lunes, 2 de noviembre de 2026

TENADAS DE PASTOR



TENADAS DE PASTOR en los entornos del Cañón del río Duratón

Autores: Fernando Vázquez Gallardo y Santiago Valiente Cánovas.

Editorial: Rabalán Comercial, S.L., 2026, pp. 206, ISBN: 978-84-09-85948-1

 

Gracias a uno de los autores por facilitarme un ejemplar de “Tenadas de Pastor en los entornos del Cañón del río Duratón”. Este libro te atrapa desde el principio si te adentras en él sin prisa. A través de capítulos cortos e interesantes, algunos de los cuales te resultan más atractivos que otros, el libro explora a fondo los modos de vida ganaderos en el corazón de las comunidades rurales. Se compone de un índice bastante completo: 20 capítulos en total.

Para comenzar su lectura, digamos primero: ¿Qué es una tenada? Es una construcción rural tradicional destinada a resguardar, cobijar y apriscar al ganado, sobre todo al ovino, durante la noche en épocas de frío. Suelen estar distribuidas en la zona central de la península.

A veces tendemos a confundir los términos "tenadas" y "chozos", que se usan en Extremadura y Andalucía, pero son diferentes. Las tenadas eran el cobertizo para resguardar al ganado; sin embargo, el chozo era el refugio temporal del pastor.

Las tenadas suelen contar de una nave principal para albergar a los animales y otra zona auxiliar para almacenar el pienso, la hierba o la paja para el invierno. Aparte de proteger al rebaño de las inclemencias del tiempo, las tenadas servían para resguardarlo de depredadores nocturnos como lobos y zorros.

Tenemos que decir que la obra es un trabajo etnográfico centrado en las formas de vida ganaderas rurales. Uno de los autores, Santiago Valiente, es un investigador experimentado en este tipo de trabajos; en el campo de la etnografía, ha publicado varios libros sobre la arquitectura y el pastoreo en Castilla y León.

Los autores se han basado en una metodología de trabajo basada en el sistema de numeración de las tenadas y corralizas halladas en cada término municipal. A través de un registro detallado en el que documentan los detalles y contextos encontrados en cada una de las tenadas, así como de entrevistas abiertas e informales con los miembros del lugar, nos ofrecen una buena oportunidad para adentrarnos en el mundo de la ganadería de churras y  merinas y en la trashumancia que tuvo una gran repercusión en esta zona.

En esta edición, de momento, han documentado las tenadas, tenadas de solapa y corrales o corralizas, que todas ellas guardan técnicas diferentes y variadas empleadas en su construcción. Algunas de estas tenadas se situaban en abrigos que presentaban representaciones pictóricas. Los autores, en su investigación, parten de los registros más antiguos de la prehistoria y se extienden hasta épocas recientes.

Estas estructuras fueron construidas por los propios pastores mediante un sistema de trabajo comunitario que involucraba a toda la vecindad, una práctica propia de otra época. El material predominante de su factura fue la piedra caliza, elemento característico de esta zona de Segovia, cuya profunda tradición ganadera destaca especialmente en el sector ovino.

La edición de esta obra destaca de inmediato por su calidad: el grosor del papel, una tipografía de alta legibilidad y unas imágenes de calidad excepcional reflejan un esmero absoluto por los pequeños detalles; cada imagen goza de gran nitidez, evidenciando un trabajo de producción muy detallista, lo que hace de la obra un manual muy didáctico para todas aquellas personas que se quieran acercar al mundo ganadero rural y a la etnografía en general.


domingo, 18 de octubre de 2026

CITÂNIA DE BRITEIROS

 

Ya he hablado en algunas entradas del blog sobre los castros como poblados fortificados en la Iberia prerromana. Nos vamos a un castro; en Portugal se le llama citânia. Pero ¿qué diferencia hay entre un castro y una citânia?

La diferencia está en el tamaño: una citânia es un poblado fortificado, pero de mayores dimensiones y mayor mixticidad urbana, y normalmente se concentró en la mitad norte de Portugal y de Galicia.

Visitar la Citânia de Briteiros te deja muy sorprendido porque no es un castro al uso: es una gran ciudad fortificada con una poderosa actividad económica, y te sorprende por su dimensión, la monumentalidad de sus murallas, su urbanismo y arquitectura, y por la presencia de dependencias que en otro castro no habías visto. Vamos a ir describiendo el castro.

La primera vez que se realizaron trabajos fue en 1874, cuando Francisco Martins Sarmento dirigió la primera excavación; al ver la importancia arqueológica de esos terrenos, decidió comprarlos para su puesta en valor y conservación. Han sido muchos los proyectos de excavación que han pasado por allí, pero aún quedan muchas zonas por descubrir y profundizar en ellas. Su fase inicial se remonta al neolítico final y al calcolítico; su datación se sitúa en el I milenio a. C. y perdura hasta el s. X, donde se erigió una pequeña ermita cristiana. Está muy bien situado sobre una loma que da al río Ave, denominado límite de la navegación fluvial, es decir, la ruta comercial entre el litoral y las montañas del interior, y controlaba el corredor norte-sur que conectaba el valle del Duero con el río Miño.

Conocemos su urbanismo como perfectamente diseñado, ya que contaba con una gran diversidad de unidades habitacionales y estaba estructurado en torno a un eje principal: su calle principal, orientada de suroeste a noroeste. De su calle principal salen varias ramificaciones secundarias que delimitan pequeños barrios, a los que se accede a través de varios núcleos residenciales, donde predominan las construcciones rectangulares.

En la parte alta se ubica el núcleo residencial de la Acrópolis. La sociedad castreña se organizaba en torno a una casa circular, donde vivía la familia nuclear: el padre y la madre. Alrededor de esta casa circular se observan otros habitáculos destinados a los demás miembros de la familia, como parientes mayores o hijos adolescentes. Y junto a estas edificaciones se encuentran las construcciones destinadas a guardar aperos agrícolas o a almacenar alimentos.  También se observan pequeñas cisternas para recoger agua de lluvia.

El patio era el centro de la vivienda familiar, donde cada miembro se dedicaba a sus tareas diarias o a las artes, como la alfarería o la metalurgia del bronce y del hierro. Entre las estructuras que te sorprenden en esta citânia están la casa del consejo, el balneario y las murallas.

En la casa del Consejo se reunían los principales jefes de la ciudad para resolver los conflictos que surgían, repartir las tareas, sortear los terrenos baldíos, hablar sobre las cosechas; es decir, poner orden y dirigir la economía de la ciudad. Pero también se celebraban fiestas rituales en las que las familias más poderosas sacrificaban cabezas de ganado y repartían alimentos.

Desde la posición de la casa se observaba todo el curso del río Ave, donde se veían llegar los barcos con sal y mercancías procedentes del litoral y del Mediterráneo; además, y lo más importante, se vigilaban los puertos de montaña en busca de posibles ataques.

Una construcción que no se había visto en otros castros es el balneario; al principio se creía que eran hornos, pero después se descubrió que eran balnearios donde los habitantes de los castros tomaban baños de vapor tras lavarse con agua fría.

Sin lugar a dudas, una de las cosas más llamativas de la citânia de Briteiros es su muralla. Sobre el fin de la muralla, hay varias interpretaciones: para algunos investigadores, la presencia de grandes murallas es sinónimo de guerras permanentes entre las diferentes comunidades; para otros, las murallas tenían una función simbólica de expresión de poder.

Sin lugar a dudas, la Citânia de Briteiros merece una visita para entender cómo se vivía en la Edad del Hierro y la evolución que han experimentado estos poblados hacia un urbanismo rural. Es uno de los poblados protohistóricos más relevantes de la Península Ibérica por su dimensión, monumentalidad, urbanismo avanzado y arquitectura.

 













viernes, 25 de septiembre de 2026

LINCE: sus ancestros y evolución

 

Lynx pardinus. Foto de Andrea en Pixabay

Su cara te fascina y sus ojos de cazador, a media distancia, te atrapan: el lince es el felino más icónico de la península ibérica; sus movimientos sigilosos y su mirada intensa hacen de este carnívoro un animal que pasa desapercibido incluso a pocos metros.  Sus pinceles negros en las puntas de sus orejas les ayudan a detectar movimientos.

El lince es el felino más grande que tenemos en la península ibérica y se había extinguido a finales del s. XX y, gracias a proyectos de reintroducción, vuelve a estar presente en nuestros hábitats mediterráneos.

Este animal habita en nuestro planeta desde hace más de un millón y medio de años, pero ¿cuándo apareció el lince en nuestro país? ¿De dónde proviene? ¿Es endémico de aquí?

De las cuatro especies de lince que existieron, todas tienen un ancestro común: el Lynx issiodorensis (según los estudios de Kurten, 1978, y de Johnson y O'Brien, 1997).

A mediados del Pleistoceno, poblaciones de Lynx issiodorensis que habitaban en Asia dieron lugar a la aparición del lince boreal, que se refugió en el norte de la península; así lo confirman los hallazgos y estudios de Rodríguez Varela (2015), que indican que el lince boreal se distribuyó en la zona norte de la península y que el lince ibérico ocupó principalmente la mitad meridional.

El lince euroasiático o lince boreal (Lynx lynx) es un carnívoro que habitó la península ibérica desde el Último Máximo Glacial hasta el s. XVII.

Un estudio liderado por la Universidad de A. Coruña (Eva Fdez. y Carlos Nores) sobre el esqueleto completo de un lince boreal, recuperado por un equipo de espeleología a más de 100 m de profundidad, ha demostrado, mediante análisis de radiocarbono, que sobrevivió en la península ibérica hasta hace 210 años a. p., lo que constituye la presencia más reciente corroborada en la península ibérica. Lo que nos aclara la cronología de la desaparición de este animal. Este animal es uno de los linces de mayor tamaño entre los actuales, por lo que es un gran depredador de la fauna local.

Su esqueleto fue hallado en la sima Topinoria, en los Picos de Europa (Cantabria), y su conservación ha sido tan buena que ha permitido realizar un estudio completo de su marco cronológico, su identificación taxonómica y sus características craneales y dentales. El análisis morfométrico determinó que se trataba de un individuo macho adulto con una masa corporal de 29,7 kg. El estudio nos muestra que el lince boreal se sitúa junto a muchos machos modernos de Europa central, aunque es más pequeño que los machos del holoceno de la península ibérica.

Hasta la fecha, se creía que el lince boreal había desaparecido de nuestro entorno hace unos 400 años; sin embargo, este hallazgo ha contribuido a su rescate y a su recuperación en su hábitat natural.

La posición anatómica en la que se encontraba el animal demuestra que murió en el interior de la cueva; se refugió en la cavidad y cayó accidentalmente desde una altura de 100 m. Este carnívoro vive en bosques caducifolios, mixtos y de coníferas de Europa y Asia Central. El tamaño corporal de estos animales ha sido el resultado de las adaptaciones de cada especie a sus hábitats y dietas.

Otro hallazgo importante que se ha producido en la península ibérica ha sido el del yacimiento paleontológico de Quibas (Abanilla, Murcia), que alberga el esqueleto de lince ibérico (Lynx pardinus) más completo del pleistoceno inferior, un felino endémico de la península ibérica junto a más de 85 especies, muchas de ellas ancestrales: tigres dientes de sable, bisontes, macacos, rinocerontes…

El equipo de Pedro Piñero y Jordi Agustí viene desarrollando sus trabajos en la cueva de Quibas. En la campaña de 2024, se descubrió el esqueleto completo de un lince de más de un millón de años de antigüedad, lo que ha permitido reconstruir los cambios faunísticos y climáticos de la región.

Hoy en día podemos decir que, entre 2021 y 2024, se han recuperado más de 60 huesos pertenecientes a un mismo individuo de lince ibérico, lo que indica que la especie, en sus orígenes, era de mayor tamaño que los que se conservan hoy.

 

 Esqueleto reconstruido del lince boreal. Foto de la Univ. de Cantabria.


Referencias:

-Kurtén (1978): The Lynx from Etouaries: Lynx issiodorensia, Late Pliocene. Ann. Zool. Fennici15: 314- 322. Johnson, W.E., Eizirik, E., Pecon-Slattery, J., Murphy, WJ., Antunes, A., Teeling, E. y O´Brien, SJ., 2006: The late Miocene radiation of modern Felidae: a genetic assessment. Science 311. 73- 77.

-Rodríguez-Varela, R., Taglicozzo, A., Urena, I., García, N., Cregut-Bonnoure, E., Mannino, M., Arsuaga, JL., Valdiosera, C. 2015: Ancient DNA evidence of Iberian Lynx palaeoendemism. Quaternary Science Reviews 112, 172-180.

-Rodríguez-Varela, R., García, N., Nores, C., Álvarez-Lao, D., Barnet, R., Arsuaga, JL., Valdiosera, C., 20215: Ancient DNA reveals past existence of Eurasian lynx in Spain. Journal of Zoology. Print ISSN 0952-8369.

-Boscaino, A., Madurell-Malapeira, J., Llenas, M., Martínez-Navarro, B., 2015: The origin of the critically endangered Iberian Lynx: Speciation, diet, and adaptive changes. Quat. Sci. Rev. 123, 247-253.

-Eva Fernández-Bejarano et al., 2026: The last Iberian record of Eurasian lynx (Lynx lynx): osteometry and historical implications of the lynx from Sima Topinoria (Cantabria, Spain).