jueves, 20 de diciembre de 2018

EXPOSICIÓN: " LAS OTRAS PIEDRAS DE LA CALETA"


Siempre, el Carnaval de Cádiz ha cantado a sus raíces fenicias y romanas, pero aún no se ha atrevido a abordar su origen paleolítico. Sí, digo Paleolítico porque ahí está el germen de la actual ciudad de Cádiz. En concreto, en lo que hoy conocemos como la playa de la Caleta, antiguo cauce del río Guadalete, es por donde se desplazaban los grupos de cazadores-recolectores en busca de recursos líticos y de animales para cazar.
Todo esto lo sabemos gracias a las herramientas de trabajo que estos grupos nos dejaron. La mayoría de estos instrumentos líticos han sido estudiados por J. A. Mata en los años sesenta (del siglo pasado), J. Fortea, A. García-Bellido, R. Corzo, J. Fierro y Nuria Herrero, quienes plasmaron sus estudios en su tesina de licenciatura (2002), defendida en la Universidad de Cádiz. Un trabajo exhaustivo y actualizado sobre las industrias prehistóricas de la zona.
Estos grupos de cazadores-recolectores se establecían en campamentos al aire libre, en lugares próximos a los depósitos de agua, como lagunas y ríos. Estos eran terrenos idóneos tanto para la recolección de vegetales como para cazar animales, que iban allí con el fin de abrevar. Tanto la caza como la recolección constituían la base de la economía de estas sociedades.
Del estudio tecnológico que ha realizado Nuria Herrero, se puede  determinar que hubo dos momentos de ocupación o bien una continuidad  de la misma.  Una pertenece al Modo 2 o al Tecnocomplejo Achelense, que se sitúa cronológicamente entre 300.000 y 150.000 años. El autor de estas herramientas de trabajo sería probablemente el llamado Homo heidelbergensis, y tenemos cantos tallados, triedros, hendedores y bifaces que se utilizaban tanto para el descuartizamiento de animales como para la recolección de plantas y vegetales.
Y una segunda ocupación corresponde al Modo 3, o tecnocomplejo Musteriense, que abarca entre 30.000 y 100.000 años y corresponde ya al Homo neanderthalensis. 
Aquí ya tenemos herramientas más elaboradas, como raederas, denticulados, perforadores, etc.
Todo esto lo podemos ver en la exposición “LAS OTRAS PIEDRAS DE LA CALETA”  que se inauguró el  14 de diciembre y permanecerá abierta hasta el 31 de enero de 2019. Estará expuesta en el MUSEO  de Cádiz, donde los más pequeños pueden disfrutar de talleres para conocer más de cerca el Paleolítico, en definitiva, sus orígenes.
Una buena ocasión para que los gaditanos y quienes visiten la ciudad estas fiestas conozcan de primera mano este excelente trabajo, explicado por la misma autora. También felicitar al Museo de Cádiz por estas iniciativas, por abrir las puertas a eventos de este tipo y, más que nada, por acercar el conocimiento a la población.

Referencia:

- N. Herrero Lapaz (2002): Los productos arqueológicos de “La Caleta” (Cádiz). Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz.



Defensa de elefante del yacimiento de Majarromaque. Jerez de la Frontera (Cádiz), Cantos tallados de Aculadero El Puerto de Sta. María (Cádiz) y bifaces de El Chaparral , Los Barrios (Cádiz).

Talleres pedagógicos (www.tapeca.com) para chavales de 6 a 12 años, impartidos por la arqueóloga Nuria.

Junto a Nuria Herrero. Comisaría de la Exposición.


jueves, 13 de diciembre de 2018

EL YACIMIENTO ROMANO DE REGINA TURDOLORUM


La ciudad romana de Regina Turdolorum se encuentra en el término municipal  de Casas de Reina (Badajoz).
Su ubicación en tierras de la Beturia Turdolorum se debe a su rica campiña de labor, a sus aguas procedentes de las fuentes del Cerro de las Nieves, a su riqueza en productos mineros (hierro y plomo) y, sobre todo, al control de las comunicaciones.
Esta ciudad se halla actualmente abandonada por las administraciones, pero en época de Vespasiano adquirió la categoría de municipium (ciudad) y las investigaciones apuntan a una urbe con un importante desarrollo urbano,  que fue abandonada en el s. VIII, por las incursiones de los pueblos árabes en la Península, situación histórica que propicia el traslado de la población hacia el Cerro de las Nieves, en torno a la alcazaba árabe (a poca distancia del yacimiento).
Nos encontramos con una típica villa romana, que dispone de dos calles principales, el cardo y el decumano máximo, donde se situaban los principales edificios administrativos y políticos, como el teatro, el foro, los templos, el mercado, la necrópolis, el acueducto y varias domus (casa). Todo este entramado urbanístico estaba protegido por una muralla y se accedía a través de varias puertas flanqueadas por torres.
Su teatro se encuentra muy bien conservado; dispone de cavea, orquesta y escena. Esto facilita que, en las noches de julio, la población pueda disfrutar de magníficas interpretaciones y obras de teatro clásico,  lo que es una buena opción para conocer nuestro patrimonio.
Junto al teatro se encuentra el templo, uno de los edificios más emblemáticos del yacimiento. Consta de tres templos que probablemente estuvieron dedicados a la Triada Capitolina: Júpiter, Juno y Minerva. 
Éste fue excavado en el año 2008 y sólo se han recuperado sus cimientos. Su orientación hacia una gran plaza estaba precedida por unos escalones que conducían a la cella, lugar donde se rendía culto a la diosa Juno. Ésta era la diosa del matrimonio, una de las divinidades más importantes del panteón romano y reina de los dioses. Se trata de una estatua sedente de mármol.
Reiterar el abandono en el que se encuentra este yacimiento por parte de la administración de la Junta de Extremadura, dado que el Ayuntamiento de Casas de Reina, a pesar de mostrar interés en él, no puede hacer frente a la demanda económica que genera un yacimiento de estas características.
Estamos hablando de la segunda ciudad romana más importante, después de Mérida, en Hispania. No es lógico que sólo se realicen trabajos de excavación durante tres semanas al año por los alumn@s de prácticas de Arqueología y no llevar a cabo excavaciones sistemáticas ni una puesta en valor del mismo.
El yacimiento no dispone de medios de seguridad y protección, por lo que es víctima de continuos expolios y saqueos, que están destrozando este valioso lugar, así como su historia.
Lamento la escasa sensibilidad por parte de los responsables públicos implicados, tanto locales como autonómicos, hacia el Patrimonio Histórico y Cultural.
Este yacimiento, bien gestionado, generaría riqueza para la zona, no solo como destino turístico, sino también como fuente de desarrollo local.



Muro perimetral del teatro

Teatro: escena, orquesta y cavea.




Aditus, pasillo lateral que da acceso a la orquesta.




Vista del yacimiento



Parte del Decumanus Maximus, que conserva el pavimento original; debajo de este pavimento pasan las cloacas,  muy bien conservadas.



Pozo
Las columnas esperan una intervención para ser colocadas en su situación original.
Vista del yacimiento de Regina desde el Cerro de las Nieves.

Centro de Interpretación.

Referencia:

- Álvarez Martí, J.M . y Mosquera, J.L., 1991: Excavaciones en Regina (1986-1990). Extremadura Arqueológica II. Mérida.

- Álvarez Martí, J. M. y Nogales, T., 2007: "Teatro Romano de Regina". Dionisio. Annali della Fondazione Inda. 6.





domingo, 2 de diciembre de 2018

NUESTRAS PIONERAS EN ARQUEOLOGÍA: Concepción Blanco Minguez




Concepción Blanco Mínguez. Foto cedida por D. Francisco Giles Pacheco

Hoy vamos a hablar de una pionera de la arqueología española, que desarrolló su trabajo en la provincia de Cádiz, la ciudad más antigua de Occidente, que alberga un rico patrimonio cultural.
Se trata de Concepción Blanco Mínguez, la primera mujer en ocupar la plaza de directora del Museo Provincial.
Nació en Alcalá de Henares (Madrid) en 1907, pocos años después de que el gobierno aprobó una resolución que permitía a la mujer cursar estudios universitarios. Por lo que no tuvo problemas para tramitar estudios de Filosofía y Letras, sección de Historia, en la Universidad de Madrid, y se licenció en 1930.
La salida de esta carrera era opositar al Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Museos, y así poder ejercer la arqueología de manera profesional. Normalmente, todas las mujeres que accedieron por esta vía no habían tenido contacto con una excavación, ya que esta actividad estaba vedada a las mujeres. Pero en el año 1932 obtuvo la plaza definitiva como directora del Museo Arqueológico Provincial de Cádiz y, en ese puesto, llevaba incluida la de inspectora de excavaciones en toda la provincia.
Pero cuando llegó Concepción, se encontró con un museo en muy mal estado; no fue hasta 1935 cuando ella tramitó su traslado al edificio de Bellas Artes en la Plaza Mina.
El museo, a lo largo de todos estos años, sufrió múltiples varapalos, por lo que tuvo épocas en que permaneció cerrado, otras en que abría sus puertas y la falta de medios impedía el avance de los trabajos.
Las labores que se realizaban en cualquier museo durante esta época eran las de catalogación, inventariado, registro de material y clasificación de la biblioteca.
Cuando llegó a Cádiz, lo hizo con la idea de pedir pronto traslado a Madrid, pero esa ilusión la desechó al contraer matrimonio y formar una familia, lo que en ese momento le dio la estabilidad que la llevó a jubilarse en esta ciudad. Esto sucedió en 1977, pero no dejó su cargo hasta que se incorporó su sustituto, Ramón Corzo Sánchez, unos dos años más tarde.
Se retiró a vivir en Madrid y no volvió a Cádiz hasta 1994, cuando fue invitada por R. Corzo tras el hallazgo del sarcófago antropoide femenino. Murió en 1994, a los 87 años. Desde entonces ninguna mujer ha vuelto a ocupar la dirección de este museo.
Del trabajo realizado por Concepción, hay que destacar la labor de innovación que llevó a cabo tanto en los criterios museográficos como en la exposición de las piezas. 
Una mujer con una gran capacidad de trabajo y una mente muy avanzada para su tiempo, que supo compaginar su labor museográfica con labores de excavación de campo. Para ello, se rodeó de un grupo de colaboradores en los que confiaba y a los que daba la oportunidad de avanzar y formarse, entre ellos: Martín Almagro, Francisco Giles Pacheco, J. Ramón Ramírez, Antonio Sáez y Carlos Fernández Llavré. Ellos ayudaron a Concepción con las tareas de investigación que tenía que realizar y que, por su edad, le resultaban pesadas. También dotó a sus ayudantes de credenciales que les permitían estar presentes en las obras y recuperar todo tipo de vestigios.
Sin duda, supo elevar la categoría de un museo provincial a los primeros niveles de su tiempo y revitalizar la arqueología gaditana como uno de los puntos de primer orden de la época.
Por eso, nuestro HOMENAJE a esta gran mujer, que supo ganarse el cariño de la población gaditana, de la que recibió multitud de donaciones de piezas y así dotó al museo, en un centro de conocimiento de su pasado.

Referencias:

-Concepción Blanco Mínguez, in memoriam (1994). Boletín del Museo de Cádiz.
-El Museo Arqueológico de Cádiz (1943). En Revista Geográfica Española, 13.




domingo, 25 de noviembre de 2018

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE GRANADA


En mayo, el Museo Arqueológico abrió sus puertas tras años de cierre. Desde 1917 se encuentra emplazado en la Casa de Castril, en plena Carrera del Darro. Se trata de un palacio renacentista que perteneció a la familia de Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos.
El museo, en sus inicios, estuvo dirigido por Joaquina Egüaras, posteriormente por Ángela Mendoza y actualmente por Isidro Toro. Bajo su dirección, se ha llevado a cabo un proceso de renovación y modernización de la obra museográfica.
Desde estos últimos años, la exposición se encuentra en un proceso de restauración, rehabilitación y remodelación global de todas las instalaciones, así como de las obras expuestas, y se pueden observar unas 120 piezas. A priori, parecen pocos los vestigios para la cantidad de obras de las que dispone el fondo del museo, pero creo que se ha querido dar prioridad a las piezas más emblemáticas. Así, en la exposición “Tesoros del Museo Arqueológico de Granada”, se realiza un recorrido por la historia desde los inicios de la humanidad hasta el s. XV, que muestra los objetos más originales y prodigiosos de la galería.
La exposición se distribuye en 7 salas; las tres primeras están dedicadas a la prehistoria, donde se expone el diente de Orce, perteneciente a un individuo infantil de hace 1.400.000 años BP.
También se exponen piezas del neolítico, entre las que destacan las sandalias de esparto, descubiertas en la Cueva de los Murciélagos, y la diadema de oro. En el mundo megalítico, hay que destacar la Estela de Fonelas.
Hay que matizar la rica variedad de objetos que nos dejaron las diversas culturas colonizadoras que se asentaron en tierras granadinas, como la llamativa coraza griega. De la cultura íbera, además de los restos del ajuar funerario, incidir en la escultura de toro de Arjona y en los relieves de caballo, originarios de Trasmulas.
La Sala VI está reservada a la antigüedad tardía y la VII a la cultura andalusí, con ricas cerámicas vidriadas, arquetas de madera, grandes jarrones y una de las piezas representativas de esta época: el astrolabio.
En el patio se exponen piezas como capiteles y estelas de época romana, antigüedades tardías y el gran mosaico de la villa de Monoragones. Se ha utilizado este espacio como prolongación de las obras expuestas; de esta forma, el patio queda integrado como un espacio más del museo.
A pesar de las limitaciones del espacio que la Casa Castril conlleva, se ha conseguido un sitio ideal para resaltar determinados elementos, como techos y escaleras de acceso a espacios superiores, que adquieren protagonismo al estar exentas de objetos,  lo que da lugar a rincones diáfanos que realzan la belleza de la arquitectura del edificio.
Un espacio entrañable que no debe dejarse atrás es el mirador de su última planta, desde donde puedes disfrutar de las vistas de la Alhambra.
Mis felicitaciones a quienes han participado en el montaje y la selección de piezas. Opino que se ha realizado una exquisita selección de los objetos más relevantes de cada período.
A través de los diferentes objetos expuestos, los visitantes pueden obtener una visión general del Proceso Histórico de Granada y conocer un poco más la idiosincrasia de estos pueblos, a través de sus diferentes culturas.
Creo que su visita es obligatoria para quienes pasen por esta ciudad, por la exquisitez de su contenido y la joya arquitectónica que ofrecen sus instalaciones.


Fragmento de frontal de Homo sapiens neandertal, de la cueva de la Carigüela (Piñar, Granada), 75.000-70.000 BC.

Molar de homínido (Homo sp.). Barranco León (Orce, Granada). 1.400.000 BC.


Sandalias de esparto trenzado. Cueva de los Murciélagos (Albuñol). 5.500 -4.300 BC.

Idoloantropomorfo. El Malagón (Cúllar). 3.200 - 2.800 BC

Estela de Fonelas. Necrópolis de la Cruz del río Cogollero (Fonelas). 2.600 -2.100 BC. Está realizada sobre una laja de pizarra; formaba parte del pavimento de un dólmen.

Bajorrelieves de caballos. Santuario de Ilurco (Pinos Puente). 300 - 200 BC.

Astrolabio de Ibn Zawal. Albaicín (Granada) 1481.






martes, 13 de noviembre de 2018

CUEVA MAS D´AZIL / CAVE MAS D´AZIL (Francia)


En la región francesa de Midi-Pyrénées se encuentra la cueva de Mas d’Azil, que alberga una de las estratigrafías más interesantes del Paleolítico Superior. Sus registros confirman la presencia de las diferentes culturas del Paleolítico Superior desde hace más de 35.000 años BP.
Esta cavidad es una continuación compleja de salas y galerías profundas, que han ofrecido no solo niveles paleontológicos antiguos, sino también el Paleolítico Superior, especialmente el Magdaleniense, rico en arte parietal y mobiliario, industrias y vestigios humanos. ¿Y dónde podemos conocer la forma de vida de sociedades con una economía apropiadora (caza y recolección) y de una economía productora (agrícola y ganadera), con una serie de cambios tanto en el ámbito cultural como en el económico, el climático y el del hábitat, etc.?
Lo más llamativo de esta cueva-túnel es, por un lado, sus dimensiones y, por otro, su acceso, por la misma carretera que llega de Foix, pasando por el interior de la cueva; sí, así es: la carretera atraviesa literalmente la cueva. El río Ariège ha realizado un excelente trabajo de erosión en esta montaña, creando un entramado de galerías que supuso un lugar idóneo para el refugio tanto de animales como de Homo sapiens.
Esta cavidad ha sido conocida a lo largo de la historia. La primera intervención se llevó a cabo en 1857, cuando se realizaron trabajos de acondicionamiento y la construcción de un camino con la idea de que cruzara la cueva; en estos trabajos, en el margen derecho, sobre depósitos arcillosos, salieron a la luz una serie de objetos arqueológicos. Según los estudios geomorfológicos realizados, se detecta una sucesión estratigráfica de las distintas culturas del Paleolítico Superior. La primera que está representada es el periodo Auriñaciense (35.000-33.000 años BP), que marca el debut del Paleolítico Superior. Se caracteriza por la llegada del Homo sapiens a Europa; además, se difunden una serie de ricos aportes culturales, entre los que destacan el arte, la fabricación de industrias sobre hueso, la talla de animales en madera y la fabricación de herramientas líticas.
En el año 2011, un nuevo proyecto se puso en marcha en la cavidad por parte del INRAP (Instituto Nacional de Investigación Arqueológica Preventiva) y del Laboratorio de Traces (CNRS) de la Universidad de Toulouse, donde las dataciones obtenidas oscilan entre 33.000 y 35.000 años BP. 
Parece que el Auriñaciense de Mas d’Azil es un Auriñaciense antiguo. Los restos recuperados pertenecen a productos líticos, a restos de animales consumidos, como équidos, cérvidos y bóvidos, y a algún elemento atribuible al arte mobiliar.
Sin embargo, la cultura solutrense está poco representada en la cavidad y también pertenece a un solutrense antiguo, con una datación de 22.000 años BP, basada sobre todo en el estilo de las obras parietales de la Sala Roja, como los caballos con cabezas alargadas, representativos de esta época.
El Magdaleniense supone el desarrollo de la expansión simbólica y artística; lo vemos reflejado en numerosas cuevas, como las de Lascaux, Niaux, Chauvet e incluso la de Altamira. En estos niveles encontramos objetos decorados con motivos geométricos y las representaciones figurativas alcanzan su mayor grado de riqueza industrial, faunística y artística. Por ejemplo, las azagayas (armas de asta que se lanzan con la mano o con la ayuda de un propulsor) adquieren una gran diversidad, sobre todo una variación decorativa, y el arte mueble experimenta un gran desarrollo.
También durante este período aparece el propulsor; su uso aumenta la potencia de tiro y la decoración de estos objetos adquiere un gran desarrollo, sobre todo en la zona de los Pirineos y Dordoña. Esta diversidad y riqueza de objetos son lo que da pie a hablar de regiones dentro del Magdaleniense.
Los principales lugares ocupados, a lo largo del Magdaleniense Medio y Superior, en la cavidad, corresponden a la entrada, en el margen derecho (la Rotonda y la Galería del Sílex); ello nos confirma que lo hicieron teniendo en cuenta una serie de factores como la facilidad de acceso, la protección, la proximidad al río y la luz natural que llega del exterior. 
Los estudios realizados han demostrado que se trata de ocupaciones humanas estacionales, que se desplazaban persiguiendo a las manadas de bisontes, caballos y cérvidos. Este período cultural se desarrolló a finales de la última glaciación; el paisaje era de estepas abiertas, con poca vegetación arbórea y una rica fauna de grandes herbívoros (reno, bisonte, caballos, uros). El reno era su presa favorita, pero también cazaban zorros polares, liebres, rebecos, lagópodos, salmones…
Debido a la cantidad de objetos descubiertos en esta cueva, con materiales provenientes de diferentes lugares, se induce a pensar que la cueva de Mas d’Azil funcionó como un lugar de agregación, es decir, un lugar donde periódicamente se reunían grupos humanos de la región, con el propósito de intercambiar conocimientos, técnicas y materias primas, o bien para organizar ceremonias y rituales necesarios para la vida grupal.
Una fuerte identidad magdaleniense se observa en las evidencias de los Pirineos franco-cantábricos. Se han encontrado numerosas similitudes entre las obras parietales y los objetos realizados en toda esta zona, tanto desde el punto de vista estilístico como temático. Mas d’Azil es un lugar integral: es un sitio de agregación, de hábitat, un lugar  clave para el arte mobiliar y el arte parietal, sobre todo por su calidad técnica, su singularidad y su gran valor artístico. La presencia de restos humanos ha aportado aún más a la singularidad de este lugar, conocido en todo el mundo.
Durante el Aziliense no nos encontramos con los mismos animales. Durante este periodo, el clima es mucho más cálido, lo que provoca la desaparición de las estepas a favor de los árboles y los grandes bosques. Luego sus presas favoritas eran el ciervo, el jabalí y el caracol. Estas características climáticas, unidas a unas herramientas microlíticas (de pequeño tamaño), a arpones llanos de cuernos y a un arte principalmente representado por guijarros pintados o grabados con signos geométricos cuyo significado aún está por determinar, han confirmado lo que conocemos como cultura azilense.


Los inicios de Mas d’Azil.

Este asentamiento está considerado un yacimiento paleontológico y prehistórico desde el año 1860. Félix Garrigan divulgó la estratigrafía general en 1867 y, años más tarde, Edouard Piette llevó a cabo importantes excavaciones. Era un conocido científico en Francia por sus trabajos en las cuevas de Gourdan y Lortet, que le permitieron reconocer numerosas obras de arte prehistórico, aunque tuvo que enfrentarse a los coleccionistas y aficionados que trabajaban de manera muy trascendental.
La importancia de Piette se debe a los trabajos realizados en la orilla derecha, que él llamó “La caverna río arriba”, e incluían la Sala Piette y la Galería Rotonda. Pero también llevó a cabo excavaciones en la orilla izquierda, que le permitieron identificar una cultura intermedia entre el Magdaleniense y el Neolítico y le valieron el nombre de Aziliense.
A él se debe la colección de huesos de reno que se expone en el museo (hablaré de ella en la entrada correspondiente).
Durante estos años se obtuvieron importantes registros tanto de la industria lítica como del arte mobiliar. Después de su intervención, la cavidad pasó al olvido y los coleccionistas clandestinos encontraron la oportunidad de hacerse con una rica colección; hay que pensar que en esa época no existían leyes que regulasen el Patrimonio Arqueológico.
Piette animó al abad Henri Breuil a trabajar en la cueva, quien realizó dos campañas de excavación (1901-1902) y descubrió los primeros hallazgos de arte parietal (bisontes, caballos, felinos, peces…) y de grabados, pero no quiso invertir más dinero en la cueva y no volvió a trabajar allí.
Bégouën, junto a sus hijos, realizó varias excavaciones y, en 1912, descubrió uno de los conjuntos parietales más importantes, que se engloba en lo que conocemos como la Galería Breuil.
Joseph Mandement descubrió una serie de galerías en la orilla derecha durante dos décadas. A él se deben los descubrimientos de la segunda parte de la Galería de Breuil: la Galería de los Osos y la de los Pedernales. También fue el descubridor del cráneo humano (1948), atribuido a una niña de entre 15 y 20 años; ha sido el único resto humano encontrado en la gruta.
Sus trabajos fueron científicos; los realizó mediante estratigrafía y el material recuperado constituye una colección inestimable que se encuentra expuesta en el museo del pueblo.
Entre 1978 y 1982 se llevaron a cabo trabajos de inventario del material y estudios sistemáticos de las manifestaciones gráficas parietales, realizados por A. Vilalou, Alteirac y Leclerq.
Mas d’Azil ha jugado un papel primordial en el estudio del Paleolítico Superior francés, principalmente durante la cultura Magdaleniense, pero también por la singularidad geológica de la cavidad y, sobre todo, por ser el lugar donde se identificó por primera vez una nueva cultura, que marca una transición entre el Paleolítico Superior y el Neolítico y que conocemos como Aziliense.

La visita a la cueva:

Desde 2013 se puede visitar esta cavidad. Es recomendable pasar primero por su Centro de Interpretación, un edificio construido dentro de la cueva, para hacernos una idea de lo que vamos a visitar.  La visita se desarrolla por galerías amplias y de fácil acceso, conectadas entre sí por pasarelas. 
En cada uno de los espacios más interesantes a comentar se encuentran paneles explicativos en francés, y en otros se ha instalado una serie de recursos museográficos para complementar las explicaciones de la guía.
Las diferentes galerías que se visitan, aunque no todas, se distribuyen en tres niveles. En el primer nivel están la Sala Piette y la Galería de Breuil; en el segundo nivel se encuentran la Sala del Templo y la Galería Flint; y en el tercero la Galería Bear, la Sala de Conferencias y la Sala Mandement.
En la Sala de Conferencias tienen montado un audiovisual con tres personajes a tamaño natural; uno de ellos es el francés Édouard Piette, quien exploró la cueva en 1889, y a él le debemos los principios básicos sobre los que se han basado los conceptos actuales de la Prehistoria. Otro de los personajes es Joseph Mendement , quien descubrió varias galerías y el cráneo de una niña que llamó “Magda”. 
Y el tercer personaje es Magda, la niña, que observa la discusión entre los dos investigadores y reacciona hablando en un idioma inventado, ya que los Magdalenienses ya usaban un lenguaje articulado, pero no se conoce, evidentemente.
En la Sala Mendement, se encuentra un osario típico de periodos fríos. Esta acumulación de huesos está fusionada en arcilla compacta y se encuentra en niveles anteriores a las ocupaciones magdalenienses, sin huellas humanas asociadas. 
En cuanto a su origen, una de las hipótesis que se barajan es que esta acumulación procede de una aportación del  nivel superior y ha llegado a esas galerías por corrientes de barro a través de las fracturas de las calizas, que hoy en día se encuentran taponadas. La acumulación está formada por huesos de los osos de las cuevas, rinocerontes lanudos y mamuts.
Las pinturas rupestres se encuentran distribuidas en cuatro galerías, pero no se pueden visitar: primero, por su estrechez de capacidad para el público, y segundo, por razones de conservación. Estas pueden contemplarse en el Museo y en el centro de Interpretación, que cuentan con diferentes paneles dedicados al arte.
La cueva está ambientada con un juego de luces de colores que no favorece la temática que estamos tratando y resta credibilidad al lugar, pero hay que decir que los franceses invierten mucho dinero en la conservación de su patrimonio, con vistas a una explotación turística que les permite recabar ingresos importantes para las arcas públicas.