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jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda la algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, bien sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han sucedido a un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquematizados (ancariformes, ramiformes…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes realizados por el arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos que se conservan en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron plasmadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos con antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir con sus dibujos ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos principalmente de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería entre los siglos. VII y VI a.C., con lo cual se daría la llegada del período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórficas repartidas por toda la sierra, que destacan por los trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) que reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico y con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos con forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos en su creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y de ojos), muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuadas.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe, que se extiende desde el s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de que el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, en la que el legado histórico ha sido un referente en la convivencia de culturas y una forma de dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 












miércoles, 8 de abril de 2026

CENTRO DEL MUSEO DE LA CALLE SEMBRANO (Beja, Portugal)

El Centro Museo de la Calle Sembrano forma parte de un conjunto de edificios del Ayuntamiento de Beja, Portugal, que alberga piezas arqueológicas. La entrada al Museo te recibe con un panel de azulejos del artista Rogério Ribeiro, inspirado en el agua, que tenía gran importancia en la antigua ciudad a través de las termas romanas.

Las primeras excavaciones se realizaron en 1983, cuando se descubrieron estructuras arqueológicas durante los trabajos de cimentación de un solar destinado a una vivienda particular. Los trabajos de excavación fueron realizados por el Museo Regional de Beja y el Servicio Regional de Arqueología de la Zona Sur del Instituto Portugués de Patrimonio Cultural entre 1987 y 1995. En 2004 se inició el proyecto de puesta en valor del Museo, orientado a la conservación y restauración de las estructuras halladas. Alberga vestigios que se extienden cronológicamente desde la prehistoria hasta la era contemporánea.

El período más antiguo se remonta a la Edad del Cobre, en el III milenio a. C., seguida de la Edad del Hierro, en la segunda mitad del I milenio a. C. Hubo un poblado prerromano que nos ha dejado vestigios de un tramo de una robusta muralla construida en piedra y unida con arcilla, que delimitaba el perímetro del antiguo poblado. Esta ocupación se extiende desde el comienzo del s. IV a. C y perdura durante el s. III a. C y se prolonga hasta el s. II a. C., en los que se establecen los primeros contactos con el mundo romano, que tuvo un gran impacto en las poblaciones locales, pero experimentó una profunda transformación a partir del s. I a. C., cuando la presencia de los ejércitos romanos se hizo más frecuente. Con el mandato de Augusto, a la población indígena se le concedió el estatus de “colonia” para la ciudad que hoy conocemos como Beja, entonces llamada “Pax Iulia”. Se inicia la renovación urbanística, destinada a dotar a la ciudad de los edificios necesarios para el funcionamiento de un centro político y administrativo.

Beja tuvo una gran pluralidad de contactos con el exterior, que se manifiesta en las cerámicas griegas, en producciones de la Baja Andalucía y del Algarve y en producciones locales. La Beja romana se extiende desde el s. I a. C., hasta el s. IV d. C. Hay vestigios de unas termas que pertenecieron a una vivienda privada; estas construcciones atravesaron diferentes fases de construcción, reconstrucción y reorganización.

Hay vestigios del período islámico, cuando Beja también era un importante centro urbano; los detectados se limitan a cerámicas.

Los muros romanos sirvieron de base para las viviendas que, en las épocas moderna y contemporánea, se construyeron en este lugar.

Decir que es un museo muy bien estructurado: el espacio museográfico se diversifica en varias estructuras, todas muy integradas y visibles a través de un suelo de cristal que te permite ver los diferentes elementos arquitectónicos del patrimonio arqueológico a lo largo de un recorrido de más de 3.000 años de historia.

 














sábado, 28 de febrero de 2026

EL OPPIDUM DE FORNACIS

 

El oppidum de Fornacis, también conocido como oppidum de Hornachuelos, se encuentra en el término municipal de Ribera del Fresno (Badajoz), en la comarca de Tierra de Barros, en el límite con La Serena. En un cerro donde predominan las vistas de todo el territorio de Tierra de Barros y del valle del río Matachel. Un emplazamiento, sin duda, muy estratégico que los indígenas del lugar siempre buscaban. Antes de la llegada de los romanos, entre los s. IV- II a. C.: El sector occidental de la Beturia estaba ocupado por los pueblos célticos y el oriental por los túrdulos. Tantos unos como otros vivían en cerros fortificados llamados “castros”; en la zona destacan los de Capote, Los Castillejos (se ha hablado de ellos en otras entradas) y Belén y La Cañas. Según los textos de C. Ptolomeo, en su guía geográfica, nos sitúa en el oppidum:

<< Poblada pues, La Ciudad por los Turdulos Celtiveros le pusieron por nombre Fornacis, genitivo de fornax, nombre que le dieron por los muchos hornos de metales que tenían al sitio, que hoy llaman Cerro de las Cruces>>

En 1986 se realizaron las primeras intervenciones arqueológicas de urgencia motivadas por los destrozos causados por el expolio. Hasta la fecha, había pocas evidencias del sitio: solo una inscripción funeraria. El arqueólogo Alonso Rodríguez Díaz, catedrático de prehistoria de la Universidad de Extremadura, fue el director del proyecto de excavación inicial que se prolongó hasta el año 1990 donde se llevaron a cabo cuatro objetivos:

-Reconstrucción del entorno ecológico y arqueológico.

-Estudio de sus diferentes fases de ocupación

-Valoración de la necrópolis.

- Contexto histórico-regional.

Las evidencias más antiguas de ocupación humana se remontan a los últimos momentos de la edad del cobre o calcolítica (2000-1800 a. C.). Los hallazgos se relacionan con un poblado fortificado, en cuyo interior se levantaron cabañas de planta oval. La presencia de materiales asociados corresponde a objetos líticos y cerámicos (cuchillos tallados, percutores, fragmentos de hachas y cazuelas pulimentadas, molino, cuencos, platos, ollas, vasos campaniformes…).

La fauna está representada por ovejas, bóvidos, cerdos, caballos, ciervos, conejos, liebres. En general, es un poblado que se repite a lo largo de toda la cuenca media del Guadiana. Su fin fue un incendio que provocó el abandono del poblado en plena crisis del modelo social calcolítico.

El lugar estuvo despoblado durante más de dos mil años y, posteriormente, fue ocupado por los romanos en la época republicana, desde el s. II a. C.  hasta su abandono a finales del s. I d. C. Lo más llamativo de este lugar quizás sea su aljibe excavado en la roca del recinto, con una longitud de 28 m, un ancho de 10 m y una profundidad de más de 2 m, que constituye una gran reserva de agua para épocas de asedio o con fines económicos.

El hábitat se sitúa en la parte alta del cerro, con casas adosadas, dispuestas en terrazas y separadas por calles paralelas trazadas en sentido longitudinal, lo que constituye un trazado urbanístico bastante avanzado. Hay viviendas de diferentes tamaños y con distintos números de habitaciones, relacionadas con las tareas domésticas, el descanso y el almacenaje. Según el material recuperado en las viviendas, es posible determinar las principales actividades económicas del oppidum. Practicaban la ganadería de secano y extensiva y la caza; aseguraban la subsistencia de quienes habitaban el lugar, pero el factor económico principal fue la explotación de la mineralización de galenas argentíferas, distribuida en pequeños filones.

En la base del cerro se ha documentado la existencia de una necrópolis, "El Peñascón", donde aparecen, por un lado, tumbas de clara tendencia indígena, con predominio de estructuras tumulares de piedra, y, por otro, algunas tumbas de incineración tipo bastum con ritual romano.

Con la reorganización del territorio, la provincia Ulterior se dividió en dos provincias: la Bética y la Lusitania, ambas con capital en Augusta Emerita. La Beturia cayó al lado de la provincia bética y sus oppida fueron adscritas a los conventus o distritos hispalenses y cordobeses. Los habitantes de Hornachuelos acabarían por abandonar el oppidum a finales del s. I. d. C., y repartirse entre las numerosas explotaciones rurales que comenzaban a emerger en el “agroemeritense”.

Referencia:

-Alonso Rodríguez Díaz: Hornachuelos (Ribera del Fresno, Badajoz). Guía del yacimiento.

-Alonso Rodríguez Díaz: "Proyecto Hornachuelos (Ribera del Fresno). 1986-1990". Extremadura Arqueológica, II. pp. 283-300.


Necrópolis










jueves, 21 de agosto de 2025

HERRAMIENTAS ÓSEAS MULTIFUNCIONALES REALIZADAS POR NEANDERTALES PROCEDENTES DEL LEÓN CAVERNARIO (PANTHERA SPELAEA).

 

Recientemente se ha publicado en la revista Scientific Reports un artículo sobre la cueva Scladina (Andenne, Bélgica), llamada así por el hallazgo de los restos de un niño neandertal en muy buenas condiciones de conservación. Con una antigüedad de entre 80 y 127 mil años (Pleistoceno).

La cueva, ubicada en el margen derecho del valle del río Mosa, entre Andenne y Namur, ha sido objeto de estudios arqueológicos desde 1978. El yacimiento presenta una secuencia estratigráfica bien conservada que comprende 120 capas y abarca aproximadamente 400.000 años. Durante dos décadas se ha profundizado en la comprensión de la dinámica sedimentaria, la historia paleoambiental y la cronoestratigrafía de la cueva.

Los resultados de este estudio se centran en el conjunto arqueológico de la Unidad 5, correspondiente al tecnocomplejo Musteriense, asociado a poblaciones neandertales del Paleolítico Medio.

El conjunto de herramientas se compone principalmente de artefactos de sílex, tanto de materia local como de materia foránea; la cadena operativa se basa en la preparación de núcleos y en la producción sistemática de lascas. Las piezas retocadas incluyen raspadores, muescas y denticulados. Estas herramientas fueron elaboradas in situ. La presencia de 29 retocadores de hueso dentro del conjunto arqueológico 5 nos indica que uno de ellos fue elaborado a partir de restos de oso cavernario (Ursus spelaeus) y apunta a un conjunto de herramientas complejas que integraban tecnologías líticas y óseas.

Los análisis zooarqueológicos de la Unidad 5 indican que los neandertales cazaban principalmente rebecos (Rupicapra rupicapra), pero también procesaban una amplia gama de pequeños mamíferos hasta la megafauna (rinoceronte lanudo, reno, caballo, bisonte…). Entre los carnívoros destacan el lobo (Canis lupus) y el zorro (Vulpes vulpes), pero el objetivo de este estudio es que, entre los restos modificados por los neandertales y utilizados como herramientas, se encuentren varios huesos del león cavernario.

El hallazgo, realizado en la Unidad 5, constituye la evidencia más temprana conocida de herramientas óseas fabricadas con restos de león cavernario. Las cuatro piezas registradas fueron elaboradas a partir de la misma tibia del león cavernario y demuestran un moldeado deliberado, fracturación y posterior reutilización para retoques, lo que confirma aún más la complejidad de las prácticas tecnológicas de los neandertales.

A pesar de la diversidad taxonómica de las materias primas, incluyendo Ursus spelaeus, Panthera spelaea, Bos sp., Rangifer tarandus…, las dimensiones de los retocadores se mantuvieron constantes, lo que indica que el tamaño, la forma y la integridad del hueso fresco fueron los criterios principales para la selección. Esto nos invita a pensar que los neandertales seleccionaban huesos frescos, a veces remodelándolos, para satisfacer requisitos funcionales específicos. El análisis morfométrico de todos los retocadores hallados revela que los neandertales emplearon un retoque estandarizado en la elaboración de herramientas.

Con este hallazgo, se demuestra que estos grupos humanos desarrollaron una tradición tecnológica en la que los huesos de grandes carnívoros se seleccionaron, se trabajaron y se reutilizaron según criterios funcionales bien definidos. Los neandertales no sólo competían con los leones, sino que también los utilizaban como un recurso más de la naturaleza.

Referencia:

- Abram, Gregory, et al. 2025: “Earliest evidence of Neanderthal multifunctional bone tool production from cave lion (Panthera spelaea) remains.” Scientific Reports, 15.1: 24010.

 

Situación de la cueva de Scladina en el valle del Mosa, al sur de la actual Bélgica. Fuente:

Tibia izquierda de león cavernario. Fuente: Abrmas et al.2025


La recomposición de las piezas Sc 1982-345-25 y 1986-1278-160 permite reconstruir un fragmento de la diáfisis de la tibia izquierda. Fuente: Abrams et al. 2025

Análisis de espectroscopía de rayos X de energía dispersiva (EDX) realizado en una inclusión lítica incrustada. Fuente: Abrams et al. 2025

Cuatro  de los retocadores de huesos hallados en la cueva de Scladina. Fuente: Abrams et al. 2025

Refacción de las piezas óseas. Fuente: Arams et al. 2025.




Recreación. Midjourney/Erica Couto.




sábado, 9 de agosto de 2025

HACE 1,95 MILLONES DE AÑOS LOS HIMÍNIDOS ESTABAN EN EURASIA.

 

Los últimos trabajos realizados en Grăunceanu (Rumanía), publicados en Nature Communications, determinan que en Europa, hace 1,95 Ma, ya había evidencia de actividad homínida, en forma de huesos con marcas de corte. Este yacimiento, situado en Gračanica, en un valle al sur de los Cárpatos, comenzó a excavarse en 1960. Es uno de los depósitos del Pleistoceno templado mejor conocidos de Europa central y oriental.

Hasta ahora, la evidencia más antigua de los homínidos estaba en Dmanisi (Georgia), de hace 1,8 Ma, aunque había pequeños rastros dispersos por toda Eurasia; prevalecían los restos de Dmanisi, porque allí se encontraba una gran cantidad de restos de homínidos, así como restos líticos y evidencias de modificaciones de restos animales por parte de estos homínidos.

Los restos de este estudio de Grãunceanu presentan marcas de corte y una estimación de edad mediante el método U-Pb de alta precisión de 1,95 Ma. También se han realizado análisis de isótopos estables de oxígeno y carbono de alta resolución en el maxilar de un caballo, que sugieren que Grãunceanu habría sido relativamente templado y estacional, lo que demuestra una amplia tolerancia al hábitat para estos homínidos. Del análisis tafonómico se desprende que hay veinte restos óseos de animales que presentan marcas de corte; de ellos, siete fueron clasificados con evidencia clara (perfilometría 3D). Estas marcas se observaban en las tibias, mandíbulas y húmeros de artiodáctilos y carnívoros, procedentes de actividades de despiece y de extracción de carne.

Los 31 taxones identificados están repartidos entre mamuts, bóvidos, cérvidos, jirafas, équidos, rinocerontes, carnívoros, roedores y avestruces…

Este nuevo hallazgo vuelve a abrir el debate sobre la dispersión de los homínidos en Eurasia, un debate que siempre ha enfrentado desafíos, como la falta de dataciones, la escasez de investigación en algunas regiones y las adscripciones de los conjuntos líticos.

A pesar de las 49 localidades repartidas en estas regiones, los yacimientos muestran una combinación de fósiles de homínidos, conjuntos líticos y evidencias de marcas de carnicería, pero sólo unos pocos presentan los tres indicadores.

Grãunceanu tiene uno de esos tres indicadores que son evidencia de las marcas de corte en los restos de fauna por parte de los homínidos, pero le falta la presencia de restos de homínidos y de líticos in situ. Este hallazgo nos indica que los homínidos estaban más extendidos por Europa de lo que se pensaba inicialmente y que su presencia podría haber sido intermitente. 

Referencia:

-Sabrina C. Currn et al., 2025: Hominin presence in Eurasia by at least 1.95 million years ago. Nature Communications, 16, 836.

 

 

Los yacimientos en azul tienen una antigüedad de 2 millones de años. El recuadro inferior izquierdo muestra las ubicaciones de los yacimientos analizados en el estudio. Crédito: Curran et al., 2025.

Especímenes de fauna con marcas de corte de hace 1,95 Ma, hallados en Graunceanu. Crédito: Curran et al., 2025.

domingo, 27 de julio de 2025

HACE 125.000 AÑOS, LOS NEANDERTALES PROCESABAN LA MATERIA GRASA DE LOS HUESOS DE ANIMALES


En la revista Science Advances se ha publicado un artículo sobre las estrategias de subsistencia de los neandertales en Alemania central, en concreto en el yacimiento de Neumark-Nord 2 (ya mencionado en otra entrada).

Hace 125.000 años, los neandertales extraían la grasa ósea de los huesos de animales grandes mediante el calor y el agua, es decir, mediante la cocción.

Que los grupos de cazadores-recolectores consumían la grasa animal y la médula ósea de los huesos (se fracturaban los huesos para extraerla) era un hecho bien conocido entre las sociedades del paleolítico superior (la grasa es un alimento de alto valor calórico).

Lo más llamativo de este estudio es que se han procesado 172 animales, principalmente mamíferos, como caballos, ciervos y uros, en un asentamiento a orillas del lago, para almacenar su grasa. Los neandertales organizaban sus cacerías para transportar los animales al lugar del asentamiento, donde se acumulaban en un corto periodo de tiempo y en un área notablemente pequeña, de sólo 50², para dar paso al procesamiento de la grasa.

En este depósito se han detectado varias zonas con diferentes áreas de trabajo: en una se procedía al despiece de los animales, en otra, al procesamiento de elefantes de colmillos rectos, y en una tercera, a la extracción de la grasa, que ya constituía un área especializada. En definitiva, este estudio revela que los neandertales tenían una planificación y organización del trabajo, así como diversas actividades, como el procesamiento, la acumulación y la reserva de alimentos, es decir, de la materia grasa para su posterior consumo.

Los trabajos están dirigidos por arqueólogos de MONREPOS (Centro de Arqueología Leibniz, Alemania) y de la Universidad de Leiden (Países Bajos).

Referencia:

-Kindler, L., et al., 2025: Large-scale processing of within-bone nutrients by Neanderthals, 125.000 years ago. Science Advances 11 (27).


Ubicación de Neumark-Nord 2 (Alemania).


Ejemplos de marcas de corte en el conjunto faunístico de NN2/2B. Crédito:Leiza-Monrepos. 

Ejemplos de huesos completos y de huesos fracturados en pequeños fragmentos. Crédito: Leiza-Monrepos


Ejemplos de huesos fracturados. Crédito: Leiza-Monrepos


Ilustración de "fábrica de grasa".  Crédito: Leiza-Monrepos

martes, 15 de julio de 2025

LOS PETROGLIFOS

 La piedra es el material más antiguo utilizado por los grupos humanos; sin embargo, la piedra se refiere a cualquier fragmento de material mineral que haya sido trabajado o modificado por los grupos humanos, y el término roca se utiliza para describir un material o sustancia dura y sólida formada por una asociación de minerales y no modificada por la acción humana.

Pues bien, estas piedras fueron utilizadas por las sociedades humanas para representar un conjunto de grabados rupestres, casi siempre al aire libre; esto se realizaba mediante la técnica de someterlas a la abrasión o rayarlas; de esta forma, nuestros antepasados se comunicaban mostrando una historia. Su simbología es compleja y difícil de interpretar. Por eso, tenemos que recalcar que sobre el mundo de los petroglifos hay muchas hipótesis y que todas ellas hay que tomarlas con cautela.

En España encontramos muchas evidencias de estos grabados, sobre todo en Galicia, pero hoy nos vamos a centrar en los de La Palma (Canarias). Los primeros habitantes de La Palma, los benahoaritas o aborígenes (llegaron a la isla en torno al s. II a. C., procedentes de África) vivían en cuevas y cabañas y no conocían la navegación. Tenían una economía principalmente de tipo pastoril; eran pastores trashumantes. Su cabaña ganadera (cabras, ovejas, cerdos…) servía no solo para su subsistencia, sino también para obtener una gran variedad de utensilios necesarios en la vida cotidiana de una comunidad, como vestidos, mantas y calzado. El control de las manadas se realizaba mediante perros. El suministro de carne procedía de la ganadería doméstica, que sacrificaba a lo largo del año. Pero también practicaron la xinofagia (consumo de carne de perro y gato), que pudo ser ritual o bien consumida durante períodos de catástrofes naturales, en los que se carecía de alimentos. Cuando llegaba la época estival, en la que la carne era más escasa, se practicaba la pesca.

Una de las hipótesis más aceptadas en esta zona para interpretar los petroglifos es que en los santuarios se realizaban ritos de lluvia. El agua era un recurso vital para la supervivencia de los antiguos palmeros; su abundancia o escasez marcaba el ritmo de sus actividades cotidianas. Así, el agua era un elemento esencial que garantizaba la supervivencia de las personas y de los animales domésticos, puesto que su abundancia o escasez marcaba los ritmos de la vida cotidiana. El agua significa vida, pastos, comida, fertilidad, fecundidad, abundancia, futuro, etc.

En La Palma se han registrado más de quinientas estaciones de grabados de tipo geométrico. Este tipo de petroglifo geométrico constituye, entre los aborígenes, una de las manifestaciones prehispánicas más interesantes y espectaculares de la Isla. El primer grabado que se encontró en ella data de 1752, en la cueva de Belmaco (Mazo); su paralelo más próximo se encuentra en el noroeste de África.

La Caldera de Taburiente es la zona donde más se concentra la actividad del pastoreo desde hace dos mil años. De ahí que muchos de los yacimientos registrados se encuentren en la parte superior de los lomos que conducen a los campos de pastoreo estacionales de la cumbre. En estos campos de pastoreo estivales existen innumerables paraderos pastoriles (puestos de vigilancia y control de las manadas de ovicápridos), asociados a los grabados rupestres, casi siempre concentrados en torno a diques, resaltes rocosos o lugares elevados desde los que se dominaban amplias extensiones de terreno. Algunos petroglifos están colocados estratégicamente, de manera que resultan claramente visibles para quienes transitan por esos parajes, indicándoles los diferentes puntos de agua, así como las sendas pastoriles, los campos de pastoreo, las demarcaciones territoriales, etc.

A ello hay que añadir que también podría vincularse a marcadores topográficos, como los denominados “soliformes”, que podían representar los distintos asentamientos que se denominaban desde allí, los pastizales que se les asignaban y los senderos para llegar hasta ellos. Estos soliformes (círculos radiados) también podrán vincularse con símbolos solares o lunares, como ciertas espirales.

Las fuentes naturales de la isla, sobre todo las que nunca se secan, albergan algunas de las estaciones de grabados rupestres más grandes y vistosas. Estos lugares eran una especie de santuarios a los que se acudía para pedirles a sus dioses que les enviaran las lluvias deseadas.

La temática de los petroglifos está bien diferenciada respecto a los motivos realizados mediante la técnica del picado, destacando los grupos de cruciformes, reticulados, naviformes, dameros, signos alfabetiformes, zoomorfos, etc. Asimismo, sobresalen los trozos rectilíneos paralelos, en horizontal o en vertical, que se ubican en afloramientos rocosos o en rocas sueltas, situados, como hemos comentado antes, junto a los senderos y las fuentes, en medio de los cercados asociados a asentamientos pastoriles, en los campos de pastoreo y en la alta montaña. Tenemos que decir que los grabados rupestres de la isla se realizaron sobre todo tipo de materiales, aunque la gran mayoría de los paneles se sitúan en rocas y afloramientos basálticos, así como en fonolita y en granzón compacto. También encontramos representaciones de espirales y de semicírculos concéntricos en las vasijas de cerámica.

La Palma, aparentemente, es una isla alejada en medio del atlántico pero, sin embargo, conserva un rico patrimonio histórico-arqueológico, que han sabido conservar y poner en valor, gracias a los trabajos que se han venido realizando con los diferentes proyectos de investigación como Corpus de Grabados Rupestres de La Palma, llevado a cabo en la década de los años 80 y 90 del siglo pasado; así como diferentes Cartas Arqueológicas, Preparque de La Caldera de Taburiente en 2022-2024. A raíz de la apertura del Museo Arqueológico Benahoarita (MAB) en 2007, se han realizado labores de conservación y protección de los nuevos hallazgos de petroglifos dispersos por toda la Isla.

 

Círculos concéntricos adosados (Garafia)


Grabado en ambas caras con semicírculos concéntricos y meandriformes (El Paso).

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