En
Puerto Real (Cádiz) se encuentra el Centro de Interpretación de la Cultura, ubicado en lo que fue la Iglesia de San José, del s. XVIII; fue mandada
construir con el dinero de la cofradía de Carpinteros, gremio muy popular en la
época por la construcción de barcos, y el solar fue cedido por el Ayuntamiento.
Actualmente, la población lo ha recuperado para el museo de la ciudad.
El
centro está dividido en tres plantas, donde se realiza un recorrido por la historia de Puerto Real, desde la prehistoria hasta el s. XX.
En
el sótano se encuentra una representación de los primeros pobladores; se ha
realizado una réplica de uno de los enterramientos hallados en el asentamiento de El Retamar, que excavamos entre 1995 y 1996. Aquí se
pudieron registrar los primeros inicios de la economía de producción en la Bahía de Cádiz, como un proceso autóctono de la transición en la región histórica del sur peninsular, desde una economía de cazadores-recolectores hasta la de
producción de alimentos, tanto vegetales como animales.
Estas
comunidades tribales desarrollaron modos de vida basados en la pesca y la recolección de moluscos, sin dejar, por ello, sus modos de trabajo basados en la caza y la explotación de animales domésticos de tipo comunal como medio de
subsistencia del grupo.
De
la Edad Antigua se representa un mosaico de una villa romana, hallado en el año 2004, cuando se llevaban a cabo las obras en el tramo de la N-IV, entre
Puerto Real y Tres Caminos. Está datado en el s. IV, y su importancia radica en
que se pueden conocer los modos de vida de la población en tiempos de
Constantino. La villa romana era propiedad de un rico comerciante dedicado a la
construcción y a la alfarería.
Esta sala es muy didáctica: se expone una réplica de un corte transversal de la embarcación romana que comerciaba salazones, en la que las ánforas desempeñaban un papel importante. Y, a través de paneles explicativos e ilustraciones en gráficos, te adentran en el mundo de la prehistoria, la gastronomía, la arquitectura…
En
la entreplanta se explica, mediante paneles gráficos, lo que fue la Fundación de
la Villa y el Puerto Real de los Austrias.
La
primera planta se centra en la construcción naval; lo hace mediante la
réplica del puente de un galeón del s. XVI y diferentes maquetas de los fuertes de la zona, como los de Matagorda y San Luis.
La
segunda planta está dedicada a los s. XIX y XX. A través de maquetas se explica
la tradición salinera del lugar.
Sólo
me queda felicitar a todas las personas que han participado en este proyecto
cultural y han sabido transformar un espacio religioso en un centro polivalente para el disfrute de la comunidad. Todo está perfectamente
explicado, con rigor científico y una buena dosis didáctica y pedagógica sobre la evolución histórica de la localidad, donde la población infantil y el público en general pueden disfrutar y ampliar su conocimiento sobre esta ciudad de forma amena, manipulativa y constructiva. Y no sólo se puede visitar su
museo, sino también cuando hay montajes de exposiciones, conferencias, etc.
Destacar, sobre todo, la recuperación de un edificio histórico-religioso con una
función social y cultural para la localidad puertorealeña.
, sobre todo,
