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jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda la algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, bien sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han sucedido a un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquematizados (ancariformes, ramiformes…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes realizados por el arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos que se conservan en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron plasmadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos con antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir con sus dibujos ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos principalmente de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería entre los siglos. VII y VI a.C., con lo cual se daría la llegada del período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórficas repartidas por toda la sierra, que destacan por los trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) que reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico y con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos con forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos en su creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y de ojos), muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuadas.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe, que se extiende desde el s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de que el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, en la que el legado histórico ha sido un referente en la convivencia de culturas y una forma de dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 












jueves, 14 de mayo de 2026

ARTE RUPESTRE. PATRIMONIO MUNDIAL DE SOBRARBE.

 En la provincia de Huesca se localiza el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, el espacio natural más grande de la comunidad. Al ser de naturaleza cárstica, abundan las dolinas, las grutas y los cañones. El 30 de noviembre de 1998, en la sesión celebrada en Kioto (Japón), la UNESCO declaró Patrimonio Mundial de Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, el mayor conjunto de arte rupestre de toda Europa. En este conjunto se incluye el arte de Sobrarbe.

La cuenca del río Vero alberga decenas de abrigos con representaciones pictóricas en parajes espectaculares, en las cavidades talladas por el río y sus barrancos. Estas manifestaciones prehistóricas reúnen todos los estilos clásicos de la prehistoria: arte paleolítico, levantino y esquemático, así como el subesquemático y el lineal geométrico. La gran sistematización y abstracción propias de este estilo, que llegan hasta meros esquemas de la realidad, dificultan la interpretación de su significado y de su finalidad.

El descubrimiento de esta zona pictórica se remonta a 1972, cuando el arqueólogo Antonio Beltrán Martínez encontró las primeras cuevas pintadas,  y en 1978 se llevó a cabo una investigación sistemática dirigida por V. Badallou del Museo de Huesca y que abarca desde el Paleolítico hasta la Edad del Bronce.

Los grupos de cazadores-recolectores que subsistían en el territorio continúan plasmando en las paredes rocosas escenas de gran naturalismo, con un estilo esquemático marcado por un fuerte simbolismo. Sobrarbe se encuentra en la zona más meridional del Parque Cultural del río Vero; en este enclave hablaré de los abrigos de Arpán, de Barfaluy, de Lecina Superior y del Tozal de Mallata.

El abrigo de Arpán se encuentra en el barranco de Arpán, afluente del río Vero. Durante el período comprendido entre 6.000 y 4.000 a. C., los grupos humanos que habitaban estos territorios representaron su cultura y su forma de vida, basada en la caza, la pesca y la recolección, mediante la pintura. Para su expresión utilizaron el arte levantino. Tras la llegada de los primeros agricultores y ganaderos, en torno al 5.000 a. C., esta sociedad se transformó e incorporó avances y formas de expresión.

El arte levantino en esta zona se manifiesta al aire libre, en abrigos poco profundos. Se extiende por la mitad oriental de la península entre las sierras interiores y el ámbito mediterráneo. La temática de las representaciones es variada, destacando animales como los ciervos y la figura humana, ambos representados de manera dinámica. Las pinturas son bastante naturalistas, aunque con cierto grado de estilización, y en ocasiones se asocian entre sí, creando escenas narrativas  de caza, rituales, combates y recolección.

Arpán cuenta con un importante conjunto de pinturas y destaca la figura de un ciervo bastante realista, pintado en rojo, con su cornamenta resaltada y trazos finos y otros más gruesos para representar las astas. En una de las paredes se representa una escena de recogida de miel, en la que se utiliza una escalera para alcanzar el panal. También hay cuadrúpedos, arqueros y antropomorfos.

Los trazos y marcas están realizados con los dedos y pigmentos rojos obtenidos a partir del óxido de hierro presente en las betas de la propia roca caliza que les sirve de soporte.

En Bartaluy I, II y III, también situados en este enorme barranco de gran belleza, se extiende un conjunto de abrigos con pinturas de estilo esquemático. Entre 5.000 a. C. y 1.500 a. C., las sociedades del neolítico y de la Edad de los metales plasmaron en las paredes una serie de signos en forma de puntos, cruces, líneas o zigzags. Las pinturas son rojas y negras. 

En el mismo entorno del abrigo de Lecin Superior se representan ciervos, bóvidos, un cánido y cuadrúpedos en negro y tres antropomorfos con piernas y brazos en rojo y con distintos signos.

Los abrigos del Tozal de Mallata están colgados de un importante precipicio a 834 metros de altitud, donde discurren varios barrancos. Destacan tres escenas en las que unos hombres sujetan a varios ciervos por el hocico con cuerdas. El abrigo también conserva varias figuras antropomorfas, un curioso animal, un astado, un jabalí y diversos signos lineales, circulares y cruciformes. En el abrigo aparece una escena compuesta por 13 personas con tocados o peinados destacados. Una de ellas sujeta una cuerda para amarrar a un cuadrúpedo por el hocico. Varios signos ramiformes completan el conjunto pictórico. El arte esquemático es el más abundante en el río Vero.


















jueves, 25 de septiembre de 2025

LA GRUTA DE GARGAS (Aventignan-Francia)

 La Gruta de Gargas se encuentra en el municipio de Aventignan, en Francia, a una altitud de 600 m, en un promontorio prepirenaico, desde donde se divisa todo el valle de la Neste d’Aure. La cavidad se compone de dos partes. La gruta inferior (Gargas I) es muy ancha, alta y adornada con construcciones de estalagmitas, hileras de pilares, pilas y cavidades del terreno, donde el agua circula en periodos húmedos.  La gruta superior (Gargas II), llamada así porque se sitúa en un nivel más elevado, y con el suelo repleto de cuencas de calcita llamadas "gours". 

La comunicación entre las dos, estrecha en tiempos prehistóricos, se obstruyó; se restableció este pasillo perforándolo artificialmente, es decir, se mejoró la conexión entre una cueva y la otra mediante un túnel. La visita se inicia en la entrada superior y se sale al exterior por la inferior, por motivos de conservación, para minimizar el deterioro de las pinturas. Al subir escaleras, el cuerpo produce y exhala más dióxido de carbono (CO2), se desprende más calor al ambiente y se intensifica la circulación del aire.

El doctor Félix Garrigou fue el primero en dar noticias de la gruta por la riqueza de huesos fósiles de especies animales que encontró allí, especialmente del gran oso de las cavernas (Ursus spelaeus). También señala la presencia de hogares y de herramientas prehistóricas. Posteriormente, Félix Régnault descubre una red de galerías y se realizan los primeros sondeos arqueológicos, en los que se encuentran las primeras manos pintadas. 

En 1911, el abad Henri Breuil, el doctor Cartailhac y H. Neuville reanudaron los sondeos y las futuras excavaciones que han demostrado una interesante estratigrafía de ocupación de Gargas por parte de las sociedades prehistóricas durante la última glaciación de Würm. 

La primera cultura con la que nos encontramos es la Musteriense, que se refugia de los rigores climáticos. El Chatoperroniense, el Auriñaciense y el Perigordiense registran una acumulación muy rica, repleta de hogares y utensilios de piedra, como buriles, punzones y raspadores… Se cree que las cuevas fueron utilizadas por Homo sapiens entre 28.000 y 24.000 años antes del presente.

Los habitantes de la cavidad se alejaron de la entrada, donde realizaban sus actividades cotidianas, y se adentraron en las profundidades de la gruta para realizar diversas pinturas y grabados en las paredes y en rincones escondidos. El arte parietal es una inmensa riqueza de la vida y del pensamiento de nuestros ancestros. Contiene dos elementos diferentes, pero de la misma época: las manos pintadas, los grabados y las pinturas de animales.

Las representaciones de animales en la pintura son numerosas y variadas; podemos apreciar el bisonte, el buey, los caballos, los íbices, los alces, el ciervo, los mamuts, las aves, el cuervo, el jabalí, el oso… Su representación nos permite observar la evolución de las condiciones climáticas a lo largo de su ejecución. 

En un principio, el clima fue templado, lo que dio lugar a una vegetación esteparia con arbolado. Se fue haciendo cada vez más frío y más nevoso, por lo que los ibices descendieron de las montañas hacia los valles y las planicies, mientras que los alces y los mamuts, animales de países fríos de la tundra y de la taiga, vinieron a vivir a las cercanías de la gruta. Posteriormente, el clima se suavizó con la vuelta a la estepa del arbolado; los alces y mamuts desaparecieron y los bueyes, bisontes y caballos continuaron presentes.

Lo que verdaderamente destaca de Gargas son las pinturas de manos, que constituyen una visión espectacular: algunas son visibles para el visitante, otras están ocultas por encontrarse en accesos difíciles, algunas están completas y otras han sufrido amputaciones de dedos o deformaciones. Las primeras manos pintadas fueron descubiertas por Félix Régnault, Breuil y Cartailhac. También por Salhy y C. Barrière. En total, 231 manos de diferentes colores: negros, rojos, ocres y blancos. Por sus dimensiones, permite atribuir estas manos a adultos masculinos, mujeres, adolescentes y niños.

La técnica utilizada en la pintura de manos consistió en proyectar un líquido de color, soplado con la boca, sobre la mano adherida a la roca. Todas las manos se distribuyen en 10 conjuntos en la primera sala de la gruta inferior. Los paneles 6 y 8 son los más importantes; el panel 8, situado en la pared izquierda, al fondo, comprende 43 manos, negras, rojas y bistres. 

Otro de los conjuntos importantes se encuentra más lejos, en la sala III, al interior y al dorso de una masa rocosa hueca, revestida de estalagmitas, llamada por esta razón "Santuario de las manos".  A la izquierda de la entrada se ve la bella mano izquierda negra, privada de dos falanges en los cuatro dedos, llamada "mano del nicho". El interior presenta 32 manos negras y rojas. 

En esta gran sala inferior se han realizado varios sondeos arqueológicos, tanto por Breuil en 1919 como por Cristina San Juan-Foucher y Pascal Foucher, desde 2004, que han revelado huellas de ocupaciones domésticas. Entre los descubrimientos se encuentran huesos de animales, herramientas prehistóricas y restos antropológicos. En esta sala de la cavidad abierta, al aire libre, los grupos humanos disponían de iluminación natural, por lo que posiblemente la cavidad funcionaría como santuario y también como lugar de refugio estacional durante las migraciones.

Antes de hacer la visita a la cueva, puedes pasar por el Centro de Interpretación Digital Nestploria, un espacio museístico que revela los secretos de la prehistoria: pantallas táctiles, grandes mesas digitales y películas atmosféricas, que constituyen toda una gran puesta en escena digital. En la cueva no se pueden tomar fotos. Las fotos del post provienen de internet.










sábado, 30 de noviembre de 2024

CUEVA DE LOS ENEBRALEJOS (Prádena-Segovia).

 La cueva se encuentra en el pueblo de Prádena de la Sierra y constituye la mejor representación de la provincia de Segovia desde los puntos de vista geográfico, espeleológico y arqueológico.

Fue descubierta en los años 30 del siglo pasado, a raíz de trabajos de perforación de un pozo, pero no fue acondicionada para ser visitada hasta 1983 y desde 1995 está abierta al público. Tiene un desarrollo de 3630 m y una profundidad de 13 m. Sus salas están adornadas con estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas y banderas; pero también fueron habitadas por comunidades prehistóricas, que han dejado su huella en forma de grabados, enterramientos y diversos objetos de la vida cotidiana. Está declarada Bien de Interés Cultural, categoría de Zona Arqueológica.

La cueva se encuentra distribuida en tres salas o galerías; en la primera se localizan los pozos excavados en el suelo, dónde aparecen los enterramientos del neolítico y calcolítico, acompañado de su ajuar con vasos de cerámica e ídolo de piedra; en la sala segunda se hallan las pinturas en negro que representan a un cazador y un ciervo y diferentes grabados; la tercera sala, conocida como santuario, porque contiene ofrendas y ritos a los muertos. 

En 1964, Ignacio Burdiel realiza una breve descripción de la cavidad desde una perspectiva arqueológica e identifica la zona como un lugar sepulcral con numerosos enterramientos. 

En 1967, E. Ceballos, E. Gómez y A. Llobet realizaron un estudio de los grabados rupestres presentes en su interior. En 1970 se realiza la primera intervención arqueológica por V. Ruiz Argilés y, en 1984, Luciano Municio asumen la dirección de una nueva fase de investigaciones centrada ya en las necrópolis de la Edad del Bronce y establecen las posibles relaciones entre estas comunidades y las manifestaciones de arte rupestre que decoran las paredes y los techos.

El poblado de estos grupos humanos no se conserva, pero sí su cultura material, como herramientas, cerámica y fauna. Era una comunidad agrícola-ganadera que practicaba estas formas de trabajo como estructura básica de subsistencia, a pesar de ser conocedora de la metalurgia del cobre, como lo indican los restos de fundición hallados.

Estas comunidades de la Edad del Bronce usaban la cueva como necrópolis, que, según los análisis de carbono 14, se sitúa entre 2.120 y 1.850 a.C. A estos enterramientos estaban asociados vasos de cerámica, objetos de hueso y ofrendas de alimentos, lo cual se evidencia en la abundancia de restos óseos de animales que acompañan las inhumaciones.  En la industria lítica destacan las puntas de flecha de pedúnculo y de aletas, así como los cuchillos tallados en láminas de sílex. También hay que destacar las hachas y azuelas de fibrolita.

En lo referente al trabajo realizado sobre hueso, destacan los elementos de adorno y punzones realizados en metápodos de herbívoros, espátulas y puntas de flecha fusiformes, así como un ídolo de caliza. Los paneles con representaciones de grabados y pinturas se sitúan en las áreas de enterramiento. Entre los motivos destacan las representaciones de rejillas, zigzags, semicírculos. Sólo están representados dos antropomorfos y dos manifestaciones artísticas de tipo esquemático. En general, podemos determinar que en Prádena se sitúan los primeros momentos de la introducción de la metalurgia, en la Meseta Central, entre los III y el II milenio a. C. 

La cueva de los Enebralejos es de gran belleza geológica y, a pesar de estar abierta al público, goza de una buena conservación gracias al control exhaustivo que ejercen las personas de la empresa encargada de su custodia y de las visitas. En el recinto de la entrada, en la cavidad, hay un parque arqueológico con cabañas prehistóricas donde se realizan talleres para acercar a los visitantes a los modos de vida de las poblaciones prehistóricas, desde los primeros poblados al aire libre. Cuentan con todo tipo de réplicas de útiles de la vida cotidiana. 

Nuestro agradecimiento a José María Moreno, guía de la cavidad, por sus explicaciones y por permitirnos disfrutar de una visita personalizada.

Referencia

-J. Bielsa, J.; Gutiérrez, L.; Municio, 1999: Guía de la Cueva de los Enebralejos. G.E.TALPA.

-L. Municipio, 1990: Cueva de los Enebralejos (Prádena-Segovia). NUMANTIA.













martes, 30 de mayo de 2023

TUBO ÓSEO DECORADO CON MOTIVOS ZOOMORFOS EN LA CUEVA TORRE (País Vasco, España).

 

Alcatraz (Morus bassanus) en la costa NW Cádiz

La cueva Torre se encuentra en el término municipal de Gipuzkoa, País Vasco. El yacimiento fue descubierto en 1966, en el marco de un proyecto. Lo que le confiere importancia a esta cueva es el hallazgo de uno de los objetos de arte mueble más exclusivos hasta la fecha, realizado en hueso de alcatraz. En la Península Ibérica hay muy pocos objetos de arte mueble con decoración pericilíndrica que presenten una combinación completa de motivos zoomorfos, de notable excepcionalidad.

El hueso de ave grabado se encontró en el suelo de la cueva al momento del descubrimiento. Y está decorado con representaciones figurativas (ciervos, caballos, cabras, rebecos, uros y antropomorfos), así como con signos como líneas simples, paralelas y zigzagueantes. Hoy en día, la UPV/EHE ha vuelto a valorar con nuevas técnicas de estudio y de estilística.

Este yacimiento fue estudiado por I. Barandiarán y, posteriormente, en 1982-1983, fue excavado bajo la dirección de J. Altuna. La estratigrafía de la cueva se remonta a los períodos gravetiense, solutrense y magdalenense.

El alcatraz es un ave marina pelágica que vive en el Atlántico norte, en grandes colonias, en acantilados o en islas. Durante el invierno, cuando acaban su período reproductivo, los jóvenes se desplazan hacia el sur, hacia regiones subpolares; pueden llegar hasta el ecuador. Es un ave que, a lo largo de la historia, ha sido cazada por los seres humanos. Los huesos de las aves han sido ampliamente utilizados por ser huecos, alargados y de sección subcircular o cilíndrica, muy aptos para la fabricación de flautas, silbatos, recipientes para ocre, etc.

El tubo del yacimiento Torre se elaboró a partir del cúbito izquierdo de un alcatraz (Morus bassanus). El objeto fue encontrado en dos trozos debido a una rotura previa y, posteriormente, se unió. El hueso mide 179 mm de largo y 10 mm de ancho; su sección transversal es subcircular.

Del estudio tafonómico se desprende que uno de los extremos proximales de la epífisis está alterado por mordeduras de roedores. La superficie del cúbito del ave fue preparada previamente para regularizarla y eliminar las protuberancias óseas. Este proceso se realizó mediante raspado, como lo evidencian las estrías longitudinales en su superficie.

La técnica utilizada para la elaboración de los motivos del tubo fue el grabado de líneas profundas, con sección transversal en forma de V, combinado con un grabado más superficial de detalles y de varios signos de muescas.

Las figuras ocupan prácticamente toda la superficie disponible del hueso. La variedad de tipos de líneas y su profundidad indican el uso probable de distintas herramientas líticas. La rotura en el extremo distal del hueso puede haber eliminado pequeñas porciones de hueso por diversos motivos. Las representaciones siguen un patrón similar en todas ellas: los contornos y los signos se hicieron primero, y las herramientas se pasaron varias veces para hacer surcos profundos.

Las decoraciones formadas por líneas cortas y/o muescas se realizaron posteriormente. Podemos decir que el artista poseía una gran capacidad cognitiva, una percepción estética y una lateralización de las funciones motoras para realizar un objeto de esta antigüedad, con esa belleza.

Los motivos se describen en orden: se comienza con las representaciones figurativas, los animales, los antropomorfos y, por último, los signos.

Las especies representadas son: ciervo (Cervus elaphus), caballo (Equus sp.), rebeco (Rupicapra pyrenaica), cabra montesa (Capra pyrenaica), uro (Bos primigenius), antropomorfo, líneas verticales, signos zigzag.

El estudio integral de todos los grabados del tubo revela características iconográficas y estilísticas muy similares a las de otros yacimientos de la zona. Las figuras están dispuestas en dos filas, orientadas en direcciones opuestas, con las cabezas proyectadas hacia adelante. Se puede considerar que es el tubo decorado más completo encontrado, a pesar de no estar atribuido a un contexto estratigráfico, ya que apareció aislado; sin embargo, por sus motivos iconográficos, los autores del estudio lo atribuyen al Magdaleniense Superior Final (13.000-10.500 cal. A.P.). Del análisis tafonómico y traceológico no se ha podido determinar la funcionalidad del objeto, por lo que se le atribuye un uso multifuncional. Y, por su combinación de motivos y modelos regionales e internacionales, constituyen una clara evidencia de la conexión entre diferentes grupos humanos y de la circulación de ideas, de modelos iconográficos y de comportamientos humanos.

Referencia:

-          -Asier Erostarbe-Tome, Olivia Rivero, José Miguel Tejero, Álvaro Arrizabalaga, 2023: Revaluation of the Portable Art of Northern Iberia: a Magdalenian Decorated Bone Tube from Torre (Basque Country, Spain). Journal of Paleolithic Archaeology. Vol 6, article number 13.

 

Calco del grabado del tubo indicando el número de gráficos. Fotos: (Asier et al.,2023)



Ilustración de la anatomía del ala del alcatraz y de la ubicación del cúbito.

Decoración y huellas de fabricación

Animales grabados en el tubo

Diferentes signos grabados en el tubo.


martes, 21 de marzo de 2023

EL ABRIGO DEL CASTILLO DE MONFRAGÜE (Cáceres).

 

Los ríos Tajo y Tiétar han sido protagonistas en el asentamiento de los primeros pobladores de estas tierras, gracias a la riqueza de sus bosques. Los testigos de estos grupos humanos están presentes en las terrazas de sus ríos y en las pinturas rupestres de sus cuevas y abrigos; la zona alberga más de cien cavidades con arte rupestre.

El abrigo del Castillo es la única cavidad donde podemos visualizar la evolución del arte en el suroeste peninsular, a partir de la diversidad de tipologías de figuras y de la superposición de elementos documentados en los diversos paneles que configuran la panorámica de las escenas de la cueva.

La oquedad alberga ocho paneles, distribuidos desde la zona más exterior hasta la más profunda del abrigo, aprovechando los lienzos de la pared rocosa, en los que se plasmó una serie de figuras geométricas cruciformes, ramiformes e idénticas, de forma indefinida.

Se accede al abrigo por un sistema de escalera tramex, desde su vertiente de solana, desde donde se contemplan bonitas vistas al río. El farallón tiene forma de embudo profundo y, conforme avanzas, se va estrechando y el acceso se vuelve cada vez más difícil. Se ha configurado por la acción de la erosión, que, al actuar sobre las diaclasas, ha ido desgajando en los puntos donde han caído los bloques de roca y ha formado la oquedad. Sobre este farallón cuarcítico se ha construido el castillo.

La cueva fue descubierta en 1970 por dos maestros nacionales de la localidad de Torrejón el Rubio (Cáceres), quienes detectaron en su interior algunas representaciones rupestres, lo que la convirtió en uno de los enclaves con pinturas rupestres postpaleolíticas más avanzados de la provincia. En un principio fueron estudiadas por Soria Sánchez en 1972 y por Beltrán Lloris. Pero los estudios en profundidad no se llevaron a cabo hasta 1999-2002 por un equipo interdisciplinar de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.

La importancia de esta cavidad radica en la variedad cromática y tipológica de su arte. Los motivos se caracterizan por sus distintos grados de simplificación y se presentan asociados entre sí. En las pinturas están presentes el trazo grueso, realizado con los dedos, en rojo, y el trazo fino, realizado con pinceles en tonos oscuros. Con base en el color, la técnica y la composición, las pinturas fueron realizadas en distintos momentos. Su cronología abarca desde el Epipaleolítico hasta la Edad del Hierro.

Hay un conjunto de puntos muy llamativos y típicos del arte esquemático de la zona: puntos dispuestos regularmente en alineaciones verticales y paralelas entre sí.

Pero, sin duda, el panel mejor conservado y más representativo del abrigo se encuentra en el fondo de la cavidad. Donde se observa una superposición de figuras antropomorfas de trazo grueso en la parte superior, que representan un gran cérvido, caracterizado por su naturalidad y sus detalles anatómicos. Se puede fechar en una etapa del epipaleolítico, en la que los animales se caracterizan por su gran tamaño. Otro de los animales que aparece representado en el bóvido por su tipo de cornamenta, lo cual nos indica que estos grupos ya eran ganaderos. Hay un segundo momento en la composición que se caracteriza por una serie de antropomorfos realizados con trazo grueso y en tonalidad anaranjada, correspondientes al arte rupestre del neolítico-calcolítico. La Edad del Bronce es la época en la que la cueva tuvo mayor actividad pictórica, y en su última fase, la del Hierro, se realiza con un pincel y figuras muy finas en negro; se trata de una grafía que corresponde a la denominada escritura del suroeste y puede fecharse en los s. V o IV a. C.

En la zona de la izquierda destaca un grupo de tres antropomorfos y otro de cinco, realizados con trazos finos y en tonalidades más oscuras, en los que se observan tocados, diferencias de sexo y elementos a la cintura, lo que permite establecer una connotación de estructura jerarquizada, posiblemente realizada dentro de un orden ritual o simplemente una jerarquización de género. Es un espacio muy interesante para explicar el cambio cultural en su tránsito del Paleolítico al Neolítico y, posteriormente, a la Edad del Hierro, con la aparición de la escritura.

Referencia:

-Rivero de la Higuera, M. C., 1972: Nuevas estaciones de pintura rupestre esquemática en Extremadura. Zephyrus, XXIII-XXIV. Salamanca.

-Soria Sánchez, V., 1972: Recientes hallazgos arqueológicos en Extremadura. Revista de Estudios Extremeños, XXVIII, n.º 2. Badajoz.

-García, J. J. & Collado, H., 2006: La Cueva del Castillo de Monfragüe. Guía Arqueológica de Extremadura 5.





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