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jueves, 6 de agosto de 2026

PISADAS DE MAMÍFEROS

 

Muchas veces, cuando caminamos sobre sedimentos blandos o fangosos, nuestras pisadas quedan marcadas en el suelo; dependiendo del tipo de sedimento, estas tendrán una forma u otra, o perdurarán más o serán más efímeras. A veces creemos que los restos fósiles son sólo huesos, dientes y conchas, pero tenemos cada vez más evidencias indirectas de su presencia, como las huellas, conocidas como icnitas.

Estas icnitas las podemos ver en las rocas; fueron hechas por organismos vivos mientras caminaban o corrían y nos aportan gran información sobre los animales que se movían o vivían en determinadas zonas. Para que se conserve una huella, es necesario que el animal camine sobre una superficie blanda, como el barro o la ceniza volcánica. Esta huella es posteriormente cubierta por arena, limo o ceniza adicionales, que le sirven de protección frente a fenómenos atmosféricos, como el viento o el agua. A través de su estudio, se puede colegir qué animal las dejó, la velocidad y el modo de desplazamiento que presenta, que se miden a partir de la distancia entre pisadas, su comportamiento y, sobre todo, el entorno donde vivía, a través de la textura del sedimento.

Con el paso del tiempo, estos sedimentos se fosilizan y forman rocas en las que quedan impresas las huellas de los animales. La fosilización se debe a los movimientos tectónicos derivados del plegamiento alpino en el Pirineo. Es el fenómeno observado en el yacimiento de La Fondota (Abiego, Huesca), donde se han hallado más de mil icnitas de mamíferos. El yacimiento fue descubierto en 1973 y actualmente está siendo estudiado por un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza, integrado por Martín Linares, Diego Castanera y José Ignacio Canudo, quienes han realizado el estudio sedimentológico e icnotafonómico.

Hace 35 millones de años (Oligoceno) en Abiego había una zona de lagos y lagunas someras, sometidas a frecuentes oscilaciones de la lámina de agua, donde los mamíferos acudían a beber y en esas zonas de fango (calizas, margas areniscas) quedaron impresas las huellas. Durante este periodo, el paisaje estaba compuesto por praderas y coníferos, con lagos poco profundos; de ahí que los animales acudieran a beber. Dada su buena conservación y atendiendo a su morfología, se ha determinado que estas huellas están asociadas a Anoplotherium y Entelodon, dos artiodáctilos extintos que tenían pezuñas y dedos pares. El registro fósil de estos animales se encuentra en el Reino Unido, Francia, España, Portugal y Alemania. El Anoplotherium es un herbívoro endémico de Europa occidental y podía pararse sobre dos patas para ramonear las plantas.

Para saber más sobre las icnitas, o huellas, podéis consultar la entrada en este blog: «Las huellas fósiles más antiguas», que se refiere a huellas humanas.




Ilustración realizada por Rosa Alonso.

 


 

 

jueves, 13 de abril de 2023

DAMA CELIAE, UNA NUEVA ESPECIE DE CÉRVIDO.


Ilustración de Dama celiae, de Juan José Rodríguez.

Las terrazas del Manzanares son lugares idóneos para el asentamiento de los grupos humanos, ubicados en torno a las antiguas riberas del río Manzanares, a su paso por Madrid. Debido a su riqueza arqueológica, han sido declaradas Bienes de Interés Cultural.

Se acaba de publicar un trabajo en Archaeological and Anthropological Sciences, firmado por investigadores del Museo Arqueológico Nacional (MAN) y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en el que se pone de relieve el estudio de los materiales registrados en las terrazas del río Manzanares, a 25-30 m de altitud, asociados a MIS9 (337-300 Ka), en concreto, de los yacimientos de Pedro Jaro I y Orcasitas (Madrid). 

Las herramientas líticas de estos yacimientos proceden de excavaciones arqueopaleontológicas realizadas durante el seguimiento y control de la explotación de las canteras de arena de Manzanares, en las décadas de 1950-1960.

El yacimiento de Pedro Jaro I, perteneciente al pleistoceno medio, presenta una industria lítica adscrita al tecnocomplejo achelense, con lascas grandes sobre pedernal. Se desarrollaron en un momento de expansión de la cultura achelense en el interior peninsular. Las materias primas de este yacimiento son el sílex, la cuarcita y el cuarzo. Y las herramientas son hachas de mano puntiagudas y de filo recto, así como triedros.

Aparte de la riqueza de sus herramientas, el yacimiento alberga una especie nueva de cérvido, la Dama celiae. Esta especie sería la última de un linaje de gamo; su característica principal radica en las astas. Sus astas se han reducido de cuatro puntas a dos, mientras que el gamo actual evolucionó hacia cornamentas más complejas y palmeadas. En estas cronologías también se dataron fósiles de Megaloceros matritensis, el último miembro de un linaje que sobrevivió más tiempo de lo que se pensaba. Durante el Pleistoceno medio europeo se registraba una sola especie de este tamaño; ahora se conocen hasta tres especies contemporáneas del tamaño de un gamo. 

Pero además de la Dama cf. celiae, en este yacimiento hay restos de Equus cf. ferus, Equus cf. Hydruntinus, Stephanorhinus hemitoechus, Megaloceros matritensis y Bovidae.

El yacimiento de arenero de Orcasitas se encuentra en depósitos de la terraza a +25 m sobre el valle del río Manzanares. La lista de fauna corresponde a Elephas antiquus, Equus cf. ferus, Rhinocerotidae, Bos primigenius, Bisonte sp., Capreolus, Dama cœliae y Megaloceros matritensis.

La industria lítica se adscribe al tecnocomplejo achelense y comprende lascas, núcleos y muescas.

A través del estudio tafonómico, la actividad humana se representa en los restos de fauna marina mediante marcas de corte, en concreto, en un fémur de rinoceronte, en la mandíbula de caballo y en una costilla de ciervo atribuida a Dama celiensis.

La ausencia de marcas de carnívoros sugiere que estos animales fueron cazados por neandertales, como en otras zonas al aire libre del pleistoceno medio.

La presencia de Dama celensis, Megaloceros matritensis y Holoceros en el valle del Manzanares corresponde a especies aún no conocidas en el resto de Europa, y se plantea la hipótesis de que se trate de especies endémicas que se adaptaron al entorno y al clima particulares de esta zona, o bien de que los fósiles aún no hayan sido detectados en otras partes de Europa. Esta nueva especie de gamo fue contemporánea de los neandertales y de la cultura achelense y probablemente fue cazada por ellos. 

Un estudio exhaustivo sobre la evolución de los gamos que deja claras las diferentes hipótesis  planteadas por los investigadores.

Referencia:

- Van der Made, J, Rodríguez, J.J, Martos, J.A, Rubio, S, Panera, J, Yravedra, J, 2023: "The fallow deer Dama celiae sp. nov. with two-pointed antlers from the Middle Pleistocene of Madrid, a contemporary of humans with Acheulean technology". Archaeological and Anthropological Sciences 15 (41).

-Van der Made, J., 2015: "El último ciervo gigante del Pleistoceno temprano: Megaloceros novocarthageniensis n.sp. Y el gamo dama cf. vallonnetensis de la Cueva Victoria (Murcia, España). Mastia, 11-13.


Industria lítica de los yacimientos Orcasitas y Pedro Jaro I
Costilla de dama Caeliae del yacimiento de Orcasitas, con marcas de corte.



Astas de dama de Celiae procedentes de los yacimientos de Pedro Jaro I y Orcasitas.

Reconstrucción de la Dama Celiae en el valle del Manzanares. También están presentes caballos, elefantes, rinocerontes y bóvidos. Autor: J. Gamarra.


Proceso de restauración y adaptación de soportes museográficos de las astas de gamo para ser expuestas
En la vitrina del Museo Arqueológico Nacional.


miércoles, 16 de noviembre de 2022

LAS HUELLAS FÓSILES MÁS ANTIGUAS


Pensar que, después de 3,6 millones de años, podamos ver las primeras huellas (pisadas fósiles) humanas y de animales resulta inverosímil. Este tipo de investigaciones, aunque no lo parezca, no es nada reciente. En 1976, el equipo de Mary Leakey descubrió en Laetoli los pies de tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban erguidos.

Hoy nos centraremos en las primeras huellas encontradas en el continente europeo. La aparición de las huellas de los homínidos, digamos que, no ha despertado mucho interés en el campo de la paleoantropología debido a la escasez de hallazgos y a la falta de datos en comparación con los registros fósiles óseos. Hoy en día, el número de hallazgos ha crecido y se les presta gran atención por la información que nos aportan sobre aspectos biométricos y morfométricos, referentes al tamaño y la composición de los grupos humanos, así como sobre los desplazamientos de la fauna.

El primer estudio sobre las huellas dejadas por los homínidos en la Península Ibérica se realizó en Gibraltar. En 2019, aparecieron en las dunas móviles del área de Catalán Bay. En la cantera, debido a los trabajos de explotación del sedimento arenoso, se ha expuesto la estructura interna de las dunas del pleistoceno, donde se acumulan depósitos eólicos. Estos llenan las cuevas marinas y cubren las laderas, formando rampas de arena colmatada y débilmente cementada, lo que permite que el registro se conserve en óptimas condiciones.

Después de unos años, se produjo una serie de derrumbamientos naturales de arena, lo que provocó la aparición de más material. Las huellas corresponden a cinco morfotipos de pisadas de mamíferos como el ciervo, el íbice, el uro, el leopardo y el elefante, así como a la de un humano joven, posiblemente un neandertal, y han sido reconocidas en secciones transversales. Las dataciones se realizaron mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), con una edad de 29.000 años. Estos hallazgos constituyen el primer registro paleoecológico en los sedimentos eólicos de Gibraltar. La datación de las huellas situadas en el MIS 2 corresponde al tránsito del paleolítico medio al superior y coincide con los registros fósiles hallados en Gorham’s Cave y Vanguard Cave, excepto Elephas antiquus, que sólo ha sido identificado en un único lugar del Peñón y está asociado a registros del último ciclo glacial.

Poco tiempo después, en 2020, un equipo de investigación encabezado por Fernando Muñiz y Carlos Neto localizó una superficie del Pleistoceno Superior atestada de huellas y rastros, que quedaron expuestos en la base del acantilado de “El Asperillo” (con una altitud de 20-22 m y una longitud de 35 km, situado en el Parque Nacional de Doñana, Matalascañas, Huelva), como consecuencia del temporal. Se trata de una superficie pisoteada, relacionada con áreas encharcadas de aguas poco profundas en una posición interdunar, muy similar a las que se producen hoy en día en el Coto de Doñana.

 Esta superficie pisoteada registra huellas de animales como Bos primigenius, Cervus elaphus, Sus scrofa, Palaeoxodon antiquus y Canis lupus, así como de aves acuáticas (Anatidae, Charadriiformes). Para estos investigadores, la mayoría de las huellas corresponden a una megafauna típica de estos periodos, que vivía en esta zona, como los uros de gran tamaño, los elefantes de colmillos rectos y la especie de jabalí Suidichnus galani, que es tres veces mayor que el cerdo actual y posible descendiente de este, así como a leones y leopardos. Este sería un lugar de caza, donde los grupos humanos encontraban en los grandes vertebrados, como los elefantes, una presa fácil, pues se trataba de hembras parturientas y de sus crías.

Las huellas se encontraron bajo una capa de dunas fosilizadas, con una datación de 106 ka mediante termoluminiscencia (OSL), y corresponden a la etapa MIS-5 o al último interglacial. Los grupos humanos que habitaban la Península Ibérica probablemente eran neandertales. En aquella época, la línea de costa se encontraba a 20 km mar adentro de la actual.

En 2022, el Grupo de Investigación de Geociencias Aplicadas de la Universidad de Huelva, encabezado por Eduardo Mayoral, se encargó del estudio de las huellas fósiles de animales y de las de origen humano. En esta nueva fase de estudio, se han tomado muestras de cuatro niveles sedimentarios para contrastar los resultados con los de la campaña anterior y la edad de los restos fósiles ha quedado definida en 295,8 ± ka.

Las demás muestras han arrojado edades de 271±15,8 ka y 232,8±13,1 ka, y el nivel más joven se sitúa en la base de una unidad eólica con una edad de 203,8±12,7 ka. Con estas nuevas dataciones, el yacimiento queda adscrito al pleistoceno medio y no al pleistoceno superior, como se había establecido anteriormente. Y las huellas estarían asociadas a individuos de Homo heidelbergensis, pero no se dispone de registros óseos de pies que permitan compararlos.

Hasta la fecha, el grupo de investigación se planteaba que las huellas humanas pertenecían a neandertales. Aquí, la cosa se complica: en Europa sólo hay, hasta la fecha, dos yacimientos con registros de huellas de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata (Niza, Francia) y el de Roccamonfina (Italia).

El yacimiento de Terra Amata fue excavado en 1961 por Henry Lumley, quien estableció dos momentos de presencia humana: uno más antiguo, situado en la playa junto al mar, correspondiente a un período cálido hace 400 ka. Y un asentamiento moderno situado en una duna costera, durante un período de enfriamiento hace unos 380 ka. Mostraban una rica presencia de fauna (Palaeoloxodon antiquus, Cervus elaphus, Bos primigenius, Stephanorhinus hemitoechus, Sus scrofa, Hemitragus bonaldianus), con industria lítica achelense. La fauna es típica del período cálido MIS 11-8. En este lugar se localizó una huella humana de un individuo que podría medir 1,55 m. Estudios posteriores realizados en este yacimiento, por Paola Villa, interpretan resultados distintos y abogan por que se había producido una serie de desplazamientos verticales de los materiales entre los distintos niveles y lo consideran un palimpsesto.

La datación realizada en esta revisión de materiales se situó entre 230 ka (OSL) y 380 ka (ESR). Sin lugar a dudas, es un extraordinario yacimiento, pero las pisadas no pueden valorarse en un período determinado.

Otro registro con huellas de homínidos fue descubierto en 2003, cerca de la localidad de Foresta (Italia), y también muy cerca del volcán extinto Roccamonfina. Allí aparecieron las huellas de un individuo adulto y de cuatro jóvenes que caminaban por la ladera de la montaña, supuestamente pertenecientes a Homo heidelbergensis. Dada la pendiente de la ladera, tuvieron que apoyarse con las manos, por lo que se han registrado 56 huellas de pisada y algunas de manos. La estatura de los individuos era de aproximadamente 1,55 m. La datación los sitúa entre 325.000 y 385.000 años. Las huellas se han conservado porque quedaron cubiertas por una fina capa de cenizas volcánicas.  Los investigadores de este hallazgo aseguran que las huellas pueden pertenecer a Homo heidelbergensis, pero no lo afirman hasta que dispongan de nuevos datos.

En la costa de Norfolk (Reino Unido) han aparecido huellas de homínidos con una antigüedad de 780.000 años. Gran Bretaña, en aquella época, todavía estaba unida por tierra a Europa continental, y lo que hoy es el yacimiento de Happisburgh debió de ser una zona de marisma de un gran río. Este yacimiento es conocido desde 2005, cuando se constató la existencia de una industria lítica de pedernal, sobre todo de lascas y núcleos; además, los huesos presentaban marcas de corte. Según las evidencias de flora y fauna, se pueden atribuir a la última parte de un interglaciar, fechada con base en evidencias bioestratigráficas y paleomagnéticas, correspondiente a la fase del Pleistoceno temprano, entre MIS 21 y MIS 25.

En 2013, aparecieron huellas de homínidos adultos y jóvenes; medían 0,93 m y 1,73 m, respectivamente, y posiblemente pertenecían a una familia que caminaba por la orilla del río. Atendiendo a la fecha y a las medidas de las pisadas, la única especie conocida en Europa occidental es Homo antecessor. Es un rango que no ofrece muchas alternativas, pero, sobre todo, son huellas muy frágiles que han sido destruidas por la erosión costera.

Para el equipo de Mayoral, esta nueva datación sitúa a las huellas en su conjunto en un marco paleoambiental y por supuesto una reconsideración taxonómica de las huellas de homínidos, que en un principio se han podido identificar con toda claridad 87 pisadas, que quedaron registradas en una zona pantanosa al borde de una zona encharcada muy poco profunda que se situaría muy cerca de la línea de costa y al resguardo del cordón de dunas; y de las cuales 31 están longitudinalmente completas y miden 14 a 29 cm. De estas huellas, 7 están asociadas a niños, 15 a adolescentes, 9 a adultos y 11 a niños y adolescentes. Dada la amplia gama de tamaños de las huellas, se cree que se trata de un grupo social integrado por individuos de diferentes edades, distribuidos entre niños, jóvenes y adultos.

Estos momentos corresponden a distintos estadios climáticos, entre una época cálida (MIS-9) y su transición hacia el MIS-8, cuando se produjo una glaciación. Se trata, pues, de una evolución climática de cálida a fría.

Ante todas estas evidencias, surge el debate: aparte de las pisadas de EL Asperillo, no se conocen otras huellas de homínidos en los estudios del Pleistoceno medio, por lo que se cuestiona si dichas huellas pertenecen a neandertales. Tras los resultados de las dataciones, hay evidencia para afirmar que se trata de homínidos preneandertales, pero, como hemos valorado, sólo hay dos yacimientos con dataciones de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata, donde las evidencias no son muy claras, y el de Norfolk, que se aleja mucho en el tiempo y en el tamaño de las huellas; además, las huellas de Norfolk desaparecieron tras quedar expuestas a los temporales. Y la tercera posibilidad es la de Roccamonfina, que se ajusta a las dataciones, pero el responsable del estudio no afirma que se trate de pisadas de Homo heidelbergensis; necesita más datos para verificar esa hipótesis. Los dos únicos paralelos con evidencia más clara son los de Theopetra (Grecia) y Biache-Vaast (Francia), pero están adscritos a los neandertales y no a Homo heidelbergensis.

El grupo de investigación de Matalascañas, encabezado por el Prof. Eduardo Mayoral, determina que las huellas de homínidos probablemente corresponden al linaje neandertal (Homo neanderthalensis y Homo heidelbergensis), pero aún faltan huellas bien conservadas para apreciar rasgos morfométricos, como pies anchos, asociados a los neandertales. La falta de registros óseos de esta época dificulta la comparación y deja la puerta abierta, hasta nuevos estudios, a que se trate de homínidos preneandertales. Para este equipo se plantea la hipótesis de que se trata de grupos de cazadores-recolectores que se desplazan por la zona o bien que desarrollan actividades de pesca o marisqueo aprovechando los recursos del territorio.

Sin lugar a dudas, se trata de un yacimiento de características excepcionales, pues constituye el primer registro de huellas de vertebrados fósiles en el Golfo de Cádiz. Este momento resulta especialmente interesante para comprender las ocupaciones humanas en Europa durante el Pleistoceno. Este tipo de evidencias nos permite aproximarnos a entornos paleoambientales y paleoecológicos y, sobre todo, a las condiciones sedimentológicas en las que fueron depositadas, algo hasta ahora poco conocido. Además, es el único yacimiento hasta la fecha, en cuanto a tamaño y registro de huellas tanto de animales como de homínidos, que nos revela un único momento de la vida de un grupo humano prehistórico, porque lo que tenemos hasta ahora son sólo datos arqueológicos que nos aportan información sobre la cultura material y las actividades del grupo.

Referencias:

- N. Ashton et al, (2014): Hominin footprints from Early Pleistocene deposit at Happisburgh, UK. PLoS ONE 8, e88329.

- F. Muñiz et al, (2019): Following the last Neanderthals: Mammal tracks in Late Pleistocene coastal dunes of Gibraltar (S. Iberian Península). Quaternary Science Review, V 217, pp 297-309.

-M. Marshall, 2020: “Neanderthals may have climbed an active volcano soon after it erupted”. New Scientist.

- C. Neto de Carvalho et al, (2020): First vertebrate tracks and palaeoenvironment in a MIS 5 context in the Doñana National Park (Huelva, SW Spain). Quaternary Science Reviews, Vol. 243.

- E. Mayoral et al, (2021): “Tracking late Pleistocene Neandertals on the Iberian coast”. Scientific Reports nº 11, 4163.

- E. Mayoral et al, (2022): New dating of the Matalascañs footprints provides new evidence of the Middle Pleistocene (MIS 9-8) hominin paleoecology in southern Europe. Sci Re 12, 17505.


A. Marco geográfico del área de estudio y su ubicación en la Península Ibérica. B. Vista general de la superficie con las huellas. C. Sección estratigráfica simplificada del acantilado de El Asperillo. Foto: C.N. de Carvalho (2021).

Huellas de cérvidos y homínidos. Foto: E. Mayoral. 

Tipologías de pisadas de homínidos en la playa de Matalascañas (Huelva). Foto: E. Moyoral.



miércoles, 6 de abril de 2022

RESTOS FÓSILES DE CAMELLOS EN CONTEXTOS ARQUEOLÓGICOS DEL PLEISTOCENO TARDÍO EN MONGOLIA.

 

Mongolia ha desempeñado un papel fundamental en la evolución y dispersión de muchos mamíferos continentales, y varios grupos de ungulados y carnívoros parecen haberse originado allí.  Aunque los restos fósiles de Camelus Knoblochi y Camelus ferus son escasos en Mongolia, un reciente estudio de Alexey M. Klementiev, ha concluido que han existido allí desde el Plioceno, y muestra que el último refugio de Camelus Knoblochi (un camello gigante de dos jorobas de una tonelada de peso y tres metros de altura que vivió en Asía Central) estuvo en Mongolia, hace aproximadamente 27.000 años, y coexistió con los humanos anatómicamente modernos, y posiblemente con los neandertales o denisovanos.  

El camello bactriano (Camelus bactrianus) es un ungulado doméstico que actualmente vive en las estepas de Asia Central y tiene dos gibas a la espalda, igual que el camello salvaje (Camelus ferus); ambos están estrechamente relacionados con Camelus knoblochi.

El estudio reciente se ha realizado en la cueva Tsagaan Agui, descubierta en 1972, cuando el arqueólogo Dorg localizó allí una serie de objetos arqueológicos.

Entre los años 1987-1989 se llevó a cabo una excavación intensiva, donde se encontraron abundantes restos de fauna y materiales arqueológicos, pero no ha sido hasta la campaña realizada conjuntamente entre los equipos de Rusia, Mongolia y Estados Unidos, cuando se planteó llevar a cabo la excavación de la gruta inferior, interior y en la cámara principal de la cueva, que ha sido la que ha aportado los datos de paleoclima, cronología y tecnología lítica. La estratigrafía consta de catorce capas.

En el año 2021 se obtuvieron muestras para fechas de radiocarbono, OSL y otras analíticas. Se excavó una serie de capas de la Cámara Principal, donde aparecieron restos de camélidos, entre los que se encontraron un carpo, un metacarpiano, un calcáneo, un astrágalo y un fragmento de tibia de Camelus knoblochi, así como un resto fósil del Tugrag Shireet, en el actual desierto de Gobi, al sur de Mongolia. El hueso metacarpiano, con una datación de 59.000-44.000 años, presentaba marcas de carnicería, lo que indica que fue manipulado por humanos y posteriormente por hienas.

Este conjunto de restos óseos se encontraba asociado a huesos de lobos, hienas, rinocerontes, caballos, asnos salvajes, ibices, ovejas salvajes y gacelas de Mongolia. Lo que nos indica es que el Camelus knoblochi vivía en entornos montañosos y esteparios de tierras bajas, que son hábitats menos secos que los de los camellos modernos.

La importancia de este estudio radica en que permite comprender el vacío cronológico entre el Plioceno, con presencia de Paracomelus spp., y los camellos salvajes del Holoceno en Mongolia.

El Camelus knoblochi ocupó el este de Asia Central hasta el final del Pleistoceno, en un hábitat de estepa, y se extendió hacia zonas de bosque-estepa hasta su extinción.

La última evidencia regional de Camelus knoblochi, así como  la de Crocuta speleae, se encuentra en la cueva de Tsagaan Agui, en la Capa 2, y no data de antes del Último Máximo Glacial (ca. 26,5 ka). El camello bactriano salvaje, Camelus ferus, apareció en Mongolia durante el Pleistoceno tardío y posiblemente se adaptó al clima árido del desierto.

Los camellos desempeñaron un papel fundamental en las adaptaciones humanas en la antigüedad y en el paleolítico, ya que estos animales servían a los grupos humanos como medio de transporte para sus desplazamientos y les proporcionaban recursos como leche, lana, carne y huesos…

Referencia:

-          A.M. Klementiev et al., 2022: First Documented Camelus knoblochi Nehring (1901) and Fossil Camelus ferus Przewalski (1878) From late Pleistocene Archaeological Contexts in Mongolia. Frontiers in Earth Science, 14. March 2022.

 

 

Principales hallazgos de camellos fósiles en el este de Eurasia.


Vista de la cueva Tsagaan Agui. Sección transversal del Pozo 2021/2 que muestra las guaridas de hienas, los coprolitos y la posición del metacarpiano en la capa 4.


Fragmento de metacarpiano de Camelus knoblochi procedente de la cueva Tsagaan Agui.


Metacarpiano de la capa 4 con marcas de carnívoros.




martes, 9 de enero de 2018

LA CAZA DEL CIERVO EN LA PREHISTORIA (II).



Siguiendo con el estudio de nuestro post anterior, decimos que el Cervus elaphus es una de las especies mejor conocidas del reino animal en nuestro país. En España, en concreto, el ciervo es diferente del centroeuropeo: lo que los diferencia es la ausencia de las crines del cuello típicas de los centroeuropeos, así como su menor talla. Esta menor talla se debe a las condiciones climáticas de su hábitat; cuanto más cálida es la zona, menor es el tamaño del animal (Regla de Bergmann). En España suelen pesar entre 140 y 200 kg. 
Para determinar cuáles fueron las claves de las preferencias cinegéticas de los cazadores-recolectores durante el Paleolítico, hay que partir del conocimiento tanto del hábitat como de la etología de determinados animales, así como del dimorfismo sexual y del registro arqueológico, que nos proporcionarán respuestas sobre estas preferencias. Según las investigaciones arqueológicas, hay una clara tendencia durante el Paleolítico medio hacia la caza de animales  de tamaño mediano y de permanencia en una determinada área, como, por ejemplo, el ciervo, como iremos viendo a lo largo de este post.
El comportamiento del venado, según J.M Montoya, como el de otros cérvidos y el de otros animales silvestres, con similares diferencias de tamaño entre sus sexos (como puede ser la cabra montés, gamo, corzo, jabalí, etc.), responden a unas pautas sencillas y más bien comunes a todos ellos que es necesario conocer, para determinar cómo los cazadores conocedores de estos patrones se valían para dar caza a sus presas.
 Así, por ejemplo, las ciervas, en el momento del celo, están acompañadas de sus crías, que, con cuatro meses de edad, todavía maman de ellas. Durante el celo se suelen formar rebaños sexualmente mixtos y de tamaño reducido, como medida de prevención de la consanguinidad, pues así se evita que muchas crías sean hermanas del mismo padre. Durante este acontecimiento, un pequeño grupo de hembras convive con un gran macho reproductor que las agrupa. Los machos jóvenes comienzan a separarse de sus madres, normalmente a partir de los tres años, separación que terminará en invierno, antes del siguiente parto. Los dos grupos, machos y hembras, suelen vivir separados la  mayor parte del tiempo. Las reuniones de ciervas se agrupan en torno a una madre con dos o tres crías de varios años. La hembra más vieja es la que domina en la jerarquía del grupo, sobre todo a la hora de los desplazamientos, de los lugares de descanso y de la elección de pastos.
También hay que tener en cuenta que el periodo de celo y duración de la gestación estén ajustados entre sí, de forma que el momento de mayor necesidad en la alimentación de las madres y crías, coincidan con la estación de mayor calidad y abundancia de alimentos, en los hábitat más típicos de la especie; que suelen ser biotopos variados como dehesas, pastos, montes, agua, etc., si no lo encuentran entonces suele desplazarse a lugares alejados.
Suele producirse una segregación entre los diferentes sexos y edades en las fechas críticas del parto y del cuidado inicial de las indefensas crías, a fin de facilitar su supervivencia. Los machos suelen separarse para dejar a este grupo los mejores pastaderos, lo que mejora su alimentación.  En épocas de grandes fríos o nevadas, los cérvidos se agrupan como mecanismo de defensa ante los depredadores, ya que son presa fácil: sus patas se hunden en la nieve y tienden a juntarse, lo que constituye un mecanismo adaptativo de defensa colectiva. Pero normalmente, los grupos de machos son menos condensados y sus lazos de unión son menos estables. Los machos viejos suelen vivir solos y aislados. Los rebaños, tanto de hembras como de machos, son nómades; suelen tener hábitos crepusculares y nocturnos y pasan el día agazapados y rumiando en un lugar seguro.
Por norma general, los animales del bosque tienden a ser menos sociables y más territoriales que los de los espacios abiertos. El ciervo, como especie biológica, ocupa una posición intermedia entre ambos. Los machos tienen mayor tendencia a vivir en espacios cerrados o boscosos; son algo más territoriales y menos sociables y gregarios que las hembras, y siempre más querenciosos por los espacios abiertos.
Los machos sufren un gran desgaste físico tras la berrea, ya que apenas duermen y no comen. Al terminar, suelen perder el 20% de su peso  inicial. Tras la berrea, el macho se oculta, se reposa y se alimenta para recuperar fuerzas. Suele recorrer largas distancias en busca de refugios y alimentos, como bellotas tempranas y buenos pastos, así como hierbas, hojas, yemas, brotes tiernos y diversos frutos, como bellotas, castaños y moras, pero también ramonea la corteza de árboles, brezos, etc. En estas zonas sólo permanecen el tiempo suficiente para reponer fuerzas; luego siguen sus caminos habituales hacia las rudas serranías.
Tanto las hembras con sus crías como los animales más jóvenes comen en lugares menos leñosos que los machos, que tienden a subir a zonas de monte cerrado. Por eso existen zonas de madres y de machos, un hecho que los cazadores debían conocer. Este mecanismo de segregación espacial permite a la especie una mejor utilización del espacio total disponible, porque no busca su supervivencia en el buen conocimiento y dominio de sus territorios, sino en las buenas condiciones de vida en el lugar que ocupa en cada momento. Sencillamente, se van de él si no encuentran esas condiciones adecuadas, o cuando desaparecen o pueden acceder a otro lugar.
Una vez pasada la berrea, los machos adultos se separan de las hembras y suelen asociarse en pequeños grupos para pasar el invierno. Es habitual que los viejos permanezcan solitarios. Las hembras, a su vez, se asocian en pequeños grupos familiares, algo mayores que los de los machos. Las madres van con su cría del año y también con la del año anterior. La huida del grupo familiar se realiza en fila y en orden jerárquico.
En el momento del parto, se produce un movimiento de dispersión en las hembras, que tienden a separarse del resto de su familia y de sus grupos habituales.
Como he comentado, el ciervo no es una especie territorial; tampoco realiza grandes desplazamientos, salvo algunos machos durante el periodo de celo. Las ciervas, sin embargo, suelen situarse en lugares diversos a lo largo del año, aunque no recorren grandes extensiones y presentan una mayor sociabilidad y una tendencia a utilizar territorios menores que los de los machos.
En general, podemos decir que la etología de los cérvidos presenta una serie de características comunes y conocidas por los cazadores-recolectores del Paleolítico. Está demostrado, por la presencia de restos óseos, que se desarrolló una explotación de los ecosistemas. Estos cazadores-recolectores seguirían una serie de estrategias, como la observación o el acecho de sus presas, que son fáciles de seguir: sus huellas, sus excrementos y las señales en los árboles. Estos animales rascan y dañan los árboles y arbustos para librarse del terciopelo que recubre sus cornamentas, una vez formadas. También lo suelen hacer durante la berrea, para mostrar su celo y marcar su dominio del territorio, así como durante el desmogue, para librarse de las cuernas caducas. Normalmente, todas las temporadas las pierden en el mismo lugar; el desmogadero sería un buen sitio para acechar o aguardar al animal y capturarlo. Otro sitio clave serían las parideras, lugares donde las ciervas paren y que suelen ser fijos.
En el siguiente post hablaré de las diferentes estrategias y de la subsistencia de los  cazadores del Paleolítico.

Referencia:

- J.M.Montoya Oliver.1999: El ciervo y el monte.

- P. Demars. 2007: 2007 : «La répartition des grands ongulés en Europe centrale et de l’Ouest au Paléolithique supérieur».

Ciervo macho en el momento de la brama.

desplazamiento jerarquizado
Lucha de machos.





lunes, 4 de diciembre de 2017

LA CAZA DEL CIERVO EN LA PREHISTORIA (I)

La caza fue, quizás, una de las primeras actividades que realizaron  los grupos humanos. Para comprender este trabajo sobre la prehistoria y su evolución en un medio natural, hay que tener en cuenta una serie de factores y hechos; el más importante es que la fauna de una zona determinada cambia con el tiempo. Como resultado de las oscilaciones climáticas, surgen nuevas especies y, a su vez, otras se extinguen. 
Esta especie está presente en la biozona Mp 19 debido a las fluctuaciones climáticas de esta etapa. La fauna de gran tamaño sufrirá una serie de cambios morfológicos y métricos, como ocurre con el ciervo. Dentro de este periodo nos encontramos con el Megaloceros, un mamífero de la familia de los cérvidos; se caracterizaba por su gran tamaño: alcanzaba los 2 m de altura y su cornamenta medía hasta los 3,65 m de extremo a extremo.  Se trata de un género de cérvido que evolucionó durante el Plioceno y el Pleistoceno y se extinguió hace aproximadamente 10.000 años. Los últimos registros de ciervo gigante, Megaloceros matritensis, se han localizado en las terrazas del río Manzanares, en el sur de Madrid, entre 300.000 y 400.000 años. Sus restos estaban asociados a las industrias achelenses y musteriense y formaban parte de la dieta de los preneandertales.
En general, en la península se encuentran tres especies de ciervo: Megaloceros novocarthaginiensis, M. savini y M. matritensis. El M. novocarthaginiensis vivió durante el pleistoceno temprano (hace 780.000 años) y se ha encontrado en los registros de la cueva Victoria (Cartagena-Murcia).
En la Península, además de la Cova da Vitória (Cartagena-Murcia), están presentes en los yacimientos de Preresa (Getafe) y en la Cova do Rinoceronte (Castelldefels-Barcelona), en niveles de hace 90.000 años; en la cueva de Bolomor (Tabernes de Valldigna-Valencia); en Jou Puerta (Asturias); y en las cuevas de Amalda y Labeko Koba (Guipúzcoa). Como vemos, están presentes en las zonas norte, este y sur.
Durante la biozona Mp 19 se produce la renovación de los megaceros de grandes cornamentas, que dará paso a Cervus elaphus durante el Paleolítico Medio. Y durante la biozona Mp 20 se produce un restablecimiento de la fauna mediterránea, impulsado por la biocenosis de determinadas especies, como Equus caballus, Mammuthus primigenius y Cervus elaphus, y por un cambio regenerativo de la vegetación arbórea, provocado por el cambio climático. 
Algunas plantas desaparecen y  aparece una renovación de otras que venían con poco contenido mineral. Estos minerales son necesarios en la dieta de los cérvidos, tanto para sus huesos como para sus astas; por lo tanto, un déficit de estos minerales provoca que los animales sean débiles, lo que conduce a su extinción. Se pasa así a un registro más homogéneo de especies mediterráneas, como los équidos, bóvidos, cérvidos y cápridos, que perdurarán hasta la llegada del Holoceno.
El Cervus elaphus de la península pertenece a una de las cuarenta especies de la familia de los cérvidos que existen hoy en el mundo. De todas estas especies de cérvidos, hay tres que han sobrevivido durante todo el Holoceno: el ciervo (Cervus elaphus), el corzo (Capreolus capreolus) y el gamo (Dama dama). 
En la Península habitan dos especies que pueden considerarse autóctonas: Cervus elaphus hispánicus y Cervus elaphus boliviensis; el primero, más robusto y con cuernos más ramificados, se encuentra en las sierras del sur, como la Sierra Morena y la de Extremadura.
Recientes trabajos de investigación, realizados en las universidades de Córdoba y de Navarra y basados en el análisis de ADN, han observado diferencias genéticas entre los ciervos que pueblan los montes  españoles y los de otras partes de Europa, y han ratificado la existencia de dos linajes diferentes dentro de la subespecie ibérica. Se ha determinado que estas dos poblaciones locales se diferenciaron durante la última era glacial, por lo que tienen una antigüedad de al menos 12.000 años. A partir de este estudio, los investigadores han podido no solo identificar estos dos grupos locales diferenciados, sino también establecer qué zonas ocupan y desde cuándo.  
Así, estos ciervos pueblan la Península Ibérica desde la última glaciación. El sur de Europa se convirtió en un refugio para este mamífero; por eso, al establecerse en una zona mucho más cálida que la centroeuropea, esta especie reduce su talla. No quiere decir que sea antinatural, sino que se sabe que una misma especie reduce su talla cuanto más cálidas son las condiciones de su hábitat….
En el próximo post hablaré de los aspectos cinéticos generales, de la dinámica poblacional, de la etiología y de la biodiversidad del ciervo para comprender su caza…


Referencias:

- Made, J.van der, 2014: “The latest Early Pleistocene giant deer megaloceros novocartaginiensis n.sp. And the fallow deer Dama cf. vallonnetensis from Cueva Victoria (Murcia, Spain)2. Mastia, 2012 - 2014.
- Carranza, J; Salinas, M; Andrés, D; y Pérez-González, J., 2014: “Iberian red deer: paraphyletic nature and mtDNA but nuclear markers support its genetic identity”. Ecology and Evolution.

- Cáceres Sánchez, I., 2003: La transición de las sociedades cazadoras-recolectoras a las pastoras-agricultoras en el mediodía peninsular a través de los restos óseos. Modos de vida y de trabajo de las sociedades cazadoras y productoras. BAR. International. Series 1194. Oxford. Londres.



Ilustración de caza. Histórico Tv.





miércoles, 8 de abril de 2015

LOS PRIMEROS CAZADORES DE AMÉRICA DEL NORTE


Las últimas investigaciones llevadas a cabo por el grupo de investigación,  encabezado por el antropólogo Mike Waters,  de la Universidad de Texas, han determinado que a finales de la última Edad del Hielo ya se cazaban caballos y camellos en  Norteamérica.
Este trabajo ha sido publicado en el último número de la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), donde se han analizado los restos óseos de siete caballos y un camello que se encontraban en una zona de la playa de Wally, a unos ochenta kilómetros  al sur de Calgary, en Canadá. Una zona de praderas donde pastaban numerosas especies de animales, acechadas por los primeros cazadores norteamericanos.
Del estudio se desprende que los caballos y camellos fueron cazados en una zona donde se podía vadear un río, donde posiblemente fueron avistados, y junto a los restos se encontró una serie de herramientas básicas y simples, así como lascas, utilizadas para desarticular los cuerpos de los animales; no se encontró presencia de herramientas utilizadas para dar caza a los mismos, como las lanzas.
Las dataciones del radiocarbono aplicadas a los restos óseos demuestran que los animales fueron abatidos hace 13.000 años; esto indica que estos primeros cazadores se encontraban en esta zona mucho antes de que los Clovis (los primeros habitantes americanos) habitasen la región.


Restos óseos de caballo. Foto de M.Waters.

Herramienta asociada al camello. Foto M. Waters.



domingo, 5 de abril de 2015

HALLAZGO DE ESQUELETO COMPLETO DE CAMELLO EN AUSTRIA .

En la ciudad de Tulln (Austria), en el año 2007, se llevó a cabo una serie de excavaciones para habilitar los terrenos para la construcción de un centro comercial  y  se recuperaron los restos de un esqueleto completo de un camello (Camelus bactrianus). El  estudio  ha sido publicado este mes por  Alfred Galik en la revista  PLOS ONE.
Según los hallazgos asociados a los restos óseos, como platos de cerámica y otros objetos, se sitúa en el periodo comprendido entre 1643 y 1715.
Según los análisis de ADN y los estudios morfológicos y morfométricos  llevados a cabo, se trata de un individuo macho, de unos siete años de edad, y corresponde a un híbrido entre dromedario y camello bactriano. El cruce se produjo entre una madre dromedaria y un padre camello. Parece que el ejército otomano utilizaba, además del caballo, los camellos tanto para el transporte como para el de montar.
Sin duda, es un gran hallazgo para la arqueozoología, ya que constituye uno de los pocos registros completos.
El camello bactriano fue domesticado en el 4500 a.C. y su nombre proviene precisamente de que su primera fase de domesticación se produjo en Bactriana, en el Turquestán. Entre sus grandes virtudes se incluyen su capacidad para transportar cargas pesadas y sobrevivir en condiciones áridas, aunque es un animal que tolera muy bien tanto el calor como el frío gracias a su pelaje. En la actualidad, el camello sigue utilizándose como animal de carga para tirar arados o carros.

Esqueleto de camello in situ
Vistas del cráneo. Foto Plos One.
Metacarpianos derechos e izquierdos. Foto Plos One

Escápulas

viernes, 21 de marzo de 2014

CRÁNEO DE URO


En el yacimiento de Oued Sarrat, en la provincia de El Kef (Túnez), se ha hallado un cráneo de Bos primigenius. Las excavaciones se llevaron a cabo en el año 2008 y los resultados de los estudios se han publicado en la revista  Quaternary  Science Review por los paleontólogos  Bienvenido Martínez-Navarro y Narjess Karoui-Yaakoub.
Una vez recuperados y restaurados los fragmentos óseos, se ha determinado que pertenecían a un uro. Su tamaño es mayor que el de los ejemplares recuperados en Europa; sus cuernos miden unos 112 cm y su masa corporal supera los 1.000 kg.

Cráneo de Bos primigenius. Foto: IPHES

Los investigadores lo consideran el ancestro de los toros actuales; su cronología, basada en datos paleomagnéticos y biocronológicos, se sitúa en torno a 0,7 Ma. Por su cronología, este Bos primigenius se sitúa como el más antiguo encontrado hasta la fecha y emplaza al toro en orígenes africanos y no euroasiáticos, como se venía barajando hasta ahora.

Diferentes vistas del cráneo de Bos primigenius. Foto: IPHES

Las excavaciones en la cuenca lacustre han continuado en las campañas de 2011 y 2013, donde se ha ampliado  el registro arqueológico y paleontológico, revelando una asociación faunística de rinoceronte, équidos, hipopótamos, cerdos, antílopes, reptiles, aves asociados a una industria achelense, en unos niveles de color negro de origen lacustre, que se corresponde con la base del Pleistoceno Medio (aproximadamente unos 700.000 años) y otra más reciente en niveles fluviales marrones y grises, del Pleistoceno Superior, con fauna e industria ateniense, de hace 30.000-7.000 años de antigüedad.

Industria lítica del yacimiento. Foto: IPHES

Los autores consideran que los toros han evolucionado a partir del búfalo africano gigante de Olduvai, Pelorovis oldowayensis, que daría origen al toro moderno, pero con características anatómicas aún primitivas, que serían de Bos buiaensis, que evolucionaría a Bos primigenius en África y se dispersaría por Eurasia a principios del Pleistoceno Medio, lo cual cuadra con la propagación del tecnocomplejo achelense en el norte de África y Europa.

Referencia:

- Martínez-Navarro, B et al., 2014: The early middle Pleistocene archeopaleontological site of Wadi Sarrat (Tunisia) and the earliest record of Bos primigenius. Quaternary Science Reviews.