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jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda la algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, bien sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han sucedido a un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquematizados (ancariformes, ramiformes…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes realizados por el arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos que se conservan en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron plasmadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos con antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir con sus dibujos ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos principalmente de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería entre los siglos. VII y VI a.C., con lo cual se daría la llegada del período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórficas repartidas por toda la sierra, que destacan por los trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) que reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico y con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos con forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos en su creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y de ojos), muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuadas.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe, que se extiende desde el s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de que el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, en la que el legado histórico ha sido un referente en la convivencia de culturas y una forma de dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 












lunes, 12 de junio de 2023

PEÑA TÚ (Llanes, Asturias).


               " La composición ocupa casi toda la pared del fondo del abrigo inferior. Hacia el borde                norte existe profundamente grabada una figura cuyo contorno, hacia la parte                               superior, dibuja un arco de ramas muy prolongadas verticalmente, en línea recta, hacia abajo,                  las cuales se unen en sus extremos inferiores por una barra transversal. En el interior de                       esta figura existen diversas líneas, cuyo conjunto dibuja en la parte superior una cara,                      de la que sólo se marcan dos círculos, y entre ellos una raya vertical                     confusa, representando la nariz… Esta figura, conocida en el país como la                       “Cabeza Gentil”, representa, en nuestra opinión, un ídolo…" (Descripción del conjunto de                           la composición pictórica por E. Hernández-Pacheco-Juan Cabré, 1914). 

En el concejo de Llanes apenas hay estaciones con manifestaciones postpaleolíticas; no así en el arte paleolítico, que está muy extendido. El monumento pictórico de Peña Tú se encuentra en un peñón de arenisca, en lo alto de una montaña, concretamente en el extremo oeste de la Sierra Plana de La Borbolla. En su entorno se han documentado más de cincuenta y seis túmulos megalíticos. Es uno de los conjuntos rupestres esquemáticos más importantes de la Cornisa Cantábrica; de hecho, en el Museo Arqueológico de Oviedo se conserva una réplica de este panel.

Este ídolo es conocido desde finales del s. XIX, por Hernández Pacheco, Vega de Sella, Juan Cabré Aguiló y, posteriormente, por Primitiva Bueno Ramírez y Manuel Fernández Miranda.

En la pared, el abrigo inferior presenta un fondo de superficie casi plano, en el que se aprecian grabados y pinturas. Existe una figura grabada que, en la parte superior, dibuja un arco con ramas verticalmente muy prolongadas, en línea recta, que se unen en la parte inferior mediante una barra transversal. La parte superior representa una cara en la que sólo se marcan dos círculos y una raya vertical que simula la nariz y un campo rectangular inferior con bandas horizontales paralelas. Las líneas se graban y se pintan de rojo con hematitas. Al lado de la composición, también en posición vertical, aparece un dibujo que representa un puñal de hoja ancha y de mango corto y redondeado. Este tipo de representación, en actitud pasiva, es decir, con la punta hacia abajo, lo que indica que estamos en la etapa de introducción de la metalurgia en la zona norte, se asemeja a las producciones metálicas del bronce antiguo. En la parte baja se representan varias figuras de pequeño tamaño que forman un conjunto de seis personajes, y en la parte más izquierda, uno solo. Y un grupo de puntos rojos se dispersa por toda la pared trasera del abrigo. Toda esta representación le confiere al monumento un carácter funerario o sagrado. Y una peculiaridad dentro del conjunto de ídolos neolíticos o de la primera mitad del metal.

En los alrededores de la Peña, algunos túmulos fueron excavados y las prospecciones han arrojado una serie de materiales de superficie del calcolítico. Los materiales de estas excavaciones fueron catalogados por el profesor Manuel González y, posteriormente, en los años 80 del siglo pasado, estudiados por los profesores Pablo Arias y Carlos Pérez. Ya en la época moderna, se conserva un grupo de cruces grabadas y piqueteadas, realizadas durante la cristianización para sacralizar las figuras paganas.

Este tipo de ídolo presenta correspondencia con otros conjuntos de la cornisa cantábrica, como los ídolos de Tabuyo del Monte, Los Sejos y Peña Lostroso, así como con ídolos realizados en el sur de Francia y en otras zonas del sur de la Península.

Referencias:

-H. Hernández Pacheco, Vega de Sella, Juan Cabré Aguiló, 1914: “Las pinturas prehistóricas de Peña Tú”. Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas Memorias n.º 22. Madrid.

-P. Bueno y M. Fernández, 2016: “El Peña Tú de Vidiago, Llanes, Asturias”. Altamira Symposium (Madrid, 1981), pp 441-458.













viernes, 27 de enero de 2023

CONJUNTO MEGALÍTICO EL POZUELO (Zalamea la Real-Huelva)


Huelva es quizás una de las provincias con el mayor número de dólmenes: en concreto, 250 monumentos megalíticos. Su distribución geográfica se extiende por las comarcas del Andévalo y de la Sierra y su presencia es baja en la zona costera. Esto puede deberse a la falta de estudios. Las dataciones más recientes de la zona de Zalamea la Real se sitúan en el III milenio cal. ANE (Cobre) y el II milenio cal. ANE (El Bronce).

 El conjunto dolménico de El Pozuelo fue excavado en 1945 y 1946 por Carlos Cerdán. Los resultados fueron publicados en 1952 y desde entonces el grupo se ha erigido en el mejor documentado del megalitismo onubense.

Si comenzamos la visita a los dólmenes por el grupo de los Llanetes, nos encontraremos en la zona más alta de la mina de Chinflón. Su mineralización corresponde a grandes afloramientos de cuarzo que presentan vetas de malaquita y de óxidos de hierro. La explotación de estos carbonatos de cobre comienza en la prehistoria reciente y se intensifica durante el Bronce Final.

Para su exploración, se construyó una serie de trincheras, hechas con picos de mineros provistos de surcos de enmangue, realizados en cantos rodados de andesita. Entre 1907 y 1910 fue explotada como empresa familiar, con una gran producción de mineral. Se documenta la existencia de un pequeño poblado minero en las cercanías de la mina. Éste fue excavado en 1976 por Beno Rothenberg y en 1978 por Manuel Pellicer y Víctor Hurtado. Donde se documentaron una gran cantidad de martillos de mineros y fragmentos de cuencos cerámicos.

Digamos que estos conjuntos de dólmenes se agrupan en dos conjuntos de importancia, situados en torno a los arroyos tributarios del río Tinto. Uno de los grupos es el de Los Llanetes (dólmenes 1, 2, 3 y 4) y el otro, el de El Riscal-La Veguilla (dólmenes 5, 6, 7, 8 y 9). En el primer grupo, en Los Llanetes, se encuentran los dólmenes 1-2 y 3-4, ubicados en los puntos más altos y separados entre sí por el ramal del barranco; este complejo se sitúa en el nacimiento de un valle.

Entre los años 1988 y 1999, se inició la puesta en marcha del proyecto de “Puesta en valor de los dólmenes de El Pozuelo”, por el equipo de  F. Nocete, uno de los conjuntos megalíticos más representativos del momento en el sur peninsular. La primera actuación, además de la limpieza, consistió en la consolidación y restauración de los monumentos megalíticos. El objetivo del proyecto era, además de recuperar estos restos arqueológicos, convertirlos en un instrumento que fomentara una actitud crítica, activa y comprometida con la tutela del patrimonio. Este conjunto consta de 18 monumentos, de los cuales 9 dólmenes han sido puestos en valor y pueden visitarse. En el año 2002 fue declarado B.I.C. con categoría de zona arqueológica. 

En general, su arquitectura es muy peculiar en comparación con otros dólmenes de la península, porque tiene múltiples cámaras; accedemos a ellas desde una única entrada, que luego se bifurca, y aparecen cámaras laterales. Estas cámaras están cubiertas por una serie de túmulos circulares que se adaptan a la irregularidad del terreno y se construyen mediante la acumulación de bloques de piedra o de pequeñas losas de pizarra. La materia prima para su construcción es de origen local, con predominio de filitas.

En los enterramientos del pozuelo se depositaron objetos votivos junto a los difuntos. Los objetos más frecuentes son las herramientas talladas (cuchillos, puntas de flecha, perforadores) y las pulimentadas (hachas), así como las vasijas cerámicas y los objetos relacionados con las actividades cotidianas. También aparecen objetos de adorno personal, como las cuentas de collar, elaboradas con diversos materiales. Igualmente, se han identificado dos clases de ídolos: los cruciformes y las placas. En varias tumbas se encuentran vestigios de pintura sobre los ortostatos, así como restos de ocre asociados a suelos y a artefactos votivos.

En esta zona de Huelva se presenta una serie de condicionantes que permiten desarrollar un discurso de difusión estructurado sobre los diversos paisajes megalíticos de la prehistoria reciente. En éste área del suroeste peninsular; desde el neolítico, con la aparición de las primeras comunidades campesinas en el V milenio a.n.e, pasando por los complejos grupos sociales de la Edad del Cobre, el episodio de mayor extensión territorial y variedad de construcciones megalíticas, hasta la edad del Bronce Antiguo, cuando las sociedades desigualitarias rompen con la tradición megalítica o reutilizan estas arquitecturas de los antepasados con otros usos y significados.

Referencias:

-Cerdán, C., Leisner, G., Leisner, V., 1952: Los sepulcros megalíticos de Huelva: Consejería de Excavaciones Arqueológicas. Madrid.

-García Sanjuán, L., 2009: Las grandes piedras de la prehistoria, sitios y paisajes megalíticos de Andalucía. Junta de Andalucía.

-Linares Catela, J. A., 2011: Guía del Megalitismo en la provincia de Huelva. Una visión de los territorios, paisajes y arquitecturas para la difusión del patrimonio megalítico. II Congreso de Prehistoria de Andalucía. Consejería de Educación, Cultura y Deporte.  Junta de Andalucía. Sevilla.

-Nocete, F.; Lizcano, R. y Bolaños, C. 1999: Más que grandes piedras. Patrimonio, Arqueología e Historia desde la primera fase del programa de puesta en valor del conjunto megalítico de El Pozuelo (Zalamea la Real, Huelva). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Sevilla.

-Vidal, R., 2012: La minería metálica prehistórica en la Península Ibérica. Lurralde, 35: 67-78.

Mina de Chiflón
Mina de Chiflón


















sábado, 30 de octubre de 2021

EL DOLMEN DE LA GRANJA DEL TORIÑUELO (Jerez de los Caballeros-Badajoz)


Interior del dolmen. Foto: Ayto. de Jerez de los Caballeros

En plena dehesa de Jerez de los Caballeros (Badajoz), se encuentra el dolmen de La Granja del Toriñuelo. Este monumento es la manifestación más representativa del megalitismo en la comunidad extremeña. El hecho de que el resto de construcciones funerarias, como los menhires o crómlech, no esté presente en la zona no quiere decir que no estén presentes en la zona; simplemente que no se han conservado, ya que estos terrenos han sufrido demoliciones para facilitar las labores agrícolas y ganaderas. También hay que tener en cuenta que los grandes bloques eran sometidos a explosiones para reutilizarlos en la construcción, como vimos con el dolmen de Lácara y, sobre todo, con los expolios a los que han sido sometidos.

La primera documentación acreditada del dolmen nos llega de la mano de José Ramón Mélida. Sus trabajos fueron trascendentales para la arqueología extremeña en los primeros años del s. XX, concretamente entre 1907 y 1930, destacó, sobre todo, por sus investigaciones y trabajos en la elaboración de los catálogos monumentales de Badajoz y Cáceres; no hay que olvidar los realizados en Mérida y la investigación sobre el tesoro de Aliseda.

En 1914, Mélida incluyó en su catálogo el dolmen de la Granja, donde realizó una representación gráfica de un dolmen de corredor adintelado (tholoi) y de cámara circular con cubierta de falsa cúpula.

De este gran monumento megalítico, cabe destacar que está formado por una cámara funeraria central cubierta con una falsa cúpula, un corredor adintelado, largo y estrecho, que da acceso a la entrada anterior, y por un promontorio tumular que cubre todo el conjunto, así como por un anillo perimetral.

La cámara central estaba cubierta por una falsa cúpula, construida mediante la técnica de hiladas, con piedras de pizarra planas y rectangulares, dispuestas a hueso. El corredor está unido en dos tramos por grandes bloques de granito. Se conservan 25 ortostatos en el lado norte y 19 en el lado sur.

El túmulo llegó a cubrir todas las estructuras descritas, aunque estas han sufrido numerosas alteraciones a lo largo del tiempo, debido tanto a factores ambientales como a factores humanos. El lugar fue reutilizado para una edificación de época romana, también por las labores agrícolas y por excavaciones sin ningún tipo de control, ni conocimientos de excavación arqueológica, por lo que las estructuras fueron muy dañadas, como abrir por la parte de arriba, estropeando de esta forma la falsa cúpula, que estaba formada por aproximación de hiladas de piedras, aun así, el monumento conserva su cámara y arranque original de la cubierta de falsa cúpula y las piedras que sirvieron de refuerzo perimetral de la construcción, así como contrafuertes circulares destinados a impedir el hundimiento del montículo.

 En el interior del sepulcro se han encontrado restos de representaciones, tanto pinturas rojas y negras como grabados, distribuidos entre los ortostatos de la cámara y del corredor. Se conservan motivos grabados mediante la técnica de incisión y piqueteado.

La temática de la pintura, encuadrada en el arte esquemático, es bastante variada: reticulados, zigzags, círculos, grafías rectangulares, así como temáticas naturalistas, como antropomorfos, cazoletas, soles…

En cuanto al ajuar, hay que decir que ha sido escaso debido a los continuos expolios, como hemos comentado. Pero se han conservado huesos, cuchillos de sílex, un hacha de piedra y cristal de roca. A la entrada del corredor se encontró la estela antropomorfa, depositada en el patio de la finca, y fue hallada por Georg Leisner (1934), quien la publicó en una revista que, en aquella fecha, dirigía Hugo Obermaier, y, gracias a la influencia de este, fue donada al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Y una fíbula de codo de bronce, de la época del Bronce Final, y materiales cerámicos romanos procedentes de la reutilización constructiva del monumento.

La función de este monumento funerario megalítico es la de tumba colectiva, donde posiblemente se enterraba a los difuntos de los poblados calcolíticos vecinos, con un ajuar muy modesto. Para su construcción, se requería la participación de un gran número de personas durante un tiempo, debido a la necesidad de transportar las pesadas losas y ortostatos desde la cantera de extracción hasta el lugar donde se construiría el dolmen.

La última campaña de restauración integral finalizó en 1995 y fue supervisada por M.J. Carraco. La restauración fue dirigida por Carmen Cienfuegos y ha constituido una obra de considerables proporciones con la restitución de la falsa cúpula y un armazón de hormigón sobre el corredor para permitir el acceso a través del mismo. También se ha instalado cartelería para las visitas. En 2019, el dolmen fue declarado Bien de Interés Cultural, de categoría de zona arqueológica, dentro del Monumento Nacional Sepulcro Megalítico de la Granja del Toriñuelo.

Referencias:

-          Mélida, J.R. 1925: Catálogo monumental de España. Provincia de Badajoz (1907-1910). Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

-          Carrasco M.J. 2000: “El sepulcro megalítico de La Granja del Toriñuelo”. Jerez de los Caballeros (Badajoz). El megalitismo en Extremadura. Extremadura Arqueológica VIII. Mérida.

-          BOE, núm.106, de 3 de mayo de 2019. Comunidad Autónoma de Extremadura.













jueves, 30 de abril de 2020

EL DOLMEN DE MAGACELA (BADAJOZ)

Magacela es una pequeña población de la comarca de La Serena, situada en una ladera escarpada de la sierra que le da nombre y al resguardo de su castillo medieval. Su pequeñez la engrandece con un importante registro histórico que abarca desde la prehistoria hasta la edad medieval; por ello, fue declarada Bien de Interés Cultural por su riqueza arqueológica y su arquitectura urbana de épocas pasadas.
Su situación es muy estratégica, ya que se encuentra en la misma red de caminos que el yacimiento de Cancho Roano (Zalamea de la Serena), de época tartésica. VI d. C.; y el edificio protohistórico de La Mata (Campanario) y del dolmen de Sierra Gorda (Valle de La Serena).
El dolmen de Magacela, o dolmen de la cerca de Marzo, actualmente está compuesto por 12 ortostatos que configuran la cámara circular, destacándose y alzándose los dos monolitos que indican la puerta de entrada, tratándose de un dolmen de corredor.
De este conjunto funerario no se ha conservado ningún registro; sólo se cuenta con la información que nos dejó José Ramón Mélida, quien visitó el lugar en 1908 y afirmó que se componía de una serie de bloques alineados a través de los cuales se accedía a la entrada principal.
Sin embargo, ya en 1950, estos ortostatos habían desaparecido. En los escritos de E. Jiménez, ya no parece que el dolmen haya sido saqueado ni que sus bloques hayan sido reutilizados.
En 1985, Primitiva Bueno y F. Piñón realizaron un estudio del sepulcro y lo relacionaron con el de Granja de Toniñuelo (Jerez de los Caballeros, Badajoz) y con el de Azután, en Toledo.
Los ortostatos de granito, que aún se conservan, presentan en su parte interna una serie de símbolos relacionados con los astros y, en su parte externa, diferentes cazoletas y motivos ramiformes vinculados al mundo funerario.
Estos emplazamientos corresponden a culturas del III o del II milenio a. C.; nos permiten determinar asentamientos neolíticos y calcolíticos, reflejo de comunidades que desarrollaban un modelo de ocupación basado en la agricultura y la ganadería. En estos milenios se puede hablar de un proceso de consolidación de sociedades tribales que ya comparten un trabajo colectivo.
La organización territorial de estos poblados refleja el tránsito de asentamientos de tipo aldeano, en los que predominan fenómenos de igualdad colectiva tribal, hacia la nuclearización de los poblados, que marca el tránsito hacia las sociedades clasistas iniciales.
En todo este amplio territorio social, que se complementa con conjuntos dolménicos como los del Campillo I y II, El Revellado I y II, Marzoco, Granja del Toriñuelo…, se articula un modelo socioeconómico de estado primitivo, con el Campillo I y II como centro de producción, redistribución y consumo.


Referencias:

-J. R. Mélida Alinari (1914): “Arquitectura dolménica ibérica. Dólmenes en la provincia de Badajoz”. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Madrid.

-F. Jiménez, J. R., Fernández y E. Rodríguez (1950): “Arqueología de Magacela”. Revista de Estudios Extremeños. Badajoz.

-P. Bueno Ramírez et al., 1998: “Dólmenes en la cuenca del Tajo: Restauración y consolidación de megalitos en Alcántara (Cáceres).” Trabajos de Prehistoria, vol. 55. Madrid.



Vista del pueblo y de su fortaleza

Vista de Magacela desde el yacimiento de La Mata










Planta realizada por J. R. Mélida durante su visita al dolmen.