La Gruta de Gargas se encuentra en el municipio de Aventignan, en Francia, a una altitud de 600 m, en un promontorio prepirenaico, desde donde se divisa todo el valle de La Neste d’Aure. La cavidad se compone de dos partes. La gruta inferior (Gargas I) es muy ancha, alta y adornada con construcciones de estalagmitas, con hileras de pilares, pilas y cavidades del terreno donde el agua circula en periodos húmedos. La gruta superior (Gargas II), llamada así porque se sitúa en un nivel más elevado, y con el suelo repleto de cuencas de calcita llamadas "gours".
La comunicación entre las dos, estrecha en los tiempos prehistóricos, se obstruyó; se restableció este pasillo perforándolo artificialmente, es decir, se mejoró la conexión entre una cueva y la otra mediante un túnel. La visita se inicia en la entrada superior y se sale al exterior por la inferior, por motivos de conservación, para deteriorar menos las pinturas. Al subir escaleras, el cuerpo produce y exhala más dióxido de carbono (CO2), se desprende más calor al ambiente y la circulación del aire se amplifica.
El doctor Félix Garrigou fue el primero en dar noticias de la gruta por la riqueza de huesos fósiles de especies animales que encontró allí, especialmente del gran oso de las cavernas (Ursus spelaeus). También señala la presencia de hogares y de herramientas prehistóricas. Posteriormente, Félix Régnault descubre una red de galerías y comienzan los primeros sondeos arqueológicos, en los que se encuentran las primeras manos pintadas.
En 1911, el abad Henri Breuil, el doctor Cartailhac y H. Neuville reanudaron los sondeos y futuras excavaciones que han demostrado una interesante estratigrafía de ocupación de Gargas por las sociedades prehistóricas durante la última glaciación de Würm.
La primera cultura con la que nos encontramos es el Musteriense, que se refugia de los rigores climáticos. El Chatoperroniense, el Auriñaciense y el Perigordiense registran una acumulación muy rica, repleta de hogares y de utensilios de piedra como buriles, punzones y raspadores... Se cree que las cuevas fueron utilizadas por Homo sapiens entre 28.000 y 24.000 años antes del presente.
Los habitantes de la cavidad se alejaron de la entrada donde llevaban a cabo su vida cotidiana y se adentraron en las profundidades de la gruta para realizar diferentes pinturas y grabados en las paredes y en rincones escondidos. El arte parietal es una riqueza inmensa de la vida y del pensamiento de nuestros ancestros. Contiene dos elementos diferentes, pero de la misma época: las manos pintadas y los grabados y las pinturas de animales.
Las representaciones de animales en la pintura son numerosas y variadas; podemos apreciar el bisonte, el buey, los caballos, los íbices, los alces, el ciervo, los mamuts, las aves, el cuervo, el jabalí, el oso… Su representación nos permite observar la evolución de las condiciones climáticas durante su ejecución.
En un principio, el clima fue templado, dando lugar a una vegetación de estepa con arbolado. Se fue haciendo cada vez más frío y más nevoso, por lo que los íbices descendieron de las montañas hacia los valles y las planicies, mientras que los alces y los mamuts, animales de países fríos de la tundra y de la taiga, vinieron a vivir a las cercanías de la gruta. Posteriormente, el clima se suavizó con la vuelta a la estepa del arbolado; los alces y mamuts desaparecieron, y los bueyes, bisontes y caballos continuaron presentes.
Lo que verdaderamente destaca de Gargas son las pinturas de las manos, que constituyen una visión espectacular: algunas son visibles para el visitante, otras están ocultas por encontrarse en accesos difíciles, algunas están completas y otras han sufrido amputaciones de dedos o deformaciones. Las primeras manos pintadas fueron descubiertas por Félix Régnault, Breuil y Cartailhac. También por Salhy y C. Barrière. En total, 231 manos de diferentes colores: negros, rojos, ocres y blancos. Por sus dimensiones, permite atribuir estas manos a adultos masculinos, a mujeres, adolescentes y niños.
La técnica utilizada en la pintura de manos fue la proyección de líquido de color, soplado con la boca, sobre la mano pegada a la roca. Todas las manos se distribuyen en 10 conjuntos en la primera sala de la gruta inferior. Los paneles 6 y 8 son los más importantes; el panel 8, situado en la pared izquierda, al fondo, comprende 43 manos, negras, rojas y bistres.
Otro de los conjuntos importantes se encuentra más lejos, en la sala III, al interior y al dorso de una masa rocosa hueca, revestida de estalagmitas, llamada por esta razón "Santuario de las manos". A la izquierda de la entrada se ve la bella mano izquierda negra, privada de dos falanges en los cuatro dedos, llamada la "mano del nicho". El interior presenta 32 manos negras y rojas.
En esta gran sala inferior se han realizado varios sondeos arqueológicos, tanto por Breuil en 1919 como por Cristina San Juan-Foucher y Pascal Foucher, desde 2004, que han revelado huellas de ocupaciones domésticas. Entre los descubrimientos se encuentran huesos de animales, herramientas prehistóricas y restos antropológicos. En esta sala de la cavidad abierta, ampliamente al exterior, los grupos humanos disponían de iluminación natural, por lo que posiblemente la cavidad funcionaría como santuario, pero también como lugar de refugio estacional durante las migraciones.
Antes de hacer la visita a la cueva, puedes pasar por el Centro de Interpretación Digital Nestploria, un espacio museístico que revela los secretos de la prehistoria: pantallas táctiles, grandes mesas digitales y películas atmosféricas, que constituyen toda una gran puesta en escena digital. Dentro de la cueva no se pueden tomar fotos. Las fotos del post provienen de internet.







