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domingo, 18 de octubre de 2026

CITÂNIA DE BRITEIROS

 

Ya he hablado en algunas entradas del blog sobre los castros como poblados fortificados en la Iberia prerromana. Nos vamos a un castro; en Portugal se le llama citânia. Pero ¿qué diferencia hay entre un castro y una citânia?

La diferencia está en el tamaño: una citânia es un poblado fortificado, pero de mayores dimensiones y mayor mixticidad urbana, y normalmente se concentró en la mitad norte de Portugal y de Galicia.

Visitar la Citânia de Briteiros te deja muy sorprendido porque no es un castro al uso: es una gran ciudad fortificada con una poderosa actividad económica, y te sorprende por su dimensión, la monumentalidad de sus murallas, su urbanismo y arquitectura, y por la presencia de dependencias que en otro castro no habías visto. Vamos a ir describiendo el castro.

La primera vez que se realizaron trabajos fue en 1874, cuando Francisco Martins Sarmento dirigió la primera excavación; al ver la importancia arqueológica de esos terrenos, decidió comprarlos para su puesta en valor y conservación. Han sido muchos los proyectos de excavación que han pasado por allí, pero aún quedan muchas zonas por descubrir y profundizar en ellas. Su fase inicial se remonta al neolítico final y al calcolítico; su datación se sitúa en el I milenio a. C. y perdura hasta el s. X, donde se erigió una pequeña ermita cristiana. Está muy bien situado sobre una loma que da al río Ave, denominado límite de la navegación fluvial, es decir, la ruta comercial entre el litoral y las montañas del interior, y controlaba el corredor norte-sur que conectaba el valle del Duero con el río Miño.

Conocemos su urbanismo como perfectamente diseñado, ya que contaba con una gran diversidad de unidades habitacionales y estaba estructurado en torno a un eje principal: su calle principal, orientada de suroeste a noroeste. De su calle principal salen varias ramificaciones secundarias que delimitan pequeños barrios, a los que se accede a través de varios núcleos residenciales, donde predominan las construcciones rectangulares.

En la parte alta se ubica el núcleo residencial de la Acrópolis. La sociedad castreña se organizaba en torno a una casa circular, donde vivía la familia nuclear: el padre y la madre. Alrededor de esta casa circular se observan otros habitáculos destinados a los demás miembros de la familia, como parientes mayores o hijos adolescentes. Y junto a estas edificaciones se encuentran las construcciones destinadas a guardar aperos agrícolas o a almacenar alimentos.  También se observan pequeñas cisternas para recoger agua de lluvia.

El patio era el centro de la vivienda familiar, donde cada miembro se dedicaba a sus tareas diarias o a las artes, como la alfarería o la metalurgia del bronce y del hierro. Entre las estructuras que te sorprenden en esta citânia están la casa del consejo, el balneario y las murallas.

En la casa del Consejo se reunían los principales jefes de la ciudad para resolver los conflictos que surgían, repartir las tareas, sortear los terrenos baldíos, hablar sobre las cosechas; es decir, poner orden y dirigir la economía de la ciudad. Pero también se celebraban fiestas rituales en las que las familias más poderosas sacrificaban cabezas de ganado y repartían alimentos.

Desde la posición de la casa se observaba todo el curso del río Ave, donde se veían llegar los barcos con sal y mercancías procedentes del litoral y del Mediterráneo; además, y lo más importante, se vigilaban los puertos de montaña en busca de posibles ataques.

Una construcción que no se había visto en otros castros es el balneario; al principio se creía que eran hornos, pero después se descubrió que eran balnearios donde los habitantes de los castros tomaban baños de vapor tras lavarse con agua fría.

Sin lugar a dudas, una de las cosas más llamativas de la citânia de Briteiros es su muralla. Sobre el fin de la muralla, hay varias interpretaciones: para algunos investigadores, la presencia de grandes murallas es sinónimo de guerras permanentes entre las diferentes comunidades; para otros, las murallas tenían una función simbólica de expresión de poder.

Sin lugar a dudas, la Citânia de Briteiros merece una visita para entender cómo se vivía en la Edad del Hierro y la evolución que han experimentado estos poblados hacia un urbanismo rural. Es uno de los poblados protohistóricos más relevantes de la Península Ibérica por su dimensión, monumentalidad, urbanismo avanzado y arquitectura.

 













viernes, 25 de septiembre de 2026

LINCE: sus ancestros y evolución

 

Lynx pardinus. Foto de Andrea en Pixabay

Su cara te fascina y sus ojos de cazador, a media distancia, te atrapan: el lince es el felino más icónico de la península ibérica; sus movimientos sigilosos y su mirada intensa hacen de este carnívoro un animal que pasa desapercibido incluso a pocos metros.  Sus pinceles negros en las puntas de sus orejas les ayudan a detectar movimientos.

El lince es el felino más grande que tenemos en la península ibérica y se había extinguido a finales del s. XX y, gracias a proyectos de reintroducción, vuelve a estar presente en nuestros hábitats mediterráneos.

Este animal habita en nuestro planeta desde hace más de un millón y medio de años, pero ¿cuándo apareció el lince en nuestro país? ¿De dónde proviene? ¿Es endémico de aquí?

De las cuatro especies de lince que existieron, todas tienen un ancestro común: el Lynx issiodorensis (según los estudios de Kurten, 1978, y de Johnson y O'Brien, 1997).

A mediados del Pleistoceno, poblaciones de Lynx issiodorensis que habitaban en Asia dieron lugar a la aparición del lince boreal, que se refugió en el norte de la península; así lo confirman los hallazgos y estudios de Rodríguez Varela (2015), que indican que el lince boreal se distribuyó en la zona norte de la península y que el lince ibérico ocupó principalmente la mitad meridional.

El lince euroasiático o lince boreal (Lynx lynx) es un carnívoro que habitó la península ibérica desde el Último Máximo Glacial hasta el s. XVII.

Un estudio liderado por la Universidad de A. Coruña (Eva Fdez. y Carlos Nores) sobre el esqueleto completo de un lince boreal, recuperado por un equipo de espeleología a más de 100 m de profundidad, ha demostrado, mediante análisis de radiocarbono, que sobrevivió en la península ibérica hasta hace 210 años a. p., lo que constituye la presencia más reciente corroborada en la península ibérica. Lo que nos aclara la cronología de la desaparición de este animal. Este animal es uno de los linces de mayor tamaño entre los actuales, por lo que es un gran depredador de la fauna local.

Su esqueleto fue hallado en la sima Topinoria, en los Picos de Europa (Cantabria), y su conservación ha sido tan buena que ha permitido realizar un estudio completo de su marco cronológico, su identificación taxonómica y sus características craneales y dentales. El análisis morfométrico determinó que se trataba de un individuo macho adulto con una masa corporal de 29,7 kg. El estudio nos muestra que el lince boreal se sitúa junto a muchos machos modernos de Europa central, aunque es más pequeño que los machos del holoceno de la península ibérica.

Hasta la fecha, se creía que el lince boreal había desaparecido de nuestro entorno hace unos 400 años; sin embargo, este hallazgo ha contribuido a su rescate y a su recuperación en su hábitat natural.

La posición anatómica en la que se encontraba el animal demuestra que murió en el interior de la cueva; se refugió en la cavidad y cayó accidentalmente desde una altura de 100 m. Este carnívoro vive en bosques caducifolios, mixtos y de coníferas de Europa y Asia Central. El tamaño corporal de estos animales ha sido el resultado de las adaptaciones de cada especie a sus hábitats y dietas.

Otro hallazgo importante que se ha producido en la península ibérica ha sido el del yacimiento paleontológico de Quibas (Abanilla, Murcia), que alberga el esqueleto de lince ibérico (Lynx pardinus) más completo del pleistoceno inferior, un felino endémico de la península ibérica junto a más de 85 especies, muchas de ellas ancestrales: tigres dientes de sable, bisontes, macacos, rinocerontes…

El equipo de Pedro Piñero y Jordi Agustí viene desarrollando sus trabajos en la cueva de Quibas. En la campaña de 2024, se descubrió el esqueleto completo de un lince de más de un millón de años de antigüedad, lo que ha permitido reconstruir los cambios faunísticos y climáticos de la región.

Hoy en día podemos decir que, entre 2021 y 2024, se han recuperado más de 60 huesos pertenecientes a un mismo individuo de lince ibérico, lo que indica que la especie, en sus orígenes, era de mayor tamaño que los que se conservan hoy.

 

 Esqueleto reconstruido del lince boreal. Foto de la Univ. de Cantabria.


Referencias:

-Kurtén (1978): The Lynx from Etouaries: Lynx issiodorensia, Late Pliocene. Ann. Zool. Fennici15: 314- 322. Johnson, W.E., Eizirik, E., Pecon-Slattery, J., Murphy, WJ., Antunes, A., Teeling, E. y O´Brien, SJ., 2006: The late Miocene radiation of modern Felidae: a genetic assessment. Science 311. 73- 77.

-Rodríguez-Varela, R., Taglicozzo, A., Urena, I., García, N., Cregut-Bonnoure, E., Mannino, M., Arsuaga, JL., Valdiosera, C. 2015: Ancient DNA evidence of Iberian Lynx palaeoendemism. Quaternary Science Reviews 112, 172-180.

-Rodríguez-Varela, R., García, N., Nores, C., Álvarez-Lao, D., Barnet, R., Arsuaga, JL., Valdiosera, C., 20215: Ancient DNA reveals past existence of Eurasian lynx in Spain. Journal of Zoology. Print ISSN 0952-8369.

-Boscaino, A., Madurell-Malapeira, J., Llenas, M., Martínez-Navarro, B., 2015: The origin of the critically endangered Iberian Lynx: Speciation, diet, and adaptive changes. Quat. Sci. Rev. 123, 247-253.

-Eva Fernández-Bejarano et al., 2026: The last Iberian record of Eurasian lynx (Lynx lynx): osteometry and historical implications of the lynx from Sima Topinoria (Cantabria, Spain).

 


jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural, guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, ya sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han ocurrido en un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquemáticos (antropomorfos, zoomorfos…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes del arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos conservados en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron pintadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos: antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir, con sus dibujos, ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos propios de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería en los siglos posteriores. VII y VI a.C., con lo cual se daría inicio al período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórficas repartidas por toda la sierra, que destacan por sus trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) y reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico, con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como la senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos en forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos de creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y con ojos), que están muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuales.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe que se remonta al s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y de Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de cómo el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, donde el legado histórico ha sido un referente para la convivencia de culturas y para dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 












miércoles, 8 de abril de 2026

CENTRO DEL MUSEO DE LA CALLE SEMBRANO (Beja, Portugal)

El Centro Museo de la Calle Sembrano forma parte de un conjunto de edificios del Ayuntamiento de Beja, Portugal, que alberga piezas arqueológicas. La entrada al Museo te recibe con un panel de azulejos del artista Rogério Ribeiro, inspirado en el agua, que era de gran importancia en la antigua ciudad gracias a las termas romanas.

Las primeras excavaciones se realizaron en 1983, cuando se descubrieron estructuras arqueológicas durante los trabajos de cimentación de un solar destinado a una vivienda particular. Los trabajos de excavación fueron realizados por el Museo Regional de Beja y el Servicio Regional de Arqueología de la Zona Sur del Instituto Portugués de Patrimonio Cultural entre 1987 y 1995. En 2004 se inició el proyecto de puesta en valor del Museo, orientado a la conservación y restauración de las estructuras halladas. Alberga vestigios que se extienden cronológicamente desde la prehistoria hasta la era contemporánea.

El período más antiguo se remonta a la Edad del Cobre, en el III milenio a. C., seguida de la Edad del Hierro, en la segunda mitad del I milenio a. C. Hubo un poblado prerromano que nos ha dejado vestigios de un tramo de una robusta muralla construida en piedra y unida con arcilla, que delimitaba su perímetro. Esta ocupación se extiende desde el comienzo del s. IV a. C y perdura durante el s. III a. C y se prolonga hasta el s. II a. C., en los que se establecieron los primeros contactos con el mundo romano, que tuvo un gran impacto en las poblaciones locales, pero experimentó una profunda transformación a partir del s. I a. C., cuando la presencia de los ejércitos romanos se hizo más frecuente. Con el mandato de Augusto, a la población indígena se le concedió el estatus de “colonia” a la ciudad que hoy conocemos como Beja, entonces llamada “Pax Iulia”. Se inicia la renovación urbanística, destinada a dotar a la ciudad de los edificios necesarios para el funcionamiento de un centro político y administrativo.

Beja tuvo una gran pluralidad de contactos con el exterior, lo que se manifiesta en las cerámicas griegas, en las producciones de la Baja Andalucía y del Algarve, y en las producciones locales. La Beja romana se extiende desde el s. I a. C., hasta el s. IV d. C. Hay vestigios de unas termas que pertenecieron a una vivienda privada; estas construcciones atravesaron diferentes fases de construcción, reconstrucción y reorganización.

Hay vestigios del período islámico, cuando Beja también era un importante centro urbano; los detectados se limitan a la cerámica.

Los muros romanos sirvieron de base para las viviendas que, en las épocas moderna y contemporánea, se construyeron en este lugar.

Decir que es un museo muy bien estructurado: el espacio museográfico se diversifica en varias estructuras, todas muy integradas y visibles a través de un suelo de cristal que te permite ver los diferentes elementos arquitectónicos del patrimonio arqueológico a lo largo de un recorrido de más de 3.000 años de historia.

 














sábado, 28 de febrero de 2026

EL OPPIDUM DE FORNACIS

 

El oppidum de Fornacis, también conocido como oppidum de Hornachuelos, se encuentra en el término municipal de Ribera del Fresno (Badajoz), en la comarca de Tierra de Barros, en el límite con La Serena. En un cerro desde donde predominan las vistas de todo el territorio de Tierra de Barros y del valle del río Matachel. Un emplazamiento, sin duda, muy estratégico que los indígenas del lugar siempre buscaban. Antes de la llegada de los romanos, entre los s. IV- II a. C.: El sector occidental de la Beturia estaba ocupado por los pueblos célticos y el oriental por los túrdulos. Tanto unos como otros vivían en cerros fortificados llamados “castros”; en la zona destacan los de Capote, Los Castillejos (se ha hablado de ellos en otras entradas) y Belén y La Cañas. Según los textos de C. Ptolomeo, en su guía geográfica, nos sitúa en el oppidum:

<< Poblada pues, La Ciudad por los Turdulos Celtiveros le pusieron por nombre Fornacis, genitivo de fornax, nombre que le dieron por los muchos hornos de metales que tenían al sitio, que hoy llaman Cerro de las Cruces>>

En 1986 se realizaron las primeras intervenciones arqueológicas de urgencia motivadas por los destrozos causados por el expolio. Hasta la fecha, había pocas evidencias del sitio: solo una inscripción funeraria. El arqueólogo Alonso Rodríguez Díaz, catedrático de prehistoria de la Universidad de Extremadura, fue el director del proyecto de excavación inicial que se prolongó hasta el año 1990 donde se llevaron a cabo cuatro objetivos:

-Reconstrucción del entorno ecológico y arqueológico.

-Estudio de sus diferentes fases de ocupación

-Valoración de la necrópolis.

- Contexto histórico-regional.

Las evidencias más antiguas de ocupación humana se remontan a los últimos momentos de la Edad del Cobre o calcolítica (2000-1800 a. C.). Los hallazgos se relacionan con un poblado fortificado, en cuyo interior se levantaron cabañas de planta ovalada. La presencia de materiales asociados corresponde a objetos líticos y cerámicos (cuchillos tallados, percutores, fragmentos de hachas y cazuelas pulimentadas, molino, cuencos, platos, ollas, vasos campaniformes…).

La fauna está representada por ovejas, bóvidos, cerdos, caballos, ciervos, conejos, liebres. En general, es un poblado que se repite a lo largo de toda la cuenca media del Guadiana. Su fin fue un incendio que provocó el abandono del poblado en plena crisis del modelo social calcolítico.

El lugar estuvo despoblado durante más de dos mil años y, posteriormente, fue ocupado por los romanos en la época republicana, desde el s. II a. C.  hasta su abandono a finales del s. I d. C. Lo más llamativo de este lugar quizás sea su aljibe excavado en la roca del recinto, con una longitud de 28 m, un ancho de 10 m y una profundidad de más de 2 m, que constituye una gran reserva de agua para épocas de asedio o con fines económicos.

El hábitat se sitúa en la parte alta del cerro, con casas adosadas, dispuestas en terrazas y separadas por calles paralelas trazadas en sentido longitudinal, lo que constituye un trazado urbanístico bastante avanzado. Hay viviendas de diferentes tamaños y con distintos números de habitaciones, relacionadas con las tareas domésticas, el descanso y el almacenamiento. Según el material recuperado en las viviendas, es posible determinar las principales actividades económicas del oppidum. Practicaban la ganadería de secano y extensiva y la caza; aseguraban la subsistencia de quienes habitaban el lugar, pero el factor económico principal fue la explotación de galenas argentíferas, distribuidas en pequeños filones.

En la base del cerro se ha documentado la existencia de una necrópolis, "El Peñascón", donde aparecen, por un lado, tumbas de clara tendencia indígena, con predominio de estructuras tumulares de piedra, y, por otro, algunas tumbas de incineración tipo bastum con ritual romano.

Con la reorganización del territorio, la provincia Ulterior se dividió en dos provincias: la Bética y la Lusitania, ambas con capital en Augusta Emerita. La Beturia cayó junto a la provincia bética y sus oppida fueron adscritas a los conventus o distritos hispalenses y cordobeses. Los habitantes de Hornachuelos acabarían por abandonar el oppidum a finales del s. I. d. C., y repartirse entre las numerosas explotaciones rurales que comenzaban a emerger en el “agroemeritense”.

Referencia:

-Alonso Rodríguez Díaz: Hornachuelos (Ribera del Fresno, Badajoz). Guía del yacimiento.

-Alonso Rodríguez Díaz: "Proyecto Hornachuelos (Ribera del Fresno). 1986-1990". Extremadura Arqueológica, II. pp. 283-300.


Necrópolis










jueves, 21 de agosto de 2025

HERRAMIENTAS ÓSEAS MULTIFUNCIONALES REALIZADAS POR NEANDERTALES PROCEDENTES DEL LEÓN CAVERNARIO (PANTHERA SPELAEA).

 

Recientemente se ha publicado en la revista Scientific Reports un artículo sobre la cueva de Scladina (Andenne, Bélgica), llamada así por el hallazgo de los restos de un niño neandertal en muy buenas condiciones de conservación. Con una antigüedad de entre 80 y 127 mil años (Pleistoceno).

La cueva, ubicada en el margen derecho del valle del río Mosa, entre Andenne y Namur, ha sido objeto de estudios arqueológicos desde 1978. El yacimiento presenta una secuencia estratigráfica bien conservada que comprende 120 capas y abarca aproximadamente 400.000 años. Durante dos décadas se ha profundizado en la comprensión de la dinámica sedimentaria, la historia paleoambiental y la cronoestratigrafía de la cueva.

Los resultados de este estudio se centran en el conjunto arqueológico de la Unidad 5, correspondiente al tecnocomplejo Musteriense, asociado a poblaciones neandertales del Paleolítico Medio.

El conjunto de herramientas se compone principalmente de artefactos de sílex, tanto de materia local como de materia foránea; la cadena operativa se basa en la preparación de núcleos y en la producción sistemática de lascas. Las piezas retocadas incluyen raspadores, muescas y denticulados. Estas herramientas fueron elaboradas in situ. La presencia de 29 retocadores de hueso en el conjunto arqueológico 5 indica que uno de ellos fue elaborado a partir de restos de oso cavernario (Ursus spelaeus) y apunta a un conjunto de herramientas complejas que integraban tecnologías líticas y óseas.

Los análisis zooarqueológicos de la Unidad 5 indican que los neandertales cazaban principalmente rebecos (Rupicapra rupicapra), pero también procesaban una amplia gama de presas, desde pequeños mamíferos hasta la megafauna (rinoceronte lanudo, reno, caballo, bisonte, etc.). Entre los carnívoros destacan el lobo (Canis lupus) y el zorro (Vulpes vulpes), pero el objetivo de este estudio es que, entre los restos modificados por los neandertales y utilizados como herramientas, se encuentren varios huesos del león cavernario.

El hallazgo, realizado en la Unidad 5, constituye la evidencia más temprana conocida de herramientas óseas fabricadas a partir de restos de león cavernario. Las cuatro piezas registradas fueron elaboradas a partir de la misma tibia del león cavernario y demuestran un moldeado deliberado, fracturación y posterior reutilización para retoques, lo que confirma aún más la complejidad de las prácticas tecnológicas de los neandertales.

A pesar de la diversidad taxonómica de las materias primas, que incluyó Ursus spelaeus, Panthera spelaea, Bos sp., Rangifer tarandus…, las dimensiones de los retocadores se mantuvieron constantes, lo que indica que el tamaño, la forma y la integridad del hueso fresco fueron los criterios principales para la selección. Esto nos invita a pensar que los neandertales seleccionaban huesos frescos, a veces remodelándolos, para satisfacer requisitos funcionales específicos. El análisis morfométrico de todos los retocadores hallados revela que los neandertales emplearon un método de retoque estandarizado en la elaboración de herramientas.

Con este hallazgo, se demuestra que estos grupos humanos desarrollaron una tradición tecnológica en la que los huesos de grandes carnívoros se seleccionaron, se trabajaron y se reutilizaron según criterios funcionales bien definidos. Los neandertales no sólo competían con los leones, sino que también los utilizaban como un recurso más de la naturaleza.

Referencia:

- Abram, Gregory, et al. 2025: “Earliest evidence of Neanderthal multifunctional bone tool production from cave lion (Panthera spelaea) remains.” Scientific Reports, 15.1: 24010.

 

Situación de la cueva de Scladina en el valle del Mosa, al sur de la actual Bélgica. Fuente:

Tibia izquierda de león cavernario. Fuente: Abrmas et al.2025


La recomposición de las piezas Sc 1982-345-25 y 1986-1278-160 permite reconstruir un fragmento de la diáfisis de la tibia izquierda. Fuente: Abrams et al. 2025

Análisis de espectroscopía de rayos X de energía dispersiva (EDX) realizado en una inclusión lítica incrustada. Fuente: Abrams et al. 2025

Cuatro  de los retocadores de huesos hallados en la cueva de Scladina. Fuente: Abrams et al. 2025

Refacción de las piezas óseas. Fuente: Arams et al. 2025.




Recreación. Midjourney/Erica Couto.




sábado, 9 de agosto de 2025

HACE 1,95 MILLONES DE AÑOS LOS HIMÍNIDOS ESTABAN EN EURASIA.

 

Los últimos trabajos realizados en Grăunceanu (Rumanía), publicados en Nature Communications, determinan que en Europa, hace 1,95 Ma, ya había evidencia de actividad homínida, en forma de huesos con marcas de corte. Este yacimiento, situado en Gračanica, en un valle al sur de los Cárpatos, comenzó a excavarse en 1960. Es uno de los depósitos del Pleistoceno templado mejor conocidos de Europa central y oriental.

Hasta ahora, la evidencia más antigua de los homínidos se encuentra en Dmanisi (Georgia), de hace 1,8 Ma, aunque había pequeños rastros dispersos por toda Eurasia; prevalecen los restos de Dmanisi, porque allí se encuentra una gran cantidad de restos de homínidos, así como restos líticos y evidencias de modificaciones de restos animales por parte de estos homínidos.

Los restos de este estudio de Grãunceanu presentan marcas de corte y una estimación de edad mediante el método U-Pb de alta precisión de 1,95 Ma. También se han realizado análisis de isótopos estables de oxígeno y carbono de alta resolución en el maxilar de un caballo, que sugieren que Grãunceanu habría tenido un clima relativamente templado y estacional, lo que demuestra una amplia tolerancia al hábitat de estos homínidos. Del análisis tafonómico se desprende que hay 20 restos óseos de animales que presentan marcas de corte; de ellos, 7 fueron clasificados con evidencia clara (perfilometría 3D). Estas marcas se observaban en las tibias, mandíbulas y húmeros de artiodáctilos y carnívoros, procedentes de actividades de despiece y extracción de carne.

Los 31 taxones identificados se distribuyen entre mamuts, bóvidos, cérvidos, jirafas, équidos, rinocerontes, carnívoros, roedores y avestruces…

Este nuevo hallazgo vuelve a abrir el debate sobre la dispersión de los homínidos en Eurasia, un debate que siempre ha enfrentado desafíos, como la falta de dataciones, la escasez de investigación en algunas regiones y la atribución de los conjuntos líticos.

A pesar de que hay 49 localidades repartidas en estas regiones, los yacimientos muestran una combinación de fósiles de homínidos, conjuntos líticos y evidencias de marcas de carnicería, pero sólo unos pocos presentan los tres indicadores.

Grãunceanu tiene uno de esos tres indicadores que son evidencia de las marcas de corte en los restos de fauna por parte de los homínidos, pero le falta la presencia de restos de homínidos y de líticos in situ. Este hallazgo nos indica que los homínidos estaban más extendidos por Europa de lo que se pensaba inicialmente y que su presencia podría haber sido intermitente. 

Referencia:

-Sabrina C. Currn et al., 2025: Hominin presence in Eurasia by at least 1.95 million years ago. Nature Communications, 16, 836.

 

 

Los yacimientos en azul tienen una antigüedad de 2 millones de años. El recuadro inferior izquierdo muestra las ubicaciones de los yacimientos analizados en el estudio. Crédito: Curran et al., 2025.

Especímenes de fauna con marcas de corte de hace 1,95 Ma, hallados en Graunceanu. Crédito: Curran et al., 2025.