lunes, 22 de noviembre de 2021

CONCEPCIÓN FERNÁNDEZ-CHICARRO Y DE DIOS: La primera mujer directora del Museo Arqueológico de Sevilla.

 

Aunque Concepción Fernández nació en 1916 en Tortosa (Tarragona), podemos decir que toda su trayectoria profesional la desarrolló en Andalucía.

Cursó la licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y, en 1943, obtuvo el Premio Extraordinario por la defensa de su tesis doctoral sobre Laudes Hispaniae, dirigida por Antonio García Bellido. A partir de entonces, pasó a ser profesora ayudante en la Cátedra de Arqueología Clásica y de Lengua y Literatura, bajo la dirección del profesor Rogelio Sánchez.

Ya en 1945, se incorpora al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Museos, lo cual era habitual en la época, sobre todo para las mujeres que querían seguir su trayectoria arqueológica. La destinaron a la conservadora del Museo Arqueológico de Sevilla. En aquella época, Juan Lafita ejercía la dirección; era una persona con una buena formación, muy polifacética, pero carecía de los conocimientos necesarios en arqueología para dirigir un museo. Por eso, Concha fue destinada aquí para que una persona joven, con una formación más especializada, ayudara a Lafita en las tareas del museo. Al año siguiente, en 1946, fue nombrada Comisaría Local de Excavaciones Arqueológicas, convirtiéndose así en la primera mujer que ostentaba este cargo, con un currículum que muy pocos compañeros podían superar. A partir de este momento, Concepción fue un referente para muchas mujeres que quisieron acceder a este puesto, entre las que destacamos a la gaditana María Josefa Jiménez Cisneros (de la que hablé en otra entrada).

A la muerte de J. Lafita, Concepción pasó a ser directora del Museo en 1959, convirtiéndose así en la primera mujer en dirigirlo hasta su muerte en 1979.

Concepción, además de desempeñar las labores museísticas del Museo de Sevilla, compaginaba la dirección del Museo de la Necrópolis Romana de Carmona y del Museo de Itálica. Su labor como directora estaba encaminada al registro, la documentación y el estudio de las piezas de sus fondos arqueológicos, que abarcaban desde la Prehistoria hasta la Edad Media.

Además, de las diferentes direcciones, compaginaba su labor con la docencia en la Universidad de Sevilla, en las áreas de Epigrafía y Numismática, Arqueología Clásica, Museografía y Artes Suntuarias, como ayudante de la Cátedra de Historia Antigua y Media de España.

Sin embargo, su labor como arqueóloga se centró principalmente en los yacimientos del Bajo Guadalquivir. Colaboró con el Instituto Alemán en las excavaciones de Munigua; también realizó excavaciones entre 1965 y 1970 en Carteia (San Roque, Cádiz), con los profesores Francisco Collantes de Terán y Daniel Woods, patrocinadas por la William L. Bryant Foundation. Sus trabajos aquí aportaron conocimiento sobre el urbanismo de la ciudad y determinaron su cronología. Sus labores se centraron principalmente en el recinto amurallado de la zona de la factoría, en el foro y en el templo.

En Itálica, las excavaciones se concentraron especialmente en el Anfiteatro; también hay que destacar sus trabajos en la Necrópolis Ibérica de Los Castellones de Céal (Hinojares, Jaén).

Digamos que su yacimiento preferido, al que dedicó más tiempo, fue el conjunto arqueológico de Carmona. Los trabajos se centraron tanto en la zona del anfiteatro como en la necrópolis.

Debido a la intensa actividad que llevó a cabo Concha, tanto en la arqueología de campo como en su prolífera producción bibliográfica, fue galardonada por diferentes instituciones, como la Real Academia de la Historia, el Instituto Arqueológico Alemán, la Hispania Society de Nueva York, la Sociedad Panameña de la Historia, la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, la Asociación de Arqueólogos Portugueses y la Sociedad Española de Estudios Clásicos. También le fueron concedidas la Medalla de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio y la de la Orden del Mérito de la República Italiana.

En una visita a la cueva de la Pileta, sufrió una caída que le provocó un desgaste físico que le impedía continuar con el trabajo y el 23 de octubre de 1979 falleció.

Como vemos por la trayectoria científica que Concepción desarrolló, podemos decir que fue una mujer dedicada íntegramente al trabajo de investigación en el campo de la arqueología y la museografía.

 

Referencias:

-      Fernández Gómez, F., 1982: “Introducción. En memoria de Concepción Fernández-Chicarro y de Dios”. En homenaje a Conchita Fdez.-Chicarro. Directora del Museo Arqueológico de Sevilla. Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes, Archivo y Biblioteca.

 

-           Díaz-Andreu, M. (2001): “La Comisaría general de excavaciones arqueológicas (1929-1955). La administración del Patrimonio Arqueológico en España durante la primera etapa de la dictadura franquista”. Complutum 12, 325-343.

 

-        Fernández Gómez, F., 2013: “El museo arqueológico de Sevilla en el último cuarto del siglo XX. Apuntes para una historia completa del Museo”. Temas de estética y arte, n.º 27, PP. 15-84. Sevilla.


Concepción, durante las excavaciones en el anfiteatro de Carmona, en los años setenta. Foto: ACAC

                   

sábado, 30 de octubre de 2021

EL DOLMEN DE LA GRANJA DEL TORIÑUELO (Jerez de los Caballeros-Badajoz)


Interior del dolmen. Foto: Ayto de Jerez de los Caballeros

En plena dehesa de Jerez de los Caballeros (Badajoz), se encuentra el dolmen de La Granja del Toriñuelo. Este monumento es la manifestación más representativa del megalitismo en la comunidad extremeña. El resto de construcciones funerarias, como los menhires o crómlech, no quiere decir que no estén presentes en la zona; simplemente que no se han conservado, ya que estos terrenos han sufrido demoliciones para facilitar las labores agrícolas y ganaderas. También hay que tener en cuenta que los grandes bloques eran sometidos a explosiones para reutilizarlos en la construcción, como vimos con el dolmen de Lácara y, sobre todo, con los expolios a los que han sido sometidos.

La primera documentación acreditada del dolmen nos llega de la mano de José Ramón Mélida. Sus trabajos fueron trascendentales para la arqueología extremeña en los primeros años del s. XX, concretamente entre 1907 y 1930, destacaron, sobre todo, sus investigaciones y trabajos en la elaboración de los catálogos monumentales de Badajoz y Cáceres; no hay que olvidar los trabajos que realizó en Mérida y la investigación sobre el tesoro de Aliseda.

En 1914, Mélida incluyó en su catálogo el dolmen de la Granja, donde hizo una representación gráfica de un dolmen de corredor adintelado (tholoi) y de cámara circular con cubierta de falsa cúpula.

De este gran monumento megalítico, lo que hay que destacar es que está formado por una cámara funeraria central cubierta con una falsa cúpula, un corredor adintelado, largo y estrecho, que permite el acceso a la entrada anterior, y rematado por un promontorio tumular que cubre todo el conjunto, así como por un anillo perimetral.

La cámara central estaba cubierta por una falsa cúpula, construida mediante la técnica de hiladas, con piedras de pizarras planas y rectangulares, dispuestas a hueso. El corredor está unido en dos tramos por grandes bloques de granito. Se conservan 25 ortostatos en el lado norte y 19 en el lado sur.

El túmulo llegó a cubrir todas las estructuras descritas, aunque estas han sufrido numerosas alteraciones a lo largo del tiempo, debido tanto a factores ambientales como a factores humanos. El lugar fue reutilizado para una edificación de época romana, también por las labores agrícolas y por excavaciones sin ningún tipo de control, ni conocimientos de excavación arqueológica, por lo que las estructuras fueron muy dañadas, como abrir por la parte de arriba, estropeando de esta forma la falsa cúpula, que estaba formada por aproximación de hiladas de piedras, aun así, el monumento conserva su cámara y arranque original de la cubierta de falsa cúpula y las piedras que sirvieron de refuerzo perimetral de la construcción, así como contrafuertes circulares destinados a impedir el hundimiento del montículo.

 En el interior del sepulcro se han encontrado restos de representaciones, tanto de pinturas rojas y negras como de grabados, repartidos entre los ortostatos de la cámara y del corredor. Se conservan motivos grabados, con la técnica de incisión y piqueteado.

La temática de la pintura, encuadrada en el arte esquemático, es bastante variada: reticulados, zigzags, círculos, grafías rectangulares, así como temáticas naturalistas, como antropomorfos, cazoletas, soles…

En cuanto al ajuar, hay que decir que ha sido escaso debido a los continuos expolios, como hemos comentado. Pero se han conservado huesos, cuchillos de sílex, un hacha de piedra y cristal de roca. A la entrada del corredor se encontró la estela antropomorfa, depositada en el patio de la finca, y fue hallada por Georg Leisner (1934), quien la publicó en una revista que, en aquella fecha, dirigía Hugo Obermaier, y, gracias a la influencia de este, fue donada al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Y una fíbula de codo en bronce, de época del Bronce Final, y materiales de cerámica romana, procedentes de la reutilización constructiva del monumento.

La función de este monumento funerario megalítico es la de tumba colectiva, donde posiblemente se enterraba a los difuntos de los poblados calcolíticos vecinos, con un ajuar muy modesto. Para su construcción, se requería la participación de un gran número de personas durante un tiempo, debido a que era necesario transportar las pesadas losas y ortostatos desde la cantera de extracción hasta el lugar donde se construiría el dolmen.

La última campaña de restauración integral finalizó en 1995 y fue supervisada por M.J. Carraco. La restauración fue dirigida por Carmen Cienfuegos y ha constituido una obra de considerables proporciones con la restitución de la falsa cúpula y un armazón de hormigón sobre el corredor para permitir el acceso a través del mismo. También se ha instalado cartelería para las visitas. En 2019, el dolmen fue declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de zona arqueológica del Monumento Nacional Sepulcro Megalítico de la Granja del Toriñuelo.

Referencias:

-          Mélida, J.R. 1925: Catálogo monumental de España. Provincia de Badajoz (1907-1910). Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

-          Carrasco M.J. 2000: “El sepulcro megalítico de La Granja del Toriñuelo”. Jerez de los Caballeros (Badajoz). El megalitismo en Extremadura. Extremadura Arqueológica VIII. Mérida.

-          BOE, núm.106, de 3 de mayo de 2019. Comunidad Autónoma de Extremadura.









lunes, 18 de octubre de 2021

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE HUESCA

Huesca es una ciudad, aparentemente, tranquila que conserva un rico casco histórico, repleto de edificios de diferentes estilos arquitectónicos. Muy cerca del Ayuntamiento se encuentra el museo.

Actualmente, el Museo Arqueológico está conformado por dos edificios que destacan por su gran interés histórico.  El edificio principal, que en su momento fue la sede de la Universidad Sertoriana (fundada en el s. XIV), consta de ocho salas de exposición permanente. Nos centraremos principalmente en las cuatro primeras, dedicadas a la arqueología. Este edificio tiene un bonito patio central porticado que da acceso a las diferentes salas. Adyacente a este edificio principal, está el palacio-residencia de los reyes de Aragón, de arquitectura civil románica del s. XII se utiliza para exposiciones temporales y como centro cultural.

Las primeras salas abarcan desde el paleolítico hasta el mundo romano, y la cuarta, el mundo medieval. El resto de las estancias está dedicado a Bellas Artes y recoge pinturas y esculturas que abarcan desde el siglo XII hasta el XX, con tablas y retablos de pintura gótica, así como algunas obras de pintores como Francisco de Goya y Ramón Acín.

Las primeras vitrinas muestran restos de fauna del pleistoceno, complementadas por una serie de paneles muy claros en los que se representan tanto la fauna, la flora como la tecnología lítica que van apareciendo en cada uno de los periodos culturales.

Cuenta también con una buena colección de cerámicas de diferentes tipologías y periodos. Las reproducciones ocupan un lugar destacado en el espacio; hay que agradecer su perspectiva expositiva, totalmente pedagógica.

Sólo decir que es un museo que te sorprende gratamente porque no te lo esperas de una ciudad que tiene poca proyección social, quizás porque las administraciones se han volcado en destacar su rico legado románico, la naturaleza y los deportes de invierno… olvidando otros períodos, como el prehistórico, con una fuerte cultura material, presente en la provincia.

Felicitar a todas las personas que han contribuido y trabajado para poner en valor este proyecto museístico, por la labor desarrollada, ya que han logrado un museo didáctico, actual y acorde con todos los públicos. Si pasáis por esta apacible y tranquila ciudad, no dejéis de visitar este interesante punto de conocimiento.












miércoles, 6 de octubre de 2021

LA CUEVA DE CONTREBANDIERS (Marruecos): aparecen herramientas para trabajar el cuero y la piel.

Uno de los sitios prehistóricos que está dando buenos registros es la cueva de los Contrabandiers, situada en la costa atlántica de Marruecos.

Esta cavidad fue descubierta en 1950, del siglo pasado, por el abad Jean Roche, quien organizó la primera excavación en 1955, con un inventario rico en herramientas líticas, restos de fauna, evidencias de uso del fuego y restos de Homo sapiens moderno temprano.

La cueva se formó sobre la antigua piedra arenisca de la costa y su configuración se remonta a hace unos 120.000 años. Una vez que el mar se retiró, progresivamente se fue rellenando de sedimentos, en los que se depositaron los excedentes de las diferentes culturas que pasaron por allí, como el musteriense en sus capas más inferiores, seguido del ateriense, del iberomauritano y del neolítico en sus capas superiores.

En 2007, se retomaron las excavaciones con métodos modernos, y están a cargo el Museo de la Universidad de Pensilvania (MPM) y el Institut National des Sciences de l'Archéologie et du Patrimoine (INSAP); al frente del grupo de investigación se encuentran Harold Dibble y Mohamed Abdeljalil El Hajraoul.

En 2013 fue noticia el hallazgo de un individuo infantil, con una datación de 108.000 años; un hallazgo más a las escasas muestras de Homo sapiens en esta época en el continente africano, lo que nos indica que no sólo el sur de África es el origen de los humanos modernos, sino que también están aflorando otros lugares donde estos grupos nos muestran una evolución hacia un comportamiento y una anatomía modernos.

En este mes de septiembre, esta cueva ha vuelto a ser noticia porque un equipo de investigadores, formado por Emily Hallett, de la Universidad de Arizona y del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Alemania, ha descubierto una serie de herramientas de hueso de hace 120.000 años, que seguramente se utilizaron para trabajar la piel y el cuero.

La presencia de herramientas de hueso para trabajar la ropa sigue siendo un tema complejo en los registros arqueológicos. El vestido es un elemento que aparece entre los grupos humanos ante la necesidad de protegerse de las adversidades climáticas, sobre todo durante la era glacial. Es difícil determinar en qué momento empezaron a utilizar ropa, dado que las primeras prendas para cubrirse del frío estaban elaboradas a partir de materiales de rápida descomposición, como pieles y otros materiales orgánicos, que son productos pasajeros y muy difíciles de conservar. Por eso, los inicios de la ropa se conocen muy poco, pero es evidente que fueron utilizados por nuestros antepasados, tanto por neandertales como por sapiens que vivían en ambientes templados y fríos. Pero sí, se puede determinar de forma indirecta a partir de la presencia de herramientas para preparar esas vestimentas. Este estudio ha sido publicado en la revista iScience y va arrojando luz sobre este tipo de hechos, que nos brindan información sobre las mejoras en la evolución cultural y cognitiva de nuestros antepasados y sobre cómo se ha ido desarrollando la vida a lo largo del pleistoceno.

Este hallazgo se debe a la presencia de una serie de herramientas de hueso que han servido como alisadores para quitar todos los restos del tejido conectivo, es decir, los restos de diferentes tejidos que quedan al separar la piel de la masa muscular del animal.

En unos niveles con una datación entre 120.000 y 90.000 años, se han encontrado un total de 62 herramientas óseas. Para su realización, se han utilizado varias técnicas de trabajo, como el raspado, el pulido y la talla con piedra. Entre las diferentes formas que adoptan las herramientas se incluyen las espátulas. Estas herramientas son excelentes para quitar todas las impurezas del cuero y la piel durante el proceso de curtido, debido a que no se perforan ni se dañan.

Pero estos no son los únicos registros de alisadores que tenemos. En Europa se descubrieron restos en dos yacimientos cercanos  entre sí, en el suroeste de Francia: el Abri Peyrony y Pech-de-l’Azé, que fueron ocupados por neandertales, sin evidencia de ocupaciones posteriores por humanos modernos. En estos yacimientos aparecieron herramientas de hueso utilizadas como alisadores en el curtido de pieles, con una antigüedad de 50.000 años (ver la entrada en este blog). También hay que resaltar los trabajos realizados en la cornisa cantábrica por Millán Mozote sobre el uso del hueso como herramienta de trabajo de la piel, asociado a los neandertales.

En el estudio zooarqueológico se han identificado restos esqueléticos de zorro, chacal y gato montés; todos ellos presentan marcas de corte en los fragmentos de radio, cúbito, tibia y mandíbula, producidas durante el desollado del animal. Estos carnívoros han sido cazados para el aprovechamiento de sus pieles, pero no los han consumido como alimento. Las pieles han sido trabajadas para confeccionar ropa de abrigo.

Sin embargo, los bóvidos fueron procesados para el consumo de carne, ya que las distribuciones de las marcas de corte se encuentran en los ejes medios y proximales de todos los huesos largos.

También resulta muy llamativa la presencia de un diente de ballena, que evidencia haber sido utilizado para tallar piedras, lo que la sitúa como un hallazgo relevante hasta la fecha, ya que no ha aparecido anteriormente ninguna igual.

Los hallazgos de la cueva de los Contrebandier son excepcionales porque nos muestran cómo los humanos van perfeccionando su técnica de trabajo para convertir pieles de animales en cuero suave y flexible, cada vez con un tacto más suave, y además elaborar a partir de estas pieles otros productos, como bolsas para guardar utensilios, cortavientos y otros productos obtenidos del cuero, utilizados en el atavío. Considero que el hallazgo de estas herramientas nos marca un paso más en la evolución de los grupos humanos, como la utilización de nuevas tecnologías en el trabajo de la piel.


Referencias:

-         Millán Mozote Helguera, 2012: “El hueso como materia prima: el utillaje óseo del final del Musteriense en el sector central del norte de la Península Ibérica”. Universidad de Cantabria.

            -  Neandertals made the first specialized bone tools in Europe.

        -  Emily Y. Halleff et al., 2021: “A worked bone assemblage from 120.000-90.000 year old deposits at Contrebandiers Cave Atlantic Coast, Morocco”. iScience 102988.



Cueva de Contrebandiers (Marruecos)

Selección de herramientas, mandíbula de gacela y fragmento de cráneo y mandíbula humanos. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers. 

Espátulas para trabajar la piel y el cuero, hechas con costillas de bóvidos. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers.

Diente de cetáceo hallado en la cueva. Foto: Proyecto  de la cueva Contrebandiers.



A la izquierda, tibia de zorro. A la derecha, mandíbula de zorro. Abajo, los huesos observados al microscopio. Foto: Proyecto de la cueva de ontrebandiers.


Diferentes tipos de espátulas. Foto: P de la C. Contrebandiers.

Dibujos de zorros y de gato montés. En las mandíbulas se han encontrado las marcas de corte. Illustrazione di Jacopo Niccolò Cercasoni.



domingo, 12 de septiembre de 2021

HERRAMIENTAS ELABORADAS CON HUESOS DE ELEFANTES EN CASTEL DI GUIDO

 El yacimiento de Castel di Guido es un sitio achelense al aire libre, situado a unos 20 km al oeste de Roma. Fue excavado entre los años 1980 y 1991 por Giovanni Boschian y A.M. Radmilli, quienes precisaron que se trataba de un medio fluvio-lacustre, con zonas anegadas y cursos de agua tranquilos, con lechos poco profundos, que posteriormente darían lugar a una paleosuperficie.

Hasta esta zona, de clima subtropical y con un paisaje de bosque y claros, se desplazarían los animales a beber, como elefantes, bóvidos, caballos, ciervos, etc.; algunos de ellos morirían por causas naturales y otros serían cazados; el caso es que un grupo de cazadores se apropió de los restos óseos para fabricar herramientas.

El estudio de materiales y el análisis tafonómico del conjunto óseo han sido llevados a cabo por la Dra. Paola Villa y un equipo de la Universidad de California en Boulder, y los resultados han sido publicados en la revista PLOs One.

Lo novedoso de este estudio, dado que anteriormente se conocía la fabricación de herramientas en hueso realizadas por humanos, es que hasta la fecha no se había encontrado esta cantidad de bifaces: en total, 98 piezas. Es el mayor número de herramientas de hueso fabricadas por los neandertales hasta la fecha. Se trata de una producción sistemática estandarizada realizada sobre fragmentos de diáfisis de huesos largos de elefantes (Palaeoloxodon antiquus), es decir, fue realizada por una sola persona, dada la uniformidad de las piezas.

Tanto los alisadores de huesos como las piezas intermedias demuestran que presentan algunas características de la tecnología auriñaciense. Estos alisadores se utilizaron para tratar el cuero; sin embargo, esta pieza no se popularizó hasta 300 años más tarde, lo que indica que los cazadores de Castel di Guido ya tenían facultades cognitivas bastante avanzadas que les permitían producir tecnología ósea compleja.


Referencia:

-Radmilli, A.M. e Boschian, G., 1996: Gli scavi a Castel di Guido: il più antico giacimento di cacciatori del Paleolitico inferiore nell’Agro Romano. Firenze, Italia.

-Villa, P., et al., 2021: Elephant bones for the Middle Pleistocene toolmaker. PLOs One, 16 (8).


Herramientas elaboradas en hueso. Foto: P.Villa

Defensas de elefantes y restos de material. Foto: P. Villa.

Bifaces realizados en materia ósea. Foto: P. Villa.


Alisador elaborado en hueso de animal. Foto: P. Villa.




sábado, 3 de julio de 2021

HALLAN UN DINOFELIS, DE PEQUEÑO TAMAÑO, EN EL NORTE DE ÁFRICA


Mandíbula fósil de Dinofelis. Foto: A. Rodríguez-Hidalgo. 


En el noreste de África se ha descubierto un espécime de félido de pequeño tamaño de la especie Dinofelis en registros del Plio-Pleistoceno.

Los Dinofelis son un género de gatos dientes de sable extintos que se encuentran entre los mayores carnívoros terrestres; su tamaño se aproxima al de los leones actuales. Estos animales combinan algunas características típicas de los dientes de sable con otras más típicas de los félidos panterinos, como los leones (en cuanto a la estructura general del cráneo y las proporciones del esqueleto). También porque sus dientes eran intermedios entre los dientes largos y aplanados del diente de sable y la forma cónica de los dientes de los felinos actuales. Los caninos inferiores eran robustos, pero los molares no tanto.

En la cuenca de Aïn Beni Mathar-Guefaït se encuentra el yacimiento de Guefaït-4. En la zona se lleva excavando desde hace más de 10 años; se trata de una región montañosa, caracterizada por bosques abiertos y la presencia de agua. En el pasado era una zona húmeda, con lagunas donde carnívoros y herbívoros se acercaban a beber. Su antigüedad se remonta a unos 2,5 millones de años.

Del trabajo intenso realizado en el yacimiento se ha obtenido un material óseo abundante de grandes mamíferos, como caballos y antílopes, de un período que coincide con el inicio de la dinámica glacial-interglacial del hemisferio norte.

En un área determinada del yacimiento se encontró, hasta la fecha, un único individuo de Dinofelis, con presencia de una mandíbula y de varios huesos de las patas delanteras, como el húmero, la ulna y varias falanges. El pequeño tamaño de este Dinofelis ha llevado a paleontólogos e investigadores a plantear que podría tratarse de un nuevo linaje de metailurina, hasta ahora no registrado, y a abrir la puerta a reflexionar sobre la competencia interespecífica entre los carnívoros del Pleistoceno africano.

Estos trabajos se llevan a cabo gracias a la colaboración entre la Université Mohamed Premien de Ojuda, el ICP (Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont) y IPHES-CERCA (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Social), que trabajan en la zona en un proyecto de investigación para determinar los orígenes del poblamiento humano en el norte de África.

Referencia:

-         -  Madurell-Malapeira, J., et al., 2021: First small-sized Dinofelis: evidence from the Plio-Pleistoceno of north Africa. Quaternary Science Reviews, 265,107028. DOI: 10.1016/j.quascirev.2021.107028.



lunes, 31 de mayo de 2021

La Tafonomía en Andalucía: análisis de la situación.

 



La tafonomía nos ayuda a distinguir la sincronía de la diacronía de los procesos desarrollados por los diferentes fenómenos y/o procesos en un resto óseo. Por eso, los restos faunísticos recuperados en los asentamientos arqueológicos encierran una valiosa información sobre diversos aspectos del pasado y no siempre se ha aprovechado este potencial para conocer las condiciones ambientales y culturales de los grupos humanos.

En esta entrada no vamos a hablar de zooarqueología, que normalmente va unida a la tafonomía como disciplina auxiliar dedicada al estudio de los restos animales recuperados en una excavación procedentes de yacimientos arqueológicos, sino que vamos a explicar la evolución que ha sufrido esta última en las últimas décadas.

La tafonomía nos ha venido de la mano de los paleontólogos. El primero en publicar una monografía sobre las implicaciones paleobiológicas y un estudio de los mecanismos de alteración en la carcasa de los vertebrados fue J. Weigelt en 1927. Ésta se consolidó con los trabajos del ruso Iván. A. Efremow (1940) le dio una definición y un contenido sobre las alteraciones que sufren los restos animales en el sedimento al ser manipulados. También puede definirse como el paso de la biosfera a la litosfera.

Más tarde, Müller (1951) diferenció la bioestratinomía de la diagénesis en dos fases del proceso tafonómico. Aunque Efremov y Müller, ya en la década de 1940 a 1950, nos estaban dando los planteamientos tafonómicos bajo una metodología analítica y evolutiva, sobre los procesos que influyen en la formación de un yacimiento y los fenómenos que actúan en su destrucción, no es hasta bien entrada la década de los ochenta cuando los paleontólogos/as incluyen dicha disciplina en el estudio del registro arqueológico. Esta materia se impartía en las aulas de Geología y Paleontología.

A nivel nacional, hay que destacar los trabajos del paleontólogo Sixto Fernández López, quien ha dotado a dicha disciplina de una teoría y de una serie de contenidos metodológicos y conceptuales, así como de finalidades. Y los estudios epistemológicos de Emiliano Aguirre.

Así, uno de los primeros paleontólogos que hicieron informes tafonómicos de registros arqueológicos fue Miguel de Renzi de la Fuente, y la primera arqueóloga que incluyó un breve informe tafonómico en sus estudios fue Mª Ángeles Querol Fernández, quien se lo encomendó a la paleontóloga Nieves López Martínez, una investigadora clave en los estudios de tafonimia científica, bioestratigrafía y paleobiogeografía.

Entre los años 1970 y 1980, se llevó a cabo una serie de encuentros de arqueólogos/as y prehistoriadores/as que marcaron los fundamentos para una investigación epistemológica de la Prehistoria y para una trayectoria de la Arqueología en la Península Ibérica, como el Coloquio Internacional de Prehistoria de Morella (Castellón) y las primeras Jornadas de Metodología de Investigación Prehistórica, en Soria, en el año 1981, organizadas por Manuel Fernández-Miranda.

Fueron encuentros en los que se plantearon nuevos métodos de análisis, se debatieron las diferentes corrientes de pensamiento y se evidenció la necesidad de incorporar las disciplinas auxiliares al estudio de los registros arqueológicos… Podemos considerar que fueron las jornadas más críticas y fructíferas, que, como digo, marcaron la trayectoria de la arqueología en España.

Ya entrada la década de los ochenta del siglo pasado, hubo una serie de prehistoriadores/as que empezaron a manifestar sus inquietudes por conocer esta disciplina y a acercarse a estos estudios, que buscaban dar luz a la interpretación de los procesos de preenterramiento para llegar a conclusiones sobre los comportamientos de las comunidades prehistóricas, sobre todo en yacimientos del Plio-Pleistoceno.

Uno de estos reformadores, en el sentido de dotar a la Arqueología de nuevas disciplinas auxiliares, fue Jordi Estévez Escalona, quien más tarde creó el Laboratorio de Arqueozoología de la UAB.

A raíz de aquí se fue forjando un cuerpo de investigadores que incluían en sus estudios esta disciplina y que nos han servido de referencia a las generaciones que veníamos detrás. Hay que destacar, sobre todo, los trabajos tafonómicos realizados por Manuel Domínguez-Rodrigo, que son fundamentales para conocer el origen de nuestra especie, así como los de Jorge Martínez Moreno, J. Carlos Díez Fernández-Lomana, Yolanda Fernández-Jalvo, Fernanda Blasco Sancho, Martínez Valle, J. M. Rueda y Manuel Pérez-Ripoll, en la zona de Levante. También destacar los últimos trabajos de José Yravedra, Jordi Russell, Rosa Huguet, Isabel Cáceres Cuello de Oro, Palmira Saladié, Antonio Rodríguez-Hidalgo y R. Blasco...

A nivel de Andalucía, los primeros trabajos sobre tafonomía científica no surgieron hasta la década de los años noventa del siglo pasado y fueron realizados por mí (Isabel Cáceres Sánchez), con formación en humanidades. Desde un marco teórico y metodológico supe aplicar dicha disciplina a los restos óseos hallados en un contexto arqueológico.

El trabajo “La transición de los cazadores-recolectores a pastores-agricultores en el mediodía peninsular a través de los restos óseos” es una síntesis de mi trabajo de tesis doctoral, que estuvo codirigida por los catedráticos José Ramos Muñoz (Univ. de Cádiz) y J. Carlos Díez Fernández-Lomana (Univ. de Burgos). Aquí se analizan todos los procesos bioestratinómicos naturales-humanos y los fosildiagenéticos. Además, se aportaron los resultados de un proyecto de investigación sobre experimentación en el campo de la fracturación intencional, como materia auxiliar de la ciencia arqueológica al servicio de la arqueozoología, que, a través de la contrastación empírica (morfotipos obtenidos), nos ayudan a responder a las hipótesis planteadas sobre las pautas de subsistencia de las comunidades del pasado. Este proyecto surgió de la necesidad de estudiar los yacimientos de la zona y, mediante la réplica de la actividad de tratamiento de la carcasa animal, llegar a comprender las alteraciones legibles en el reparto óseo provenientes de yacimientos arqueológicos.

También, para conocer las características ecológicas y climáticas que se desarrollaron en el sur peninsular y su relación con el resto de zonas del Mediterráneo, se realizó el Espectro Biocenótico a través de una serie de yacimientos que abarcan desde el pleistoceno inferior hasta el superior, para determinar así la existencia de un ecosistema circunmediterráneo. Para este trabajo se aplicó la metodología de los biocenogramas, que caracterizan las biozonas, basada en los estudios de Antonio Ruiz Bustos.

Pero no fue hasta 2018, cuando un grupo de investigadores se reunió en Antequera, en el I Congreso de Prehistoria de Andalucía, en el Memorial Luis Siret, para resaltar la necesidad de aplicar las ciencias experimentales y dar respuestas a algunas cuestiones arqueológicas. Aquí, J. Antonio Riquelme hace un alegato a la necesidad de formación de nuevas especialidades y sobre todo, de especialistas en los diferentes campos (mamíferos, peces, moluscos, aves, anfibios, polen, …), para que no pase como ocurrió en los años 1990, dónde la comunidad científica de Andalucía, se dio cuenta que se tenía que aplicar las disciplinas auxiliares (geoarqueología, antropología física, zooarqueología, traceología, antracología…) a los registros arqueológicos, para llegar a conocer nuestro pasado. 

Y para ello, la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía puso en marcha una serie de becas para que algunos de los arqueólogos/as se especializasen en las diferentes áreas, pero no todos pudimos beneficiarnos de este tipo de ayudas y nos formamos a nivel particular, a través de las universidades y centros de investigación, con nuestros propios recursos.

En esa época se contaba con un personal joven y, sobre todo, entusiasta con las nuevas áreas de estudio; quedaban atrás los estudios monográficos de tipología, que imperaban en la época, y las metodologías arqueológicas, y se abrían así nuevas posibilidades de investigación. 

Andalucía contaba con los requisitos necesarios para llevarlo a cabo; se disponía de buenos yacimientos y de permisos para excavar, pero ni las universidades ni las administraciones e instituciones públicas han sabido acoger a estos investigadores especialistas en los diferentes centros e instituciones, quienes han contribuido a hacer crecer el campo de la arqueología científica en la comunidad.

Andalucía siempre ha contado con el reconocimiento de ser una tierra con una gran riqueza y antigüedad en yacimientos arqueológicos, pero también tiene el renombre de no haber sabido gestionarlos ni de haber mostrado equidad presupuestaria entre ellos.

El resultado de todo esto es que Andalucía carece de equipos formados en las diferentes disciplinas y, en concreto, en la que nos ocupa, la tafonomía científica, hay escasez de especialistas en aspectos teóricos, prácticos y experimentales. Y, lo más importante, carece de centros de investigación con tecnologías avanzadas en determinados campos. Un tema en el que se debería reflexionar y debatir.

A pesar de la escasez de estudios, no debemos olvidar los trabajos que ha realizado Eloísa Bernáldez Sánchez en tafonomía en la Estación Biológica de Doñana, desde una perspectiva paleobiológica. Ni los trabajos realizados en la cuenca de Guadix-Baza (Granada), una zona muy rica en registros del plio-pleistoceno, que se remontan a 1916, donde se llevaron a cabo trabajos de prospección y excavación por parte de diferentes paleontólogos, entre ellos A. Arribas, A.; Ruiz Bustos, M.; Botella, M.T. Alberdi.

A partir del año 1983, el Instituto de Paleontología Miguel Crusafont (Sabadell) entró a formar parte de los trabajos en las excavaciones de la zona de Orce, que fueron dirigidas, en diferentes campañas, por los investigadores G. Gibert, G. Martínez, I. Toro, B. Martínez-Navarro y R. Sala, y en las que se realizaron estudios de Geología, Paleontología, Paleoecología y Arqueología.

Actualmente, las excavaciones están dirigidas por el profesor Juan Manuel Jiménez, de la Universidad de Granada, en los yacimientos arqueológicos de Venta Micena, Fuente Nueva 3, Barranco León y Barranco del Paso.

También hay que destacar los trabajos realizados en Fonelas entre 2001 y 2009. Se creó el Centro Paleontológico Fonelas P-1 (Cuenca Guadix-Baza), donde se estudia la geología y la paleontología del Cuaternario (Pleistoceno Inferior), dirigido por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), y en el que conviene destacar los trabajos realizados por Alfonso Arribas y Guiomar Garrido.

Este centro de Fonelas P-1 (Granada), junto con el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (Sevilla) y el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Íbera (Jaén), es uno de los centros de Andalucía dedicados a la investigación de estos periodos.

Son breves pinceladas de cómo se encuentran los estudios de tafonomía y, demás disciplinas auxiliares en Andalucía, que nos deberían hacer reflexionar, sobre todos estos aspectos: de por qué no es sencillo ser arqueólogo/a en Andalucía, cómo se encuentra la investigación en nuestra comunidad, porqué el androcentrismo sigue anclado en las instituciones, sobre todo el nepotismo y porqué a la fecha de hoy los estudios arqueológicos no cuentan aún con un estudio integral de sus registros…

 

Referencias:

-EFREMOV, J. A., 1940: "Taphonomy: A new branch of paleontology". Pan American Geologist, 74. pp. 81-93.

-ESTÉVEZ, J., 2000: “Aproximación dialéctica a la Arqueotafonomía” Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social, 3, pp. 7-28. Universidad de Cádiz.

-FERNÁNDEZ LÓPEZ, S., 1984: "Nuevas perspectivas de la Tafonomía Evolutiva: Tafosistemas y asociaciones conservadas". Estudios Geológicos, 40, pp. 215-224. Madrid.

-MÜLLER, A.H., 1951: “Grundlagen der Biostratonomie”. Abt. Dr. Akad. Wiss, pp. 1-147. Berlín.

-RUIZ BUSTOS, A., 2005: "El límite Neógeno-Cuaternario en las Cordilleras Béticas. Características Paleoambientales del Cuaternario". A.E.Q.U.A. Vol. 2.

 


miércoles, 28 de abril de 2021

LOS HUEVOS DE AVESTRUZ

 

El huevo, en general, es un elemento lleno de simbología y connotaciones a lo largo de la Historia. En todas las civilizaciones han representado diferentes conceptos y atributos. Hoy vamos a hablar de los huevos de avestruz. Esta ave es la más grande que existe y, por su tamaño, no puede volar; su existencia se remonta a 120 millones de años.

Como ya hemos comentado en otras entradas, con respecto a determinados objetos, la cultura material asociada a materiales orgánicos exóticos ha pasado desapercibido en las excavaciones o bien se ha descartado directamente como elemento de explicación social. Es lo que les ha pasado a las cáscaras de huevos de avestruz: al ser un material relativamente frágil, se han encontrado en los registros arqueológicos muy fragmentadas y, la mayoría de las veces, no se les ha inventariado; son pocos los registros donde aparecen enteras. Pero desde hace unos años, para acá, gracias a la aplicación de nuevas metodologías, se han obtenido hallazgos sorprendentes.

Cuando observamos una cáscara de huevo de avestruz en una vitrina de un museo, la asociamos con la cultura fenicio-púnica. Sin embargo, la costumbre de utilizar las cáscaras como recipientes o vasijas se remonta al paleolítico, como se viene demostrando en las últimas investigaciones.

El registro más antiguo que se ha encontrado se halla en el yacimiento rocoso de Ga-Mohana, en el desierto del Kalahari (Sudáfrica), donde se registran 22 cristales de calcita blanca junto a fragmentos de cáscaras de huevos, y tiene una antigüedad de 105.000 años. Esto nos lleva a determinar que el proceso evolutivo de Homo sapiens se desarrolló tanto en las zonas costeras como en el interior del continente africano.

Estos huevos se utilizaron como recipientes para almacenar agua, dado que el entorno de la época era mucho más húmedo que el actual sabana del Kalahari. Estos trabajos nos vienen a confirmar que los humanos acumularon objetos y, además, mostraron comportamientos tanto tecnológicos como simbólicos. Para llevar a cabo estos trabajos, tuvo que existir un complejo tramado de recolección de los mismos, ya que los huevos había que recogerlos de los nidos, y se requerían pericias bastante hábiles, debido a que son animales bastante desdeñosos. En un principio, el huevo les serviría de alimento a todo el grupo, ya que puede pesar hasta 2 kg y tiene un alto valor proteico.

Cerca de este asentamiento, también en Sudáfrica, en el refugio rocoso de Diepkloof. Se han encontrado 270 fragmentos de cáscara de huevos con una datación de 60.000 años. Estas piezas están grabadas con representaciones lineales abstractas y se realizaron sobre una serie de elementos funcionales; en este caso, los huevos fueron seleccionados para servir de recipientes de agua durante los desplazamientos de los cazadores-recolectores. 

Estos motivos de bandas rayadas nos están determinando a producir de forma estandarizada la iconografía de los huevos por parte de los Homo sapiens. Nos viene a representar un hecho bastante novedoso en los modos de vida de estos cazadores, que reflejaba un nivel de pensamiento, ya que se tenía que extraer la masa líquida sólo perforando un extremo del mismo, para que luego sirviese de recipiente. Una vez el huevo preparado, tenían que pasar un tiempo vacío para su proceso de secado y para que la cáscara consiguiera una dureza consistente para luego ser tallados, ya que el 96% de su composición es calcita cristalina. Todo un proceso de conservación que requiere conocimientos preliminares.

Seguimos en Sudáfrica, en Border Cave, donde ha aparecido una serie de artefactos orgánicos, como pigmentos, cuentas de cáscaras y herramientas de hueso. Estaban presentes en el sur hace 75.000 años y ya nos reflejan innovaciones culturales. Se recogieron 18 cuentas de cáscaras con una datación de 38.020 cal BP. Se han determinado dos tipos de perforaciones: las cónicas y las cilíndricas, lo que sugiere una variabilidad en la morfología de las puntas de los perforadores y, posiblemente, en las técnicas utilizadas. Cuatro de ellas están ennegrecidas, lo que nos indica que fueron sometidas al calor para reducir su tamaño.

En el este de África, en pleno bosque tropical, se encuentra el yacimiento de Panga ya Saidi (Kenia). La cueva cuenta con un amplio registro arqueológico y estratigráfico, de 78.000 años de antigüedad. La serie excavada es de 3 m de profundidad, con 19 capas, de donde se han recuperado 88 cuentas de cáscaras que alcanzan una edad de 25.000 años, que nos revela un patrón de presencia intermitente de diferentes rasgos tecnológicos y artefactos simbólicos

Ya, en el continente euroasiático, en el macizo de Altái (Siberia), en la cueva de Denísova, apareció la falange de una niña, lo que dio lugar a una nueva especie conocida como homínidos de Denísova. En los últimos trabajos realizados en la cavidad ha visto la luz una serie de cuentas para adornos, elaboradas con cáscaras de huevos de avestruz, de 1 cm de diámetro. Su datación está en 45.000 años. La cáscara de huevo suele tener un grosor de 2-3 mm, por lo que tuvieron que perforarla con un buril de piedra. Nos determinan las habilidades técnicas de estas sociedades.

Tanto el huevo de avestruz como su cáscara han sido utilizados desde el sur de África hasta la región de Asia Central, y en todo el norte de África, sobre todo en Egipto, desde el período predinástico hasta la época faraónica. Se hallaban en las tumbas. Y estaban decoradas con motivos pintados en rojo, y también se extendían por el sur de la antigua Mesopotamia y por el Próximo Oriente. Pero en estas culturas, el huevo ya había adquirido connotaciones diferentes: había pasado de ser un simple recipiente para almacenar líquido y materia prima para elaborar adornos a tener un carácter sagrado y/o ritual, para alejar el mal, y se empezaba a registrar en santuarios como elemento votivo y en las necrópolis. Su funcionalidad o utilidad se fue extendiendo a otros campos, como los amuletos, las cuentas de collar, las puntas de flecha y los recipientes de uso común.

Durante la Edad del Bronce y del Hierro, existía un comercio de este material por todo el Mediterráneo y Oriente Medio, y vivió su época de esplendor en el primer milenio a. C. Su decoración variaba entre ser pintada y ser grabada, con motivos decorativos muy diversos y elaborados con una técnica muy precisa, dando como resultado verdaderas obras de arte. Según unas investigaciones realizadas sobre algunos huevos de la zona del Mediterráneo, por las universidades de Bristol y Durham, se ha determinado si los huevos habían sido puestos en zonas climáticas frescas y húmedas o más calientes y secas, elementos que se determinan a través de la alimentación de la hembra que pasa a formar parte de la composición de la cáscara. De este estudio de análisis isotópico se determinó que existía una amplia variedad, lo que indica que el sistema de producción es bastante complejo. Los humanos van desarrollando localmente una serie de estrategias económicas y, gradualmente, nuevas formas  tecnológicas y de socialización.

En la Península Ibérica, lo asociamos a la colonización fenicia, que se asentó en nuestras costas, y estas relaciones se apoyaban en una sólida base económica. Se trataba de factorías comerciales con manufacturas propias, que practicaban el libre intercambio de bienes con las tribus indígenas del interior. Hay una serie de objetos aptos para el intercambio comercial, realizados con marfil y huevos de avestruz, que eran importados como materia prima para luego ser trabajados aquí, en los talleres locales, y decorados con motivos y temas de inspiración orientalizante, de los s. VIII y VII a. C.

Del norte de África procedían los huevos de avestruz, que, adornados con pinturas o incisiones artísticas, formaban parte de los ritos funerarios de fenicios y cartagineses. Las colonizaciones fenicias gozaban de una posición de poder singularmente favorable, lo que explica su influencia económica y cultural. Así, se han encontrado en los yacimientos de Los Alcores, excavado por G. Bonsor, y en Carmona (Sevilla); en la necrópolis de Laurita (Almuñecar-Granada); necrópolis de la Joya (Huelva), factoría de Toscano, necrópolis de Jardín, o los poblados del Morro de Mezquitilla, Cerro del Villar, y Alarcón (Málaga), y en la necrópolis de Villaricos, necrópolis de Herrerías, Almizaraque, necrópolis de Boliche, Adra, Abdera (Almería); la Albufereta, Villajollosa y el Tossal de Manises (Alicante); la necrópolis de Puig d´es Molins (Ibiza). En la Península Ibérica existieron varios centros y/o talleres de preparación de huevos decorados, como los de Villaricos, Ibiza, Toscano y Cartago, y el de Fonteta, que funcionó como centro artesanal y de distribución.

En general, la mayoría de los huevos de avestruz están pintados con motivos decorados en rojo y siguen los temas de moda del momento cultural que representan, ya sean fenicios, púnicos o griegos, de toda la cuenca del Mediterráneo. Normalmente, las representaciones son las más demandadas. El huevo pasó de ser un simple recipiente a convertirse en un bien de prestigio; además, fue un referente e inspiración en la decoración de cerámicas y de otros tipos de vasos de diferentes materiales.


Referencias:

-       Astruc, M., 1957: “Exotisme et localisme. Étude sur les coquilles d’autruche décorées d’Ibiza”. Archivo de Prehistoria Levantina, 6: 47-112.

-          San Nicolás Pedraz, Mª. P., 1975: “Las cáscaras de huevo de avestruz fenicio-púnico en la Península Ibérica y Baleares”. Cuaderno de Prehistoria y Arqueología, 2, 75-100.

-         -  Texier, P.J, et al., 2010: “A Howiesons Poorit traditions of engraving ostrich eggshell containers dated to 60.000 years ago at Diepkloof Rock Shelter, South Africa”. PNAS.

-         -  D´Errico, F et al., 2012: “Early evidence of San material culture represented by organic artifacts from Border Cave, South Africa”. PNAS 14, 109 (33).

-          - Shipton, C, et al., 2018: “78,000-year-old record of Middle and Later Stone Age innovation in an East African tropical forest”. Nature 9, 1832.

-         - Tamar Hodos, C.R et al., 2020: “The origins of decorated ostrich eggs in the ancient Mediterranean and Middle East”.  Antiquity.

-          - Wilkins, J., et al; 2021: Innovative Homo sapiens behaviours 105,000 years ago in a wetter Kalahari. Nature 592.


Artefactos con grabados simbólicos hallados en los enclaves sudáfricanos de Blombos y Diepkloof.


Cuentas de cáscaras de huevo de avestruz y herramientas de hueso. Cueva de Panga y Saidi. Foto: Nature Communications.


Cuentas encontradas en la cueva de Denisova. Foto: M. Kozlikin.

Fragmento de cáscara de huevo de avestruz. Necrópolis de las Cumbres. Poblado de Doña Blanca. Enterramientos de incineración fechados en s. VIII a. C. Museo Arqueológico de Cádiz.


Huevo de avestruz decorado con motivos vegetales, de origen púnico (s. VIII a. C.).

Huevo de avestruz decorado con motivos florales. Museo Arqueológico de Barcelona.

           Huevos de avestruz. Necrópolis de Jardín (Vélez-Málaga), s. V-IV a. C. Museo    Arqueológico de Málaga. 

Museo Arqueológico de Valencia