viernes, 28 de agosto de 2015

CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE AMPURIAS




Ampurias es quizás el yacimiento grecorromano más emblemático de toda la región del  Alto Ampurdán, aunque, a su vez, podemos decir que es el yacimiento griego más valioso de toda la Península.
Comenzamos el recorrido por las ruinas a través de una gran puerta de acceso, que te recuerda a las murallas ciclópeas de la puerta de los Leones de Micena, fueron  levantadas en el siglo II a. de C, por los  focenses (procedentes de la ciudad de Focea, lo que es la actual Turquía), que fueron los primeros que empezaron a establecer una serie de rutas por todo el mediterráneo y construir una serie de colonias como la que llevaron a acabo en la isla de San Martín d’Empúries en el s.VI. a de C; para pasar más tarde a tierra firme, y así poder comerciar con los indígenas. Este poblado, que se remonta a la época del Bronce Final, ya mantuvo una serie de contactos comerciales con etruscos, fenicios y griegos a lo largo del siglo VII a. C.
Estos comerciantes griegos procedentes de Focea fundaron, sobre este poblado indígena, su primer asentamiento, para más tarde crear un nuevo sector de la ciudad, que es el que podemos contemplar en la visita arqueológica. La prosperidad comercial que llevaron a cabo estos indígenas junto con los pobladores del Mediterráneo, así como su influencia cultural, condicionó la evolución de los indígenas, dando paso  al nacimiento de la cultura ibérica.
Una vez que pasamos, como digo, la gran puerta de entrada, podemos contemplar el centro terapéutico y religioso consagrado al dios de la medicina: Asklepios. Y junto a este espacio se encuentra el santuario dedicado a las divinidades griegas como Isis y Zeus.
A partir de aquí te introduces en la calle principal que nos llevará al ágora, la plaza porticada que constituye el centro político y comercial de la ciudad. En nuestro recorrido vamos visitando los diferentes tipos de casas, aljibes, mercado,  fábrica de salazón, etc.
Así, poco a poco te vas aproximando al Museo de Arqueología de Cataluña, donde puedes contemplar todos los hallazgos recuperados de las excavaciones.
Y, en la parte posterior del Museo, a un mismo nivel, nos adentramos en las ruinas de lo que conformó la ciudad romana. De la que tenemos que decir que a esta primera colonización griega le sucedió la colonización romana, aunque, en este caso, ya no tuvo fines comerciales, sino más bien militares, cuando en el año 218 a.C. un ejército  romano encabezado por Cornelio Escipión desembarcó en el puerto de Ampurias con el objetivo de cerrar el paso por tierra a las tropas cartaginesas. Así se iniciaban la Segunda Guerra Púnica y el proceso de romanización de la Península Ibérica.
En el año 195 a.C., Marco Porcio Catón instaló un campamento militar en Ampurias, lo que constituyó el embrión de una nueva ciudad (que sería la ciudad romana).
En la época de Augusto, la ciudad griega y la romana se unieron física y jurídicamente bajo el nombre de Municipium Emporiae.
El recorrido por este recinto nos lleva más tiempo por la excelente recuperación y restauración que se han realizado en los diferentes monumentos arquitectónicos que configuraban esta ciudad,  como, por ejemplo, las viviendas con sus mosaicos, el foro, el templo dedicado a la tríada romana: Júpiter, Juno y Minerva, el anfiteatro, la palestra, la necrópolis…
El yacimiento de Ampurias está configurado como un parque arqueológico integrado en el Museo de Arqueología de Cataluña, la primera campaña de excavación se llevo a cabo en el año 1846 bajo la dirección de Julián González de Soto, y a partir de 1908 se inicia la recuperación científica del yacimiento dando píe a la participación  de multitud de arqueológ@s,  donde han completado su formación, y las excavaciones siguen desarrollándose cada año con nuevos e interesantes hallazgos.
















viernes, 7 de agosto de 2015

POBLADO ÍBERICO DE ULLASTRET

El poblado ibérico del Puig de Sant Andreu de Ullastret  es uno de los yacimientos más conocidos de Cataluña y donde mejor está representada la ciudad ibérica. Los íberos son la población autóctona de la edad del bronce en la franja mediterránea de la península ibérica, que recibió influencias culturales de griegos y fenicios. El origen del poblado ibérico de Ullastret se remonta a mediados del s. VI. a. de. C y  en la segunda mitad de este siglo se fortificó todo el recinto con una muralla reforzada por siete grandes torres, y durante la primera mitad del s. IV a. de. El poblado se amplió hasta casi triplicar la superficie amurallada. En la parte inicial del  recorrido por el yacimiento, lo primero que visitamos es un lienzo de la muralla más antigua, y una parte de este muro fue desmontada cuando se construyó la muralla del s. IV a. C. Observamos que los materiales y las técnicas de talla empleados en las dos fases constructivas son muy diferentes.
En general, podemos decir que la organización urbana de este poblado es propia de un oppidum, poblado fortificado en altura, característico de la época protohistórica, donde se conservan  sus calles, adaptadas a  las pendientes y las irregularidades del suelo; donde se puede observar la longitud de las mismas, en concreto,  la que tiene el recorrido de norte-sur, que es la más larga. El poblado ha experimentado diversas fases de reurbanización; la más importante fue la construcción de la muralla en la parte oriental, así como de algunas casas pertenecientes a familias aristocráticas.
Además, el poblado contaba con importantes obras públicas, como templos, cisternas, silos y necrópolis, todo un entramado de organización social de la comunidad.
El poblado dominaba un amplio territorio del que se explotaban recursos económicos y ganadería, así como canteras, minas, etc.
La actividad más importante que realizaban era la agricultura, seguida de la ganadería, donde, según los registros arqueológicos, la fauna más frecuente ha sido la de los ovicápridos, seguida de los cerdos y los bóvidos, y, en menor medida, también tenían caballos y perros. La ganadería les proporcionaba una dieta, además de materias primas como la lana, pieles y huesos, que se utilizaban para fabricar diversos elementos. Pero también practicaban la caza de cérvidos y de jabalíes.
Comerciaban con las comunidades indígenas cercanas, con la colonia griega de Ampurias, así como con griegos y fenicios.
Con la llegada de los romanos a la zona durante la Segunda Guerra Púnica se inició un proceso de transformación en el sistema de ocupación y explotación económica del territorio que condujo al abandono forzoso del sitio a inicios del s. II a. C.
Ya en época carolingia, en la cumbre de la colina se levantó un castillo, del que hoy en día se conservan restos de la muralla y de la torre. En los siglos XVI-XVII se construyeron una ermita dedicada a Sant Andreu y una casa de labranza, donde hoy día se alberga el museo del yacimiento.
En dicho museo se encontraba la exposición temporal titulada “Las cabezas cortadas de Ullastret. Violencia y ritual en el mundo íbero”.
Durante las excavaciones en una de las calles del yacimiento, en el año 2012, se encontraron 15 fragmentos craneales humanos, entre los cuales dos cabezas enclavadas en muy buen estado. Esto viene a testimoniar la práctica ritual de las cabezas cortadas, costumbre de origen celta que consiste en exhibir la cabeza del enemigo vencido como un trofeo de guerra. Es la primera vez que se expone este material, pero, ante la importancia del hallazgo, se quiere hacer extensible  a otras áreas de la Península. Su visita es muy interesante.