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jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda la algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, bien sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han sucedido a un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquematizados (ancariformes, ramiformes…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes realizados por el arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos que se conservan en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron plasmadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos con antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir con sus dibujos ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos principalmente de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería entre los siglos. VII y VI a.C., con lo cual se daría la llegada del período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórficas repartidas por toda la sierra, que destacan por los trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) que reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico y con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos con forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos en su creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y de ojos), muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuadas.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe, que se extiende desde el s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de que el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, en la que el legado histórico ha sido un referente en la convivencia de culturas y una forma de dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 












jueves, 14 de mayo de 2026

ARTE RUPESTRE. PATRIMONIO MUNDIAL DE SOBRARBE.

 En la provincia de Huesca se localiza el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, el espacio natural más grande de la comunidad. Al ser de naturaleza cárstica, abundan las dolinas, las grutas y los cañones. El 30 de noviembre de 1998, en la sesión celebrada en Kioto (Japón), la UNESCO declaró Patrimonio Mundial de Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, el mayor conjunto de arte rupestre de toda Europa. En este conjunto se incluye el arte de Sobrarbe.

La cuenca del río Vero alberga decenas de abrigos con representaciones pictóricas en parajes espectaculares, en las cavidades talladas por el río y sus barrancos. Estas manifestaciones prehistóricas reúnen todos los estilos clásicos de la prehistoria: arte paleolítico, levantino y esquemático, así como el subesquemático y el lineal geométrico. La gran sistematización y abstracción propias de este estilo, que llegan hasta meros esquemas de la realidad, dificultan la interpretación de su significado y de su finalidad.

El descubrimiento de esta zona pictórica se remonta a 1972, cuando el arqueólogo Antonio Beltrán Martínez encontró las primeras cuevas pintadas,  y en 1978 se llevó a cabo una investigación sistemática dirigida por V. Badallou del Museo de Huesca y que abarca desde el Paleolítico hasta la Edad del Bronce.

Los grupos de cazadores-recolectores que subsistían en el territorio continúan plasmando en las paredes rocosas escenas de gran naturalismo, con un estilo esquemático marcado por un fuerte simbolismo. Sobrarbe se encuentra en la zona más meridional del Parque Cultural del río Vero; en este enclave hablaré de los abrigos de Arpán, de Barfaluy, de Lecina Superior y del Tozal de Mallata.

El abrigo de Arpán se encuentra en el barranco de Arpán, afluente del río Vero. Durante el período comprendido entre 6.000 y 4.000 a. C., los grupos humanos que habitaban estos territorios representaron su cultura y su forma de vida, basada en la caza, la pesca y la recolección, mediante la pintura. Para su expresión utilizaron el arte levantino. Tras la llegada de los primeros agricultores y ganaderos, en torno al 5.000 a. C., esta sociedad se transformó e incorporó avances y formas de expresión.

El arte levantino en esta zona se manifiesta al aire libre, en abrigos poco profundos. Se extiende por la mitad oriental de la península entre las sierras interiores y el ámbito mediterráneo. La temática de las representaciones es variada, destacando animales como los ciervos y la figura humana, ambos representados de manera dinámica. Las pinturas son bastante naturalistas, aunque con cierto grado de estilización, y en ocasiones se asocian entre sí, creando escenas narrativas  de caza, rituales, combates y recolección.

Arpán cuenta con un importante conjunto de pinturas y destaca la figura de un ciervo bastante realista, pintado en rojo, con su cornamenta resaltada y trazos finos y otros más gruesos para representar las astas. En una de las paredes se representa una escena de recogida de miel, en la que se utiliza una escalera para alcanzar el panal. También hay cuadrúpedos, arqueros y antropomorfos.

Los trazos y marcas están realizados con los dedos y pigmentos rojos obtenidos a partir del óxido de hierro presente en las betas de la propia roca caliza que les sirve de soporte.

En Bartaluy I, II y III, también situados en este enorme barranco de gran belleza, se extiende un conjunto de abrigos con pinturas de estilo esquemático. Entre 5.000 a. C. y 1.500 a. C., las sociedades del neolítico y de la Edad de los metales plasmaron en las paredes una serie de signos en forma de puntos, cruces, líneas o zigzags. Las pinturas son rojas y negras. 

En el mismo entorno del abrigo de Lecin Superior se representan ciervos, bóvidos, un cánido y cuadrúpedos en negro y tres antropomorfos con piernas y brazos en rojo y con distintos signos.

Los abrigos del Tozal de Mallata están colgados de un importante precipicio a 834 metros de altitud, donde discurren varios barrancos. Destacan tres escenas en las que unos hombres sujetan a varios ciervos por el hocico con cuerdas. El abrigo también conserva varias figuras antropomorfas, un curioso animal, un astado, un jabalí y diversos signos lineales, circulares y cruciformes. En el abrigo aparece una escena compuesta por 13 personas con tocados o peinados destacados. Una de ellas sujeta una cuerda para amarrar a un cuadrúpedo por el hocico. Varios signos ramiformes completan el conjunto pictórico. El arte esquemático es el más abundante en el río Vero.


















jueves, 25 de septiembre de 2025

LA GRUTA DE GARGAS (Aventignan-Francia)

 La Gruta de Gargas se encuentra en el municipio de Aventignan, en Francia, a una altitud de 600 m, en un promontorio prepirenaico, desde donde se divisa todo el valle de la Neste d’Aure. La cavidad se compone de dos partes. La gruta inferior (Gargas I) es muy ancha, alta y adornada con construcciones de estalagmitas, hileras de pilares, pilas y cavidades del terreno, donde el agua circula en periodos húmedos.  La gruta superior (Gargas II), llamada así porque se sitúa en un nivel más elevado, y con el suelo repleto de cuencas de calcita llamadas "gours". 

La comunicación entre las dos, estrecha en tiempos prehistóricos, se obstruyó; se restableció este pasillo perforándolo artificialmente, es decir, se mejoró la conexión entre una cueva y la otra mediante un túnel. La visita se inicia en la entrada superior y se sale al exterior por la inferior, por motivos de conservación, para minimizar el deterioro de las pinturas. Al subir escaleras, el cuerpo produce y exhala más dióxido de carbono (CO2), se desprende más calor al ambiente y se intensifica la circulación del aire.

El doctor Félix Garrigou fue el primero en dar noticias de la gruta por la riqueza de huesos fósiles de especies animales que encontró allí, especialmente del gran oso de las cavernas (Ursus spelaeus). También señala la presencia de hogares y de herramientas prehistóricas. Posteriormente, Félix Régnault descubre una red de galerías y se realizan los primeros sondeos arqueológicos, en los que se encuentran las primeras manos pintadas. 

En 1911, el abad Henri Breuil, el doctor Cartailhac y H. Neuville reanudaron los sondeos y las futuras excavaciones que han demostrado una interesante estratigrafía de ocupación de Gargas por parte de las sociedades prehistóricas durante la última glaciación de Würm. 

La primera cultura con la que nos encontramos es la Musteriense, que se refugia de los rigores climáticos. El Chatoperroniense, el Auriñaciense y el Perigordiense registran una acumulación muy rica, repleta de hogares y utensilios de piedra, como buriles, punzones y raspadores… Se cree que las cuevas fueron utilizadas por Homo sapiens entre 28.000 y 24.000 años antes del presente.

Los habitantes de la cavidad se alejaron de la entrada, donde realizaban sus actividades cotidianas, y se adentraron en las profundidades de la gruta para realizar diversas pinturas y grabados en las paredes y en rincones escondidos. El arte parietal es una inmensa riqueza de la vida y del pensamiento de nuestros ancestros. Contiene dos elementos diferentes, pero de la misma época: las manos pintadas, los grabados y las pinturas de animales.

Las representaciones de animales en la pintura son numerosas y variadas; podemos apreciar el bisonte, el buey, los caballos, los íbices, los alces, el ciervo, los mamuts, las aves, el cuervo, el jabalí, el oso… Su representación nos permite observar la evolución de las condiciones climáticas a lo largo de su ejecución. 

En un principio, el clima fue templado, lo que dio lugar a una vegetación esteparia con arbolado. Se fue haciendo cada vez más frío y más nevoso, por lo que los ibices descendieron de las montañas hacia los valles y las planicies, mientras que los alces y los mamuts, animales de países fríos de la tundra y de la taiga, vinieron a vivir a las cercanías de la gruta. Posteriormente, el clima se suavizó con la vuelta a la estepa del arbolado; los alces y mamuts desaparecieron y los bueyes, bisontes y caballos continuaron presentes.

Lo que verdaderamente destaca de Gargas son las pinturas de manos, que constituyen una visión espectacular: algunas son visibles para el visitante, otras están ocultas por encontrarse en accesos difíciles, algunas están completas y otras han sufrido amputaciones de dedos o deformaciones. Las primeras manos pintadas fueron descubiertas por Félix Régnault, Breuil y Cartailhac. También por Salhy y C. Barrière. En total, 231 manos de diferentes colores: negros, rojos, ocres y blancos. Por sus dimensiones, permite atribuir estas manos a adultos masculinos, mujeres, adolescentes y niños.

La técnica utilizada en la pintura de manos consistió en proyectar un líquido de color, soplado con la boca, sobre la mano adherida a la roca. Todas las manos se distribuyen en 10 conjuntos en la primera sala de la gruta inferior. Los paneles 6 y 8 son los más importantes; el panel 8, situado en la pared izquierda, al fondo, comprende 43 manos, negras, rojas y bistres. 

Otro de los conjuntos importantes se encuentra más lejos, en la sala III, al interior y al dorso de una masa rocosa hueca, revestida de estalagmitas, llamada por esta razón "Santuario de las manos".  A la izquierda de la entrada se ve la bella mano izquierda negra, privada de dos falanges en los cuatro dedos, llamada "mano del nicho". El interior presenta 32 manos negras y rojas. 

En esta gran sala inferior se han realizado varios sondeos arqueológicos, tanto por Breuil en 1919 como por Cristina San Juan-Foucher y Pascal Foucher, desde 2004, que han revelado huellas de ocupaciones domésticas. Entre los descubrimientos se encuentran huesos de animales, herramientas prehistóricas y restos antropológicos. En esta sala de la cavidad abierta, al aire libre, los grupos humanos disponían de iluminación natural, por lo que posiblemente la cavidad funcionaría como santuario y también como lugar de refugio estacional durante las migraciones.

Antes de hacer la visita a la cueva, puedes pasar por el Centro de Interpretación Digital Nestploria, un espacio museístico que revela los secretos de la prehistoria: pantallas táctiles, grandes mesas digitales y películas atmosféricas, que constituyen toda una gran puesta en escena digital. En la cueva no se pueden tomar fotos. Las fotos del post provienen de internet.










lunes, 12 de junio de 2023

PEÑA TÚ (Llanes, Asturias).


               " La composición ocupa casi toda la pared del fondo del abrigo inferior. Hacia el borde                norte existe profundamente grabada una figura cuyo contorno, hacia la parte                               superior, dibuja un arco de ramas muy prolongadas verticalmente, en línea recta, hacia abajo,                  las cuales se unen en sus extremos inferiores por una barra transversal. En el interior de                       esta figura existen diversas líneas, cuyo conjunto dibuja en la parte superior una cara,                      de la que sólo se marcan dos círculos, y entre ellos una raya vertical                     confusa, representando la nariz… Esta figura, conocida en el país como la                       “Cabeza Gentil”, representa, en nuestra opinión, un ídolo…" (Descripción del conjunto de                           la composición pictórica por E. Hernández-Pacheco-Juan Cabré, 1914). 

En el concejo de Llanes apenas hay estaciones con manifestaciones postpaleolíticas; no así en el arte paleolítico, que está muy extendido. El monumento pictórico de Peña Tú se encuentra en un peñón de arenisca, en lo alto de una montaña, concretamente en el extremo oeste de la Sierra Plana de La Borbolla. En su entorno se han documentado más de cincuenta y seis túmulos megalíticos. Es uno de los conjuntos rupestres esquemáticos más importantes de la Cornisa Cantábrica; de hecho, en el Museo Arqueológico de Oviedo se conserva una réplica de este panel.

Este ídolo es conocido desde finales del s. XIX, por Hernández Pacheco, Vega de Sella, Juan Cabré Aguiló y, posteriormente, por Primitiva Bueno Ramírez y Manuel Fernández Miranda.

En la pared, el abrigo inferior presenta un fondo de superficie casi plano, en el que se aprecian grabados y pinturas. Existe una figura grabada que, en la parte superior, dibuja un arco con ramas verticalmente muy prolongadas, en línea recta, que se unen en la parte inferior mediante una barra transversal. La parte superior representa una cara en la que sólo se marcan dos círculos y una raya vertical que simula la nariz y un campo rectangular inferior con bandas horizontales paralelas. Las líneas se graban y se pintan de rojo con hematitas. Al lado de la composición, también en posición vertical, aparece un dibujo que representa un puñal de hoja ancha y de mango corto y redondeado. Este tipo de representación, en actitud pasiva, es decir, con la punta hacia abajo, lo que indica que estamos en la etapa de introducción de la metalurgia en la zona norte, se asemeja a las producciones metálicas del bronce antiguo. En la parte baja se representan varias figuras de pequeño tamaño que forman un conjunto de seis personajes, y en la parte más izquierda, uno solo. Y un grupo de puntos rojos se dispersa por toda la pared trasera del abrigo. Toda esta representación le confiere al monumento un carácter funerario o sagrado. Y una peculiaridad dentro del conjunto de ídolos neolíticos o de la primera mitad del metal.

En los alrededores de la Peña, algunos túmulos fueron excavados y las prospecciones han arrojado una serie de materiales de superficie del calcolítico. Los materiales de estas excavaciones fueron catalogados por el profesor Manuel González y, posteriormente, en los años 80 del siglo pasado, estudiados por los profesores Pablo Arias y Carlos Pérez. Ya en la época moderna, se conserva un grupo de cruces grabadas y piqueteadas, realizadas durante la cristianización para sacralizar las figuras paganas.

Este tipo de ídolo presenta correspondencia con otros conjuntos de la cornisa cantábrica, como los ídolos de Tabuyo del Monte, Los Sejos y Peña Lostroso, así como con ídolos realizados en el sur de Francia y en otras zonas del sur de la Península.

Referencias:

-H. Hernández Pacheco, Vega de Sella, Juan Cabré Aguiló, 1914: “Las pinturas prehistóricas de Peña Tú”. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas Memorias n.º 22. Madrid.

-P. Bueno y M. Fernández, 2016: “El Peña Tú de Vidiago, Llanes, Asturias”. Altamira Symposium (Madrid, 1981), pp 441-458.













martes, 21 de marzo de 2023

EL ABRIGO DEL CASTILLO DE MONFRAGÜE (Cáceres).

 

Los ríos Tajo y Tiétar han sido protagonistas en el asentamiento de los primeros pobladores de estas tierras, gracias a la riqueza de sus bosques. Los testigos de estos grupos humanos están presentes en las terrazas de sus ríos y en las pinturas rupestres de sus cuevas y abrigos; la zona alberga más de cien cavidades con arte rupestre.

El abrigo del Castillo es la única cavidad donde podemos visualizar la evolución del arte en el suroeste peninsular, a partir de la diversidad de tipologías de figuras y de la superposición de elementos documentados en los diversos paneles que configuran la panorámica de las escenas de la cueva.

La oquedad alberga ocho paneles, distribuidos desde la zona más exterior hasta la más profunda del abrigo, aprovechando los lienzos de la pared rocosa, en los que se plasmó una serie de figuras geométricas cruciformes, ramiformes e idénticas, de forma indefinida.

Se accede al abrigo por un sistema de escalera tramex, desde su vertiente de solana, desde donde se contemplan bonitas vistas al río. El farallón tiene forma de embudo profundo y, conforme avanzas, se va estrechando y el acceso se vuelve cada vez más difícil. Se ha configurado por la acción de la erosión, que, al actuar sobre las diaclasas, ha ido desgajando en los puntos donde han caído los bloques de roca y ha formado la oquedad. Sobre este farallón cuarcítico se ha construido el castillo.

La cueva fue descubierta en 1970 por dos maestros nacionales de la localidad de Torrejón el Rubio (Cáceres), quienes detectaron en su interior algunas representaciones rupestres, lo que la convirtió en uno de los enclaves con pinturas rupestres postpaleolíticas más avanzados de la provincia. En un principio fueron estudiadas por Soria Sánchez en 1972 y por Beltrán Lloris. Pero los estudios en profundidad no se llevaron a cabo hasta 1999-2002 por un equipo interdisciplinar de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.

La importancia de esta cavidad radica en la variedad cromática y tipológica de su arte. Los motivos se caracterizan por sus distintos grados de simplificación y se presentan asociados entre sí. En las pinturas están presentes el trazo grueso, realizado con los dedos, en rojo, y el trazo fino, realizado con pinceles en tonos oscuros. Con base en el color, la técnica y la composición, las pinturas fueron realizadas en distintos momentos. Su cronología abarca desde el Epipaleolítico hasta la Edad del Hierro.

Hay un conjunto de puntos muy llamativos y típicos del arte esquemático de la zona: puntos dispuestos regularmente en alineaciones verticales y paralelas entre sí.

Pero, sin duda, el panel mejor conservado y más representativo del abrigo se encuentra en el fondo de la cavidad. Donde se observa una superposición de figuras antropomorfas de trazo grueso en la parte superior, que representan un gran cérvido, caracterizado por su naturalidad y sus detalles anatómicos. Se puede fechar en una etapa del epipaleolítico, en la que los animales se caracterizan por su gran tamaño. Otro de los animales que aparece representado en el bóvido por su tipo de cornamenta, lo cual nos indica que estos grupos ya eran ganaderos. Hay un segundo momento en la composición que se caracteriza por una serie de antropomorfos realizados con trazo grueso y en tonalidad anaranjada, correspondientes al arte rupestre del neolítico-calcolítico. La Edad del Bronce es la época en la que la cueva tuvo mayor actividad pictórica, y en su última fase, la del Hierro, se realiza con un pincel y figuras muy finas en negro; se trata de una grafía que corresponde a la denominada escritura del suroeste y puede fecharse en los s. V o IV a. C.

En la zona de la izquierda destaca un grupo de tres antropomorfos y otro de cinco, realizados con trazos finos y en tonalidades más oscuras, en los que se observan tocados, diferencias de sexo y elementos a la cintura, lo que permite establecer una connotación de estructura jerarquizada, posiblemente realizada dentro de un orden ritual o simplemente una jerarquización de género. Es un espacio muy interesante para explicar el cambio cultural en su tránsito del Paleolítico al Neolítico y, posteriormente, a la Edad del Hierro, con la aparición de la escritura.

Referencia:

-Rivero de la Higuera, M. C., 1972: Nuevas estaciones de pintura rupestre esquemática en Extremadura. Zephyrus, XXIII-XXIV. Salamanca.

-Soria Sánchez, V., 1972: Recientes hallazgos arqueológicos en Extremadura. Revista de Estudios Extremeños, XXVIII, n.º 2. Badajoz.

-García, J. J. & Collado, H., 2006: La Cueva del Castillo de Monfragüe. Guía Arqueológica de Extremadura 5.





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