El oppidum de Fornacis, también
conocido como el oppidum de Hornachuelos, se encuentra en el término municipal
de Ribera del Fresno (Badajoz), en la comarca de Tierra de Barros, en el límite
con La Serena. En un cerro donde predomina las vistas de todo el territorio de
Tierra de Barros y de todo el valle del río Matachel. Un emplazamiento, sin
duda, muy estratégico que siempre buscaban los indígenas del lugar. Antes de la
llegada de los romanos, entre los s. IV- II a. C.: el sector occidental de la Beturia
estaba ocupado por los pueblos célticos y el oriental por los túrdulos. Tantos
unos como otros vivían en cerros fortificados llamados “castros”; en la zona
destacan los de Capote, Los Castillejos (se ha hablado de ellos en otras
entradas) y Belén y La Cañas. Según los textos de C. Ptolomeo, en su guía
geográfica, nos sitúa al oppidum:
<< Poblada
pues, La Ciudad por los Turdulos Celtiveros le pusieron por nombre Fornacis,
genitivo de fornax, nombre que le dieron por los muchos hornos de metales que
tenían al sitio, que oy llaman Zerro de las Cruzes>>
En 1986 se realizaron las primeras intervenciones
arqueológicas de urgencia motivadas por los destrozos causados por el expolio.
Hasta la fecha había pocas evidencias del sitio, solo una inscripción funeraria.
El arqueólogo Alonso Rodríguez Díaz, catedrático de prehistoria de la Universidad
de Extremadura, fue el director del proyecto de excavación inicial que se
prolongó hasta el año 1990 donde se llevaron a cabo cuatro objetivos:
-Reconstrucción del entorno ecológico y arqueológico.
-Estudio de sus diferentes fases de ocupación
-Valoración de la necrópolis.
- Contexto histórico-regional.
Las evidencias más antiguas de ocupación humana se remontan a
los últimos momentos de la edad del cobre o calcolítica (2000-1.800 a. C.). Los
hallazgos se relacionan con un poblado fortificado, en el que, en su interior,
se levantaron cabañas de planta oval. La presencia de materiales asociados
corresponde a objetos líticos y cerámicos (cuchillos tallados, percutores,
fragmentos de hachas y cazuelas pulimentadas, molino, cuencos, platos, ollas,
vasos campaniformes…).
La fauna está representada por ovejas, bóvidos, cerdos,
caballos, ciervos, conejos, liebres. En general, es un poblado que se repite a
lo largo de toda la cuenca media del Guadiana. Su fin fue un incendio que
provocó el abandono del poblado en plena crisis del modelo social calcolítico.
El lugar estuvo despoblado durante más de dos mil años, y
posteriormente fue ocupado por los romanos en época republicana, desde el s. II
a. C. hasta su abandono a finales del s.
I d. C. Lo más llamativo de este lugar quizás sea su aljibe excavado en la roca
del recinto, con una longitud de 28 m y un ancho de 10 m, y una profundidad de
más de 2 m, que constituye una gran reserva de agua para épocas de asedio o
para fines económicos.
El hábitat se sitúa en la parte alta del cerro, con casas
adosadas, dispuestas en terrazas y separadas por calles paralelas trazadas en
sentido longitudinal, lo que constituye un trazado urbanístico bastante
avanzado. Hay viviendas de diferentes tamaños y números de habitaciones relacionadas
con las tareas domésticas, el descanso y el almacenaje. Según el material
recuperado en las viviendas, se pueden determinar las principales actividades
económicas del oppidum. Practicaban la ganadería de secano, la ganadería
extensiva y la caza; aseguraban la subsistencia de quienes habitaban el lugar,
pero el factor económico principal fue la explotación de la mineralización de
galenas argentíferas, repartidas en pequeños filones.
En la base del cerro se ha documentado la existencia de una necrópolis, "El Peñascón", donde aparecen, por un lado, tumbas de clara tendencia indígena, con predominio de estructuras tumulares de piedra, y, por otro, algunas tumbas de incineración tipo bastum con ritual romano.
Con la reorganización del territorio, la provincia Ulterior
se dividió en dos provincias: la Bética y la Lusitania, con capital en Augusta
Emerita. La Beturia cayó al lado de la provincia Bética y sus oppida fueron adscritas
a los conventus o distritos hispalenses y cordobeses. Los habitantes de Hornachuelos
acabarían por abandonar el oppidum a finales del s. I. d. C y repartirse entre
las numerosas explotaciones rurales que comenzaban a emerger en el “agro
emeritense”.
Referencia:
-Alonso Rodríguez Díaz: Hornachuelos (Ribera del Fresno, Badajoz). Guía del yacimiento.
-Alonso Rodríguez Díaz: "Proyecto Hornachuelos (Ribera del Fresno). 1986-1990". Extremadura Arqueológica, II. pp. 283-300.
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