lunes, 28 de diciembre de 2020

UN CACHORRO DE LOBO GRIS DEL PLEISTOCENO

 

En julio de 2016, debido al deshielo del permafrost, se encontró en Canadá un cachorro momificado de lobo gris (Canis lupus).

Aclarar que el permafrost es la capa de hielo que cubre permanentemente los niveles más superficiales del suelo en las regiones frías y próximas a los glaciares; debido al calentamiento global, se está derritiendo, lo que implica la liberación de metano y dióxido de carbono a la atmósfera. Digamos que si el metano escapara a la atmósfera de forma masiva, sería el fin de nuestro planeta. Por eso, el hallazgo de estos restos del permafrost es un arma de doble filo: por un lado, nos sirve para que la ciencia avance en la recuperación del conocimiento sobre especies del pasado; por otro, nos indica cuánto se está calentando nuestro planeta y que hay que tomar medidas.

El hallazgo de este cachorro se debió a un minero que buscaba oro en la zona de Klondike, en Yukón, Canadá. Esta semana han sido publicados en la revista Current Biology los resultados de los análisis morfométricos, isotópicos y genéticos de este animal, que revelan detalles sobre su apariencia, sus relaciones con otros lobos y su ecología. Se trata de una loba gris del Pleistoceno. Su cuerpo se encontraba en perfecto estado de conservación; se conservaron los colmillos, la piel y el estómago. Se estima que tenía entre seis y siete semanas de edad.

Según la datación por radiocarbono AMS, vivió y murió entre 56.000 y 57.000 años, cuando la zona atravesaba un período interglacial.

Los fósiles de lobos grises son comunes en Alaska y Yukón, lo que indica que desempeñaron un papel ecológico como carnívoros prominentes en la región.

Según los estudios sobre su dieta, se alimentaba de salmón y de otros pescados de la zona. Los análisis de isótopos de nitrógeno indican que la cría no murió de hambre, sino que quedó atrapada en su guarida excavada en el sedimento. Cuando la entrada se derrumbó, quedó atrapada y enterrada en el permafrost.

Del examen genético se desprende que la cría descendía de los lobos grises de Siberia, Rusia y Alaska, pero no guarda relación con los lobos actuales de Yukón, por lo que se indica que los lobos grises de la zona se extinguieron y fueron reemplazados por lobos de América del Norte.

Referencia:

-      - Julie Meachen et al., 2020: “A mummified Pleistocene gray wolf pup (Canis lupus) from Yukon, Canadá.” Current Biology Magazine.

 


Foto: Government of Yukón.

Foto: Government of Yukón.

Lobos grises actuales de Canadá

miércoles, 16 de diciembre de 2020

EL JUGUETE EN LA VIDA DE LOS NIÑOS/AS DE LA PREHISTORIA

En este post hablaremos del juguete como utensilio utilizado por niños/as en la prehistoria, a partir de los registros arqueológicos.

Lo primero que hay que considerar es que el juguete, en la prehistoria, no es uno de los enfoques más estudiados en la investigación arqueológica, por lo que los restos materiales que los niños/as dejan en el registro rara vez son mencionados ni considerados.

Como dice la Prof. Margar Sánchez, la cultura material asociada a la infancia ha pasado desapercibida en la mayor parte de las investigaciones, bien por las características de los materiales, que no han perdurado, bien por problemas metodológicos o de recogida de materiales en la excavación, bien porque los restos se han interpretado de manera errónea o bien porque directamente se han descartado como elemento de explicación social.

En general, podemos decir que la cultura material que nos aporta el registro arqueológico —como los ajuares de los enterramientos, la organización espacial y las áreas de producción—, así como los objetos producidos por los propios niños/as en sus juegos, no se conservan.

Por eso, en arqueología, tenemos que plantearnos miradas alternativas que contemplen el registro de otra manera y supongan una reinterpretación significativa de las categorías, aportando nueva información al respecto. Porque la invisibilidad de estos objetos no proviene del pasado, sino de la mirada que, desde el presente, se proyecta sobre esta producción.

Dicho esto, consideramos que el juguete es un objeto o artilugio destinado al entretenimiento de niños y niñas. Digamos que, por su naturaleza, es un elemento que siempre ha existido, pues todos hemos sido niños y además forma parte de nuestro desarrollo.

Además, el juego es un factor multifuncional según el campo en el que queramos utilizarlo; por eso, nos centraremos en el juguete en sí como una de las primeras fases de la producción humana.

Como he comentado, encontrar estos objetos en los registros arqueológicos es difícil, principalmente, por ser materiales caducos, que no suelen dejar huella en el registro, porque suelen estar elaborados en madera, materiales orgánicos o de arcilla que, por su fragilidad se rompe y no se conservan; y también por la misma naturaleza del juguete que está creado y concebido para un periodo concreto, sin intención de perdurabilidad en el tiempo.

Pero voy a seleccionar una serie de artefactos que han perdurado en el tiempo, han aparecido en los registros arqueológicos y que, hasta la fecha, sus descubridores consideran juguetes. Los niños/as son, por tanto, productores y consumidores de la cultura material.

El registro más antiguo lo encontramos en China, en el yacimiento de Heitougou, en la provincia de Hebei, y data de 1,8 millones de años.

El yacimiento ocupa unos 6 metros cuadrados y se han recuperado unas 700 piezas líticas, es decir, objetos tallados. Los investigadores afirman que se trata de juguetes y no de artefactos líticos, por una parte, porque son de pequeño tamaño y no presentan evidencia de desgaste por su uso, y por otra, porque consideran que se trata de una zona de juego, ya que tampoco han aparecido restos de animales típicos de la zona.




En el sudeste de Turquía se ha descubierto una tumba de un niño que contenía una carroza de cuatro ruedas en miniatura, con una antigüedad de 5.000 años. Normalmente los niños se enterraban con sus juguetes.

                                          Foto: Halil Fidan/Anadolu Agency Images

En la República de Jakasia, en el sur de Siberia, en el noroeste del lago Itkul, se ha hallado una de las muñecas más antiguas del registro de juguetes prehistóricos, con 4.500 años de antigüedad. Pertenecía a la cultura Okunnev, de la Edad del Bronce. La muñeca está elaborada en esteatita, una roca blanda, lo que le ha permitido representar los rasgos faciales; posiblemente, el cuerpo estuviera recubierto con material vegetal. El tamaño es de 5 cm de altura.

                                                                           Foto: The Siberia Times

En la campaña de 2016, se descubrió en el yacimiento de Acemhöyük, en Akoarey (Turquía), un sonajero de terracota que data de la Edad del Bronce y tiene 4.200 años de antigüedad. El juguete está elaborado en terracota y tiene forma de bolsa y probablemente tiene un asa. También tiene una serie de adornos y pequeños guijarros en su interior, que producen ruidos al agitarlo.


                                                                    Foto: GTU Gazeturka

En 2018, en la revista Journal of Current Anthropology, se ha publicado el hallazgo en una aldea de Maszkowice, al sur de Polonia, un asentamiento que ha sido considerado una casa, de uso doméstico, y se han localizado junto a uno de sus muros, dos pequeñas figurillas zoomorfas realizadas en arcilla con forma de cerdo, donde se aprecian las orejas, ojos y morro, con una datación de 3.500 años; perteneciente a la Edad del Bronce.

Muy cerca del monumento de Stonehenge, en el sur de Inglaterra, se encontró la figura de un erizo tallado en piedra caliza. Se encontraba en la tumba de un niño de unos tres años, enterrado con su juguete preferido; la tumba data de hace 3.000 años, entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. También en la tumba había vasijas que contenían alimentos que se cree que eran ofrendas para el niño.


                                                                                                 Foto: N. Geographic.       

Casos de artefactos a lo largo de la prehistoria se han encontrado con abundancia y han sido elaborados en diversos materiales. Normalmente, estos suelen aparecer en contextos arqueológicos, como los ajuares de enterramientos infantiles de distintos momentos cronológicos, así como en lugares de habitación. Pero hay periodos en los que no todos los estudios los incluyen como juguetes, sino más bien como amuletos, elementos decorativos o de carácter ritual o simbólico, y es necesario examinar ciertos objetos para determinar su verdadera función.

Otro tema es que, también, se han encontrado determinadas herramientas y objetos en miniatura, con la misma forma que la usada por los adultos, como pueden ser lanzas, el bastón perforado, arpones, el arco y la flecha o las cerámicas que son considerados como juguetes, pero habría que hacer más análisis para determinar si eran verdaderos juguetes o eran herramientas que usaban los más pequeños para iniciarse en las tareas de los adultos. La maduración de un niño en la prehistoria era mucho mayor que la de cualquier niño o niña de hoy.

A modo de conclusión, tenemos que decir que, desde hace unas décadas, la arqueología posprocesual ha dado visibilidad a las mujeres a través de los estudios de género, para después ir incorporando todo lo referente a este tema, por ejemplo, mediante el análisis de muestras de los materiales que componen los yacimientos arqueológicos.

Estos elementos nos permiten descubrir evidencias de las actividades cotidianas que se desarrollaban en el seno de estos grupos humanos y que, a lo largo de la historia cultural, han permanecido ocultas; sin embargo, son estos objetos y zonas los que revelan momentos de ocio y celebración en las diferentes culturas del pasado.

Referencias:

-Politis, G., 1999: La actividad infantil en la producción del registro arqueológico de cazadores-recolectores. Revista do Museu de Arqueologia e Etnologia, São Paulo, Suplemento 3: 263-283.

-Morales Reyes, L., 2006: “La arqueología de la infancia”. Arte, Arqueología e Historia, n.º 13, pp. 154-155. Córdoba. 

-Sanahuja Yll, E., 2007: La cotidianidad en la prehistoria. La vida y su sentimiento. Icara y Antrazyt.

-Lillehammar, G., 2010: “Archaeology of Children”. Revista Complutum, 21 (2), pp. 14-45.

- Sánchez Romero, M., 2010: “¡Eso no se toca! Infancia y cultura material en arqueología”. Revista Complutum, Vol. 21 (2): 9-13.