domingo, 8 de marzo de 2026

MARÍA DE LA CONCEPCIÓN LÁZARICH GONZÁLEZ


Hace tiempo que no le dedico una entrada a una de nuestras pioneras en el campo de la arqueología, de la provincia de Cádiz. Hoy vamos a hablar de María de la Concepción Lazarich González, natural de Cádiz, aunque la conocíamos como María Lazarich; le dedicó toda su vida a la investigación y a la docencia; era su mundo y su felicidad; su vocación por la investigación fue lo que le llevó a consolidar su trayectoria después de una larga enfermedad.

Terminó sus estudios de licenciatura en Geografía e Historia en 1983 en la Universidad de Cádiz y su tesis doctoral se tituló “El Campaniforme en Andalucía Occidental”.

Su carrera investigadora ha abarcado varias temáticas: sociedades cazadoras-recolectoras, etnografía cerámica, el arte postpaleolítico, el fenómeno megalítico, estudios de prehistoria reciente en los ámbitos atlántico y mediterráneo occidental y central.

En el año 2004 formó el grupo de investigación del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (HUM-812) y obtuvo numerosas direcciones de proyectos de investigación y de excavaciones.

También puso en valor el Centro de Interpretación de Cádiz Prehistórico en 2007. Benalup-Casa Viejas fue el lugar elegido para su emplazamiento. El edificio alberga una exposición ilustrativa de diversos elementos característicos de esta época histórica. Un trabajo en el que María le dedicó mucho tiempo, tanto en las labores de museografía como en toda la labor de difusión y divulgación del rico patrimonio que guarda toda la zona, y en su afán y lucha por conservarlo y protegerlo. Fue en este lugar donde, a principios del siglo XX, se descubrieron las pinturas rupestres de la cueva del Tajo de las Figuras, muy cerca de la Laguna de la Janda. Esta labor continúa con sus compañeros de equipo.

En el año 2014, María fundó la Asociación Fajjara en el ámbito de la prehistoria, la arqueología, la antropología, el paisaje cultural y la sociología, entre otras disciplinas. Es una organización asociativa y sin ánimo de lucro. A lo largo de estos años, se han organizado exposiciones en diferentes localidades de la provincia con el objetivo de divulgar la actividad alfarera de las mujeres rifeñas, mejorar sus condiciones económicas y sociales y preservar el valor cultural y antropológico de la tradición amazighen. Este tipo de alfarería es único; su uso es doméstico, ya que son las mujeres las que fabrican sus propios recipientes para cocinar, recoger y almacenar agua y alimentos, así como vajillas de consumo y de aseo personal, sin olvidar las actividades meramente decorativas.

En 2014, también fue premiada como Académica de Número de la Academia Andaluza de la Historia y, en 2020, obtuvo el premio a la Implicación Social de la UCA, otorgado por el Consejo Social de la UCA.

Una de las excavaciones quizás más significativas para María fue la del Tholos de Peñarroyo: arte y megalitos. Estudio de las necrópolis megalíticas y su vinculación con las manifestaciones rupestres en el entorno de la antigua laguna de la Janda (Benalup-Casas Viejas, Alcalá de los Gazules, Vejer de la Frontera, Barbate y Tarifa) desarrollado entre 2019 y 2020; supuso la realización de un trabajo único en la provincia y un avance en el conocimiento del megalitismo, dado los hallazgos encontrados de restos antropológicos y la presencia de adornos de plata que sitúan la presencia de este metal en fechas muy tempranas en Andalucía occidental. Su actividad científica ha sido muy prolífica, con siete tesis doctorales dirigidas y cuatro en proyecto.

María era una mujer que ofrecía soporte a la persona que lo necesitaba, compartiendo su conocimiento, polifacética, y entusiasta con todo lo que emprendía y muy entregada a su trabajo, lo mismo te podía dar una conferencia sobre cerámica indígena, de megalitismo, de arte rupestre, de los paisajes sagrados como de las primeras sociedades agrícolas, se entusiasmaba hablando de las aves representadas en el Tajo de las Figuras, como de la representación del cosmos en las rocas.

Tuvo una vinculación especial con el Ayuntamiento de Benalup por su labor desarrollada en este término, por poner en valor su rico patrimonio megalítico, por su apuesta por valorar la cueva del Tajo de las Figuras y por su riqueza pictórica en figuras humanas, representaciones de animales, tanto aves como mamíferos, y signos. Quizás su asignatura pendiente, que ha quedado por hacer, es ver puesta en valor esta cueva, pero sus compañeros de equipo lo conseguirán por el trabajo, el empeño y el cariño que María siempre mostró por este patrimonio.

Referencias:

-Isabel Cáceres: https://solohuesos-isabelcaceres.blogspot.com/2022/12/el-centro-de-interpretacion-cadiz.html

-Isabel Cáceres: https://asphaarqueologia.blogspot.com/2023/11/las-manifestaciones-graficas-rupestres.html

 


sábado, 28 de febrero de 2026

EL OPPIDUM DE FORNACIS

 

El oppidum de Fornacis, también conocido como el oppidum de Hornachuelos, se encuentra en el término municipal de Ribera del Fresno (Badajoz), en la comarca de Tierra de Barros, en el límite con La Serena. En un cerro donde predomina las vistas de todo el territorio de Tierra de Barros y de todo el valle del río Matachel. Un emplazamiento, sin duda, muy estratégico que siempre buscaban los indígenas del lugar. Antes de la llegada de los romanos, entre los s. IV- II a. C.: el sector occidental de la Beturia estaba ocupado por los pueblos célticos y el oriental por los túrdulos. Tantos unos como otros vivían en cerros fortificados llamados “castros”; en la zona destacan los de Capote, Los Castillejos (se ha hablado de ellos en otras entradas) y Belén y La Cañas. Según los textos de C. Ptolomeo, en su guía geográfica, nos sitúa al oppidum:

<< Poblada pues, La Ciudad por los Turdulos Celtiveros le pusieron por nombre Fornacis, genitivo de fornax, nombre que le dieron por los muchos hornos de metales que tenían al sitio, que oy llaman Zerro de las Cruzes>>

En 1986 se realizaron las primeras intervenciones arqueológicas de urgencia motivadas por los destrozos causados por el expolio. Hasta la fecha había pocas evidencias del sitio, solo una inscripción funeraria. El arqueólogo Alonso Rodríguez Díaz, catedrático de prehistoria de la Universidad de Extremadura, fue el director del proyecto de excavación inicial que se prolongó hasta el año 1990 donde se llevaron a cabo cuatro objetivos:

-Reconstrucción del entorno ecológico y arqueológico.

-Estudio de sus diferentes fases de ocupación

-Valoración de la necrópolis.

- Contexto histórico-regional.

Las evidencias más antiguas de ocupación humana se remontan a los últimos momentos de la edad del cobre o calcolítica (2000-1.800 a. C.). Los hallazgos se relacionan con un poblado fortificado, en el que, en su interior, se levantaron cabañas de planta oval. La presencia de materiales asociados corresponde a objetos líticos y cerámicos (cuchillos tallados, percutores, fragmentos de hachas y cazuelas pulimentadas, molino, cuencos, platos, ollas, vasos campaniformes…).

La fauna está representada por ovejas, bóvidos, cerdos, caballos, ciervos, conejos, liebres. En general, es un poblado que se repite a lo largo de toda la cuenca media del Guadiana. Su fin fue un incendio que provocó el abandono del poblado en plena crisis del modelo social calcolítico.

El lugar estuvo despoblado durante más de dos mil años, y posteriormente fue ocupado por los romanos en época republicana, desde el s. II a. C.  hasta su abandono a finales del s. I d. C. Lo más llamativo de este lugar quizás sea su aljibe excavado en la roca del recinto, con una longitud de 28 m y un ancho de 10 m, y una profundidad de más de 2 m, que constituye una gran reserva de agua para épocas de asedio o para fines económicos.

El hábitat se sitúa en la parte alta del cerro, con casas adosadas, dispuestas en terrazas y separadas por calles paralelas trazadas en sentido longitudinal, lo que constituye un trazado urbanístico bastante avanzado. Hay viviendas de diferentes tamaños y números de habitaciones relacionadas con las tareas domésticas, el descanso y el almacenaje. Según el material recuperado en las viviendas, se pueden determinar las principales actividades económicas del oppidum. Practicaban la ganadería de secano, la ganadería extensiva y la caza; aseguraban la subsistencia de quienes habitaban el lugar, pero el factor económico principal fue la explotación de la mineralización de galenas argentíferas, repartidas en pequeños filones.

En la base del cerro se ha documentado la existencia de una necrópolis, "El Peñascón", donde aparecen, por un lado, tumbas de clara tendencia indígena, con predominio de estructuras tumulares de piedra, y, por otro, algunas tumbas de incineración tipo bastum con ritual romano.

Con la reorganización del territorio, la provincia Ulterior se dividió en dos provincias: la Bética y la Lusitania, con capital en Augusta Emerita. La Beturia cayó al lado de la provincia Bética y sus oppida fueron adscritas a los conventus o distritos hispalenses y cordobeses. Los habitantes de Hornachuelos acabarían por abandonar el oppidum a finales del s. I. d. C y repartirse entre las numerosas explotaciones rurales que comenzaban a emerger en el “agro emeritense”.

Referencia:

-Alonso Rodríguez Díaz: Hornachuelos (Ribera del Fresno, Badajoz). Guía del yacimiento.

-Alonso Rodríguez Díaz: "Proyecto Hornachuelos (Ribera del Fresno). 1986-1990". Extremadura Arqueológica, II. pp. 283-300.


Necrópolis











viernes, 23 de enero de 2026

EL DIOS INCOMPRENDIDO. El desafío del clima en la historia de la Humanidad.

 

EL DIOS INCOMPRENDIDO. El desafío climático en la historia de la humanidad.

Autores: Francisco J. Jiménez Espejo & José Soto Chica

Editorial: Desperta Ferro.2025. pp 445, ISBN: 978-84-129847-4-3


Hoy voy a hablar de mi última lectura: El DIOS incomprendido. El desafío del clima en la historia de la humanidad es una auténtica apuesta de los autores para ofrecernos una visión científica y divulgativa de cómo ha evolucionado el cambio climático a lo largo de la historia.

Pero ¿cómo incidió el cambio climático en las diversas civilizaciones del pasado? ¿Es el mismo cambio climático que ocurrió en épocas pasadas el que tenemos hoy en día?

Actualmente, son temas de gran relevancia; gran parte de la sociedad vive ajena a esta realidad. Una temática muy sugerente, en la que el clima se toma como un factor importante. La ciencia tiene mucho que decir; a este respecto, además, desde hace décadas se han venido anunciando los diferentes episodios catastróficos provocados por el clima.

Los autores han elegido 9 capítulos muy provocativos y atractivos para captar la atención del lector; han querido comenzar desde los inicios de la prehistoria. Sin duda, es el capítulo más amplio y, a mi juicio, el más fascinante. Para abordar el tema, lo han abordado a través de una trilogía perfecta: paleoclimatología, historia y arqueología. Los datos científicos han sido contrastados con los registros arqueológicos para obtener un contexto histórico; es decir, un enfoque multidisciplinar.

Los neandertales tuvieron que hacer frente al frío extremo de la época glacial. ¿Fue esta la causa de su extinción? Las grandes polémicas a las que se han enfrentado los científicos son si fue el clima el que acabó con los neandertales o si fue el hombre moderno. Nunca suele haber una única causa de los eventos catastróficos, sino que se trata de una confluencia de factores.

Si los neandertales sobrevivieron hasta el 40.000 se tuvieron que enfrentar a uno de los eventos Heinrich más terribles que nunca había existido, el Heinrich 4, este evento fue el más frío de todos los anteriores y a esto hay que sumarle la erupción de un supervolcán en Italia, que cubrió de cenizas casi toda Centroeuropa, y a otro evento como la polaridad del polo magnético (Laschmps), que afecta al clima y a la vida de los seres vivos sometidos a una gran radiación solar. Toda esta confluencia de factores pudo dar lugar a un desastre ambiental.

La humanidad también tuvo que hacer frente al período Megalayenne, donde aparecen la aridificación y cómo esta afectó a los diferentes pueblos de toda la vertiente mediterránea (Egipto, los pueblos indoeuropeos, Bronce Final…).

El imperio de Justiniano comenzó su expansión hacia occidente; las erupciones volcánicas hicieron su aparición y el mundo se transformó en un caótico mundo de fuego, lava, guerras, hambre, sublevaciones, colapso económico y problemas militares y políticos. Y el gran imperio de Justiniano colapsó debido a las erupciones volcánicas; de aquí podemos aprender cómo una civilización puede llegar a estar en la cuerda floja si no se toman las medidas adecuadas. Todo esto, la ciencia lo tiene registrado en los espeleotemas de Suiza y Austria.

Y así, una tras otra, Francisco Jiménez y José Soto nos relatan cómo los nómadas del Sáhara tuvieron que hacer frente a las vicisitudes del clima, así como los visigodos y bizantinos en la Alta Edad Media, y los comanches, cazadores de bisontes, tuvieron que afrontar las distintas crisis climáticas originadas por diversos fenómenos.

Para Francisco J. Jiménez, el cambio climático que estamos iniciando actualmente no tiene nada que ver con los cambios anteriores, porque este calentamiento global, tan homogéneo y tan rápido, es algo diferente. La causa última del calentamiento actual es que hay más gases de efecto invernadero en la atmósfera, porque no vemos que haya aumentado la radiación solar ni que nos hayamos acercado más al Sol. Lo que explica la subida de la temperatura que constatamos es el aumento de los efectos invernadero. De ahí que haya calentamientos y enfriamientos parciales; por la tendencia de fondo, es hacia el calentamiento planetario. Este cambio climático que estamos sufriendo no es natural y no podemos asociarlo con los factores naturales de antes.

Es un libro explicado desde la geología, clima e historia, hechos que son explicados de forma muy didáctica y detallada en la que ningún lector venga de la rama de ciencias o humanidades, o bien, público en general, tendrán problemas en su comprensión porque los autores se han apoyado en imágenes, tablas de registros climáticos, mapas, fotografías, infografías y restos arqueológicos para comprender los fenómenos catastróficos en las diferentes civilizaciones.

Sin lugar a dudas, un libro muy bien escrito, sin perder en ningún momento el rigor científico, pero que deja muy claro a todo un público incrédulo que conocer el clima y sus lecciones es imprescindible para proyectar el futuro…

Francisco J. Jiménez Espejo es doctor en química y defendió su tesis sobre el cambio climático y la evolución cultural humana. Actualmente, desarrolla su labor como investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra.

José Soto Chica es doctor en Historia Medieval por la Universidad de Granada e investigador del Centro de Estudios Bizantinos de Granada. Premio Edhasa en 2021 y Hislibris 2020.