Mostrando entradas con la etiqueta Tartesos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tartesos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2026

LA EXPOSICIÓN DE LA JOYA: VIDA Y ETERNIDAD EN TARTESO (Huelva)


En una de las salas del Museo Arqueológico de Huelva se ha inaugurado la exposición “La Joya. Vida y eternidad en Tarteso”. En esta ocasión, se han unido la Junta de Andalucía, la Fundación Atlantic Copper (empresa público-privada que ha editado el catálogo con todas las piezas expuestas) y la Asociación Arqueohuelva.

La exposición está dividida en dos partes: la primera, centrada en el rito funerario y sus ajuares. La segunda parte, centrada en el ajuar de la Tumba 17, destaca por la recreación del carro tartésico y de la arqueta de marfil, ambos con piezas originales del ajuar.

En las costas de lo que hoy conocemos como Andalucía se formó una serie de asentamientos, donde surgieron los primeros núcleos urbanos que, en torno a sus territorios más cercanos, se consolidaron como pequeños estados o centros de poder, siguiendo el patrón que se extendía por todo el Mediterráneo, mientras se produjeron profundos cambios sociales e ideológicos. Este episodio histórico y cultural es conocido como la cultura tartésica, término derivado de Tartessos, el nombre con el que los griegos designaron esta remota región de occidente, situada en los confines del mundo conocido.

Hubo una serie de ciudades como Huelva, Cádiz y Málaga, así como los últimos hallazgos en Badajoz, que han permitido obtener registros y propiciado un conocimiento más exhaustivo de esta cultura.

Evidentemente, Huelva ha tenido una importancia capital gracias a los hallazgos de 1945 y a su puerto, estratégicamente situado para el comercio de metales. De ahí que en Huelva surgiera una poderosa estrategia que adoptó modos de vida orientalizantes, semejantes a los que se extendían por todo el Mediterráneo.

Las tumbas de la necrópolis de La Joya nos revelan el esplendor cultural que alcanzaron estas comunidades tartésicas hace 2700 años.

El primer resquicio de evidencia de La Joya se produjo en 1945, cuando se inició el descubrimiento de la Tumba 1 y se llevaron a cabo las primeras excavaciones arqueológicas dirigidas por los profesores Juan Pedro Garrido y Elena Orta. Debido a la importancia de los hallazgos, los trabajos se extendieron entre 1966 y 1981. Más tarde, con nuevas campañas que perduraron hasta la actualidad, fueron sacando a la luz nuevos espacios funerarios en la parte baja del cabezo, compuestos por tumbas de cremación. Aunque tenían un tamaño y una riqueza menores, estas tumbas pertenecían a individuos de cierto rango en la comunidad.

La importancia de las excavaciones de la necrópolis de La Joya radica en la riqueza de sus ajuares, pero también constituye un testimonio para conocer las estructuras sociales de las ciudades orientalizantes.

De todas las tumbas excavadas, la Tumba 17, excavada en 1971, es la que mejor se ha conservado de la cultura principesca tartésica y contenía un ajuar abundante y lujoso. Los dos principales ritos empleados en el tratamiento de los cadáveres han sido la inhumación y la cremación. El rito empleado en la tumba 17 fue la inhumación, en la que se encontraron restos de un carro de dos ruedas y una gran cantidad de vasos de cerámica, lo que atestigua un banquete funerario de gran magnitud. También incluía una serie de objetos, como jarros, braseros, quemaperfumes, espejos, broches de cinturón…

Del carro sólo se han hallado las piezas metálicas, pero la Asociación Arqueohuelva ha realizado una réplica, con el patrocinio de la Fundación Atlantic Copper, que refleja el símbolo de poder de su dueño, quien posiblemente ostentaba una posición económica y social dentro del grupo. El carro es un vehículo de gran complejidad en su estructura y en su diseño. Llama la atención la cara de león de su tapacubo, así como que los caballos utilizados para tirar del carro eran más pequeños y robustos que los actuales, pero muy eficaces para el trabajo. Hay que decir que había un segundo carro en la tumba 18, pero este se ha conservado en muy mal estado y habría tenido una ornamentación más elaborada.

La exposición centrada en el ajuar de la necrópolis exhibe un total de 200 piezas que nunca se habían mostrado al público. Estas piezas están fechadas entre los siglos VIII y V a. C.; en un pequeño espacio vemos el gran esplendor que tuvo la cultura tartésica.

La exposición está muy bien diseñada en cuanto a la elección de piezas y la forma de exponerlas, por lo que hay que felicitar a los comisarios Clara Toscano, Javier Jiménez Ávila y Raquel Robles, y a todo el personal que ha intervenido, por los resultados excepcionales que han conseguido al dar a conocer la vida, la muerte y la eternidad de la vida tartésica. Visitar la exposición es una gran oportunidad para conocer nuestro pasado. Los textos, los recursos visuales, la museografía, las ilustraciones, la conservación del patrimonio y el rigor científico avalan la muestra. Debido al éxito de la exposición, permanecerá abierta hasta julio de 2026, aunque, la verdad, debería convertirse en una exposición permanente.

 












domingo, 25 de agosto de 2024

EL TESORO DE ALISEDA (Cáceres)

Tesoro es una palabra que, a lo largo del tiempo, ha dado lugar a numerosos tópicos literarios; además, nos ha acompañado de la mano de los templos y las tumbas. Hay muchos tipos de tesoros; hoy nos vamos a centrar en los de oro.

En el primer tercio y a lo largo de la mitad del siglo pasado fue apareciendo, de forma fortuita, una serie de tesoros áureos que han pasado a formar parte de nuestro patrimonio. El primero fue el Tesoro de Aliseda (Cáceres). Después vinieron muchos más como: el Tesoro de Bodonal de la Sierra (Badajoz), Tesoro de Caldas de Reis (Pontevedra), Tesoro de Segura de León (Badajoz), Tesoro de Villena (Alicante)… la mayoría de ellos pertenecientes a la Edad del Bronce; también el Tesoro del Carambolo (Sevilla), Tesoro de Ébora (Cádiz), Tesoro de La Puebla de los Infantes (Sevilla), y Tesoro de Mairena de Alcor (Sevilla), adscritos a la cultura púnico-turdetana.

El tesoro de Aliseda fue descubierto (en febrero de 1920) accidentalmente por Jenaro, un niño que acompañaba a sus tíos, Juan Jesús y Victoriano Rodríguez Santano, a extraer arcilla para hacer tejas, en el término municipal de Aliseda (Cáceres).

Este conjunto de joyas fue vendido a un joyero en Cáceres. El Ayuntamiento, tras conocer la noticia, puso en conocimiento de las autoridades judiciales y las alhajas fueron confiscadas. La intervención del arqueólogo D. Juan Ramón Mélida a la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Cáceres y, posteriormente, a la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, determinaron que el Tesoro debía de estar custodiado en el Museo Arqueológico Nacional, por el excepcional valor artístico y por el exquisito trabajo de orfebrería que mostraban las piezas, así pasaron a formar parte del patrimonio del Estado, previa aplicación de la Ley de Excavaciones de 1911.

El conjunto de piezas ascendía a 350 objetos de oro, plata, bronce, vidrio y piedras preciosas, entre los que destacaban una diadema, tres collares con simbologías diferentes, brazaletes, ocho anillos, dos arracadas, un cinturón compuesto por placas de oro, un abalorio con forma de campana, un septum, un torque, cadenas, amuletos y una pátera de oro. Un braseo y una vasija son de plata. El espejo es una pieza de bronce y una jarra de vidrio con inscripciones egipcias. Joyas datadas entre los siglos VII y VI a. C. (período orientalizante).

Estas piezas están realizadas siguiendo técnicas orientales, desarrolladas durante el período de la colonización fenicia de la Península Ibérica. Algunas de las técnicas utilizadas, como el repujado, el laminado, la filigrana y el granulado, siguen vigentes hoy en día.

Aún queda mucho por investigar y determinar si este conjunto de piezas fue un ajuar funerario, como hasta ahora se ha venido afirmando, pero no existen datos suficientes para respaldar esta hipótesis de un enterramiento o de varios. Sólo la aparición del brasero y de la jarra de vidrio constituye un ejemplo de enterramiento.

En los últimos años, la Universidad de Extremadura ha realizado una serie de intervenciones arqueológicas en la zona, en el marco del proyecto GI PRETAGU. Según los trabajos, no se ha determinado la existencia de ninguna tumba de prestigio, necrópolis ni santuario, como se ha venido postulando. Sin embargo, el registro arqueológico hallado en Las Cortinas ha mostrado una gran similitud con el espacio excavado por Juan Cabré en Ejido, por lo que se ha identificado como un espacio de carácter ritual en el que los principales linajes de la zona celebrarían el inicio de la primavera.

Como apreciamos observando el tesoro, no es una colección análoga de objetos, ya que hay joyas femeninas, hay objetos rituales y también elementos masculinos, es decir, es un conjunto escogido y destacado de piezas que han sido designadas para un ritual de indudable valor sociopolítico y simbólico, cuyos propietarios debieron adquirir progresivamente y administrar a través de diversos mecanismos, como por ejemplo regalos-adquisiciones y que se exhibirían en momentos o situaciones especiales, siendo transmitido de generación en generación.

Los investigadores han llegado a la conclusión, hasta nuevas intervenciones y datos, que en torno al 400 a .C es cuando pudo ser sepultado u ocultado el tesoro de Aliseda, en uno de los espacios de mayor significación político-religiosa de su dominio, como era el área ritual del Ejido-Cortinas, donde era mostrado periódicamente en las fiestas de la primavera y que a través del tiempo este paraje fue abandonado y marcaría el fin de un tiempo y de un ciclo histórico.

En el año 2020 se celebró el centenario del Tesoro de Aliseda con la publicación del libro: “El Tesoro de Aliseda, cien años después. En el laberinto de sus historias”, de A. Rodríguez, I. Pavón, P. Ortiz y D.M. Duque, donde se hace una reflexión de toda la historia y hallazgos que rodean al tesoro con una buena base documental y un Tomo II dedicado a las intervenciones arqueológicas.

La Diputación de Cáceres lleva a cabo un proyecto titulado “Muro Crítico”. Festival de Arte Urbano en el Medio Rural” y, en abril de 2024, el mural de La Arracada ha sido galardonado como el mejor mural del mundo por el organismo internacional Street Art Cities. Este Muro Crítico es un programa de arte urbano que promueve el arte, el diálogo, el medio rural, la crítica. Muchos de estos murales se encuentran repartidos por los pueblos de Extremadura, aportando color y arte a los municipios. Hay que decir que es una iniciativa muy interesante y llamativa.

En el mismo municipio de Aliseda se encuentra el Centro de Interpretación del Tesoro, que comparte edificio con la oficina de turismo. Aquí hay una sala dedicada al Tesoro. Son réplicas fieles al original. Hay una serie de paneles y audiovisuales que te van introduciendo en el tesoro de Aliseda, pero los que te cuentan, y muy bien, toda la historia son los técnicos Mario y Francisco Javier Cambero, que te adentran en todos los entresijos del tesoro.

Referencias:

- A. Rodríguez, I. Pavón, D. M. Duque, 2020: El Tesoro de Aliseda (Cáceres): una relectura. NORBA. Revista de Historia. Vol. 33, pp 61-98.

- M. A. Orti Belmonte, 2020: El tesoro fenicio de Aliseda (Cáceres). NORBA. Revista de Historia. Vol. 33, pp 15-60.

- A. Rodríguez, I. Pavón, D. M. Duque, 2018: Más allá de las casas. Familias, linajes y comunidades en la protohistoria peninsular. CuPAUAM, n.º 44. Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones, pp. 237-240.












La Arracada: mural de Sojo, ganador del primer premio. Foto RRSS




viernes, 3 de marzo de 2023

EXPOSICIÓN: “En estudio: El Turuñuelo de Guareña”.

 Desde febrero, el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz acoge la exposición “En estudio: El Turuñuelo de Guareña”, una muestra de piezas halladas en el yacimiento de Guareña o Casas del Turuñuelo (Badajoz). Podemos considerar este yacimiento como uno de los más significativos de las últimas décadas de la protohistoria de la Península Ibérica.

La exposición ha sido organizada por el propio Museo Arqueológico Provincial, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte y los responsables del proyecto de I+D “Construyendo Tarteso”, codirigido por Sebastián Celestino y Esther Rodríguez.

Con esta muestra se ha pretendido dar a conocer las funciones religiosas, sociales, agrícolas y ganaderas de los pobladores que vivieron aquí; en definitiva, conocer sus costumbres, gustos y creencias.

Se han expuesto objetos metálicos de hierro y bronce, como parrillas para cocinar y jarrones para el vino, elemento fundamental en los banquetes de la antigüedad, así como vajillas de cerámica tanto para beber como para comer. Una exposición que reflejaba las labores agrícolas y ganaderas, sin perder de vista las actividades comerciales basadas en el trueque de productos, y que contaba con una transición justa que empleaba un sistema de pesas y medidas estandarizado.

La agricultura debió ejercer un gran poder junto a la ganadería, y las élites que se asentaban en estos territorios, donde se sitúa el Turuñuelo, debieron controlar la producción agrícola, como se refleja en las herramientas de hierro. Respecto a la ganadería, se muestran puntas de lanza y bocados para montar a caballo. Sus restos aparecieron en el patio del edificio, lo que sugiere que fueron sacrificados antes de la destrucción del edificio (https://solohuesos-isabelcaceres.blogspot.com/2017/07/los-caballos-en-el-santuario-tartesico.html).

Tanto la arquitectura del edificio como los objetos seleccionados para la exposición plantean a los arqueólogos una fecha de s. VIII – V a. C, donde se desarrollaría una cultura de Tarteso, resultado de la mezcla entre las comunidades indígenas del suroeste peninsular y los colonizadores procedentes del Mediterráneo, principalmente fenicios, quienes ocuparon estas tierras y adquirieron gran poder económico. Su declive fue mermando poco a poco, hasta que su mundo entró en crisis y finalizó con su desaparición, siglos antes de que cartagineses y romanos se enfrentaran en la disputa por el control del Mediterráneo.

Una prueba de esta ostentación de poder que hacían la vemos reflejada en los objetos de vidrio, cajitas de marfil y huesos decorados que nos muestran las relaciones comerciales entre dos áreas geográficas distantes.

Los pies de una diosa venida del mar, esculpidos en mármol ático y pintados con colores enérgicos, nos señalan que estamos en un espacio donde convivieron el poder civil y el religioso. En este yacimiento se ha estado excavando desde el año 2015, en el que se han realizado 5 campañas y se ha sacado a la luz parte del edificio monumental, perfectamente conservado, como el de Cando Roano (Zalamea de la Serena), y nos viene a poner de manifiesto el final de esta comunidad: un final trágico, envuelto en sacrificios masivos de animales (caballos, toros…) y en un gran banquete final.

Una exposición muy bien documentada, a través de doce vitrinas, que además cuenta con vídeos e imágenes de las excavaciones y reconstrucciones del yacimiento, tanto de su contexto espacial y histórico-cultural como, sobre todo, de su contexto arqueológico. Permanecerá en el Museo hasta el 12 de marzo. Y en marzo viajará a Madrid, donde se expondrá hasta septiembre bajo el título “Los últimos días de Tarteso”.


















miércoles, 2 de noviembre de 2016

CANCHO ROANO (Zalamea de la Serena, Badajoz)

En medio de la dehesa extremeña y en pleno corazón de la comarca de La Serena, se encuentra una de las residencias más emblemáticas y, a la vez, polémicas de la Prehistoria española, que el Historicismo Cultural ha considerado un palacio-santuario de origen tartésico.
El hallazgo surgió a raíz de un agricultor ilipense (1970) que quería labrar sus tierras, pero el arado no se lo permitía por la concentración de piedras en ese lugar. Pero gracias a la sensibilidad por el patrimonio histórico y arqueológico y al rico registro que se iba descubriendo, el maestro del pueblo de Zalamea de la Serena lo puso en conocimiento de las autoridades.
El hallazgo pasó a manos del profesor Juan Maluquer de Motes, especialista en la cultura tartésica. En aquella época (1978), Maluquer era inspector de excavaciones arqueológicas y decidió llevar a cabo una intervención de urgencia, en la que el Instituto de Arqueología y Prehistoria de la Universidad de Barcelona se haría cargo de los estudios. Tras el fallecimiento del profesor Maluquer, los trabajos fueron continuados por el arqueólogo Sebastián Celestino Pérez.
El yacimiento fue fechado entre los siglos V y VI a. C. Está estructurado en torno a un edificio central y   rodeado por una serie de pequeñas habitaciones. Toda la estructura constructiva se encuentra en un foso excavado en la roca. En el edificio se determinan tres etapas constructivas: la primera fase se construyó sobre una cabaña ovalada, donde se erigió el primer edificio, de planta cuadrada, construido con muros de adobe sobre una base de mampostería, del s. VI a.C. Sobre esta base se edificó una segunda planta, en la que se han llegado a dominar hasta tres altares de adobe, dos de ellos con forma de piel de vaca.  Sobre esta planta, en el s. En el siglo XIX se construyó una tercera planta, que le confiere a este edificio una personalidad propia.
Todo el edificio fue construido sobre una base sólida de piedras y un alzado de adobe; el exterior fue enlucido con arcilla roja, al igual que las habitaciones, mientras que el interior fue tratado con cal blanca. Una de las habitaciones está enlucida con ladrillos de pizarra.
En la parte central del edificio se levantó la habitación principal, donde se erigió un gran pilar rectangular que haría las veces de altar. A esta parte central se accede por un patio cuadrado que, en su centro, alberga un gran pozo que hoy en día sigue alimentándose de agua del río Cagancha.
Pero lo más significativo de todo el palacio, desde el punto de vista de la arqueozoología, es la gran cantidad de restos óseos de fauna recuperados, gran parte de ellos con marcas de corte, es decir, de animales que fueron consumidos. Entre los animales identificados tenemos vaca, corderos, jabalí, ciervo, cabra, zorro, cerdo y caballo. El caballo es el animal más emblemático del yacimiento, ya que se representa en numerosas manifestaciones artísticas y rituales. Este animal posiblemente tendría un significado simbólico, ya que no presentaba signos de haber sido sometido a trabajos de tracción ni a la monta.
Otros objetos recuperados han sido: una rica colección de cerámicas e instrumentos de hierro destinados a labores agrícolas y al mantenimiento del edificio.  También cuenta con hoces, cuchillos, clavos, pesas, molinos y ánforas, brazaletes egipcios, cuentas de ámbar, orzas, calderos, copas griegas, sellos de piedra y joyas de oro.
Como se describe al principio, Cancho Roano es un yacimiento que, desde que fue descubierto, se ha visto rodeado de multitud de polémicas, debido a la variedad de hipótesis a las que se ha sometido, ya que se encontraba en una zona, Extremadura, con un gran vacío de investigación y de registros arqueológicos.
La hipótesis que más ha prevalecido a lo largo del tiempo ha sido la de un enclave fenicio, tartésico y su función era la de un palacio-santuario basada en la teoría de Almagro Gorbea, pero según las últimas investigaciones basadas en los registros encontrados en la zona como: el yacimiento de La Mata (Campanario, Badajoz), Turuñuelo (Guareña, Badajoz), y Tamborrico (Villanueva de la Serena, Badajoz) se está viendo que se trata más bien de formaciones económico-sociales del Bronce Final o formaciones con tecnología del hierro que expandieron sus estructuras y sistemas de explotación del medio a sus territorios circundantes, considerando estos grandes edificios como residencias rurales de algún linaje aristocrático. En los alrededores de estas residencias se encuentran necrópolis y pequeños poblados que les confieren a estos edificios un papel de centro de dominio agrícola; son las formaciones sociales que se van consolidando e introducen nuevos ordenamientos territoriales aristocráticos, basados en la propiedad privada de las tierras agrícolas y ganaderas.
Se puede decir que estas formaciones económico-sociales locales de la época posorientalizante han mantenido vínculos con las culturas tartésicas, fenicias y griegas dedicadas al comercio en el sur peninsular.
Observaciones: Para las personas que quieran visitar este yacimiento, indicar que se encuentra a tan sólo 10 km de la población de Zalamea de la Serena (Badajoz). El lugar cuenta con un Centro de Interpretación que alberga objetos hallados durante las excavaciones, así como una enorme maqueta. También cuenta con enormes paneles en los que, mediante fotografías, se muestran los hallazgos registrados en el yacimiento.
Como todo centro de interpretación, cumple la función de información, divulgación y educación; en definitiva, es una excepcional puesta en valor del yacimiento, en la que el visitante adquiere una visión global del funcionamiento del edificio. Decir que todos los trabajos desarrollados en el yacimiento han sido financiados por la Junta de Extremadura y la Mancomunidad de Municipios de La Serena, y que han supuesto un impulso económico para los municipios, lo que ha propiciado una expansión turística en la zona.
También, para quienes estén interesados en conocer toda la trayectoria arqueológica y la bibliografía generada desde 1980 hasta 2010, la Diputación de Badajoz ha editado la obra: “Cancho Roano: más que palabras. Bibliografía crítica sobre el yacimiento posorientalizante de Zalamea de la Serena”, del arqueólogo Javier Jiménez Ávila. Un excelente trabajo historiográfico sobre este singular yacimiento.