martes, 5 de julio de 2016

El YACIMIENTO DE LA ILLETA DELS BANYETS O BAÑOS DE LA REINA.

Si viajamos a la Comunidad Valenciana, y en concreto a la zona de Alicante, nos daremos cuenta de lo bien  cuidado que tienen  su patrimonio histórico. Nos puede gustar más o menos su puesta en valor, pero muchos de ellos se han salvado de la destrucción o de la ruina.
En concreto, el yacimiento del que voy a hablar hoy, Baños de la Reina, destaca por su  valor estratégico en el Mediterráneo y por su amplia secuencia cultural del proceso histórico, que abarca desde los inicios de la Edad del Bronce, pasando por un asentamiento ibérico y una villa romana, hasta una pequeña ocupación islámica.
Este yacimiento se encuentra en el término municipal de Campello, a 9 km de la ciudad de Alicante. Como su topónimo indica , era una isla, pero no siempre lo fue. Hasta la Edad Media era una pequeña península. Ya sea por la erosión marina o por un cataclismo natural, como un terremoto, se abrió un canal que dio forma a lo que antes era una isla. Para entender mejor su ocupación humana a lo largo de la historia, hemos de imaginarnos, en aquella época, una alargada meseta adentrándose en el mar.  Pero en el año 1943  se realizó una serie de obras para construir un espigón natural; para ello se utilizó el mayor enemigo de un yacimiento arqueológico, la dinamita, y se destruyó la mayor parte de la necrópolis arqueológica y gran parte del yacimiento, pero la isleta quedó unida de nuevo.
Las primeras excavaciones se llevaron a cabo en 1930, y sus inicios de ocupación se remontan a 5.000 a. C. y corresponden a una aldea habitada por cazadores-recolectores con organización social tribal. Para su subsistencia se valdrían de los recursos que les proporcionaba el medio, practicando la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca y la recolección de alimentos. De aquel poblado se conservan parcialmente los restos de una cabaña de planta circular propia de una unidad familiar. Dentro de la vivienda se han identificado fragmentos de vajilla doméstica y distintos útiles de sílex.
Durante la Edad del Bronce, se vuelve a ocupar en dos momentos. En los inicios del segundo milenio a. C. En el periodo del Bronce tardío, por la cultura del Argar, manifestada mediante enterramientos con ajuares metálicos (puñales de metal, botones de marfil, vasos de cerámica…) y de adorno personal, se construyen dos grandes cisternas talladas en la roca con revestimiento de mampostería. El aporte de agua se obtenía mediante canalizaciones que hoy en día podemos observar.
Durante aproximadamente 600 años, la isleta permaneció desierta y sus siguientes pobladores ya pertenecían a la cultura ibérica. En la segunda mitad del s. V a. C. hay indicios de un asentamiento cuyo principal vestigio es un profundo aljibe excavado en la roca. Este núcleo sufre una importante remodelación y ya se está creando un trazado regular, con calles y algunos edificios importantes.
Lo más característico de este yacimiento es su actividad productiva; se han registrado instalaciones para la conservación de pescado y almacenes. También contaban con hornos para fabricar ánforas ibéricas. Se han hallado registros de vasos cerámicos y ánforas púnicas, por lo que presumiblemente mantenían un rico comercio con las distintas áreas del Mediterráneo.
A finales del tercer milenio a. C., el poblado ibérico se abandonó y volvieron a transcurrir otros trescientos años de desamparo. Sobre estas ruinas ibéricas se alzó una villa romana, entre los s. I y II d. C; que contaba con unas pequeñas termas y unas balsas labradas en la roca, comunicadas con el mar por medio de trampillas que correspondían a unos viveros de peces, que hoy día podemos observar en la bajamar. Podemos decir que era la piscifactoría de esta zona y que daba nombre al yacimiento.

La Illeta dels Banyets o Baños de la Reina, con sus restos tanto de época ibérica como de época romana, confirma la importancia que debió tener como enclave comercial y de explotación agropecuaria y alfarera. Se han documentado zonas de almacén y de explotación del vino (lagar) y del aceite, que se utilizaría para intercambiar con productos de lujo provenientes de otras áreas del Mediterráneo; además, fue, por un lado, un importante puerto comercial y, por otro, un centro de control de las vías de comunicación, tanto marítimas como de penetración hacia el interior.