois.
En la capa 11 de la zona central se obtiene una datación de los huesos fósiles, con fechas de 48-50 ka.
De algunas muestras de restos óseos se ha obtenido ADN mitocondrial y/o nuclear. Y se ha obtenido una secuencia genética hasta ahora desconocida, que han denominado dinisovanos.
Según los estudios, esta especie humana parece haber coexistido con los neandertales y con los primeros Homo sapiens.
Estas excavaciones están a cargo del Instituto de Arqueología y Etnografía de Novosibirsk. Han descubierto una figura de mamut de marfil, de 42 mm de largo, 8 mm de grosor y 11 mm de alto. Y representa a un león cavernario (Panthera leo spelaea), que fue realizada durante el Paleolítico superior, entre 40.000 y 45.000 años.
Parece que se ha convertido en la escultura más antigua hallada en toda la región norte y central de Asia. A la figura le falta la cabeza de león; están presentes las patas traseras, la ingle, la espalda y el vientre, y está adornada con una hilera de muescas y, en algunas partes, recubierta de ocres.

















domingo, 12 de agosto de 2012

CARNÍVOROS EN CERRO DE LOS BATALLONES

En el yacimiento del Cerro de los Batallones (Madrid)  se viene trabajando desde 1991. Se descubrió a raíz  de los trabajos de extracción de sepiolita de la empresa minera de Tolsá y es considerado uno de los yacimientos más ricos en especies de carnívoros del mundo. Campaña tras campaña, van dando a luz su riqueza  paleontológica.
Estas excavaciones están dirigidas por miembros del C.S.I.C. de Madrid y están subvencionadas por la Comunidad Autónoma de Madrid; en 2001 fueron declaradas Bien de Interés Cultural.

Los restos de fauna que se registran en este yacimiento tienen una antigüedad de nueve millones de años y, debido a su situación estratégica, que actúa como trampa natural, se han conservado en perfecto estado. 
El yacimiento consta de diez hoyos con sedimentos detríticos, de los cuales en nueve se han registrado restos óseos, y posiblemente la erosión haya destruido algunos más.

Cráneo de felino con dientes de sable. Foto: Sergio González.

Estas cavidades actuaron como trampas naturales que atraían a los carnívoros, más ágiles y con mayor facilidad de acceso. En estos hoyos también se formaron lagos efímeros, con mucho barro, donde los animales que iban a beber quedaban atrapados, sobre todo los de gran tamaño, como los rinocerontes, las jirafas, los tigres dientes de sable, las hienas, las tortugas gigantes…

Una de las riquezas paleontológicas del yacimiento son los grandes felinos con dientes de sable ,Promegantereon y Machairodus, que se extinguieron hace unos 11.000 años.
Estos felinos, con sus enormes caninos, cazaban presas de gran tamaño. Debido al hiperdesarrollo de sus colmillos, mataban a sus presas clavándolos en el cuello. Era mucho más rápido que por asfixia, porque cortaban el suministro de sangre al cerebro. De esa forma, no necesitaban una mordedura poderosa. Se extinguieron debido a la desaparición de los grandes herbívoros, en los que eran especialistas.

Excavación en Cerro de los Batallones

El hallazgo más importante de esta campaña de excavación ha sido el registro de una pieza dental, el primer molar inferior,  que confirma que en esta zona vivió el oso panda rojo, Ailurus fulgens
Se trata de un animal de mediano tamaño, de dieta vegetariana, que sólo se encuentra en el Himalaya.
De esta especie ya se habían encontrado ancestros años antes en otros yacimientos de Madrid, como Estación Imperial y Príncipe Pío, por lo que este hallazgo servirá para completar la rama evolutiva de esta familia.

                                                         
                                                            

sábado, 11 de febrero de 2012

LA CUEVA DEL ÁNGEL (LUCENA , CORDOBA): UN HÁBITAT DE CAZADORES ACHELENSES EN EL SUR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.

La revista Quaternary International (vol. 243) ha publicado un artículo con los resultados de las excavaciones realizadas en la cueva del Ángel (Lucena, Córdoba). El estudio está encabezado por Cecilio Barroso  Ruiz junto a varios especialistas  (32).
La cueva fue descubierta en 1995, pero a partir de  2005 se ha seguido un proceso de excavación sistemático. La cueva está situada en un complejo  kárstico, con una secuencia sedimentaria al aire libre; los autores sitúan su edad cronológica mediante   el método 230Th/234U.
Los investigadores han determinado, a partir del estudio de las piezas líticas que conforman las diferentes unidades estratigráficas correspondientes a un episodio del Pleistoceno Medio y al principio del Pleistoceno Superior (MIS 11 y MIS 5), que se trata de una industria achelense, con la técnica de Levallois aún no desarrollada, alejándose así de las culturas musterienses contemporáneas que se desarrollan en la Península Ibérica y Europa Occidental.
Las especies animales que se han determinado en el estudio corresponden a los siguientes taxones:

Orden Carnivora
Familia UrsidaeUrsus arctos ; Ursus spelaeus
Familia Canidae : Canis lupus
Familia Felidae:  Felis silvestris ; Lynx pardinus


Orden Perissodactyla
Familia Equido:  Equus ferus
Familia Rhinocerotidae:  Stephanorhinus hemitoechus

Orden Artiodactyla
Familia bovinosBos primigenius ; Bison priscus; Capra sp
Familia cérvidos : Cervus elaphus; Dama dama
Familia Suidos : Sus scrofa

Orden Proboscidea
Familia Elephantidae:  Elephas palaeoloxodon antiquus

El grupo taxonómico mejor representado es el de los grandes herbívoros; los carnívoros están menos representados en el yacimiento. La especie mejor representada  es el caballo, seguida, en menor proporción, por los bóvidos, el jabalí, el rinoceronte, el oso y la hiena. La presencia de elefantes y lobos es escasa, y la de cabras, casi inexistente.
Del estudio tafonómico y arqueozoológico, se desprende que el  material  óseo estaba formado por astillas de hueso y fragmentos de diáfisis. El tamaño de las esquirlas de hueso es bastante pequeño, entre 2  y  10 cm.
Hay una buena proporción de huesos fracturados en la extracción de la médula ósea, con marcas de carnicería y estrías. También hay evidencias de huesos quemados.
Según los autores, los restos óseos fueron fracturados; por lo tanto, los huesos largos se fracturaron desde el centro de las diáfisis hacia las epífisis, mediante diversos golpes, hasta reducirse a pequeñas astillas. Este proceso se aplica a numerosos huesos cortos y las falanges fueron seccionadas longitudinalmente.  En las costillas hay evidencias de fracturas por flexión.
El registro del material óseo con evidencia de fuego muestra distintos grados de combustión.
Del estudio se desprende que los animales fueron llevados enteros  o en grandes trozos a la cueva y consumidos en el entorno cercano a ella tras ser cazados. La presencia de numerosos fragmentos de restos craneales y postcraneales (principalmente maxilares, mandíbulas, cráneos, restos de cuernos y vértebras, tarsos, falanges fracturadas y huesos largos como el fémur y la tibia) confirma la hipótesis de una ocupación humana continua de la cueva. Estos humanos que ocuparon la cueva eran cazadores especializados en grandes herbívoros y, ocasionalmente, cazaban animales de pequeño tamaño. 
La presencia de carnívoros sugiere que fueron consumidos junto con los herbívoros, debido a la escasez de estos en el sitio, lo que indicaría que utilizaron la cueva como refugio. Los autores también determinan que el alto porcentaje de fragmentos óseos encontrados en el depósito se debe a la acción humana para extraer la médula ósea, un alimento rico en grasa y de alto valor nutricional. Los huesos estaban totalmente fracturados; no se encontraron huesos largos completos. Incluso huesos de pequeño tamaño, como falanges y mandíbulas, que contienen poco contenido calórico, han sido fracturados.
También se han encontrado, a lo largo de todas las secuencias, huesos carbonizados, lo que lleva a interpretarlos como material  combustible. Las especies más representativas han sido los cérvidos y los suidos, por lo que los autores señalan que se trata de un bosque mixto con un clima más húmedo que el actual.