miércoles, 18 de abril de 2018

NUESTRAS PIONERAS EN ARQUEOLOGÍA: María Braña de Diego.



                        María Braña. Foto de Internet

María nació en Madrid en 1912, buen año si tenemos en cuenta que en 1910 se aprobó una resolución que permitía a las mujeres cursar estudios universitarios. La carrera predilecta por las mujeres en aquella época era Filosofía y Letras, porque era la que tenía más salidas y te habilitaba para la enseñanza primaria y media, en institutos y escuelas; también te concedía el acceso al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecas y Arqueológico.
Cuando llegó el momento de cursar sus estudios, María optó por desarrollar su carrera profesional en el ámbito de la investigación arqueológica, gracias al viaje de estudios que realizó en el “Crucero universitario por el Mediterráneo en 1933”. 
El buque se llamaba Ciudad de Cádiz y recorrió durante 48 días los principales yacimientos arqueológicos de todo el litoral mediterráneo. La nueva forma de enseñanza fue todo un estímulo en aquella fecha; así se rompió con toda la metodología tradicionalista, con las clásicas lecciones magistrales de la época. Ella decide estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid. Fue profesora en el mismo instituto en el que había cursado sus estudios, el Instituto Escuela.
Al inicio de la Guerra Civil, ejerció  como maestra en un colegio de niños huérfanos en Caspe; escapó con ellos a pie hasta Cataluña para ponerlos a salvo de las tropas franquistas y entregarlos a las autoridades republicanas. 
En este instituto hubo una serie de profesoras sancionadas por el régimen. En concreto, María fue inhabilitada como maestra, pero posteriormente pudo rehacer su carrera profesional en la posguerra como conservadora de varios museos.
Así, en 1945, ingresa en el cuerpo de Facultativos de Archiveros Bibliotecarios y Arqueólogos, con destino provisional al Museo Arqueológico Nacional. 
En 1946, se traslada a los Archivos Históricos de la Delegación de Hacienda de Segovia y, posteriormente, pasa a ser directora de Hacienda de Segovia y, después, directora del Museo Arqueológico de Toledo.
Desde 1950 hasta 1971, trabajó en el Museo Arqueológico Nacional. Y también presidió, en esta época, la Asociación Española de Mujeres Universitarias.  
Los últimos años de su carrera profesional los dedica al Museo del Pueblo Español de Madrid.
Desde Algo más que huesos se quiere rendir un pequeño homenaje a todas estas mujeres que fueron pioneras en una profesión difícil como la arqueología, para que su esfuerzo no quede en el olvido. En el caso de María, si leemos su biografía, dice que fue arqueóloga, maestra y conservadora de museos. Dicho así, estas profesiones suenan bastante polifacéticas e incluso con cierto romanticismo, pero la realidad fue muy distinta: le tocó abrirse camino en un mundo hostil, ante todas las adversidades que conlleva una guerra civil y las represalias que ello conlleva cuando defiendes las libertades.  Por eso, María Braña siempre consideraba que la educación era la mejor arma para combatir la ignorancia y abrirse paso al progreso.
 



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