Los restos óseos de la
especie Meleagris gallopavo, conocida popularmente como pavo mexicano, han sido descubiertos en el yacimiento de “El Mirador” (Guatemala), uno de los yacimientos arqueológicos preclásicos de las tierras bajas mayas. Dicho yacimiento alberga un vasto conjunto de
templos, que figura entre las edificaciones más grandes conocidas construidas por los antiguos mayas a lo largo de toda su historia como civilización.
El estudio ha sido llevado a cabo
por el equipo de Erin Thomton, del Centro de Investigación Arqueológica de la
Universidad de Tren, en Canadá. Con base en las evidencias arqueológicas, en las comparaciones de la estructura ósea y en el análisis del ADN antiguo, se ha llegado a la conclusión de que dichos fósiles pertenecen a una especie
procedente del centro y el norte de México.
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| Comparación de partes de dos huesos distintos de pavo antiguo (A-B) con los de individuos modernos de las especies de pavo Meleagris gallopavo y Meleagris ocellata. Erin Thomton. |
Este descubrimiento demuestra, al
parecer, que la domesticación de los pavos, una práctica propia de una sociedad de granjeros más que de cazadores-recolectores típicos, ya se llevaba a cabo en la región mil años antes de lo que se creía. Este hallazgo también constituye la evidencia más temprana del pavo mexicano en la cultura maya.
El descubrimiento de estos restos de
pavo es importante porque en aquella época la civilización maya no solía tener animales domésticos. Aunque practicaban la agricultura, la mayor parte
del contenido proteico animal de su dieta procedía de animales salvajes
cazados.
La especie Meleagris gallopavo gallopavo es originaria del centro y norte de
México, fuera del área de la cultura maya. Esta especie es la que los europeos,
de regreso de sus viajes a América, introdujeron en Europa. De ahí que el pavo
mexicano sea el ancestro de todos los pavos domésticos consumidos hoy en día en el
mundo.
El descubrimiento de los restos de
pavo en un sitio al sur de su área de distribución geográfica indica que algunos ejemplares de la especie fueron transportados desde su zona de origen hasta el territorio ocupado por la cultura maya durante el
período preclásico tardío, aproximadamente entre el año 300 a. C y el año 100
d.C.

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