domingo, 18 de octubre de 2026

CITÂNIA DE BRITEIROS

 

Ya he hablado en algunas entradas del blog sobre los castros como poblados fortificados en la Iberia prerromana. Nos vamos a un castro; en Portugal se denomina citânia. Pero ¿qué diferencia hay entre un castro y una citânia?

La diferencia está en el tamaño: una citânia es un poblado fortificado, pero de mayores dimensiones y mayor mixticidad urbana, y normalmente se concentró en la mitad norte de Portugal y de Galicia.

Visitar la Citânia de Briteiros te deja muy sorprendido porque no es un castro al uso: es una gran ciudad fortificada con una poderosa actividad económica, y te sorprende por su dimensión, la monumentalidad de sus murallas, su urbanismo y arquitectura, y por la presencia de dependencias que en otro castro no habías visto. Vamos a ir describiendo el castro.

La primera vez que se realizaron trabajos fue en 1874, cuando Francisco Martins Sarmento dirigió la primera excavación; al ver la importancia arqueológica de esos terrenos, decidió comprarlos para su puesta en valor y su conservación. Han sido muchos los proyectos de excavación que han pasado por allí, pero aún quedan muchas zonas por descubrir y por profundizar en ellas. Su fase inicial se remonta al neolítico final y al calcolítico; su datación se sitúa en el I milenio a. C. y perdura hasta el s. X, donde se erigió una pequeña ermita cristiana. Está muy bien situado sobre una loma que da al río Ave, denominado límite de la navegación fluvial, es decir, la ruta comercial entre el litoral y las montañas del interior, y controlaba el corredor norte-sur que conectaba el valle del Duero con el río Miño.

Conocemos su urbanismo como perfectamente diseñado, ya que contaba con una gran diversidad de unidades habitacionales y estaba estructurado en torno a un eje principal: su calle principal, orientada de suroeste a noroeste. De su calle principal salen varias ramificaciones secundarias que delimitan pequeños barrios, a los que se accede a través de varios núcleos residenciales, donde predominan las construcciones rectangulares.

En la parte alta se ubica el núcleo residencial de la Acrópolis. La sociedad castreña se organizaba en torno a una casa circular, donde vivía la familia nuclear: el padre y la madre. Alrededor de esta casa circular se observan otros habitáculos destinados a los demás miembros de la familia, como parientes mayores o hijos adolescentes. Y junto a estas edificaciones se encuentran las construcciones destinadas a guardar los aperos agrícolas o a almacenar alimentos.  También se observan pequeñas cisternas para recoger agua de lluvia.

El patio era el centro de la vivienda familiar, donde cada miembro se dedicaba a sus tareas diarias o a las artes, como la alfarería o la metalurgia del bronce y del hierro. Entre las estructuras que te sorprenden en esta citânia están la casa del consejo, el balneario y las murallas.

En la casa del Consejo se reunían los principales jefes de la ciudad para resolver los conflictos que surgían, repartir las tareas, sortear los terrenos baldíos, hablar sobre las cosechas; es decir, poner orden y dirigir la economía de la ciudad. Pero también se celebraban fiestas rituales en las que las familias más poderosas sacrificaban cabezas de ganado y repartían alimentos.

Desde la posición de la casa se observaba todo el curso del río Ave, donde se veían llegar los barcos con sal y mercancías procedentes del litoral y del Mediterráneo; además, y lo más importante, se vigilaban los puertos de montaña en busca de posibles ataques.

Una construcción que no se había visto en otros castros es el balneario; al principio se creía que eran hornos, pero después se descubrió que eran balnearios donde los habitantes de los castros tomaban baños de vapor tras lavarse con agua fría.

Sin lugar a dudas, una de las cosas más llamativas de la citânia de Briteiros es su muralla. Sobre el fin de la muralla, hay varias interpretaciones: para algunos investigadores, la presencia de grandes murallas es sinónimo de guerras permanentes entre las diferentes comunidades; para otros, las murallas tenían una función simbólica de expresión de poder.

Sin lugar a dudas, la Citânia de Briteiros merece una visita para entender cómo se vivía en la Edad del Hierro y la evolución que han experimentado estos poblados hacia un urbanismo rural. Es uno de los poblados protohistóricos más relevantes de la Península Ibérica por su dimensión, monumentalidad, urbanismo avanzado y arquitectura.

 













viernes, 25 de septiembre de 2026

LINCE: sus ancestros y evolución

 

Lynx pardinus. Foto de Andrea en Pixabay

Su cara te fascina y sus ojos de cazador a media distancia te atrapan: el lince es el felino más icónico de la península ibérica; sus movimientos sigilosos y su mirada intensa hacen de este carnívoro un animal que pasa desapercibido incluso a pocos metros.  Sus pinceles negros en las puntas de sus orejas les ayudan a detectar los movimientos.

El lince es el felino más grande que tenemos en la península ibérica y se había extinguido a finales del s. XX y, gracias a proyectos de reintroducción, vuelven a estar presentes en nuestros hábitats mediterráneos.

Este animal habita en nuestro planeta desde hace más de un millón y medio de años, pero ¿cuándo apareció el lince en nuestro país? ¿De dónde proviene? ¿Es endémico de aquí?

De las cuatro especies de lince que existieron, todas tienen un ancestro común: el Lynx issiodorensis (según los estudios de Kurten, 1978, y de Johnson y O'Brien, 1997).

A mediados del Pleistoceno, poblaciones de Lynx issiodorensis que habitaban en Asia dieron lugar a la aparición del lince boreal, que se refugió en el norte de la península; así lo confirman los hallazgos y estudios de Rodríguez Varela (2015), que indican que el lince boreal se distribuyó en la zona norte peninsular y el lince ibérico ocupó principalmente la mitad meridional de la península.

El lince euroasiático o lince boreal (Lynx lynx) es un carnívoro que habitó en la península ibérica desde el Último Máximo Glacial hasta el s. XVII.

Un estudio liderado por la Universidad de A. Coruña (Eva Fdez. y Carlos Nores) del esqueleto completo de un lince boreal, recuperado por un equipo de espeleología a más de 100 m de profundidad, ha demostrado, mediante análisis de radiocarbono, que sobrevivió en la península ibérica hasta hace 210 años a. p., lo que constituye la presencia más reciente corroborada en la península ibérica. Lo que nos aclara la cronología de la desaparición de este animal. Este animal es uno de los linces de mayor tamaño que los actuales, por lo que es un gran depredador de la fauna local.

Su esqueleto apareció en la sima Topinoria, en los Picos de Europa (Cantabria), y su conservación ha sido tan buena que ha permitido realizar un estudio completo de su marco cronológico, de su identificación taxonómica y de sus características craneales y dentales. Del análisis morfométrico se ha determinado que se trataba de un individuo macho adulto con una masa corporal de 29,7 kg. El estudio nos muestra que el lince boreal se sitúa junto a muchos machos modernos de Europa central, aunque es más pequeño que los machos del holoceno de la península ibérica.

Hasta la fecha se creía que el lince boreal había desaparecido de nuestro entorno hace unos 400 años; sin embargo, este hallazgo ha contribuido a rescatar al lince boreal de su hábitat natural.

La posición anatómica en la que se encontraba el animal demuestra que murió en el interior de la cueva; se refugió en la cavidad y cayó accidentalmente desde una altura de 100 m. Este carnívoro vive en bosques caducifolios, mixtos y de coníferas de Europa y de Asia Central. El tamaño corporal de estos animales ha sido el resultado de las adaptaciones de cada especie a sus hábitats y dietas.

Otro hallazgo importante que se ha producido en la península ibérica ha sido el del yacimiento paleontológico de Quibas (Abanilla, Murcia), que alberga el esqueleto de lince ibérico (Lynx pardinus) más completo del pleistoceno inferior, un felino endémico de la península ibérica junto a más de 85 especies, muchas de ellas ancestrales: tigres dientes de sable, bisontes, macacos, rinocerontes…

El equipo de Pedro Piñero y Jordi Agustí viene desarrollando sus trabajos en la cueva de Quibas. En la campaña de 2024 descubrieron el esqueleto completo de un lince con una antigüedad superior a un millón de años, lo que ha permitido reconstruir los cambios faunísticos y climáticos en la región.

Hoy día podemos decir que, desde 2021 hasta 2024, se han recuperado más de 60 huesos pertenecientes a un mismo individuo de lince ibérico, lo que indica que la especie en sus orígenes era de mayor tamaño que los que se conservan hoy.

 

 Esqueleto reconstruido del lince boreal. Foto de la Univ. de Cantabria.


Referencias:

-Kurtén (1978): The Lynx from Etouaries: Lynx issiodorensia, Late Pliocene. Ann. Zool. Fennici15: 314- 322. Johnson, W.E., Eizirik, E., Pecon-Slattery, J., Murphy, WJ., Antunes, A., Teeling, E. y O´Brien, SJ., 2006: The late Miocene radiation of modern Felidae: a genetic assessment. Science 311. 73- 77.

-Rodríguez-Varela, R., Taglicozzo, A., Urena, I., García, N., Cregut-Bonnoure, E., Mannino, M., Arsuaga, JL., Valdiosera, C. 2015: Ancient DNA evidence of Iberian Lynx palaeoendemism. Quaternary Science Reviews 112, 172-180.

-Rodríguez-Varela, R., García, N., Nores, C., Álvarez-Lao, D., Barnet, R., Arsuaga, JL., Valdiosera, C., 20215: Ancient DNA reveals past existence of Eurasian lynx in Spain-Journal of Zoology. Print ISSN 0952-8369.

-Boscaino, A., Madurell-Malapeira, J., Llenas, M., Martínez-Navarro, B., 2015: The origin of the critically endangered Iberian Lynx: Speciation, diet, and adaptive changes. Quat. Sci. Rev. 123, 247-253.

-Eva Fernández-Bejarano et al., 2026: The last Iberian record of Eurasian lynx (Lynx lynx): osteometry and historical implications of the lynx from Sima Topinoria (Cantabria, Spain).

 


jueves, 6 de agosto de 2026

PISADAS DE MAMÍFEROS

 

Muchas veces, cuando caminamos sobre sedimentos blandos o fangosos, nuestras pisadas quedan marcadas en el suelo; dependiendo del tipo de sedimento, estas tendrán una forma u otra, o perdurarán más o serán más efímeras. A veces creemos que los restos fósiles son sólo huesos, dientes y conchas, pero tenemos cada vez más evidencias indirectas de su presencia, como las huellas, conocidas como icnitas.

Estas icnitas las podemos ver en las rocas; fueron hechas por organismos vivos mientras caminaban o corrían y nos aportan gran información sobre los animales que se movían o vivían en determinadas zonas. Para que se conserve una huella, es necesario que el animal camine sobre una superficie blanda, como el barro o la ceniza volcánica. Esta huella es posteriormente cubierta por arena, limo o ceniza adicionales, que le sirven de protección frente a fenómenos atmosféricos, como el viento o el agua. A través de su estudio, se puede colegir qué animal las dejó, la velocidad y el modo de desplazamiento que presenta, que se miden a partir de la distancia entre pisadas, su comportamiento y, sobre todo, el entorno donde vivía, a través de la textura del sedimento.

Con el paso del tiempo, estos sedimentos se fosilizan y forman rocas en las que quedan impresas las huellas de los animales. La fosilización se debe a los movimientos tectónicos derivados del plegamiento alpino en el Pirineo. Es el fenómeno observado en el yacimiento de La Fondota (Abiego, Huesca), donde se han hallado más de mil icnitas de mamíferos. El yacimiento fue descubierto en 1973 y actualmente está siendo estudiado por un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza, integrado por Martín Linares, Diego Castanera y José Ignacio Canudo, quienes han realizado el estudio sedimentológico e icnotafonómico.

Hace 35 millones de años (Oligoceno) en Abiego había una zona de lagos y lagunas someras, sometidas a frecuentes oscilaciones de la lámina de agua, donde los mamíferos acudían a beber y en esas zonas de fango (calizas, margas areniscas) quedaron impresas las huellas. Durante este periodo, el paisaje estaba compuesto por praderas y coníferos, con lagos poco profundos; de ahí que los animales acudieran a beber. Dada su buena conservación y atendiendo a su morfología, se ha determinado que estas huellas están asociadas a Anoplotherium y Entelodon, dos artiodáctilos extintos que tenían pezuñas y dedos pares. El registro fósil de estos animales se encuentra en el Reino Unido, Francia, España, Portugal y Alemania. El Anoplotherium es un herbívoro endémico de Europa occidental y podía pararse sobre dos patas para ramonear las plantas.

Para saber más sobre las icnitas, o huellas, podéis consultar la entrada en este blog: «Las huellas fósiles más antiguas», que se refiere a huellas humanas.




Ilustración realizada por Rosa Alonso.