En diciembre abrió sus
puertas el nuevo Museo de Málaga, en el Palacio de la Aduana. Este proyecto
empezó a gestarse hace más de diez años, cuando un grupo de personas provenientes
de todos los ámbitos de la vida cultural malagueña comenzó a reclamar un nuevo destino cultural para este edificio neoclásico de finales del
XVIII. En un principio acogió lo que era la Aduana del puerto (Centro Administrativo
ante la intensa actividad comercial de la ciudad), posteriormente pasó a ser la
Fábrica de Tabaco, para terminar siendo la sede de la Subdelegación de Gobierno;
y actualmente, ha sabido acoger en un mismo espacio el Antiguo Museo Provincial
de Bellas Artes (1913) y el Museo Arqueológico Provincial (194), uniendo así Arte y Arqueología.
El edificio ha sido rehabilitado
respetando los valores históricos y arquitectónicos del palacio, así como su acomodamiento a las
necesidades del nuevo espacio expositivo y museográfico.
La ubicación del nuevo
museo es excelente: por una parte, se le ha dado un nuevo uso a un edificio que
estaba desmantelado; y, en segundo lugar, ocupa un lugar privilegiado dentro del casco histórico de la ciudad, muy cerca de la Alcazaba, el Teatro Romano, etc.; es un complemento más a la vida cultural y
patrimonial de la capital. De esta forma, ha pasado a ser el
museo más grande de Andalucía.
La planta segunda está dedicada a
la arqueología, donde se exponen piezas que abarcan desde la Prehistoria hasta
la Edad Media. Te dan la bienvenida en las salas 1 y 2, un conjunto de matronas
de la abundancia. Este conjunto de grandes piezas fue descubierto en Cártama y pertenece a la colección loringiana, creada por los marqueses Lorinng-Heredia a partir de la segunda
mitad del s. XIX.
Las primeras vitrinas de la sala
3 están dedicadas a una pequeña colección de industria lítica del Paleolítico
Inferior (180.000-120.000 AP) y del Paleolítico Medio (70.000-40.000), donde se fabricaban raederas, denticulados y puntas que se utilizaban para descarnar
animales y trabajar la madera. Estos materiales provienen de los yacimientos de la cueva del Boquete de Zafarraya, la cueva de Bajondillo, la cueva de
las Palomas… entre otros.
También se ha expuesto la mandíbula
de Homo neanderthalensis del Boquete de Zafarraya, así como una selección de restos de fauna pertenecientes a hiena, cuón, oso pardo y león de las
cavernas.
La dieta de los neandertales que ocuparon esta zona estaba basada en
cabras montesas, caballos, ciervos y bóvidos; también aprovechaban los recursos
marinos, como los bivalvos, que eran un complemento de su dieta, como se ha evidenciado en la cueva de Bajondillo (Torremolinos).
Dentro del Paleolítico Superior,
en la cueva de Nerja se han recuperado restos de un hogar
en el que se quemaron piñas, recolectadas en los bosques cercanos para
abastecerse de piñones, fuente de proteínas. La base de su economía era la caza, a base de cabras montes, ciervos, conejos… complementada con recursos marinos, como focas, peces, moluscos y aves. Algunos de estos recursos le sirvieron para
fabricar sus adornos personales, y también se evidencian sus
representaciones pictóricas rupestres.
También hay que destacar la Venus de Benaoján, hallada en la
cueva de la Pileta y modelada en cerámica. Un hipogeo que nos muestra una reconstrucción de una tumba púnica con un rico ajuar.
Otra de las muestras estrella del
museo es la tumba del guerrero, que se recuperó en 2012 durante una excavación arqueológica en el casco antiguo de Málaga. En esta cámara mortuoria del s. IV a.
C, junto a los restos inhumados de un varón de mediana edad, se encontraron
restos de un ajuar de un soldado griego. Una de las piezas es el casco
corintio.
Las salas 4 y 5 están dedicadas a
la cultura romana y a la de al-Ándalus. Colecciones
completas y muy interesantes de ambas culturas, con una rica exposición de
cerámicas, bronce, ataifor, estelas, etc.
Un gran protagonista de estas salas es el mosaico del Nacimiento de Venus,
romano, descubierto en Cártama. Se creó para servir de suelo a un edificio termal
de finales del s. II d. C. En el centro de la composición, la diosa navega en
una concha.
Una de las dependencias que me ha
gustado mucho y que he visto muy interesante, de hecho, es la primera vez que la
veo en un museo: el Almacén, donde se encuentran los fondos del museo; es decir, todo el registro que se encuentra en una excavación se deposita en este almacén, y después se realiza una selección de las piezas más interesantes
para exponerlas al público. La parte más llamativa, a mi juicio, es la de la prehistoria, que se encuentra en unos grandes muebles con
cajones que el público puede abrir para observarlos.
Sólo me queda decir que nos
encontramos ante un excelente edificio rehabilitado, que ha intentado aunar
arqueología y arte, con una atractiva colección de pintura decimonónica y del
s. XX., que provocan una serie de acciones físicas en el visitante, además de
sensoriales, intelectuales, emocionales y estéticas.
También, felicitar a todos los
malagueñ@s, que durante estos años han perseverado en su intento porque este
edificio abriera sus puertas, y a todos los profesionales que han participado
en el montaje de esta obra museográfica.


























