domingo, 20 de noviembre de 2016

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE GALERA (Granada-Andalucía).

Galera es un pequeño municipio granadino situado en el altiplano de Baza-Huéscar. Sin embargo, es conocido, tanto a nivel nacional como internacional, por la herencia arqueológica que atesora, que se extiende desde la Prehistoria hasta la Edad Media. 
Los restos de su riqueza arqueológica provienen principalmente de los yacimientos de Castellón Alto y Fuente Amarga; en total, se han recuperado más de 130 sepulturas funerarias de la Edad del Cobre.
En su término municipal existen más de 45 puntos arqueológicos catalogados y ha sido uno de los ámbitos álgidos de la arqueología española a lo largo del s. XIX y principios del XX, en los que se han llevado a cabo diversas intervenciones arqueológicas, de la mano de Juan Cabré, Federico de Motos, Wilhelm Schüle, Manuel Pellicer, Fernando Molina y Oliva Rodríguez-Ariza.
En el año 2001, abrió sus puertas el Museo Arqueológico, que se emplazó en el antiguo convento de monjas de Cristo Rey y acoge los materiales arqueológicos de casi todos los períodos del desarrollo histórico de la zona. 
Todas las zonas, ricas en registros arqueológicos, corren el riesgo de ser expoliadas; es lo que le ha pasado a Galera. Los habitantes del lugar, cuando labraban sus tierras, les salían auténticas colecciones de material arqueológico y desaparecían. 
Este hecho fue lo que llevó a las autoridades del lugar a crear un museo en 1998. Al principio se disponía de poco material, pero poco a poco los habitantes se fueron concienciando del valor de su patrimonio y empezaron a donar  sus colecciones. De esta forma, se comenzó a catalogar y restaurar las piezas donadas. Gracias a esta iniciativa de contar con un museo, se ha conseguido que, con los años, Galera pueda contar con una de las piezas más emblemáticas de todo el museo y  que sea depositada allí, y no en el museo provincial: “La Momia de Galera”,  de la sepultura 121, de Castellón Alto.
Si hacemos un recorrido por sus salas, vemos que la primera planta está dedicada a la prehistoria. Se exponen materiales cerámicos, líticos y metálicos  que reflejan los modos de vida de las sociedades de la Edad del Cobre y  del Bronce  (Cultura Argárica).
En la planta baja se encuentra una de las piezas más misteriosas de esta zona, que le ha dado renombre a este pueblo: la “Diosa de Galera”, descubierta en 1916 en la necrópolis  de Tútugi. Aparece junto a un ajuar formado por 4 vasijas gemelas de distintos tamaños, dos frascos de vidrio y una copa ática de barniz negro. 
Tiene una datación del s. VII a. de. C. Es una pequeña escultura tallada en alabastro que representa a la diosa Astarté. La deidad aparece sentada junto a dos esfinges y sostiene un gran cuenco en su regazo. El busto es hueco para verter líquido  tanto por la parte superior de la cabeza como por los pechos, hasta llegar a la pila. 
La función de esta escultura todavía no se ha podido determinar; se cree que pudo servir para llevar a cabo algún tipo de ritual, pero aún queda por precisar.
El hallazgo de esta escultura se extendió por todo el territorio y la pieza fue adquirida por el restaurador Luis Siret. Años después, Luis Siret la donó al Museo Arqueológico Nacional, donde permanece actualmente. 
En Galera se conserva una copia. Sería de justicia que la pieza original volviera a su lugar de origen.
En el año 2002, en una de las terrazas del poblado de Castellón Alto, se encontró una sepultura con restos humanos parcialmente momificados, pertenecientes a la cultura de El Argar.
Los restos pertenecen a un varón adulto de entre 27 y 29 años, de estatura de 1,60 m. Sus manos y brazos estaban flexionados sobre el pecho. Se ha conservado casi todo su cuero cabelludo; el pelo era largo y negro, con dos trenzas laterales y una cola central. También se han conservado trozos de tejido del vestido, que era de lino y lana, y, al cubrir la cabeza, aparecen restos de un gorro de lana.
Junto al varón se encuentra un niño de 4 años que posiblemente fue extraído de su sepultura original y colocado junto al padre, ya que los restos no presentaban conexión anatómica al momento de su extracción.
Para conservar este excelente conjunto momificado, el único que se conserva en España hasta la fecha, se ha fabricado una vitrina especial, totalmente hermética, en la que el oxígeno se ha sustituido por nitrógeno. Esto impide que en el interior se desarrollen microorganismos o focos de oxidación que afecten a la conservación de los restos.
El museo también cuenta con una bodega, donde se presenta una colección etnográfica sobre la elaboración del vino, el cáñamo y el esparto…
Decir que, a pesar de tratarse de un museo ubicado en una población pequeña, este alberga una excelente colección de material arqueológico de la cultura Argárica. Además, está muy bien coordinado: desde el mismo museo empiezas con una visita guiada por él. Te proporcionan la visita guiada a los yacimientos de Castellón Alto y  de Fuente Amarga.

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

CANCHO ROANO

En medio de la dehesa extremeña y en pleno corazón de la comarca de La Serena, se encuentra una de las residencias más emblemáticas y, a la vez, polémicas de la Prehistoria española, que el Historicismo Cultural ha considerado un palacio-santuario de origen tartésico.
El hallazgo surgió a raíz de un agricultor ilipense (1970) que quería labrar sus tierras, pero el arado no se lo permitía debido a la concentración de piedras en ese lugar. Pero, gracias a la sensibilidad por el patrimonio histórico y arqueológico y al rico registro que se iba descubriendo, el maestro del pueblo de Zalamea de la Serena lo puso en conocimiento de las autoridades.
El hallazgo pasó a manos del profesor Juan Maluquer de Motes, especialista en la cultura tartésica. En aquella época (1978), Maluquer era inspector de excavaciones arqueológicas y decidió llevar a cabo una intervención de urgencia, en la que el Instituto de Arqueología y Prehistoria de la Universidad de Barcelona se haría cargo de los estudios. Tras el fallecimiento del profesor Maluquer, los trabajos fueron continuados por el arqueólogo Sebastián Celestino Pérez.
El yacimiento fue fechado entre los siglos V y VI a. C. Está estructurado en torno a un edificio central y   rodeado por una serie de pequeñas habitaciones. Toda la estructura constructiva se encuentra dentro de un foso excavado en la roca. En el edificio se determinan tres etapas constructivas: la primera fase se construyó sobre una cabaña ovalada, donde se levanta el primer edificio, de planta cuadrada, construido con muros de adobe sobre una base de mampostería, del s. VI a.C. Sobre esta base se edificó una segunda planta donde se ha llegado a dominar hasta tres altares de adobe, dos de ellos con forma de piel de vaca.  Sobre esta planta, en el s. En el siglo XIX se construyó una tercera planta, que le confiere a este edificio una personalidad propia.
Todo el edificio fue construido sobre una base sólida de piedras y alzado de adobe; todo el exterior fue enlucido con arcilla roja, así como las habitaciones, mientras que el interior fue tratado con cal blanca. Una de las habitaciones está enlucida con ladrillos de pizarra.
En la parte central del edificio se levantó la habitación principal, donde se alzó un gran pilar rectangular que haría las veces de altar. A esta parte central se accede por un patio cuadrado que, en su centro, alberga un gran pozo que hoy en día se sigue alimentando con agua del río Cagancha.
Pero lo más significativo de todo el palacio, desde el punto de vista de la arqueozoología, es la gran cantidad de restos óseos de fauna que se han recuperado, gran parte de ellos con marcas de corte, es decir, de animales que fueron consumidos. Entre los animales identificados tenemos vaca, corderos, jabalí, ciervo, cabra, zorro, cerdo y caballo. El caballo es el animal más emblemático del yacimiento, ya que se representa en muchas manifestaciones artísticas y rituales. Este animal posiblemente tendría un significado simbólico, ya que no presentaba signos de haber sido supeditado o sometido a trabajos de tracción ni a monta.
Otros objetos recuperados han sido: una rica colección de cerámicas e instrumentos de hierro destinados a labores agrícolas y al mantenimiento del edificio.  También cuenta con hoces, cuchillos, clavos, pesas, molinos y ánforas, brazaletes egipcios, cuentas de ámbar, brazaletes, orzas, calderos, copas griegas, sellos de piedra y joyas de oro.
Como se describe al principio, Cancho Roano es un yacimiento que, desde que fue descubierto, se ha visto rodeado de multitud de polémicas, debido a la variedad de hipótesis a las que se ha sometido, ya que se encontraba en una zona, Extremadura, con un gran vacío de investigación y de registros arqueológicos.
La hipótesis que más ha prevalecido a lo largo del tiempo ha sido la de un enclave fenicio, tartésico y su función era la de un palacio-santuario basada en la teoría de Almagro Gorbea, pero según las últimas investigaciones basadas en los registros encontrados en la zona como: el yacimiento de La Mata (Campanario, Badajoz), Turuñuelo (Guareña, Badajoz), y Tamborrico (Villanueva de la Serena, Badajoz) se está viendo que se trata más bien de formaciones económico-sociales del Bronce Final o formaciones con tecnología del hierro que expandieron sus estructuras y sistemas de explotación del medio a sus territorios circundantes, considerando estos grandes edificios como residencias rurales de algún linaje aristocrático. En los alrededores de estas residencias aparecen necrópolis y pequeños poblados que les confieren a estos edificios un papel de centro de dominio agrícola; son las formaciones sociales que se van consolidando e introducen nuevos ordenamientos territoriales aristocráticos, basados en la propiedad privada de las tierras agrícolas y ganaderas.
Se puede decir que estas formaciones económico-sociales locales de época posorientalizante han tenido conexiones con las culturas tartésicas, fenicias y griegas dedicadas al comercio en el sur peninsular.
Observaciones: Para las personas que quieran visitar este yacimiento, indicar que se encuentra a tan sólo 10 km de la población de Zalamea de la Serena (Badajoz). El lugar cuenta con un Centro de Interpretación que acoge objetos hallados durante las excavaciones, así como una enorme maqueta. También cuenta con enormes paneles en los que, mediante fotografías, se reflejan los hallazgos registrados en el yacimiento.
Como todo centro de interpretación, cumple la función de información, divulgación y educación, en definitiva, una excepcional puesta en valor del yacimiento, donde el visitante adquiere una visión global del funcionamiento de este edificio. Decir que todos los trabajos desarrollados en el yacimiento han sido financiados por la Junta de Extremadura y la Mancomunidad de Municipios de la Serena, y que han supuesto un desarrollo económico para los municipios, lo que ha dado lugar a una expansión turística de la zona.
También, para quienes estén interesados en conocer toda la trayectoria arqueológica y la bibliografía generada desde 1980 hasta 2010, la Diputación de Badajoz ha editado la obra: “Cancho Roano: más que palabras. Bibliografía crítica sobre el yacimiento post-orientalizante de Zalamea de la Serena”, del arqueólogo Javier Jiménez Ávila. Un excelente trabajo historiográfico sobre este singular yacimiento.