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viernes, 21 de marzo de 2025

LA DOMESTICACIÓN DEL GANSO HACE 7000 AÑOS EN CHINA

 La domesticación es un proceso que afecta la morfología, el comportamiento y la genética de los animales que seleccionamos para que convivan con nosotros. En el continente asiático hay una gran variedad de aves arborícolas que los humanos han sabido domesticar y criar con distintos fines, como las gallináceas. Las aves domesticadas para obtener huevos, carne y plumas se conocen como aves de corral.

Al sur de China, en la aldea de Tianluoshan, una comunidad de agricultores de arroz del neolítico medio criaba gansos con una datación de 7000 cal BP. Los estudios arqueológicos han revelado que la aldea estaba diseñada con edificios de madera, cercas de madera, pozos de almacenamiento de basura y arrozales. Sus habitantes cultivaban arroz y, además, criaban cerdos, practicaban la caza y pescaban y recolectaban alimentos del entorno, tanto terrestres como acuáticos. Entre los restos de aves hallados se han registrado patos (Anatinae), aves de la familia Rallidae y gansos (Anserinae), y los taxones de avifauna hallados en el sitio eran aves que invernaban en aguas continentales.

Parece que la domesticación de los gansos pudo haber comenzado en el neolítico temprano y haber continuado en el neolítico medio. Es muy posible que la cría de gansos se lleve a cabo para compensar la escasez de alimentos disponibles de la primavera al otoño. Dado que se encontraron marcas de despiece en los huesos, lo que sugiere que tanto los gansos criados localmente como los salvajes proporcionaban carnes y materia prima para la elaboración de instrumentos de hueso, como punzones y agujas.

Del análisis de la composición isotópica del oxígeno estable se reveló que algunos de los huesos hallados pertenecían a individuos criados localmente y que estas aves se alimentaban de alimentos distintos de los que consumían los individuos migrantes.

Evidenciar que los huesos de gansos adultos hallados en las zonas de invernada provienen de individuos residentes no migratorios sugeriría una influencia humana. La presencia de gansos domésticos adultos también nos indicaría que se habían realizado intentos exitosos de cría de estos.

Con este estudio se determina que: la domesticación del ganso en China data de hace 7000 años; la historia de  la domesticación del ganso es mucho más larga de lo que se pensaba anteriormente; y el sur de China fue al menos uno de los orígenes del ganso doméstico.

Referencia:

-Masaki Eda et al, 2022: Multiple lines of evidence of early rice domestication in a 7,000-year-old rice cultivation village in the lower Yangtze River, China.


Imagen de Anser anser de Pixabay. 

Localización de Tianluoshan.


 Huesos de ganso inmaduros y de cría local hallados en Tianluoshan. 1, cúbito; 2, fémur; 3, tibiatarso:
 4, tarsometatarso; 5, húmero; 6; carpometacarpo; 7, tibiatarso; 8, tarsometatarso. 





martes, 30 de mayo de 2023

TUBO ÓSEO DECORADO CON MOTIVOS ZOOMORFOS EN LA CUEVA TORRE (País Vasco, España).

 

Alcatraz (Morus bassanus) en la costa NW Cádiz

La cueva Torre se encuentra en el término municipal de Gipuzkoa, País Vasco. El yacimiento fue descubierto en 1966, en el marco de un proyecto. Lo que le confiere importancia a esta cueva es el hallazgo de uno de los objetos de arte mueble más exclusivos hasta la fecha, realizado en hueso de alcatraz. En la Península Ibérica hay muy pocos objetos de arte mueble con decoración pericilíndrica que presenten una combinación completa de motivos zoomorfos, de notable excepcionalidad.

El hueso de ave grabado se encontró en el suelo de la cueva al momento del descubrimiento. Y está decorado con representaciones figurativas (ciervos, caballos, cabras, rebecos, uros y antropomorfos), así como con signos como líneas simples, paralelas y zigzagueantes. Hoy en día, la UPV/EHE ha vuelto a valorar con nuevas técnicas de estudio y de estilística.

Este yacimiento fue estudiado por I. Barandiarán y, posteriormente, en 1982-1983, fue excavado bajo la dirección de J. Altuna. La estratigrafía de la cueva se remonta a los períodos gravetiense, solutrense y magdalenense.

El alcatraz es un ave marina pelágica que vive en el Atlántico norte, en grandes colonias, en acantilados o en islas. Durante el invierno, cuando acaban su período reproductivo, los jóvenes se desplazan hacia el sur, hacia regiones subpolares; pueden llegar hasta el ecuador. Es un ave que, a lo largo de la historia, ha sido cazada por los seres humanos. Los huesos de las aves han sido ampliamente utilizados por ser huecos, alargados y de sección subcircular o cilíndrica, muy aptos para la fabricación de flautas, silbatos, recipientes para ocre, etc.

El tubo del yacimiento Torre se elaboró a partir del cúbito izquierdo de un alcatraz (Morus bassanus). El objeto fue encontrado en dos trozos debido a una rotura previa y, posteriormente, se unió. El hueso mide 179 mm de largo y 10 mm de ancho; su sección transversal es subcircular.

Del estudio tafonómico se desprende que uno de los extremos proximales de la epífisis está alterado por mordeduras de roedores. La superficie del cúbito del ave fue preparada previamente para regularizarla y eliminar las protuberancias óseas. Este proceso se realizó mediante raspado, como lo evidencian las estrías longitudinales en su superficie.

La técnica utilizada para la elaboración de los motivos del tubo fue el grabado de líneas profundas, con sección transversal en forma de V, combinado con un grabado más superficial de detalles y de varios signos de muescas.

Las figuras ocupan prácticamente toda la superficie disponible del hueso. La variedad de tipos de líneas y su profundidad indican el uso probable de distintas herramientas líticas. La rotura en el extremo distal del hueso puede haber eliminado pequeñas porciones de hueso por diversos motivos. Las representaciones siguen un patrón similar en todas ellas: los contornos y los signos se hicieron primero, y las herramientas se pasaron varias veces para hacer surcos profundos.

Las decoraciones formadas por líneas cortas y/o muescas se realizaron posteriormente. Podemos decir que el artista poseía una gran capacidad cognitiva, una percepción estética y una lateralización de las funciones motoras para realizar un objeto de esta antigüedad, con esa belleza.

Los motivos se describen en orden: se comienza con las representaciones figurativas, los animales, los antropomorfos y, por último, los signos.

Las especies representadas son: ciervo (Cervus elaphus), caballo (Equus sp.), rebeco (Rupicapra pyrenaica), cabra montesa (Capra pyrenaica), uro (Bos primigenius), antropomorfo, líneas verticales, signos zigzag.

El estudio integral de todos los grabados del tubo revela características iconográficas y estilísticas muy similares a las de otros yacimientos de la zona. Las figuras están dispuestas en dos filas, orientadas en direcciones opuestas, con las cabezas proyectadas hacia adelante. Se puede considerar que es el tubo decorado más completo encontrado, a pesar de no estar atribuido a un contexto estratigráfico, ya que apareció aislado; sin embargo, por sus motivos iconográficos, los autores del estudio lo atribuyen al Magdaleniense Superior Final (13.000-10.500 cal. A.P.). Del análisis tafonómico y traceológico no se ha podido determinar la funcionalidad del objeto, por lo que se le atribuye un uso multifuncional. Y, por su combinación de motivos y modelos regionales e internacionales, constituyen una clara evidencia de la conexión entre diferentes grupos humanos y de la circulación de ideas, de modelos iconográficos y de comportamientos humanos.

Referencia:

-          -Asier Erostarbe-Tome, Olivia Rivero, José Miguel Tejero, Álvaro Arrizabalaga, 2023: Revaluation of the Portable Art of Northern Iberia: a Magdalenian Decorated Bone Tube from Torre (Basque Country, Spain). Journal of Paleolithic Archaeology. Vol 6, article number 13.

 

Calco del grabado del tubo indicando el número de gráficos. Fotos: (Asier et al.,2023)



Ilustración de la anatomía del ala del alcatraz y de la ubicación del cúbito.

Decoración y huellas de fabricación

Animales grabados en el tubo

Diferentes signos grabados en el tubo.


miércoles, 16 de noviembre de 2022

LAS HUELLAS FÓSILES MÁS ANTIGUAS


Pensar que, después de 3,6 millones de años, podamos ver las primeras huellas (pisadas fósiles) humanas y de animales resulta inverosímil. Este tipo de investigaciones, aunque no lo parezca, no es nada reciente. En 1976, el equipo de Mary Leakey descubrió en Laetoli los pies de tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban erguidos.

Hoy nos centraremos en las primeras huellas encontradas en el continente europeo. La aparición de las huellas de los homínidos, digamos que, no ha despertado mucho interés en el campo de la paleoantropología debido a la escasez de hallazgos y a la falta de datos en comparación con los registros fósiles óseos. Hoy en día, el número de hallazgos ha crecido y se les presta gran atención por la información que nos aportan sobre aspectos biométricos y morfométricos, referentes al tamaño y la composición de los grupos humanos, así como sobre los desplazamientos de la fauna.

El primer estudio sobre las huellas dejadas por los homínidos en la Península Ibérica se realizó en Gibraltar. En 2019, aparecieron en las dunas móviles del área de Catalán Bay. En la cantera, debido a los trabajos de explotación del sedimento arenoso, se ha expuesto la estructura interna de las dunas del pleistoceno, donde se acumulan depósitos eólicos. Estos llenan las cuevas marinas y cubren las laderas, formando rampas de arena colmatada y débilmente cementada, lo que permite que el registro se conserve en óptimas condiciones.

Después de unos años, se produjo una serie de derrumbamientos naturales de arena, lo que provocó la aparición de más material. Las huellas corresponden a cinco morfotipos de pisadas de mamíferos como el ciervo, el íbice, el uro, el leopardo y el elefante, así como a la de un humano joven, posiblemente un neandertal, y han sido reconocidas en secciones transversales. Las dataciones se realizaron mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), con una edad de 29.000 años. Estos hallazgos constituyen el primer registro paleoecológico en los sedimentos eólicos de Gibraltar. La datación de las huellas situadas en el MIS 2 corresponde al tránsito del paleolítico medio al superior y coincide con los registros fósiles hallados en Gorham’s Cave y Vanguard Cave, excepto Elephas antiquus, que sólo ha sido identificado en un único lugar del Peñón y está asociado a registros del último ciclo glacial.

Poco tiempo después, en 2020, un equipo de investigación encabezado por Fernando Muñiz y Carlos Neto localizó una superficie del Pleistoceno Superior atestada de huellas y rastros, que quedaron expuestos en la base del acantilado de “El Asperillo” (con una altitud de 20-22 m y una longitud de 35 km, situado en el Parque Nacional de Doñana, Matalascañas, Huelva), como consecuencia del temporal. Se trata de una superficie pisoteada, relacionada con áreas encharcadas de aguas poco profundas en una posición interdunar, muy similar a las que se producen hoy en día en el Coto de Doñana.

 Esta superficie pisoteada registra huellas de animales como Bos primigenius, Cervus elaphus, Sus scrofa, Palaeoxodon antiquus y Canis lupus, así como de aves acuáticas (Anatidae, Charadriiformes). Para estos investigadores, la mayoría de las huellas corresponden a una megafauna típica de estos periodos, que vivía en esta zona, como los uros de gran tamaño, los elefantes de colmillos rectos y la especie de jabalí Suidichnus galani, que es tres veces mayor que el cerdo actual y posible descendiente de este, así como a leones y leopardos. Este sería un lugar de caza, donde los grupos humanos encontraban en los grandes vertebrados, como los elefantes, una presa fácil, pues se trataba de hembras parturientas y de sus crías.

Las huellas se encontraron bajo una capa de dunas fosilizadas, con una datación de 106 ka mediante termoluminiscencia (OSL), y corresponden a la etapa MIS-5 o al último interglacial. Los grupos humanos que habitaban la Península Ibérica probablemente eran neandertales. En aquella época, la línea de costa se encontraba a 20 km mar adentro de la actual.

En 2022, el Grupo de Investigación de Geociencias Aplicadas de la Universidad de Huelva, encabezado por Eduardo Mayoral, se encargó del estudio de las huellas fósiles de animales y de las de origen humano. En esta nueva fase de estudio, se han tomado muestras de cuatro niveles sedimentarios para contrastar los resultados con los de la campaña anterior y la edad de los restos fósiles ha quedado definida en 295,8 ± ka.

Las demás muestras han arrojado edades de 271±15,8 ka y 232,8±13,1 ka, y el nivel más joven se sitúa en la base de una unidad eólica con una edad de 203,8±12,7 ka. Con estas nuevas dataciones, el yacimiento queda adscrito al pleistoceno medio y no al pleistoceno superior, como se había establecido anteriormente. Y las huellas estarían asociadas a individuos de Homo heidelbergensis, pero no se dispone de registros óseos de pies que permitan compararlos.

Hasta la fecha, el grupo de investigación se planteaba que las huellas humanas pertenecían a neandertales. Aquí, la cosa se complica: en Europa sólo hay, hasta la fecha, dos yacimientos con registros de huellas de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata (Niza, Francia) y el de Roccamonfina (Italia).

El yacimiento de Terra Amata fue excavado en 1961 por Henry Lumley, quien estableció dos momentos de presencia humana: uno más antiguo, situado en la playa junto al mar, correspondiente a un período cálido hace 400 ka. Y un asentamiento moderno situado en una duna costera, durante un período de enfriamiento hace unos 380 ka. Mostraban una rica presencia de fauna (Palaeoloxodon antiquus, Cervus elaphus, Bos primigenius, Stephanorhinus hemitoechus, Sus scrofa, Hemitragus bonaldianus), con industria lítica achelense. La fauna es típica del período cálido MIS 11-8. En este lugar se localizó una huella humana de un individuo que podría medir 1,55 m. Estudios posteriores realizados en este yacimiento, por Paola Villa, interpretan resultados distintos y abogan por que se había producido una serie de desplazamientos verticales de los materiales entre los distintos niveles y lo consideran un palimpsesto.

La datación realizada en esta revisión de materiales se situó entre 230 ka (OSL) y 380 ka (ESR). Sin lugar a dudas, es un extraordinario yacimiento, pero las pisadas no pueden valorarse en un período determinado.

Otro registro con huellas de homínidos fue descubierto en 2003, cerca de la localidad de Foresta (Italia), y también muy cerca del volcán extinto Roccamonfina. Allí aparecieron las huellas de un individuo adulto y de cuatro jóvenes que caminaban por la ladera de la montaña, supuestamente pertenecientes a Homo heidelbergensis. Dada la pendiente de la ladera, tuvieron que apoyarse con las manos, por lo que se han registrado 56 huellas de pisada y algunas de manos. La estatura de los individuos era de aproximadamente 1,55 m. La datación los sitúa entre 325.000 y 385.000 años. Las huellas se han conservado porque quedaron cubiertas por una fina capa de cenizas volcánicas.  Los investigadores de este hallazgo aseguran que las huellas pueden pertenecer a Homo heidelbergensis, pero no lo afirman hasta que dispongan de nuevos datos.

En la costa de Norfolk (Reino Unido) han aparecido huellas de homínidos con una antigüedad de 780.000 años. Gran Bretaña, en aquella época, todavía estaba unida por tierra a Europa continental, y lo que hoy es el yacimiento de Happisburgh debió de ser una zona de marisma de un gran río. Este yacimiento es conocido desde 2005, cuando se constató la existencia de una industria lítica de pedernal, sobre todo de lascas y núcleos; además, los huesos presentaban marcas de corte. Según las evidencias de flora y fauna, se pueden atribuir a la última parte de un interglaciar, fechada con base en evidencias bioestratigráficas y paleomagnéticas, correspondiente a la fase del Pleistoceno temprano, entre MIS 21 y MIS 25.

En 2013, aparecieron huellas de homínidos adultos y jóvenes; medían 0,93 m y 1,73 m, respectivamente, y posiblemente pertenecían a una familia que caminaba por la orilla del río. Atendiendo a la fecha y a las medidas de las pisadas, la única especie conocida en Europa occidental es Homo antecessor. Es un rango que no ofrece muchas alternativas, pero, sobre todo, son huellas muy frágiles que han sido destruidas por la erosión costera.

Para el equipo de Mayoral, esta nueva datación sitúa a las huellas en su conjunto en un marco paleoambiental y por supuesto una reconsideración taxonómica de las huellas de homínidos, que en un principio se han podido identificar con toda claridad 87 pisadas, que quedaron registradas en una zona pantanosa al borde de una zona encharcada muy poco profunda que se situaría muy cerca de la línea de costa y al resguardo del cordón de dunas; y de las cuales 31 están longitudinalmente completas y miden 14 a 29 cm. De estas huellas, 7 están asociadas a niños, 15 a adolescentes, 9 a adultos y 11 a niños y adolescentes. Dada la amplia gama de tamaños de las huellas, se cree que se trata de un grupo social integrado por individuos de diferentes edades, distribuidos entre niños, jóvenes y adultos.

Estos momentos corresponden a distintos estadios climáticos, entre una época cálida (MIS-9) y su transición hacia el MIS-8, cuando se produjo una glaciación. Se trata, pues, de una evolución climática de cálida a fría.

Ante todas estas evidencias, surge el debate: aparte de las pisadas de EL Asperillo, no se conocen otras huellas de homínidos en los estudios del Pleistoceno medio, por lo que se cuestiona si dichas huellas pertenecen a neandertales. Tras los resultados de las dataciones, hay evidencia para afirmar que se trata de homínidos preneandertales, pero, como hemos valorado, sólo hay dos yacimientos con dataciones de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata, donde las evidencias no son muy claras, y el de Norfolk, que se aleja mucho en el tiempo y en el tamaño de las huellas; además, las huellas de Norfolk desaparecieron tras quedar expuestas a los temporales. Y la tercera posibilidad es la de Roccamonfina, que se ajusta a las dataciones, pero el responsable del estudio no afirma que se trate de pisadas de Homo heidelbergensis; necesita más datos para verificar esa hipótesis. Los dos únicos paralelos con evidencia más clara son los de Theopetra (Grecia) y Biache-Vaast (Francia), pero están adscritos a los neandertales y no a Homo heidelbergensis.

El grupo de investigación de Matalascañas, encabezado por el Prof. Eduardo Mayoral, determina que las huellas de homínidos probablemente corresponden al linaje neandertal (Homo neanderthalensis y Homo heidelbergensis), pero aún faltan huellas bien conservadas para apreciar rasgos morfométricos, como pies anchos, asociados a los neandertales. La falta de registros óseos de esta época dificulta la comparación y deja la puerta abierta, hasta nuevos estudios, a que se trate de homínidos preneandertales. Para este equipo se plantea la hipótesis de que se trata de grupos de cazadores-recolectores que se desplazan por la zona o bien que desarrollan actividades de pesca o marisqueo aprovechando los recursos del territorio.

Sin lugar a dudas, se trata de un yacimiento de características excepcionales, pues constituye el primer registro de huellas de vertebrados fósiles en el Golfo de Cádiz. Este momento resulta especialmente interesante para comprender las ocupaciones humanas en Europa durante el Pleistoceno. Este tipo de evidencias nos permite aproximarnos a entornos paleoambientales y paleoecológicos y, sobre todo, a las condiciones sedimentológicas en las que fueron depositadas, algo hasta ahora poco conocido. Además, es el único yacimiento hasta la fecha, en cuanto a tamaño y registro de huellas tanto de animales como de homínidos, que nos revela un único momento de la vida de un grupo humano prehistórico, porque lo que tenemos hasta ahora son sólo datos arqueológicos que nos aportan información sobre la cultura material y las actividades del grupo.

Referencias:

- N. Ashton et al, (2014): Hominin footprints from Early Pleistocene deposit at Happisburgh, UK. PLoS ONE 8, e88329.

- F. Muñiz et al, (2019): Following the last Neanderthals: Mammal tracks in Late Pleistocene coastal dunes of Gibraltar (S. Iberian Península). Quaternary Science Review, V 217, pp 297-309.

-M. Marshall, 2020: “Neanderthals may have climbed an active volcano soon after it erupted”. New Scientist.

- C. Neto de Carvalho et al, (2020): First vertebrate tracks and palaeoenvironment in a MIS 5 context in the Doñana National Park (Huelva, SW Spain). Quaternary Science Reviews, Vol. 243.

- E. Mayoral et al, (2021): “Tracking late Pleistocene Neandertals on the Iberian coast”. Scientific Reports nº 11, 4163.

- E. Mayoral et al, (2022): New dating of the Matalascañs footprints provides new evidence of the Middle Pleistocene (MIS 9-8) hominin paleoecology in southern Europe. Sci Re 12, 17505.


A. Marco geográfico del área de estudio y su ubicación en la Península Ibérica. B. Vista general de la superficie con las huellas. C. Sección estratigráfica simplificada del acantilado de El Asperillo. Foto: C.N. de Carvalho (2021).

Huellas de cérvidos y homínidos. Foto: E. Mayoral. 

Tipologías de pisadas de homínidos en la playa de Matalascañas (Huelva). Foto: E. Moyoral.



miércoles, 28 de abril de 2021

LOS HUEVOS DE AVESTRUZ

 

El huevo, en general, es un elemento cargado de simbolismo y connotaciones a lo largo de la historia. En todas las civilizaciones se han representado diversos conceptos y atributos. Hoy vamos a hablar de los huevos de avestruz. Esta ave es la más grande que existe y, por su tamaño, no puede volar; su existencia se remonta a hace 120 millones de años.

Como ya hemos comentado en otras entradas, con respecto a determinados objetos, la cultura material asociada a materiales orgánicos exóticos ha pasado desapercibida en las excavaciones o bien se ha descartado directamente como elemento explicativo social. Es lo que les ha pasado a las cáscaras de huevo de avestruz: al ser un material relativamente frágil, se han encontrado en los registros arqueológicos muy fragmentadas y, la mayoría de las veces, no se les ha inventariado; son pocos los registros en los que aparecen enteras. Pero desde hace unos años, para acá, gracias a la aplicación de nuevas metodologías, se han obtenido hallazgos sorprendentes.

Cuando observamos una cáscara de huevo de avestruz en una vitrina de un museo, la asociamos con la cultura fenicio-púnica. Sin embargo, la costumbre de utilizar las cáscaras como recipientes o vasijas se remonta al Paleolítico, como demuestran las investigaciones más recientes.

El registro más antiguo que se ha encontrado se halla en el yacimiento rocoso de Ga-Mohana, en el desierto del Kalahari (Sudáfrica), donde se registran 22 cristales de calcita blanca junto a fragmentos de cáscaras de huevo y tiene una antigüedad de 105.000 años. Esto nos lleva a concluir que el proceso evolutivo de Homo sapiens se desarrolló tanto en las zonas costeras como en el interior del continente africano.

Estos huevos se utilizaron como recipientes para almacenar agua, dado que el entorno de la época era mucho más húmedo que el actual de la sabana del Kalahari. Estos trabajos nos confirman que los humanos acumulaban objetos y, además, exhibían comportamientos tanto tecnológicos como simbólicos. Para llevar a cabo estos trabajos, hubo que realizar un complejo proceso de recolección, ya que los huevos había que recogerlos de los nidos, y se requería una pericia bastante fina, debido a que son animales bastante desdeñosos. En un principio, el huevo les serviría de alimento para todo el grupo, ya que puede pesar hasta 2 kg y tiene un alto valor proteico.

Cerca de este asentamiento, también en Sudáfrica, en el refugio rocoso de Diepkloof. Se han encontrado 270 fragmentos de cáscara de huevo con una antigüedad de 60.000 años. Estas piezas están grabadas con representaciones lineales abstractas y se realizaron sobre una serie de elementos funcionales; en este caso, los huevos fueron seleccionados como recipientes de agua durante los desplazamientos de los cazadores-recolectores. 

Estos motivos de bandas rayadas nos llevan a producir, de forma estandarizada, la iconografía de los huevos por parte de Homo sapiens. Nos viene a representar un hecho bastante novedoso en los modos de vida de estos cazadores, que reflejaba un nivel de pensamiento, ya que se tenía que extraer la masa líquida sólo perforando un extremo del mismo, para que luego sirviese de recipiente. Una vez preparado el huevo, tenía que pasar un tiempo en vacío para su secado y para que la cáscara adquiriera una dureza consistente, para luego ser tallado, ya que el 96% de su composición es calcita cristalina. Todo un proceso de conservación que requiere conocimientos previos.

Seguimos en Sudáfrica, en Border Cave, donde ha aparecido una serie de artefactos orgánicos, como pigmentos, cuentas de cáscaras y herramientas de hueso. Estaban presentes en el sur hace 75.000 años y ya presentaban innovaciones culturales. Se recogieron 18 cuentas de cáscaras con una datación de 38.020 cal BP. Se han determinado dos tipos de perforaciones: cónicas y cilíndricas, lo que sugiere una variabilidad en la morfología de las puntas de los perforadores y, posiblemente, en las técnicas empleadas. Cuatro de ellas están ennegrecidas, lo que indica que fueron sometidas al calor para reducir su tamaño.

En el este de África, en pleno bosque tropical, se encuentra el yacimiento de Panga ya Saidi (Kenia). La cueva cuenta con un amplio registro arqueológico y estratigráfico de 78.000 años de antigüedad. La serie excavada es de 3 m de profundidad, con 19 capas, de donde se han recuperado 88 cuentas de cáscaras que alcanzan una edad de 25.000 años, que nos revela un patrón de presencia intermitente de diferentes rasgos tecnológicos y artefactos simbólicos

Ya, en el continente euroasiático, en el macizo de Altái (Siberia), en la cueva de Denisova, se encontró la falange de una niña, lo que dio lugar a una nueva especie, conocida como homínidos de Denisova. En los últimos trabajos realizados en la cavidad ha visto la luz una serie de cuentas de 1 cm de diámetro, elaboradas a partir de cáscaras de huevos de avestruz, destinadas a adornos. Su datación es de 45.000 años. La cáscara de huevo suele tener un grosor de 2-3 mm, por lo que tuvieron que perforarla con un buril de piedra. Nos determinan las habilidades técnicas de estas sociedades.

Tanto el huevo de avestruz como su cáscara han sido utilizados desde el sur de África hasta la región de Asia Central y en todo el norte de África, sobre todo en Egipto, desde el período predinástico hasta la época faraónica. Se hallaban en las tumbas. Y estaban decoradas con motivos pintados en rojo y también se extendían por el sur de la antigua Mesopotamia y por el Próximo Oriente. Pero en estas culturas, el huevo ya había adquirido connotaciones diferentes: había pasado de ser un simple recipiente para almacenar líquidos y materia prima para elaborar adornos a tener un carácter sagrado y/o ritual, para alejar el mal, y empezaba a registrarse en santuarios como elemento votivo y en las necrópolis. Su funcionalidad o utilidad se fue extendiendo a otros campos, como los amuletos, las cuentas de collar, las puntas de flecha y los recipientes de uso común.

Durante la Edad del Bronce y del Hierro, existía un comercio de este material por todo el Mediterráneo y Oriente Medio, y este vivió su época de esplendor en el primer milenio a. C. Su decoración variaba entre la pintura y el grabado, con motivos muy diversos y elaborados con una técnica precisa, dando como resultado verdaderas obras de arte. Según investigaciones realizadas por las universidades de Bristol y Durham sobre algunos huevos del Mediterráneo, se ha determinado si los huevos habían sido puestos en zonas climáticas frescas y húmedas o en zonas más calientes y secas, aspectos que se determinan a partir de la alimentación de la hembra, la cual pasa a formar parte de la composición de la cáscara. De este estudio de análisis isotópico se determinó que existía una amplia variedad, lo que indica que el sistema de producción es bastante complejo. Los humanos van desarrollando localmente una serie de estrategias económicas y, gradualmente, nuevas formas  tecnológicas y de socialización.

En la Península Ibérica, lo asociamos con la colonización fenicia, que se asentó en nuestras costas, y estas relaciones se apoyaban en una sólida base económica. Se trataba de factorías comerciales con manufacturas propias, que practicaban el libre intercambio de bienes con las tribus indígenas del interior. Hay una serie de objetos aptos para el intercambio comercial, realizados con marfil y huevos de avestruz, que eran importados como materia prima para luego ser trabajados aquí, en los talleres locales, y decorados con motivos y temas de inspiración orientalizante, de los s. VIII y VII a. C.

Del norte de África procedían los huevos de avestruz, que, adornados con pinturas o incisiones artísticas, formaban parte de los ritos funerarios de los fenicios y los cartagineses. Las colonizaciones fenicias gozaban de una posición de poder singularmente favorable, lo cual explica su influencia económica y cultural. Así, se han encontrado en los yacimientos de Los Alcores, excavado por G. Bonsor, y en Carmona (Sevilla); en la necrópolis de Laurita (Almuñecar-Granada); necrópolis de la Joya (Huelva), factoría de Toscano, necrópolis de Jardín, o los poblados del Morro de Mezquitilla, Cerro del Villar, y Alarcón (Málaga), y en la necrópolis de Villaricos, necrópolis de Herrerías, Almizaraque, necrópolis de Boliche, Adra, Abdera (Almería); la Albufereta, Villajollosa y el Tossal de Manises (Alicante); la necrópolis de Puig d´es Molins (Ibiza). En la Península Ibérica existieron varios centros y/o talleres de preparación de huevos decorados, como los de Villaricos, Ibiza, Toscano y Cartago, y el de Fonteta, que funcionó como centro artesanal y de distribución.

En general, la mayoría de los huevos de avestruz están pintados con motivos decorados en rojo y siguen los temas de moda del momento cultural que representan, ya sean fenicios, púnicos o griegos, de toda la cuenca del Mediterráneo. Normalmente, las representaciones son las más demandadas. El huevo pasó de ser un simple recipiente a convertirse en un bien de prestigio; además, fue un referente e inspiración en la decoración de cerámicas y de otros tipos de vasos de distintos materiales.


Referencias:

-       Astruc, M., 1957: “Exotisme et localisme. Étude sur les coquilles d’autruche décorées d’Ibiza”. Archivo de Prehistoria Levantina, 6: 47-112.

-          San Nicolás Pedraz, M. P., 1975: “Las cáscaras de huevo de avestruz fenicio-púnico en la Península Ibérica y en las Baleares”. Cuaderno de Prehistoria y Arqueología, 2, 75-100.

-         -  Texier, P.J, et al., 2010: “A Howiesons Poorit traditions of engraving ostrich eggshell containers dated to 60.000 years ago at Diepkloof Rock Shelter, South Africa”. PNAS.

-         -  D´Errico, F et al., 2012: “Early evidence of San material culture represented by organic artifacts from Border Cave, South Africa”. PNAS 14, 109 (33).

-          - Shipton, C, et al., 2018: “78,000-year-old record of Middle and Later Stone Age innovation in an East African tropical forest”. Nature 9, 1832.

-         - Tamar Hodos, C.R et al., 2020: “The origins of decorated ostrich eggs in the ancient Mediterranean and Middle East”.  Antiquity.

-          - Wilkins, J., et al; 2021: Innovative Homo sapiens behaviors 105,000 years ago in a wetter Kalahari. Nature 592.


Artefactos con grabados simbólicos hallados en los enclaves sudáfricanos de Blombos y Diepkloof.


Cuentas de cáscaras de huevo de avestruz y herramientas de hueso. Cueva de Panga y Saidi. Foto: Nature Communications.


Cuentas encontradas en la cueva de Denisova. Foto: M. Kozlikin.

Fragmento de cáscara de huevo de avestruz. Necrópolis de las Cumbres. Poblado de Doña Blanca. Enterramientos de incineración fechados en el s. VIII a. C. Museo Arqueológico de Cádiz.


Huevo de avestruz decorado con motivos vegetales, de origen púnico (s. VIII a. C.).

Huevo de avestruz decorado con motivos florales. Museo Arqueológico de Barcelona.

           Huevos de avestruz. Necrópolis de Jardín (Vélez-Málaga), s. V-IV a. C. Museo    Arqueológico de Málaga. 

Museo Arqueológico de Valencia





domingo, 8 de marzo de 2020

UNA ALONDRA DE 46.000 AÑOS DE EDAD DEL ÁRTICO


En el noreste de Siberia, el hielo se funde a gran velocidad y los buscadores de fósiles de marfil  aceleran sus hallazgos.
Estos espacios del Ártico que aún conservan permafrost están generando una gran cantidad de información para reconstruir los ambientes del pleistoceno, y en estos lugares se han recuperado en los últimos años numerosos cadáveres de animales congelados de la última glaciación, como mamuts, caballos, bisontes y rinocerontes lanudos…
¿Cómo se recuperan sus cuerpos completos? Esto nos permite estudiar sus rasgos morfométricos y su ecología.
Esta vez, le ha tocado a una hembra de alondra cornuda (Eremophila alpestris) congelada, que se encontraba en el permafrost. 
Fue descubierta en 2018, a 7 metros de la superficie, en perfecto estado de conservación. A pesar de su pequeño tamaño, se han realizado diferentes estudios de análisis genético, como la reconstrucción de su genoma mitocondrial, y su datación  por radiocarbono ha arrojado una estimación de 44-47 Ka BP. 
El material genético sugiere que podría ser el ancestro de las dos subespecies de alondras que actualmente habitan el noreste de Rusia y de Mongolia.
Esta especie suele vivir en hábitats abiertos, como la estepa siberiana de entonces.
La gran importancia de este hallazgo radica en que es la primera vez que se encuentra un ave casi completa en depósitos de permafrost del pleistoceno tardío, así como en el gran valor que supone para el estudio del impacto del cambio climático sobre las especies y sus poblaciones. Pero, sobre todo, su interés radica en obtener una secuenciación completa de su ADN.

Referencia:

- N. Dussex et al., 2020: Los análisis biomoleculares revelan la edad, el sexo y la identidad de la especie de una cáscara de ave del Pleistoceno casi intacta. Communication Biology, 3.

 
Las orillas del río Indigirka, cerca de donde se halló la alondra de la edad del hielo. Foto: Love Dalén

Vista ventral de la alondra recuperada del permafrost. Se observan las patas en muy buen estado de conservación. Foto: Love Dalén

Vista dorsal del ave en perfecto estado



lunes, 1 de julio de 2019

SE DESCUBRE UN AVE CURPULENTA QUE VIVIÓ CON LOS PRIMEROS HUMANOS EN EUROPA.


Foto: N. Zelenkov.



Tras una excavación preliminar para dar paso a la construcción de una autopista, a la luz salió una serie de fósiles, entre los que se encontraban el mamut y el bisonte, ambas especies extintas. 
El hallazgo fue realizado por un grupo de investigadores de la Academia de Ciencias de Rusia.
También se encontró un fémur muy largo, de unos 45 cm, perteneciente a un ave de enormes dimensiones. La paleontóloga Nikita Zelenkov, que dirige los estudios, estableció que pertenecía a una nueva especie de ave gigante, a la que ha denominado provisionalmente Pachystruthio dmanisensis.
Se cree que esta ave llegó a la región del mar Negro a través del sur del Cáucaso y de Anatolia, ya que los hallazgos más antiguos de esta fauna del Plioceno se conocen en Georgia y en Turquía.
Según los nuevos registros fósiles, Europa del Este fue habitada a principios del Pleistoceno por algunas aves de gran tamaño.
Según las dimensiones del hueso, se ha estimado que la masa corporal del ave era de aproximadamente 500 kg. Se cree que ha sido el ave más grande que haya vivido en el hemisferio norte y que es posible datarla entre 1,5 y 1,9 Ma. Tendría unos 4 metros de altura y sería herbívoro. Como era un ave demasiado grande para volar debido a su masa corporal, el delgado tamaño de su fémur permite deducir que era una especie de avestruz capaz de correr a velocidades considerables. El tamaño de estas aves superó con creces al de las aves vivas más grandes, como el avestruz común (Struthio camelus), que puede alcanzar los 150 kg.
Este animal vivió con los primeros Homo sapiens que llegaron a Europa y pudo haber sido cazado por ellos.
Hay que esperar a los estudios tafonómicos para determinar si fueron cazados por los primeros humanos y cuáles fueron las causas de su extinción.

Fuente:

-Nikita V. Zelenkov et al., 2019: A giant early Pleistocene bird from eastern Europe: unexpected component of terrestrial faunas at the time of early Homo arrival. Journal of Vertebrate Paleontology.


 
Comparativa del fémur de  Struthio camelus  (B-D) y del fémur de Pachystruthio dmanisensis  (A-C-E-F). Foto: N.Zelenkov.




martes, 14 de abril de 2015

LAS GARRAS DE ÁGUILA UTILIZADAS COMO ADORNO POR LOS NEANDERTALES

La evidencia de la existencia de los primeros humanos se remonta a 3,67 millones de años, según el hallazgo más reciente de los fósiles de Little Foot (Australopithecus prometheus) en Sudáfrica. La investigación nos va determinando en qué momento se desarrolla la evolución cognitiva humana.  Hasta la fecha, los estudios sólo han recuperado adornos corporales fabricados con conchas o dientes de animales que habían sido perforados para ser colgados, sobre todo en Oriente Próximo  y en África, en concreto en la cueva de Blombos, en Sudáfrica, hace entre 75.000 y 100.000 años, considerados los primeros inicios del pensamiento simbólico. Sin embargo, la ausencia en Europa de este tipo de registro determinó que, desde el Historicismo Cultural, se creyese  que los neandertales carecían de habilidades simbólicas, es decir, de toda capacidad de pensamiento y abstracción, hasta la llegada del Homo sapiens al continente europeo. No obstante, los últimos estudios realizados tanto en la cueva de Gorham (Gibraltar), con grabados en la roca,  como en la Grotte du Bison, en Francia, con la fabricación de herramientas de hueso de reno, con una antigüedad de 60.000 años, nos revelan cómo los neandertales tenían capacidad para el pensamiento abstracto.
Otro rasgo mediante el cual también podemos determinar la simbología de los neandertales es el adorno personal, entendido como cualquier objeto documentado arqueológicamente que ha sido portado por los grupos humanos con una función de adorno corporal o bien con el fin de ser utilizado como objeto útil.
Un grupo de investigadores del Museo de Historia Natural de Croacia y de la Universidad de Kansas ha revisado el material óseo que apareció hace 100 años en el yacimiento de Krapina, en Croacia, aplicando nuevas tecnologías. De este interesante estudio tafonómico se ha publicado un artículo en la revista PLos ONE, donde los autores dan cuenta de la aparición de ocho garras pertenecientes al águila de cola blanca, que han sido manipuladas para elaborar un collar o una pulsera, con una antigüedad de 130,00 años cal BP. En este grupo de garras, cuatro presentan marcas de corte con bordes lisos y las ocho muestran señales de abrasión o de haber sido pulidas. Tres de las garras más grandes presentan muescas a lo largo de toda su superficie plana. Hay evidencia de que fueron tratadas para la elaboración de un collar o una pulsera; la presencia de estas garras nos revela que los neandertales de Krapina podrían haber utilizado los huesos de aves para la fabricación de adornos o con algún fin simbólico, 80.000 años antes de la aparición de los humanos modernos en Europa.


Águila de cola blanca








Referencia:


Davorka Radovcic, Ankica Oros, Jakov Radovcic, David Frayer; 2015: “Evidence for Neandertal jewelry: modified White-Tailed Eagle Claws at Krapina”. PLOS ONE, Doi: 10.1371/ 0119802





miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA CAZA DE AVES POR LOS NEANDERTALES


Según los resultados de las investigaciones realizadas en varias cuevas de Gibraltar (Gorham, Ibex y Vanguard), se ha puesto de manifiesto que los neandertales empleaban las plumas de las alas de aves rapaces  y de córvidos con fines ornamentales y no alimenticios.
Estos análisis se han publicado en la revista PLOS ONE, bajo el título “Birds of a Feather: Neandertal Exploitation of Raptors and Corvids”, encabezados por Clive Finlayson, en los que se confirma que la caza de aves era una práctica habitual entre las poblaciones de neandertales.
Los resultados de este trabajo se basan en el estudio de 604 restos óseos de aves rapaces y córvidos, cuyos análisis indican que 124 corresponden a aves; al menos 18 de ellos pertenecen a siete especies diferentes y muestran evidencia de marcas de corte realizadas con herramientas elaboradas por los neandertales e incluso con los propios dientes.

Diferentes tipos de marcas de corte en los restos óseos de aves.

En la muestra de restos óseos se observa una preferencia por los huesos de la parte cobertera primaria, donde se apoyan las plumas primarias y secundarias, y esta parte ósea apenas presenta carne o grasa, lo que indica que los neandertales escogían estas partes anatómicas de las aves por el mayor tamaño de sus plumas y no para alimentarse ni para cualquier otro propósito.
Los investigadores han realizado un muestreo de dicha pericia y han descubierto que esta práctica se practicaba desde hacía miles de años en diferentes áreas geográficas de Europa (Grotta di Fumane, Buran Kaya III, Starosele).
El análisis sugiere que incluso se tenía preferencia por las plumas oscuras; así, no se ha registrado ninguna de color blanco, por lo que se seleccionaban aves como los cuervos y los grajos.
Debido al escaso valor nutritivo de las alas, es de suponer que se debieron utilizar como complemento de adornos personales o bien para elaborar trajes de plumas.
Para Clive Finlayson, estas aves anidarían cerca de las cuevas y algunas podrían haber caído y haber sido retiradas por los neandertales. También es posible que, en sus desplazamientos por los acantilados, los neandertales fueran recogiendo plumas de los nidos de esas aves.

Ilustración de un neandertal ataviado con un traje de plumas. A. Monclova.

Por eso, los investigadores apuntan a que gran parte de las aves encontradas formaba parte de la vida diaria de los neandertales: carroñeras y rapaces, moradoras de acantilados escarpados cercanos a sus abrigos y cuevas.  Y ponen de manifiesto la capacidad cognitiva de los neandertales, comparable a la de los humanos modernos, lo cual constituye un avance importante en el estudio de la evolución humana.

 Referencia:

- C. Finlayson, K. Brown, R. Blasco, J. Rosell, J.J. Negro, G. Bortolotti, G. Finlayson, A. Sánchez, F. Giles, J. Rodríguez, J. Carrión, D. Fal, J. Rodríguez, 2012: "Birds of a Feather: Neanderthal Exploitation of Raptors and Corvids". PLOS ONE 7 (9).