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jueves, 6 de agosto de 2026

PISADAS DE MAMÍFEROS

 

Muchas veces, cuando caminamos sobre sedimentos blandos o fangosos, nuestras pisadas quedan marcadas en el suelo; dependiendo del tipo de sedimento, estas tendrán una forma u otra, o perdurarán más o serán más efímeras. A veces creemos que los restos fósiles son sólo huesos, dientes y conchas, pero tenemos cada vez más evidencias indirectas de su presencia, como las huellas, conocidas como icnitas.

Estas icnitas las podemos ver en las rocas; fueron hechas por organismos vivos mientras caminaban o corrían y nos aportan gran información sobre los animales que se movían o vivían en determinadas zonas. Para que se conserve una huella, es necesario que el animal camine sobre una superficie blanda, como el barro o la ceniza volcánica. Esta huella es posteriormente cubierta por arena, limo o ceniza adicionales, que le sirven de protección frente a fenómenos atmosféricos, como el viento o el agua. A través de su estudio, se puede colegir qué animal las dejó, la velocidad y el modo de desplazamiento que presenta, que se miden a partir de la distancia entre pisadas, su comportamiento y, sobre todo, el entorno donde vivía, a través de la textura del sedimento.

Con el paso del tiempo, estos sedimentos se fosilizan y forman rocas en las que quedan impresas las huellas de los animales. La fosilización se debe a los movimientos tectónicos derivados del plegamiento alpino en el Pirineo. Es el fenómeno observado en el yacimiento de La Fondota (Abiego, Huesca), donde se han hallado más de mil icnitas de mamíferos. El yacimiento fue descubierto en 1973 y actualmente está siendo estudiado por un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza, integrado por Martín Linares, Diego Castanera y José Ignacio Canudo, quienes han realizado el estudio sedimentológico e icnotafonómico.

Hace 35 millones de años (Oligoceno) en Abiego había una zona de lagos y lagunas someras, sometidas a frecuentes oscilaciones de la lámina de agua, donde los mamíferos acudían a beber y en esas zonas de fango (calizas, margas areniscas) quedaron impresas las huellas. Durante este periodo, el paisaje estaba compuesto por praderas y coníferos, con lagos poco profundos; de ahí que los animales acudieran a beber. Dada su buena conservación y atendiendo a su morfología, se ha determinado que estas huellas están asociadas a Anoplotherium y Entelodon, dos artiodáctilos extintos que tenían pezuñas y dedos pares. El registro fósil de estos animales se encuentra en el Reino Unido, Francia, España, Portugal y Alemania. El Anoplotherium es un herbívoro endémico de Europa occidental y podía pararse sobre dos patas para ramonear las plantas.

Para saber más sobre las icnitas, o huellas, podéis consultar la entrada en este blog: «Las huellas fósiles más antiguas», que se refiere a huellas humanas.




Ilustración realizada por Rosa Alonso.

 


 

 

miércoles, 29 de julio de 2026

VILLA ROMANA DE FUENTE ÁLAMO (PUENTE GENIL, Córdoba)


A tan sólo 3 km del centro urbano de Puente Genil, en Córdoba, se encuentra uno de los yacimientos mejor conservados y estudiados de la provincia: Fuente Álamo. En este lugar se daban características extraordinarias para establecerse allí: su climatología, un manantial con abundante agua, la fertilidad de sus tierras, propicia para la agricultura, y, lo más importante, su ubicación estratégica en un cruce de caminos, ya que era atravesado por una importante red viaria; todo ello hizo de Fuente Álamo un lugar idóneo para vivir. Un entorno rural que ha experimentado una serie de transformaciones desde la época altoimperial hasta la tardoantigua.

Fuente Álamo es un asentamiento de época romana que fue reutilizado a lo largo de la historia: primero como termas romanas, posteriormente como villa y, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el vacío de poder y la inestabilidad social facilitaron la entrada de los visigodos; en la época musulmana, se utilizó como necrópolis y almazara.

Las termas se construyeron (s. I d.C.) en esta zona porque discurría por aquí un arroyo con el mismo nombre y, en la zona de arriba, había una presa que abastecía de agua a las termas. A ambos lados del arroyo se distribuía un conjunto de piscinas adosadas y escalonadas que se comunicaban entre sí mediante canalizaciones que las alimentaban con agua.

En el lado derecho del arroyo se encontraban los baños de verano con aguas frías (frigidarium). Y a la izquierda estaban los baños de agua templada (tepidarium) y de agua caliente (caldarium). Para mantener esta instalación de calefacción disponían de unos hornos. Los romanos fueron los que introdujeron la calefacción por suelo radiante, que consistía en hornos subterráneos tradicionales y en canalizaciones de galerías de aire caliente con las que calentaban las aguas de las termas.

Si observamos el lugar donde se encontraron las termas, en su origen no estaban ubicadas en ninguna población, sino que formaban un complejo muy bien situado entre varios núcleos. Por ello, las termas tenían, además de la limpieza corporal, funciones de relaciones sociales y comerciales; es decir, eran un lugar de ocio y disfrute social y un espacio idóneo para los negocios, sin olvidar el descanso de los viajeros y el abrevadero para el ganado.

Las termas estaban decoradas con ricos mosaicos geométricos que se han conservado en perfecto estado; quizás sea uno de los aspectos que caracterizan a este yacimiento: su riqueza en la conservación de los mosaicos, ya que en la zona sur contamos con muy pocos. Luego hablaremos de ellos.

También en este lugar en concreto, en el margen derecho del arroyo y sobre una buena parte de las termas, se levantó una villa romana de grandes dimensiones.

Esta villa romana alcanzó su auge a finales del s. IV-V d.C. y en el s. VI fue abandonada al inicio de la dominación musulmana. En concreto, en el s. IV y, sobre las estructuras anteriores, se construiría la residencia del nuevo dominus.

Como toda villa que se precie, esta consta de tres zonas bien establecidas: la pars urbana, donde reside el dueño de la villa y su familia, acompañados de sus siervos, quienes realizan las tareas domésticas. La pars rústica es un edificio anexo donde se alojaban los siervos y esclavos y también se utilizaba para guardar los aperos de labranza. Y la pars fragmentaria corresponde a los edificios destinados al trabajo de los animales, como establos y almacenes de productos agrícolas.

En la estratigrafía se detectan dos fases constructivas: en una primera fase se levanta el complejo residencial de la pars rústica y en el s. IV-V, la villa sufre un crecimiento en sus pavimentos, que incluye el mitreo y el tablinium (lugar donde el señor de la casa recibía a sus clientes y se exhibían los bustos de sus antepasados), y los suelos están decorados con mosaicos.

Las habitaciones de la villa son de amplias dimensiones y están comunicadas entre sí por un pasillo cubierto. Los pavimentos de toda la villa están decorados con mosaicos de motivos geométricos. Recientemente, en una de estas habitaciones o estancias, un equipo de investigación de la Universidad de Granada ha descubierto una biblioteca y no un mitreo, como se pensaba. La metodología empleada ha sido la "gramática de formas", basada en la combinación de los distintos elementos arquitectónicos de una estancia. Convirtiéndose en la biblioteca más antigua de la península ibérica y la mejor conservada del mundo romano, porque la Villa de los Papiros de Herculano es la que conserva los papiros más antiguos, pero no las estructuras físicas en las que están depositados. Un gran avance en el conocimiento de las villas peninsulares, respaldado por los hallazgos constantes de la investigación actual.

Los motivos musivarios

Nos hallamos ante una encrucijada: o bien el dominus poseía una sensibilidad artística y un gusto estético muy por encima de la media de su época, o bien la genialidad del artífice material desbordó los cánones tradicionales, convirtiendo la villa en un espacio de vanguardia. Lo vemos reflejado en la cantidad de mosaicos de los que dispone la villa; el más emblemático es el que se halló en las termas, el mosaico nilótico, que fue descubierto en el año 1982 y constituía el pavimento de una sala cuadrada central y cuatro semicírculos con cuatro ábsides, de los cuales solo se conservan dos y sus textos son excepcionales en la historia de las inscripciones musivarias de Hispania, ya que constituye el único ejemplo conocido hasta la fecha, con una temática nilótica de geranomaguia (pigmeos y grullas como grandes protagonistas).

En el ábside se desarrolla una serie de pequeñas acciones, entre ellas la imagen y el texto; en cada una, los personajes dialogan entre sí. En el cuadro central aparece el río egipcio, representado como un dios que reposa sobre un recipiente, del que posiblemente brotaría agua, y está acompañado de un hipopótamo, un cocodrilo y dos aves zancudas. La temática es muy intuitiva y sencilla y presenta una composición llena de protagonistas relacionados con el Nilo.  Las escenas de los ábsides laterales presentan inscripciones latinas a modo de cómic: historias sucedidas entre grullas y pigmeos.

Otro de los mosaicos figurativos importantes del pavimento de la estancia principal está compuesto por dos paneles dedicados al dios Baco. En el registro inferior se muestra el combate de Baco para someter a la India, asistido por una tropa de ménades y faunos y por un animal que se asemeja a una leona. Y en la escena superior se describe la llegada triunfal del dios Baco junto a Ariadna, el dios Pan y Sileno. Algunos autores atribuyen al personaje montado en el asno la condición de dueño de la villa, acompañado de su mujer y su hijo.

Y el conocido como mosaico de las Tres Gracias decora el pavimento de un espacio a cielo abierto previo al oecus. El conjunto se divide en tres paneles o cuadros con escenas mitológicas independientes. Muestra a las tres gracias: Áglae, que representa la belleza; Eufrósine, la alegría; y Talia, la abundancia, de pie y entrelazadas, flanqueadas por otras escenas, como Belerofonte con Pegaso a un lado y un sátiro persiguiendo a las ninfas. Está elaborado con teselas de colores que enmarcan la escena principal con una rica orla geométrica de círculos tangentes y motivos ornamentales.

 Como he comentado antes, estamos ante una villa romana que destaca por su excepcional repertorio musivario de patrones geométricos en teselas; estos motivos son diversos, como cruciformes, círculos, cuadrados, rectángulos con espigas y flores cercadas con dientes de sierra. Los colores de estos mosaicos son blanco, rojo, negro y sepia.

Evolución arqueológica e investigadora del yacimiento Fuente Álamo

El yacimiento es conocido desde finales del s. XIX, por los materiales aparecidos en superficie, pero no es hasta 1982 cuando se realiza la primera intervención, a cargo de Francisco Esojo, director del Museo Municipal de Puente Genil, quien dio el primer aviso del deterioro del yacimiento. Posteriormente, Ana María Vicent, directora del Museo Arqueológico de Córdoba, encargó una excavación de urgencia y fue entonces cuando Luis López Palomo llevó a cabo una intervención arqueológica con un perfil científico-metodológico. A partir del año 2000 se iniciaron las obras de puesta en valor y de gestión integral del yacimiento, así como su musealización, a cargo de Manuel Delgado, jefe de servicio de arqueología y patrimonio del Ayuntamiento de Puente Genil. El yacimiento fue abierto al público en 2011.

Referencias:

-Delgado, M. y Jaén, D., 2016: El conjunto arqueológico de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Quince años de puesta en valor y gestión integral del patrimonio en el medio rural”. En Vaquerizo, D., Ruiz, A., Delgado, M. (Eds.), Rescate: del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible. Vol. I. Córdoba.

-Neira Jiménez, M.L., 2019: Los mosaicos romanos del yacimiento de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba): investigación y puesta en valor. Mosaico romano en el espacio rural. Investigaciones y puesta en valor. Lérma di Bretscheider.

- Delgado Torres, M., 2020: El patrimonio arqueológico como agente de dinamización en el ámbito rural. El conjunto arqueológico de la Villa romana de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Em Villae romanas, investigação e inovação.

 -López García, A., Martínez Giménez, J y Cerrato Casado, E., 2026: New Approaches to Identifying Roman Libraries: Two Late Antique Examples from Stobi (North Macedonia) and Fuente Álamo (Spain). Journal of Mediterranean Archaeology, 39.1.














miércoles, 8 de abril de 2026

CENTRO DEL MUSEO DE LA CALLE SEMBRANO (Beja, Portugal)

El Centro Museo de la Calle Sembrano forma parte de un conjunto de edificios del Ayuntamiento de Beja, Portugal, que alberga piezas arqueológicas. La entrada al Museo te recibe con un panel de azulejos del artista Rogério Ribeiro, inspirado en el agua, que tenía gran importancia en la antigua ciudad a través de las termas romanas.

Las primeras excavaciones se realizaron en 1983, cuando se descubrieron estructuras arqueológicas durante los trabajos de cimentación de un solar destinado a una vivienda particular. Los trabajos de excavación fueron realizados por el Museo Regional de Beja y el Servicio Regional de Arqueología de la Zona Sur del Instituto Portugués de Patrimonio Cultural entre 1987 y 1995. En 2004 se inició el proyecto de puesta en valor del Museo, orientado a la conservación y restauración de las estructuras halladas. Alberga vestigios que se extienden cronológicamente desde la prehistoria hasta la era contemporánea.

El período más antiguo se remonta a la Edad del Cobre, en el III milenio a. C., seguida de la Edad del Hierro, en la segunda mitad del I milenio a. C. Hubo un poblado prerromano que nos ha dejado vestigios de un tramo de una robusta muralla construida en piedra y unida con arcilla, que delimitaba el perímetro del antiguo poblado. Esta ocupación se extiende desde el comienzo del s. IV a. C y perdura durante el s. III a. C y se prolonga hasta el s. II a. C., en los que se establecen los primeros contactos con el mundo romano, que tuvo un gran impacto en las poblaciones locales, pero experimentó una profunda transformación a partir del s. I a. C., cuando la presencia de los ejércitos romanos se hizo más frecuente. Con el mandato de Augusto, a la población indígena se le concedió el estatus de “colonia” para la ciudad que hoy conocemos como Beja, entonces llamada “Pax Iulia”. Se inicia la renovación urbanística, destinada a dotar a la ciudad de los edificios necesarios para el funcionamiento de un centro político y administrativo.

Beja tuvo una gran pluralidad de contactos con el exterior, que se manifiesta en las cerámicas griegas, en producciones de la Baja Andalucía y del Algarve y en producciones locales. La Beja romana se extiende desde el s. I a. C., hasta el s. IV d. C. Hay vestigios de unas termas que pertenecieron a una vivienda privada; estas construcciones atravesaron diferentes fases de construcción, reconstrucción y reorganización.

Hay vestigios del período islámico, cuando Beja también era un importante centro urbano; los detectados se limitan a cerámicas.

Los muros romanos sirvieron de base para las viviendas que, en las épocas moderna y contemporánea, se construyeron en este lugar.

Decir que es un museo muy bien estructurado: el espacio museográfico se diversifica en varias estructuras, todas muy integradas y visibles a través de un suelo de cristal que te permite ver los diferentes elementos arquitectónicos del patrimonio arqueológico a lo largo de un recorrido de más de 3.000 años de historia.

 














sábado, 28 de febrero de 2026

EL OPPIDUM DE FORNACIS

 

El oppidum de Fornacis, también conocido como oppidum de Hornachuelos, se encuentra en el término municipal de Ribera del Fresno (Badajoz), en la comarca de Tierra de Barros, en el límite con La Serena. En un cerro donde predominan las vistas de todo el territorio de Tierra de Barros y del valle del río Matachel. Un emplazamiento, sin duda, muy estratégico que los indígenas del lugar siempre buscaban. Antes de la llegada de los romanos, entre los s. IV- II a. C.: El sector occidental de la Beturia estaba ocupado por los pueblos célticos y el oriental por los túrdulos. Tantos unos como otros vivían en cerros fortificados llamados “castros”; en la zona destacan los de Capote, Los Castillejos (se ha hablado de ellos en otras entradas) y Belén y La Cañas. Según los textos de C. Ptolomeo, en su guía geográfica, nos sitúa en el oppidum:

<< Poblada pues, La Ciudad por los Turdulos Celtiveros le pusieron por nombre Fornacis, genitivo de fornax, nombre que le dieron por los muchos hornos de metales que tenían al sitio, que hoy llaman Cerro de las Cruces>>

En 1986 se realizaron las primeras intervenciones arqueológicas de urgencia motivadas por los destrozos causados por el expolio. Hasta la fecha, había pocas evidencias del sitio: solo una inscripción funeraria. El arqueólogo Alonso Rodríguez Díaz, catedrático de prehistoria de la Universidad de Extremadura, fue el director del proyecto de excavación inicial que se prolongó hasta el año 1990 donde se llevaron a cabo cuatro objetivos:

-Reconstrucción del entorno ecológico y arqueológico.

-Estudio de sus diferentes fases de ocupación

-Valoración de la necrópolis.

- Contexto histórico-regional.

Las evidencias más antiguas de ocupación humana se remontan a los últimos momentos de la edad del cobre o calcolítica (2000-1800 a. C.). Los hallazgos se relacionan con un poblado fortificado, en cuyo interior se levantaron cabañas de planta oval. La presencia de materiales asociados corresponde a objetos líticos y cerámicos (cuchillos tallados, percutores, fragmentos de hachas y cazuelas pulimentadas, molino, cuencos, platos, ollas, vasos campaniformes…).

La fauna está representada por ovejas, bóvidos, cerdos, caballos, ciervos, conejos, liebres. En general, es un poblado que se repite a lo largo de toda la cuenca media del Guadiana. Su fin fue un incendio que provocó el abandono del poblado en plena crisis del modelo social calcolítico.

El lugar estuvo despoblado durante más de dos mil años y, posteriormente, fue ocupado por los romanos en la época republicana, desde el s. II a. C.  hasta su abandono a finales del s. I d. C. Lo más llamativo de este lugar quizás sea su aljibe excavado en la roca del recinto, con una longitud de 28 m, un ancho de 10 m y una profundidad de más de 2 m, que constituye una gran reserva de agua para épocas de asedio o con fines económicos.

El hábitat se sitúa en la parte alta del cerro, con casas adosadas, dispuestas en terrazas y separadas por calles paralelas trazadas en sentido longitudinal, lo que constituye un trazado urbanístico bastante avanzado. Hay viviendas de diferentes tamaños y con distintos números de habitaciones, relacionadas con las tareas domésticas, el descanso y el almacenaje. Según el material recuperado en las viviendas, es posible determinar las principales actividades económicas del oppidum. Practicaban la ganadería de secano y extensiva y la caza; aseguraban la subsistencia de quienes habitaban el lugar, pero el factor económico principal fue la explotación de la mineralización de galenas argentíferas, distribuida en pequeños filones.

En la base del cerro se ha documentado la existencia de una necrópolis, "El Peñascón", donde aparecen, por un lado, tumbas de clara tendencia indígena, con predominio de estructuras tumulares de piedra, y, por otro, algunas tumbas de incineración tipo bastum con ritual romano.

Con la reorganización del territorio, la provincia Ulterior se dividió en dos provincias: la Bética y la Lusitania, ambas con capital en Augusta Emerita. La Beturia cayó al lado de la provincia bética y sus oppida fueron adscritas a los conventus o distritos hispalenses y cordobeses. Los habitantes de Hornachuelos acabarían por abandonar el oppidum a finales del s. I. d. C., y repartirse entre las numerosas explotaciones rurales que comenzaban a emerger en el “agroemeritense”.

Referencia:

-Alonso Rodríguez Díaz: Hornachuelos (Ribera del Fresno, Badajoz). Guía del yacimiento.

-Alonso Rodríguez Díaz: "Proyecto Hornachuelos (Ribera del Fresno). 1986-1990". Extremadura Arqueológica, II. pp. 283-300.


Necrópolis










viernes, 19 de diciembre de 2025

COMPLUTUM (Alcalá de Henares-Madrid)


La Hispania romana instauró un verdadero sistema de ciudades y de territorios rurales, unidos por una densa red de carreteras, así como por puertos marítimos y fluviales. Complutum se originó en una acrópolis situada en lo alto del Cerro de San Juan del Viso, en el s. I a. C; pero su desarrollo principal se produjo en la vega del río Henares, s. I d. C; aunque su papel se fortaleció a partir del s. III d. C.

Fue descubierta gracias a la ampliación y ensanche de la población de Alcalá de Henares (Madrid), donde tuvieron lugar las primeras excavaciones (1974-1979), y se asienta sobre una ocupación del Bronce Final y de la primera Edad del Hierro, y conserva todas las estructuras de una auténtica y avanzada ciudad romana. La ciudad se construyó en la época de Augusto y sufrió varias remodelaciones en las épocas de Claudio y Nerón; fue abandonada en el s. IV d. C y, posteriormente, sufrió el expolio y la reutilización de material constructivo. Conserva todo el diseño urbano típico de las grandes ciudades romanas, con calles rectas sobre cuadrículas ordenadas, pórticos, foros, termas públicas, basílicas, casas privadas, cloacas, fuentes, santuario urbano, Regio II (barrios centrales), documanos, auguraculum, Casa de los Grifos, Casa de Hippolytus, casas señoriales como las de Baco, Leda, Cupidos, Marte, Atrio, Lucena…

La Casa de los Grifos es una de las estancias mejor conservadas del yacimiento; es una ventana abierta a la vida cotidiana romana y a la vida señorial. Su planta completa de la domus nos muestra la arquitectura doméstica, los ajuares empleados por sus habitantes y, sobre todo, la rica decoración pictórica que adornaba la mayoría de las estancias de la casa.

La casa tiene un peristilo organizado en torno a un patio central, rodeado por un pórtico (peristylum), alrededor del cual se distribuyen las distintas estancias. El jardín porticado, con una fuente central, estaba rodeado de estancias con diversas funciones: de uso personal, locales comerciales, un bar de comida rápida y una fábrica de metales y vidrio.

En Complutum hay testimonios de una intensa actividad agrícola y ganadera. La actividad agrícola se basaba en el cultivo de cereales, como el trigo y la cebada, así como en el de legumbres y verduras. Los cultivos básicos eran la vid y el olivo. La cabaña ganadera consistía en bueyes, vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballos, asnos y gallinas. Además de los recursos marinos y las factorías de salazones en la costa, en las áreas fluviales se practicaban diversas técnicas de pesca, desde la caña y el anzuelo hasta las redes.

Complutum es ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1998 y Bien de Interés Cultural de la Comunidad de Madrid desde 1992.

En este yacimiento se han realizado varias tesis doctorales que han permitido conocer el rico urbanismo que presenta y que se desarrolla en 60 ha. La primera la llevó a cabo Dimas Fernández Galiano en 1984 y puso de relieve la rica vida privada de las domus del interior de la península, en los s. III y IV d. C. Después se leyeron las de Sebastián Rascón y Ana Lucía Sánchez, quienes estudiaron la Casa de los Grifos y la Casa Hippolytus.


Referencias:

-Arturo Ruiz Taboada, 2020: "Tras las huellas de la ciudad perdida de Cumplutum: un proyecto de excavación, investigación, conservación y difusión del patrimonio". Revista anual de Humanidades y Ciencias Sociales. Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, n.º 74.

-Dimas Fernández-Galiano, 1984: Cumplutum I. Excavaciones. Excavaciones arqueológicas en España. Ministerio de Cultura. Madrid.

-Sebastián Rascón Marqués y Sánchez Montes, 2014: "Urbanismo de la ciudad romana de Cumplutum (Alcalá de Henares, España)". XVIII, CIAC: Centro y periferia en el mundo clásico, pp. 1683-1687. Mérida.











sábado, 9 de agosto de 2025

HACE 1,95 MILLONES DE AÑOS LOS HIMÍNIDOS ESTABAN EN EURASIA.

 

Los últimos trabajos realizados en Grăunceanu (Rumanía), publicados en Nature Communications, determinan que en Europa, hace 1,95 Ma, ya había evidencia de actividad homínida, en forma de huesos con marcas de corte. Este yacimiento, situado en Gračanica, en un valle al sur de los Cárpatos, comenzó a excavarse en 1960. Es uno de los depósitos del Pleistoceno templado mejor conocidos de Europa central y oriental.

Hasta ahora, la evidencia más antigua de los homínidos estaba en Dmanisi (Georgia), de hace 1,8 Ma, aunque había pequeños rastros dispersos por toda Eurasia; prevalecían los restos de Dmanisi, porque allí se encontraba una gran cantidad de restos de homínidos, así como restos líticos y evidencias de modificaciones de restos animales por parte de estos homínidos.

Los restos de este estudio de Grãunceanu presentan marcas de corte y una estimación de edad mediante el método U-Pb de alta precisión de 1,95 Ma. También se han realizado análisis de isótopos estables de oxígeno y carbono de alta resolución en el maxilar de un caballo, que sugieren que Grãunceanu habría sido relativamente templado y estacional, lo que demuestra una amplia tolerancia al hábitat para estos homínidos. Del análisis tafonómico se desprende que hay veinte restos óseos de animales que presentan marcas de corte; de ellos, siete fueron clasificados con evidencia clara (perfilometría 3D). Estas marcas se observaban en las tibias, mandíbulas y húmeros de artiodáctilos y carnívoros, procedentes de actividades de despiece y de extracción de carne.

Los 31 taxones identificados están repartidos entre mamuts, bóvidos, cérvidos, jirafas, équidos, rinocerontes, carnívoros, roedores y avestruces…

Este nuevo hallazgo vuelve a abrir el debate sobre la dispersión de los homínidos en Eurasia, un debate que siempre ha enfrentado desafíos, como la falta de dataciones, la escasez de investigación en algunas regiones y las adscripciones de los conjuntos líticos.

A pesar de las 49 localidades repartidas en estas regiones, los yacimientos muestran una combinación de fósiles de homínidos, conjuntos líticos y evidencias de marcas de carnicería, pero sólo unos pocos presentan los tres indicadores.

Grãunceanu tiene uno de esos tres indicadores que son evidencia de las marcas de corte en los restos de fauna por parte de los homínidos, pero le falta la presencia de restos de homínidos y de líticos in situ. Este hallazgo nos indica que los homínidos estaban más extendidos por Europa de lo que se pensaba inicialmente y que su presencia podría haber sido intermitente. 

Referencia:

-Sabrina C. Currn et al., 2025: Hominin presence in Eurasia by at least 1.95 million years ago. Nature Communications, 16, 836.

 

 

Los yacimientos en azul tienen una antigüedad de 2 millones de años. El recuadro inferior izquierdo muestra las ubicaciones de los yacimientos analizados en el estudio. Crédito: Curran et al., 2025.

Especímenes de fauna con marcas de corte de hace 1,95 Ma, hallados en Graunceanu. Crédito: Curran et al., 2025.

domingo, 15 de junio de 2025

VILLA ROMANA DE LOS TÉRMINOS (MONROY-CÁCERES)

 

La dehesa es un paraje en el que la acción humana ha intervenido en la naturaleza; es decir, un ecosistema que se ha conservado muy bien a lo largo de los siglos. Si a estos bosques, poblados de encinas, alcornoques, robles…, les sumamos el ir y venir de los carboneros, abejarucos, rabilargos…, entonces tenemos el marco ideal para visitar la villa romana de Los Términos; eso sí, muy temprano: el sol aprieta en la dehesa.

La provincia de la Lusitania se extiende por Extremadura y por la zona centro-sur de Portugal y fue conformada en tiempos de Augusto. La expansión que trajo la romanización a la zona se evidencia en el establecimiento de ricas villas destinadas a la explotación agrícola y ganadera; es decir, estas fueron expandiéndose por la zona para la romanización de los campos y del medio rural.

A pocos kilómetros de la población de Monroy se encuentra la villa romana de Los Términos, llamada así por su cercanía a la línea que delimita los términos de Monroy y Talaván. Los primeros hallazgos se produjeron en los años setenta del siglo pasado, gracias a la inquietud de dos historiadores locales, Santiago García y José María Sierra, quienes elaboraron la Carta Arqueológica de la zona. El profesor Francisco Jordá Cerdá, en esa fecha profesor de la Universidad de Salamanca, inició los trámites para que se realizasen las primeras excavaciones y, en 1971, se inició la primera campaña dirigida por D. José Rodríguez Hernández, también de la Universidad de Salamanca.

En 1981 se reanudaron las excavaciones bajo la dirección del Dr. Enrique Cerrillo Martín de Cáceres, de la Universidad de Extremadura. Las campañas de excavación se prolongaron hasta 1985.

El asentamiento se sitúa sobre dos colinas separadas por el arroyo Aguzaderas, que lo divide en dos partes: una, la pars urbana, sobre la colina sur, y la pars rustica, sobre la colina norte, dos zonas bien diferenciadas. En la colina sur se sitúa la zona residencial (s. IV d. C.), es decir, la destinada a las dependencias del señor y su familia, así como a los campesinos y siervos. En este conjunto de viviendas se conservan el comedor (triclinium), el salón (tablinum), las habitaciones (cubícula) y la cocina… Esta zona residencial se distribuía en torno a un patio central (peristilo) rectangular y varias salas absidales que conservaban mosaicos y que, a día de hoy, han sido expoliados y destruidos, al igual que capiteles, fustes de columnas, lápidas y un patio porticado rodeado de columnas, de las que sólo se conservan tres de mármol. A esta zona señorial se incorporan las termas, talleres, almacenes y dependencias de los trabajadores y colonos, con estructuras típicas de las viviendas romanas. Se conserva multitud de tégulas, baldosas de barro y lajas de pizarra que servían como pavimento. Los muros se construyeron con bloques de cuarzo blanco y de pizarra, materiales muy abundantes en la zona, unidos con barro o con mortero de cal y arena. Las habitaciones más importantes estaban recubiertas de estuco y también se emplearon ladrillos, tégulas y opus signinum.

La zona norte se destinaba a actividades agropecuarias y artesanales, así como al alojamiento del personal que trabajaba en la explotación.  El personal vivía en habitaciones de mala calidad constructiva, escasamente ventiladas y dotadas de un simple hogar; este estaba construido de ladrillo y delimitado con lajas de pizarra. En esta zona se concentraba la producción del cereal, que constituía la base de la economía de la villa; de ahí la importancia de su conservación y del almacenaje del grano. Parte del cereal cosechado se guardaba en una habitación llamada hórreum o granero, situada en la zona más alta de la colina. Se trata de una estructura rectangular sobre la que se disponía un pavimento de lasas de pizarra. Éste se encontraba elevado respecto del suelo natural mediante una cámara de aire. El edificio constaba de muros de madera y una cubierta de material vegetal; por ello, se encontraba aislado del resto de los talleres, que utilizaban el fuego. En esta zona también se ubicaban las cuadras, los establos para los animales y el almacén donde se guardaba la lana. Debido a las evidencias de que se han hallado peines de hierro para cardar la lana, así como cencerros para las ovejas, estos fueron fabricados en el fogón de la villa.

La villa de Monroy disfrutaba de una excelente ubicación, ya que se encontraba cerca de Norba Caesarina y Emérita Augusta, así como de la vía de la Plata, lo que le garantizaba el comercio y el intercambio con las villas de la zona.

Sin lugar a dudas, una magnífica villa, que hasta la fecha hay muy pocas excavadas, en su integridad, y que se ha conservado bastante bien, a pesar de todas las adversidades que ha sufrido a lo largo de estos años, pero parece ser que la Junta de Extremadura ha sabido conservar, como viene haciendo, bastante bien su patrimonio;

Referencias:

-Enrique Cerrillo Martín de Cáceres, 1984: La vida rural romana en Extremadura. Ed. Universidad de Extremadura. Cáceres 1984.

-Enrique Cerrillo Martín de Cáceres et al., 1988: Excavaciones en la villa romana de Monroy (Cáceres). 1981-1985. Extremadura Arqueológica I.