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miércoles, 6 de octubre de 2021

LA CUEVA DE CONTREBANDIERS (Marruecos): aparecen herramientas para trabajar el cuero y la piel.

Uno de los sitios prehistóricos que está aportando buenos registros es la cueva de los Contrabandiers, situada en la costa atlántica de Marruecos.

Esta cavidad fue descubierta en 1950, del siglo pasado, por el abad Jean Roche, quien organizó la primera excavación en 1955, con un inventario rico en herramientas líticas, restos de fauna, evidencias de uso del fuego y restos de Homo sapiens moderno temprano.

La cueva se formó sobre la antigua piedra arenisca de la costa y su configuración se remonta a unos 120.000 años. Una vez que el mar se retiró, comenzó a rellenarse progresivamente con sedimentos en los que se depositaron los excedentes de las diferentes culturas que pasaron por allí, como el musteriense en sus capas inferiores, seguido del ateriense, del iberomauritano y del neolítico en sus capas superiores.

En 2007, se retomaron las excavaciones con métodos modernos, a cargo del Museo de la Universidad de Pensilvania (MPM) y del Institut National des Sciences de l'Archéologie et du Patrimoine (INSAP); al frente del grupo de investigación se encuentran Harold Dibble y Mohamed Abdeljalil El Hajraoul.

En 2013 fue noticia el hallazgo de un individuo infantil, con una datación de 108.000 años; un hallazgo más entre las escasas muestras de Homo sapiens de esta época en el continente africano, lo que nos indica que no solo el sur de África es el origen de los humanos modernos, sino que también afloran otros lugares donde estos grupos nos muestran una evolución hacia un comportamiento y una anatomía modernos.

Este mes de septiembre, esta cueva ha vuelto a ser noticia porque un equipo de investigadores, formado por Emily Hallett, de la Universidad de Arizona y del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Alemania, ha descubierto una serie de herramientas de hueso de hace 120.000 años que seguramente se utilizaron para trabajar la piel y el cuero.

La presencia de herramientas de hueso destinadas a trabajar la ropa sigue siendo un tema complejo en los registros arqueológicos. El vestido es un elemento que aparece entre los grupos humanos ante la necesidad de protegerse de las adversidades climáticas, sobre todo durante la era glacial. Es difícil determinar en qué momento empezaron a utilizar ropa, dado que las primeras prendas para cubrirse del frío estaban elaboradas con materiales de rápida descomposición, como pieles y otros materiales orgánicos, que son productos pasajeros y muy difíciles de conservar. Por eso, los inicios de la ropa se conocen muy poco, pero es evidente que fueron utilizados por nuestros antepasados, tanto por neandertales como por sapiens que vivían en ambientes templados y fríos. Pero sí, se puede determinar indirectamente a partir de la presencia de herramientas para confeccionar esas vestimentas. Este estudio ha sido publicado en la revista iScience y va arrojando luz sobre este tipo de hechos, que nos brindan información sobre las mejoras en la evolución cultural y cognitiva de nuestros antepasados y sobre cómo se ha desarrollado la vida a lo largo del pleistoceno.

Este hallazgo se debe a la presencia de una serie de herramientas de hueso que han servido como alisadores para eliminar todos los restos de tejido conectivo, es decir, los restos de diferentes tejidos que quedan al separar la piel de la masa muscular del animal.

En niveles con una datación entre 120.000 y 90.000 años, se ha encontrado un total de 62 herramientas óseas. Para su realización, se han utilizado varias técnicas de trabajo, como el raspado, el pulido y la talla con piedra. Entre las diferentes formas que adoptan las herramientas se encuentran las espátulas. Estas herramientas son excelentes para eliminar todas las impurezas del cuero y de la piel durante el proceso de curtido, ya que no perforan ni dañan.

Pero estos no son los únicos registros de alisadores que tenemos. En Europa se descubrieron restos en dos yacimientos cercanos  entre sí, en el suroeste de Francia: el Abri Peyrony y el Pech-de-l’Azé, que fueron ocupados por neandertales, sin evidencia de ocupaciones posteriores por parte de humanos modernos. En estos yacimientos aparecieron herramientas de hueso utilizadas como alisadores para el curtido de pieles, con una antigüedad de 50.000 años (ver la entrada en este blog). También hay que resaltar los trabajos realizados en la Cornisa Cantábrica por Millán Mozote sobre el uso del hueso como herramienta de trabajo de la piel, asociado a los neandertales.

En el estudio zooarqueológico se han identificado restos esqueléticos de zorro, chacal y gato montés; todos presentan marcas de corte en fragmentos de radio, cúbito, tibia y mandíbula, producidas durante el desollado del animal. Estos carnívoros han sido cazados para aprovechar sus pieles, pero no han sido consumidos como alimento. Las pieles han sido trabajadas para confeccionar ropa de abrigo.

Sin embargo, los bóvidos fueron procesados para el consumo de carne, ya que las distribuciones de las marcas de corte se encuentran en los ejes medios y proximales de todos los huesos largos.

También resulta muy llamativa la presencia de un diente de ballena, que evidencia su uso para tallar piedras, lo que la sitúa como un hallazgo relevante hasta la fecha, ya que no se ha registrado ningún hallazgo igual.

Los hallazgos de la cueva de los Contrebandier son excepcionales porque nos muestran cómo los humanos van perfeccionando su técnica de trabajo para convertir pieles de animales en cuero suave y flexible, cada vez con un tacto más agradable, y además elaboran a partir de estas pieles otros productos, como bolsas para guardar utensilios, cortavientos y otros artículos de cuero, utilizados en el atavío. Considero que el hallazgo de estas herramientas marca un paso más en la evolución de los grupos humanos, al igual que la utilización de nuevas tecnologías en el trabajo de la piel.


Referencias:

-         Millán Mozote Helguera, 2012: “El hueso como materia prima: el utillaje óseo del final del Musteriense en el sector central del norte de la Península Ibérica”. Universidad de Cantabria.

            -  Neandertals made the first specialized bone tools in Europe.

        -  Emily Y. Halleff et al., 2021: “A worked bone assemblage from 120.000-90.000 year old deposits at Contrebandiers Cave, Atlantic Coast, Morocco”. iScience 102988.



Cueva de Contrabandiers (Marruecos)

Selección de herramientas, mandíbula de gacela y fragmento de cráneo y mandíbula humanos. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers. 

Espátulas para trabajar la piel y el cuero, hechas con costillas de bóvidos. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers.

Diente de cetáceo hallado en la cueva. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers.



A la izquierda, tibia de zorro. A la derecha, mandíbula de zorro. Abajo, los huesos observados al microscopio. Foto: Proyecto de la cueva de ontrebandiers.


Diferentes tipos de espátulas. Foto: P. de la C. Contrebandiers.

Dibujos de zorros y gatos montés. En las mandíbulas se han detectado marcas de corte. Illustrazione di Jacopo Niccolò Cercasoni.



domingo, 12 de septiembre de 2021

HERRAMIENTAS ELABORADAS CON HUESOS DE ELEFANTES EN CASTEL DI GUIDO

 El yacimiento de Castel di Guido es un sitio achelense al aire libre, situado a unos 20 km al oeste de Roma. Fue excavado entre los años 1980 y 1991 por Giovanni Boschian y A.M. Radmilli, quienes precisaron que se trataba de un medio fluvio-lacustre, con zonas anegadas y cursos de agua tranquilos, y con lechos poco profundos que posteriormente darían lugar a una paleosuperficie.

Hasta esta zona, de clima subtropical y con un paisaje de bosque y claros, se desplazarían los animales a beber, como elefantes, bóvidos, caballos, ciervos, etc.; algunos de ellos morirían por causas naturales y otros serían cazados; el caso es que un grupo de cazadores se apropió de los restos óseos para fabricar herramientas.

El estudio de materiales y el análisis tafonómico del conjunto óseo han sido llevados a cabo por la Dra. Paola Villa y un equipo de la Universidad de California en Boulder, y los resultados han sido publicados en la revista PLOs One.

Lo novedoso de este estudio, dado que ya se conocía la fabricación de herramientas de hueso por parte de los humanos, es que hasta la fecha no se había encontrado esta cantidad de bifaces: en total, 98 piezas. Es el mayor número de herramientas de hueso fabricadas por los neandertales hasta la fecha. Se trata de una producción sistemática y estandarizada realizada sobre fragmentos de diáfisis de huesos largos de elefantes (Palaeoloxodon antiquus); es decir, fue realizada por una sola persona, dada la uniformidad de las piezas.

Tanto los alisadores de huesos como las piezas intermedias demuestran que comparten algunas características de la tecnología auriñaciense. Estos alisadores se utilizaron para tratar el cuero; sin embargo, esta pieza no se popularizó hasta 300 años más tarde, lo que indica que los cazadores de Castel di Guido ya tenían facultades cognitivas bastante avanzadas que les permitían producir tecnología ósea compleja.


Referencia:

-Radmilli, A.M. e Boschian, G., 1996: Gli scavi a Castel di Guido: il più antico giacimento di cacciatori del Paleolitico inferiore nell’Agro Romano. Firenze, Italia.

-Villa, P., et al., 2021: Elephant bones for the Middle Pleistocene toolmaker. PLOS ONE, 16 (8).


Herramientas elaboradas en hueso. Foto: P.Villa

Defensas de elefantes y restos de material. Foto: P. Villa.

Bifaces realizados en materia ósea. Foto: P. Villa.


Alisador elaborado en hueso de animal. Foto: P. Villa.




martes, 23 de febrero de 2021

LA CIRCULACIÓN DE OBJETOS DE BALLENA DURANTE EL MAGDALENIENSE


Mapa de localización y de objetos hechos con huesos de ballena encontrados en las colecciones arqueológicas. Foto: A. Lefebvre.

Según los últimos estudios, se han encontrado las primeras evidencias de la circulación de objetos a través de una red de comunicación de larga distancia, desde el interior hasta la costa, entre la zona norte del Pirineo y la costa atlántica del norte de la Península Ibérica.

Esta investigación se centra en la revisión de los materiales de las colecciones arqueológicas de Cantabria. Su objetivo era determinar si los huesos de ballena eran utilizados por los cazadores-recolectores de la zona del Pirineo como un hecho local, o si estos se desplazaban a Cantabria para adquirirlos.

Se han identificado 54 piezas de hueso de ballena en 12 de los 64 yacimientos muestreados. Los yacimientos donde más se han encontrado este tipo de materiales son Las Caldas, La Viña, Tito Bustillo (Asturias), Ermittia (Guipúzcoa) y El Pendo (Cantabria). Estos objetos corresponden a las puntas de proyectiles; son piezas grandes y bien elaboradas. Entre estos restos se encuentra la punta de El Pendo, registrada en las primeras excavaciones del siglo pasado y fechada en 17.600 años. Esta punta presenta una decoración con motivos curvilíneos opuestos y rellenos de líneas cortas, tanto longitudinales como transversales.

Según la hipótesis que barajan los arqueólogos, estos sitios formarían parte de una red bien estructurada de comunicación a larga distancia (600 km) que operaba a ambos lados del actual País Vasco, tanto en el francés como en el español, entre 17.800 y 15.000 años.

La estructura de esta red plantea cuestiones sobre posibles interacciones sociales y/o económicas entre los grupos magdalenienses del Pirineo y de toda la zona cantábrica.

Esto explica que los grupos de cazadores-recolectores se desplazaban por estas zonas para obtener huesos de ballena y elaborar armas de caza, ya que estos huesos son de gran tamaño y resultan adecuados para fabricar piezas de gran tamaño. Estos huesos, como materia prima, sólo estaban documentados en la zona del Pirineo norte, donde se conocía más de un centenar de herramientas, y ahora se complementan con los del Cantábrico.

Queda establecido que los cazadores-recolectores magdalenienses que vivían alrededor del golfo de Vizcaya explotaron las ballenas para sus necesidades alimentarias y simbólicas, y aprovecharon estos grandes cetáceos cuando se quedaban varados en la costa atlántica. Es fácil encontrar estos animales embarrancados en las playas, por varias causas naturales, entre las que podemos citar, por ejemplo, la debilidad que sufren las ballenas jóvenes por escasez de alimentos; otras mueren al dar a luz cerca de la costa o bien por enfermedades.

Referencia:

-A. Lefebvre et al., 2021: “Interconnected Magdalenian societies as revealed by the circulation of whale bone artifacts in the Pyreneo-Cantabrian región”. Quaternary Science Reviews. Vol. 251,1.

 


miércoles, 28 de octubre de 2020

El HOMO ERECTUS TALLABA PUNTAS DENTADAS EN HUESO.

La paleoantropóloga Mary Leakey, en la década de 1960 y a principios de la de 1970, excavó en el yacimiento de Olduvai Gorge, en Tanzania.

Los resultados fueron estudiados, sobre todo lo relativo a artefactos líticos, pero en el registro se encontró, además, un conjunto de 53 piezas de herramientas óseas que no fueron estudiadas y quedaron almacenadas.

En el año 2007, el investigador Michael Pante, de la Universidad de Colorado, llevó a cabo un proyecto en la zona y tuvo la oportunidad de revisar los materiales. Para ello, se aplicaron nuevas disciplinas de estudio, como la tafonomía, y sus conclusiones han sido publicadas este mes en la revista Journal of Human Evolution.

Los análisis tafonómicos confirman la existencia de seis herramientas óseas fabricadas por Homo erectus. Las piezas han sido elaboradas a partir de grandes huesos de mamíferos, modificados intencionalmente, y una de ellas presenta tres púas curvas y una punta tallada, aún sin terminar. Esta punta no presenta evidencia de haber sido sujetada a un mango, a un eje de madera o a una asta. Digamos que su funcionalidad aún está por determinarse.

Lo que sí se puede establecer es que el Homo erectus fabricó estas herramientas hace 700.000 años y que estos homínidos seleccionaban tanto huesos como piedras para fabricarlas. El Homo erectus tenía comportamientos bastante más avanzados de los que hasta ahora se le habían atribuido.

 

Referencia:

 

-   - Pante, M., et al., 2020: Bone tools from Beds II-IV, Olduvai Gorges, Tanzania, and implications for the origins and evolution of bone technology. Journal of Human Evolution. Vol. 148.

 

 

Foto: Journal of Human Evolution


Foto: Journal of Human Evolution

Foto: Journal of Human Evolution




miércoles, 1 de julio de 2020

LA LANZA: ARMA UTILIZADA POR LOS CAZADORES-RECOLECTORES




La caza, como hemos comentado en otras entradas, es una actividad que cumple una función social, pues se realiza en grupo y con el objetivo de alimentar a toda la comunidad, lo que establece una reciprocidad entre sus miembros.  Para llevar a cabo este trabajo se elaboró una serie de herramientas. Hoy nos vamos a centrar en las lanzas arrojadizas de mano, o jabalinas, ya sean de madera o de hueso. No vamos a entrar a valorar otros tipos de lanzas.
Matizamos que la madera es un material abundante en la naturaleza, muy volátil y, asimismo, muy frágil frente a la descomposición, por lo que resulta difícil encontrar restos en el Paleolítico. Aun así, se han hallado fragmentos bastante bien conservados gracias a las características del suelo y casi todos los hallazgos se han encontrado en ambientes muy húmedos.
Hasta la actualidad, podemos considerar la lanza como la primera arma de mano concebida como medio de protección personal frente a los animales salvajes y que también facultó a los humanos para enfrentarse a los depredadores; además, facilitaba las tareas de ojeo, persecución y acecho. Aunque también hay que tener en cuenta que las lanzas arrojadas a mano desempeñan un papel importante en la evolución humana, su rendimiento y efectividad como arma de caza siguen siendo poco conocidos; sin embargo, los trabajos de experimentación en curso están aportando respuestas sobre los comportamientos de estos grupos humanos.
Es, por tanto, un objeto o artefacto básico para comprender la evolución social y cultural de los homínidos. Podemos definirla como un arma de madera con un extremo puntiagudo. Su simplicidad es lo que la hace excepcional: tiene un gran alcance, es letal y es un arma muy simple, pues solo se necesita una rama sólida de un árbol.
Estas puntas mataban al penetrar en un área vital del animal; normalmente se arrojaban contra una presa, o bien para rematar a un animal indefenso en una trampa, o bien después de hacerlo correr hasta el agotamiento, técnica utilizada en el Paleolítico.
El primer registro que tenemos hasta la fecha es la lanza de CLACTON-ON-SEA (Inglaterra); fue encontrada por un aficionado a la búsqueda de herramientas líticas. Se halló en 1911; está elaborada en madera de tejo. En un principio era recta, pero debido a un mal almacenamiento y a una mala conservación fue deformándose y adquirió una forma curva. Su datación es de 420.000 años. Según los análisis, se ha demostrado que fue raspada con una herramienta de pedernal, conocida como clactoniense, elaborada por Homo heidelbergensis.


Otra muy antigua es la lanza de BAD-CANNSTATT (Stuttgart, Alemania), hallada en una cantera de travertino. Las últimas dataciones obtenidas son de 400.000 años. Lo más característico de este yacimiento es la excelente conservación de los restos orgánicos, tanto vegetales como animales.



Lanza de SCHÖNINGEN (Alemania), en el norte del país. Es un yacimiento al aire libre correspondiente a una turbera de una mina de lignito, que se está excavando desde 1995. En este lugar se han localizado más de 20 yacimientos del paleolítico inferior tardío. Entre los múltiples hallazgos arqueológicos se encuentran la industria lítica y huesos con fracturas y marcas de corte. En este caso, el hallazgo más insólito es que se localizaron 9 lanzas y una jabalina; esta última es un palo con doble punta. Sin embargo, las lanzas fueron elaboradas con una parte delantera más gruesa, proporcional a su longitud, y una parte trasera mucho más afilada. Esta característica parece indicar que fueron elaboradas para ser lanzadas más que para ser clavadas a corta distancia. Tienen una datación por termoluminiscencia de entre 337.000 y 350.000 años.
Estas armas fueron depositadas en sedimentos orgánicos en la misma orilla del lago, junto a unos 20 caballos, y fueron trabajadas con ramas de abeto y pino, en las que se raspó y se suavizó la superficie con herramientas de sílex. Estos instrumentos fueron utilizados por Homo heidelbergensis, que ya contaba con una planificación estratégica para la caza.



En España tenemos la lanza de TORRALBA/AMBRONA (Soria), donde se encontraron puntas de lanza de madera de abedul, sauce y álamo, y se les atribuye una antigüedad de 300.000 años.
Lanza progetti VECCHI (Italia). El yacimiento al aire libre de Poggetti se encuentra en la Toscana central y pertenece al pleistoceno medio; está datado en 171.000 años. 
Su registro se compone de una serie de palos, casi todos fragmentados; están hechos de boj (Buxus sempervirens), miden 1 m y son redondeados en un extremo y puntiagudos en el otro.
Se ha utilizado la técnica de quemarlo parcialmente para no tener que rasparlo. Junto a estas herramientas, también se encuentran algunas de piedra y restos óseos de elefante (Palaeoloxodon antiquus).



Lanza LEHRINGEN (Alemania). Fue encontrada en 1948 y la utilizaron hace 120.000 años los cazadores neandertales, que la tallaron en madera de tejo, con 3 cm en la parte inferior y disminuyendo a 2 cm en la parte superior. Fue utilizada para matar paquidermos; se encontró debajo de los restos de un elefante junto con cuchillos de sílex.



Lanza LJUBLJANA (Eslovenia). En 2008, unos arqueólogos que exploraban el curso del río Ljubljana descubrieron el yacimiento en el marco de un proyecto de acondicionamiento del río. Según las pruebas radiométricas, se obtuvo una datación de 38.160 ± 38.820 años. Está realizada en madera de tejo y el aspecto negro de la superficie se debe a que la madera fue endurecida por el fuego. A pesar de que sólo se ha conservado la punta, es un hallazgo excepcional, ya que nos confirma su uso.



Lanza de hueso de rinoceronte. En la isla de Bolshói Lyajovsky, en Siberia, se descubrió una lanza de 40 cm de longitud. Y elaborada a partir de un cuerno de rinoceronte lanudo, con una antigüedad de 13.000 años. El artefacto se conserva en perfecto estado y está compuesto por una sola pieza, por lo que posiblemente tuvieron que utilizar el cuerno grande de un rinoceronte adulto.



Como vemos, el registro de lanzas es bastante antiguo, aunque debemos decir que no fue hasta que aparecieron las de Schöninger cuando los registros anteriores verdaderamente se tuvieron en consideración; de ahí que algunas de ellas, como las de Clacton-on-Sea, estén curvadas porque se almacenaron sin saber que podían tratarse de lanzas. A partir del hallazgo de Schöninger, se iniciaron estudios experimentales para evaluar su uso, como los de Ulrich Stodiek y Harm Paulsen, que demostraron que se alcanzaba un equilibrio perfecto entre el peso y la velocidad de lanzamiento, lo que permitía que la lanza adquiriera la energía cinética suficiente para golpear y matar a sus presas. 
En cuanto a la distancia de lanzamiento, se alcanzaron hasta 20 m, lo cual es bastante considerable para dar caza a un animal.
Las primeras lanzas fueron utilizadas por Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis. Esto nos indica que, para llevar a cabo este tipo de tecnología, se requieren habilidades cognitivas para seleccionar las materias primas y flexibilidad mental, en la que intervienen varios conceptos: por un lado, que está destinada a protegerse mediante la defensa personal de un animal y, por otro, a la caza.




REFERENCIAS: 

-Aranguren, B., Revedin, A., Amico, N., Cavulli, F., Giachi, G., Grimaldi, S., et al., 2018: "Wooden tools and fire technology in the early Neanderthal site of Poggetti Vechi (Italy)". Proceedings of the National Academy of Sciences. pmid: 29432163.

-Aranguren. B., et al, 2018: “Wooden tools and fire technology in the early Neanderthals”. PNAS.

-Oakley, K., Andrews, P., Keeley, L.,Clark,J., 1977: Una reevaluación de la punta de lanza de Clacton. Actas de la Sociedad Prehistórica 43, 13-30.

-Schoch, W. H.,Bigga, G., Böhner, U.,Richter, P.,Terberger,T., 2015: Nuevas ideas sobre las armas de madera del sitio paleolítico de Schöningern. Journal of Human Evolution 89,214-225.

-Serangeli. J., et al, 2015: “Overview and new results from large-scale excavations in Schöninger”. Journal of Human Evolution V. 89, pp 27-45.

-Thieme,H., 1997: Lanzas de caza del Paleolítico Inferior de Alemania. Nature, 385, pp 807-810.

-Wagner. E., 1995: Konstanz I: Großsäugetiere im Travertingebiet. Konrad Theisis Verlag, Stuttgart.




miércoles, 18 de octubre de 2017

INTERCAMBIO DE OBJETO DE HUESO ENTRE COMUNIDADES DEL MESOLITICO

En 2013 se realizó una excavación en un estanque de peces de la aldea de Golebiewo, en Polonia central. En el registro se encontró un objeto identificado como un “bastón de mando perforado”, elaborado a partir de la asta de reno (Rangifer tarandus). Debido a la importancia del hallazgo, en 2015 se realizó en aquel lugar una intervención de extensión, pero no se obtuvieron nuevos hallazgos de instrumentos del paleolítico.
El bastón mide 30 cm de largo y 2-3 cm de diámetro. A  lo largo de su superficie está grabada una serie de motivos triangulares  y presenta un gran agujero en uno de sus extremos.
Según los diferentes análisis, tanto de carbono-14 como de ADN para determinar la antigüedad y la especie animal, así como de carbono y nitrógeno, y de isótopos de oxígeno para estimar el lugar geográfico de origen del animal,  se ha determinado que se trata de un asta de reno y que tiene una antigüedad de 10.000 años, por lo que pertenece al período mesolítico inicial de la zona.
El hecho de que fuese un objeto aislado en el registro y, sobre todo, fabricado en asta de reno, puso en alerta a los investigadores, ya que los renos en esa época se extendían únicamente por el norte de Escandinavia y el noroeste de Rusia.
Para los autores del hallazgo, el bastón perforado es un objeto que representa el arte de los cazadores-recolectores del holoceno inicial. Y entre las diferentes hipótesis que se barajan, se considera que pueden tener distintas funciones, entre las que se encuentran: ser un obsequio que una población realiza a otra; ser de carácter ritual; o bien ser arpones, azadones o herramientas utilizados para fijar cuerdas a las chozas.
Creo que lo más significativo del hallazgo es la distancia que separa la zona donde fue creada, posiblemente en el sur de Laponia, de la zona donde fue encontrada: el centro de Polonia. El objeto fue desplazado unos 1.600 km. Lo que se intuye es que posiblemente hubo un intercambio de útiles  entre los grupos de cazadores-recolectores a principios del Holoceno.

Referencia:

-Osipowicz, G, et al; 2017: Origin of the ornamented baton percé from the Golebiewo site 47 as a trigger of discussion on long-distance exchange among Early Mesolithic communities of Central Poland and Northern Europe. PLoS ONE 12 (10).




Bastón perforado de Golebiewo 47, (Foto - J. Kuriga)


Bastón perforado de Golebiewo 47, (Dibujo de B. Kawalewska)





martes, 13 de septiembre de 2016

CUEVA DE EL PENDO (Camargo, Santander)

Uno de los eslóganes con los que se presenta Santander es Cantabria Infinita, por la diversidad de parajes que conserva, entre ellos, la gran cantidad de cuevas prehistóricas que han perdurado hasta nuestros días.
En pleno valle de Camargo, en la localidad de Escobedo, se encuentra la cueva El Pendo; fue una de las primeras cuevas descubiertas en la cornisa cantábrica y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008.
Esta cueva se formó a lo largo de miles de años. El arroyo que recorre la sierra del Peñajarao fue erosionando la roca del farallón calizo donde se abre la gruta, abriéndose paso y confirmando la existencia de un conducto subterráneo, por lo que las aguas superficiales de escorrentía alcanzan el nivel freático.
Posteriormente, los estratos de caliza dispuestos horizontalmente fueron desplomándose y los grandes bloques que cayeron desde el techo y las paredes fueron sepultando el suelo de ocupación. Todo este proceso geológico ha dado lugar a una oquedad con una boca y un vestíbulo amplios.
Esta cavidad fue descubierta por Marcelino Sanz de Sautuola, quien era muy aficionado a la arqueología, y en los años 1870 y 1880 se dedicó a explorar las tierras de Santander en busca de los orígenes de sus habitantes. Y encontró la cueva El Pendo, donde descubrió un gran número de restos óseos, algunos de ellos tallados, así como dientes de animales y objetos de pedernal tallados. Durante varios años se realizaron sondeos y catas, pero fue con el arqueólogo Hermilio Alcalde del Río, en 1907, cuando se realizó la primera referencia estratigráfica de la cueva y se descubrieron los primeros grabados: en concreto, lo que se estima que es un ave en la parte más profunda de la cavidad y un posible caballo.
Han sido muchas las intervenciones que se han llevado a cabo tanto dentro como fuera de la cavidad, y han sido varios los equipos que han trabajado, entre los que destacan los dirigidos por los arqueólogos  Jesús Carvallo y Larín, Julio Martínez Santa Olalla y Ramón Montes. Por eso, la cueva El Pendo es uno de los yacimientos más citados en la historiografía arqueológica de la Península Ibérica. Sus numerosas intervenciones han dado lugar a la publicación de tres monografías  y numerosos trabajos: la primera, publicada por el padre Jesús Carvallo y Larín en 1933; la segunda, por J. González Echegaray en 1957; y la tercera, por Ramón Montes y Juan Sanguino, en 2001, que viene a dilucidar los últimos hallazgos.
La secuencia estratigráfica de la cueva del Pendo abarca desde el Paleolítico Medio hasta la Edad del Bronce, es decir, desde hace 84.000 hasta hace 1.500 años. Los primeros habitantes de la cueva fueron los neandertales, quienes la ocuparon como hábitat. De sus ocupaciones han quedado acumulados miles de restos en depósitos de hasta 5 metros de profundidad. A través de ellos sabemos que los neandertales fabricaban utensilios de sílex obtenidos de sus alrededores.  La caza de caballos, bisontes y ciervos, así como la recolección de frutos silvestres, constituía la base de su subsistencia.  Del ciervo, el Homo sapiens aprovechaba prácticamente todo: además de su carne, los huesos y las astas le servían para fabricar bastones de mando, azagayas, arpones perforados, espátulas y agujas para coser.
El valor arqueológico de la cueva El Pendo, en un principio, se debió a su registro arqueológico y de arte mueble. No fue hasta la campaña de 1997, llevada a cabo por los investigadores Sanguino y Montes, cuando un miembro del equipo (el topógrafo) percibió la presencia de pinturas en la parte profunda de la cavidad, en concreto, en un amplio panel de 15 a 20 metros de ancho, cubierto de suciedad y de una gran cantidad de líquenes. Tras una fase de limpieza y restauración, se descubrió lo que posteriormente sería conocido como el “Friso de las Pinturas”.
Ese gran mural comprendía una decena de ciervas, cabras, caballos, zoomorfos indeterminados, así como signos y trazos pintados. La técnica utilizada es el punteado en pinturas realizadas con el tampón y el dedo, con pigmento de óxido de hierro rojo.
Podemos considerar que en la cueva El Pendo se observa una concentración de figuras parietales con características técnicas y estilísticas muy similares a las de la cueva de Covalanas.
Pero quizás la riqueza de la cueva radica en su arte mueble. El valor de las piezas encontradas no tiene ningún otro referente en toda Europa; hablamos de bastones de mando perforados, de gran finura y de laboriosidad en su elaboración. Así como una rica colección de objetos grabados en hueso y asta, tales como arpones, azagayas, bastones perforados, agujas y espátulas. Hay una rica variedad de animales representados en estos objetos, como serpientes, cabras y peces, lo que pone de manifiesto la capacidad de observación de estos grupos humanos y el realismo con que los plasmaron.
Durante este mes de septiembre se llevará a cabo la primera excavación, realizada con un equipo multidisciplinar del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social y del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de la Universidad de Cantabria, y dirigida por Edgard Camarós, junto a los codirectores del proyecto, Pablo Arias y Marian Cueto.
El objetivo de este proyecto es investigar los procesos evolutivos y el comportamiento de Homo neandertal y Homo sapiens sapiens.


Entrada a la cueva.



Vestíbulo principal.
Esplanocráneo infantil de Homo sapiens. Magdaleniense Inferior.
Venus del Pendo.
Algunas de las azagayas decoradas, arpones de una hilera de dientes, matrices óseas para agujas, agujas con ojo, punzones, punzón decorado con incisiones. Magdaleniense.
Hueso con representación de caballo. Magdaleniense Superior Final. 13.000-11.500 BP.
Bastón de mando.



jueves, 24 de octubre de 2013

HERRAMIENTAS DE HUESO DE BALLENA EN LOS PIRINEOS A FINALES DEL PALEOLÍTICO SUPERIOR

Muchas veces, junto a los restos líticos, los yacimientos  nos ofrecen restos paleontológicos de animales que habitaron en aguas continentales o marinas y que sirvieron de sustento a los grupos humanos del paleolítico.
Recientemente, Jean-Marc Pétillon ha publicado en la revista Journal of  Human  Evolution un artículo en el que plantea la revisión de los hallazgos de veintitrés yacimientos magdalenenses de la zona de los Pirineos, así como de los registros magdalenenses de la cueva de Isturiz, situada en su parte más occidental.

                                                           La imagen a tamaño completo (90 K)

En once yacimientos de la parte central de los Pirineos se halló un total de 109 artefactos de hueso de ballena, en su mayoría, cabezas de proyectil de grandes dimensiones. Según el estudio, se ha determinado que el origen de los restos óseos de ballena procedía de animales que habitaron el Atlántico y que los objetos hechos con este material fueron transportados a lo largo de los Pirineos hasta la parte central, recorriendo distancias que superaban los 350 km desde la costa.

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Este fenómeno parece haber tenido lugar durante la segunda mitad del Magdaleniense medio y la primera del Magdaleniense tardío, ca. 17,5-15  cal BP.
También se aprecian diferencias en las cabezas de los proyectiles de hueso entre el Magdaleniense medio y el superior, lo que indica un proceso evolutivo en el diseño de las armas de caza.
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El objetivo de la revisión de este  material óseo es demostrar la existencia de una red de distribución, entre la costa y el interior, tanto de herramientas como de armas de origen costero, desde la costa más occidental, donde el autor ha realizado una comparativa de los yacimientos de la cueva de Isturiz con los asentamientos en el interior. Este estudio nos  demuestra la movilidad costa-interior de estos grupos de cazadores recolectores y el contacto cultural entre ellos, que se viene desarrollando a lo largo de toda la franja franco-cantábrica durante este periodo.