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miércoles, 16 de diciembre de 2020

EL JUGUETE EN LA VIDA DE LOS NIÑOS/AS DE LA PREHISTORIA

En este post hablaremos del juguete como utensilio utilizado por niños/as en la prehistoria, a partir de los registros arqueológicos.

Lo primero que hay que considerar es que el juguete, en la prehistoria, no es uno de los enfoques más contemplados en la investigación arqueológica, por lo que los restos materiales que los niños/as dejan en el registro son rara vez mencionados o considerados.

Como dice la Prof. Margar Sánchez, la cultura material asociada a la infancia ha pasado desapercibida en la mayor parte de las investigaciones, bien por las características de los materiales, que no han perdurado, bien por problemas metodológicos o de recogida de materiales en la excavación, bien porque los restos se han interpretado de manera errónea o bien porque directamente se han descartado como elemento de explicación social.

En general, podemos decir que la cultura material que nos aporta el registro arqueológico, como los ajuares de los enterramientos, la organización espacial y las áreas de producción, así como los objetos producidos por los propios niños/as en sus juegos, no permite su conservación.

Por eso, en arqueología, tenemos que plantearnos miradas alternativas que contemplen el registro de otra manera y supongan una reinterpretación significativa de las categorías, aportando nueva información al respecto. Porque la invisibilidad de estos objetos no nos viene del pasado, sino de la mirada que, desde el presente, se adopta sobre esta producción.

Dicho esto, consideramos que el juguete es un objeto o artilugio destinado al entretenimiento de niños y niñas. Digamos que, por su naturaleza, es un elemento que siempre ha existido porque todos hemos sido niños y, además, forma parte de su desarrollo.

Además, el juego es un factor multifuncional según el campo en el que queramos utilizarlo; por eso, nos centraremos en el juguete en sí como una de las primeras fases de la producción humana.

Como he comentado, encontrar estos objetos en los registros arqueológicos es difícil, principalmente, por ser materiales caducos, que no suelen dejar huella en el registro, porque suelen estar elaborados en madera, materiales orgánicos o de arcilla que, por su fragilidad se rompe y no se conservan; y también por la misma naturaleza del juguete que está creado y concebido para un periodo concreto, sin intención de perdurabilidad en el tiempo.

Pero voy a seleccionar una serie de artefactos que han perdurado en el tiempo, han aparecido en los registros arqueológicos y que, hasta la fecha, sus descubridores consideran juguetes. Los niños/as son, por tanto, productores y consumidores de la cultura material.

El registro más antiguo lo encontramos en China, en el yacimiento de Heitougou, en la provincia de Hebei, y está datado en 1,8 millones de años.

El yacimiento ocupa unos 6 metros cuadrados y se han recuperado unas 700 piezas líticas, es decir, objetos tallados. Los investigadores afirman que se trata de juguetes y no de artefactos líticos, por una parte, porque son de pequeño tamaño y no presentan evidencia de desgaste por su uso, y por otra, porque consideran que se trata de una zona de juego, ya que tampoco han aparecido restos de animales típicos de la zona.




En el sudeste de Turquía se ha descubierto una tumba de un niño que contenía una carroza de cuatro ruedas en miniatura, con una antigüedad de 5.000 años. Normalmente los niños se enterraban con sus juguetes.

                                          Foto: Halil Fidan/Anadolu Agency Images

En la República de Jakasia, en el sur de Siberia, en el noroeste del lago Itkul, se ha hallado una de las muñecas más antiguas del registro de juguetes prehistóricos, con 4.500 años de antigüedad. Pertenecía a la cultura Okunnev, de la Edad del Bronce. La muñeca está elaborada en esteatita, una roca blanda, lo que le ha permitido representar los rasgos faciales; posiblemente, el cuerpo estuviera recubierto de material vegetal. El tamaño es de 5 cm de altura.

                                                                           Foto: The Siberia Times

En la campaña de 2016, se descubrió en el yacimiento de Acemhöyük, en Akoarey (Turquía), un sonajero de terracota que se remonta a la Edad del Bronce y tiene 4.200 años de antigüedad. El juguete está elaborado en terracota y tiene forma de bolsa y probablemente tiene un asa. También tiene una serie de adornos y pequeños guijarros en su interior, que producen ruidos al agitarlo.


                                                                    Foto: GTU Gazeturka

En 2018, en la revista Journal of Current Anthropology, se ha publicado el hallazgo en una aldea de Maszkowice, al sur de Polonia, un asentamiento que ha sido considerado una casa, de uso doméstico, y se han localizado junto a uno de sus muros, dos pequeñas figurillas zoomorfas realizadas en arcilla con forma de cerdo, donde se aprecian las orejas, ojos y morro, con una datación de 3.500 años; perteneciente a la Edad del Bronce.

Muy cerca del monumento de Stonehenge, en el sur de Inglaterra, se encontró la figura de un erizo tallado en piedra caliza. Se encontraba en la tumba de un niño de unos tres años, enterrado con su juguete preferido; la tumba data de hace 3.000 años, entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. También en la tumba había vasijas que contenían alimentos que se cree que eran ofrendas para el niño.


                                                                                                 Foto: N. Geographic.       

Casos de artefactos a lo largo de la prehistoria se han localizado en abundancia y han sido elaborados con diversos materiales. Normalmente, estos suelen aparecer en contextos arqueológicos, como los ajuares de enterramientos infantiles de distintos momentos cronológicos, así como en lugares de habitación. Pero hay periodos en los que no todos los estudios los incluyen como juguetes, sino más bien como amuletos, elementos decorativos o con carácter ritual o simbólico, y es necesario revisar ciertos objetos para determinar su verdadera función.

Otro tema es que, también, se han encontrado determinadas herramientas y objetos en miniatura, con la misma forma que la usada por los adultos, como pueden ser lanzas, el bastón perforado, arpones, el arco y la flecha o las cerámicas que son considerados como juguetes, pero habría que hacer más análisis para determinar si eran verdaderos juguetes o eran herramientas que usaban los más pequeños para iniciarse en las tareas de los adultos. La maduración de un niño en la prehistoria era mucho mayor que la de cualquier niño o niña de hoy.

A modo de conclusión, tenemos que decir que desde hace unas décadas la arqueología posprocesual ha dado visibilidad a las mujeres a través de los estudios de género, para después ir incorporando todo lo referente a este mundo, por ejemplo, la incorporación de muestras de los materiales que componen los yacimientos arqueológicos.

Estos elementos nos permiten descubrir las evidencias de las actividades cotidianas que se desarrollaban en el seno de estos grupos humanos, que, a lo largo de la historia cultural, han permanecido ocultas; sin embargo, son estos objetos y zonas los que revelan momentos de ocio y celebración en las diferentes culturas del pasado.

Referencias:

-Politis, G., 1999: La actividad infantil en la producción del registro arqueológico de cazadores-recolectores. Revista do Museu de Arqueologia e Etnologia, São Paulo, Suplemento 3: 263-283.

-Morales Reyes, L., 2006: “La arqueología de la infancia”. Arte, Arqueología e Historia, n.º 13, pp. 154-155. Córdoba. 

-Sanahuja Yll, E., 2007: La cotidianidad en la prehistoria. La vida y su sentimiento. Icara y Antrazyt.

-Lillehammar, G., 2010: “Archaeology of Children”. Revista Complutum, 21 (2), pp. 14-45.

- Sánchez Romero, M., 2010: “¡Eso no se toca! Infancia y cultura material en arqueología”. Revista Complutum, Vol. 21 (2): 9-13.

 





miércoles, 1 de julio de 2020

LA LANZA: ARMA UTILIZADA POR LOS CAZADORES-RECOLECTORES




La caza, como hemos comentado en otras entradas, es una actividad que cumple una función social, pues se realiza en grupo y con el objetivo de alimentar a toda la comunidad, lo que establece una reciprocidad entre sus miembros.  Para llevar a cabo este trabajo se elaboró una serie de herramientas. Hoy nos vamos a centrar en las lanzas arrojadizas de mano, o jabalinas, ya sean de madera o de hueso. No vamos a entrar a valorar otros tipos de lanzas.
Matizamos que la madera es un material abundante en la naturaleza, muy volátil y, asimismo, muy frágil frente a la descomposición, por lo que resulta difícil encontrar restos en el Paleolítico. Aun así, se han hallado fragmentos bastante bien conservados gracias a las características del suelo y casi todos los hallazgos se han encontrado en ambientes muy húmedos.
Hasta la actualidad, podemos considerar la lanza como la primera arma de mano concebida como medio de protección personal frente a los animales salvajes y que también facultó a los humanos para enfrentarse a los depredadores; además, facilitaba las tareas de ojeo, persecución y acecho. Aunque también hay que tener en cuenta que las lanzas arrojadas a mano desempeñan un papel importante en la evolución humana, su rendimiento y efectividad como arma de caza siguen siendo poco conocidos; sin embargo, los trabajos de experimentación en curso están aportando respuestas sobre los comportamientos de estos grupos humanos.
Es, por tanto, un objeto o artefacto básico para comprender la evolución social y cultural de los homínidos. Podemos definirla como un arma de madera con un extremo puntiagudo. Su simplicidad es lo que la hace excepcional: tiene un gran alcance, es letal y es un arma muy simple, pues solo se necesita una rama sólida de un árbol.
Estas puntas mataban al penetrar en un área vital del animal; normalmente se arrojaban contra una presa, o bien para rematar a un animal indefenso en una trampa, o bien después de hacerlo correr hasta el agotamiento, técnica utilizada en el Paleolítico.
El primer registro que tenemos hasta la fecha es la lanza de CLACTON-ON-SEA (Inglaterra); fue encontrada por un aficionado a la búsqueda de herramientas líticas. Se halló en 1911; está elaborada en madera de tejo. En un principio era recta, pero debido a un mal almacenamiento y a una mala conservación fue deformándose y adquirió una forma curva. Su datación es de 420.000 años. Según los análisis, se ha demostrado que fue raspada con una herramienta de pedernal, conocida como clactoniense, elaborada por Homo heidelbergensis.


Otra muy antigua es la lanza de BAD-CANNSTATT (Stuttgart, Alemania), hallada en una cantera de travertino. Las últimas dataciones obtenidas son de 400.000 años. Lo más característico de este yacimiento es la excelente conservación de los restos orgánicos, tanto vegetales como animales.



Lanza de SCHÖNINGEN (Alemania), en el norte del país. Es un yacimiento al aire libre correspondiente a una turbera de una mina de lignito, que se está excavando desde 1995. En este lugar se han localizado más de 20 yacimientos del paleolítico inferior tardío. Entre los múltiples hallazgos arqueológicos se encuentran la industria lítica y huesos con fracturas y marcas de corte. En este caso, el hallazgo más insólito es que se localizaron 9 lanzas y una jabalina; esta última es un palo con doble punta. Sin embargo, las lanzas fueron elaboradas con una parte delantera más gruesa, proporcional a su longitud, y una parte trasera mucho más afilada. Esta característica parece indicar que fueron elaboradas para ser lanzadas más que para ser clavadas a corta distancia. Tienen una datación por termoluminiscencia de entre 337.000 y 350.000 años.
Estas armas fueron depositadas en sedimentos orgánicos en la misma orilla del lago, junto a unos 20 caballos, y fueron trabajadas con ramas de abeto y pino, en las que se raspó y se suavizó la superficie con herramientas de sílex. Estos instrumentos fueron utilizados por Homo heidelbergensis, que ya contaba con una planificación estratégica para la caza.



En España tenemos la lanza de TORRALBA/AMBRONA (Soria), donde se encontraron puntas de lanza de madera de abedul, sauce y álamo, y se les atribuye una antigüedad de 300.000 años.
Lanza progetti VECCHI (Italia). El yacimiento al aire libre de Poggetti se encuentra en la Toscana central y pertenece al pleistoceno medio; está datado en 171.000 años. 
Su registro se compone de una serie de palos, casi todos fragmentados; están hechos de boj (Buxus sempervirens), miden 1 m y son redondeados en un extremo y puntiagudos en el otro.
Se ha utilizado la técnica de quemarlo parcialmente para no tener que rasparlo. Junto a estas herramientas, también se encuentran algunas de piedra y restos óseos de elefante (Palaeoloxodon antiquus).



Lanza LEHRINGEN (Alemania). Fue encontrada en 1948 y la utilizaron hace 120.000 años los cazadores neandertales, que la tallaron en madera de tejo, con 3 cm en la parte inferior y disminuyendo a 2 cm en la parte superior. Fue utilizada para matar paquidermos; se encontró debajo de los restos de un elefante junto con cuchillos de sílex.



Lanza LJUBLJANA (Eslovenia). En 2008, unos arqueólogos que exploraban el curso del río Ljubljana descubrieron el yacimiento en el marco de un proyecto de acondicionamiento del río. Según las pruebas radiométricas, se obtuvo una datación de 38.160 ± 38.820 años. Está realizada en madera de tejo y el aspecto negro de la superficie se debe a que la madera fue endurecida por el fuego. A pesar de que sólo se ha conservado la punta, es un hallazgo excepcional, ya que nos confirma su uso.



Lanza de hueso de rinoceronte. En la isla de Bolshói Lyajovsky, en Siberia, se descubrió una lanza de 40 cm de longitud. Y elaborada a partir de un cuerno de rinoceronte lanudo, con una antigüedad de 13.000 años. El artefacto se conserva en perfecto estado y está compuesto por una sola pieza, por lo que posiblemente tuvieron que utilizar el cuerno grande de un rinoceronte adulto.



Como vemos, el registro de lanzas es bastante antiguo, aunque debemos decir que no fue hasta que aparecieron las de Schöninger cuando los registros anteriores verdaderamente se tuvieron en consideración; de ahí que algunas de ellas, como las de Clacton-on-Sea, estén curvadas porque se almacenaron sin saber que podían tratarse de lanzas. A partir del hallazgo de Schöninger, se iniciaron estudios experimentales para evaluar su uso, como los de Ulrich Stodiek y Harm Paulsen, que demostraron que se alcanzaba un equilibrio perfecto entre el peso y la velocidad de lanzamiento, lo que permitía que la lanza adquiriera la energía cinética suficiente para golpear y matar a sus presas. 
En cuanto a la distancia de lanzamiento, se alcanzaron hasta 20 m, lo cual es bastante considerable para dar caza a un animal.
Las primeras lanzas fueron utilizadas por Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis. Esto nos indica que, para llevar a cabo este tipo de tecnología, se requieren habilidades cognitivas para seleccionar las materias primas y flexibilidad mental, en la que intervienen varios conceptos: por un lado, que está destinada a protegerse mediante la defensa personal de un animal y, por otro, a la caza.




REFERENCIAS: 

-Aranguren, B., Revedin, A., Amico, N., Cavulli, F., Giachi, G., Grimaldi, S., et al., 2018: "Wooden tools and fire technology in the early Neanderthal site of Poggetti Vechi (Italy)". Proceedings of the National Academy of Sciences. pmid: 29432163.

-Aranguren. B., et al, 2018: “Wooden tools and fire technology in the early Neanderthals”. PNAS.

-Oakley, K., Andrews, P., Keeley, L.,Clark,J., 1977: Una reevaluación de la punta de lanza de Clacton. Actas de la Sociedad Prehistórica 43, 13-30.

-Schoch, W. H.,Bigga, G., Böhner, U.,Richter, P.,Terberger,T., 2015: Nuevas ideas sobre las armas de madera del sitio paleolítico de Schöningern. Journal of Human Evolution 89,214-225.

-Serangeli. J., et al, 2015: “Overview and new results from large-scale excavations in Schöninger”. Journal of Human Evolution V. 89, pp 27-45.

-Thieme,H., 1997: Lanzas de caza del Paleolítico Inferior de Alemania. Nature, 385, pp 807-810.

-Wagner. E., 1995: Konstanz I: Großsäugetiere im Travertingebiet. Konrad Theisis Verlag, Stuttgart.




viernes, 27 de marzo de 2020

ESTRUCTURA CIRCULAR REALIZADA CON HUESOS DE MAMUT


Las viviendas construidas con restos óseos de mamut son frecuentes entre los grupos de cazadores-recolectores en el centro de Europa durante el Pleistoceno Superior (sobre todo durante el Gravetiense).
El mamut (Mammuthus primigenius) es un mamífero extinto de la familia de los elefantes que vivía en Europa y América del Norte; tenía colmillos enormes y una robusta carcasa. Eran muy útiles como material para la construcción de viviendas. Estas construcciones suelen tener una estructura circular u ovalada y albergan en su interior uno o varios hogares.
La cabaña suele estar rodeada de varios fosos, interpretados como basureros, que contienen restos óseos de carnicería animal y artefactos líticos. 
Suelen tener una datación entre 14.000 y 15.000 años, excepto la cabaña de Molodova, en Ucrania, que corresponde a una ocupación neandertal musteriense y está fechada en 30.000 años. 
Por lo tanto, queda demostrado que los neandertales fueron, hasta la fecha, los primeros en utilizar este tipo de material óseo para construir el armazón de una vivienda.
En Ucrania, ya han sido registradas más de once cabañas; también en la República Checa, Polonia y Rumanía. En Rusia, las comunidades de cazadores-recolectores del paleolítico superior se desplazaban hacia latitudes más al norte, hacia la tundra ártica, a medida que el clima lo permitía, aunque eran zonas bastante hostiles para la vida.
Así, en plena meseta rusa central, a 480 km al sur de Moscú, ha sido descubierta una estructura circular (Kostenski 11) construida por grupos de cazadores-recolectores de la Edad del Hielo.
El material utilizado para su construcción ha sido diverso: carcasas de animales, entre los que destaca el mamut lanudo, con 64 cráneos y 51 mandíbulas inferiores. También se han valido de huesos de renos, caballos, osos, lobos y zorros. En total, ocupa una superficie de 12 x 12 metros.
Asimismo, se han recuperado 400 fragmentos de carbón vegetal procedentes de la combustión de madera de árboles como el abeto, el pino y el arce… La datación por radiocarbono de ese carbón arrojó un rango calibrado de 25.064-24.490 a.n.e. 
Además, los vegetales recuperados han sido una especie de zanahoria y unos tubérculos similares a las patatas actuales.
Ahora bien, la comunidad científica se debate sobre la funcionalidad de estos sitios. El investigador de este proyecto  (Dr. Pryor, de la Universidad de Exeter, Reino Unido) establece varias hipótesis: una de ellas es que en esta zona había abundante agua, procedente de un manantial natural que habría proporcionado agua líquida no congelada durante todo el invierno, algo difícil de encontrar en una zona de frío extremo. Por eso, se plantea la hipótesis de que fue utilizada como vivienda, aunque la estructura de Kostenski 11 es muy grande: la más grande encontrada hasta la fecha. No se podría haber cubierto con pieles ni con estructuras de madera, y en su interior sólo se han encontrado algunas figurillas de animales y herramientas de hueso, muy poca industria lítica y nada de actividad doméstica. 
También se barajan las hipótesis de un posible acceso ritual o de un almacén de alimentos.
Decir que cerca de Kostenski 11, se localizaron dos pequeñas viviendas y que en 2014 se encontró esta tercera.  Para su elaboración se requirió una buena organización social, dado que se trataba de un trabajo de gran magnitud.


Referencias:

-Alexander J.E. Pryor et al., 2020: “The chronology and function of a new circular mammoth-bone structure at Kostenski 11”. Antiquity,  2020.


Localización del yacimiento en Rusia.

Representación gráfica de las densidades de fragmentos óseos quemados hallados en Kostenki 11. Foto: A. Pryor.

Estructura construida con restos de más de 60 mamuts. Foto: A. Pryor.

Capas de sedimento que muestran signos de que hubo fuego en el sitio. Foto: A. Pryor.

La estructura ósea de mamut mide 12 × 12 mm de diámetro. Foto: A. Pryor.



domingo, 24 de noviembre de 2019

LA FIGURILLA MÁS ANTIGUA ENCONTRADA HASTA LA FECHA EN SIBERIA.


En la parte sur de Siberia, en concreto en el macizo ruso de Altái, se encuentra una cavidad de unos 270 m² denominada Denísova, la cueva de San Denis, llamada así en honor a un ermitaño que ocupó la cavidad a finales del s. XVIII.
Se encuentra cerca de la República de Kazajistán y de Mongolia, a una altitud de 750 m sobre el nivel del mar. Se encontraron los primeros vestigios paleoarqueológicos en 1970 y, en 2010, se descubrió la falange de una nueva especie humana.
Esta cueva está proporcionando información sorprendente y de gran interés, tanto a nivel antropológico como arqueozoológico. 
Los estudios han desvelado ocupaciones del Pleistoceno, entre 125 y 30 ka, con industrias líticas de tipo Musteriense y Levallois.
En la capa 11 de la zona central se obtiene una datación de los huesos fósiles, con fechas de 48-50 ka.
De algunas muestras de restos óseos se ha obtenido ADN mitocondrial y/o nuclear. Y se ha obtenido una secuencia genética hasta ahora desconocida, que han denominado dinisovanos.
Según los estudios, esta especie humana parece haber coexistido con los neandertales y con los primeros Homo sapiens.
Estas excavaciones están a cargo del Instituto de Arqueología y Etnografía de Novosibirsk. Han descubierto una figura de mamut de marfil, de 42 mm de largo, 8 mm de grosor y 11 mm de alto. Y representa a un león cavernario (Panthera leo spelaea), que fue realizada durante el Paleolítico superior, entre 40.000 y 45.000 años.
Parece que se ha convertido en la escultura más antigua hallada en toda la región norte y central de Asia. A la figura le falta la cabeza de león; están presentes las patas traseras, la ingle, la espalda y el vientre, y está adornada con una hilera de muescas y, en algunas partes, recubierta de ocres.

















jueves, 22 de febrero de 2018

LA CUEVA DE HIGUERAL DE VALLEJA (Arcos de la Frontera, Cádiz).


Francisco Giles Pacheco en la sala principal de la cueva de Higueral de Valleja, junto a F. J. Giles Guzmán en una reunión de AEQUA. Foto: gentedelpuerto.com

La cueva de Higueral de Valleja se localiza en el término municipal de Arcos de la Frontera (Cádiz), en el margen suroeste de la Sierra Valleja. La cavidad se compone de dos cámaras que se comunican entre sí mediante un estrecho pasaje. La primera sala tiene unas dimensiones de 12 m de profundidad, 10 m de ancho y 10 m de altura. Y la sala trasera es rectangular, con dimensiones de 10 m de profundidad, 20 m de ancho y 10 m de altura. En el año 1977, el arqueólogo D. Francisco Giles Pacheco y su equipo realizaron una serie de sondeos estratigráficos que evidenciaron la existencia de varios momentos de ocupación, en los que se plantearon cuadrículas de 1 m x 1 m, de la A a la H.
La administración les concedió una segunda autorización, en los años 1980-1982, para llevar a cabo una segunda campaña de excavación, en la que se plantearon una serie de cuadrículas de 1 m x 1 m, de la A a la H, situadas en la primera sala de la cavidad. Posteriormente, en 2001-2002, se llevó a cabo una nueva intervención a cargo del arqueólogo Francisco J. Giles Guzmán, bajo la dirección de F. Giles Pacheco. 
El corte estratigráfico lo situó en el área colindante con las excavaciones ya realizadas. En este sondeo, de 2 m x 1 m y 3 m de profundidad, se han documentado 11 niveles estratigráficos. En la secuencia se identificaron tres niveles con elementos tecnológicos asociados al Modo 4. 
Los dos primeros han sido atribuidos a un solutrense superior y el tercero a un posible gravetiense. Entre los mamíferos han aparecido restos de ciervo, caballo y bóvido y, entre los carnívoros, el lobo, en el Nivel III.
En 1994, D. Francisco Giles tuvo la amabilidad de cederme los restos óseos de fauna registrados en dicha cavidad para su estudio. 
Este estudio culminó con la lectura, en 1996, de lo que en aquella época se denominaba “Memoria de Licenciatura”, titulada “Estudio tafonómico y paleoeconómico del yacimiento de Higueral de Valleja”, bajo la dirección de los Dres. Carlos Díez y José Ramos. Fue defendida en la Universidad de Cádiz, en la Facultad de Filosofía y Letras.
El material estudiado corresponde a las cuadrículas situadas en la sala de entrada y en la zona de transición entre las dos salas principales, correspondientes a las campañas de 1980-82, y se completó con un sondeo de 1977.
El total de restos óseos estudiados ascendió a 4.752. Para su estudio, el material se dividió en diferentes periodos que abarcaban desde el paleolítico superior y el neolítico hasta el  nivel histórico y el sondeo. Y las especies registradas son: caballo, asno, bóvidos, ciervo, cabra salvaje, cerdo, lince, conejo, hiena y rinoceronte.
Dependiendo de la fauna recuperada y de la situación morfogeográfica de la cavidad, se puede reconstruir el paleoambiente de la zona estudiada, aunque siempre debe ir acompañado de un estudio sedimentológico y polínico de la cavidad para determinar el paleoambiente del territorio, dado que la fauna identificada es sólo una muestra y una adaptación al medio natural. 
Según las últimas dataciones por OSL, TL y radiocarbono, se determina que la cueva estuvo ocupada por poblaciones neandertales y humanas durante el último máximo glaciar. La secuencia del paleolítico medio (X-VIII) se formó en ambientes cálidos y húmedos, mientras que la superior (VIII-V) se formó en un clima más frío y seco.
A pesar de la escasa extensión excavada, se ha podido determinar la génesis del yacimiento y los procesos tafonómicos, tanto bioestratinómicos como diagenéticos, que incidieron en los restos óseos. 
Con respecto al número de restos, a partir de los niveles arqueológicos se pueden extraer varias deducciones interesantes.  En primer lugar, la diversidad de restos de fauna específica aumenta, pasando de una captura especializada en el Paleolítico superior a una diversificada en el Neolítico. Al mismo tiempo que esto ocurre, el número de restos indeterminados disminuye, lo que indica una menor fragmentación hacia el presente, debido en gran medida a un aprovechamiento medular de menor intensidad. Respecto al nivel neolítico, un aspecto destacable es el papel que la caza sigue desempeñando en su economía, y parece que las fuentes de aporte cárnico no se vieron muy alteradas con la entrada de una economía de producción.
La presencia del ciervo y del conejo ha sido constante a lo largo de toda la ocupación, siendo estas especies las más cazadas por los grupos humanos desde el Paleolítico superior. 
Nos han dejado huellas de su captura tanto en las marcas de carnicería como en la fracturación, lo que debió haber sido uno de los recursos alimenticios más intensos para su subsistencia, tanto a nivel cárnico como medular. El conejo es un animal con un bajo aporte de grasa y, por ello, presenta una menor fracturación. 
Los cérvidos fueron cazados y  transportados enteros al yacimiento; todos los elementos anatómicos están presentes, aunque con bajos efectivos. Por eso, planteo la hipótesis de una caza de rebaños de hembras, ante el bajo número de astas identificadas y la ausencia de caninos machos, así como de una representación mínima de infantiles. Es muy probable que accedieran a los grupos que forman las hembras tras la berrea, pero también cabe la posibilidad de que, en invierno, se produjera una captura de machos tras la pérdida de sus astas. Además, debió realizarse una caza especializada de esta especie, complementada únicamente con aportes de conejos.
Respecto a los conejos, se pueden extraer varias conclusiones interesantes, a diferencia de las demás especies. En el paleolítico sólo están representados los elementos con carne, médula u otras materias blandas, mientras que en el neolítico todas las partes están presentes. En este nivel, se observa que las diáfisis de los huesos largos, como la tibia, el fémur o el húmero, se encuentran separadas de sus epífisis porque han sido fracturadas para extraer la médula ósea.
En el nivel histórico, sin embargo, las diferencias con los anteriores son obvias. El exceso de elementos articulares o la reducción de los elementos con mayor contenido cárnico, avalan que la mayoría de estos conejos no fueron cazados, dado que no muestran señales de mordeduras de carnívoros, en sus superficies óseas, al ser trasladados al interior o marcas de carnicería; es muy probable que su muerte se produjera por causas naturales en el interior de la cueva, estos animales excavaron madrigueras y serían los responsables de una reelaboración tafonómica de materiales.
Al ser el ciervo la especie más representativa en la cueva, nos permite plantear la hipótesis de que la cueva constituye un alto de caza, es decir, un lugar ligado a la actividad de procesamiento de estos animales. Esto implica la existencia de actividades concretas en determinadas épocas del año.
El estudio determina que hubo un aprovechamiento tanto de la médula como de la grasa contenida en el tejido esponjoso, ya que se fracturaban piezas de bajo contenido medular, como las falanges segundas. Este hecho puede estar relacionado con la época en que han sido cazados, ya que si los ciervos son capturados después de la berrea o en invierno, han perdido peso y su grasa se moviliza, por lo que las falanges y las mandíbulas son los lugares donde los cazadores pueden encontrar el contenido proteico necesario para alimentarse.
Las marcas en los metápodos y la intensa fracturación, tanto en las mandíbulas como en las falanges, nos hablan de la recuperación y de la extracción de grasa y de tendones. Una vez realizado el proceso de descarnación y conservación de la masa cárnica, estos grupos procedían a fracturar los restos óseos para su posterior consumo de la médula ósea y, en menor medida, para el aprovechamiento industrial del hueso. 
Atendiendo a la posición y a los tipos de marcas de carnicería, tenemos que decir que están presentes tanto las de desarticulación como las de descarnación, propias de lugares donde se realiza la cadena alimentaria; es decir, en la cueva los grupos humanos desarticulaban, descarnaban, deshuesaban y fracturaban muchos huesos. Para realizar este tipo de trabajo, se valieron de instrumentos líticos, como lascas y láminas con filos muy afilados. 
Estos instrumentos líticos se han utilizado para raspar la piel y los huesos. Todo el proceso de alimentación animal se llevaba a cabo en el interior.
Esto también ha sido determinado por el estudio funcional de la industria lítica y parece indicar que el utillaje se destinó al trabajo de diversas materias de origen animal y vegetal. Algunos de los instrumentos se han empleado en el tratamiento de la piel y en el trabajo de la madera o de ciertas plantas. Otros útiles se han utilizado para cortar carne y para transformar materiales. Así, algunos punzones, como veremos luego, se utilizarían para trabajar la piel.
Otro de los factores que determinan la presencia de grupos humanos en la cavidad es la aparición de hogares; lo que no podemos determinar es con qué fin fueron utilizados, si como lugar de cocción de alimentos, como fuente de iluminación o como centro de calor. En mi opinión, no me parece probable que constituya un combustible, ya que los huesos negruzcos son más abundantes que los blanquecinos; es decir, no se produce una carbonización significativa.
La presencia de carnívoros en la cavidad es escasa. Tenemos el lince con representación únicamente de elementos poscraneales. Este animal no utiliza las cuevas como hábitat, pero sí es un merodeador  que captura conejos o roedores.
 Las hienas se detectan por la presencia de coprolitos, creo que estos carnívoros fueron simples rastreadores de la cavidad; aunque también es muy posible que estos restos provengan de niveles inferiores y han visto la luz por las remociones del terreno; así mismo, la cavidad ha podido funcionar como trampa natural para ellos y haber caído por algunas de las aperturas que tienen ambas salas en el techo, debido a que se trata de una cueva kárstica y ha sufrido los procesos de disolución de las calizas dolomíticas. Sin embargo, la presencia del lobo podría haber sido fruto de la caza, por ser un animal apreciado por su piel y sus colmillos, aunque hay que esperar a nuevos registros y estudios tafonómicos para determinar la presencia de estos carnívoros en la cavidad.
También ha aparecido en el registro una serie de objetos de arte mobiliario e industrial de hueso. En la campaña de los años 80 apareció una serie de punzones, azagayas y un raspador de hueso; en la campaña de 2002, caninos deciduos de ciervo perforados y con restos de pigmentación roja; y, en el nivel III, un colgante elaborado sobre una plaqueta de caliza con impregnaciones de ocre rojo.
Decir que la cueva Higueral de Valleja ha sido una de las pocas cavidades excavadas en el sur peninsular. El excelente registro que atesora, tanto de su industria lítica, con elementos tecnológicos asociados a los Modos III y IV , como de los restos óseos de fauna, permitiría plantear un proyecto de investigación para llevar a cabo excavaciones sistemáticas e interdisciplinares, formular las diferentes hipótesis de trabajo propuestas hasta la fecha y arrojar luz sobre los modos de vida y de producción de las sociedades cazadoras-recolectoras de la zona. Se trata de una estación clave para llevar a cabo un estudio de la secuencia que abarca desde el pleistoceno medio hasta la transición hacia el paleolítico medio y superior, y que permitirá comprender la ocupación de los últimos neandertales y su tránsito hacia los humanos anatómicamente modernos, así como los movimientos estacionales de estos grupos de cazadores-recolectores en la cuenca media del Guadalete.
Es evidente que Arcos de la Frontera dispone de un rico patrimonio histórico, pero con la puesta en valor de esta cavidad, este se ampliaría y constituiría una proyección de futuro para el conocimiento de sus orígenes.

Observación: Reconocer la excelente labor que Francisco Giles ha realizado durante todos estos años en el estudio y la difusión del conocimiento sobre el registro paleolítico en toda la zona del sur peninsular.

Referencias:

-F. Giles Pacheco, A., Santiago, J. M.ª, Gutiérrez y E. Mata, 1997: “Las comunidades del paleolítico superior en el extremo sur de Andalucía occidental. Estado de la cuestión”. En AA.VV. Paleolítico y Epipaleolítico, II Congreso de Arqueología Peninsular. R. Balbín Henriques y P. Bueno Ramírez (eds.), vol. I. Zaragoza. Fundação Do Rei Afonso Henriques.

-F. Giles Pacheco, J. M.ª. Gutiérrez, A., Santiago y E. Mata, 1998: “Avance del estudio sobre el poblamiento del Paleolítico Superior en la cuenca media y alta del río Guadalete”, en AAVV. Las culturas del Pleistoceno superior en Andalucía. J. L. Sanchidrián Torti y M.ª D. Simón Vallejo (eds.). Málaga, Patronato de la Cueva de Nerja.

- F. Giles Pacheco, J. M.ª. Gutiérrez,  E.; Mata,  A.; Santiago, J.; Gracias, 1993: “Secuencia fluvial y paleolítica del río Guadalete (Cádiz). Resultados de las investigaciones hasta 1993”. Investigaciones arqueológicas en Andalucía 1985-1992. Proyectos. Huelva.

-F. J. Giles  Guzmán, F. Giles Pacheco, J. M.ª. Gutiérrez, R.; Jennings, J. F.; Gibaja, I.C. Corte, A. M. Doyague, 2015: “El Paleolítico Superior de la cueva de Higueral de Valleja (Arcos de la Frontera, Cádiz). Caracterización de los tecnocomplejos de los niveles III y IV”, en Las ocupaciones de las sociedades prehistóricas, protohistóricas y de la Antigüedad de la Serranía de Ronda y Béticas Occidentales. Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Serranía de Ronda (Ronda, 2015). Real Maestranza de Caballería de Ronda, Instituto de Estudios de Ronda y la Serranía, Málaga.

-R. P. Jenning, F. Giles Pacheco, R.N. Barton, S.N. Collautt, R. Gale, C. P. Gleed-Owen, J. Mª Gutiérrez, T. F. Higham, A. Pasker, C. Price, E. Rhodes, A. Santiago, J.L. Schwenninger, E.Turner, 2009: "New dates and palaeoenvironmental evidence for the Middle to Upper Paleolithic occupation of Higueral de Valleja cave, southern Spain".Vol. 28. Quaternary Science Reviews.

-I. Cáceres Sánchez, 1996: Estudio tafonómico y paleoeconómico de la cueva de Higueral de Sierra Valleja (Arcos de la Frontera, Cádiz). Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz.


Entrada principal de la cueva de Higueral de Valleja (Arcos de la Frontera, Cádiz). Foto:espeoleologíadecadiz.com

Vista de la boca desde el interior, con espléndidas vistas del río Majaceite. Foto: Espeleologíadecadiz.com

Detalle del conjunto de incisiones, tanto profundas como superficiales, en las marcas de carnicería del fósil anterior. Destaca por su organización lineal y su regularidad en el trazo de origen antrópico. La sección presenta un fondo en "V"; dichas marcas han sido afectadas por la erosión acuífera. M.E.B.x20.

Vista palmar de las segundas falanges del ciervo: presenta fracturación directa con plano de golpeo tanto en la zona distal como en la proximal. Han sido fracturadas para extraer la médula ósea. Cuatro de ellas presentan alteraciones derivadas de la cremación.

Punzón de hueso de sección más o menos ovalada.



Placa de caliza perforada, utilizada como adorno personal. Foto: F. J. Giles Guzmán.





martes, 9 de enero de 2018

LA CAZA DEL CIERVO EN LA PREHISTORIA (II).



Siguiendo con el estudio de nuestro post anterior, decimos que el Cervus elaphus es una de las especies mejor conocidas del reino animal en nuestro país. En España, en concreto, el ciervo es diferente del centroeuropeo: lo que los diferencia es la ausencia de las crines del cuello típicas de los centroeuropeos, así como su menor talla. Esta menor talla se debe a las condiciones climáticas de su hábitat; cuanto más cálida es la zona, menor es el tamaño del animal (Regla de Bergmann). En España suelen pesar entre 140 y 200 kg. 
Para determinar cuáles fueron las claves de las preferencias cinegéticas de los cazadores-recolectores durante el Paleolítico, hay que partir del conocimiento tanto del hábitat como de la etología de determinados animales, así como del dimorfismo sexual y del registro arqueológico, que nos proporcionarán respuestas sobre estas preferencias. Según las investigaciones arqueológicas, hay una clara tendencia durante el Paleolítico medio hacia la caza de animales  de tamaño mediano y de permanencia en una determinada área, como, por ejemplo, el ciervo, como iremos viendo a lo largo de este post.
El comportamiento del venado, según J.M Montoya, como el de otros cérvidos y el de otros animales silvestres, con similares diferencias de tamaño entre sus sexos (como puede ser la cabra montés, gamo, corzo, jabalí, etc.), responden a unas pautas sencillas y más bien comunes a todos ellos que es necesario conocer, para determinar cómo los cazadores conocedores de estos patrones se valían para dar caza a sus presas.
 Así, por ejemplo, las ciervas, en el momento del celo, están acompañadas de sus crías, que, con cuatro meses de edad, todavía maman de ellas. Durante el celo se suelen formar rebaños sexualmente mixtos y de tamaño reducido, como medida de prevención de la consanguinidad, pues así se evita que muchas crías sean hermanas del mismo padre. Durante este acontecimiento, un pequeño grupo de hembras convive con un gran macho reproductor que las agrupa. Los machos jóvenes comienzan a separarse de sus madres, normalmente a partir de los tres años, separación que terminará en invierno, antes del siguiente parto. Los dos grupos, machos y hembras, suelen vivir separados la  mayor parte del tiempo. Las reuniones de ciervas se agrupan en torno a una madre con dos o tres crías de varios años. La hembra más vieja es la que domina en la jerarquía del grupo, sobre todo a la hora de los desplazamientos, de los lugares de descanso y de la elección de pastos.
También hay que tener en cuenta que el periodo de celo y duración de la gestación estén ajustados entre sí, de forma que el momento de mayor necesidad en la alimentación de las madres y crías, coincidan con la estación de mayor calidad y abundancia de alimentos, en los hábitat más típicos de la especie; que suelen ser biotopos variados como dehesas, pastos, montes, agua, etc., si no lo encuentran entonces suele desplazarse a lugares alejados.
Suele producirse una segregación entre los diferentes sexos y edades en las fechas críticas del parto y del cuidado inicial de las indefensas crías, a fin de facilitar su supervivencia. Los machos suelen separarse para dejar a este grupo los mejores pastaderos, lo que mejora su alimentación.  En épocas de grandes fríos o nevadas, los cérvidos se agrupan como mecanismo de defensa ante los depredadores, ya que son presa fácil: sus patas se hunden en la nieve y tienden a juntarse, lo que constituye un mecanismo adaptativo de defensa colectiva. Pero normalmente, los grupos de machos son menos condensados y sus lazos de unión son menos estables. Los machos viejos suelen vivir solos y aislados. Los rebaños, tanto de hembras como de machos, son nómades; suelen tener hábitos crepusculares y nocturnos y pasan el día agazapados y rumiando en un lugar seguro.
Por norma general, los animales del bosque tienden a ser menos sociables y más territoriales que los de los espacios abiertos. El ciervo, como especie biológica, ocupa una posición intermedia entre ambos. Los machos tienen mayor tendencia a vivir en espacios cerrados o boscosos; son algo más territoriales y menos sociables y gregarios que las hembras, y siempre más querenciosos por los espacios abiertos.
Los machos sufren un gran desgaste físico tras la berrea, ya que apenas duermen y no comen. Al terminar, suelen perder el 20% de su peso  inicial. Tras la berrea, el macho se oculta, se reposa y se alimenta para recuperar fuerzas. Suele recorrer largas distancias en busca de refugios y alimentos, como bellotas tempranas y buenos pastos, así como hierbas, hojas, yemas, brotes tiernos y diversos frutos, como bellotas, castaños y moras, pero también ramonea la corteza de árboles, brezos, etc. En estas zonas sólo permanecen el tiempo suficiente para reponer fuerzas; luego siguen sus caminos habituales hacia las rudas serranías.
Tanto las hembras con sus crías como los animales más jóvenes comen en lugares menos leñosos que los machos, que tienden a subir a zonas de monte cerrado. Por eso existen zonas de madres y de machos, un hecho que los cazadores debían conocer. Este mecanismo de segregación espacial permite a la especie una mejor utilización del espacio total disponible, porque no busca su supervivencia en el buen conocimiento y dominio de sus territorios, sino en las buenas condiciones de vida en el lugar que ocupa en cada momento. Sencillamente, se van de él si no encuentran esas condiciones adecuadas, o cuando desaparecen o pueden acceder a otro lugar.
Una vez pasada la berrea, los machos adultos se separan de las hembras y suelen asociarse en pequeños grupos para pasar el invierno. Es habitual que los viejos permanezcan solitarios. Las hembras, a su vez, se asocian en pequeños grupos familiares, algo mayores que los de los machos. Las madres van con su cría del año y también con la del año anterior. La huida del grupo familiar se realiza en fila y en orden jerárquico.
En el momento del parto, se produce un movimiento de dispersión en las hembras, que tienden a separarse del resto de su familia y de sus grupos habituales.
Como he comentado, el ciervo no es una especie territorial; tampoco realiza grandes desplazamientos, salvo algunos machos durante el periodo de celo. Las ciervas, sin embargo, suelen situarse en lugares diversos a lo largo del año, aunque no recorren grandes extensiones y presentan una mayor sociabilidad y una tendencia a utilizar territorios menores que los de los machos.
En general, podemos decir que la etología de los cérvidos presenta una serie de características comunes y conocidas por los cazadores-recolectores del Paleolítico. Está demostrado, por la presencia de restos óseos, que se desarrolló una explotación de los ecosistemas. Estos cazadores-recolectores seguirían una serie de estrategias, como la observación o el acecho de sus presas, que son fáciles de seguir: sus huellas, sus excrementos y las señales en los árboles. Estos animales rascan y dañan los árboles y arbustos para librarse del terciopelo que recubre sus cornamentas, una vez formadas. También lo suelen hacer durante la berrea, para mostrar su celo y marcar su dominio del territorio, así como durante el desmogue, para librarse de las cuernas caducas. Normalmente, todas las temporadas las pierden en el mismo lugar; el desmogadero sería un buen sitio para acechar o aguardar al animal y capturarlo. Otro sitio clave serían las parideras, lugares donde las ciervas paren y que suelen ser fijos.
En el siguiente post hablaré de las diferentes estrategias y de la subsistencia de los  cazadores del Paleolítico.

Referencia:

- J.M.Montoya Oliver.1999: El ciervo y el monte.

- P. Demars. 2007: 2007 : «La répartition des grands ongulés en Europe centrale et de l’Ouest au Paléolithique supérieur».

Ciervo macho en el momento de la brama.

desplazamiento jerarquizado
Lucha de machos.