jueves, 26 de septiembre de 2013

ZOOARQUEOLOGÍA II: SU TRAYECTORIA

Como he comentado en un post anterior, podemos decir que la zooarqueología ha experimentado un profundo cambio en los últimos 30 años.
En sus inicios, la arqueología sólo le dedicaba un pequeño apartado centrado principalmente en la identificación de las especies presentes en los registros arqueológicos y en la morfología de las mismas. Normalmente, este estudio era realizado por algún biólogo o paleontólogo, que para nada te hablaba de las interacciones entre humanos y animales.
Los primeros trabajos que nos hablan de la importancia del estudio de los restos óseos en un yacimiento se producen en el s. XIX, con autores como Wyman, Morlot, Mortillet, etc.
A raíz de la Segunda Guerra Mundial, es cuando la zooarqueología se convierte en disciplina, gracias a los trabajos de autores americanos e ingleses. También la llamada Nueva Arqueología va introduciendo nuevas variables de análisis para obtener más información sobre un registro arqueológico.
Actualmente podemos considerarla la encargada del estudio de los restos de animales, que incluye tanto a mamíferos (macrofauna o microfauna) como a peces (ictiofauna), moluscos (malacofauna) y aves (avifauna).
Su estudio va dejando atrás la identificación y cuantificación de especies para centrarse en cómo llegaron allí los restos óseos, es decir, los restos que se localizan en los sitios arqueológicos procedentes de la fauna que constituyen acumulaciones formadas a través de tiempos variables y debido a acopios diferentes, puesto que los animales han sido utilizados por los humanos a lo largo de la historia con diferentes objetivos, desde proporcionarle alimento, en una primera etapa, hasta de animales de compañía en otra o bien por sus pieles para utilizarlas como ropa de abrigo, o como materia prima para realizar objetos musicales o de adornos y como fuerza de trabajo, o bien, se puede encontrar en el registro, no por una actividad antrópica sino debido a diversos agentes naturales.
De ahí que los restos faunísticos incluyan información previsible no sobre el consumo de alimentos, sino sobre las dietas utilizadas por los humanos en el pasado, la cría y la caza de los animales, la estacionalidad, los paleoambientes y el estatus social de la población.
Poco a poco, esta disciplina se va abriendo paso con identidad propia, gracias a los trabajos de Brauwere, Byers, Boessneck, Howe, Western y Dechant,   Behrensmeyer, Gamble, Blumenschine, Binford, Gwynn, Shipman, etc., que la incorporan en sus trabajos multidisciplinarios de excavación. Gradualmente, otras ciencias se van agregando a la metodología de los registros arqueológicos , como puede ser la etnoarqueología, que intenta explicar el significado de los procesos cognitivos, sociales e ideológicos de las sociedades pretéritas.
También tenemos los estudios tafonómicos, que en los últimos años han alcanzado un gran auge, y nos aportan información sobre la manera en que se han constituido los conjuntos de huesos descubiertos en los yacimientos arqueológicos. Asimismo, están los análisis espaciales y del territorio, e incluso los trabajos de experimentación, que nos sirven para explicar los procesos del pasado.
Como vemos, ésta disciplina, ha sufrido un gran giro, en su estudio, donde han surgido una serie de corrientes y multitud de autores implicados en cada una de ellas, y dónde cada uno se va centrando en una serie de procesos que van surgiendo de los registros y que a veces les llevan a una hiperespecialización, de determinados procesos tafonómicos, alejándose así, de su objetivo principal: el estudio de los huesos.
Y así, lentamente, el mundo de la zooarqueología se ha ido introduciendo en los contextos arqueológicos para ofrecer respuestas y un mejor conocimiento de los modos de vida de las sociedades del pasado.


                                                                          

sábado, 21 de septiembre de 2013

LA UTILIZACIÓN DE MARFIL DE CACHALOTE DURANTE EL CALCOLÍTICO PORTUGUÉS


Recientemente se ha publicado un trabajo en la revista Trabajos de Prehistoria, encabezado por T.X. Schuhmacher, sobre la utilización del marfil en varios objetos provenientes de yacimientos que van desde el Calcolítico hasta el Bronce Antiguo  de la Estremadura portuguesa.
El trabajo se ha llevado a cabo en el marco de un proyecto de investigación que emplea una serie de botones con perforación en forma de V, en el que se han aplicado análisis científicos para determinar qué tipo de marfil se utilizaba en Portugal en aquellos tiempos.

Objetos de marfil. Foto J. Patterson.

Para ello, se eligieron 10 objetos de cuatro yacimientos diferentes: Praia das Maças, Dolmen das Conchadas, Palmela, Verdelha dos Ruivos y Padra do Ouro, que están situados cerca del estuario del Tajo y pertenecen a las colecciones del Museo Geológico y Arqueológico de Carmo.
Para el estudio se ha aplicado una serie de técnicas, como la microscopía óptica, la medición de la dureza y del peso específico, la espectroscopía micro-Raman, el análisis elemental y la espectrometría de masas isotópica. Los análisis han llegado a determinar que no todo el marfil utilizado provenía de los elefantes africanos y asiáticos, sino que, además, se ha encontrado marfil del desaparecido Elephas antiquus, de hipopótamo y, en el caso más espectacular, de cachalote.
 Los autores plantean la reconstrucción de la economía y la vida de las sociedades prehistóricas de la región. Teniendo en cuenta las condiciones naturales y los datos prehistóricos e históricos sobre la caza de ballenas y el aprovechamiento de animales varados. Y determinan que la procedencia del marfil de cachalote proviene de animales varados, dado que las poblaciones que emplean este marfil viven cerca del mar y explotan, entre otros, los recursos marinos.

Fuente: "La utilización del marfil de cachalote en el Calcolítico de Portugal". ThomasX. Schuhmacher, Arun Banerjee, Willi Dindorf, Chaturvedula Sastri, Thierry Sauvage.Trabajos de prehistoria. Vol.70.nº1. 2013.