jueves, 29 de octubre de 2015

HALLAZGO DE DOS CRIAS DE LEÓN CAVERNARIO (Rusia).



León de las  cavernas europeo. Imagen: Fotolog.com

Este nuevo hallazgo de  león cavernario (Panthera spelaea) puede llevar a la comunidad científica a conocer cuáles fueron las claves de la extinción de esta especie del Pleistoceno. El descubrimiento se ha producido en Yakutia (Rusia). El estado de conservación de las especies recuperadas ha sido perfecto, al encontrarse en el permafrost. Se trata de dos ejemplares completos de esta especie, a  diferencia de otros registros anteriores, que sólo se han conservado restos fósiles de cráneos y de algunas partes esqueléticas.
Estos animales son una subespecie extinta del león que vivió durante el Pleistoceno medio  y tardío en el continente euroasiático, pero también se han encontrado registros en Alaska y Canadá. Su peso es de unos 360 kg, lo que lo hace más grande que el león africano actual. Es uno de los felinos más grandes que han existido y se extinguió hace unos 14.000 años. Los últimos hallazgos se encontraron cerca de Siegsdort (Alemania) en 1985; se trataba de un macho adulto que tenía una altura a los hombros de cerca de 1,2 metros, una longitud de más de 2 metros y una edad de 14.378 ±750 años. En Alaska, el más antiguo, según Stuart y Lister, tiene una edad de 13.290 ±549 años.
De su estudio se desprende que el león de las cavernas era una especie hermana del león africano, pero era ligeramente más grande y presentaba diferencias en su morfología craneal y dental. Según  los dibujos de arte rupestre encontrados en la cueva de Chauvet (Francia), no tenían grandes melenas y sus orejas eran redondeadas.
Con este hallazgo, de individuos enteros y muy bien conservados, los investigadores podrán determinar las diferentes teorías que hasta ahora se barajan sobre la extinción de esta especie: Por un lado están los investigadores que creen que el león de las cavernas se extinguió debido a la disminución de la cantidad de presas que estas especies tenían a su alcance, y por otro lado estamos los que pensamos que la extinción de la megafauna del cuaternario se produjo por los cambios climáticos que predominan a lo largo de todo el Pleistoceno, que obligaban a las especies animales a adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, de más frío en general.
Tenemos que tener en cuenta que estas especies se alimentaban de grandes herbívoros, con los que compartían su hábitat, que era el de los grandes bosques de coníferas y planicies; pero el clima frío aislaba a las poblaciones de herbívoros unas de las otras y también conllevaba la desaparición de los bosques; este aislamiento comportaba una reducción de la especie.
Todos estos estudios e hipótesis podrán ampliarse con la incorporación de análisis de ADN e isótopos, que nos proporcionan información más precisa que la comparativa morfológica entre los fósiles.
La Academia de Ciencias de Yakatia mostrará al público los fósiles, junto con los resultados de las primeras investigaciones a finales del mes de noviembre, donde se podrá observar, junto a los cachorros de león, restos de mamut lanudo, rinoceronte lanudo, bisontes y caballos… animales que vivían en la zona durante el Pleistoceno.


Referencia:

-Stuar, A.J., and Lister, A.M., 2011: Extinction chronology of the cave lion Panthera spelaea. Quaternary Sci Rev. 30, pp 2329-2340.


Individuo infantil de León de las Cavernas congelado.

Defensas de mamut.   Imagen: Informe21


lunes, 26 de octubre de 2015

CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE BRÚ NA BÓINNE (Irlanda)

El conjunto o complejo arqueológico del Valle del Boyne, conocido como Brú na Bóinne, lo constituye un conjunto de monumentos megalíticos, siendo los más conocidos los de: Newgrange, Knowth y Dowh (hablaré de ellos en siguientes post). Se sitúa en el meandro del río Boyne a 50Km del norte de Dublín, se accede a través del pueblo de Donore.
Abarca una extensión de unos 780 ha, este complejo funerario prehistórico tiene sus orígenes en los asentamientos neolíticos. Aparte de los de tres grandes túmulos mencionados, en la zona se han localizado más de 90 tumbas de corredor, que nos dan un testimonio de un grado de organización social y evolución cultural.
Desde 1993 fue incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad, de la UNESCO, y en 1997 fue abierto al público este Centro de Visitantes, con el objetivo de gestionar el acceso de público a las tumbas megalíticas de Newgrange y Knowth, sobre todo. También para la educación y sensibilización del público y la participación de los visitantes en el conocimiento de su Patrimonio.
El acceso a los monumentos se realiza por visitas guiadas. Este centro digamos es la antesala de un recorrido prehistórico que realizamos a través del tiempo. Aquí se puede ver los modos de vida y de trabajo que llevaron a cabo estas comunidades tribales que se asentaron en su día en el Valle del Boynne.












martes, 20 de octubre de 2015

SACRIFICIO DE UNA MUJER Y OCHO PERROS EN UN POBLADO DE LA EDAD DEL HIERRO (Dinamarca)


Resto de uno de los esqueletos de cánidos. Foto: Moesgaard  Museum

Las excavaciones que se están llevando a cabo en Skodstrup (Dinamarca) han puesto al descubierto los restos de un ritual de sacrificio de animales en una aldea de la Edad del Hierro, donde se  han localizado restos humanos y de animales, en concreto, de cánidos.
El equipo de arqueólogos del museo de Moesgaard, al frente de las investigaciones, se encuentra Per Mandrupo. Han puesto  de relieve la importancia de este tipo de hallazgos para el conocimiento de los modos de vida de estas comunidades y, en concreto, del tema de los rituales de sacrificio, tan poco investigados en estas culturas.
Los arqueólogos han determinado que, a principios de la Edad del Hierro, la ciénaga (lugar pantanoso) fue utilizada para la extracción de turba y, posteriormente, para llevar a cabo prácticas de sacrificio. En ella, se  han encontrado restos de un esqueleto incompleto, perteneciente a una mujer de unos veinte años,  de la parte del cráneo sólo se ha recuperado la mandíbula inferior, por lo que los investigadores creen que el resto de la cabeza fue separada del cuerpo y se encontraba junto a dos estacas, una de ellas afilada en punta y asociada a los restos humanos se encontraron ocho esqueletos de perros que aparecen junto a unas estacas que fueron utilizadas para ser amarrados.
Debido a las características geológicas y sedimentarias del yacimiento, los materiales se conservan en muy buen estado, y se han podido determinar las estructuras completas de un poblado de la Edad del Hierro, que contaba con una calle empedrada, suelo de vivienda, hogares, una rica colección de armas (escudos, lanzas, espadas…) y una necrópolis asociada.

Un interesante hallazgo, como digo, para el estudio de los modos de vida material y espiritual de estas comunidades de la Edad del Hierro, y para que la investigación avance en un marco metodológico e interpretativo que nos proporcione las herramientas de análisis para el conocimiento de esta cultura.


Pavimento de una calzada.  Foto: Moesgaard  Museum

Resto de un esqueleto femenil. Foto: Moesgaard  Museum

lunes, 12 de octubre de 2015

LA CUEVA O GRUTA DE NIAUX (Francia)

La cueva de Niaux se encuentra a 5 km de Tarascon-sur-Ariège, en el valle de Vicdessos.  Está situada a 678 metros de altitud, en el macizo montañoso del Cap de la Lesse, donde también se encuentran las grutas de Sabart y de Lombrives.
Delante de la entrada de la cueva, sobre una gran terraza, se ha habilitado un espacio museográfico que incluye un pabellón en el que se integra una escultura en acero diseñada por el arquitecto Fuksas.
La cueva cuenta con más de 14 kilómetros de galerías, donde se conserva un magnífico conjunto de pinturas rupestres del Paleolítico Superior, principalmente figuraciones parietales magdalenienses.  El término Magdaleniense le viene del  Abric de La Madeleine, en Dordogne. Es la última cultura del Paleolítico Superior y se le atribuye una antigüedad de entre 18.500 y 10.000 años. Es una cueva que no se puede considerarse un campamento de cazadores del magdaleniense, primero por su ausencia de registro material y segundo por las condiciones climáticas de la cavidad, grandes corrientes de aire frío que se producirían en el interior; posiblemente como campamento estacional utilizaron la grutta de La Vache que se encuentra a 500 metros en la ladera opuesta y ha proporcionado un importante conjunto de herramientas y restos óseos de faunas, así como, registros de hogares.  
En la galería de la entrada se encuentra una serie de signos que podemos agrupar en tres grupos: uno de signos lineales, otro de signos punteados y un tercer grupo de signos complejos. En esta parte de la galería predominan los puntos en rojo.
Una vez recorres los 800 metros de galería que nos separan de la entrada, llegas al “Salón Noir”, una gran sala circular donde se encuentra lo más espectacular de la cueva y donde se concentra casi un centenar de pinturas de animales prehistóricos, que destacan por su realismo y naturalismo en el trazado de las líneas de sus dibujos. Están reagrupadas en seis paneles, distribuidos unos a la derecha y otros a la izquierda, donde las especies talladas son las mismas que las especies pintadas; predominan los bisontes, seguidos de los  mamuts, caballos, cabras montés y ciervo, se observa una preferencia por los herbívoros, donde estos grupos humanos nos dan unas muestras de cómo veían a los animales en la naturaleza, y su delicadeza a la hora de plasmarlo, nos muestran una excelente técnica artística.
Conjuntamente,  en esta sala aparecen los signos angulares, compuestos por dos o tres trazos que convergen. Estos signos son relativamente raros en el arte paleolítico; sin embargo, aquí, en el “Salon Noir”, se pueden observar.
Se han determinado dos zonas de acceso: una entrada daría acceso a la zona del “Salón Noir” y otro acceso sería en la zona de los Clastres, que está en el lado opuesto de la montaña.
En general, la cueva se encuentra en buen estado de conservación, a pesar de las diferentes agresiones externas que ha sufrido, como perturbaciones en las paredes, producidas por la circulación de las aguas que han deteriorado bastante las pinturas y los sustratos de los muros.
Las pinturas están representadas en varios colores procedentes de los bióxidos de hierro, de manganeso y de carbón para los negros.
Podemos decir que, después de las cuevas de Lascaux y Chauvet,  la cueva de Niaux alberga la más rica colección de pinturas rupestres del Magdaleniense, en su mayoría representaciones de animales del entorno, y es la única que se puede visitar en su estado original.

La entrada de la cueva de Niaux.



Entrada y estructura de M. Fuksas.

Espacio museográfico.

El valle de Vicdessos.

Claviformes y figuras indeterminadas realizados a 1500 m de la entrada.

Serie de puntuaciones en rojo.

Cabra montés muy detallada.

Bisonte con una datación por radiocarbono de 12.890 BP.

Bisonte herido del Salón Negro donde se aprecia el dominio del artista al realizar la figura: ojo, hocico, pelo… y la particularidad de dibujar la flecha en el lugar indicado.

Vista general del panel en el que las figuras se superponen: bisontes, caballos, cabras...



Panel con bisontes y cabras.

Bisonte en rojo:  la línea dorsal es de relieve natural.




martes, 6 de octubre de 2015

LA TRAYECTORIA HISTÓRICA DE LA FAMILIA BUTLER EN CÁDIZ




Este año hemos comenzado el mes de octubre con la presentación del libro “La memoria de los irlandeses: Cádiz y la familia Butler” de la arqueóloga y documentalista Lourdes Márquez Carmona.
El acto se llevó a cabo en la Casa de Iberoamérica y estuvo presidido por la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz, quien le dio la palabra al historiador Javier Maldonado Rosso, quien nos introdujo en los entresijos del libro. También estuvo el embajador de Irlanda en España, David Cooney, quien nos habló de la presencia de sus compatriotas en nuestro país y de los vínculos que  unen a ambos países.
El acto lo cerró la autora, quien nos hizo un recorrido por los diversos capítulos que configuran el libro y cuyo nexo vertebrador es la familia Butler. Una familia afincada en el país celta a principios del s. XI, tras su llegada con las invasiones normandas. La poderosa familia noble que ejercía su dominio en gran parte de Irlanda hasta el traslado en 1730 de uno de sus miembros, William Butler Langton, a Cádiz.
De la mano de este joven irlandés de dieciséis años, navegará en el tiempo y en el espacio hacia la España del s. XVIII, en concreto hasta la cosmopolita y bulliciosa metrópolis gaditana, donde se unirá con otros miembros del clan que buscaban labrarse un  futuro comerciando con los territorios americanos en la llamada “Carrera de Indias”; además, tenían otras motivaciones: librarse del asfixiante yugo opresor que ejercieron los ingleses en su país.
Muchos miembros de la familia Butler decidieron marcharse de Cádiz tras la caída del comercio de Indias; no obstante, quienes decidieron quedarse tuvieron que vivir los acontecimientos históricos del decaimiento de Cádiz y de su pérdida de poder comercial. Los Butler se fueron fusionando con las familias burguesas de la localidad, como fue el caso de los García de Arboleya, otra rama de la familia de la autora. Así, generación tras generación, los Butler se fueron sintiendo cada vez más gaditanos, pero sin olvidar sus orígenes; de ahí que la autora compare metafóricamente estas migraciones con los Wild Geese, el vuelo de los gansos reales, porque pensaban que, al igual que esas aves migratorias,  algún día regresarían a sus lugares de origen…
Un libro en el que se cuenta una historia sencilla, emotiva y contada con mucho sentimiento por la autora, en la que los vínculos familiares han sido el motor de esta memoria histórica, vinculada a los procesos sociales y económicos más sobresalientes de Cádiz de los siglos XVII-XVIII, y que han podido ser conocidos gracias al empeño de Carmen Carmona García de Arboleya por mantener vivos sus orígenes…
Una obra muy bien documentada, que no debemos dejar pasar sin disfrutar de su lectura, y en la que la autora ha realizado un trabajo de investigación exhaustivo y riguroso, como así  nos lo ha demostrado en anteriores entregas con obras como “Trafalgar y El Pescador de Náufragos” y “Recordando y olvido: pontones prisiones en la Bahía de Cádiz”.



 
Con la autora y amiga Lourdes Márquez

Lourdes Márquez con su familia Butler gaditana