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miércoles, 16 de noviembre de 2022

LAS HUELLAS FÓSILES MÁS ANTIGUAS


Pensar que, después de 3,6 millones de años, podamos ver las primeras huellas (pisadas fósiles) humanas y de animales resulta inverosímil. Este tipo de investigaciones, aunque no lo parezca, no es nada reciente. En 1976, el equipo de Mary Leakey descubrió en Laetoli los pies de tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban erguidos.

Hoy nos centraremos en las primeras huellas encontradas en el continente europeo. La aparición de las huellas de los homínidos, digamos que, no ha despertado mucho interés en el campo de la paleoantropología debido a la escasez de hallazgos y a la falta de datos en comparación con los registros fósiles óseos. Hoy en día, el número de hallazgos ha crecido y se les presta gran atención por la información que nos aportan sobre aspectos biométricos y morfométricos, referentes al tamaño y la composición de los grupos humanos, así como sobre los desplazamientos de la fauna.

El primer estudio sobre las huellas dejadas por los homínidos en la Península Ibérica se realizó en Gibraltar. En 2019, aparecieron en las dunas móviles del área de Catalán Bay. En la cantera, debido a los trabajos de explotación del sedimento arenoso, se ha expuesto la estructura interna de las dunas del pleistoceno, donde se acumulan depósitos eólicos. Estos llenan las cuevas marinas y cubren las laderas, formando rampas de arena colmatada y débilmente cementada, lo que permite que el registro se conserve en óptimas condiciones.

Después de unos años, se produjo una serie de derrumbamientos naturales de arena, lo que provocó la aparición de más material. Las huellas corresponden a cinco morfotipos de pisadas de mamíferos como el ciervo, el íbice, el uro, el leopardo y el elefante, así como a la de un humano joven, posiblemente un neandertal, y han sido reconocidas en secciones transversales. Las dataciones se realizaron mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), con una edad de 29.000 años. Estos hallazgos constituyen el primer registro paleoecológico en los sedimentos eólicos de Gibraltar. La datación de las huellas situadas en el MIS 2 corresponde al tránsito del paleolítico medio al superior y coincide con los registros fósiles hallados en Gorham’s Cave y Vanguard Cave, excepto Elephas antiquus, que sólo ha sido identificado en un único lugar del Peñón y está asociado a registros del último ciclo glacial.

Poco tiempo después, en 2020, un equipo de investigación encabezado por Fernando Muñiz y Carlos Neto localizó una superficie del Pleistoceno Superior atestada de huellas y rastros, que quedaron expuestos en la base del acantilado de “El Asperillo” (con una altitud de 20-22 m y una longitud de 35 km, situado en el Parque Nacional de Doñana, Matalascañas, Huelva), como consecuencia del temporal. Se trata de una superficie pisoteada, relacionada con áreas encharcadas de aguas poco profundas en una posición interdunar, muy similar a las que se producen hoy en día en el Coto de Doñana.

 Esta superficie pisoteada registra huellas de animales como Bos primigenius, Cervus elaphus, Sus scrofa, Palaeoxodon antiquus y Canis lupus, así como de aves acuáticas (Anatidae, Charadriiformes). Para estos investigadores, la mayoría de las huellas corresponden a una megafauna típica de estos periodos, que vivía en esta zona, como los uros de gran tamaño, los elefantes de colmillos rectos y la especie de jabalí Suidichnus galani, que es tres veces mayor que el cerdo actual y posible descendiente de este, así como a leones y leopardos. Este sería un lugar de caza, donde los grupos humanos encontraban en los grandes vertebrados, como los elefantes, una presa fácil, pues se trataba de hembras parturientas y de sus crías.

Las huellas se encontraron bajo una capa de dunas fosilizadas, con una datación de 106 ka mediante termoluminiscencia (OSL), y corresponden a la etapa MIS-5 o al último interglacial. Los grupos humanos que habitaban la Península Ibérica probablemente eran neandertales. En aquella época, la línea de costa se encontraba a 20 km mar adentro de la actual.

En 2022, el Grupo de Investigación de Geociencias Aplicadas de la Universidad de Huelva, encabezado por Eduardo Mayoral, se encargó del estudio de las huellas fósiles de animales y de las de origen humano. En esta nueva fase de estudio, se han tomado muestras de cuatro niveles sedimentarios para contrastar los resultados con los de la campaña anterior y la edad de los restos fósiles ha quedado definida en 295,8 ± ka.

Las demás muestras han arrojado edades de 271±15,8 ka y 232,8±13,1 ka, y el nivel más joven se sitúa en la base de una unidad eólica con una edad de 203,8±12,7 ka. Con estas nuevas dataciones, el yacimiento queda adscrito al pleistoceno medio y no al pleistoceno superior, como se había establecido anteriormente. Y las huellas estarían asociadas a individuos de Homo heidelbergensis, pero no se dispone de registros óseos de pies que permitan compararlos.

Hasta la fecha, el grupo de investigación se planteaba que las huellas humanas pertenecían a neandertales. Aquí, la cosa se complica: en Europa sólo hay, hasta la fecha, dos yacimientos con registros de huellas de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata (Niza, Francia) y el de Roccamonfina (Italia).

El yacimiento de Terra Amata fue excavado en 1961 por Henry Lumley, quien estableció dos momentos de presencia humana: uno más antiguo, situado en la playa junto al mar, correspondiente a un período cálido hace 400 ka. Y un asentamiento moderno situado en una duna costera, durante un período de enfriamiento hace unos 380 ka. Mostraban una rica presencia de fauna (Palaeoloxodon antiquus, Cervus elaphus, Bos primigenius, Stephanorhinus hemitoechus, Sus scrofa, Hemitragus bonaldianus), con industria lítica achelense. La fauna es típica del período cálido MIS 11-8. En este lugar se localizó una huella humana de un individuo que podría medir 1,55 m. Estudios posteriores realizados en este yacimiento, por Paola Villa, interpretan resultados distintos y abogan por que se había producido una serie de desplazamientos verticales de los materiales entre los distintos niveles y lo consideran un palimpsesto.

La datación realizada en esta revisión de materiales se situó entre 230 ka (OSL) y 380 ka (ESR). Sin lugar a dudas, es un extraordinario yacimiento, pero las pisadas no pueden valorarse en un período determinado.

Otro registro con huellas de homínidos fue descubierto en 2003, cerca de la localidad de Foresta (Italia), y también muy cerca del volcán extinto Roccamonfina. Allí aparecieron las huellas de un individuo adulto y de cuatro jóvenes que caminaban por la ladera de la montaña, supuestamente pertenecientes a Homo heidelbergensis. Dada la pendiente de la ladera, tuvieron que apoyarse con las manos, por lo que se han registrado 56 huellas de pisada y algunas de manos. La estatura de los individuos era de aproximadamente 1,55 m. La datación los sitúa entre 325.000 y 385.000 años. Las huellas se han conservado porque quedaron cubiertas por una fina capa de cenizas volcánicas.  Los investigadores de este hallazgo aseguran que las huellas pueden pertenecer a Homo heidelbergensis, pero no lo afirman hasta que dispongan de nuevos datos.

En la costa de Norfolk (Reino Unido) han aparecido huellas de homínidos con una antigüedad de 780.000 años. Gran Bretaña, en aquella época, todavía estaba unida por tierra a Europa continental, y lo que hoy es el yacimiento de Happisburgh debió de ser una zona de marisma de un gran río. Este yacimiento es conocido desde 2005, cuando se constató la existencia de una industria lítica de pedernal, sobre todo de lascas y núcleos; además, los huesos presentaban marcas de corte. Según las evidencias de flora y fauna, se pueden atribuir a la última parte de un interglaciar, fechada con base en evidencias bioestratigráficas y paleomagnéticas, correspondiente a la fase del Pleistoceno temprano, entre MIS 21 y MIS 25.

En 2013, aparecieron huellas de homínidos adultos y jóvenes; medían 0,93 m y 1,73 m, respectivamente, y posiblemente pertenecían a una familia que caminaba por la orilla del río. Atendiendo a la fecha y a las medidas de las pisadas, la única especie conocida en Europa occidental es Homo antecessor. Es un rango que no ofrece muchas alternativas, pero, sobre todo, son huellas muy frágiles que han sido destruidas por la erosión costera.

Para el equipo de Mayoral, esta nueva datación sitúa a las huellas en su conjunto en un marco paleoambiental y por supuesto una reconsideración taxonómica de las huellas de homínidos, que en un principio se han podido identificar con toda claridad 87 pisadas, que quedaron registradas en una zona pantanosa al borde de una zona encharcada muy poco profunda que se situaría muy cerca de la línea de costa y al resguardo del cordón de dunas; y de las cuales 31 están longitudinalmente completas y miden 14 a 29 cm. De estas huellas, 7 están asociadas a niños, 15 a adolescentes, 9 a adultos y 11 a niños y adolescentes. Dada la amplia gama de tamaños de las huellas, se cree que se trata de un grupo social integrado por individuos de diferentes edades, distribuidos entre niños, jóvenes y adultos.

Estos momentos corresponden a distintos estadios climáticos, entre una época cálida (MIS-9) y su transición hacia el MIS-8, cuando se produjo una glaciación. Se trata, pues, de una evolución climática de cálida a fría.

Ante todas estas evidencias, surge el debate: aparte de las pisadas de EL Asperillo, no se conocen otras huellas de homínidos en los estudios del Pleistoceno medio, por lo que se cuestiona si dichas huellas pertenecen a neandertales. Tras los resultados de las dataciones, hay evidencia para afirmar que se trata de homínidos preneandertales, pero, como hemos valorado, sólo hay dos yacimientos con dataciones de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata, donde las evidencias no son muy claras, y el de Norfolk, que se aleja mucho en el tiempo y en el tamaño de las huellas; además, las huellas de Norfolk desaparecieron tras quedar expuestas a los temporales. Y la tercera posibilidad es la de Roccamonfina, que se ajusta a las dataciones, pero el responsable del estudio no afirma que se trate de pisadas de Homo heidelbergensis; necesita más datos para verificar esa hipótesis. Los dos únicos paralelos con evidencia más clara son los de Theopetra (Grecia) y Biache-Vaast (Francia), pero están adscritos a los neandertales y no a Homo heidelbergensis.

El grupo de investigación de Matalascañas, encabezado por el Prof. Eduardo Mayoral, determina que las huellas de homínidos probablemente corresponden al linaje neandertal (Homo neanderthalensis y Homo heidelbergensis), pero aún faltan huellas bien conservadas para apreciar rasgos morfométricos, como pies anchos, asociados a los neandertales. La falta de registros óseos de esta época dificulta la comparación y deja la puerta abierta, hasta nuevos estudios, a que se trate de homínidos preneandertales. Para este equipo se plantea la hipótesis de que se trata de grupos de cazadores-recolectores que se desplazan por la zona o bien que desarrollan actividades de pesca o marisqueo aprovechando los recursos del territorio.

Sin lugar a dudas, se trata de un yacimiento de características excepcionales, pues constituye el primer registro de huellas de vertebrados fósiles en el Golfo de Cádiz. Este momento resulta especialmente interesante para comprender las ocupaciones humanas en Europa durante el Pleistoceno. Este tipo de evidencias nos permite aproximarnos a entornos paleoambientales y paleoecológicos y, sobre todo, a las condiciones sedimentológicas en las que fueron depositadas, algo hasta ahora poco conocido. Además, es el único yacimiento hasta la fecha, en cuanto a tamaño y registro de huellas tanto de animales como de homínidos, que nos revela un único momento de la vida de un grupo humano prehistórico, porque lo que tenemos hasta ahora son sólo datos arqueológicos que nos aportan información sobre la cultura material y las actividades del grupo.

Referencias:

- N. Ashton et al, (2014): Hominin footprints from Early Pleistocene deposit at Happisburgh, UK. PLoS ONE 8, e88329.

- F. Muñiz et al, (2019): Following the last Neanderthals: Mammal tracks in Late Pleistocene coastal dunes of Gibraltar (S. Iberian Península). Quaternary Science Review, V 217, pp 297-309.

-M. Marshall, 2020: “Neanderthals may have climbed an active volcano soon after it erupted”. New Scientist.

- C. Neto de Carvalho et al, (2020): First vertebrate tracks and palaeoenvironment in a MIS 5 context in the Doñana National Park (Huelva, SW Spain). Quaternary Science Reviews, Vol. 243.

- E. Mayoral et al, (2021): “Tracking late Pleistocene Neandertals on the Iberian coast”. Scientific Reports nº 11, 4163.

- E. Mayoral et al, (2022): New dating of the Matalascañs footprints provides new evidence of the Middle Pleistocene (MIS 9-8) hominin paleoecology in southern Europe. Sci Re 12, 17505.


A. Marco geográfico del área de estudio y su ubicación en la Península Ibérica. B. Vista general de la superficie con las huellas. C. Sección estratigráfica simplificada del acantilado de El Asperillo. Foto: C.N. de Carvalho (2021).

Huellas de cérvidos y homínidos. Foto: E. Mayoral. 

Tipologías de pisadas de homínidos en la playa de Matalascañas (Huelva). Foto: E. Moyoral.



jueves, 3 de septiembre de 2020

LA MAYOR CONCENTRACIÓN DE MAMUTS EN CENTROAMÉRICA.

 En los terrenos del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, a unos 50 km de la capital de México, ha aparecido la mayor concentración de restos fósiles de mamuts, de unos 60 individuos, asociados a camellos, caballos, bisontes y dientes de sable, repartidos en 200 puntos del terreno.

Los trabajos de excavación están siendo dirigidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Hay que decir que en los terrenos de la zona militar de Santa Lucía está asentado lo que fue el lago de Xaltocan, donde habitaba una multitud de animales de diferentes periodos. Se trataba de una zona pantanosa en la que los animales quedaban atrapados en el fango, con la consiguiente muerte, hace más de 10.000 años.

Los mamuts llegaron a América por el estrecho de Bering durante la glaciación, hace 40.000 años. Sus restos pertenecen al último periodo del pleistoceno.

Habrá que esperar a los estudios tafonómicos y zooarqueológicos para determinar las evidencias presentes en las carcasas de los restos faunísticos.












viernes, 27 de marzo de 2020

ESTRUCTURA CIRCULAR REALIZADA CON HUESOS DE MAMUT


Las viviendas construidas con restos óseos de mamut son frecuentes entre los grupos de cazadores-recolectores en el centro de Europa durante el Pleistoceno Superior (sobre todo durante el Gravetiense).
El mamut (Mammuthus primigenius) es un mamífero extinto de la familia de los elefantes que vivía en Europa y América del Norte; tenía colmillos enormes y una robusta carcasa. Eran muy útiles como material para la construcción de viviendas. Estas construcciones suelen tener una estructura circular u ovalada y albergan en su interior uno o varios hogares.
La cabaña suele estar rodeada de varios fosos, interpretados como basureros, que contienen restos óseos de carnicería animal y artefactos líticos. 
Suelen tener una datación entre 14.000 y 15.000 años, excepto la cabaña de Molodova, en Ucrania, que corresponde a una ocupación neandertal musteriense y está fechada en 30.000 años. 
Por lo tanto, queda demostrado que los neandertales fueron, hasta la fecha, los primeros en utilizar este tipo de material óseo para construir el armazón de una vivienda.
En Ucrania, ya han sido registradas más de once cabañas; también en la República Checa, Polonia y Rumanía. En Rusia, las comunidades de cazadores-recolectores del paleolítico superior se desplazaban hacia latitudes más al norte, hacia la tundra ártica, a medida que el clima lo permitía, aunque eran zonas bastante hostiles para la vida.
Así, en plena meseta rusa central, a 480 km al sur de Moscú, ha sido descubierta una estructura circular (Kostenski 11) construida por grupos de cazadores-recolectores de la Edad del Hielo.
El material utilizado para su construcción ha sido diverso: carcasas de animales, entre los que destaca el mamut lanudo, con 64 cráneos y 51 mandíbulas inferiores. También se han valido de huesos de renos, caballos, osos, lobos y zorros. En total, ocupa una superficie de 12 x 12 metros.
Asimismo, se han recuperado 400 fragmentos de carbón vegetal procedentes de la combustión de madera de árboles como el abeto, el pino y el arce… La datación por radiocarbono de ese carbón arrojó un rango calibrado de 25.064-24.490 a.n.e. 
Además, los vegetales recuperados han sido una especie de zanahoria y unos tubérculos similares a las patatas actuales.
Ahora bien, la comunidad científica se debate sobre la funcionalidad de estos sitios. El investigador de este proyecto  (Dr. Pryor, de la Universidad de Exeter, Reino Unido) establece varias hipótesis: una de ellas es que en esta zona había abundante agua, procedente de un manantial natural que habría proporcionado agua líquida no congelada durante todo el invierno, algo difícil de encontrar en una zona de frío extremo. Por eso, se plantea la hipótesis de que fue utilizada como vivienda, aunque la estructura de Kostenski 11 es muy grande: la más grande encontrada hasta la fecha. No se podría haber cubierto con pieles ni con estructuras de madera, y en su interior sólo se han encontrado algunas figurillas de animales y herramientas de hueso, muy poca industria lítica y nada de actividad doméstica. 
También se barajan las hipótesis de un posible acceso ritual o de un almacén de alimentos.
Decir que cerca de Kostenski 11, se localizaron dos pequeñas viviendas y que en 2014 se encontró esta tercera.  Para su elaboración se requirió una buena organización social, dado que se trataba de un trabajo de gran magnitud.


Referencias:

-Alexander J.E. Pryor et al., 2020: “The chronology and function of a new circular mammoth-bone structure at Kostenski 11”. Antiquity,  2020.


Localización del yacimiento en Rusia.

Representación gráfica de las densidades de fragmentos óseos quemados hallados en Kostenki 11. Foto: A. Pryor.

Estructura construida con restos de más de 60 mamuts. Foto: A. Pryor.

Capas de sedimento que muestran signos de que hubo fuego en el sitio. Foto: A. Pryor.

La estructura ósea de mamut mide 12 × 12 mm de diámetro. Foto: A. Pryor.



domingo, 22 de diciembre de 2013

RECUPERACIÓN DE RESTOS DE FAUNA GLACIAR Y DESTRUCCIÓN DE LA CUEVA DE JOU PUERTA (Llanes - Asturias)

La cueva de Jou Puerta se localizaba en la zona de Vidiago (digo, se localizaba porque ya no existe), cerca de la localidad de Puertas. Hasta abril de 2011, cuando fue descubierta, se encontraba en un lugar virgen para el ser humano; sólo unas cuantas personas aficionadas a la espeleología y a la naturaleza conocían su ubicación. Pero debido a la construcción de la autovía del Cantábrico, se realizó  una voladura en la zona y la cavidad quedó al descubierto.
La empresa adjudicataria de la realización de las obras puso en conocimiento de la administración el hallazgo, y la Consejería de Cultura envió a un equipo de técnicos para su valoración, determinando que este carecía de interés, tanto desde el punto de vista cultural como desde el paleontológico. 
De esta forma, la Comisión Ejecutiva de Patrimonio, del gobierno de José María Zapatero, optó por la vía rápida de no detener las obras y sólo dio un mes de plazo para realizar una excavación de urgencia y extraer los restos óseos que aparecieron, obviando por completo todo el registro geológico de la formación de estalactitas y estalagmitas que conformaba la cavidad. Ante la noticia de que las obras no se desviarían de su trayectoria, los vecinos del lugar y demás visitantes de la zona hicieron acopio de las estalactitas y estalagmitas para llevárselas como recuerdo, a fin de preservar este patrimonio.
A pesar de las denuncias de la Agrupación de Amigos y Vecinos de Llanes (AVALL) para la preservación de este patrimonio, la cavidad fue totalmente destruida y hoy permanece sepultada bajo el asfalto de la autovía en el tramo de Pendueles – Llanes.
¿Qué ha pasado con la conservación del Patrimonio Geológico de la cueva? Sólo os dejaré un dato: por cada 3 cm de estalactita, se necesitan unos 5.000 años para su formación.
Bueno, pasando a la segunda parte del contenido de la cavidad, los trabajos de excavación se llevaron a cabo en junio de 2011 por el paleontólogo Diego Álvarez-Lao, de la Universidad de Oviedo. 
Los resultados del estudio han dado lugar a un trabajo muy interesante, recientemente publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (PALAEO).
En este estudio de la cueva de Jou Puerta se documenta un registro de 10 especies distintas de mamíferos, entre ellas especies de clima frío como Coelodonta antiquitatis  y Mammuthus primigenius, y especies de climas más templados como el ciervo común, el ciervo gigante o megaloceros, el corzo, el rebeco, la cabra pirenaica, el jabalí y el caballo.
Según las analíticas del estudio, la cronología de los fósiles oscila entre 36,6 y 30,2 cal ka BP, correspondiente a MIS 3, con oscilaciones climáticas que van de frío extremo a condiciones más templadas del Pleistoceno.
El hecho de que el conjunto óseo se encuentre en muy buen estado de conservación, sin alteraciones antrópicas, se debe a que la cueva sirvió de trampa natural para estos animales. Los animales se despeñaban por una dolina que comunicaba con la cavidad, sin posibilidad de salir por la altura, y quedaban atrapados en la caverna. Después, esta quedó cerrada por una cobertura de derrumbes.
El conjunto faunístico de Jou Puerta está formado por 34 animales pertenecientes a 10 especies diferentes. De los 34 individuos recuperados, 33 son  herbívoros y un solo ejemplar es carnívoro (leopardo).
Dentro del registro paleontológico se encuentran una cría de mamut lanudo (Mammuthus primigenius), con presencia de restos de molares y defensa; y  tres individuos de rinoceronte lanudo (Coleodonta antiquitatis) dos juveniles y un senil, de esta especie, si se ha podido recuperar bastante partes de su carcasa;  que configuran entre los tres un total de 105 restos óseos entre vértebras, pelvis, dientes aislados, mandíbula, extremidades, etc., el mayor número de restos encontrado de esta especie en la península hasta la fecha.
Entre los herbívoros recuperados está el ciervo, que es el más representativo, pero quizás, por su poca presencia en la península, el megaloceros, o ciervo gigante (Megaloceros giganteus), sea la especie más llamativa del yacimiento. La envergadura de sus astas alcanza los tres metros y medio, y cada una mide en torno a un metro ochenta desde la base hasta el extremo. Su altura ronda los dos metros.
Lo que destaca de este estudio es la presencia en el registro de dos tipos de fauna: uno típico de climas fríos y otro de climas más templados.
El autor determina que durante las glaciaciones del Pleistoceno en toda Europa, las poblaciones de algunas especies, como el rinoceronte lanudo, el mamut lanudo y el reno, se vieron obligadas a emigrar hacia el sur en busca de pastos. 
En la península tuvieron que convivir con especies de clima templado, como el ciervo, el corzo y el jabalí.
Para este trabajo, los autores han realizado estudios comparativos con yacimientos de Europa continental y de las islas británicas, y también han comparado las dataciones de los restos del registro de especies de clima frío con la escala de isótopos de oxígeno obtenida en los hielos de Groenlandia. Y han cotejado que la presencia del mamut, del rinoceronte lanudo y del reno en la Península Ibérica coincide con los periodos de máximo frío del Pleistoceno Superior.



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Restos óseos de Cervus elaphus, Capreolus capreolus, Megaloceros giganteus.
Foto de Diego J. Álvarez-Lao

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Restos óseos de Bovini, Rupicapra pyrenaica, Capra pyrenaica, Equus ferus,
Mammuthus primigenius. Foto de Diego J. Álvarez-Lao

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Restos óseos de Caleodonta antiquitatis. Foto de Diego J. Álvarez-Lao


 Referencia: 

-Diego J. Álvarez- Lao (2014): " The Jou Puerta cave (Asturias, NW Spain): A MIS 3 large mammal assemblage with a mixture of cold and temperate elements".  PALAEO. Vol. 393. 

Álvarez- Lao D.J, García N (2012): "Comparative revision of the Iberian woolly mammoth (Mammuthus primigenius) record into a European context". Quaternary Science  Reviews 32.    

                      

jueves, 21 de noviembre de 2013

El CAMBIO CLIMÁTICO: recolonización y filogeografía del Ciervo Rojo Europeo.


Recientemente se ha publicado en la revista Molecular Ecology (Vol.22, 2013) un informe que pone de manifiesto cómo los cambios climáticos ocurridos durante todo el Pleistoceno afectaron a la fauna y la flora de Europa.
El estudio se ha realizado a partir de datos derivados del ADN mitocondrial de muestras de ciervos rojos (Cervus elaphus L.). Se trata de un animal grande y en constante movimiento que se extendió por toda Europa en los últimos 40.000 años.
Se determina que los ciervos, antes del último interglacial, hace unos 22.000 años, se extendían por toda Europa sudoriental y por Asia occidental, y también llegaron a rebasar el Reino Unido.
Durante el máximo glaciar, el ciervo rojo se limita principalmente a las zonas del sur. En la Península Ibérica, los Balcanes y, posiblemente, en Italia y en Asia suroccidental.
Sin embargo, al final del máximo glacial, hace 18.000 años, estos animales se expandieron desde el sur hasta el norte de Europa central y oriental, incluyendo Gran Bretaña, Bélgica, Escandinavia, Polonia y Alemania.
El artículo determina que el ciervo rojo no sobrevivió en el noroeste europeo, pero sí fue reemplazado posteriormente por los ciervos que emigraron de Iberia a finales de la era glacial, por lo que hubo un intercambio genético entre ambas  áreas.
El trabajo se ha llevado a cabo en coordinación con la Universidad de Tel-Aviv, la Universidad de Cantabria y el Museo de Historia Natural de Londres.
Una vez más, las analíticas ponen de manifiesto la sensibilidad de determinadas especies frente a los cambios climáticos ocurridos durante el Pleistoceno.


Foto de la agencia EFE.


martes, 13 de agosto de 2013

UNA TRAYECTORIA: ANTONIO RUIZ BUSTOS


Este post lo quiero a dedicar al científico Antonio Ruiz Bustos, porque considero que es uno de los investigadores que más han aportado al conocimiento de la sedimentología, del registro fósil de mamíferos, de la Cordillera Bética y al estudio de la morfología descriptiva y comparada fundamentada en la filogenia aplicada en los micromamíferos; y, sobre todo, por su firmeza en la aplicación de un método científico-matemático que aúna el conocimiento de la fauna, flora y el clima, a lo largo del Cuaternario.
El Dr. Ruiz Bustos ha desarrollado toda su labor científica como miembro del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra de la Univ. de Granada (C.S.I.C.) y ha difundido su saber tanto en universidades europeas como en americanas; sus reflexiones han sido expuestas en congresos nacionales e internacionales.
Tuve la suerte de conocerlo a raíz de la elaboración de  mi tesis doctoral,  en la que me reveló y explicó las bases para la aplicación de la metodología del Espectro Biocénico y de los Biocenogramas, y pude contextualizar y aplicar su método para un mejor conocimiento del registro fósil de un yacimiento e incorporarlo a un proceso histórico. 
A pesar de que su formación ha sido en la rama de las ciencias naturales, por ningún medio podemos decir que es una persona analítica, ya que bajo esa postura de erudito, se esconde un gran conocedor del  discurso humanista. Su constante búsqueda intelectual le lleva a desarrollar un pensamiento crítico tanto en su esfera profesional como en su alocución sobre los acontecimientos sociales.  Hablar con él sobre la fauna es detener el tiempo; posee la paciencia de un buen maestro y sabe transmitirte, con un lenguaje convincente, los conocimientos básicos para comprender su discurso cartesiano.
Los trabajos que mejor reflejan su pensamiento son La Evolución Plástica que es el resultado de contextualizar la selección natural en el entramado morfológico que constituye la biomasa del ecosistema;  Escala Bioestratigráfica y Cambio Climático en la Cordillera Bética, así como, las monografías de Micromamíferos y Bioestratigrafía donde estudia el desarrollo de la estructura de la morfología dental de los mamíferos, durante la ontogenia y filogenia, además de una diversidad de artículos sobre el registro fósil, del sur peninsular.
Podemos decir que toda la obra científica, de Ruiz Bustos, tiene la finalidad, por un lado, de impulsar el estudio de los restos fósiles de mamíferos en general, ya que, su metodología se puede aplicar tanto al campo del registro fósil de los macromamíferos como de los micromamíferos, y por otra parte, una cultural, mediante la difusión del Patrimonio Geológico que constituyen los resultados de los estudios paleontológicos,  sobre taxonomía y paleoambientes.
Pero lo que más caracteriza la personalidad de Antonio es su humildad al exponer sus conocimientos y su envidiable capacidad de análisis crítico. 
A pesar de partir de formaciones diferentes, siempre busca la manera de que comprendas los conceptos. Podemos decir que es uno de los investigadores que he conocido, con una CALIDAD PERSONAL excepcional y un gran conocedor del registro fósil del Cuaternario.


Os dejo los enlaces de la síntesis de su metodología y un póster aplicado a los fósiles de los mamíferos, recientemente publicado, y su intervención en el programa de Arqueomanía:

https://www.rtve.es/play/videos/arqueomania/arqueomania-dossier-1/4663208/

l=25895273x&t=1381386912&f=Pisa20122.pdf

https://webmail.csic.es/bigfiles/descarga.php?l=25895273x&t=1381386912f=CongrsoEcoGenes.pdf




sábado, 25 de agosto de 2012

SE RECUPERA UN COLMILLO DE MAMUT EN ALEMANIA


Los obreros que trabajaban en las obras de construcción de la línea de metro Wehrhahn, en la ciudad de Düsseldorf, han recuperado un colmillo de mamut de 1,2 metros y 24 kilos. Parece tratarse de un fósil de hace 10.000 a 30.000 años, según información del Departamento de Protección del Patrimonio Arqueológico de Düsseldorf.


Los mamuts son un género extinto de mamíferos de la familia Elephantidae y existieron desde hace cuatro millones de años hasta hace unos 10.000 años. Aunque la mayoría de los mamuts se extinguieron a finales de la última glaciación, el cambio climático pudo haber sido la causa de su extinción. Habrá que esperar a los estudios analíticos para determinar cuál fue la causa de su muerte, pues, al parecer, sólo se ha recuperado un colmillo y no hay restos del resto del esqueleto del animal.

                                                              

domingo, 12 de agosto de 2012

CARNÍVOROS EN CERRO DE LOS BATALLONES

En el yacimiento del Cerro de los Batallones (Madrid)  se viene trabajando desde 1991. Se descubrió a raíz  de los trabajos de extracción de sepiolita de la empresa minera de Tolsá y es considerado uno de los yacimientos más ricos en especies de carnívoros del mundo. Campaña tras campaña, van dando a luz su riqueza  paleontológica.
Estas excavaciones están dirigidas por miembros del C.S.I.C. de Madrid y están subvencionadas por la Comunidad Autónoma de Madrid; en 2001 fueron declaradas Bien de Interés Cultural.

Los restos de fauna que se registran en este yacimiento tienen una antigüedad de nueve millones de años y, debido a su situación estratégica, que actúa como trampa natural, se han conservado en perfecto estado. 
El yacimiento consta de diez hoyos con sedimentos detríticos, de los cuales en nueve se han registrado restos óseos, y posiblemente la erosión haya destruido algunos más.

Cráneo de felino con dientes de sable. Foto: Sergio González.

Estas cavidades actuaron como trampas naturales que atraían a los carnívoros, más ágiles y con mayor facilidad de acceso. En estos hoyos también se formaron lagos efímeros, con mucho barro, donde los animales que iban a beber quedaban atrapados, sobre todo los de gran tamaño, como los rinocerontes, las jirafas, los tigres dientes de sable, las hienas, las tortugas gigantes…

Una de las riquezas paleontológicas del yacimiento son los grandes felinos con dientes de sable ,Promegantereon y Machairodus, que se extinguieron hace unos 11.000 años.
Estos felinos, con sus enormes caninos, cazaban presas de gran tamaño. Debido al hiperdesarrollo de sus colmillos, mataban a sus presas clavándolos en el cuello. Era mucho más rápido que por asfixia, porque cortaban el suministro de sangre al cerebro. De esa forma, no necesitaban una mordedura poderosa. Se extinguieron debido a la desaparición de los grandes herbívoros, en los que eran especialistas.

Excavación en Cerro de los Batallones

El hallazgo más importante de esta campaña de excavación ha sido el registro de una pieza dental, el primer molar inferior,  que confirma que en esta zona vivió el oso panda rojo, Ailurus fulgens
Se trata de un animal de mediano tamaño, de dieta vegetariana, que sólo se encuentra en el Himalaya.
De esta especie ya se habían encontrado ancestros años antes en otros yacimientos de Madrid, como Estación Imperial y Príncipe Pío, por lo que este hallazgo servirá para completar la rama evolutiva de esta familia.

                                                         
                                                            

martes, 22 de mayo de 2012

DESCUBREN EN “CAMP DELS NINOTS” UN TAPIR Y UN BÓVIDO DE TRES MILLONES DE AÑOS DE ANTIGÜEDAD

Los arqueólogos B. Gómez y G. Campeny, del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social –IPHES–, han puesto al descubierto los esqueletos de un tapir y de un bóvido de 3,3 millones de años de antigüedad en la localidad gerundense de Caldes de Malavella.
El yacimiento de El Camp dels Ninots es uno de los pocos registros donde se ha encontrado este tipo de hallazgo en conexión anatómica; el ejemplar hallado, junto a los dos hallados en las campañas anteriores, configura al yacimiento como un lugar adecuado para el desarrollo de esta especie.  El esqueleto del tapir corresponde a un individuo adulto de la especie Tapirus arvernensis, de 1,80 m de largo y 1,30 m de altura, con una masa aproximada de 250 kg.


El ejemplar de bóvido también se encuentra en relación anatómica y es una especie que apareció en Europa hace dieciocho millones de años.
El tapir es un perisodáctilo que desapareció de Europa a principios del Pleistoceno, como consecuencia de un cambio climático provocado por la ciclicidad de los periodos glaciares e interglaciares, momento en el que el paisaje subtropical fue sustituido por una vegetación de tipo mediterráneo, rica en bosque de laurisilva, chopos, sauces, encina, acebos y algunos árboles caducifolios como los nogales.
En este contexto ambiental, los tapires encontraron las condiciones idóneas para vivir. Estos animales son mamíferos muy corpulentos que se alimentan de hojas y frutas, disponibles prácticamente durante todo el año.

Esqueleto de tapir. Foto: IPHES

El tapir es uno de los mamíferos más antiguos y, básicamente, no ha cambiado mucho en los últimos 50 millones de años. Es fácilmente reconocible por su pequeña trompa y su cuerpo grande y robusto, conservando un aspecto primitivo que no recuerda en nada a sus parientes lejanos actuales, como los equinos y los rinocerontes.


Hoy en día se encuentra en Centroamérica y Asia; pertenece a la especie Tapirus indicus, cuya principal característica es el marcado contraste entre su dorso blanco y el resto del cuerpo negro. Su peso oscila entre 250 y 350 kg. Son animales solitarios que se alimentan exclusivamente de plantas y, en general, pastan tranquilamente en el bosque.