miércoles, 26 de noviembre de 2014

OCVRI

En pleno Parque Natural de la Sierra de Grazalema,  a apenas dos kilómetros de la localidad de Ubrique, se encuentra la ciudad romana de Ocvri.  Uno de los yacimientos más representativos y exclusivos del mundo íbero-romano  en la Sierra de Cádiz.
Las primeras referencias que tenemos sobre este yacimiento se remontan al s. XVIII, cuando el ubriqueño Juan Vegazo adquirió los terrenos y llevó a cabo las primeras intervenciones de extracción de piezas arqueológicas,  donde incluso se construyó su propia casa para estar a pie de lo que se había convertido en su pasión u obsesión, dependiendo de los ojos con los que se mire.
Gracias a los trabajos de este entusiasta de la “arqueología” del momento, hoy en día se conservan dos epígrafes destinados a los emperadores Antonio Pío y Commodo, en los que nos ha quedado constancia del nombre de la ciudad. Parece que todos los objetos recuperados por Vergazo han desaparecido en la actualidad, incluido su cuaderno de campo.
Para el arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa, a partir de las investigaciones realizadas en el yacimiento, la ciudad de Ocvri fue un “oppidum” (se designa con este término latino a una ciudad fortificada situada en un lugar elevado), fundada hacia el s. VIII a. C, primero como ciudad ibérica y posteriormente fue latinizado, como municipio romano, y  adquirió su máximo esplendor en el s. II d. C y se abandonó en el s. III d. C, coincidiendo con el resto de las ciudades romanas de la zona.
Debido a que esta ciudad estaba emplazada en un cerro, Salto de la Mora, su urbanización se realizó con base en la orografía del terreno y se distribuyó en terrazas. Su parte más alta estaba conformada por los edificios públicos más representativos, como las termas, que constituyen una gran construcción urbanística donde se conservan las canalizaciones, las piletas, los restos de piscina, etc. 
En esta zona se han realizado más intervenciones arqueológicas y hay que esperar nuevos controles para determinar su funcionalidad. Cerca de aquí se encuentran otro de los edificios públicos más representativos de la ciudad, su foro, así como una gran cisterna o aljibe para el almacenaje de agua y restos de una vivienda donde se conservan tres de sus habitaciones.
En la zona sur, donde el terreno es más amplio y está más aterrazado, se encuentran la mayor concentración de viviendas, la zona industrial y otros aljibes. El tema del agua es fundamental en este asentamiento debido a su ubicación en un cerro.
La ciudad solventó este problema mediante la construcción de una serie de cisternas. Actualmente,  se conservan en buen estado cuatro grandes  cisternas de forma rectangular con esquinas redondeadas y una quinta en forma de “L”, ubicada en la zona de las termas. Además de estos depósitos, posiblemente disponían de un acueducto que traía agua desde manantiales de Benaocaz, a través de cañerías de plomo.
En la zona norte de la ciudad se encuentran las dos estructuras, para mí, las más representativas del yacimiento. Una es la necrópolis, localizada fuera de la ciudad amurallada, como establecían los cánones sanitarios romanos, y su monumento funerario más emblemático: el Mausoleo/Columbario, con planta rectangular y elaborado con sillares de piedra caliza de la zona. 
En su interior, en uno de los laterales, se conservan en la pared las hornacinas (loculi), de arco rebajado y dovelas, donde se colocaban las urnas de incineración, y una serie de hornacinas más grandes y profundas para esculturas o imágenes de dioses venerados, o bien para las ofrendas de los familiares.
Otra de las construcciones que más conmueven de este yacimiento es su Muralla Ciclópea, posiblemente de origen púnico, y, según demuestran las excavaciones, fue restaurada tanto en época ibérica como en la romana. En el lienzo que aún se conserva de esta muralla se observan varias técnicas arquitectónicas: una parte elaborada sin mortero, a “hueso”, y otra con sillares. A pesar de que estos restos murarios se encuentran muy afectados por la vegetación arbustiva que ha proliferado a lo largo de los años, parece que la muralla circundaba toda la ciudad y tenía dimensiones bastante considerables: unos 5 metros de altura y 2 metros de anchura.  Durante las tareas de limpieza se extrajeron elementos de la cornisa y del dintel, lo que sugiere que la muralla posiblemente debió contar con una gran puerta de entrada a la ciudad. La construcción de esta gran muralla turdetana obedeció más a intereses de prestigio de la ciudad, como se viene determinando en las investigaciones actuales sobre el mundo íbero, que a vínculos de origen militar o defensivo, como sería más propio de la cultura romana.
En general podemos determinar, a través de los restos que se han encontrado, que nos encontramos ante una ciudad importante y exclusiva del mundo romano, en el sur peninsular, rodeada por una considerable muralla, donde se llevaron a cabo obras de infraestructuras que han perdurado hasta nuestros días, entre ellas, tenemos los depósitos de agua (cisternas), necrópolis, termas públicas, enterramientos en fosa, restos de viviendas, fuentes, mausoleo, muros perimetrales, calzada…
Posiblemente la mayor intervención, tanto arqueológica como puesta en valor, que ha sufrido el yacimiento ha sido la realizada entre los años 1997-2004, a través de la Escuela Taller “Foro Arqueológico”, y el Proyecto Arqueosierra, formado por un grupo de jóvenes arqueólogos/as que llevaron a cabo una serie de actuaciones de limpieza, construcción de infraestructuras turística, obras de consolidación de muros, caminos interiores, señalizaciones, vallados, excavaciones de urgencia, etc.
Después de unos años de completo abandono, como digo, la nueva corporación municipal ha llevado junto con la Diputación, un nuevo Plan Provincial de Promoción Económica Turística (2012-2015), donde se han incluido trabajos de excavación de apoyo a la restauración y consolidación de la Muralla Ciclópea, y la reconstrucción en 3D del yacimiento, iluminación y colocación de nuevos carteles explicativos en las diferentes zonas, así como, la incorporación del código QR, que es una aplicación digital que te permite a través del móvil, seguir las explicaciones de lo que estemos viendo en cada momento.
A pesar de que los últimos años, el yacimiento ha sufrido un enorme deterioro por  falta de inversión en su mantenimiento, hay que FELICITAR a la corporación actual del Ayuntamiento de Ubrique, por llevar a cabo una intervención y puesta en valor del mismo para el disfrute y conocimiento del público en general, de lo que es la ciudad de Ocvri, así como, la apertura de un Centro de Interpretación de la Historia (C.I.H.U), situado en la antigua ermita de San Juan de Letrán. Aquí podemos observar las piezas arqueológicas recuperadas en el yacimiento, como, por ejemplo, cerámicas a mano de finales de la primera Edad del Hierro (s.VI-V a. C.), así como cerámicas ibéricas, turdetanas y romanas. Así como una excelente colección de objetos y adornos elaborados en hueso. Y también valorar la iniciativa de abrir un museo arqueológico en la localidad. Ubrique no debe ser conocida sólo por sus artículos de piel, sino también por su patrimonio histórico, muy valioso y con características propias que no se reflejan en las demás ciudades de la época.
También FELICITAR al compañero, Luis J. Guerrero  y a sus colaboradores, por el magnífico trabajo llevado a cabo para la puesta en valor del  yacimiento; por habernos  trasmitido su pasión y entusiasmo con los nuevos datos aportados en las excavaciones realizadas y por la apertura de la exposición, sobre el mismo en el Centro de Interpretación de la Historia, y deleitarnos con sus explicaciones todos los entresijos llevados a cabo en el yacimiento, desde sus inicios en 1792.

Centro de interpretación de la Historia de Ubrique




Mausoleo

El arqueólogo  Luis Javier Guerrero Misa y lienzo de la Muralla Ciclópea


El foro

Estructuras de las termas

Fuente de Minerva


lunes, 10 de noviembre de 2014

ZOOARQUEOLOGÍA: Las hienas

Los adjetivos más comunes con los que siempre nos referimos a estos animales son los de repugnante y rastrero, que les vienen atribuidos por su aspecto físico;  su cariz rastrero se debe a que sus patas traseras son más cortas que las delanteras; unido a esto, el talante de su pelaje provoca una cierta repugnancia al sólo escuchar su nombre. Sin embargo, poseen unas cualidades excepcionales, como la fuerza de sus mandíbulas para triturar huesos y su inteligencia.
Las hienas pertenecen a la familia Hyaenidae; por su filogenia, son cercanas a los félidos, con los que se les trata de afiliar, y también se les asocia a los cánidos. Sin embargo, son mamíferos carnívoros separados, con su propia evolución en el reino animal.
Hay una gran variedad de hiénidos que han poblado Eurasia, que van desde la Adcrocuta, pasando por la Protictitherium y Chasmaporthetes, hasta la Pachycrocuta y Crocuta, estas últimas presentes en la Península Ibérica. 
La primera especie que aparece en la Península durante el Cuaternario es la Pachycrouta brevirostris. Su registro fósil se extiende a lo largo del pleistoceno inferior-medio. Su talla es la mayor entre las especies de hienas. Podía pesar alrededor de 150 kg y medir un metro.
Podemos considerarla la especie más depredadora de la megafauna de la época, por la fuerza que ejercen sus mandíbulas, capaces de triturar los dientes y los huesos más duros de sus presas (cráneos, mandíbulas, patas…), así como los de animales de gran tamaño, como elefantes, rinocerontes, etc.

Reconstrucción de un cráneo de hiena gigante de Jordi Mestre

Debido a su corpulencia, no eran animales ágiles; de ahí que no se les considerasen cazadores, sino, más bien, carroñeros. Competían con los demás carnívoros por las presas abatidas y, posteriormente, transportaban los restos de los herbívoros a sus cubiles para alimentar a sus crías y, al disponer de unas potentes mandíbulas, trituraban las extremidades para obtener la médula. Sus dientes y mandíbulas podían cortar perfectamente la carne y, posteriormente, triturar sus huesos; además, estos animales tienen un sistema digestivo bastante desarrollado para sus menesteres. Sus ácidos gástricos son tan fuertes que pueden digerir sus presas enteras para regurgitarlas posteriormente, como los pelos, cuernas y pezuñas…  Como vemos, son bastante selectivas y comen animales en mal estado, que tampoco les afectan mucho al sistema bacteriano, por lo que son unas estupendas carroñeras y limpiadoras de ecosistemas.


Esta especie está representada en varios yacimientos; uno de ellos es Venta Micena (1,5-1,6 Ma), que se formó en un entorno de charcas, en las inmediaciones de un lago salobre y poco profundo, que cubría una gran extensión de la cuenca de Baza. Dadas las características del terreno, se han conservado los restos esqueléticos de las presas cazadas por los grandes carnívoros, que posteriormente fueron carroñeados por las hienas.
Debido a los trabajos realizados en el yacimiento, se ha podido determinar que estos animales han sido los responsables de generar esta acumulación de restos fósiles. Gracias a los estudios tafonómicos y biomecánicos, realizados por B. Martínez y P. Palmqvist, hoy día podemos conocer sus dimensiones corporales y hacernos una idea de su morfología, ya que es una especie extinta en los ecosistemas actuales. Cerca de Venta Micena, se encuentre el yacimiento de Fuente Nueva 3, también en Orce (Granada), estudios recientes han determinado la competencia entre hienas gigantes y homínidos  por el aprovechamiento de un cadáver de hembra de elefante (Mammuthus meridionalis), según la interpretación de los autores del estudio, encabezado por Espigares en 2013, el animal había muerto a la orilla del pantano y los homínidos fueron los primeros en apropiarse de las extremidades y cráneo. Las hienas hicieron su aparición y posteriormente terminaron de triturar el resto de la carcasa. Lo que determina el comportamiento competitivo entre homínidos y hienas.


Otro de los yacimientos paleontológicos, del Plioceno-Pleistoceno, con registros de Pachycrouta brevirostris, de excepcionales características, es el de Fonelas P-1 (Granada), estudiado por A. Arribas, que se formó en un medio sedimentario fluvial de meandro abandonado y representa un comedero al aire libre de las  hienas, según se desprende de los estudios tafonómicos.
También en este mismo enclave, en el yacimiento de Fonelas SCC-1, se han registrado asociadas las dos especies de carnívoros carroñeros, Pachycrocuta brevirostris y Hyaena brunnea (hiena parda), con una antigüedad de 2,00 Ma. Según el análisis de A. Arribas, la Hyaena brunnea es la única especie conocida del Plio-pleistoceno en toda Eurasia; sólo hay registros en África.
En general, podemos decir que la Pachycrouta brevirostris está presente en Europa hasta el Pleistoceno medio (0,5 Ma) y en la Península se registra en yacimientos como Venta Micena (Granada), Fonelas (Granada), Cueva Victoria (Murcia), Pontón de la Oliva (Madrid), Casa Blanca (Castelló).
Durante el Pleistoceno inferior-medio, en el continente europeo aparece la Crocuta crocuta, hiena manchada, caracterizada por una dentición más pequeña, y ya es una cazadora eficaz. Prácticamente, esta especie se encuentra extendida por casi toda la Península, aunque en la zona cantábrica desaparece antes del Paleolítico Superior; no obstante, en algunos yacimientos de la zona norte y de Andalucía permanece hasta el Solutrense y el Magdaleniense. También comparte territorio con la hiena hyaena, hiena rayada, que es más pequeña que la hiena manchada; en la Península está extinta, pero en la actualidad se extiende por África e India. A raíz de la presencia de estas especies durante el Pleistoceno europeo,  entran en juego nuevas pautas en los modelos de subsistencia de los grupos de cazadores, en particular con los hiénidos que coincidieron en un territorio. Hoy en día, con los registros de los que disponemos, se puede determinar la coexistencia de hiénidos y humanos en un mismo territorio. También se puede determinar cuál ha sido el agente acumulador de los restos óseos presentes en un yacimiento, lo cual hasta ahora ha sido poco estudiado. Con los nuevos hallazgos, se van planteando diferentes hipótesis de trabajo; una de ellas es la alternancia en el espacio entre ambos agentes. En otros registros, por ejemplo, se puede observar la posición de cada uno en la cadena trófica. Uno de los trabajos llevados a cabo, en este campo, ha sido el de A. Rodríguez, en la cueva de Maltravieso (Cáceres), donde se plantea dos hipótesis: bien que los Neandertales entrasen en la cavidad directamente a cazar las hienas, en concreto la Crocuta crocuta, para posteriormente ser comidas, como lo atestigua la presencia en el registro de marcas de carnicería, o bien que los Neandertales cazasen y comiesen el cuerpo de las hienas cerca de Maltravieso y los resto llegasen a la cavidad arrastrados por otros carnívoros. Pero hasta que los trabajos en la cavidad y las investigaciones no prosperen, no se podrá determinar quiénes fueron los primeros competidores en los ecosistemas, ni se desmitificará el hecho de que las hienas eran los grandes competidores en la cadena trófica.


En la Península tenemos registros fósiles de Crocuta crocuta en los yacimientos de Atapuerca (Burgos), Cueva de Maltravieso (Cáceres), Valle de Lozoya (Pinilla del Valle, Madrid), Sima de Abraham (Pliego, Córdoba), Cueva de la Griega y Cueva Puerta de la Villa (Segovia).
Durante el Pleistoceno Superior, tenemos a Crocuta crocuta spelaea, conocida como hiena de las cavernas; fue la última población de esta especie que se extendió por la Península; desapareció en Europa occidental entre 14.000 y 11.000 años. Su desaparición viene precedida por cambios climáticos que llevaron consigo la desaparición de las praderas. En España está registrada en los yacimientos de Carihüela (Granada), Cueva de las Ventanas (Granada), Cova Negra (Valencia), Abric Romaní (Barcelona), Cueva del Reguerillo (Madrid), Cueva de la Zarzamora (Segovia), Cueva Los Casares (Guadalajara).
Cada día se va ampliando el número de registros con presencia de estas especies, y gracias a los estudios arqueozoológicos se plantean nuevas hipótesis sobre una  ocupación alternativa de algunas cavidades, tanto por parte de los hiénidos como de forma antrópica. Hay yacimientos que pueden determinarse tanto por la industria lítica como por las marcas de corte en los restos óseos, y que evidencian pautas de comportamiento en la subsistencia de las sociedades cazadoras que coincidieron en un  territorio con estos carnívoros. Sin embargo, hay que valorar bien los registros, ya que, bien por la ausencia de datos en los yacimientos arqueológicos o bien por la formación de palimpsestos en los depósitos, se da lugar a una serie de interpretaciones erróneas.
En general, podemos determinar que las poblaciones de hienas se extendieron por la Península Ibérica desde el Plioceno hasta bien pasado el Pleistoceno Superior, como demuestran los registros fósiles. Gracias a los estudios arqueozoológicos y tafonómicos, hoy en día podemos conocer el comportamiento de estos animales extintos, que fueron los responsables de la formación de una inmensa mayoría de yacimientos paleontológicos, como lo atestiguan las concentraciones de restos óseos hallados en los cubiles, que nos ofrecen las mejores representaciones de la diversidad faunística durante todo el Plio-Pleistoceno y bien entrado el Holoceno en la Península.

 
Reconstrucción de una familia de hienas gigantes prehistóricas. UG.