miércoles, 25 de enero de 2017

NUEVAS DATACIONES PARA LA PRESENCIA HUMANA EN NORTEAMÉRICA / New dates for human presence in North America.


Poco a poco, se van puntualizando y actualizando las evidencias de la presencia humana en  determinados lugares de la geografía, como es el caso de Norteamérica,  antes de la fecha que se venía barajando.
 Las cuevas de Bluefish, ubicadas a orillas del río que les da nombre, en el norte de la zona de Yukón (Cánada), están siendo investigadas por la arqueóloga Lauriane Bourgeon, de la Universidad de Montreal (Departamento de Antropología); sus estudios están basados en los restos óseos de los animales que proceden de las excavaciones llevadas a cabo por el arqueólogo Dr. Jacques Cinq-Mars, entre los años 1977 y 1987, que se encontraban almacenados en el museo canadiense de Hi, en Gatineau, Quebec. En su momento, el equipo de Cinq-Mars llegó a la conclusión de que las cuevas de Bluefish contenían evidencia de uso humano ocasional en los registros hallados hace ya 30.000 años.
Pero estos registros eran evidentemente mucho más antiguos si los comparamos con las evidencias arqueológicas de la población americana. Por eso, las conclusiones de Cinq-Mars fueron muy discutidas por la comunidad científica de la época, que no las aceptó. Por eso, las tres cuevas fueron apartadas de la discusión sobre el poblamiento de América.
En su estudio, Bourgeon envió 6 piezas de restos óseos que contenían evidencias de marcas de carnicería, por descarnación,  realizadas con herramientas de industria lítica. Para ello, se sirvió de un laboratorio de Oxford (Inglaterra) para su datación por radiocarbono AMS.
La pieza más moderna resultó ser de un caribú, con una antigüedad de 12.000 años. Y la pieza más antigua pertenece a la mandíbula de un caballo, datada en 24.000 años.
Las evidencias en los registros, con los que cuentan para su estudio, tanto de la industria lítica (microlíticos) como de los restos óseos de animales de la cavidad, confirman una ocupación durante el Último Máximo Glaciar hace 24.000 años (BP).
El aislamiento genético se habría correspondido con el aislamiento geográfico. Durante el Último Máximo Glaciar, Beringia quedó aislada del resto de América del Norte por glaciares y estepas demasiado inhóspitas para la ocupación humana, procedente de occidente; luego se convirtió en un lugar de refugio para estas comunidades de cazadores.
Los habitantes de las cuevas fueron los antepasados de los grupos humanos que, al final de la Última Edad de Hielo, colonizaron todo el continente a lo largo de la costa oeste de América, hasta el sur.


Referencia: Lauriana Bourgeon. “La presencia humana en América del Norte data del Último Máximo Glacial. Nuevas dataciones mediante radiocarbono en las cuevas de Bluefish, Canadá”, Revista PLOS ONE.



martes, 10 de enero de 2017

CUEVA DE LA PILETA (Benaoján-Andalucía) / CAVE OF THE PILETA (Benaoján-Andalusia).

El arte rupestre prehistórico es uno de los fenómenos culturales que más literatura e hipótesis ha generado a lo largo de las últimas décadas. En Andalucía, en concreto, este fenómeno siempre se ha catalogado en dos grandes grupos estilísticos y culturales. Por un lado, han estado los santuarios parietales subterráneos del Pleistoceno, con sus diferentes fases del Paleolítico Superior; y por otro, las manifestaciones pospaleolíticas, que se encuadrarían en los momentos holocénicos y que reflejan los fenómenos esquemáticos. Hoy hablaré del santuario prehistórico más importante, del sur peninsular, como es la Cueva de la Pileta, en Málaga.
Dicha cavidad fue descubierta en 1905 por José Bullón Lobato, quien, al buscar murciélagos para abonar sus tierras, descendió a la cavidad por una pequeña sima con una cuerda rudimentaria. En estas primeras incursiones a la cavidad, el descubridor fue localizando restos de cerámica, pinturas, restos humanos, etc.; lo que más le llamó la atención fueron las pinturas rupestres en forma de signos esquemáticos, por eso la denominó, en un principio, “Cueva de los Letreros”, porque los signos le parecían que fuesen letras.
En 1911, visitó el cortijo de Harillo un inglés afincado en Jimera de Libar, era aficionado a la ornitología, y pasó por allí para buscar huevos de las grajas que habitaban en la sima de los Murciélagos, y fue cuando José Bullón le comentó lo que había visto en la cueva y se ofreció para acompañarle en su próxima visita.  Su asombro, ante lo que había visto, le llevó a publicar este hallazgo en la revista Saturday Review. Esta pequeña referencia bibliográfica llegó a manos del Abate Breuil, quien preparó una expedición al sur peninsular para visitar la cueva, acompañado de Hugo Obermaier, Paul Wernet y Juan Cabré.Toda la documentación que habían extraído de sus trabajos la plasmaron en la monografía: La Pileta à Benaojan.
De esta forma, en sus labores cotidianas, se descubrió la que posteriormente ha sido considerada la cueva con mayor riqueza artística en el extremo meridional de la Península Ibérica.
Posteriormente, José Bullón legó su propiedad de la cueva a su hijo Tomás Bullón, quien llevó a cabo una serie de trabajos de acondicionamiento para que la cueva pudiese ser visitable y también descubrió la puerta por la que hoy día se accede a la cavidad.
Pasando a los registros artísticos que encontramos en la cavidad, se plasman los dos episodios culturales del Paleolítico Superior: uno es el solutrense y el otro, el arte magdaleniense. Durante el episodio, solutrense en la cavidad, vemos plasmados dos temas principalmente: uno atribuido a la figura de los animales y el segundo, el formado por ideomorfos o abstractos. Respecto a la fauna representada, durante el solutrense, se encuentran los animales típicos de climas cálidos, como los bóvidos, cápridos, cérvidos y équidos.
En la zona de la Nave Central aparecen las primeras representaciones artísticas en color ocre, rojizo y amarillento que representan un caballo, una cabeza de toro y signos esquemáticos.
En la sala del Salón, destacan un reno, un ciervo, un caballo amarillo, una cabra negra y una vaca rojiza y signos esquemáticos. Pero quizás el lugar emblemático de la cavidad, por su belleza y perfección, es el conocido como “El santuario”, donde se representan una yegua preñada y animales de época solutrense, que fueron estudiados por los profesores Francisco Jordá Cerdá y Eduardo Ripoll Perelló.
Otras de las salas emblemáticas es la Sala del Pez, la más conocida de toda la cavidad, donde se representa los primeros pisciformes, en este caso en concreto se representa un gran pez, de especie marina, dentro de la especie han representado una foca y encima de éste se aprecia el dibujo de una cierva; a la izquierda de ese panel se puede apreciar también la figura de un chamán y el negativo de una mano.
A lo largo de toda la cueva se aprecia una multitud de representaciones de animales y signos esquemáticos, que van desde el auriñaciense, solutrense, magdaleniense y neolítico, y es en este último periodo donde se han encontrado más representaciones. También hay que destacar las representaciones de figuras humanas, como la del arquero, con claras influencias levantinas.
Ni que decir tiene que la cavidad además de servir de lugar de hábitat fue un lugar de encuentro de los grupos de cazadores-recolectores procedentes tanto de la vertiente Mediterránea como de la Banda Atlántica.


Observación: Nuestro agradecimiento a José Antonio Bullón por sus explicaciones y por habernos acompañado en la visita, así como a Francisco Giles Pacheco, por su esfuerzo, gestión y explicaciones a lo largo del recorrido de esta cueva.

Referencia: José Antonio Bullón, La cueva de La Pileta. IPEK. Jahrbuch für prähistorische & ethnographische Kunst.













José Antonio Bullón actual propietario y conservador de la cavidad.

A la entrada de la cueva con el arqueólogo Francisco Giles Pacheco.