martes, 31 de mayo de 2016

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS (Zuheros, Córdoba, Andalucía)

La cueva de los Murciélagos (Zuheros, Córdoba) es la cavidad arqueológica más importante hallada hasta la fecha en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas. Su importancia no solo proviene de su registro arqueológico, sino también del geológico, por la presencia de múltiples formaciones calcáreas que el agua, durante miles de años, se ha encargado de crear, como vemos en la Sala de las Formaciones y la de Los Órganos, con coladas y columnas, sin faltar las estalactitas y las estalagmitas. Fue declarada Monumento Natural de Andalucía en 2001.
Dicha cavidad ha sido conocida desde siempre por ser un punto de extracción de guano de murciélagos, que los agricultores utilizaban como fertilizante natural. Pero las primeras noticias sobre la cavidad con registro arqueológico se deben a M. de Góngora y Martínez en 1868, en su libro Antigüedades Prehistóricas de Andalucía. En 1938, en plena Guerra Civil, oficiales del ejército se adentraron en las zonas más profundas y descubrieron un vaso de cerámica a la almagra, con características del neolítico andaluz, pintado de rojo brillante, que se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico de Córdoba. También se recuperaron los restos fósiles de una mujer.
Ya en la década de los 60 del siglo pasado se realizaron lo que podemos considerar las primeras excavaciones arqueológicas, llevadas a cabo en 1962 por A.M. Quadra Salcedo y A. M. Vicent, y en 1969 por A. M. Vicent y A. M. Muñoz, que proporcionaron las primeras dataciones por medio del C14, situadas entre 4300±3900 a.C.
La cueva en sí se distribuye en dos grandes salas: una de entrada, la Cueva Grande, y otra de salida, la Cueva Chica; entre ambas se desplaza por una serie de corredores, como el Corredor de las Pinturas, la Sala de las Formaciones, la Sala de los Órganos, la Sala del Fémur y la Sala de la Campana, hasta llegar a la Cueva Chica. Gracias a esta conexión entre la Cueva Grande y la Chica, el geólogo M. Hoyos Gómez determinó que la cavidad podía ser visitada por el público, debido a que se producía un proceso de ventilación y a la baja concentración de anhídrido carbónico.
A raíz de estos informes, la Junta de Andalucía llevó a cabo una serie de trabajos de acondicionamiento de la cavidad sin control arqueológico previo. Debido a las dimensiones y a los diferentes niveles que tuvieron que salvarse, así como a la colocación de escaleras metálicas (unos 700 escalones), se permitió que se perdiera gran parte de la información y del registro arqueológico; se cree que pudo llegar hasta un 95% del total del yacimiento, unido a los trabajos clandestinos que también tuvieron su parte.
Después de todas las vicisitudes, en los años 90 la cavidad entró en una nueva fase de estudio que podemos considerar investigación propiamente dicha y que continúa hasta nuestros días. A través de la intervención de la Dra. Beatriz Gavilán Ceballos y Juan C. Vera Rodríguez, la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía les concedió el permiso para llevar a cabo el Grupo de Investigación “El poblamiento prehistórico del Macizo de Cabra y su relación con la Alta Campiña”, dirigido por Beatriz Gavilán, que desde 1990 hasta 2003 han realizado trabajos de limpieza y de excavación en el vestíbulo de la Cueva Grande, el corredor de las Pinturas, la Rampa, una parte de la Cueva Chica, y en el Paso del Jubilado, uno de los escasos sectores que aún cuenta con registro arqueológico y también se ha llevado a cabo una documentación y estudio de las manifestaciones artísticas postpaleolíticas de la cavidad en colaboración con Martí Mas Cornellá y G. Torra. Estas se localizan a lo largo del Pasillo y del Paso del Jubilado y consisten en trazos y puntuaciones. En el Corredor de las Pinturas destaca el número de representaciones de cuadrúpedos, identificadas como cabras hispánicas por el tamaño de su cornamenta. Están representadas en diferentes tamaños y posiciones. También se han documentado pectiniformes, antropomorfos y zoomorfos.
Estos trabajos han proporcionado una gran cantidad de información sobre economía, clima, vegetación, estructuras de combustión (hogares), almacenamiento, nuevas dataciones y restos de materiales líticos y cerámicos que han aparecido a lo largo de una estratigrafía que abarca momentos del Paleolítico Medio, finales del Paleolítico Superior, Neolítico, Calcolítico y Edad de los Metales y finaliza en la época romana tardía.
Los estudios han mostrado que la zona de hábitat se sitúa en las dos entradas y fue frecuentada primero por comunidades del Paleolítico Medio, durante el apogeo de los neandertales, y posteriormente por comunidades del Neolítico, como lo demuestran las representaciones artísticas y las deposiciones funerarias en las zonas más profundas. Se hace un uso indiferenciado del espacio, que irá cambiando con el tiempo, registrado a través de los hogares y las fosas de almacenamiento, con las siguientes dataciones: 17.763; 4.551 ± 233 cal. BC e 17.764: 4.458 ± 236 cal. BC.
El  estudio de los hogares revela un entorno boscoso compuesto por encinas, alcornoques y una especie intermedia en las zonas más secas; quejigos, arces y robles en las zonas más húmedas; y también se han registrado madroños, endrinos, cornicabra y sabinas. Este bosque daba cobijo a una abundante fauna como cabras, cérvidos, osos, corzos, rebecos y conejos.
Como he comentado, las primeras comunidades de cazadores-recolectores que ocuparon la cueva fueron los neandertales, entre 60.000 y 54.000 B.P., y permanecieron en la cavidad durante cortos periodos, posiblemente en las épocas de más frío, viviendo al aire libre en las estaciones más suaves, como se ha venido registrando a través de la presencia de campamentos base en la zona. Esta movilidad era fundamental para abastecerse de recursos. El registro lítico de estas comunidades se avala por la presencia de denticulados, muescas, raederas y puntas, típicos de las actividades de caza y de aprovisionamiento de vegetales.
Con los diferentes estudios que se han desarrollado en la cavidad hasta la fecha, teniendo en cuenta la cantidad de información que se ha perdido, a consecuencia de los trabajos de acondicionamiento, no se puede determinar el proceso histórico de una forma continuada, pero sí se puede determinar que la cavidad estuvo ocupada de forma estacional por comunidades cazadoras-recolectoras del Pleistoceno, frecuentada principalmente en los momentos de más frío, donde llevaban unos modos de vida y de trabajo basados en la caza de animales salvajes, como la cabra montesa, el ciervo y el conejo, acompañado de la recolección de frutos silvestres. Se producen cambios paulatinos en las socioeconomías de los grupos humanos,  centrados en el inicio de la agricultura, basada en el cultivo del trigo y de la cebada, acompañada de la recolección de frutos silvestres como las bellotas y la aceituna. Los útiles de sílex del Neolítico se emplearon para fabricar hoces. La ganadería basada en el ganado ovicaprino, el cerdo y los bóvidos, sin abandonar la caza.
La cueva de los Murciélagos es uno de los lugares clave para el conocimiento del tránsito de las comunidades cazadoras-recolectoras del Pleistoceno hasta las sociedades clasistas iniciales de la Prehistoria Reciente, pasando por las tribales-comunitarias del Holoceno en el Sur Peninsular.

Referencias:

- B. Gavilán Ceballos et al., 1999: Cazadores-Recolectores y primeros productores en el Macizo de Cabra (Córdoba). Avance en el estudio del Cuaternario español.

- B.Gavilán Ceballos y M.Mas, 2006: La cueva de los Murciélagos de Zuheros (Córdoba): Hábitat y santuario durante el Neolítico Antiguo. Hogares, Papaver somniferum y Simbolismo. SPAL.15.

















martes, 17 de mayo de 2016

CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE HIJOVEJO

El Centro de Interpretación de Hijovejo se encuentra en una antigua posada de la población de Quintana de la Serena (Badajoz). La planta baja está  ocupada por el museo del granito, material muy abundante en esta zona, donde te informas sobre su geología, así como sobre su extracción y transformación.
En la planta primera, podemos observar los hallazgos realizados en el recinto fortificado de Hijovejo (situado a 5 km de esta localidad), uno de los conjuntos arqueológicos más representativos de la Península Ibérica del poblamiento romano de época republicana. También encuentras la explicación de su origen, su ubicación y su organización arquitectónica. También se pueden observar los hallazgos realizados en la zona colindante, relativos a las actividades agrícolas y mineras que allí se desarrollaban en épocas preprotocristianas.
De la época del Neolítico se conserva un impresionante menhir de granito, de dos metros de altura. Durante el periodo calcolítico aparecen pequeños poblados amurallados en terrenos fértiles y ricos en cobre, con hallazgos de azadas y hachas.
De la época del Bronce Final, con influencias tartésicas, se encuentra la Estela de Guerrero realizada en granito. Representa un escudo central formado por tres círculos concéntricos con una escotadura en forma de “V”. En su parte superior se representan una espada con fíbula y el carro, representado de forma esquemática en dos líneas en forma de “V” invertida que remata en dos ruedas; este es uno de los elementos que empiezan a aparecer como venidos de fuera, como el carro, llegado desde el Mediterráneo a lo largo de los siglos VIII y VII a. C.
Podemos ver mazos de mineros, muy representativos en esta zona. Los filones de plomo argentífero son el recurso más determinante para explicar la génesis y la evolución del asentamiento antiguo en esta franja. La explotación de los filones se realizó de manera intensiva en la etapa romana; abundan las evidencias de trabajos a cielo abierto, en trincheras y en pozos poco profundos, pero también han aparecido restos romanos en galerías mineras a 150 m de profundidad. Todas estas minas se concentran en las zonas de Castuera y Magacela.
También se encuentra un “Ara votiva romana”, una especie de altar para las ofrendas relacionadas con el culto doméstico, que los romanos practicaban tanto a sus difuntos como a los dioses y al territorio, pidiendo buenas cosechas. Todos estos hallazgos atestiguan la presencia de “villae” hispanorromanas rústicas repartidas por el territorio, con fines agrícolas y ganaderos; también solían contar con talleres dedicados a la cerámica, el vidrio y los metales.   Tenemos que decir que a partir del s. I d. C. La Lusitania experimentó un gran desarrollo económico que se tradujo en una proliferación de villae.
En general, podemos decir que la comarca de La Serena ocupa un lugar destacado en la arqueología nacional. Rica en yacimientos, como vemos, se pueden documentar hallazgos desde la época neolítica, pasando por la Edad de los Metales, hasta la época medieval. Destacan, sobre todo, los yacimientos tartésicos y la ocupación romana, que presenta algunos edificios y monumentos de gran importancia.

OBSERVACIÓN: Es recomendable pasar primero por el Centro de Interpretación en Quintana y luego visitar el yacimiento, que se encuentra a sólo 5 km; está siempre abierto y en muy buen estado, ya que los lugareños lo cuidan. Aquí vemos una muestra de civismo hacia el patrimonio arqueológico: hasta la fecha no es necesario que nadie lo vigile para salvaguardarlo de posibles actos vandálicos y de  la suciedad.

Molino romano

Molino barquiforme

Estela del Guerrero

Mazos de mineros de La Serena

Ara votiva



Maqueta del yacimiento de Hijovejo

Material del yacimiento de Hijovejo

Material del yacimiento de Hijovejo


miércoles, 4 de mayo de 2016

HIJOVEJO (Quintana de la Serena, Badajoz, Extremadura)

En pleno corazón de la comarca de La Serena (Badajoz) se encuentran dos de los yacimientos más emblemáticos de esta zona: Cancho Roano (de los que hablaré en otro post) y Hijovejo
La importancia que se le confiere a La Serena, desde la Pre-Protohistoria, radica en su situación estratégica en todo el suroeste peninsular; podemos definirla como una zona de contacto cultural desde el Bronce Final, como atestiguan los elementos expuestos en el Centro de Interpretación de Quintana de La Serena (Badajoz), de lo cual hablaré en otra entrada. Se correspondería con la Beturia Túrdula, una zona de alto potencial económico, muy asequible, que se configura como una zona fronteriza entre los celtas del norte y los turdetanos del sur.
En términos generales, conviene recordar que los intereses romanos en nuestra Península no sólo provenían de un control hegemónico del Mediterráneo occidental, sino también de las riquezas que Hispania poseía y que en Roma escaseaban.
Para situarnos en el entorno de Quintana de la Serena, tenemos que decir que, desde el punto de vista geomorfológico, es una zona muy rica en granito, típico del periodo Paleozoico, así como en pizarra precámbrica. Estas formaciones se pueden ver en todos los alrededores de la zona debido a los efectos de la erosión.
En el yacimiento de Hijovejo se han realizado dos intervenciones arqueológicas. La primera fue ejecutada por D. Diego Antonio Romero, quien llevó a cabo una pequeña intervención que le permitió determinar que allí no había nada debido a los escasos hallazgos que encontró.
Ya en 1985, D. Pablo Ortiz Romero elabora la Carta Arqueológica de la zona de La Serena. Tras esta carta, se determinó su excavación y se llevaron a cabo 5 campañas que dieron como resultado un recinto fortificado romano de carácter militar, situado en el marco de las campañas bélicas de la etapa republicana, es decir, entre Quinto Cecilio Metello y el independentista  Quinto Sertorio. Esto puede testimoniarse a partir de los grabados hallados en una de las esquinas del bastión, en su parte norte, donde se observa un relieve con tres escudos: dos de origen ibero-turdetano y otro más grande, de origen romano.
El edificio está levantado sobre unos grandes bolos de granito para aprovechar el terreno y, además, darle mayor consistencia a las instalaciones. El tipo de construcción empleada es de bloques ciclópeos de granito, con relleno de tierra y ripios.
Según su estudio, se ha determinado que Hijovejo desempeñó diversas funciones a lo largo de la historia. Sus inicios (s. I a. C.) fueron de fortaleza militar bajo la dirección de Roma, donde se construyó una planta cuadrada irregular, con un patio delantero, la torre propiamente dicha y un pequeño espacio de hábitat exterior adosado a la fachada norte. El recinto interior era un espacio muy reducido, parcialmente cubierto por un techo de ramajes y troncos. En el centro se encontraba un hueco y, junto a él, los restos de una escalera de piedra que posiblemente conducía al camino de ronda por las murallas.
 Tras sufrir el recinto un gran incendio, se construyó una escalera de trece peldaños, encajada entre los grandes bloques de roca, que permitía el descenso hacia un manantial de agua. Las abundantes lucernas encontradas en el fondo revelan que eran imprescindibles para bajar y acceder a la fuente. Esta agua de la fuente le aseguraría el abastecimiento de las tropas de vigilancia y aumentaría sus posibilidades defensivas. Durante esta fase militar, estaría ocupada por un pequeño destacamento que realizaría las labores de defensa y control del territorio. Desde esta fecha se documentan actividades de almacenamiento y molienda de materiales.
Si hacemos un repaso general, en la zona de La Serena, durante este periodo protohistórico, se construyeron una serie de recintos ciclópeos correspondientes al poblamiento romano de la época republicana. Se erige una serie de torres cuadrangulares de pequeñas dimensiones, ubicadas en la cima de pequeñas colinas próximas a zonas de paso, vías de comunicación y cauces fluviales. Se utilizan las mismas técnicas constructivas, a base de piedras de grandes dimensiones, de granito o cuarcita, apenas trabajadas, que se colocan en seco, calzadas con ripios. Los muros se construyen a partir de dos hileras con un relleno intermedio. La distribución de estos recintos fortificados en toda la Serena revela la clave de su origen y finalidad. Tenían una función estratégica para el control de la zona central del territorio, de gran interés por su riqueza minera (no olvidemos que Castuera era rica en minas de plomo y plata) y por ser un espacio decisivo de acceso al valle del Guadiana, tanto desde la Meseta como desde la Bética. Hijovejo estaría dedicado a mantener el control de La Serena, donde el plomo argentífero era un recurso de primer orden, aunque en la torre no se intervenía el proceso de extracción, almacenaje y distribución del mineral. Este núcleo de torres debía mantener una relación de dependencia con otro asentamiento de rango superior, como el oppidum de Magacela.