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jueves, 8 de diciembre de 2022

EL PERRO DOMÉSTICO EN EL MAGDALENIENSE (País Vasco).

 En 1985, el profesor Jesús Altuna (arqueólogo-antropólogo y pionero en España en los estudios arqueozoológicos) dirigió las excavaciones de la cueva de Erralla, en Sestao, Gipuzkoa, donde se halló una serie de registros óseos, entre los que se encontraba un húmero de cánido, pero en ese momento no se supo determinar a qué especie pertenecía; se clasificó como Canis sp. Esta cueva presenta una estratigrafía con niveles bien definidos y caracterizados, con rangos que van del VII al I. El nivel V, donde se encontró el húmero de cánido, está cubierto por el nivel IV, que proporcionó restos de siete cabras montesas (Capra pyrenaica) en posición anatómica, lo que indica que murieron en la cueva.

Según el registro del nivel V, se depositó una abundante industria lítica y ósea, característica del magdaleniense inferior, así como objetos ornamentales y otros elementos decorados. Además de los análisis polínicos, que indican que este nivel perteneció a una fase fría (Dryas I), hay análisis arqueozoológicos que nos hablan de la dieta de los humanos de Erralla, con un predominio de Capra pyrenaica sobre Cervus elaphus. Las dataciones por isótopos de este nivel sitúan este entre 15.740 ± 240 y 16.270 ± 240 AP.

Un estudio reciente realizado por el grupo de Biología Evolutiva Humana de la Universidad del País Vasco, en el que han combinado análisis de morfología, datación por radiocarbono y análisis genéticos, ha confirmado que se trata de un Canis lupus familiaris, situado en el Magdaleniense inferior, en la región Cantábrica.

El perro (Canis lupus familiaris) doméstico más antiguo, Canis lupus familiaris, proviene de su agriotipo, el lobo gris (Canis lupus), que apareció en el Paleolítico Superior. Pero aún está por determinarse cuándo y dónde fue domesticado el lobo. Sin embargo, basándonos en los estudios genéticos, podemos afirmar que los orígenes de los linajes de perros se remontan a los antiguos lobos europeos, lo que deja claro un origen europeo de la domesticación de los lobos. Aunque hay autores que consideran el origen del perro en Europa y en Asia. Pero estudios anteriores, publicados en 2020,  determinan que existían diferentes arquetipos de cánidos hace más de 11.000 años y que los perros europeos son sólo un subconjunto muy pequeño de la diversidad  que alguna vez existió, lo que asegura que la domesticación del perro fue multifacética.

En el País Vasco, hasta la fecha, no se han clasificado restos de cánidos domésticos en niveles magdalenienses, y este es el primer estudio que incluye una datación por AMS de 14C y un análisis genético para la identificación de especies. Hasta la fecha, solo se han identificado tres perros del paleolítico superior (Magdaleniense y Epigravetiense) en los yacimientos de Kesslerloch (Suiza), Bonn-Oberkassel (Alemania) y Grotta Paglicci (Italia), mediante análisis morfométricos y genéticos.

Según los resultados de este estudio, durante el Magdaleniense el perro doméstico formaba parte de los grupos de cazadores-recolectores de Europa occidental. El perro de Erralla (17.410-17.096 cal. AP) es uno de los ejemplares más antiguos identificados como Canis lupus familiaris y comparte el haplogrupo mitocondrial C con los perros magdalenienses analizados hasta la fecha. Este estudio nos permite determinar que la domesticación del lobo en Europa occidental es la más antigua conocida hasta la fecha.

Referencia:

-         Altuna, J., et al., 1985: “Cazadores magdalenenses en Erralla (Cestona, País Vasco).” Munibe, 37. San Sebastián.

-         Botigué, L.R., et al., 2017: “Genomas de perros europeos revelan continuidad desde principios del Neolítico.” Nature Communications, 8. 10.1038/ncomms 16082.

--          - Bergström, A., et al. 2020: "Origins and genetic legacy of prehistoric dogs." Science 370, pp 557-564.

-          -Hervella, M., et al., 2022: “The domestic dog that lived   ~ 17.000 years ago in the Lower Magdalenian of Erralla site (Basque Country): A radiometric and genetic analysis”. Journal Archaeological Science 46, 103706.

-           

 : Húmero de cánido de Errácula: a-vista anterior, b-vista posterior, c-vista medial, d-vista lateral. Foto: J.A.S.




miércoles, 11 de noviembre de 2020

LA VARIABILIDAD DEL GENOMA DE LOS PERROS Y SU RELACIÓN CON LOS HUMANOS.


Grabado en Arabia Saudí, donde aparecen un perro y humanos.
Imagen de Ash Parton/María Guagnin.

Mucho se ha escrito y especulado sobre el origen del perro; por eso se espera con afán que se determine su lugar de aparición y cuándo se produce esa domesticación, e incluso, para los más ávidos, que se llegue hasta el mismo grupo donde se produce esa domesticación; pero determinar la evolución de los cánidos a lo largo de todo el proceso histórico es complejo.

Lo que sí es cierto es que el perro ha sido el primer compañero de los seres humanos durante miles y miles de años. Es quizás el más adorado y admirado por estos; así lo atestiguan los registros arqueológicos desde el Paleolítico superior.

Hasta la fecha, sólo se dispone de varios fósiles de perros, que indican que estos han podido ser criados y seleccionados por los grupos humanos en distintas partes del mundo y en distintas épocas, es decir, de forma independiente. La cronología de la domesticación se sitúa entre 10.000 y 40.000 años.

Sobre el origen y el legado genético del perro antiguo, se acaba de publicar en la revista Science un estudio encabezado por Anders Bergström del “The Francis Crick Institute”, de Londres, junto a investigadores de diez países, entre ellos España, con la participación de la Universidad del País Vasco, desde donde colabora el profesor A. Villaluenga.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores han utilizado el material genético, en concreto, de 27 genomas de perros antiguos, presentes en los huesos y dientes de estos animales, para determinar parte de su historia evolutiva. De su análisis se ha desprendido que los cánidos se domesticaron y se diversificaron en todo el mundo mucho antes de 11.000 años.

Este trabajo busca analizar, a partir del material genético extraído de restos de estos perros, repartidos por Europa, Oriente Próximo y Siberia, el proceso de domesticación, aunque algunos de ellos ya estaban domesticados. La diversidad genética observada entre estos perros en distintas partes del mundo surgió cuando los humanos aún eran cazadores-recolectores.

La importancia de este estudio radica en que se ha basado en un análisis global que incluye animales registrados en contextos arqueológicos de Europa, Asia, África y América. Entre los registros europeos, la aportación española ha sido relevante para esclarecer los orígenes de la domesticación en nuestra región.

La muestra aportada por el profesor A. Villaluenga, de la UPV/EHU, ofrece información sobre restos fósiles hallados en yacimientos arqueológicos de Gipuzkoa. Son restos de 32 ejemplares desde el paleolítico superior hasta el neolítico, pero sólo fue fructífero un perro; el resto eran lobos o cuanes. El material procedía de la cueva de Marizulo (Urrieta), excavada por J.M. Barandiarán entre 1962 y 1967, donde se encontró un enterramiento que contenía los esqueletos de un hombre joven, de un perro y de un cordero.

Este trabajo determina que existían diferentes arquetipos de cánidos hace más de 11.000 años y que los perros europeos que vemos hoy día presentan una variedad de formas que se derivan genéticamente sólo de un subconjunto muy pequeño de la diversidad que alguna vez existió.

Un excelente trabajo de colaboración, muy minucioso, que nos ayuda a entender la expansión de los perros por el mundo, a la par que los humanos realizan desplazamientos en grupos, y abre nuevas vías y nuevas investigaciones para seguir indagando en el campo de la domesticación.


con

Referencia:

https://science.sciencemag.org/content/370/6516/557/tab-article-info


lunes, 11 de mayo de 2020

ZOOARQUEOLOGÍA: El Lobo



Canis lupus familiaris. Foto: Ambientum

Algunos colectivos están pidiendo programas de reintroducción del lobo en sus antiguos territorios, es decir, en aquellas zonas en las que ha desaparecido por diversas causas, entre ellas la intensa presión cinegética. Sin embargo, el lobo se extendía por toda la Península Ibérica, desde el Pleistoceno medio hasta el Holoceno. 
Sus restos suelen estar presentes en la mayoría de los yacimientos, porque es el carnívoro mejor representado a nivel taxonómico, tanto por el número de restos como por el de individuos, aunque no en grandes cantidades, que comienzan a ser más frecuentes a partir del Paleolítico superior.
Aquí nos vamos a centrar, sobre todo, en la evolución del lobo (Canis lupus) y en los taxones extinguidos que lo precedieron.
En el continente europeo aparece la familia de los cánidos, representada por los géneros Canis y Vulpes, entre otros, que aquí no vamos a valorar, a finales del Eoceno y a principios del Oligoceno. 
En el Pleistoceno inferior, hace unos 2 millones de años, surge el género Canis. La Península Ibérica, durante el interglacial Mindel-Riss, se caracterizó por intensas oscilaciones climáticas que provocaron diversas distribuciones faunísticas en las distintas regiones de España; así, se extinguió el coyote y surgieron lobos y zorros.
Hay diferentes posiciones sobre cuál fue el ancestro del lobo actual, que no abordaremos. En China tenemos los registros fósiles más antiguos documentados del género Canis, en depósitos de unos 3,4 Ma.
Los primeros cánidos encontrados en Eurasia fueron el Canis etruscus y el Canis falconeri. Los más antiguos de ambas especies se encontraron en China, con una antigüedad de entre 2,5 y 2,8 millones de años. En Europa tenemos el Canis etruscus del yacimiento de Olivola (Italia), con 1,8 millones de años.
En cambio, en la Península Ibérica, en el yacimiento de Fonelas P-1 se registran Canis etruscus y Canis falconeri, característicos del Plioceno Superior y del tránsito Plioceno-Pleistoceno. 
También tenemos hallazgos de Canis falconeri en yacimientos pliocénicos de Villaroya (La Rioja), Puebla de Valverde (Aragón) y Venta Micena (Orce, Granada), con una antigüedad de entre 1 y 1,5 millones de años. Y los restos de Canis etruscus en Cueva Victoria (Murcia), Huéscar-1, Solana de Zamborino y Cúllar de Baza (Granada) con 500 mil años.
Prácticamente, podemos decir que el lobo estaba presente en la mayoría de los yacimientos de la Península Ibérica, como Torralba y Ambrona, con una antigüedad de 0.4 Ma, en la Sima de los Huesos con 0,25 Ma, cueva Fantasma, en Pinilla del Valle, cueva de la Carigüela, cueva Negra, Cabezo Gordo, cueva de los Casares, cueva de los Torrejones, Abric Romani, Leztxiki, Labeko Koba, Amalda, Santimamiñe, Bolinkoa, Ermitlia y Urtiaga (Guipüzcua), Morín (Cantabria), Cueva Ambrosio…
Durante el Paleolítico inferior, la Península Ibérica estaba formada por ecosistemas de sabanas y zonas lacustres, donde se extendía una diversidad de especies animales que hoy no coexisten. Entre los que se encontraban hipopótamos, mamuts, jirafas, rinocerontes, félidos y hienas, diferentes tipos de monos cercopitecos y équidos (precaballos), bóvidos y una gran variedad de artiodáctilos.
Entre los carnívoros teníamos a los Canis falconeri, que atacaban a los ungulados. Por sus mandíbulas se determina que tenían una alimentación carnívora, en su mayoría, con una muela carnicera más cortante que la de los lobos actuales, con cúspides muy afiladas; por lo tanto, no eran rompedores de grandes huesos. Estos lobos eran sociables y cazaban en grupo, por lo que su eficacia en la caza era mayor que la de los felinos; incluso superaban la de los dientes de sable.
Sin embargo, el Canis etruscus es un lobo que caza en solitario; su tamaño corporal también es menor: pesa unos 10 kg y, al ser un gran corredor por sus características anatómicas, suele cazar presas de animales más pequeños.
Entre 1,6 y 1,8 millones de años hubo dos grandes cambios de especies en todo el planeta; cuando esto ocurre, suele deberse a una serie de cambios climáticos. En este primer cambio sobrevivieron tanto el Canis etruscus como el Canis falconeri
Sin embargo, otro gran cambio se produjo hace aproximadamente 800.000 años, cuando dio lugar a una serie de animales que aún existen, entre ellos el Canis lupus (lobo).
El lobo, más evolucionado y generalista, excluyó a Canis etruscus y Canis falconeris, que presentaban habilidades vitales, básicamente debido a su sistema de caza en grupo, lo que le permitió reemplazar a otros depredadores.
Según el registro faunístico de yacimientos paleolíticos, con presencia de taxones carnívoros, nos determina que los cánidos han tenido varias implicaciones a lo largo del Pleistoceno en su relación con los grupos humanos, una de ellas ha sido su papel de agente acumulador de carcasas de ungulados en  zonas de hábitat de humanos, pero también, el lobo normalmente, acudía a los yacimientos que estaban ocupados por los grupos humanos en épocas en que estos estaban libres, buscando los residuos dejados por éstos. A través de los estudios tafonómicos, se ha observado en el yacimiento de Galería, en la Trinchera de la Sierra de Atapuerca, que hace 200.000-500.000 años se registró un gran número de herbívoros con marcas de haber sido comidos por los homínidos, y también se observaron marcas de mordeduras de cánidos, lo que indica que los cánidos aprovechaban los recursos cárnicos que los humanos dejaban. 
Pero también los lobos han sido presa de grupos de cazadores, ya sea por su carne o por su piel; estos serían cazados a finales de otoño o a principios de invierno, cuando su piel está más bonita.
Aunque estos animales son difíciles de cazar debido a su naturaleza evasiva y su agudo sentido del olfato. Son territoriales y su forma de vida es en manada, compuesta por machos y hembras, con entre 10 y 15 individuos. 
Su dominio no suele ser muy amplio, sólo abarcan una zona de 200km; el aullido es lo que marca su territorio con las manadas vecinas, pero lo que más le caracteriza es su gran olfato, pueden oler a grandes distancias, gracias a que tiene repartido por todo su cuerpo una serie de glándulas, en la cola, los ojos, las patas, en la piel y en los genitales; sus feromonas secretadas por dichas glándulas son las que identifican a cada lobo. 
Debido a que se desenvuelve en un biótopo muy amplio, ya sea en la montaña o en los bosques caducifolios, taigas y praderas, su capacidad de adaptación le ha permitido extenderse por toda Europa, Asia, América y África. Así, también nos han dejado constancia a través de sus representaciones en el arte parietal, que han estado presentes muy cerca de las comunidades humanas. 
Estas representaciones se distribuyen por toda Europa a lo largo de todo el Paleolítico, que se extiende desde Alemania hasta la Vega Verde. Aquí se contabilizan once sitios con representaciones gráficas distribuidos por Navarra, el área cantábrica, la mediterránea y la Meseta. 
Estos animales, a lo largo de los diferentes períodos históricos, han estado al refugio de los humanos, ambos compartimos un carácter biológico y somos animales sociables, pero esta relación nunca ha sido así, en nuestra península estuvo a punto de extinguirse a finales de los años setenta (del s. XX), por los ataques que se producían a los rebaños de ganado, que llevó a los ganaderos a luchar contra éste animal, llevándolo casi a la erradicación. Gracias a la perseverancia de Félix Rodríguez de la Fuente, se salvó de una desaparición segura y obtuvo un régimen de vedas anuales.
Muchas comunidades rurales no ven con buenos ojos que en sus territorios se reintroduzca el lobo (Canis lupus familiaris), porque se les atribuye la responsabilidad de las pérdidas en sus rebaños. 
A pesar de que las administraciones han adoptado algunas medidas para subsanar estos problemas, no hay acuerdo entre ambas partes. Como en todos los ámbitos en los que surgen las indemnizaciones, también surge la picaresca: hay depredadores carnívoros (lobo, osos, depredadores medianos…) que atacan a las reses, pero también intervienen carroñeros (buitres, halcones…), por lo que resulta difícil determinar qué animal es el responsable de las matanzas.
Existe un estudio encabezado por el Dr. José Yravedra, basado en la morfometría geométrica, para distinguir entre diferentes ataques de carnívoros y que se fundamenta principalmente en el análisis de la morfología de las marcas dentales dejadas por estos en los ejes de los huesos largos. 
Con este tipo de análisis se podría resolver el conflicto que a veces genera el fraude en seguros y, así, reducir la tensión entre ganaderos y funcionarios del gobierno.
Hay que tomar medidas por ambas partes (cercas eléctricas, perros pastores…), como plantean los estudios de M. Sánchez, y sólo así podríamos disfrutar de poblaciones de lobos en nuestros campos.


Referencias:

-A. Azzoroli, 1983: “Quaternary mammals and the end Villafranchian dispersal event: a turning point in the history of Eurasia”. Paleogeography, Paleoclimatology, Palaeoecology, 44.

-A. Arribas y G. Garrido, 2016: “Los primeros lobos, linces y cabras montesas de la fauna ibérica”. Quercus, n.º 359.

-G. Garrido y A. Arribas, 2008: Canis accitanus, una nueva especie de cánido del Plioceno superior. En Arribas. A (Ed). Vertebrados del Plioceno superior terminal en el suroeste de Europa: Fonelas P-1 y el Proyecto Fonelas. Instituto Geológico y Minero de España, serie Cuadernos del Museo Geominero, 10, 187-199.

-A. Arribas y P. Palmqvist: El registro fósil de los cánidos del Cuaternario en España: inferencias tafonómicas y paleobiológicas. 

-I. Cáceres et al., 2010: “El yacimiento de Galería (sierra de Atapuerca): un enclave para la obtención de recursos carnívoros en el pleistoceno medio”. Actas de la 1.ª reunión de científicos sobre cubiles de hiena en los yacimientos arqueológicos de la P. Ibérica.

-A. Lobo Montañés, 2018: “Los cánidos en las manifestaciones gráficas paleolíticas”. Munibe, n.º 69.

-J. M.ª Vázquez-Rodríguez, 2019: “Presencia de cánidos (género Canis, Vulpes y Cuon) en el registro arqueofaunístico de yacimientos paleolíticos cantábricos”. Actas de las X Jornadas de Jóvenes en Investigación Arqueológica (Burgos, 2017).

-J. Yravedra, 2003-2004: “Interacciones de Humanos y Carnívoros en el Pleistoceno Superior de la P. Ibérica. Novedosas interpretaciones en la cueva Almanda”. Espacio, tiempo y forma. Prehistoria y arqueología. T 16-17.

-J. Yravedra, M. A., Maté, L., Courtenay, D.González y M. Fernández, 2019: “The use of canid foot marks on bone for the identification of livestock predation”. Naturesearch. Scientific Reports 9:16301.

-J.Yravedra, et al., 2011: A taphonomic study of wild Wolf (Canis lupus) modifications of horse bones in Northwestern Spain. J.Taphonomy, 9(1), pp 37-36.

-M. Sánchez et al., 2019: Por la convivencia del hombre y el lobo. Observatorio de Sostenibilidad. See. P.51



Reconstrucción de Canis etruscus. Foto: R:Uchytel



Maxilar y mandíbula de Canis etruscus de Fonelas P-1.




Cráneos y mandíbulas de Cánido falconeri de Venta Micena. Foto: J.L. Santamaría.




jueves, 14 de febrero de 2019

EL PERRO, EN UN CONTEXTO FUNERARIO DURANTE EL NEOLÍTICO MEDIO


La revista Journal of Archaeological Science: Reports ha publicado un estudio sobre los enterramientos de perros como rito funerario en las poblaciones neolíticas del nordeste peninsular.
Un trabajo exhaustivo realizado por un equipo de zooarqueólogos y arqueólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de la Universidad de Barcelona (UB), que aporta nuevos datos basados en análisis de zooarqueología e isótopos de los huesos de una muestra de 26 ejemplares de perros (Canis familiaris).

“En la Península Ibérica, las comunidades neolíticas iniciaron una actividad ceremonial vinculada al sacrificio y al entierro de perros.

El estudio se ha centrado en cuatro sitios arqueológicos de la franja costera catalana: Camí de Can Grau, La Serreta, Ca l'Arnella y Bòbila Madurell.
Los autores interpretan la función que tenían los perros en estos enterramientos, considerados ofrendas al acompañante, y este uso más antiguo del animal representa el más antiguo en el contexto de los entierros dentro del espacio estudiado.
Los perros tenían entre un mes y seis años de edad y entre 40 y 50 centímetros de altura en la cruz. Estos animales fueron enterrados en tumbas circulares, junto a humanos o entre sí, aunque también se han hallado sepultados por separado en tumbas cercanas. Los esqueletos estaban en conexión anatómica: algunos semicompletos, otros completos, pero no presentaban fracturas, marcas de manipulación ni trazas de depredadores.
Del estudio isótopico de los huesos se desprende que la dieta de estos animales era mixta, muy parecida a la de los humanos, con una elevada presencia de cereales, como el trigo, y de verduras.  En dos cachorros y dos adultos se ha precisado que la alimentación fue completamente vegetariana y, en muy pocos casos, rica en proteínas de origen animal.

“Los isótopos estables muestran similitudes entre las dietas humanas y caninas”.

Los autores también plantean que estos animales desempeñaron un papel importante en la vida de las poblaciones neolíticas, como guardianes de rebaños y vigilantes de los asentamientos frente a posibles depredadores. Al tener una relación tan estrecha, se convirtieron en compañeros en la muerte o en símbolos de los rituales.
Un trabajo muy interesante que confirma la presencia de perros en espacios sagrados y funerarios del neolítico medio (4.200-3.600 cal. a. C.). Aunque otros trabajos prevían que los perros en determinados yacimientos desempeñaban una función ritual y de acompañamiento al difunto, ello no se había constatado con rigor metodológico en la investigación cualitativa.


Referencia:

-Albizuri, S, Nadal, J., Martín, P., Gibaja, J.F., Martín Cólliga, A., Esteve, X., Olmos, X., Martín, M., Pozo, R., López-Onaindia, D., Subirá, M.E., 2019: “Dogs in funerary contexts during the Middle Neolithic in the northeastern Iberian Peninsula (5-early y th millennium BCE)”. Journal of Archaeological Science: Reports. Vol. 24.


Foto: Journal of Archaeological

Foto: Journal of Archaeological
Foto: Journal of Archaeological


jueves, 10 de mayo de 2012

EL LOBO Y EL COYOTE: DIFERENTES CAMINOS EN SU EVOLUCIÓN.

A raíz de la última glaciación (10.000 años), muchas especies de mamíferos experimentaron cambios evolutivos debido al cambio climático que se produjo. Esto se reflejó en que algunas especies se extinguieron y otras simplemente experimentaron cambios evolutivos en su morfología. Este cambio lo vemos, por ejemplo, en los lobos y los coyotes, dos especies de cánidos que siguieron líneas evolutivas distintas. Así,  el lobo, con una fuerte mandíbula y sus 42 piezas dentarias, junto a su amplia caja torácica y sus voluminosos músculos maseteros, es muestra de una evolución adaptativa en función de sus características depredadoras en la cadena trófica. 
Sin embargo, los coyotes, aunque a veces se reúnen en manadas, por lo general son animales solitarios y se alimentan principalmente de pequeños  mamíferos como ratas, ardillas y conejos, así como de frutos y granos vegetales.

Los lobos suelen medir entre 1,20 y 1,80 metros y una alzada a la cruz de entre 60 y 70 centímetros. Su peso varía entre 30 y 50 kilos, aunque a veces puede superar ese límite. Los coyotes miden entre 60 y 70 cm de altura y pesan entre 10 y 25 kg; por su aspecto, son muy delgados y pueden parecer desnutridos, aunque gozan de buena salud.

Aunque hoy en día presenta diferencias notables, en su corpulencia no fue así durante el Pleistoceno. Así, lo avala un estudio realizado por Julie Meachen, del Centro Nacional Estadounidense de Síntesis Evolutiva, y Josh Samuels, del Monumento Nacional de los Lechos de Fósiles de John Day, en Oregón, que revela la causa por la que los coyotes perdieron la corpulencia que tenían en su día  y que los hacía más semejantes a los lobos grises actuales.


Esqueleto de coyote. F:R.O´Keefe

Los coyotes arcaicos tenían sus cráneos y mandíbulas más gruesos y profundos que los de las poblaciones actuales . Los del Pleistoceno también tenían dientes más anchos para procesar la carne, lo cual era una adaptación útil para cazar presas más grandes.  Este cambio en la morfología corporal del coyote se debió a la desaparición de sus presas y competidores directos de gran tamaño, por lo que se adaptó a una alimentación más ligera y distinta.



viernes, 30 de marzo de 2012

HALLAZGO DE PERRO DOMESTICO CON UNA ANTIGUEDAD DE 33.000 AÑOS

En Siberia, en una cueva de la zona de Altai, se han encontrado restos de un cráneo de perro, lo que parece ser una de las evidencias más antiguas de la domesticación de estos animales por parte de los seres humanos.
Este mismo acontecimiento ocurrió en una cueva de Goyet, en Bélgica, con una datación de 31.700 años, lo que indica que la domesticación pudo producirse en varias ocasiones y en lugares geográficos distintos; es decir, no es un proceso de un solo lugar, sino que puede producirse a la vez en diferentes lugares. Con esta datación del perro de Siberia, de 33.000 años, se reaviva la fecha del perro más antiguo conocido hasta la fecha, ya que hasta ahora contábamos con los restos hallados en Rusia, en Eliseevich, que fueron datados en 14.000 años.


Este hallazgo está siendo estudiado por un grupo de investigadores de la Universidad de Arizona (Greg Hoodgins), que basa sus estudios en las características morfológicas, ya que el cráneo encontrado está muy bien conservado y permite realizar mediciones del cráneo, de los dientes y de las mandíbulas.
Determinan principalmente que los lobos tienen un hocico largo y estrecho y que los dientes no están muy juntos, mientras que los animales domesticados presentan un hocico más corto y una ampliación de las mandíbulas, lo que acaba por hacer que los dientes se agrupen más próximos entre sí.
Sin embargo, para el estudio del perro excavado en la cueva de Goyet, el paleontólogo Mietje Germonpré analizó 117 cráneos de los últimos grandes fósiles de miembros de la familia Canidae, que incluye perros, lobos y zorros.
Germonpré reveló que un análisis esquelético mostró que, durante el Paleolítico, había perros con cráneos más amplios y hocicos más cortos que los de los cerebros fósiles de los últimos lobos. 
Los estudios de ADN determinan que los cánidos presentan una diversidad genética sustancial, lo que sugiere que la población de lobos del pasado era más numerosa que la actual."
Los investigadores determinan que este tipo de perro excavado en Siberia pertenece a una clase de la que no parecen provenir los perros modernos.
Los restos de este animal fueron ubicados como anteriores al período "Último Máximo Glacial", registrado hace aproximadamente entre 26 y 19 mil años.
Por eso, se considera que fue el primer animal que los seres humanos domesticaron y que, a diferencia del resto de animales, no lo hicieron como fuente de alimento, sino por su compañía, su salvaguardia y su lealtad, como ocurre a día de hoy.
La genética ha demostrado que los perros son lobos y que se fueron diferenciando entre sí en el proceso de selección y cruce impuestos por los seres humanos.



miércoles, 2 de noviembre de 2011

HALLAZGOS DE CÁNIDOS DOMÉSTICOS EN EL PALEOLÍTICO



En la región de Predmostí, en la República Checa, un grupo de investigadores, entre los que se encuentran los paleontólogos Mietje Germonpré y Rob Losey, ha descubierto los restos fósiles de tres cánidos en un registro del Paleolítico, en el que uno de ellos portaba un hueso de mamut en la boca, lo que se considera una señal ritual de la época.


Los científicos consideran que los tres animales fueron enterrados siguiendo un ritual y que un humano pudo colocar el hueso de mamut en la boca de uno de estos perros para que “estuviera alimentado y acompañara su alma y la de su dueño en su viaje después de la muerte”.


Los cráneos de los animales muestran signos de haber sido perforados, por lo que los investigadores les atribuyen un significado asociado a la liberación del espíritu: una vez muerto el animal, se le extrae el cerebro para que el espíritu pueda liberarse.
La paleontóloga Germonpré considera que se trata de cánidos domésticos, a diferencia de los registros de lobos y de especies más modernas, debido a la estructura de su cráneo y de su paladar. Sus cráneos, explica Germonpré, “son similares a los de un husky siberiano, aunque más grandes y pesados que los de los ejemplares que conocemos actualmente”.
Se trata de animales de gran tamaño que pesaban alrededor de 35 kg y, al parecer, se utilizaban como animales de carga para transportar huesos, carne o leña.
Los investigadores consideran que el proceso de domesticación de los cánidos se llevó a cabo miles de años antes de lo previsto.
Este hallazgo está relacionado con el realizado hace unos meses en Siberia, en el cementerio Shamanka, cerca del lago Baikal, por investigadores de la Universidad de Alberta (Canadá), sobre un husky (una raza de perro utilizada como perro de trineo) que, al parecer, era la mascota de una familia prehistórica de 7.000 años.
Según los análisis  del ADN, se confirma que comía los mismos recursos que los humanos encontraban en su medio, como pescado, carne de foca, venados, pequeños mamíferos y algunos vegetales.                                                     
El animal se encontraba tumbado de lado, en uno de los niveles de una profunda fosa, donde también se han hallado cinco esqueletos humanos.
El paleontólogo Robert Losey afirma que "como los humanos, el perro fue sepultado junto con otros elementos, como una larga cuchara de madera".
También se ha descubierto el esqueleto de un lobo junto al cráneo de una de las personas enterradas, por lo que  Losey afirma que "quizás lo hicieron para que el animal actuara como su protector en el más allá". Teniendo en cuenta la concepción que los pueblos nórdicos tenían de los animales en la Antigüedad, los enterraban como si fueran humanos. Porque sabían que tenía alma y lo enterraron para protegerla adecuadamente". Y porque había convivido con ellos, "ya que su esqueleto, su columna vertebral, sugiere que lo usaron para transportar cargas".
Según los antropólogos, los humanos pudieron usar al perro para transportar los útiles de uso cotidiano que empleaban para pescar, cazar, recolectar alimentos o conseguir leña.
Los nuevos registros nos confirman que el proceso de domesticación se produjo bastante antes de lo que el historicismo nos ha señalado y que, ya en el Paleolítico, existía.