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miércoles, 24 de mayo de 2023

DÓLMENES CRISTIANIZADOS EN PORTUGAL

Los grandes monumentos megalíticos construidos con bloques de piedra se han extendido por toda Europa occidental, prácticamente desde el neolítico hasta los siglos II y I a. n. e.

Los registros megalíticos en Portugal son más abundantes que en la Península Ibérica. Sí, es verdad que en el estudio del megalitismo portugués aún hay muchas lagunas y que la historiografía refleja poco el fenómeno megalítico. Pero, verdaderamente, el estudio del megalitismo en Portugal no ha empezado a despegar hasta hace unas décadas, con los trabajos del profesor João Luís Cardoso y de Rui Mataloto.

Todos los espacios dedicados a la muerte, en épocas tanto prehistóricas como protohistóricas, están cargados de un fuerte simbolismo mágico-religioso, por un lado, como lugares de culto, y por otro, como marcadores de un territorio, sin olvidar los procesos vinculados a la complejidad social temprana y a la jerarquización de la economía política, con el intercambio de productos.

Los monumentos megalíticos mejor representados en Portugal son el dolmen, el menhir y el crómlech. Hoy vamos a ver una serie de dólmenes convertidos en capillas o iglesias.

La mayoría de los casos de la conversión de dólmenes en capillas se relacionan con el avance del cristianismo.  Fue a finales del Imperio romano cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Estado. Su expansión fue prolífica, sobre todo en las ciudades absorbidas por las clases dirigentes, mientras que en el medio rural las tradiciones paganas perduraban. De ahí que, en la Alta Edad Media, se comiencen a integrar elementos arquitectónicos, como lugares sagrados, y vayamos viendo cómo los dólmenes se transforman en capillas. La Iglesia católica se consagró a prohibir el culto a las piedras; para ello, se convocaron varios concilios, como los de Epaona y Nicea, en los que las piedras destinadas al culto quedaban prohibidas, ya que en la época se mezclaban el cristianismo y el paganismo; digamos que el cristianismo sacralizó las figuras paganas. Estas estructuras, que quedaban al descubierto, fueron consideradas obras divinas por su magnificencia y asumidas por las comunidades católicas como lugares de culto. El hallazgo, en su interior, de restos humanos era interpretado como reliquia de santos y así pasaba a formar parte del ritual católico.

En Portugal tenemos varios casos de dolmen capilla, como el de São Brissos (Évora, Portugal), el de Alcobertas (Río Mayor) y el de San Denis de Pavía (Mora, Portugal). Este último se encuentra en el centro de la localidad de Pavía, en el distrito de Évora. Este dolmen fue transformado en el siglo XVII. Consta de siete ortostatos de granito y la cámara ha sido transformada en un pequeño altar decorado con lujosos azulejos; sus paredes están encaladas. El corredor ha desaparecido. Fue declarado Monumento Nacional de Portugal en 1910.

Este dolmen fue excavado fortuitamente por Vergílio Correia en 1914. Fue conservador del Museo Etnográfico y director del Museo Nacional de Arte Antiguo en Portugal; su trayectoria arqueológica es más conocida por sus trabajos en la ciudad de Conimbriga. Su única monografía está dedicada a “El neolítico de Pavía” (1921).

El dolmen-capilla de Alcobertas se localiza en pleno Parque Natural das Sierras de Aire e Candeeiros. Se encuentra anexo a la Iglesia de Santa María Magdalena, de reciente construcción. Es un dolmen de corredor; conserva la cámara y el corredor, formados por ocho ortostatos, y no conserva la cubierta o cobija, sustituida por una cúpula. Para visitarlo, tienes que acceder a la iglesia y, a través de un arco, al corredor que te lleva a la cámara, convertida en un pequeño altar. Es Monumento Nacional desde 1957.

Tenemos que decir que la conservación de los dólmenes, han sufrido multitud de variantes a lo largo de la Historia, algunos han sido destruidos, otros conservados por camuflarse con el paísaje, otros se han perdido por la expansión urbanística de las ciudades, otros están adosados a las viviendas sirviendo de pilares de apoyo, reutilizados como base de viviendas, integrados en los muros de piedras de las lindes, pero hay muchos dólmenes, túmulos y menhires que se localizan en terrenos privados y son conservados, por sus dueños. Otros han sido convertidos, como hemos visto, en capillas, pero este fenómeno no es exclusivo de Portugal; también lo encontramos en España, como es el caso de Cangas de Onís (Asturias). En Europa también se han registrado estos hechos, como en Francia, Escocia, Irlanda e Inglaterra.

Referencias:

-Coreia V., 1921: El neolítico de Pavía (Alentejo, Portugal). Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. MNCN.Madrid.

-Oliveira, J., 2018: “La cristianización de monumentos megalíticos funerarios en Portugal”. Antropología. Memorias. VI Simposio Internacional de Arte Rupestre. La Habana.



Dolmen-capilla de San Denis de Pavía (Mora, Portugal)







Dolmen-capilla de Alcobertas






viernes, 27 de enero de 2023

CONJUNTO MEGALÍTICO EL POZUELO (Zalamea la Real-Huelva)


Huelva es quizás una de las provincias con el mayor número de dólmenes: en concreto, 250 monumentos megalíticos. Su distribución geográfica se extiende por las comarcas del Andévalo y de la Sierra y su presencia es baja en la zona costera. Esto puede deberse a la falta de estudios. Las dataciones más recientes de la zona de Zalamea la Real se sitúan en el III milenio cal. ANE (Cobre) y el II milenio cal. ANE (El Bronce).

 El conjunto dolménico de El Pozuelo fue excavado en 1945 y 1946 por Carlos Cerdán. Los resultados fueron publicados en 1952 y desde entonces el grupo se ha erigido en el mejor documentado del megalitismo onubense.

Si comenzamos la visita a los dólmenes por el grupo de los Llanetes, nos encontraremos en la zona más alta de la mina de Chinflón. Su mineralización corresponde a grandes afloramientos de cuarzo que presentan vetas de malaquita y de óxidos de hierro. La explotación de estos carbonatos de cobre comienza en la prehistoria reciente y se intensifica durante el Bronce Final.

Para su exploración, se construyó una serie de trincheras, hechas con picos de mineros provistos de surcos de enmangue, realizados en cantos rodados de andesita. Entre 1907 y 1910 fue explotada como empresa familiar, con una gran producción de mineral. Se documenta la existencia de un pequeño poblado minero en las cercanías de la mina. Éste fue excavado en 1976 por Beno Rothenberg y en 1978 por Manuel Pellicer y Víctor Hurtado. Donde se documentaron una gran cantidad de martillos de mineros y fragmentos de cuencos cerámicos.

Digamos que estos conjuntos de dólmenes se agrupan en dos conjuntos de importancia, situados en torno a los arroyos tributarios del río Tinto. Uno de los grupos es el de Los Llanetes (dólmenes 1, 2, 3 y 4) y el otro, el de El Riscal-La Veguilla (dólmenes 5, 6, 7, 8 y 9). En el primer grupo, en Los Llanetes, se encuentran los dólmenes 1-2 y 3-4, ubicados en los puntos más altos y separados entre sí por el ramal del barranco; este complejo se sitúa en el nacimiento de un valle.

Entre los años 1988 y 1999, se inició la puesta en marcha del proyecto de “Puesta en valor de los dólmenes de El Pozuelo”, por el equipo de  F. Nocete, uno de los conjuntos megalíticos más representativos del momento en el sur peninsular. La primera actuación, además de la limpieza, consistió en la consolidación y restauración de los monumentos megalíticos. El objetivo del proyecto era, además de recuperar estos restos arqueológicos, convertirlos en un instrumento que fomentara una actitud crítica, activa y comprometida con la tutela del patrimonio. Este conjunto consta de 18 monumentos, de los cuales 9 dólmenes han sido puestos en valor y pueden visitarse. En el año 2002 fue declarado B.I.C. con categoría de zona arqueológica. 

En general, su arquitectura es muy peculiar en comparación con otros dólmenes de la península, porque tiene múltiples cámaras; accedemos a ellas desde una única entrada, que luego se bifurca, y aparecen cámaras laterales. Estas cámaras están cubiertas por una serie de túmulos circulares que se adaptan a la irregularidad del terreno y se construyen mediante la acumulación de bloques de piedra o de pequeñas losas de pizarra. La materia prima para su construcción es de origen local, con predominio de filitas.

En los enterramientos del pozuelo se depositaron objetos votivos junto a los difuntos. Los objetos más frecuentes son las herramientas talladas (cuchillos, puntas de flecha, perforadores) y las pulimentadas (hachas), así como las vasijas cerámicas y los objetos relacionados con las actividades cotidianas. También aparecen objetos de adorno personal, como las cuentas de collar, elaboradas con diversos materiales. Igualmente, se han identificado dos clases de ídolos: los cruciformes y las placas. En varias tumbas se encuentran vestigios de pintura sobre los ortostatos, así como restos de ocre asociados a suelos y a artefactos votivos.

En esta zona de Huelva se presenta una serie de condicionantes que permiten desarrollar un discurso de difusión estructurado sobre los diversos paisajes megalíticos de la prehistoria reciente. En éste área del suroeste peninsular; desde el neolítico, con la aparición de las primeras comunidades campesinas en el V milenio a.n.e, pasando por los complejos grupos sociales de la Edad del Cobre, el episodio de mayor extensión territorial y variedad de construcciones megalíticas, hasta la edad del Bronce Antiguo, cuando las sociedades desigualitarias rompen con la tradición megalítica o reutilizan estas arquitecturas de los antepasados con otros usos y significados.

Referencias:

-Cerdán, C., Leisner, G., Leisner, V., 1952: Los sepulcros megalíticos de Huelva: Consejería de Excavaciones Arqueológicas. Madrid.

-García Sanjuán, L., 2009: Las grandes piedras de la prehistoria, sitios y paisajes megalíticos de Andalucía. Junta de Andalucía.

-Linares Catela, J. A., 2011: Guía del Megalitismo en la provincia de Huelva. Una visión de los territorios, paisajes y arquitecturas para la difusión del patrimonio megalítico. II Congreso de Prehistoria de Andalucía. Consejería de Educación, Cultura y Deporte.  Junta de Andalucía. Sevilla.

-Nocete, F.; Lizcano, R. y Bolaños, C. 1999: Más que grandes piedras. Patrimonio, Arqueología e Historia desde la primera fase del programa de puesta en valor del conjunto megalítico de El Pozuelo (Zalamea la Real, Huelva). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Sevilla.

-Vidal, R., 2012: La minería metálica prehistórica en la Península Ibérica. Lurralde, 35: 67-78.

Mina de Chiflón
Mina de Chiflón


















viernes, 4 de febrero de 2022

CONJUNTO MEGALÍTICO DE MONTEHERMOSO (Cáceres).

 

Con el nombre de megalitos se asocia una serie de formas arquitectónicas muy variadas; se denominan así por tratarse de construcciones hechas con grandes piedras, que van desde el granito hasta los esquistos, la cuarcita y el cuarzo…

Los dólmenes son de uso funerario, pero además de ser lugares de enterramiento, también fueron grandes centros. Estos reflejan un rico testimonio del conocimiento de estas sociedades, que dejaban impresos en los ortostatos diversos dibujos y representaciones, como astros, espirales, motivos ramiformes, etc. Y que constituyen una aportación significativa al estudio de la ideología y del concepto de “espacio megalítico” en toda esta zona.

Muchos megalitos han desaparecido de nuestra campiña, pero otros han quedado integrados en el paisaje rural, como ocurre con el conjunto megalítico de Montehermoso.

La localidad de Montehermoso se encuentra al norte de Cáceres, cerca de la Sierra de Gata. Su situación geográfica es privilegiada porque se ubica en un cruce de caminos de gran afluencia en todas las direcciones, lo que le confiere un punto de encuentro estratégico para los desplazamientos. Esto, unido a que es una orografía rica en cursos de agua y zonas alomadas, la ha convertido en lo que hoy es: una rica dehesa antropizada mediante la manipulación del medio.

La dehesa Boyal de Montehermoso es un parque periurbano de conservación y ocio; es propiedad municipal y se encuentra al sur de la población, donde se realiza una amplia variedad de actividades arqueológicas. En definitiva, es un lugar de esparcimiento y disfrute para la ciudadanía. Esta dehesa alberga varios dólmenes con corredor y cubierta tumular. Son monumentos de gran magnitud, construidos hace 6.000 años, que sirvieron como tumbas colectivas de un grupo humano unificado por el parentesco. Durante el neolítico, las relaciones sociales más destacadas en el registro arqueológico se evidencian en la construcción de enterramientos colectivos. Estas serían las plasmaciones mediante las cuales los grupos de parentesco colectivos demarcaban un territorio que reivindicaban como propio.

En esta dehesa, entre 1998 y 2000, se realizó la primera Carta Arqueológica por un equipo de la Universidad de Madrid, dirigida por Marisa Ruiz Gálvez (en la que se documentaron más de veinte estructuras megalíticas), a raíz de una publicación de Ángel Paula que daba a conocer la presencia de dólmenes en la zona. Estos dólmenes son sepulturas de cámara circular, construidas con enormes bloques de granito, encajados en el suelo mediante una zanja de cimentación, calzados con piedras y cubiertos con una gran losa. Algunos presentan un pasillo o corredor corto que daba acceso al recinto funerario. Los tres conjuntos que se han puesto en valor son: el Dolmen del Tremedal, el Gran Dolmen y el Dolmen de La Encina.

En 1999 se comenzó a excavar uno de los dólmenes, el Tremedal, ubicado en una pequeña elevación y que presenta una cámara circular y un pequeño corredor. La cámara está formada por tres círculos que rodean la sala central. Del ajuar recuperado cabe destacar los microlíticos geométricos y las cuentas de collar, elaborados en pizarra y en piedra negra y verde, que no son originarios del lugar.

El Gran Dolmen, o Dolmen de las Colmenas , se localiza en una pequeña colina y está formado por una cámara y un corredor. Aquí se distinguen dos anillos concéntricos alrededor de la cámara: grandes losas de esquisto y de granito. El ajuar es muy parecido al del dolmen de Tremedal, con motivos geométricos sobre láminas. Hay cerámica, aunque bastante imperfecta, y un molino de granito.

El Dolmen de La Encina, como los anteriores, se sitúa en una pequeña elevación del terreno. Es de cámara circular de granito y de un largo corredor. Aquí apareció un rico ajuar en la misma línea que los anteriores: láminas de sílex geométrico, cuentas de collar, fragmentos de cerámica y una representación de hachas y azuelas de fibrolita. Es interesante la aparición de colgantes circulares de pizarra con decoración pictórica.

A cierta distancia, en estos dólmenes, se aprecia cierto colorido en sus bloques, ya que en su construcción se usaron piedras de diversos colores, como el cuarzo blanco, la pizarra gris o el granito rosado, para realzar su notoriedad.

Estos estudios han permitido conocer la estructura social y económica de las comunidades, tanto del neolítico inicial como del final, que vivieron en las tierras productivas del noroeste de Cáceres.

Para terminar, hay que decir que los cambios que se están llevando a cabo en los sistemas de catalogación, así como en los mecanismos de protección y en los programas de difusión y de proyección social, dejan entrever que se avanza en la recuperación de nuestro patrimonio arqueológico en general y del megalitismo en particular.

Referencia:

-         López Plaza, S., Francisco, J. L., Salvador, R., 2000: Megalitismo y vías naturales de comunicación en el SO salmantino. En las Actas del III Congreso de Arqueología Peninsular, vol. III, pp. 271-288.

   - Ruiz-Gálvez Priego, M.ª L., 2000: El conjunto dolménico de la dehesa boyal de Montehermoso. En Extremadura Arqueológica VIII, pp. 187-207.

   - Jiménez Ávila, J. y Barroso Expósito, C., 2000: El Megalitismo en Extremadura: Problemas de catalogación, conservación y difusión social. En homenaje a Elías Diéguez Luengo. Mérida, pp. 395-421.

 











sábado, 30 de octubre de 2021

EL DOLMEN DE LA GRANJA DEL TORIÑUELO (Jerez de los Caballeros-Badajoz)


Interior del dolmen. Foto: Ayto. de Jerez de los Caballeros

En plena dehesa de Jerez de los Caballeros (Badajoz), se encuentra el dolmen de La Granja del Toriñuelo. Este monumento es la manifestación más representativa del megalitismo en la comunidad extremeña. El hecho de que el resto de construcciones funerarias, como los menhires o crómlech, no esté presente en la zona no quiere decir que no estén presentes en la zona; simplemente que no se han conservado, ya que estos terrenos han sufrido demoliciones para facilitar las labores agrícolas y ganaderas. También hay que tener en cuenta que los grandes bloques eran sometidos a explosiones para reutilizarlos en la construcción, como vimos con el dolmen de Lácara y, sobre todo, con los expolios a los que han sido sometidos.

La primera documentación acreditada del dolmen nos llega de la mano de José Ramón Mélida. Sus trabajos fueron trascendentales para la arqueología extremeña en los primeros años del s. XX, concretamente entre 1907 y 1930, destacó, sobre todo, por sus investigaciones y trabajos en la elaboración de los catálogos monumentales de Badajoz y Cáceres; no hay que olvidar los realizados en Mérida y la investigación sobre el tesoro de Aliseda.

En 1914, Mélida incluyó en su catálogo el dolmen de la Granja, donde realizó una representación gráfica de un dolmen de corredor adintelado (tholoi) y de cámara circular con cubierta de falsa cúpula.

De este gran monumento megalítico, cabe destacar que está formado por una cámara funeraria central cubierta con una falsa cúpula, un corredor adintelado, largo y estrecho, que da acceso a la entrada anterior, y por un promontorio tumular que cubre todo el conjunto, así como por un anillo perimetral.

La cámara central estaba cubierta por una falsa cúpula, construida mediante la técnica de hiladas, con piedras de pizarra planas y rectangulares, dispuestas a hueso. El corredor está unido en dos tramos por grandes bloques de granito. Se conservan 25 ortostatos en el lado norte y 19 en el lado sur.

El túmulo llegó a cubrir todas las estructuras descritas, aunque estas han sufrido numerosas alteraciones a lo largo del tiempo, debido tanto a factores ambientales como a factores humanos. El lugar fue reutilizado para una edificación de época romana, también por las labores agrícolas y por excavaciones sin ningún tipo de control, ni conocimientos de excavación arqueológica, por lo que las estructuras fueron muy dañadas, como abrir por la parte de arriba, estropeando de esta forma la falsa cúpula, que estaba formada por aproximación de hiladas de piedras, aun así, el monumento conserva su cámara y arranque original de la cubierta de falsa cúpula y las piedras que sirvieron de refuerzo perimetral de la construcción, así como contrafuertes circulares destinados a impedir el hundimiento del montículo.

 En el interior del sepulcro se han encontrado restos de representaciones, tanto pinturas rojas y negras como grabados, distribuidos entre los ortostatos de la cámara y del corredor. Se conservan motivos grabados mediante la técnica de incisión y piqueteado.

La temática de la pintura, encuadrada en el arte esquemático, es bastante variada: reticulados, zigzags, círculos, grafías rectangulares, así como temáticas naturalistas, como antropomorfos, cazoletas, soles…

En cuanto al ajuar, hay que decir que ha sido escaso debido a los continuos expolios, como hemos comentado. Pero se han conservado huesos, cuchillos de sílex, un hacha de piedra y cristal de roca. A la entrada del corredor se encontró la estela antropomorfa, depositada en el patio de la finca, y fue hallada por Georg Leisner (1934), quien la publicó en una revista que, en aquella fecha, dirigía Hugo Obermaier, y, gracias a la influencia de este, fue donada al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Y una fíbula de codo de bronce, de la época del Bronce Final, y materiales cerámicos romanos procedentes de la reutilización constructiva del monumento.

La función de este monumento funerario megalítico es la de tumba colectiva, donde posiblemente se enterraba a los difuntos de los poblados calcolíticos vecinos, con un ajuar muy modesto. Para su construcción, se requería la participación de un gran número de personas durante un tiempo, debido a la necesidad de transportar las pesadas losas y ortostatos desde la cantera de extracción hasta el lugar donde se construiría el dolmen.

La última campaña de restauración integral finalizó en 1995 y fue supervisada por M.J. Carraco. La restauración fue dirigida por Carmen Cienfuegos y ha constituido una obra de considerables proporciones con la restitución de la falsa cúpula y un armazón de hormigón sobre el corredor para permitir el acceso a través del mismo. También se ha instalado cartelería para las visitas. En 2019, el dolmen fue declarado Bien de Interés Cultural, de categoría de zona arqueológica, dentro del Monumento Nacional Sepulcro Megalítico de la Granja del Toriñuelo.

Referencias:

-          Mélida, J.R. 1925: Catálogo monumental de España. Provincia de Badajoz (1907-1910). Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

-          Carrasco M.J. 2000: “El sepulcro megalítico de La Granja del Toriñuelo”. Jerez de los Caballeros (Badajoz). El megalitismo en Extremadura. Extremadura Arqueológica VIII. Mérida.

-          BOE, núm.106, de 3 de mayo de 2019. Comunidad Autónoma de Extremadura.













jueves, 30 de abril de 2020

EL DOLMEN DE MAGACELA (BADAJOZ)

Magacela es una pequeña población de la comarca de La Serena, situada en una ladera escarpada de la sierra que le da nombre y al resguardo de su castillo medieval. Su pequeñez la engrandece con un importante registro histórico que abarca desde la prehistoria hasta la edad medieval; por ello, fue declarada Bien de Interés Cultural por su riqueza arqueológica y su arquitectura urbana de épocas pasadas.
Su situación es muy estratégica, ya que se encuentra en la misma red de caminos que el yacimiento de Cancho Roano (Zalamea de la Serena), de época tartésica. VI d. C.; y el edificio protohistórico de La Mata (Campanario) y del dolmen de Sierra Gorda (Valle de La Serena).
El dolmen de Magacela, o dolmen de la cerca de Marzo, actualmente está compuesto por 12 ortostatos que configuran la cámara circular, destacándose y alzándose los dos monolitos que indican la puerta de entrada, tratándose de un dolmen de corredor.
De este conjunto funerario no se ha conservado ningún registro; sólo se cuenta con la información que nos dejó José Ramón Mélida, quien visitó el lugar en 1908 y afirmó que se componía de una serie de bloques alineados a través de los cuales se accedía a la entrada principal.
Sin embargo, ya en 1950, estos ortostatos habían desaparecido. En los escritos de E. Jiménez, ya no parece que el dolmen haya sido saqueado ni que sus bloques hayan sido reutilizados.
En 1985, Primitiva Bueno y F. Piñón realizaron un estudio del sepulcro y lo relacionaron con el de Granja de Toniñuelo (Jerez de los Caballeros, Badajoz) y con el de Azután, en Toledo.
Los ortostatos de granito, que aún se conservan, presentan en su parte interna una serie de símbolos relacionados con los astros y, en su parte externa, diferentes cazoletas y motivos ramiformes vinculados al mundo funerario.
Estos emplazamientos corresponden a culturas del III o del II milenio a. C.; nos permiten determinar asentamientos neolíticos y calcolíticos, reflejo de comunidades que desarrollaban un modelo de ocupación basado en la agricultura y la ganadería. En estos milenios se puede hablar de un proceso de consolidación de sociedades tribales que ya comparten un trabajo colectivo.
La organización territorial de estos poblados refleja el tránsito de asentamientos de tipo aldeano, en los que predominan fenómenos de igualdad colectiva tribal, hacia la nuclearización de los poblados, que marca el tránsito hacia las sociedades clasistas iniciales.
En todo este amplio territorio social, que se complementa con conjuntos dolménicos como los del Campillo I y II, El Revellado I y II, Marzoco, Granja del Toriñuelo…, se articula un modelo socioeconómico de estado primitivo, con el Campillo I y II como centro de producción, redistribución y consumo.


Referencias:

-J. R. Mélida Alinari (1914): “Arquitectura dolménica ibérica. Dólmenes en la provincia de Badajoz”. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Madrid.

-F. Jiménez, J. R., Fernández y E. Rodríguez (1950): “Arqueología de Magacela”. Revista de Estudios Extremeños. Badajoz.

-P. Bueno Ramírez et al., 1998: “Dólmenes en la cuenca del Tajo: Restauración y consolidación de megalitos en Alcántara (Cáceres).” Trabajos de Prehistoria, vol. 55. Madrid.



Vista del pueblo y de su fortaleza

Vista de Magacela desde el yacimiento de La Mata










Planta realizada por J. R. Mélida durante su visita al dolmen.