miércoles, 29 de julio de 2026

VILLA ROMANA DE FUENTE ÁLAMO (PUENTE GENIL, Córdoba)


A tan sólo 3 km del centro urbano de Puente Genil, en Córdoba, se encuentra uno de los yacimientos mejor conservados y estudiados de la provincia: Fuente Álamo. En este lugar se daban características extraordinarias para establecerse allí: su climatología, un manantial con abundante agua, la fertilidad de sus tierras, propicia para la agricultura, y, lo más importante, su ubicación estratégica en un cruce de caminos, ya que era atravesado por una importante red viaria; todo ello hizo de Fuente Álamo un lugar idóneo para vivir. Un entorno rural que ha experimentado una serie de transformaciones desde la época altoimperial hasta la tardoantigua.

Fuente Álamo es un asentamiento de época romana que fue reutilizado a lo largo de la historia: primero como termas romanas, posteriormente como villa y, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el vacío de poder y la inestabilidad social facilitaron la entrada de los visigodos; en la época musulmana, se utilizó como necrópolis y almazara.

Las termas se construyeron (s. I d.C.) en esta zona porque discurría por aquí un arroyo con el mismo nombre y, en la zona de arriba, había una presa que abastecía de agua a las termas. A ambos lados del arroyo se distribuía un conjunto de piscinas adosadas y escalonadas que se comunicaban entre sí mediante canalizaciones que las alimentaban con agua.

En el lado derecho del arroyo se encontraban los baños de verano con aguas frías (frigidarium). Y a la izquierda estaban los baños de agua templada (tepidarium) y de agua caliente (caldarium). Para mantener esta instalación de calefacción disponían de unos hornos. Los romanos fueron los que introdujeron la calefacción por suelo radiante, que consistía en hornos subterráneos tradicionales y en canalizaciones de galerías de aire caliente con las que calentaban las aguas de las termas.

Si observamos el lugar donde se encontraron las termas, en su origen no estaban ubicadas en ninguna población, sino que formaban un complejo muy bien situado entre varios núcleos. Por ello, las termas tenían, además de la limpieza corporal, funciones de relaciones sociales y comerciales; es decir, eran un lugar de ocio y disfrute social y un espacio idóneo para los negocios, sin olvidarnos del descanso de los viajeros y del abrevadero para el ganado.

Las termas estaban decoradas con ricos mosaicos geométricos que se han conservado en perfecto estado; quizás sea uno de los aspectos que caracterizan a este yacimiento: su riqueza en la conservación de los mosaicos, ya que en la zona sur contamos con muy pocos. Luego hablaremos de ellos.

También en este lugar en concreto, en el margen derecho del arroyo y sobre una buena parte de las termas, se levantó una villa romana de grandes dimensiones.

Esta villa romana alcanzó su auge a finales del s. IV-V d.C. y en el s. VI fue abandonada al inicio de la dominación musulmana. En concreto, en el s. IV y, sobre las estructuras anteriores, se construiría la residencia del nuevo dominus.

Como toda villa que se precie, esta consta de tres zonas bien establecidas: la pars urbana, donde reside el dueño de la villa y su familia, acompañados de sus siervos, quienes realizan las tareas domésticas. La pars rústica es un edificio anexo donde se alojaban los siervos y esclavos y también se utilizaba para guardar los aperos de labranza. Y la pars fragmentaria corresponde a los edificios destinados al trabajo de los animales, como establos y almacenes de productos agrícolas.

En la estratigrafía se detectan dos fases constructivas: en una primera fase se levanta el complejo residencial de la pars rústica y en el s. IV-V, la villa sufre un crecimiento en sus pavimentos, que incluye el mitreo y el tablinium (lugar donde el señor de la casa recibía a sus clientes y se exhibían los bustos de sus antepasados), y los suelos están decorados con mosaicos.

Las habitaciones de la villa son de amplias dimensiones y están comunicadas entre sí por un pasillo cubierto. Los pavimentos de toda la villa están decorados con mosaicos de motivos geométricos.

Los motivos musivarios

Nos hallamos ante una encrucijada: o bien el dominus poseía una sensibilidad artística y un gusto estético muy por encima de la media de su época, o bien la genialidad del artífice material desbordó los cánones tradicionales, convirtiendo la villa en un espacio de vanguardia. Lo vemos reflejado en la cantidad de mosaicos de los que dispone la villa; el más emblemático es el que se halló en las termas, el mosaico nilótico, que fue descubierto en el año 1982 y constituía el pavimento de una sala cuadrada central y cuatro semicírculos con cuatro ábsides, de los cuales solo se conservan dos y sus textos son excepcionales en la historia de las inscripciones musivarias de Hispania, ya que constituye el único ejemplo conocido hasta la fecha, con una temática nilótica de geranomaguia (pigmeos y grullas como grandes protagonistas).

En el ábside se desarrolla una serie de pequeñas acciones, entre ellas la imagen y el texto; en cada una, los personajes dialogan entre sí. En el cuadro central aparece el río egipcio, representado como un dios que reposa sobre un recipiente, del que posiblemente brotaría agua, y está acompañado de un hipopótamo, un cocodrilo y dos aves zancudas. La temática es muy intuitiva y sencilla y presenta una composición llena de protagonistas relacionados con el Nilo.  Las escenas de los ábsides laterales presentan inscripciones latinas a modo de cómic: historias sucedidas entre grullas y pigmeos.

Otro de los mosaicos figurativos importantes del pavimento de la estancia principal está compuesto por dos paneles dedicados al dios Baco. En el registro inferior se muestra el combate de Baco para someter a la India, asistido por una tropa de ménades y faunos y por un animal que se asemeja a una leona. Y en la escena superior se describe la llegada triunfal del dios Baco junto a Ariadna, el dios Pan y Sileno. Algunos autores atribuyen al personaje montado en el asno la condición de dueño de la villa, acompañado de su mujer y su hijo.

Y el conocido como mosaico de las Tres Gracias decora el pavimento de un espacio a cielo abierto previo al oecus. El conjunto se divide en tres paneles o cuadros con escenas mitológicas independientes. Muestra a las tres gracias: Áglae, que representa la belleza; Eufrósine, la alegría; y Talia, la abundancia, de pie y entrelazadas, flanqueadas por otras escenas, como Belerofonte con Pegaso a un lado y un sátiro persiguiendo a las ninfas. Está elaborado con teselas de colores que enmarcan la escena principal con una rica orla geométrica de círculos tangentes y motivos ornamentales.

 Como he comentado antes, estamos ante una villa romana que destaca por su excepcional repertorio musivario de patrones geométricos en teselas; estos motivos son diversos, como cruciformes, círculos, cuadrados, rectángulos con espigas y flores cercadas con dientes de sierra. Los colores de estos mosaicos son blanco, rojo, negro y sepia.

Evolución arqueológica e investigadora del yacimiento Fuente Álamo

El yacimiento es conocido desde finales del s. XIX, por los materiales aparecidos en superficie, pero no es hasta 1982 cuando se realiza la primera intervención, a cargo de Francisco Esojo, director del Museo Municipal de Puente Genil, quien dio el primer aviso del deterioro del yacimiento. Posteriormente, Ana María Vicent, directora del Museo Arqueológico de Córdoba, encargó una excavación de urgencia y fue entonces cuando Luis López Palomo llevó a cabo una intervención arqueológica con un perfil científico-metodológico. A partir del año 2000 se iniciaron las obras de puesta en valor y de gestión integral del yacimiento, así como su musealización, a cargo de Manuel Delgado, jefe de servicio de arqueología y patrimonio del Ayuntamiento de Puente Genil. El yacimiento fue abierto al público en 2011.

Referencias:

-Delgado, M. y Jaén, D., 2016: El conjunto arqueológico de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Quince años de puesta en valor y gestión integral del patrimonio en el medio rural”. En Vaquerizo, D., Ruiz, A., Delgado, M. (Eds.), Rescate: del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible. Vol. I. Córdoba.

-Neira Jiménez, M.L., 2019: Los mosaicos romanos del yacimiento de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba): investigación y puesta en valor. Mosaico romano en el espacio rural. Investigaciones y puesta en valor. Lérma di Bretscheider.

- Delgado Torres, M., 2020: El patrimonio arqueológico como agente de dinamización en el ámbito rural. El conjunto arqueológico de la Villa romana de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Em Villae romanas investigação e inovação.

 







Mosaico de las Tres Gracias



Mosaico de El cortejo de Baco y la lucha de Baco

Mosaico Nilótico






jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda la algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, bien sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han sucedido a un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquematizados (ancariformes, ramiformes…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes realizados por el arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos que se conservan en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron plasmadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos con antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir con sus dibujos ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos principalmente de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería entre los siglos. VII y VI a.C., con lo cual se daría la llegada del período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórfas repartidas por toda la sierra, que destacan por los trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) que reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico y con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa de grandes dimensiones. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos con forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos en su creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y de ojos), muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuadas.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe, que se extiende desde el s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de que el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, en la que el legado histórico ha sido un referente en la convivencia de culturas y una forma de dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 




Calco del panel I del abrigo Maenín, según Alejandro González y Alejandra Macías.


















 

 

martes, 26 de mayo de 2026

LA CIUDAD DE LOS MUERTOS DE SHAH-I-ZINDA (Samarcanda, Uzbekistán)


Visitar un país de Asia Central, donde la mayoría de sus monumentos están incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, e intentar elegir uno resulta una ardua tarea. Hoy en día, el mundo alberga una diversidad de culturas y creencias inabordables; por eso, hay que viajar con la mente abierta y cultivar el entendimiento y el respeto mutuo entre las diferentes comunidades religiosas. Para nosotras, el mundo islámico es cercano, ya que hemos convivido con esta cultura durante ocho siglos.  Por eso me he decidido a reflejar el complejo funerario de Shah-I-Zinda y mostrar que su impresionante avenida de mausoleos resulta conmovedora. La manifestación de sus azulejos, podemos decir, es la más rica del mundo musulmán.

Cuando te adentras en esta ciudad de los muertos, o necrópolis, hay que comprender el entierro, uno de los rituales más significativos de la tradición islámica. El entierro musulmán es un regreso a la tierra, un recordatorio de la temporalidad de la vida terrenal. La práctica de enterrar al fallecido directamente en la tierra, mirando hacia La Meca, simboliza el ciclo de la vida y la creencia en la resurrección. Al igual que en muchas religiones, el sistema de entierro en el islam es mucho más que un rito de paso; es una manifestación de fe, devoción y humildad.

Tengo que empezar diciendo que el nombre de Shah-I-Zinda significa “tumba del rey vivo”, porque aquí está enterrado Qutham Ibn Abbas, primo del profeta Mahoma, quien trajo la religión islámica a esta zona en el s. VII. Las excavaciones realizadas en el lugar han permitido determinar la presencia de un cadáver en su interior, pero aún no se ha establecido su identidad. Este hecho convirtió esta necrópolis en un lugar de peregrinaje. Durante la Edad Media visitar este lugar equivalía a viajar a La Meca. Su complejo, ubicado en la avenida de Zinda, es el más importante y generoso en dimensiones, albergando una mezquita, un mausoleo y una pequeña sala de oración, donde pudimos presenciar los cánticos y oraciones del islam: personas orando y dando gracias en silencio; sin lugar a dudas, un lugar que te invita a la reflexión espiritual.

También el gran Tamerlán eligió este lugar para dar sepultura a sus familiares. Una de las que más me sorprendieron fue la tumba de su hermana, Shirin Bika Aga, que ha sido restaurada a su esplendor original por los conservadores soviéticos y, posteriormente, por el gobierno de Uzbekistán. Es una planta cuadrada, coronada por una gran cúpula sobre un tambor de diecisiete lados, pero la tumba se encuentra en una cripta subterránea. Los familiares de Tamerlán están enterrados en las tumbas azules, que se distinguen del resto por sus azulejos mayólicos pintados.

En la gran avenida de Shah-I-Zinda se pueden visitar más de veinte mausoleos, construidos unos junto a otros entre los siglos XIV y XV. Durante la época del Imperio Timúrida se erigieron los monumentos más impresionantes con cúpulas turquesas, fachadas de mosaicos y azulejos esmaltados con caligrafía árabe. Cada mausoleo cuenta una historia, una forma de vivir y de morir, un espacio que da lugar a las diferencias sociales, pero todos comparten una atmósfera espiritual y silenciosa.

El día que visitamos la necrópolis era una amalgama de turistas de todas partes, mezclados con visitantes uzbecos de todas las edades, con sus vestimentas de colores, lo que realzaba aún más el colorido del ambiente; la amabilidad de la gente uzbeca se hace notar incluso en un lugar de recogimiento: les gusta hacerse fotos con los turistas y te hacen partícipe de sus costumbres. Los edificios que estaban abiertos al público eran muy variados: algunos, sencillamente simples, cubículos cuadrados con una tumba en el suelo y una ventana que dejaba entrar la luz; otros, sin embargo, eran obras de arte: estructuras cuadradas coronadas por una cúpula y acentuadas por una entrada con pórtico. Sus decoraciones incluyen tallados de un rico colorido, cuya base es el azul cobalto y el verde. El techo, lleno de estrellas de ocho puntas en blanco plateado y lágrimas en azul, que evocan el dolor del luto por la pérdida del ser querido, contrasta con la tumba despojada de todo elemento decorativo. Todo en su conjunto da testimonio de una riqueza arquitectónica y de una armonía de belleza inigualables, que encierra siglos de historia.

Visitar esta necrópolis, la ciudad de los muertos y, a su vez, de los vivos, porque no solo es un lugar sagrado, sino también un lugar de peregrinación, donde los visitantes locales acuden a orar y a pedir protección ante lo que consideran la “Tumba del Rey Viviente”.

Sin lugar a dudas, ha sido una experiencia de aprendizaje enriquecedora para todas y un recuerdo imborrable de Samarcanda, de Jiba y su mezquita del viernes, y de Bujará, tres lugares que nos han marcado durante nuestro viaje a Uzbekistán.