Mostrando entradas con la etiqueta Arqueóloga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arqueóloga. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de febrero de 2025

MARÍA DOLORES ASQUERINO-FERNÁNDEZ RIDRUEJO.

 



Aunque el siglo XIX fue clave en la historia de los derechos de las mujeres, no fue hasta finales del siglo cuando se culminó con la petición del sufragio femenino. Este fenómeno no se desarrolló en todos los campos por igual, sino que, a través de la literatura, podemos acceder al estudio de género y a los avances de la investigación realizados por las mujeres.

Sí, es un hecho que en el s. XX, el número de científicas o mujeres en la ciencia ha crecido exponencialmente, pero aun así, en el s. En el siglo XXI no se ha alcanzado la igualdad ni, mucho menos, la equidad.  Por eso, en el mes de la mujer, queremos hacer visible la figura de muchas investigadoras, sobre todo el papel de la mujer en la arqueología, quienes han aportado sus conocimientos para que su presencia en la ciencia siga creciendo.

El trabajo que algunas de ellas han venido realizando en el campo de la arqueología en las últimas décadas del s. XX son vitales para comprender la evolución de la investigación científica en España, sobre todo en el campo de la prehistoria. Una de estas estudiosas es M.ª Dolores Asquerino-Fernández Ridruejo, que empezó su labor en la Universidad de Madrid y concluyó su dilatada labor investigadora en Andalucía, sin antes haber trabajado en otros puntos de la península. M.ª Dolores fue una gran renovadora de los estudios sobre el neolítico en Andalucía, cuando apenas había registros, y estableció las bases científicas del neolítico andaluz a partir de la evidencia arqueológica.

María Dolores terminó su licenciatura en historia en 1966, con su memoria de licenciatura titulada “La cerámica cardial en la península Ibérica” y su tesis doctoral sobre el neolítico, bajo el epígrafe “El neolítico antiguo mediterráneo occidental”, dirigida por el profesor Martín Almagro Bosch.

Su período de estudio abarca desde el paleolítico superior hasta el neolítico. Dirigió excavaciones en Mejorada del Campo (Madrid), Coveta Emparetá (Bocairent, Valencia), Cova de la Sarsa (Bocairent, Valencia), Penya Roja de Catamarruch (Planes, Alicante) y Tossal de la Roca (La Vall d’Alcadá, Alicante), aunque su predilección por Andalucía fue clave en sus investigaciones; de hecho, pasaba sus veranos en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

Una de sus excavaciones más significativas se realizó en el yacimiento de “El Pirulejo”, al sur de Córdoba, en el sector de las Subbéticas. Es un yacimiento al aire libre que abarca desde el paleolítico superior hasta el magdaleniense. Realizó campañas en 1888 y en 2000-2001, durante las cuales se recuperó un conjunto de piezas de arte mobiliar, tanto de piedra como de asta y hueso.

Con sus estudios sobre el neolítico andaluz, puso en el mapa de dispersión numerosos yacimientos adscribibles al epipaleolítico que antes no existían y nos permite determinar que no existió un vacío cultural en la zona, así como estudiar la transición de los cazadores-recolectores a las sociedades productoras de alimentos.

Las facies Cocina, del complejo epipaleolítico geométrico, que determinó la periodización propuesta por J. Fortea para el ámbito del Mediterráneo, se creía que no tenían correspondencia en Andalucía debido al vacío de investigación, pero con los estudios en la Cueva del Nacimiento (Pontones, Jaén) se registró un epipaleolítico con un componente de industria geométrica en contextos de cerámica del neolítico medio andaluz.

En palabras de uno de sus alumnos, Desiderio Vaquerizo Gil, se detalla que: M.ª Dolores fue una de las mujeres más cultas y sensibles, mejor conversadora, apasionada por su trabajo y capaz de transmitir esa pasión a quienes se lo proponían, docente consumada e investigadora de lujo, amiga en lo bueno y en lo malo, leal y responsable, fiel hasta la muerte misma…

Por toda su labor realizada en Córdoba, se le otorgaron el Premio Juan Bernier de Arqueología y, a título póstumo, la Insignia de Oro de la Asociación Provincial de Museos Locales de Córdoba.

Referencias:

-Asquerino, M.ª D., 1985: Materiales líticos de “La Fuente del Carmen (Zuheros)”. IFIGEA, II: 29-51.

-Vaquerizo Gil, D., 2007: M.ª Dolores Asquerino (1941-2007). In memoriam. Anales de Arqueología Cordobesa, n.º 18-2007.

-Matilla Quiza, M. J. y Romero, E. M., 2020: De la excepción a la normalidad: mujeres científicas en la historia. Instituto Universitario de Estudios de la Mujer. U. A.M.

 


jueves, 13 de abril de 2023

DAMA CELIAE, UNA NUEVA ESPECIE DE CÉRVIDO.


Ilustración de Dama celiae, de Juan José Rodríguez.

Las terrazas del Manzanares son lugares idóneos para el asentamiento de los grupos humanos, ubicados en torno a las antiguas riberas del río Manzanares, a su paso por Madrid. Debido a su riqueza arqueológica, han sido declaradas Bienes de Interés Cultural.

Se acaba de publicar un trabajo en Archaeological and Anthropological Sciences, firmado por investigadores del Museo Arqueológico Nacional (MAN) y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en el que se pone de relieve el estudio de los materiales registrados en las terrazas del río Manzanares, a 25-30 m de altitud, asociados a MIS9 (337-300 Ka), en concreto, de los yacimientos de Pedro Jaro I y Orcasitas (Madrid). 

Las herramientas líticas de estos yacimientos proceden de excavaciones arqueopaleontológicas realizadas durante el seguimiento y control de la explotación de las canteras de arena de Manzanares, en las décadas de 1950-1960.

El yacimiento de Pedro Jaro I, perteneciente al pleistoceno medio, presenta una industria lítica adscrita al tecnocomplejo achelense, con lascas grandes sobre pedernal. Se desarrollaron en un momento de expansión de la cultura achelense en el interior peninsular. Las materias primas de este yacimiento son el sílex, la cuarcita y el cuarzo. Y las herramientas son hachas de mano puntiagudas y de filo recto, así como triedros.

Aparte de la riqueza de sus herramientas, el yacimiento alberga una especie nueva de cérvido, la Dama celiae. Esta especie sería la última de un linaje de gamo; su característica principal radica en las astas. Sus astas se han reducido de cuatro puntas a dos, mientras que el gamo actual evolucionó hacia cornamentas más complejas y palmeadas. En estas cronologías también se dataron fósiles de Megaloceros matritensis, el último miembro de un linaje que sobrevivió más tiempo de lo que se pensaba. Durante el Pleistoceno medio europeo se registraba una sola especie de este tamaño; ahora se conocen hasta tres especies contemporáneas del tamaño de un gamo. 

Pero además de la Dama cf. celiae, en este yacimiento hay restos de Equus cf. ferus, Equus cf. Hydruntinus, Stephanorhinus hemitoechus, Megaloceros matritensis y Bovidae.

El yacimiento de arenero de Orcasitas se encuentra en depósitos de la terraza a +25 m sobre el valle del río Manzanares. La lista de fauna corresponde a Elephas antiquus, Equus cf. ferus, Rhinocerotidae, Bos primigenius, Bisonte sp., Capreolus, Dama cœliae y Megaloceros matritensis.

La industria lítica se adscribe al tecnocomplejo achelense y comprende lascas, núcleos y muescas.

A través del estudio tafonómico, la actividad humana se representa en los restos de fauna marina mediante marcas de corte, en concreto, en un fémur de rinoceronte, en la mandíbula de caballo y en una costilla de ciervo atribuida a Dama celiensis.

La ausencia de marcas de carnívoros sugiere que estos animales fueron cazados por neandertales, como en otras zonas al aire libre del pleistoceno medio.

La presencia de Dama celensis, Megaloceros matritensis y Holoceros en el valle del Manzanares corresponde a especies aún no conocidas en el resto de Europa, y se plantea la hipótesis de que se trate de especies endémicas que se adaptaron al entorno y al clima particulares de esta zona, o bien de que los fósiles aún no hayan sido detectados en otras partes de Europa. Esta nueva especie de gamo fue contemporánea de los neandertales y de la cultura achelense y probablemente fue cazada por ellos. 

Un estudio exhaustivo sobre la evolución de los gamos que deja claras las diferentes hipótesis  planteadas por los investigadores.

Referencia:

- Van der Made, J, Rodríguez, J.J, Martos, J.A, Rubio, S, Panera, J, Yravedra, J, 2023: "The fallow deer Dama celiae sp. nov. with two-pointed antlers from the Middle Pleistocene of Madrid, a contemporary of humans with Acheulean technology". Archaeological and Anthropological Sciences 15 (41).

-Van der Made, J., 2015: "El último ciervo gigante del Pleistoceno temprano: Megaloceros novocarthageniensis n.sp. Y el gamo dama cf. vallonnetensis de la Cueva Victoria (Murcia, España). Mastia, 11-13.


Industria lítica de los yacimientos Orcasitas y Pedro Jaro I
Costilla de dama Caeliae del yacimiento de Orcasitas, con marcas de corte.



Astas de dama de Celiae procedentes de los yacimientos de Pedro Jaro I y Orcasitas.

Reconstrucción de la Dama Celiae en el valle del Manzanares. También están presentes caballos, elefantes, rinocerontes y bóvidos. Autor: J. Gamarra.


Proceso de restauración y adaptación de soportes museográficos de las astas de gamo para ser expuestas
En la vitrina del Museo Arqueológico Nacional.


lunes, 22 de noviembre de 2021

CONCEPCIÓN FERNÁNDEZ-CHICARRO Y DE DIOS: La primera mujer directora del Museo Arqueológico de Sevilla.

 

Aunque Concepción Fernández nació en 1916 en Tortosa (Tarragona), podemos decir que toda su trayectoria profesional se desarrolló en Andalucía.

Cursó la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y, en 1943, obtuvo el Premio Extraordinario por la defensa de su tesis doctoral sobre Laudes Hispaniae, dirigida por Antonio García Bellido. A partir de entonces, pasó a ser profesora ayudante en la Cátedra de Arqueología Clásica y de Lengua y Literatura, bajo la dirección del profesor Rogelio Sánchez.

Ya en 1945, se incorporó al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Museos, lo cual era habitual en la época, sobre todo para las mujeres que querían continuar su trayectoria arqueológica. La destinaron a la conservación del Museo Arqueológico de Sevilla. En aquella época, Juan Lafita ejercía la dirección; era una persona con buena formación, muy polifacética, pero carecía de los conocimientos necesarios en arqueología para dirigir un museo. Por eso, Concha fue destinada aquí para que una persona joven con una formación más especializada ayudara a Lafita en las tareas del museo. Al año siguiente, en 1946, fue nombrada Comisaria Local de Excavaciones Arqueológicas, convirtiéndose así en la primera mujer en ostentar este cargo, con un currículum que muy pocos compañeros podían igualar. A partir de este momento, Concepción fue un referente para muchas mujeres que quisieron acceder a este puesto, entre las que destacamos a la gaditana María Josefa Jiménez Cisneros (de la que hablé en otra entrada).

Tras la muerte de J. Lafita, Concepción pasó a ser directora del Museo en 1959, convirtiéndose así en la primera mujer en dirigirlo hasta su propia muerte en 1979.

Concepción, además de desempeñar las labores museísticas del Museo de Sevilla, compaginaba la dirección del Museo de la Necrópolis Romana de Carmona y del Museo de Itálica. Su labor como directora estaba encaminada al registro, la documentación y el estudio de las piezas de sus fondos arqueológicos, que abarcaban desde la Prehistoria hasta la Edad Media.

Además de las diferentes direcciones, compaginaba su labor con la docencia en la Universidad de Sevilla, en las áreas de epigrafía y numismática, arqueología clásica, museografía y artes suntuarias, como ayudante de la Cátedra de Historia Antigua y Media de España.

Sin embargo, su labor como arqueóloga se centró principalmente en los yacimientos del Bajo Guadalquivir. Colaboró con el Instituto Alemán en las excavaciones de Munigua; también realizó excavaciones entre 1965 y 1970 en Carteia (San Roque, Cádiz), con los profesores Francisco Collantes de Terán y Daniel Woods, patrocinadas por la William L. Bryant Foundation. Sus trabajos aquí aportaron conocimiento sobre el urbanismo de la ciudad y determinaron su cronología. Sus labores se centraron principalmente en el recinto amurallado de la zona de la factoría, en el foro y en el templo.

En Itálica, las excavaciones se concentraron especialmente en el Anfiteatro; también cabe destacar sus trabajos en la Necrópolis Ibérica de Los Castellones de Céal (Hinojares, Jaén).

Digamos que su yacimiento preferido, al que dedicó más tiempo, fue el conjunto arqueológico de Carmona. Los trabajos se centraron tanto en la zona del anfiteatro como en la necrópolis.

Debido a la intensa actividad que llevó a cabo Concha, tanto en la arqueología de campo como en su prolífera producción bibliográfica, fue galardonada por diferentes instituciones, como la Real Academia de la Historia, el Instituto Arqueológico Alemán, la Hispania Society de Nueva York, la Sociedad Panameña de la Historia, la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, la Asociación de Arqueólogos Portugueses y la Sociedad Española de Estudios Clásicos. También le fueron concedidas la Medalla de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio y la de la Orden del Mérito de la República Italiana.

En una visita a la cueva de la Pileta, sufrió una caída que le provocó un desgaste físico que le impidió continuar con el trabajo y, el 23 de octubre de 1979, falleció.

Como vemos en la trayectoria científica de Concepción, fue una mujer dedicada íntegramente a la investigación en arqueología y museografía.

 

Referencias:

-      Fernández Gómez, F., 1982: “Introducción. En memoria de Concepción Fernández-Chicarro y de Dios”. En homenaje a Conchita Fdez.-Chicarro. Directora del Museo Arqueológico de Sevilla. Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes, Archivo y Biblioteca.

 

-           Díaz-Andreu M. (2001): “La Comisaría General de excavaciones arqueológicas (1929-1955). La administración del Patrimonio Arqueológico en España durante la primera etapa de la dictadura franquista”. Complutum 12, 325-343.

-        Fernández Gómez, F., 2013: “El museo arqueológico de Sevilla en el último cuarto del siglo XX. Apuntes para una historia completa del Museo”. Temas de estética y arte, n.º 27, PP. 15-84. Sevilla.


Concepción durante las excavaciones en el anfiteatro de Carmona en los años setenta. Foto: ACAC

                   


jueves, 7 de enero de 2021

La primera carta arqueológica de Cádiz: MARÍA JOSEFA JIMÉNEZ CISNEROS

 

Al margen del halo de exotismo o aventura que nos radián las actividades arqueológicas, sin olvidar que hasta hace poco, era un campo de estudio exclusivo de los hombres, decir qué, la arqueología ha contado con el talento de muchas mujeres que nos han transmitido el saber de las culturas del pasado, y sin saberlo, todas ellas, han formado parte de un posicionamiento teórico, el feminismo, que más debate ha suscitado en las últimas décadas.

Una de estas mujeres, por ejemplo, fue la gaditana María Josefa Jiménez Cisneros (1916-2002), quien fue la primera en elaborar la Carta Arqueológica de Cádiz y también la primera en ostentar el cargo de Comisaría Local de Excavaciones Arqueológicas en Cádiz y en toda Andalucía durante los años 1949-1954, cargo que dejó de existir a partir de 1955.

Cursó sus estudios en la Escuela Normal de Cádiz y, posteriormente, se licenció en Filosofía y Letras, con especialización en Filología Clásica, en la Universidad Complutense de Madrid en 1948. Participó y dirigió varias excavaciones en Cádiz y, a raíz de estos trabajos, decidió realizar su tesis doctoral titulada Historia de Cádiz en la Antigüedad, dirigida por el Dr. José Manuel Pabón y Suárez de Urbina.

Compaginaba sus estudios de arqueología con la docencia; daba clases de francés en el Instituto Rosario, de Cádiz. Gracias a su conocimiento de esta lengua, pudo participar en excavaciones en Francia y compartir conocimientos y colaborar con los arqueólogos más prestigiosos de su época, como M. Gilbert, C. Picard, Benoît y A. Grenier. 

Aquí, en España, también mantuvo contactos con profesionales de su tiempo, como García Bellido, Pelayo Quintero, Tarradell, Pericot, entre otros.

Entabló amistad con otra pionera en arqueología, Concha Blanco, que ejercía como directora del Museo Arqueológico de Cádiz (hablé de ella en otro post) y también era inspectora de excavaciones. Para dos mujeres que se trazaron una estrategia para sobrevivir en un medio tan exigente como la investigación científica y, sobre todo, para ser valoradas por sus iguales, era, en ese momento, todo un gesto de valentía.

Mujeres conocedoras de todo el subsuelo gaditano, como lo demuestran sus trabajos, que abarcan desde los períodos púnico y musulmán; pero también destacar que M.ª Josefa realizó trabajos en Olocau (Valencia), Trípoli, Cartago…

Gracias a los estudios que cursó en la Escuela de Bellas Artes, quedó plasmada una multitud de dibujos de las piezas arqueológicas que rescataba, auténticas obras de arte.

Fue también miembro del Instituto de Estudios Gaditanos y directora de la Biblioteca de Temas Gaditanos desde 1974 hasta 1978, en la que desempeñó labores de organización, catalogación, inventariado y planificación.

Podemos decir que fue una arqueóloga muy polifacética y transgresora, aunque sin saberlo, compaginó varios trabajos a la vez y su afán por conocer las culturas del pasado la llevó a viajar. Así, además de Francia y otros destinos, viajó a la Antártida, a Indonesia y a zonas subtropicales de África.

Fueron muchos los trabajos que María Josefa llevó a cabo entre 1950 y 1970, tanto en Cádiz como en la provincia. En Cádiz podemos destacar los glacis de la Puerta Tierra, la necrópolis de Puerta Tierra, Santa María del Mar, la playa de La Corona, Casa Cuna, las prospecciones del Colegio San Felipe, San Severiano y la playa de La Caleta.

También realizó labores en los yacimientos más emblemáticos de la provincia gaditana, como Asta Regia, Baelo Claudia, Castillo de Santa Catalina (Puerto Sta. María), Puntilla del Salado (Rota), El Berrueco (Medina Sidonia), Santi Petri, Cerro de los Mártires (San Fernando), así como en Torre Alta y Pinar Villanueva (Puerto Real). Y destacar, sobre todo, sus excelentes escritos sobre las inscripciones funerarias.

Después de indagar en la figura de esta pionera de la arqueología, me gustaría destacar tres aspectos que me han parecido fundamentales en su obra: su rigor científico en sus investigaciones, su feminidad y su sensibilidad en la defensa del patrimonio arqueológico. Una mujer con unas características excepcionales, que estoy segura de que, si hoy día hubiese conocido la realidad o la trayectoria que ha seguido la arqueología, no lo habría considerado lícito, porque tenemos que decir que, aun en la segunda década del siglo XXI, los arqueólogos/as de la Comunidad Autónoma de Andalucía siguen sin tener reconocida esta profesión como categoría profesional.

NOTA:

A través del Laboratorio del Seminario Agustín de Orozco, se ha digitalizado todo el material de la arqueóloga M.ª Josefa Jiménez. Gracias por la donación de todo su legado, realizada por su sobrina, Patricia Díaz Jiménez, a la Universidad de Cádiz. La colección ha sido trasladada al Archivo de la UCA para su custodia y preservación.

Todo este trabajo ha sido posible gracias a la gestión de los Dres. Lázaro Lagóstena, M.ª del Mar Castro y Antonio Ruiz. La colección consta de fotografías, mapas, láminas, dibujos, diapositivas, calcos epigráficos, películas y cuadernos de trabajo. Todo este material ha dado origen a la Biblioteca Virtual de M.ª Josefa Jiménez Cisneros.

Un excelente trabajo, a disposición de cualquier persona interesada en investigar los períodos púnico, fenicio, romano y musulmán en Cádiz.

 

Referencia:

-       Jiménez Cisneros, M.ª J., 1971: Historia de Cádiz en la Antigüedad. Instituto de Estudios Históricos Gaditanos. Diputación Provincial: Jerez. Cádiz.

-      Ruiz Castellano, A., 2019: “La colección de M.ª Josefa Jiménez Cisneros, un fondo por explorar”. Cuadernos de Investigaciones de Fondos del Archivo de la UCA.


La colección de la arqueóloga gaditana. Foto: Diario de Cádiz.

                                     Archivo arqueológico de Josefa Jiménez Cisneros a la UCA




lunes, 12 de octubre de 2020

ANA MARÍA MUÑOZ AMILIBIA, UNA MUJER COMPROMETIDA CON LA ARQUEOLOGÍA.

 


Corría el año 1932 y España aspiraba a consolidar la Segunda República como forma de Estado para conseguir un país más democrático y moderno; se iniciaba así un período fructífero para las mujeres, en el que ya adquirían representación en la vida política, aunque el bajo nivel académico de las mismas y la escasa presencia en el mundo laboral hicieron que las buenas intenciones de la República no llegaran a buen fin. En esta época convulsa de cambios nació Ana María Muñoz Amilibia en San Sebastián.

Ella no sabía que años más tarde tendría que enfrentarse a una dictadura que llevaba consigo un androcentrismo plenamente instaurado en la sociedad y que aún perdura en muchos colectivos, como el de la arqueología. Todas las mujeres arqueólogas de esta generación y de las anteriores han venido desarrollando su trabajo en silencio y sin reconocimiento profesional.

Ana María realizó sus estudios elementales en un colegio privado de la orden de las Teresianas, en Barcelona, donde se les inculcaban el estudio de una carrera universitaria, aunque en éste caso, Ana María se decidió por la Historia en vez de la Pedagogía, que es lo que imperaba en el momento, más que nada apoyada por sus padres y porque en la familia había un pariente que se dedicaba a la arqueología, en el Bajo Aragón, lo que despertó en Ana María su motivación por esta disciplina.

Con estos antecedentes, pasa a cursar la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona. Tenemos que tener en cuenta que, en esta época, la economía del país no era fulgente, pero estas generaciones de mujeres pertenecían a familias acomodadas que podían permitirse enviar a sus hijos/as a estudiar fuera.

El C.S.I.C. en los años 50 concedía becas de viaje a otros países para visitar sólo museos, donde adquirían la perspectiva necesaria para afrontar y visualizar contenidos muy diferentes a los nuestros. Aunque, digamos, Ana María estaba acostumbrada a viajar al exterior porque vivió una época en Francia, sus padres fueron exiliados durante la Guerra Civil.

Mientras preparaba su Tesis Doctoral (La cultura neolítica catalana de los “sepulcros en fosa”), dirigida por el profesor Almagro Basch, realiza trabajos de becaria del C.S.I.C, en la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma (EEHAR), colaborando con el Instituto Internazionale di Studi Liguri de Nino Lamboglia, bajo la dirección de sus maestros Martín Almagro y Ripoll Perelló que excavaron en la cueva de Pipistrelli, y también participó en excavaciones en Cataluña y en la cueva de Lezetxiki.

En la Universidad Central de Barcelona ejerció como profesora desde 1954 hasta 1974 (pasando por los diferentes escalafones: primero como profesora ayudante, profesora contratada y agregada), año en que obtuvo la Cátedra de Arqueología, Epigrafía y Numismática en la Universidad de Murcia, y tomó posesión de la cátedra en 1975.

Ana María ha tenido el honor de ser la primera mujer en conseguir una cátedra en España, en una época en la que la prehistoria y la arqueología estaban dirigidas por hombres, pero supo labrarse un camino en la investigación y, lo más importante, formar escuela.

Su llegada en 1975, a la Universidad de Murcia, supuso un punto revulsivo en la investigación, de la zona, como en la actividad docente, ya que puso en marcha en ésta institución la especialidad de Historia Antigua y Arqueología porque no existía Departamento de Arqueología como tal, y a pesar del panorama tan desolador (académicamente hablando) que se encontró en dicha Facultad, no dudó en desistir y abrió varios frentes a la vez. Lo primero fue incorporar al departamento a nuevos profesores y también formar a jóvenes investigadores, en cuya primera promoción de la especialidad de Historia Antigua y Arqueología se inscribió en 1980. Creó una red de museos locales, con el objetivo de proteger y difundir el patrimonio arqueológico. Siempre se sintió apoyada por quienes habían sido sus referentes en la arqueología, como Martín Almagro, J. Maluquer de los Montes, Alberto del Castillo, Tarradell…

Su trabajo incansable en las direcciones de excavación le ha llevado a abordar los distintos periodos de la prehistoria y de la arqueología antigua y medieval. Sus excavaciones más emblemáticas han sido las de: Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia), Cabezo del Plomo (Mazarrón, Murcia), Poblado Argárico de Cobatillas de Vieja, excavaciones en la cueva de los Murciélagos (Zuheros, Córdoba), excavaciones en la cueva dels Ermitons (Sadernas, Gerona) …

En Murcia ocupa el cargo de vicedecana de la Facultad de Letras, así como la dirección del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación Provincial, donde llevará a cabo las excavaciones de urgencia que surjan y las delegará en los alumnos que va formando, abriendo así nuevas vías de investigación desde la prehistoria hasta el mundo hispanomusulmán.

Toda esta labor pluridimensional que llevó a cabo Ana María se plasmó en el trabajo de investigación que realizó con sus alumnos y se reflejó en la cantidad de tesis doctorales que dirigió y en multitud de publicaciones de síntesis sobre la prehistoria y el mundo antiguo.

Podemos decir que fue una mujer totalmente comprometida con la arqueología, lo que la llevó a formar parte del Consejo Asesor de Arqueología y del Consejo Asesor de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de Murcia. También fue miembro de la Junta Nacional de Excavaciones Arqueológicas del Istituto di Studi Liguri y del Instituto Arqueológico Alemán.

En 1990 se trasladó a Madrid y ejerció como catedrática de prehistoria en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) hasta 2003, cuando se jubiló y pasó a ser emérita hasta 2009. Su fallecimiento se produjo en Madrid en 2019, a los 87 años.

Ana María Muñoz Amilibia ha sido todo un referente entre las arqueólogas de este país, dada su vinculación con la vida profesional docente en el ámbito académico. Además, fue una investigadora que logró sacar la arqueología de Murcia del olvido y cuya actividad científica se extendió por toda la Península Ibérica y más allá. También, gracias a sus estudios de análisis y síntesis de la arqueología de la época y a su carisma, formó un grupo de discípulos que han seguido su trayectoria científica.

 

REFERENCIAS:

-         -  https://www.um.es/cepoat/anamariamuñoz/

-         Ramallo, S., 2003: Presentación. En Ramallo, S. (eds.). Estudios de arqueología dedicados a la profesora Ana María Muñoz Amilibia: 19-22. Universidad de Murcia.


Excavaciones en Cobatillas - 1976. Foto: Universidad de Murcia.


Ana María Muñoz     Foto: Universidad de Murcia

Excavaciones en Baena.  Foto: Universidad de Murcia




https://canal.uned.es/video/5a6f7f56b1111f06328b456b



jueves, 22 de agosto de 2019

PIONERAS EN ZOOARQUEOLOGÍA: Dorothea Bate.



Dorothea Bate

Hoy voy a hablar de una mujer que ha marcado un antes y un después en la historia de la arqueozoología y que, además, es pionera en este campo. Merece toda nuestra admiración por su valor al lograr su sueño.
Su vida comienza en 1878, en una pequeña población de Gales llamada Carmarthen, donde nace Dorothea Minola Alice Bate. 
Lo hace en medio de una sociedad en la que, tras una revolución industrial, los obreros consiguieron que se aprobara el derecho a la huelga y se implantara un sistema de sanidad pública, y en la que las mujeres desempeñaban parte del servicio doméstico.
Su infancia fue de lo más inquieta y extrovertida que se puede imaginar en una niña de su edad. Su padre le transmitió un amor por la naturaleza, que ella desarrolló a través de la curiosidad y la observación. 
Estas cualidades fueron forjando su capacidad y su admiración por los animales y las plantas. Haber nacido en un pueblo pequeño le permitió moverse por sus alrededores y así dibujar todo cuanto le llamaba la atención en plena naturaleza.
Nunca llegó a cursar estudios de ciencias naturales; sin embargo, su hermano, al ser varón, sí pudo hacerlo, al igual que su hermana, quien cursó estudios de música, una afición muy aceptada entre las mujeres de la época. Pero ella tuvo que desarrollar sus conocimientos de forma autodidacta.
En 1898, su familia tuvo que trasladarse a Gloucestershire, una zona muy caliza donde proliferan las cuevas, lo que la llevó a interesarse por la paleontología. Su inquietud y sus ganas de ampliar sus conocimientos la llevaron hasta el mismo Londres, donde se presentó en el Museo de Historia Natural y le pidió a su director,  el Dr. Richard Sharpe, un puesto. Este no pudo negarse tras descubrir el conocimiento que poseía sobre la taxonomía de las aves y le dieron el puesto de clasificadora de aves.
A los 22 años publicó su primer artículo en el Geological Magazine, titulado “Breve informe sobre los huesos del Carbonífero de las cuevas de caliza de Wye Valley”, en el que realizó un estudio de los roedores que habitaron la cueva Merlin, que descubrió durante sus escapadas a la naturaleza en Gloucestershire.
Se trata de un estudio sobre 15 especies de mamíferos y aves del Pleistoceno. Dorothea recibía el apoyo de sus compañeros paleontólogos, quienes la animaban a seguir investigando.
En busca de nuevos registros y fósiles, se marchó a las islas de Chipre, Creta y las Baleares, donde descubrió numerosos restos fósiles de especies ya extintas, algunos de los cuales eran nuevos para la ciencia, por lo que sus hallazgos se difundieron por todas partes.
Desde 1901 hasta 1911, estuvo en Creta y Chipre, donde encontró un variado registro fósil que incluía varias especies endémicas de la región, entre ellas elefantes y hipopótamos enanos, que hasta entonces no eran conocidos por la ciencia (Elephas cypriote, Elephas creticus, Hippopotamus minutus), y una serie de ciervos (Cervus cypriotes).
En su estudio, Dorothea observó que este rango de diferenciación de tamaño era una constante en el aislamiento de las faunas de las islas y que influía en varios grupos de mamíferos.
Todos sus viajes y excavaciones los realizaba sola. Sólo se valía de guías locales para que la acompañaran y, en algunos casos, realizaran la parte más pesada de la excavación. 
Realizó muchas intervenciones en cueva y en roca; cuando esta era muy dura, se valía de pólvora o dinamita para deshacerse de las partes complicadas; ambos métodos eran aceptados en la época.
Durante sus viajes por el Mediterráneo, recolectaron más de 200 especies de aves, mamíferos e insectos. Estos animales los enviaba al museo para que formaran parte de sus colecciones.
En 1909, su colega zoólogo Aschington Bullen, que estudiaba la malacología de Mallorca, le comunicó que en la zona de levante de la isla había una brecha con restos óseos. Cuando extrajeron los restos, se dieron cuenta de que se trataba de una especie y un género nuevos para la ciencia, a los que Bate les dio el nombre de Myotragus balearicus (una especie de cabra de pequeño tamaño), además del lirón gigante de Mallorca (Hypnomys morpheus) y de restos de tortugas gigantes.
El Myotragus es un animal que se extinguió hace unos 5.000 años a.C. Éste coincidió con la llegada de los primeros pobladores a las Baleares, quienes lo cazaron para alimentarse y luego lo domesticaron.
La arqueóloga Dorothy Garrod (de la que hablé en otro post) tuvo noticias de los descubrimientos de Bate y, en 1929, se encontraba excavando en las cuevas de Wadi el Mughare, en el Monte Carmelo (Israel), y le envió su registro faunístico para que lo catalogara.
A raíz de estos trabajos, empezaron a investigar conjuntamente en varios proyectos y encontraron restos fósiles de 54 especies diferentes, entre ellas cerdos, ciervos y gacelas, incluidos los artiodáctilos Dama mesopotámica y Gazella. 
Estos registros sirvieron para que Bate elaborase una tabla Dama-Gazella que, debido a sus características, se utilizó en los trabajos de campo para determinar cambios climáticos en registros de cueva con hábitat.
En 1934, el departamento de Antigüedades de Palestina le pidió que llevara a cabo un estudio de fragmentos óseos fósiles, y ella los catalogó como restos de los primeros elefantes que existieron fuera de África, el Elephas planifrons, así como de rinocerontes, tortugas gigantes y del caballo primitivo Hiparión.
Bate está eufórica de alegría por estos acontecimientos, que llegaron a los oídos del paleontólogo James Starkey, quien solicitó estas excavaciones  y que, evidentemente, tenía preferencia por la diferencia de género en la época. Bate se tuvo que resignar a ser colaboradora de Starkey y trabajar junto a él. Pero a Starkey lo asesinaron cuando iba a inaugurar el Museo Palestino de Arqueología; ante la inestabilidad en la zona, Bate volvió a Londres. Se avecinaba la Segunda Guerra Mundial.
Bate llevó a cabo una actividad científica bastante intensa, que tuvo que costear con su donación personal, algo muy común en la arqueología de todo el s. XX. A pesar de todo, el trabajo de investigación que realizó para la ciencia nunca le permitió ingresar ni formar parte del personal científico del museo, privilegio que sólo se atribuía a los hombres. Las mujeres lo disfrutaron a partir de 1928. Sin embargo, todo el trabajo realizado por Dorothea, en especial el registro hallado en las cuevas del Mediterráneo, facilitó el avance de la zooarqueología.
Cuando Dorothea tenía 70 años, fue nombrada directora del Museo de Historia Natural de Tring (a 50 km de Londres). Murió en 1951.
Pero su trabajo sigue vivo y, en 2017, la Sociedad Cívica de Carmarthen, su lugar de nacimiento, le ha colocado una placa azul dedicada a su labor renovadora en el campo de la paleontología. 
Y en 2018, la Dirección Insular de Igualdad en Mallorca descubrió un busto de Dorothea en la isla tras el hallazgo de Myotragus.
Desde principios de siglo, los estudios sobre la fauna de Baleares han sido realizados por el Grupo de Paleontología del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), bajo la dirección del doctor Joseph Antoni Alcocer.

Referencias:

-Alcocer, J. A. Y. Bover, P (2005): Proceedings of the International Symposium “Insular vertebrate evolution: the palaeontological approach”. Monografies de la Societat d´Històrie Natural de les Baleares, 12.

-Shindler, K. (2007): Un conocimiento único: la vida de la exploradora y paleontóloga Dorothea Bate (1878-1951).

-Flaquer, M. (2012): Homenaje a Dorothy Bate. Capdepera.

-Emily Osterloff (2018): Dorothea Bate: a Natural History Museum pioneer.


Dorothea Bate en una excavación en Belén con un trabajador. Imagen MHN.

Foto del Departamento de Geología del Museo de Historia Nacional (1938). Bate está sentada a la derecha en la foto. Imagen del MHN.

Diente de elefante . Imagen MHN.

Cabeza de Myotragus balearicus.


Busto en honor de  Dorothe Bate, en Mallorca.




domingo, 2 de diciembre de 2018

NUESTRAS PIONERAS EN ARQUEOLOGÍA: Concepción Blanco Minguez




Concepción Blanco Mínguez. Foto cedida por D. Francisco Giles Pacheco

Hoy vamos a hablar de una pionera de la arqueología española que desarrolló su trabajo en la provincia de Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente, que alberga un rico patrimonio cultural.
Se trata de Concepción Blanco Mínguez, la primera mujer en ocupar la plaza de directora del Museo Provincial.
Nació en Alcalá de Henares (Madrid) en 1907, pocos años después de que el gobierno aprobó una resolución que permitía a las mujeres cursar estudios universitarios. Por lo que no tuvo problemas para cursar estudios de Filosofía y Letras en la sección de Historia de la Universidad de Madrid y se licenció en 1930.
La salida de esta carrera era opositar al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Museos para ejercer la arqueología profesionalmente. Normalmente, todas las mujeres que accedieron por esta vía no habían tenido contacto con una excavación, ya que dicha actividad estaba vedada a las mujeres. Pero en 1932 obtuvo la plaza definitiva como directora del Museo Arqueológico Provincial de Cádiz y, en ese puesto, tenía incluida la de inspectora de excavaciones en toda la provincia.
Pero cuando llegó Concepción, se encontró con un museo en muy mal estado; no fue hasta 1935 que ella tramitó su traslado al edificio de Bellas Artes en la Plaza Mina.
El museo, a lo largo de todos estos años, sufrió múltiples varapalos, por lo que tuvo épocas en que permaneció cerrado y otras en las que abría sus puertas, pero la falta de medios impedía el avance de los trabajos.
Las labores que se realizaban en cualquier museo durante esta época eran la catalogación, el inventariado, el registro del material y la clasificación de la biblioteca.
Cuando llegó a Cádiz, lo hizo con la idea de pedir pronto traslado a Madrid, pero esa ilusión la desechó al contraer matrimonio y formar una familia, lo que en ese momento le dio la estabilidad que la llevó a jubilarse en esta ciudad. Esto sucedió en 1977, pero no dejó su cargo hasta que se incorporó su sustituto, Ramón Corzo Sánchez, unos dos años después.
Se retiró a vivir en Madrid y no volvió a Cádiz hasta 1994, cuando fue invitada por R. Corzo tras el hallazgo del sarcófago antropoide femenino. Murió en 1994, a los 87 años. Desde entonces ninguna mujer ha vuelto a ocupar la dirección de este museo.
Del trabajo realizado por Concepción, hay que destacar la labor de innovación que llevó a cabo tanto en los criterios museográficos como en la exposición de las piezas. 
Una mujer con una gran capacidad de trabajo y una mente muy avanzada para su tiempo, que supo compaginar su labor museográfica con labores de excavación de campo. Para ello, se rodeó de un grupo de colaboradores en quienes confiaba y a quienes daba la oportunidad de avanzar y formarse, entre ellos: Martín Almagro, Francisco Giles Pacheco, J. Ramón Ramírez, Antonio Sáez y Carlos Fernández Llavré. Ellos ayudaron a Concepción con las tareas de investigación que tenía que realizar y que, por su edad, le resultaban pesadas. También dotó a sus ayudantes de credenciales que les permitían asistir a las obras y recuperar todo tipo de vestigios.
Sin duda, supo elevar la categoría de un museo provincial a los primeros niveles de su tiempo y revitalizar la arqueología gaditana como uno de los puntos de primer orden de la época.
Por eso, nuestro HOMENAJE a esta gran mujer, que supo ganarse el cariño de la población gaditana, de la que recibió multitud de donaciones de piezas, dotando así al museo como centro de conocimiento de su pasado.

Referencias:

-Concepción Blanco Mínguez, in memoriam (1994). Boletín del Museo de Cádiz.
-El Museo Arqueológico de Cádiz (1943). En Revista Geográfica Española, 13.




miércoles, 18 de abril de 2018

NUESTRAS PIONERAS EN ARQUEOLOGÍA: María Braña de Diego.



                        María Braña. Foto de Internet

María nació en Madrid en 1912, buen año si tenemos en cuenta que en 1910 se aprobó una resolución que permitía a las mujeres cursar estudios universitarios. La carrera predilecta por las mujeres en aquella época era Filosofía y Letras, porque ofrecía más salidas y te habilitaba para la enseñanza primaria y media en institutos y escuelas; también te daba acceso al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecas y Arqueología.
Cuando llegó el momento de cursar sus estudios, María optó por desarrollar su carrera profesional en el ámbito de la investigación arqueológica, gracias al viaje de estudios que realizó en el “Crucero universitario por el Mediterráneo” de 1933
El buque se llamaba Ciudad de Cádiz y recorrió durante 48 días los principales yacimientos arqueológicos del litoral mediterráneo. La nueva forma de enseñanza fue todo un estímulo en aquella época; así se rompió con la metodología tradicionalista y con las clásicas lecciones magistrales. Ella decide estudiar filosofía y letras en la Universidad Complutense de Madrid. Fue profesora en el mismo instituto en el que había cursado sus estudios, el Instituto Escuela.
Al inicio de la Guerra Civil, ejerció  como maestra en un colegio de niños huérfanos en Caspe; escapó con ellos a pie hasta Cataluña para ponerlos a salvo de las tropas franquistas y entregarlos a las autoridades republicanas. 
En este instituto hubo una serie de profesoras sancionadas por el régimen. En concreto, María fue inhabilitada como maestra, pero posteriormente pudo reorientar su carrera profesional en la posguerra como conservadora de varios museos.
Así, en 1945, ingresa en el cuerpo de Facultativos de Archiveros Bibliotecarios y Arqueólogos, con destino provisional al Museo Arqueológico Nacional. 
En 1946, se traslada a los Archivos Históricos de la Delegación de Hacienda de Segovia y, posteriormente, pasa a ser directora de Hacienda de Segovia y, después, directora del Museo Arqueológico de Toledo.
Desde 1950 hasta 1971, trabajó en el Museo Arqueológico Nacional. Y también presidió, en esta época, la Asociación Española de Mujeres Universitarias.  
En los últimos años de su carrera profesional se dedica al Museo del Pueblo Español de Madrid.
Desde Algo más que huesos se quiere rendir un pequeño homenaje a todas estas mujeres que fueron pioneras en una profesión difícil como la arqueología, para que su esfuerzo no quede en el olvido. En el caso de María, si leemos su biografía, consta que fue arqueóloga, maestra y conservadora de museos. Dicho así, estas profesiones suenan bastante polifacéticas e incluso con cierto romanticismo, pero la realidad fue muy distinta: le tocó abrirse camino en un mundo hostil, ante todas las adversidades que conlleva una guerra civil y las represalias que ello implica cuando defiendes las libertades.  Por eso, María Braña siempre consideraba que la educación era la mejor arma para combatir la ignorancia y abrirse paso hacia el progreso.