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| Dorothea Bate |
Hoy voy a hablar de una mujer que
ha marcado un antes y un después en la historia de la arqueozoología y que, además, es pionera en este campo. Merece toda nuestra admiración por su valor al lograr su sueño.
Su vida comienza en 1878, en una
pequeña población de Gales llamada Carmarthen, donde nace Dorothea Minola Alice
Bate.
Lo hace en medio de una sociedad en la que, tras una revolución industrial, los
obreros consiguieron que se aprobara el derecho a la huelga y se implantara un sistema de sanidad pública, y en la que las mujeres desempeñaban parte del
servicio doméstico.
Su infancia fue de lo más
inquieta y extrovertida que se puede imaginar en una niña de su edad. Su padre le
transmitió un amor por la naturaleza, que ella desarrolló a través de la curiosidad
y la observación.
Estas cualidades fueron forjando su capacidad y su admiración por
los animales y las plantas. Haber nacido en un pueblo pequeño le permitió moverse por sus alrededores y así dibujar todo cuanto le llamaba la
atención en plena naturaleza.
Nunca llegó a cursar estudios de
ciencias naturales; sin embargo, su hermano, al ser varón, sí pudo hacerlo, al igual que su hermana, quien cursó música, una afición muy aceptada entre las mujeres de la época. Pero ella tuvo que desarrollar sus conocimientos de forma
autodidacta.
En 1898, su familia tuvo que trasladarse a Gloucestershire, una zona muy caliza donde proliferan las cuevas, lo que la llevó a interesarse por la paleontología. Su inquietud y sus ganas de ampliar sus conocimientos la llevaron hasta el mismo Londres, donde se presentó en el Museo de Historia Natural y le pidió a su director, el Dr. Richard Sharpe, un puesto. Este no pudo negarse tras descubrir el conocimiento que poseía sobre la taxonomía de las aves y le dieron el puesto de clasificadora de aves.
A los 22 años publicó su primer artículo en el Geological Magazine, titulado “Breve informe sobre los huesos del carbonífero de las cuevas de caliza de Wye Valley”, en el que realizó un estudio de los roedores que habitaron la cueva Merlin, que descubrió durante sus escapadas a la naturaleza en Gloucestershire.
Se trata de un estudio sobre 15
especies de mamíferos y aves del Pleistoceno. Dorothea recibía el apoyo de sus
compañeros paleontólogos, quienes la animaban a seguir investigando.
En busca de nuevos registros y
fósiles, se marchó a las islas de Chipre, Creta y las Baleares, donde descubrió
numerosos restos fósiles de especies ya extintas, algunos de los cuales eran nuevos para la ciencia, por lo que sus descubrimientos se propagaron
por todas partes.
Desde 1901 hasta 1911, estuvo en Creta y Chipre, donde encontró un variado registro fósil, en el que se encontraban
varias especies endémicas del lugar, entre ellas elefantes y hipopótamos enanos,
que hasta entonces no eran conocidos por la ciencia (Elephas cypriote, Elephas creticus, Hippopotamus minutus), y una
serie de ciervos (Candiacervus).
En su estudio, Dorothea observó
que este rango de diferenciación de tamaño era una constante en el aislamiento de las faunas de las islas y que esto influía en varios grupos de mamíferos.
Todos sus viajes y excavaciones
los realizaba sola. Sólo se valía de guías locales para que la acompañaran y, en
algunos casos, realizaran la parte más pesada de la excavación.
Realizó muchas intervenciones en cueva y en roca; cuando esta era muy dura, se valía de pólvora o dinamita para deshacerse de las partes complicadas; ambos métodos eran aceptados en la época.
Durante sus viajes por el Mediterráneo,
recolectaron más de 200 especies de aves, mamíferos e insectos. Estos
animales los enviaba al museo para que formaran parte de sus colecciones.
En 1909, su colega zoólogo
Aschington Bullen, que estudiaba la malacología de Mallorca, le comunica que en
la zona de levante de la isla hay una brecha osífera, con restos óseos. Cuando
extrajeron los restos, se dieron cuenta de que se trataba de una especie y un género nuevos para la ciencia, a los que Bate les dio el nombre de Myotragus balearicus (una especie de cabra de pequeño tamaño),
además del lirón gigante de Mallorca (Hypnomys
morpheus) y de restos de tortugas gigantes.
El Myotragus es un animal que se
extinguió hace unos 5.000 años a.C. Éste coincidió con la llegada de los primeros pobladores a las Baleares, quienes lo cazaron para alimentarse y luego lo domesticaron.
La arqueóloga Dorothy Garrod (de la que hablé en otro post) tuvo noticias de los descubrimientos de Bate y, en 1929, se encontraba excavando en las cuevas de Wadi el Mughare, en el Monte Carmelo (Israel), y le envió su registro faunístico para que lo catalogara.
A raíz de estos trabajos,
empezaron a investigar conjuntamente en varios proyectos y encontraron restos
fósiles de 54 especies diferentes, entre ellas cerdos, ciervos y gacelas, incluidos los artiodáctilos Dama mesopotámica y Gazella.
Estos registros sirvieron
para que Bate elaborase una tabla Dama-Gazella que, debido a sus
características, se utilizó en los trabajos de campo para determinar cambios climáticos en registros de cueva con hábitat.
En 1934, el
departamento de Antigüedades de Palestina le pidió que llevara a cabo un
estudio de fragmentos de huesos fósiles, y ella los catalogó como restos de los primeros elefantes que existieron fuera de África, el Elephas planifrons, así como de rinocerontes, tortugas gigantes y del caballo primitivo Hiparión.
Bate está
eufórica de alegría por estos acontecimientos, que llegaron a los oídos del
paleontólogo James Starkey, quien solicitó estas excavaciones y que, evidentemente, tenía preferencia por la diferencia de género en la época. Bate se tuvo que resignar para ser colaboradora
de Starkey y trabajar juntos. Pero a Starkey lo asesinaron cuando iba a
inaugurar el Museo Palestino de Arqueología; ante la inestabilidad
en la zona, Bate volvió a Londres. Se avecinaba la Segunda Guerra Mundial.
Bate llevó a cabo
una actividad científica bastante intensa, que tuvo que costear con su donación
personal, algo muy común en la arqueología de todo el s. XX. A pesar de todo, el
trabajo de investigación que realizó para la ciencia nunca le permitió ingresar ni formar parte del personal científico del museo, privilegio que sólo se atribuía a
los hombres. Las mujeres lo disfrutaron a partir de 1928. Sin embargo, todo el
trabajo realizado por Dorothea, en especial el registro hallado en las cuevas del Mediterráneo, facilitó el avance de la zooarqueología.
Cuando Dorothea
tenía 70 años, fue nombrada directora del Museo de Historia Natural de
Tring (a 50 km de Londres). Murió en 1951.
Pero su trabajo
sigue vivo y, en 2017, la Sociedad Cívica de Carmarthen, su lugar de
nacimiento, le ha colocado una placa Azul dedicada a su labor renovadora en el
campo de la paleontología.
Y en 2018, la Dirección Insular de Igualdad en
Mallorca descubrió un busto de Dorothea en la isla tras el hallazgo de Myotragus.
Desde principios de siglo, los estudios sobre la fauna de Baleares han sido realizados por el Grupo
de Paleontología del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA),
bajo la dirección del doctor Joseph Antoni Alcocer.
Referencias:
-Alcocer, J. A. Y. Bover, P (2005): Proceedings of the International Symposium “Insular vertebrate evolution: the
palaeontological approach”. Monografies de la Societat d´Històrie
Natural de les Baleares, 12.
-Shindler, K. (2007): Un conocimiento único: la vida de la exploradora y paleontóloga
Dorothea Bate (1878-1951).
-Flaquer, M. (2012): Homenaje a Dorothy Bate. Capdepera.
-Emily Osterloff (2018): Dorothea
Bate: a Natural History Museum
pioneer.
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| Dorothea Bate en una excavación en Belén con un trabajador. Imagen MHN. |
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| Foto del Departamento de Geología del Museo de Historia Nacional (1938). Bate está sentada a la derecha en la foto. Imagen del MHN. |
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| Diente de elefante . Imagen MHN. |
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| Cabeza de Myotragus balearicus. |
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Busto en honor a Dorothe Bate, en Mallorca.
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