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jueves, 21 de agosto de 2025

HERRAMIENTAS ÓSEAS MULTIFUNCIONALES REALIZADAS POR NEANDERTALES PROCEDENTES DEL LEÓN CAVERNARIO (PANTHERA SPELAEA).

 

Recientemente se ha publicado en la revista Scientific Reports un artículo sobre la cueva Scladina (Andenne, Bélgica), llamada así por el hallazgo de los restos de un niño neandertal en muy buenas condiciones de conservación. Con una antigüedad de entre 80 y 127 mil años (Pleistoceno).

La cueva, ubicada en el margen derecho del valle del río Mosa, entre Andenne y Namur, ha sido objeto de estudios arqueológicos desde 1978. El yacimiento presenta una secuencia estratigráfica bien conservada que comprende 120 capas y abarca aproximadamente 400.000 años. Durante dos décadas se ha profundizado en la comprensión de la dinámica sedimentaria, la historia paleoambiental y la cronoestratigrafía de la cueva.

Los resultados de este estudio se centran en el conjunto arqueológico de la Unidad 5, correspondiente al tecnocomplejo Musteriense, asociado a poblaciones neandertales del Paleolítico Medio.

El conjunto de herramientas se compone principalmente de artefactos de sílex, tanto de materia local como de materia foránea; la cadena operativa se basa en la preparación de núcleos y en la producción sistemática de lascas. Las piezas retocadas incluyen raspadores, muescas y denticulados. Estas herramientas fueron elaboradas in situ. La presencia de 29 retocadores de hueso dentro del conjunto arqueológico 5 nos indica que uno de ellos fue elaborado a partir de restos de oso cavernario (Ursus spelaeus) y apunta a un conjunto de herramientas complejas que integraban tecnologías líticas y óseas.

Los análisis zooarqueológicos de la Unidad 5 indican que los neandertales cazaban principalmente rebecos (Rupicapra rupicapra), pero también procesaban una amplia gama de pequeños mamíferos hasta la megafauna (rinoceronte lanudo, reno, caballo, bisonte…). Entre los carnívoros destacan el lobo (Canis lupus) y el zorro (Vulpes vulpes), pero el objetivo de este estudio es que, entre los restos modificados por los neandertales y utilizados como herramientas, se encuentren varios huesos del león cavernario.

El hallazgo, realizado en la Unidad 5, constituye la evidencia más temprana conocida de herramientas óseas fabricadas con restos de león cavernario. Las cuatro piezas registradas fueron elaboradas a partir de la misma tibia del león cavernario y demuestran un moldeado deliberado, fracturación y posterior reutilización para retoques, lo que confirma aún más la complejidad de las prácticas tecnológicas de los neandertales.

A pesar de la diversidad taxonómica de las materias primas, incluyendo Ursus spelaeus, Panthera spelaea, Bos sp., Rangifer tarandus…, las dimensiones de los retocadores se mantuvieron constantes, lo que indica que el tamaño, la forma y la integridad del hueso fresco fueron los criterios principales para la selección. Esto nos invita a pensar que los neandertales seleccionaban huesos frescos, a veces remodelándolos, para satisfacer requisitos funcionales específicos. El análisis morfométrico de todos los retocadores hallados revela que los neandertales emplearon un retoque estandarizado en la elaboración de herramientas.

Con este hallazgo, se demuestra que estos grupos humanos desarrollaron una tradición tecnológica en la que los huesos de grandes carnívoros se seleccionaron, se trabajaron y se reutilizaron según criterios funcionales bien definidos. Los neandertales no sólo competían con los leones, sino que también los utilizaban como un recurso más de la naturaleza.

Referencia:

- Abram, Gregory, et al. 2025: “Earliest evidence of Neanderthal multifunctional bone tool production from cave lion (Panthera spelaea) remains.” Scientific Reports, 15.1: 24010.

 

Situación de la cueva de Scladina en el valle del Mosa, al sur de la actual Bélgica. Fuente:

Tibia izquierda de león cavernario. Fuente: Abrmas et al.2025


La recomposición de las piezas Sc 1982-345-25 y 1986-1278-160 permite reconstruir un fragmento de la diáfisis de la tibia izquierda. Fuente: Abrams et al. 2025

Análisis de espectroscopía de rayos X de energía dispersiva (EDX) realizado en una inclusión lítica incrustada. Fuente: Abrams et al. 2025

Cuatro  de los retocadores de huesos hallados en la cueva de Scladina. Fuente: Abrams et al. 2025

Refacción de las piezas óseas. Fuente: Arams et al. 2025.




Recreación. Midjourney/Erica Couto.




domingo, 27 de julio de 2025

HACE 125.000 AÑOS, LOS NEANDERTALES PROCESABAN LA MATERIA GRASA DE LOS HUESOS DE ANIMALES


En la revista Science Advances se ha publicado un artículo sobre las estrategias de subsistencia de los neandertales en Alemania central, en concreto en el yacimiento de Neumark-Nord 2 (ya mencionado en otra entrada).

Hace 125.000 años, los neandertales extraían la grasa ósea de los huesos de animales grandes mediante el calor y el agua, es decir, mediante la cocción.

Que los grupos de cazadores-recolectores consumían la grasa animal y la médula ósea de los huesos (se fracturaban los huesos para extraerla) era un hecho bien conocido entre las sociedades del paleolítico superior (la grasa es un alimento de alto valor calórico).

Lo más llamativo de este estudio es que se han procesado 172 animales, principalmente mamíferos, como caballos, ciervos y uros, en un asentamiento a orillas del lago, para almacenar su grasa. Los neandertales organizaban sus cacerías para transportar los animales al lugar del asentamiento, donde se acumulaban en un corto periodo de tiempo y en un área notablemente pequeña, de sólo 50², para dar paso al procesamiento de la grasa.

En este depósito se han detectado varias zonas con diferentes áreas de trabajo: en una se procedía al despiece de los animales, en otra, al procesamiento de elefantes de colmillos rectos, y en una tercera, a la extracción de la grasa, que ya constituía un área especializada. En definitiva, este estudio revela que los neandertales tenían una planificación y organización del trabajo, así como diversas actividades, como el procesamiento, la acumulación y la reserva de alimentos, es decir, de la materia grasa para su posterior consumo.

Los trabajos están dirigidos por arqueólogos de MONREPOS (Centro de Arqueología Leibniz, Alemania) y de la Universidad de Leiden (Países Bajos).

Referencia:

-Kindler, L., et al., 2025: Large-scale processing of within-bone nutrients by Neanderthals, 125.000 years ago. Science Advances 11 (27).


Ubicación de Neumark-Nord 2 (Alemania).


Ejemplos de marcas de corte en el conjunto faunístico de NN2/2B. Crédito:Leiza-Monrepos. 

Ejemplos de huesos completos y de huesos fracturados en pequeños fragmentos. Crédito: Leiza-Monrepos


Ejemplos de huesos fracturados. Crédito: Leiza-Monrepos


Ilustración de "fábrica de grasa".  Crédito: Leiza-Monrepos

miércoles, 13 de diciembre de 2023

La explotación de carne de elefantes por grupos de neandertales, en la llanura del norte de Europa.

 

Ilustración de neandertales cazando Palaeoloxodon antiquus en las llanuras del norte de Europa.

Un trabajo reciente confirma que hace 125.000 años los neandertales cazaban elefantes. Lo llamativo de este trabajo no es la caza de grandes herbívoros, sino la gran cantidad de alimento que se genera con este tipo de actividad. Parece que estos grupos de neandertales estaban dedicados a la explotación de recursos cárnicos, lo cual constituye evidencia tangible en el yacimiento arqueológico.

El estudio está liderado por la arqueóloga Sabine Gaudzinski-Windheuser, de la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, y se desarrolla en la parte central de Europa, durante el último interglaciar, concretamente en el yacimiento de Neumark-Nord, cerca de Halle, en Alemania, en un paraje dominado por un gran lago.

Se han recuperado 57 ejemplares de Palaeoloxodon antiquus. El estudio determina que los neandertales tuvieron acceso directo a las carcasas de estos animales y, al menos durante unos dos mil años, se dedicaron a la caza de estos grandes ejemplares, que podían llegar a pesar hasta trece toneladas y eran los mayores animales del Pleistoceno.

Hasta ahora, las investigaciones nos han permitido determinar que los neandertales eran grandes cazadores de una amplia gama de animales, desde presas pequeñas hasta grandes, como elefantes, y completaban su dieta con la recolección de vegetales, lo cual está ampliamente documentado en yacimientos del Pleistoceno Medio y Tardío de toda Europa.

Lo que hace peculiar a este yacimiento es que los cazadores elegían sus presas; sobre todo, eran machos adultos, lo que requería una organización cooperativa entre los miembros del grupo. El hecho de que se hayan decidido por los machos adultos puede estar relacionado con el dimorfismo sexual de Palaeoloxodon antiquus, ya que los machos adultos y los más viejos son más altos y tienen una mayor masa corporal que las hembras. Estos suelen estar solos mientras comen y se mantienen alejados de las manadas mixtas de hembras y crías. Estas características de la caza de elefantes no son un hecho aislado en la zona; dicha actividad también se refleja en dos sitios arqueológicos cercanos al yacimiento de Neumark-Nord: Gröbern y Taubach, ambos pertenecientes al último interglaciar.

En Gröbern se extrajo el esqueleto de un Palaeoloxodon antiquus durante las labores de extracción de lignito. Era un macho de gran tamaño, asociado a 26 herramientas de sílex. Del estudio tafonómico se desprende que las marcas de corte indican que el animal fue despellejado; se le extrajeron la grasa y el tejido conectivo de la caja torácica; se le extrajeron las vísceras; y ambas patas traseras fueron separadas de la pelvis, y la pata trasera derecha fue descarnada y desarticulada. Respecto a las modificaciones antropogénicas de ambos yacimientos, guardan similitudes en la forma de proceder en la manipulación de los elefantes.

Taubach es un yacimiento que, ya en 1870, había dado muy buenos resultados, tanto arqueológicos como paleontológicos, debido a la amplia gama de restos animales. El proceso de carnicería guarda bastante semejanza con los procesos de Gröbern y de Neumark-Nord. 

En general, según los datos del estudio del yacimiento de Neumark-Nord, se demuestra que la caza y la explotación del elefante formaban parte de la dieta de subsistencia de los neandertales y constituían una práctica habitual en la llanura del norte de Europa al comienzo del último interglaciar.

Debido a la gran cantidad de alimento que se genera con la caza de elefantes, los investigadores se plantean una serie de hipótesis aún por determinar. Por un lado, tenemos el considerable número  de grasa y carne que se tiene que almacenar para su posterior consumo, y por otro, si estas comunidades tenían medios para almacenar grandes cantidades de carne. Según datos etnográficos, la caza del elefante puede realizarse mediante la técnica de inmovilización del animal, perforando zanjas o conduciendo a los animales hacia trampas de barro ubicadas en las inmediaciones del lago. Por otra parte, el excedente de carne es muy grande para un grupo reducido de personas. Estos productos (carne, grasa, tendones, vísceras…) tendrían que conservarse para su posterior consumo. Una posibilidad es el secado o el ahumado, dado que hay evidencia de fuego (carbón vegetal), o conservarlos en pequeñas charcas de agua para mantenerlos frescos. También es posible que se trate de una zona de agregación temporal de varios grupos locales dentro de un área más amplia.

Hay temas que hoy día aún no se pueden demostrar, a nivel arqueológico, como es el tema de la conservación de determinados alimentos y el tamaño del grupo, respecto si eran grupos locales de la zona o sólo una comunidad de neandertales (unos veinte individuos es el promedio de un grupo), lo que sí es evidente, que se trata un hallazgo excepcional en cuanto que roja luz a los modos de vida de los grupos de cazadores neandertales.

 

Localización de Neumark-Nord, Gröbern y Taubach, en la llanura del norte de Europa. Imagen de Sabine Gaudzinski et al.,2023.




Distribución espacial de los restos esqueléticos de Palaeoloxodon antiquus y de talla de pedernal. Imagen de Sabine Gaudzinski et al.,2023.

Marcas de corte en el esqueleto de Palaeoloxodon antiquus de Gröbern.
Imagen de Sabine Gaudzinski et al.,2023.


Marcas de corte en el resto de P. antiquus de Taubach.
Imagen de Sabine Gaudzinski et al.,2023.

   
Referencia: 

-Sabine Gaudzinski-Windheuser, Lutz Kindler, and Wil Roebroeks, 2023: Widespread evidence for elephant exploitation by Last Interglacial Neanderthals on the North European plain. PNAS. 2023.




sábado, 1 de julio de 2023

LA INTERDISCIPLINARIDAD EN LA ARQUEOLOGÍA

 La arqueología es la ciencia que estudia, describe e interpreta la sociedad del pasado a partir de sus restos materiales, como la cerámica, la industria lítica, la madera, los huesos, los tejidos y las construcciones…

Esta ciencia no se dedica sólo al estudio de la Prehistoria y la Edad Antigua, aunque son las más conocidas, sino que, mediante diferentes métodos y técnicas arqueológicas, abarca cualquier etapa de la Historia. Así, tenemos la arqueología prehistórica, del mundo clásico, medieval, posmoderna, industrial y etnoarqueología… Nuestra función como arqueólogos y arqueólogas es reconstruir todos los aspectos de la vida de los grupos humanos a partir de las manifestaciones materiales depositadas en un yacimiento, mediante un método científico. Por eso, la arqueología se vale de una serie de disciplinas científicas, como la geomorfología, la arqueobotánica, la arqueometría, la traceología…

Mi campo de estudio es la tafonomía; la definió por primera vez el ruso Iván A. Efremov en 1940 para describir el estudio de la incorporación de restos o productos de organismos de la biosfera a la litosfera. El término tafonomía proviene de dos raíces griegas, "taphos" y "nomos", que significan "leyes del enterramiento".

Por tanto, la tafonomía es una disciplina de la paleontología que estudia los procesos ocurridos antes, durante y después del enterramiento. Estos estudios se han ido ampliando e incluyen no solo los aspectos fosilizados, sino también la conservación de los aspectos paleobiológicos de los restos, así como los aspectos biológicos o de comportamiento…

Agradecer al Museo Arqueológico de Espera (Cádiz) y, especialmente, a su directora, Pepa Lozano, por esta iniciativa de MUSEOFLIX para dar a conocer y divulgar todos los aspectos de la arqueología, tanto sus diferentes etapas históricas como las disciplinas que intervienen en ella.





viernes, 28 de enero de 2022

LA CAZA HACE DOS MILLONES DE AÑOS.

El paso de una dieta basada en vegetales a otra basada en carne ha sido uno de los temas principales en los estudios sobre la evolución humana.

Un grupo de investigadores de la Universidad de San Diego está excavando en el yacimiento de Kanjera South, muy cerca del lago Victoria, en el oeste de Kenia. En este yacimiento se viene trabajando desde 1987 y es significativo por la presencia de herramientas olduvayenses (Modo I) en un ecosistema dominado por pastizales y, según las evidencias isotópicas, en un hábitat abierto en el este de África.

La presencia de artefactos y de fauna arqueológica indica que los homínidos visitaron repetidamente esta área rica en pastos del paisaje durante miles de años.

Los homínidos de la zona obtuvieron carne y médula ósea de una variedad de animales. Según la estratigrafía y la magnetoestratigrafía, Kanjera South tiene una antigüedad de aproximadamente 2 millones de años. 

La excavación a través de limos y arenas finas, en un sistema de pequeños canales poco profundos, en los márgenes de un lago, ha recuperado múltiples niveles de artefactos de piedra y de fauna asociada. Los homínidos fueron los principales agentes de acumulación de materiales arqueológicos.

Normalmente, estos homínidos se alimentaban en una variedad de hábitats, desde pastizales hasta bosques, y procesaban los alimentos vegetales y animales con herramientas olduvayenses (el empleo de esta industria está bien documentado en los procesos de carnicería de los primeros grupos humanos).

Actualmente, ha sido publicada en la revista Quaternary Science una revisión de los materiales óseos de gacelas y ñus para determinar si estos animales habían sido cazados o si los homínidos se apropiaron de ellos una vez abandonados por los depredadores.

En esta revisión se ha utilizado la experimentación en hueso fresco y el análisis comparativo de sistemas de información geográfica (SIG) para examinar los patrones de modificación ósea en la fauna.

De este estudio se deduce que los homínidos tuvieron un acceso primario a los animales, es decir, estos fueron cazados y posteriormente descarnados; basándose en la representación ósea, que indica que los animales se trajeron al campamento completos, y en la erupción dental, que revela que los individuos eran jóvenes cuando murieron, los carnívoros tuvieron un acceso secundario a las presas.

Los homínidos que se desplazaban por la zona del lago eran Homo habilis, pero en este yacimiento en concreto aún no se han registrado restos de homínidos. Sí, hay evidencias de un gran número de industrias olduvayenses, restos de fauna, sobre todo de bóvidos, y del procesamiento de una variedad de tejidos vegetales, incluidos la madera y los tubérculos. Aún falta mucha investigación, pero poco a poco se amplían los conocimientos sobre el comportamiento humano y su pasado evolutivo.

Referencias:

- Plummer, T.W. et al., 2009: La evidencia más antigua de homínidos fabricantes de herramientas en un ecosistema dominado por pastizales. PLOs One 4, (9).

- Gibbons, A., 2009: Of tolos and tubers. Science 324: 588-589.

-Parkison, T. W., et al 2022: Meat on the menú: GIS spatial distribution analysis of bone Surface damage indicates that Oldowan hominins at Kanjera South, Kenya had early Access to carcasses. Quaternary Science Reviews, Vl. 277.

 

Marcas de percusión en el húmero de un bóvido.

Excavación

Marcas de corte en los huesos de gacelas y ñus. Foto: Parkison et al.


miércoles, 6 de octubre de 2021

LA CUEVA DE CONTREBANDIERS (Marruecos): aparecen herramientas para trabajar el cuero y la piel.

Uno de los sitios prehistóricos que está aportando buenos registros es la cueva de los Contrabandiers, situada en la costa atlántica de Marruecos.

Esta cavidad fue descubierta en 1950, del siglo pasado, por el abad Jean Roche, quien organizó la primera excavación en 1955, con un inventario rico en herramientas líticas, restos de fauna, evidencias de uso del fuego y restos de Homo sapiens moderno temprano.

La cueva se formó sobre la antigua piedra arenisca de la costa y su configuración se remonta a unos 120.000 años. Una vez que el mar se retiró, comenzó a rellenarse progresivamente con sedimentos en los que se depositaron los excedentes de las diferentes culturas que pasaron por allí, como el musteriense en sus capas inferiores, seguido del ateriense, del iberomauritano y del neolítico en sus capas superiores.

En 2007, se retomaron las excavaciones con métodos modernos, a cargo del Museo de la Universidad de Pensilvania (MPM) y del Institut National des Sciences de l'Archéologie et du Patrimoine (INSAP); al frente del grupo de investigación se encuentran Harold Dibble y Mohamed Abdeljalil El Hajraoul.

En 2013 fue noticia el hallazgo de un individuo infantil, con una datación de 108.000 años; un hallazgo más entre las escasas muestras de Homo sapiens de esta época en el continente africano, lo que nos indica que no solo el sur de África es el origen de los humanos modernos, sino que también afloran otros lugares donde estos grupos nos muestran una evolución hacia un comportamiento y una anatomía modernos.

Este mes de septiembre, esta cueva ha vuelto a ser noticia porque un equipo de investigadores, formado por Emily Hallett, de la Universidad de Arizona y del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Alemania, ha descubierto una serie de herramientas de hueso de hace 120.000 años que seguramente se utilizaron para trabajar la piel y el cuero.

La presencia de herramientas de hueso destinadas a trabajar la ropa sigue siendo un tema complejo en los registros arqueológicos. El vestido es un elemento que aparece entre los grupos humanos ante la necesidad de protegerse de las adversidades climáticas, sobre todo durante la era glacial. Es difícil determinar en qué momento empezaron a utilizar ropa, dado que las primeras prendas para cubrirse del frío estaban elaboradas con materiales de rápida descomposición, como pieles y otros materiales orgánicos, que son productos pasajeros y muy difíciles de conservar. Por eso, los inicios de la ropa se conocen muy poco, pero es evidente que fueron utilizados por nuestros antepasados, tanto por neandertales como por sapiens que vivían en ambientes templados y fríos. Pero sí, se puede determinar indirectamente a partir de la presencia de herramientas para confeccionar esas vestimentas. Este estudio ha sido publicado en la revista iScience y va arrojando luz sobre este tipo de hechos, que nos brindan información sobre las mejoras en la evolución cultural y cognitiva de nuestros antepasados y sobre cómo se ha desarrollado la vida a lo largo del pleistoceno.

Este hallazgo se debe a la presencia de una serie de herramientas de hueso que han servido como alisadores para eliminar todos los restos de tejido conectivo, es decir, los restos de diferentes tejidos que quedan al separar la piel de la masa muscular del animal.

En niveles con una datación entre 120.000 y 90.000 años, se ha encontrado un total de 62 herramientas óseas. Para su realización, se han utilizado varias técnicas de trabajo, como el raspado, el pulido y la talla con piedra. Entre las diferentes formas que adoptan las herramientas se encuentran las espátulas. Estas herramientas son excelentes para eliminar todas las impurezas del cuero y de la piel durante el proceso de curtido, ya que no perforan ni dañan.

Pero estos no son los únicos registros de alisadores que tenemos. En Europa se descubrieron restos en dos yacimientos cercanos  entre sí, en el suroeste de Francia: el Abri Peyrony y el Pech-de-l’Azé, que fueron ocupados por neandertales, sin evidencia de ocupaciones posteriores por parte de humanos modernos. En estos yacimientos aparecieron herramientas de hueso utilizadas como alisadores para el curtido de pieles, con una antigüedad de 50.000 años (ver la entrada en este blog). También hay que resaltar los trabajos realizados en la Cornisa Cantábrica por Millán Mozote sobre el uso del hueso como herramienta de trabajo de la piel, asociado a los neandertales.

En el estudio zooarqueológico se han identificado restos esqueléticos de zorro, chacal y gato montés; todos presentan marcas de corte en fragmentos de radio, cúbito, tibia y mandíbula, producidas durante el desollado del animal. Estos carnívoros han sido cazados para aprovechar sus pieles, pero no han sido consumidos como alimento. Las pieles han sido trabajadas para confeccionar ropa de abrigo.

Sin embargo, los bóvidos fueron procesados para el consumo de carne, ya que las distribuciones de las marcas de corte se encuentran en los ejes medios y proximales de todos los huesos largos.

También resulta muy llamativa la presencia de un diente de ballena, que evidencia su uso para tallar piedras, lo que la sitúa como un hallazgo relevante hasta la fecha, ya que no se ha registrado ningún hallazgo igual.

Los hallazgos de la cueva de los Contrebandier son excepcionales porque nos muestran cómo los humanos van perfeccionando su técnica de trabajo para convertir pieles de animales en cuero suave y flexible, cada vez con un tacto más agradable, y además elaboran a partir de estas pieles otros productos, como bolsas para guardar utensilios, cortavientos y otros artículos de cuero, utilizados en el atavío. Considero que el hallazgo de estas herramientas marca un paso más en la evolución de los grupos humanos, al igual que la utilización de nuevas tecnologías en el trabajo de la piel.


Referencias:

-         Millán Mozote Helguera, 2012: “El hueso como materia prima: el utillaje óseo del final del Musteriense en el sector central del norte de la Península Ibérica”. Universidad de Cantabria.

            -  Neandertals made the first specialized bone tools in Europe.

        -  Emily Y. Halleff et al., 2021: “A worked bone assemblage from 120.000-90.000 year old deposits at Contrebandiers Cave, Atlantic Coast, Morocco”. iScience 102988.



Cueva de Contrabandiers (Marruecos)

Selección de herramientas, mandíbula de gacela y fragmento de cráneo y mandíbula humanos. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers. 

Espátulas para trabajar la piel y el cuero, hechas con costillas de bóvidos. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers.

Diente de cetáceo hallado en la cueva. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers.



A la izquierda, tibia de zorro. A la derecha, mandíbula de zorro. Abajo, los huesos observados al microscopio. Foto: Proyecto de la cueva de ontrebandiers.


Diferentes tipos de espátulas. Foto: P. de la C. Contrebandiers.

Dibujos de zorros y gatos montés. En las mandíbulas se han detectado marcas de corte. Illustrazione di Jacopo Niccolò Cercasoni.



lunes, 31 de mayo de 2021

LA TAFONOMÍA EN ANDALUCÍA: ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN.

 



La tafonomía nos ayuda a distinguir la sincronía de la diacronía de los procesos desarrollados por los diferentes fenómenos y/o procesos en un resto óseo. Por eso, los restos faunísticos recuperados en los asentamientos arqueológicos encierran una valiosa información sobre diversos aspectos del pasado y no siempre se ha aprovechado este potencial para conocer las condiciones ambientales y culturales de los grupos humanos.

En esta entrada no vamos a hablar de zooarqueología, que normalmente se asocia a la tafonomía como disciplina auxiliar dedicada al estudio de los restos animales recuperados en una excavación procedentes de yacimientos arqueológicos, sino que vamos a explicar la evolución que ha experimentado esta última en las últimas décadas.

La tafonomía nos ha llegado de la mano de los paleontólogos. El primero en publicar una monografía sobre las implicaciones paleobiológicas y en realizar un estudio de los mecanismos de alteración de la carcasa de los vertebrados fue J. Weigelt en 1927. Esta se consolidó con los trabajos del ruso Iván. A. Efremow (1940) les dio una definición y un contenido a las alteraciones que sufren los restos animales en el sedimento al ser manipulados. También puede definirse como el paso de la biosfera a la litosfera.

Más tarde, Müller (1951) diferenció la bioestratinomía de la diagénesis en dos fases del proceso tafonómico. Aunque Efremov y Müller, ya en la década de 1940 a 1950, nos estaban dando los planteamientos tafonómicos bajo una metodología analítica y evolutiva, sobre los procesos que influyen en la formación de un yacimiento y los fenómenos que actúan en su destrucción, no es hasta bien entrada la década de los ochenta cuando los paleontólogos/as incluyen dicha disciplina en el estudio del registro arqueológico. Esta materia se impartía en las aulas de Geología y de Paleontología.

A nivel nacional, hay que destacar los trabajos del paleontólogo Sixto Fernández López, quien ha dotado a dicha disciplina de una teoría, de una serie de contenidos metodológicos y conceptuales, así como de finalidades. Y los estudios epistemológicos de Emiliano Aguirre.

Así, uno de los primeros paleontólogos que realizaron informes tafonómicos sobre registros arqueológicos fue Miguel de Renzi de la Fuente, y la primera arqueóloga que incluyó un breve informe tafonómico en sus estudios fue M.ª Ángeles Querol Fernández, quien se lo encomendó a la paleontóloga Nieves López Martínez, una investigadora clave en los estudios de tafonomía científica, bioestratigrafía y paleobiogeografía.

Entre los años 1970 y 1980, se llevaron a cabo una serie de encuentros de arqueólogos/as y prehistoriadores/as que sentaron las bases para una investigación epistemológica de la prehistoria y para la trayectoria de la arqueología en la Península Ibérica, como el Coloquio Internacional de Prehistoria de Morella (Castellón) y las primeras Jornadas de Metodología de Investigación Prehistórica, en Soria, en 1981, organizadas por Manuel Fernández-Miranda.

Fueron encuentros en los que se plantearon nuevos métodos de análisis, se debatieron las diferentes corrientes de pensamiento y se evidenció la necesidad de incorporar las disciplinas auxiliares al estudio de los registros arqueológicos… Podemos considerar que fueron las jornadas más críticas y fructíferas que, como digo, marcaron la trayectoria de la arqueología en España.

Ya entrada la década de los ochenta del siglo pasado, hubo una serie de prehistoriadores/as que empezaron a manifestar sus inquietudes por conocer esta disciplina y a acercarse a estos estudios, con el objetivo de arrojar luz sobre la interpretación de los procesos de preenterramiento y llegar a conclusiones sobre los comportamientos de las comunidades prehistóricas, sobre todo en yacimientos del Plio-Pleistoceno.

Uno de estos reformadores, en el sentido de dotar a la arqueología de nuevas disciplinas auxiliares, fue Jordi Estévez Escalona, quien más tarde fundó el Laboratorio de Arqueozoología de la UAB.

A raíz de esto, se fue forjando un cuerpo de investigadores que incorporaba esta disciplina a sus estudios y que nos ha servido de referencia para las generaciones que vinieron después. Hay que destacar, sobre todo, los trabajos tafonómicos realizados por Manuel Domínguez-Rodrigo, que son fundamentales para conocer el origen de nuestra especie, así como los de Jorge Martínez Moreno, J. Carlos Díez Fernández-Lomana, Yolanda Fernández-Jalvo, Fernanda Blasco Sancho, Martínez Valle, J. M. Rueda y Manuel Pérez-Ripoll, en la zona de Levante. También destacar los últimos trabajos de José Yravedra, Jordi Russell, Rosa Huguet, Isabel Cáceres Cuello de Oro, Palmira Saladié, Antonio Rodríguez-Hidalgo y R. Blasco...

A nivel de Andalucía, los primeros trabajos sobre tafonomía científica no surgieron hasta la década de los noventa del siglo pasado y fueron realizados por mí (Isabel Cáceres Sánchez), con formación en humanidades. Desde un marco teórico y metodológico supe aplicar dicha disciplina a los restos óseos hallados en un contexto arqueológico.

El trabajo “La transición de los cazadores-recolectores a pastores-agricultores en el mediodía peninsular a través de los restos óseos” es una síntesis de mi tesis doctoral, codirigida por los catedráticos José Ramos Muñoz (Univ. de Cádiz) y J. Carlos Díez Fernández-Lomana (Univ. de Burgos). Aquí se analizan todos los procesos bioestratinómicos naturales-humanos y los fosildiagenéticos. Además, se aportaron los resultados de un proyecto de investigación sobre la experimentación en el campo de la fracturación intencional, como materia auxiliar de la ciencia arqueológica al servicio de la arqueozoología, que, a través de la contrastación empírica (morfotipos obtenidos), nos ayuda a responder a las hipótesis planteadas sobre las pautas de subsistencia de las comunidades del pasado. Este proyecto surgió de la necesidad de estudiar los yacimientos de la zona y, mediante la réplica de la actividad de tratamiento de la carcasa animal, comprender las alteraciones legibles en el reparto óseo provenientes de yacimientos arqueológicos.

También, para conocer las características ecológicas y climáticas que se desarrollaron en el sur peninsular y su relación con el resto de las zonas del Mediterráneo, se realizó el Espectro Biocenótico en una serie de yacimientos que abarcan desde el pleistoceno inferior hasta el superior, a fin de determinar la existencia de un ecosistema circunmediterráneo. Para este trabajo se aplicó la metodología de los biocenogramas, que caracteriza las biozonas y se basa en los estudios de Antonio Ruiz Bustos.

Pero no fue hasta 2018 cuando un grupo de investigadores se reunió en Antequera, durante el I Congreso de Prehistoria de Andalucía, en el Memorial Luis Siret, para resaltar la necesidad de aplicar las ciencias experimentales y ofrecer respuestas a algunas cuestiones arqueológicas. Aquí, J. Antonio Riquelme hace un alegato a la necesidad de formación de nuevas especialidades y sobre todo, de especialistas en los diferentes campos (mamíferos, peces, moluscos, aves, anfibios, polen, …), para que no pase como ocurrió en los años 1990, dónde la comunidad científica de Andalucía, se dio cuenta que se tenía que aplicar las disciplinas auxiliares (geoarqueología, antropología física, zooarqueología, traceología, antracología…) a los registros arqueológicos, para llegar a conocer nuestro pasado. 

Y para ello, la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía puso en marcha una serie de becas para que algunos de los arqueólogos y arqueólogas se especializaran en las diferentes áreas, pero no todos pudimos beneficiarnos de este tipo de ayudas y nos formamos de manera particular, a través de las universidades y centros de investigación, con nuestros propios recursos.

En esa época se contaba con un personal joven y, sobre todo, entusiasta de las nuevas áreas de estudio; quedaban atrás los estudios monográficos de tipología, que imperaban entonces, y las metodologías arqueológicas, y se abrían así nuevas posibilidades de investigación. 

Andalucía contaba con los requisitos necesarios para llevarlo a cabo: buenos yacimientos y permisos de excavación, pero ni las universidades ni las administraciones ni las instituciones públicas han sabido acoger a estos investigadores especialistas en los diferentes centros e instituciones, quienes han contribuido a hacer crecer el campo de la arqueología científica en la comunidad.

Andalucía siempre ha gozado del reconocimiento de ser una tierra de gran riqueza y antigüedad en yacimientos arqueológicos, pero también tiene el renombre de no haber sabido gestionarlos ni mostrar equidad presupuestaria entre ellos.

El resultado de todo esto es que Andalucía carece de equipos formados en las diferentes disciplinas y, en concreto, en la que nos ocupa, la tafonomía científica, hay escasez de especialistas en los aspectos teóricos, prácticos y experimentales. Y, lo más importante, carece de centros de investigación con tecnologías avanzadas en determinados campos. Un tema sobre el que se debería reflexionar y debatir.

A pesar de la escasez de estudios, no debemos olvidar los trabajos que ha realizado Eloísa Bernáldez Sánchez sobre tafonomía en la Estación Biológica de Doñana desde una perspectiva paleobiológica. Ni los trabajos realizados en la cuenca de Guadix-Baza (Granada), una zona muy rica en registros del pleistoceno, que se remontan a 1916, cuando se llevaron a cabo prospecciones y excavaciones por parte de diferentes paleontólogos, entre ellos A. Arribas, A.; Ruiz Bustos, M.; Botella, M.T. Alberdi.

A partir de 1983, el Instituto de Paleontología Miguel Crusafont (Sabadell) pasó a formar parte de los trabajos de excavación en la zona de Orce, dirigidos en diferentes campañas por los investigadores G. Gibert, G. Martínez, I. Toro, B. Martínez-Navarro y R. Sala, en los que se realizaron estudios de geología, paleontología, paleoecología y arqueología.

Actualmente, las excavaciones están dirigidas por el profesor Juan Manuel Jiménez, de la Universidad de Granada, en los yacimientos arqueológicos de Venta Micena, Fuente Nueva 3, Barranco León y Barranco del Paso.

También hay que destacar los trabajos realizados en Fonelas entre 2001 y 2009. Se creó el Centro Paleontológico Fonelas P-1 (Cuenca Guadix-Baza), donde se estudian la geología y la paleontología del Cuaternario (Pleistoceno Inferior), y que está dirigido por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), en el que conviene destacar los trabajos realizados por Alfonso Arribas y Guiomar Garrido.

Este centro de Fonelas P-1 (Granada), junto con el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (Sevilla) y el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Íbera (Jaén), es uno de los centros de Andalucía dedicados a la investigación de estos periodos.

Son breves pinceladas de cómo se encuentran los estudios de tafonomía y, demás disciplinas auxiliares en Andalucía, que nos deberían hacer reflexionar, sobre todos estos aspectos: de por qué no es sencillo ser arqueólogo/a en Andalucía, cómo se encuentra la investigación en nuestra comunidad, porqué el androcentrismo sigue anclado en las instituciones, sobre todo el nepotismo y porqué a la fecha de hoy los estudios arqueológicos no cuentan aún con un estudio integral de sus registros…

 

Referencias:

-EFREMOV, J. A., 1940: "Taphonomy: A new branch of paleontology". Pan American Geologist, 74. pp. 81-93.

-ESTÉVEZ, J., 2000: “Aproximación dialéctica a la Arqueotafonomía” Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social, 3, pp. 7-28. Universidad de Cádiz.

-FERNÁNDEZ LÓPEZ, S., 1984: "Nuevas perspectivas de la Tafonomía Evolutiva: Tafosistemas y asociaciones conservadas". Estudios Geológicos, 40, pp. 215-224. Madrid.

-MÜLLER, A.H., 1951: “Grundlagen der Biostratonomie”. Abt. Dr. Akad. Wiss, pp. 1-147. Berlín.

-RUIZ BUSTOS, A., 2005: "El límite Neógeno-Cuaternario en las Cordilleras Béticas. Características Paleoambientales del Cuaternario". A.E.Q.U.A. Vol. 2.

 





miércoles, 28 de octubre de 2020

El HOMO ERECTUS TALLABA PUNTAS DENTADAS EN HUESO.

La paleoantropóloga Mary Leakey, en la década de 1960 y a principios de la de 1970, excavó en el yacimiento de Olduvai Gorge, en Tanzania.

Los resultados fueron estudiados, sobre todo lo relativo a artefactos líticos, pero en el registro se encontró, además, un conjunto de 53 piezas de herramientas óseas que no fueron estudiadas y quedaron almacenadas.

En el año 2007, el investigador Michael Pante, de la Universidad de Colorado, llevó a cabo un proyecto en la zona y tuvo la oportunidad de revisar los materiales. Para ello, se aplicaron nuevas disciplinas de estudio, como la tafonomía, y sus conclusiones han sido publicadas este mes en la revista Journal of Human Evolution.

Los análisis tafonómicos confirman la existencia de seis herramientas óseas fabricadas por Homo erectus. Las piezas han sido elaboradas a partir de grandes huesos de mamíferos, modificados intencionalmente, y una de ellas presenta tres púas curvas y una punta tallada, aún sin terminar. Esta punta no presenta evidencia de haber sido sujetada a un mango, a un eje de madera o a una asta. Digamos que su funcionalidad aún está por determinarse.

Lo que sí se puede establecer es que el Homo erectus fabricó estas herramientas hace 700.000 años y que estos homínidos seleccionaban tanto huesos como piedras para fabricarlas. El Homo erectus tenía comportamientos bastante más avanzados de los que hasta ahora se le habían atribuido.

 

Referencia:

 

-   - Pante, M., et al., 2020: Bone tools from Beds II-IV, Olduvai Gorges, Tanzania, and implications for the origins and evolution of bone technology. Journal of Human Evolution. Vol. 148.

 

 

Foto: Journal of Human Evolution


Foto: Journal of Human Evolution

Foto: Journal of Human Evolution




sábado, 21 de marzo de 2020

APROVECHAMIENTO CÁRNICO EN LA GRUTA DE LOS RINOCERONTES (Marruecos).


La cueva de los Rinocerontes fue descubierta en 1991, en el marco de un proyecto de investigación franco-marroquí, en la cantera Oulad Hamida 1, a 30 km de Casablanca. 
En el momento del hallazgo, la cantera estaba activa y ya se había destruido la parte trasera de la cueva; sólo se veía la parte inferior de la estratigrafía.
Las excavaciones se llevaron a cabo en 1996 y se extendieron de 2005 a 2009. Estos trabajos dieron como resultado un rico material lítico achelense, asociado a una variada representación de la fauna, en un contexto estratigráfico bien definido del Pleistoceno Medio.
Es una cavidad marina cuya longitud es desconocida; por el corte de la cantera, actualmente mide 7 m de altura y 12 m de ancho. 
La cavidad se rellena con una acumulación sedimentaria continental de 7 m de espesor, compuesta por materiales arenosos calcáreos, y se divide en dos conjuntos litoestratigráficos principales: el superior y el inferior.
Este yacimiento ha sido fechado mediante ESR/U (Resonancia Paramagnética Electrónica, basada en la datación de esmalte dental fósil); para ello, se han utilizado 7 dientes de herbívoros de las campañas 2007-2009, provenientes de bóvidos y rinocerontes, que se encontraban en muy buen estado de conservación, para realizar las analíticas.
La fauna más representativa de la cavidad, a lo largo de toda la secuencia, son los bóvidos, especialmente las gacelas y los Alcelaphini, representados por Parmularius cf., un género extinto de bóvidos que existió desde el Mioceno hasta el Pleistoceno en África.
Están representadas todas las edades, desde los juveniles hasta los seniles, con predominio de los elementos craneales y de las extremidades.
El rinoceronte blanco, Ceratotherium mauritanium, está representado en menor medida, con individuos juveniles y seniles.
Otros mamíferos presentes, en menor cantidad, como cebras, jabalíes, camellos, elefantes y Theropithecus oswaldi (primate). 
Y entre los carnívoros están el chacal, las hienas, los felinos, los úrsidos y algunos carnívoros pequeños.
Los restos óseos presentan marcas de dientes de carnívoros, distribuidas a lo largo de los elementos de los huesos largos y de los huesos de herbívoros, así como en las porciones articulares.
En cuanto a las marcas de corte, se han observado 37 especímenes, que consisten en marcas a veces aisladas y limitadas a los relieves  musculares.
Otras marcas corresponden a raspado. Los bóvidos, como las gacelas, los ñus y Parmularius, las cebras y el rinoceronte, también presentan marcas.
Pero lo más llamativo de este conjunto faunístico es que se han encontrado cuatro elementos óseos procedentes de la parte inferior del litoestratigrama que presentan marcas de dientes humanos. Son huellas lineales y poco profundas, es decir, una serie de hoyos en forma de media luna.
Un hecho peculiar de este yacimiento es el hallazgo de restos de fauna dentro de la cavidad, ya que normalmente los registros  hallados en África corresponden a yacimientos al aire libre que datan del Achelense inicial, sobre todo de la zona central de África, y están relacionados con megafauna, con una datación de 1.7 Ma.
En la cueva de los Rinocerontes, los homínidos realizaron actividades de subsistencia en su interior, como lo demuestra el estudio tafonómico del yacimiento. Este paso ocurrió en el norte de África hace aproximadamente 700 ka.

Referencia:

-Daujeard, C et al., 2020: “Earliest African evidence of carcass processing and consumption in cave at 700 ka, Casablanca, Morocco”. Nature, vol. 10, n.º 4761.

Ubicación de las cavidades en la costa atlántica marroquí: RDA: Gruta de los Rinocerontes; GH: Cueva de los Hominides; SAD: Mina de Sidi Abderrhmane. Dibujos de M. Rué.

Incisivo de homínido: segundo incisivo izquierdo. Posiblemente de un individuo joven.

Modificaciones de la superficie ósea  con marcas y fracturas.

Marcas de corte y de percusión en los restos de herbívoros.

Marcas de dientes humanos en los restos de herbívoros.