martes, 22 de marzo de 2022

Los inicios de la Prehistoria: JUAN VILANOVA i PIERA

 

Juan Vilanova i Piera nació en Valencia en 1821 y murió en Madrid en 1893. Desde muy pequeño se inclinó por las ciencias. Podemos decir que fue un hombre polifacético y científico: se dedicó a diversas disciplinas, como la medicina, la geología y la paleontología; además, fue agrónomo y prehistoriador. Primero cursó la carrera de medicina, que compaginaba con la de Ciencias Naturales, que era más bien un complemento para comprender la primera. Prácticamente a los 25 años era médico, aunque nunca llegó a ejercer como tal, y se licenció en ciencias naturales.

De su ciudad natal se traslada a Madrid para cursar el doctorado en la Universidad Central (dicha institución era la Universidad de Madrid, que más tarde sería la Universidad Complutense de Madrid).  

En esta época, Vilanova ya sentía una verdadera inclinación por la geología. Se presentó a varias plazas de cátedra, pero no obtuvo ninguna; consiguió la de Oviedo unos años más tarde. Sin embargo, en vez de irse a Asturias, emprendió un viaje científico por toda Europa que duró varios años y le permitió relacionarse con los intelectuales de la época, sobre todo franceses, y participar en los foros de discusión científica más sobresalientes.

Juan Vilanova fue una de las piezas clave en la configuración de la arqueología prehistórica, que en aquellos años se iniciaba como disciplina científica. La noción de prehistoria se generalizó en los círculos académicos durante la segunda mitad del s. XIX. Los primeros países pioneros fueron Gran Bretaña, Alemania, Francia y los países escandinavos. Empezaron a fijarse en los materiales que se encontraban casualmente en minas, canteras y obras de ingeniería. El interés por el estudio de estos primeros momentos se centraba en la periodización de la prehistoria, la tipología de los materiales o la antigüedad de la especie humana. Vilanova, en España, fue un pionero esencial en el estudio de esta materia.

La amistad que fraguó con Mariano de la Paz Graells (quien llevó a cabo la primera excavación paleontológica en el yacimiento de San Isidro, concretamente de los restos de Elephas antiquus) le sirvió para que este le solicitara la plaza de la Cátedra de Geología y Paleontología en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central.

Después de unos años de trabajo intenso aquí, redactó un “Manual de Geología” que se convertiría en un libro de texto para futuros estudiantes y descubrió una nueva especie, Cyclostoma vilanovanum; además, publicó “El Compendio de Geología”, en el que se describieron por primera vez en España los restos de dinosaurios. Estos trabajos le mantuvieron apartado de las nuevas corrientes que surgían en el resto de Europa.

Así, en 1864 sintió la necesidad de volver a viajar a Europa para tomar nuevos aires y retomar los contactos con sus colegas franceses. De esta forma, descubrió el avance que alcanzaban los estudios arqueológicos, principalmente los de prehistoria, a raíz de los hallazgos realizados en Francia y de las teorías de Charles Darwin.

A su vuelta, Vilanova formó parte de la comisión encargada de elaborar los estatutos de la Sociedad Antropológica Española, que ya existía en Francia.

Uno de sus rasgos más característicos era su constante estudio e investigación, lo que le llevaba a participar en casi todos los congresos internacionales que se convocaban, sobre todo los relacionados con la prehistoria, la geología, la antropología y la paleontología… Digamos que fue el científico más heterogéneo y el más internacional de su época.

Entre sus amistades se encontraba el gaditano Francisco Tubino y Oliva, quien se trasladó a Madrid y entró a formar parte de los círculos científicos y académicos más progresistas de la época. Se destacó por su labor en la divulgación de la prehistoria y, en este círculo, formó parte otro gaditano, Antonio Machado y Muñoz (el abuelo de los escritores Antonio y Manuel Machado).

Entre ellos, se fue forjando una amistad, impulsada por su pasión por la historia, y juntos asistieron al Congreso Internacional de Antropología Prehistórica, celebrado en Inglaterra en 1868. Pusieron en marcha la Sociedad de Antropología de Sevilla en 1871.

Juan Vilanova enseñaba geología y paleontología en Madrid. En 1872, publicó su obra Origen, Naturaleza y Antigüedades del hombre; puede decirse que fue el primer manual de prehistoria publicado en España. Es, más que nada, un reflejo de cómo se encontraban los estudios prehistóricos en aquella época, y realizó un estudio exhaustivo de los descubrimientos de la segunda mitad del s. XIX.

Junto a Tubino, viajaron por tierras andaluzas en busca de restos arqueológicos y paleontológicos. Recorrieron Suiza, Francia, Inglaterra, Escandinavia, Italia, Bélgica y Portugal para asistir a congresos, donde exponían los avances de los trabajos arqueológicos en los yacimientos descubiertos y, sobre todo, su colaboración en el progreso de la ciencia.

De estos viajes, nuestros investigadores volvieron con una rica colección de fósiles y útiles líticos, fruto del intercambio que realizaron con colegas de diferentes países, así como de la recogida de los yacimientos que visitaron, que pasó a formar parte de las nuevas salas de Prehistoria del recién estrenado Museo Arqueológico Nacional. Eran piezas procedentes de Almería, Jaén, Córdoba, Granada, Huelva, Asturias, Cataluña, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura y Murcia. De yacimientos europeos como Francia, Italia, Dinamarca, Gran Bretaña, Portugal, Suiza y la República Checa. Muchas de estas piezas fueron donadas por Vilanova al Museo Arqueológico Nacional y al Museo Nacional de Ciencias Naturales, y el resto de la colección fue vendido al MAN tras su muerte, pero no fue entregado hasta 1942.

La Real Academia de la Historia estuvo dirigida por el malagueño Antonio Cánovas del Castillo (1882-1897). Bajo su dirección se propuso llevar a cabo varias iniciativas, entre ellas la creación de una Historia de España, inexistente hasta entonces. Para este fin, se propuso encargársela a varios académicos de esta Institución. El investigador que más destacaba en la época en los estudios de prehistoria era Juan de Vilanova, quien pronunció un gran discurso sobre la prehistoria en 1889, año de su ingreso en dicha corporación. En 1892, junto al almeriense Juan de Dios de la Rada y Delgado, presentaron el volumen Geología y Protohistoria Ibéricas, que formaría parte del primer volumen de la Historia de España, escrita por académicos de dicha Institución.

Esta obra salió adelante a pesar de los múltiples problemas que presentaban estos estudios en su época, como la escasez de registros y de medios, y la falta de una metodología de estudio.

A modo de conclusión, cabe decir que el profesor Juan Vilanova i Piera sentó las bases de una serie de premisas que le han valido para ser uno de los pioneros de la prehistoria en nuestro país. Podemos considerarlo un hombre adelantado a su época, que tuvo que enfrentarse a los prejuicios religiosos de su tiempo, pero supo adoptar una posición intermedia entre concepciones discrepantes, como el evolucionismo y el creacionismo.

Otro de sus grandes esfuerzos fue demostrar la autenticidad de las pinturas de Altamira. Tuvo que desafiar a toda la comunidad científica, con el eminente Émile Cartailhac a la cabeza, de la que se vio obligado a retirarse.

Vilanova mantenía la existencia de una Edad del Cobre, de origen indígena, anterior a la Edad del Bronce. Otra de sus tesis era la existencia de una época intermedia entre el paleolítico y el neolítico, que él denominó mesolítico. A pesar de ser poco conocido, fue una de las celebridades más prestigiosas de la prehistoria en la segunda mitad del s. XIX, y un gran investigador y divulgador de los yacimientos valencianos de aquella época. Empleó todos los medios de divulgación a su alcance para difundir sus descubrimientos, conocimientos e ideas.

El año pasado se cumplieron 200 años de su nacimiento. La Diputación de Valencia y el Museo de Prehistoria de Valencia han organizado una exposición para dar a conocer su legado. Esta muestra ha sido articulada en torno a cuatro ámbitos de su vida. El fondo documental y bibliográfico de Juan Vilanova en el Museo de Prehistoria de Valencia es excepcional, pues reúne libros de reconocidos investigadores del s. XIX, que formaban su biblioteca particular, manuscritos originales, correspondencia, cuadernos de campo, dibujos…

Esta exposición puede visitarse hasta junio de 2022.

 

Referencias:

-        Vilanova y Piera, J., 1872: Origen, Naturaleza y Antigüedades del Hombre. Imprenta de la Compañía de Impresores y Libreros del Reino. Madrid.

-       Vilanova y Piera, J., 1880: El Congreso internacional de Antropología y Arqueología prehistóricas. Anales de la Sociedad de Historia Natural, Actas, IX, pp. 80-86.

-      Vilanova y Piera, J., y Cánovas del Castillo, A., 1889: Discursos leídos en la Real Academia de la Historia. Madrid.

-       Ayarzaguena Sanz, M., 1990: “Orígenes de la arqueología prehistórica en España”. Revista de Arqueología, n.º 105, pp. 16-24.

-         Deamos, María Belén.1992: “Francisco María Tubino y la arqueología prehistórica en España”. Spal Monografías III. Universidad de Sevilla.

-P   - Pelayo López. F., y Gonzalo Gutiérrez, R., 2012: Juan Vilanova i Piera (1821-1893), la obra naturalista y prehistoriador valenciano. Valencia: SIP del Museo de Prehistoria de Valencia.

-       Pelayo F., 2020: “Orígenes y circulación de las colecciones de prehistoria en los museos de Madrid”. Aulas, Museos y Colecciones, 7, pp 77-90


Cuaderno de campo






viernes, 4 de febrero de 2022

CONJUNTO MEGALÍTICO DE MONTEHERMOSO (Cáceres).

 

Con el nombre de megalitos se asocia una serie de formas arquitectónicas muy variadas; se denominan así por tratarse de construcciones hechas con grandes piedras, que van desde el granito hasta los esquistos, la cuarcita y el cuarzo…

Los dólmenes son de uso funerario, pero además de ser lugares de enterramiento, también fueron grandes centros. Estos reflejan un rico testimonio del conocimiento de estas sociedades, que dejaban impresos en los ortostatos diversos dibujos y representaciones, como astros, espirales, motivos ramiformes, etc. Y que constituyen una aportación significativa al estudio de la ideología y del concepto de “espacio megalítico” en toda esta zona.

Muchos megalitos han desaparecido de nuestra campiña, pero otros han quedado integrados en el paisaje rural, como ocurre con el conjunto megalítico de Montehermoso.

La localidad de Montehermoso se encuentra al norte de Cáceres, cerca de la Sierra de Gata. Su situación geográfica es privilegiada porque se ubica en un cruce de caminos de gran afluencia en todas las direcciones, lo que le confiere un punto de encuentro estratégico para los desplazamientos. Esto, unido a que es una orografía rica en cursos de agua y zonas alomadas, la ha convertido en lo que hoy es: una rica dehesa antropizada mediante la manipulación del medio.

La dehesa Boyal de Montehermoso es un parque periurbano de conservación y ocio; es propiedad municipal y se encuentra al sur de la población, donde se realiza una amplia variedad de actividades arqueológicas. En definitiva, es un lugar de esparcimiento y disfrute para la ciudadanía. Esta dehesa alberga varios dólmenes con corredor y cubierta tumular. Son monumentos de gran magnitud, construidos hace 6.000 años, que sirvieron como tumbas colectivas de un grupo humano unificado por el parentesco. Durante el neolítico, las relaciones sociales más destacadas en el registro arqueológico se evidencian en la construcción de enterramientos colectivos. Estas serían las plasmaciones mediante las cuales los grupos de parentesco colectivos demarcaban un territorio que reivindicaban como propio.

En esta dehesa, entre 1998 y 2000, se realizó la primera Carta Arqueológica por un equipo de la Universidad de Madrid, dirigida por Marisa Ruiz Gálvez (en la que se documentaron más de veinte estructuras megalíticas), a raíz de una publicación de Ángel Paula que daba a conocer la presencia de dólmenes en la zona. Estos dólmenes son sepulturas de cámara circular, construidas con enormes bloques de granito, encajados en el suelo mediante una zanja de cimentación, calzados con piedras y cubiertos con una gran losa. Algunos presentan un pasillo o corredor corto que daba acceso al recinto funerario. Los tres conjuntos que se han puesto en valor son: el Dolmen del Tremedal, el Gran Dolmen y el Dolmen de La Encina.

En 1999 se comenzó a excavar uno de los dólmenes, el Tremedal, ubicado en una pequeña elevación y que presenta una cámara circular y un pequeño corredor. La cámara está formada por tres círculos que rodean la sala central. Del ajuar recuperado cabe destacar los microlíticos geométricos y las cuentas de collar, elaborados en pizarra y en piedra negra y verde, que no son originarios del lugar.

El Gran Dolmen, o Dolmen de las Colmenas , se localiza en una pequeña colina y está formado por una cámara y un corredor. Aquí se distinguen dos anillos concéntricos alrededor de la cámara: grandes losas de esquisto y de granito. El ajuar es muy parecido al del dolmen de Tremedal, con motivos geométricos sobre láminas. Hay cerámica, aunque bastante imperfecta, y un molino de granito.

El Dolmen de La Encina, como los anteriores, se sitúa en una pequeña elevación del terreno. Es de cámara circular de granito y de un largo corredor. Aquí apareció un rico ajuar en la misma línea que los anteriores: láminas de sílex geométrico, cuentas de collar, fragmentos de cerámica y una representación de hachas y azuelas de fibrolita. Es interesante la aparición de colgantes circulares de pizarra con decoración pictórica.

A cierta distancia, en estos dólmenes, se aprecia cierto colorido en sus bloques, ya que en su construcción se usaron piedras de diversos colores, como el cuarzo blanco, la pizarra gris o el granito rosado, para realzar su notoriedad.

Estos estudios han permitido conocer la estructura social y económica de las comunidades, tanto del neolítico inicial como del final, que vivieron en las tierras productivas del noroeste de Cáceres.

Para terminar, hay que decir que los cambios que se están llevando a cabo en los sistemas de catalogación, así como en los mecanismos de protección y en los programas de difusión y de proyección social, dejan entrever que se avanza en la recuperación de nuestro patrimonio arqueológico en general y del megalitismo en particular.

Referencia:

-         López Plaza, S., Francisco, J. L., Salvador, R., 2000: Megalitismo y vías naturales de comunicación en el SO salmantino. En las Actas del III Congreso de Arqueología Peninsular, vol. III, pp. 271-288.

   - Ruiz-Gálvez Priego, M.ª L., 2000: El conjunto dolménico de la dehesa boyal de Montehermoso. En Extremadura Arqueológica VIII, pp. 187-207.

   - Jiménez Ávila, J. y Barroso Expósito, C., 2000: El Megalitismo en Extremadura: Problemas de catalogación, conservación y difusión social. En homenaje a Elías Diéguez Luengo. Mérida, pp. 395-421.

 











viernes, 28 de enero de 2022

LA CAZA HACE DOS MILLONES DE AÑOS.

El paso de una dieta basada en vegetales a otra basada en carne ha sido uno de los temas principales en los estudios sobre la evolución humana.

Un grupo de investigadores de la Universidad de San Diego está excavando en el yacimiento de Kanjera South, muy cerca del lago Victoria, en el oeste de Kenia. En este yacimiento se viene trabajando desde 1987 y es significativo por la presencia de herramientas olduvayenses (Modo I) en un ecosistema dominado por pastizales y, según las evidencias isotópicas, en un hábitat abierto en el este de África.

La presencia de artefactos y de fauna arqueológica indica que los homínidos visitaron repetidamente esta área rica en pastos del paisaje durante miles de años.

Los homínidos de la zona obtuvieron carne y médula ósea de una variedad de animales. Según la estratigrafía y la magnetoestratigrafía, Kanjera South tiene una antigüedad de aproximadamente 2 millones de años. 

La excavación a través de limos y arenas finas, en un sistema de pequeños canales poco profundos, en los márgenes de un lago, ha recuperado múltiples niveles de artefactos de piedra y de fauna asociada. Los homínidos fueron los principales agentes de acumulación de materiales arqueológicos.

Normalmente, estos homínidos se alimentaban en una variedad de hábitats, desde pastizales hasta bosques, y procesaban los alimentos vegetales y animales con herramientas olduvayenses (el empleo de esta industria está bien documentado en los procesos de carnicería de los primeros grupos humanos).

Actualmente, ha sido publicada en la revista Quaternary Science una revisión de los materiales óseos de gacelas y ñus para determinar si estos animales habían sido cazados o si los homínidos se apropiaron de ellos una vez abandonados por los depredadores.

En esta revisión se ha utilizado la experimentación en hueso fresco y el análisis comparativo de sistemas de información geográfica (SIG) para examinar los patrones de modificación ósea en la fauna.

De este estudio se deduce que los homínidos tuvieron un acceso primario a los animales, es decir, estos fueron cazados y posteriormente descarnados; basándose en la representación ósea, que indica que los animales se trajeron al campamento completos, y en la erupción dental, que revela que los individuos eran jóvenes cuando murieron, los carnívoros tuvieron un acceso secundario a las presas.

Los homínidos que se desplazaban por la zona del lago eran Homo habilis, pero en este yacimiento en concreto aún no se han registrado restos de homínidos. Sí, hay evidencias de un gran número de industrias olduvayenses, restos de fauna, sobre todo de bóvidos, y del procesamiento de una variedad de tejidos vegetales, incluidos la madera y los tubérculos. Aún falta mucha investigación, pero poco a poco se amplían los conocimientos sobre el comportamiento humano y su pasado evolutivo.

Referencias:

- Plummer, T.W. et al., 2009: La evidencia más antigua de homínidos fabricantes de herramientas en un ecosistema dominado por pastizales. PLOs One 4, (9).

- Gibbons, A., 2009: Of tolos and tubers. Science 324: 588-589.

-Parkison, T. W., et al 2022: Meat on the menú: GIS spatial distribution analysis of bone Surface damage indicates that Oldowan hominins at Kanjera South, Kenya had early Access to carcasses. Quaternary Science Reviews, Vl. 277.

 

Marcas de percusión en el húmero de un bóvido.

Excavación

Marcas de corte en los huesos de gacelas y ñus. Foto: Parkison et al.