miércoles, 29 de noviembre de 2023

MUSEO DEL CASTRO DE YECLA LA VIEJA


Para comprender mejor los modos de vida y de trabajo que se llevaba a cabo, en el poblado de Yecla La Vieja, debemos de pasar por el Aula Arqueológica, para unos o museo para otros, que se encuentra situada en lo que antaño fue la escuela de la población de Yecla de Yeltes, y que se ha rehabilitado para poner un pequeño museo hasta la nueva ampliación del mismo, con la colocación de las piezas que se encuentran depositadas en el museo provincial. Llama la atención, en este pequeño museo, lo bien diseñado que está a nivel museográfico. Contiene piezas arqueológicas recuperadas en el castro, como cerámicas, armas, objetos decorativos y varias cabezas humanas esculpidas en piedra, así como una escultura de verraco, en concreto, de un jabalí, que te sorprende por el realismo con que está elaborada. Todos los aspectos, tanto culturales como materiales, están perfectamente reflejados en los montajes audiovisuales, los carteles expositivos y la maqueta. También se cuenta con una excelente colección de estelas funerarias de su época romana.















jueves, 23 de noviembre de 2023

LOS VETTONES: arqueología de sus poblados.

Uno de los pueblos de la Península Ibérica, antes de la llegada de los romanos, fue el pueblo Vettón. Se asentaron en las zonas graníticas del suroeste de la Meseta Norte, del occidente de la Meseta Sur y de Extremadura, y desarrollaron la Cultura de Cogotas II, también conocida como Cultura de los Verracos. Sus orígenes se adentran en la Segunda Edad del Hierro (s. V-II a. C.); son pueblos de raíces celtas que se instalaron en estas tierras por la riqueza de sus suelos, tanto para el cultivo como para la ganadería; y sus poblados estaban protegidos por recintos amurallados.

Los vettones formaban clanes ganaderos y eran pastores de cabras, cerdos y vacas. En el interior de los hogares las mujeres molían el grano y tejían en telares rudimentarios paños de lana, mientras en los talleres se fundía el metal o se modelaban con barro jarras, tinajas y cuencos. Aprovechaban lo que la naturaleza les proporcionaba: madera, fruta y carne. Comerciaban con los pueblos venidos del sur peninsular y del Levante.

Con la llegada de los romanos, sus leyes y costumbres se modificaron, ya que mejoraron las vías de comunicación y la introducción de la moneda facilitó el comercio.

El hecho de que, hoy día, se conozca mejor la cultura vetona es debido a los trabajos de investigación que han venido realizando: Jesús Álvarez-Sanchis, Eduardo Sánchez Moreno, Manuel Salinas Frías, sobre todo las aportaciones de Almagro-Gorbea; y las intervenciones arqueológicas que se han llevado a cabo en diferentes castros de la Meseta Norte, como el Castro de Yecla la Vieja, en  Yecla de Yeltes (Salamanca) y el de Las Marchanas, en Lumbrales (Salamanca), tanto uno como otro, son de los castros mejor conservados en el territorio Vettón.

                                   EL CASTRO DE YECLA LA VIEJA

El Castro posee una posición estratégica en lo alto de un cerro y está rodeado por el río Huebra y el arroyo Varlaña; además, cuenta con una impresionante muralla que lo hace totalmente infranqueable y sorprende por su altura y grosor. La muralla que lo delimita se adapta al terreno y al relieve; se construyó directamente sobre la roca, formada por dos muros: uno exterior y otro interior. Los muros están inclinados para lograr una estructura más estable y segura, y la muralla fue reforzada en los puntos más débiles y en las zonas con menor protección; además, sus flancos están menos protegidos. En estas zonas se colocó una serie de barreras defensivas a base de piedras hincadas en el suelo, para que el enemigo tuviera que desmontar de sus caballos y luchar a pie, lo cual resultaba más difícil de defender.

En todo el perímetro del castro se abrieron tres puertas: una al norte, la más grande, de 5 m de ancho, que da a un pasillo de 9 m de largo hacia el interior del poblado, formando un embudo. En el sur, hay otra puerta por la que se bajaba a los campos de cultivo. En la zona este se encuentra la tercera puerta. Dentro de las murallas se sabe que vivía la población y que tenía un urbanismo compuesto por una calle principal que unía la puerta norte con la sur. En las últimas excavaciones se ha descubierto una casa cuyos cimientos de piedra se apoyaban en la roca natural. 

Un factor muy llamativo del castro es la presencia de grabados en los sillares. En ellos se representan caballos de forma esquemática, así como jabalíes, burros, toros, gatos, lobos y serpientes. Hay muy pocas representaciones de figuras humanas y animales. Hay unas cuantas figuras de jinetes armados con lanzas que persiguen jabalíes, lo que nos lleva a pensar que los vettones eran cazadores.

En el camino que te conduce al arroyo Varlaña se encuentra un afloramiento rocoso que alberga uno de los conjuntos de grabados rupestres más interesantes del castro. Se le ha llamado “Los siete infantes de Lara”; en él se aprecian siete caballos, un perro grabado en la roca, varios símbolos y una inscripción de época medieval.

Los edificios del poblado no se han conservado y la muralla, en algunas zonas, ha tenido que ser restaurada, pero, en su gran mayoría, los sillares permanecen intactos. A la entrada del mismo se encuentra la de El Castillo, de época medieval, donde se reutilizan muchos materiales de la época romana.

Este fuerte sería ocupado hasta el siglo XII, cuando fue abandonado por sus pobladores para asentarse en la zona más llana, lo que daría lugar a la actual localidad de Yecla de Yeltes (Salamanca).

Es una de las fortificaciones protohistóricas mejor conservadas de la zona oeste de Castilla y León.








Necrópolis

          CASTRO DE LAS MERCHANAS (Lumbrales, Salamanca).

Situación:

Muy cerca del Castro de Yecla la Vieja se encuentra el castro de Las Merchanas. Su ubicación está sobre un promontorio granítico en el meandro del río Camares. Está rodeado de una gran muralla de piedra, sin argamasa alguna. La técnica es muy significativa, ya que consta de dos elementos: uno externo, donde se han utilizado piedras de gran tamaño o sillarejo, y otro, el espacio interior, relleno de piedras más pequeñas o cantos. La muralla es más ancha en su base, lo que le confiere consistencia y estabilidad, y mide entre dos y tres metros de altura. Debido a que el terreno presenta muchas zonas de roquedo, la muralla se ha ido adaptando al suelo: donde el poblado quedaba indefenso se construía la muralla de siete metros de espesor, y donde la topografía lo hace innecesaria no se construye muralla. De tal forma, el castro sólo dispone de dos entradas. La construcción de la estructura durante ese viaje le proporciona seguridad defensiva al castro, impidiéndole así un ataque masivo. La entrada principal tiene dos torreones que flanquean este cuello de botella, de unos diez metros de largo.

La visita al recinto es muy cómoda: se realiza por un camino señalizado, todo muy bien indicado, y te conduce hasta un mirador, donde puedes apreciar su posición estratégica ante posibles amenazas del exterior, y donde la mejor defensa se la dan el río Camares y la gran muralla. Para reforzar aún más la zona defensiva, en la entrada principal se colocó una serie de hileras de piedras verticales para que la caballería no tuviese acceso a ella.

Origen:

Su origen se remonta al s. V a. C hasta el s. V d. C, como los Castro de los alrededores. Es de época prerromana. Como he comentado, es una sociedad muy jerarquizada; sus medios de vida eran la ganadería y la metalurgia, aunque también practicaban el comercio y la artesanía. También tenían como signo distintivo los verracos, que son esculturas zoomorfas trabajadas en granito, aunque también hay otros tipos de piedra; estas esculturas representan normalmente a toros, cerdos y jabalíes. Se han localizado en diferentes lugares, como cerca de los castros y en las necrópolis, zonas de pastos. Hay varias hipótesis al respecto: se cree que se colocaban para indicar la zona de buenos pastos o el límite de éstos. Ya en la época romana lo reutilizaron como monumento funerario.

Intervenciones Arqueológicas:

Estamos ante uno de los monumentos patrimoniales más ricos de la Península Ibérica, sobre todo de Castilla-León, pero hasta hace muy poco tiempo no se ha reconocido su gran valor histórico y arqueológico. Ha sido gracias a una serie de diligencias por parte de una determinada población que le interesa su patrimonio, es decir, sus raíces, como normalmente suele ocurrir en este país. 

Las primeras referencias son del año 1931, cuando fue declarado monumento del Tesoro Artístico Nacional. Pasó al olvido hasta 1952, cuando Juan Maluquer de Motes llevó a cabo tres campañas de excavación (de 1952 a 1955), en las que se intervino en tres zonas con diferentes catas: zona de necrópolis y zona centro. En la zona centro se ubicaba un alto paredón de 4 m de altura, exento; se trataba de un edificio público romano, donde se localizaron varias esculturas de mármol, un ara y un pequeño bronce de Magno Máximo (de la dinastía de los Flavios), de origen hispano. 

Además, en los objetos recuperados también se encontraban fíbulas, hebillas de bronce, fusayolas de barro, vasijas de cerámica, cuchillos de hierro, cinceles, azuelas de hierro, fragmentos de tégulas, monedas y cerámica de sigilata…

En el año 1981 nace la Asociación Amigos de Lumbrales; uno de sus objetivos prioritarios es la recuperación del castro de Las Marchanas. Se consiguió que el propietario de la finca donde se encontraba el castro vendiese los terrenos que ocupaba el poblado.

En 2005 se logró que los propietarios de la finca lo donasen por el valor de “1 euro”. De esta forma, el Castro pasó a formar parte del Ayuntamiento de Lumbrales. Se comenzó la puesta en valor del mismo. La primera en intervenir fue la Fundación Patrimonio Histórico de Castilla y León, en el marco del proyecto Europeo Interreg III, entre España y Portugal, “Patrimonio Fortificado en la Frontera: Origen e Historia” que en colaboración con el Instituto Portugués do Patrimonio Arquitectónico, con Dirección Regional de Castelo Branco y con la ayuda financiera de la Unión Europea se han rehabilitado los muros, puerta de acceso, señalización de caminos, aparcamientos, reconstrucción de un antiguo molino; y en la puerta norte se coloca el Verraco construido en piedra de granito y cartelería explicativa.

Las últimas intervenciones arqueológicas realizadas entre 2005 y 2011 han dejado al descubierto una necrópolis situada fuera del castro, correspondiente a los últimos habitantes del castro. Se han recuperado 36 tumbas datadas en el s. V de. C y excavadas en el propio terreno. Unas estaban cubiertas con tejas planas a dos aguas y otras con losas de piedra. Pero quizás el hallazgo más antiguo de este castro haya sido una lámina de bronce con una inscripción que decía en latín: TES(S)ERA CAURIE(N)SIS MAGISTRATU TURI.

El Castro tuvo continuidad hasta el siglo V después de Cristo, cuando fue destruido durante el período de las invasiones germánicas. Durante el siglo IV se ha registrado un asentamiento militar cuyo objetivo sería la vigilancia de las minas de estaño del noroeste.











Referencias:

- Juan Maluquer de Motes, 1968: Excavaciones arqueológicas en el castro de “Las Marchenas”, Lumbrares. Salamanca. Pyrenne, nº 4.

- Martín Almagro Gorbea, 2009: Arqueología Vettona. La Meseta occidental en la Edad del Hierro. Zona Arqueológica 12.

- Manuel Salinas Frías, 2001: Los vettones. Indigenismo y romanización en el occidente de la Meseta. Estudios Históricos y Geográficos: 34.

- Jesús R. Álvarez Sanchis, 2003: Los vettones. Real Academia de la Historia. Madrid.