Hornachos es una pequeña
localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda la algarabía urbana y con
un rico patrimonio cultural guardado en su Sierra Grande, punto clave para el
estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las
pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de
noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte
esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos,
bien sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han sucedido a un
determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito
geográfico concreto y en un momento cronológico.
El primero en dar a
conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les
peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los
abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y
estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que
iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres
en las que predominaban motivos antropomorfos, esquematizados (ancariformes,
ramiformes…) y zoomorfos.
Tras su visita en
1914-1916 y gracias a los estudios recientes realizados por el arqueólogo
Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos que se
conservan en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que
se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas.
Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al
Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de
nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que
prohibía las intervenciones no autorizadas.
En 1968, Pilar Acosta, en
su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una
tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los
trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.
Hipólito Collado ha
estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la
superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron
plasmadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos
esquemáticos con antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos,
barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir con sus
dibujos ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria
y comunal, dependiente de los animales. Rasgos principalmente de una sociedad
neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta
entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del
calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura
humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en
la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería
entre los siglos. VII y VI a.C., con lo cual se daría la llegada del período
orientalizante.
El ayuntamiento de
Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una
actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se
realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población:
los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su
visita.
Estos abrigos forman
parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórfas
repartidas por toda la sierra, que destacan por los trazos simples (cabeza,
tronco y extremidades) que reflejan sociedades más complejas que las de los
cazadores del Paleolítico y con una forma de organización comunitaria.
El abrigo del Salto la
Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del
núcleo de población, en el camino conocido como senda de los escalones,
perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa de grandes dimensiones.
Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes,
pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y
rectángulos), así como símbolos con forma de herradura o de arco, muy
representativos del arte rupestre de Hornachos.
El abrigo de Menín:
en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y
otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos
antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes
estilos en su creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y de
ojos), muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras
masculinas asexuadas.
En esta Sierra Grande de
Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por
Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la
existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían
sido descubiertos.
Aparte de toda la riqueza
de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe, que se
extiende desde el s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su
mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras
la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a
ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la
frontera entre los reinos de Badajoz y Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores.
El centro de
interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el
antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía
y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la
población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la
península.
Hornachos es un claro ejemplo de que el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, en la que el legado histórico ha sido un referente en la convivencia de culturas y una forma de dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.
Referencia:
-Breuil, H., 1933: Les
Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation
Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.
-Acosta, P. 1968: La
pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de
prehistoria y arqueología.
-Collado, H. 2000: Una
nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña.
El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios
extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.
-González, A. y Macías,
A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte
parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los
primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura.
Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.
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| Calco del panel I del abrigo Maenín, según Alejandro González y Alejandra Macías. |






















