domingo, 18 de octubre de 2026

CITÂNIA DE BRITEIROS

 

Ya he hablado en algunas entradas del blog sobre los castros como poblados fortificados en la Iberia prerromana. Nos vamos a un castro; en Portugal se le llama citânia. Pero ¿qué diferencia hay entre un castro y una citânia?

La diferencia está en el tamaño: una citânia es un poblado fortificado, pero de mayores dimensiones y mayor mixticidad urbana, y normalmente se concentró en la mitad norte de Portugal y de Galicia.

Visitar la Citânia de Briteiros te deja muy sorprendido porque no es un castro al uso: es una gran ciudad fortificada con una poderosa actividad económica, y te sorprende por su dimensión, la monumentalidad de sus murallas, su urbanismo y arquitectura, y por la presencia de dependencias que en otro castro no habías visto. Vamos a ir describiendo el castro.

La primera vez que se realizaron trabajos fue en 1874, cuando Francisco Martins Sarmento dirigió la primera excavación; al ver la importancia arqueológica de esos terrenos, decidió comprarlos para su puesta en valor y conservación. Han sido muchos los proyectos de excavación que han pasado por allí, pero aún quedan muchas zonas por descubrir y profundizar en ellas. Su fase inicial se remonta al neolítico final y al calcolítico; su datación se sitúa en el I milenio a. C. y perdura hasta el s. X, donde se erigió una pequeña ermita cristiana. Está muy bien situado sobre una loma que da al río Ave, denominado límite de la navegación fluvial, es decir, la ruta comercial entre el litoral y las montañas del interior, y controlaba el corredor norte-sur que conectaba el valle del Duero con el río Miño.

Conocemos su urbanismo como perfectamente diseñado, ya que contaba con una gran diversidad de unidades habitacionales y estaba estructurado en torno a un eje principal: su calle principal, orientada de suroeste a noroeste. De su calle principal salen varias ramificaciones secundarias que delimitan pequeños barrios, a los que se accede a través de varios núcleos residenciales, donde predominan las construcciones rectangulares.

En la parte alta se ubica el núcleo residencial de la Acrópolis. La sociedad castreña se organizaba en torno a una casa circular, donde vivía la familia nuclear: el padre y la madre. Alrededor de esta casa circular se observan otros habitáculos destinados a los demás miembros de la familia, como parientes mayores o hijos adolescentes. Y junto a estas edificaciones se encuentran las construcciones destinadas a guardar aperos agrícolas o a almacenar alimentos.  También se observan pequeñas cisternas para recoger agua de lluvia.

El patio era el centro de la vivienda familiar, donde cada miembro se dedicaba a sus tareas diarias o a las artes, como la alfarería o la metalurgia del bronce y del hierro. Entre las estructuras que te sorprenden en esta citânia están la casa del consejo, el balneario y las murallas.

En la casa del Consejo se reunían los principales jefes de la ciudad para resolver los conflictos que surgían, repartir las tareas, sortear los terrenos baldíos, hablar sobre las cosechas; es decir, poner orden y dirigir la economía de la ciudad. Pero también se celebraban fiestas rituales en las que las familias más poderosas sacrificaban cabezas de ganado y repartían alimentos.

Desde la posición de la casa se observaba todo el curso del río Ave, donde se veían llegar los barcos con sal y mercancías procedentes del litoral y del Mediterráneo; además, y lo más importante, se vigilaban los puertos de montaña en busca de posibles ataques.

Una construcción que no se había visto en otros castros es el balneario; al principio se creía que eran hornos, pero después se descubrió que eran balnearios donde los habitantes de los castros tomaban baños de vapor tras lavarse con agua fría.

Sin lugar a dudas, una de las cosas más llamativas de la citânia de Briteiros es su muralla. Sobre el fin de la muralla, hay varias interpretaciones: para algunos investigadores, la presencia de grandes murallas es sinónimo de guerras permanentes entre las diferentes comunidades; para otros, las murallas tenían una función simbólica de expresión de poder.

Sin lugar a dudas, la Citânia de Briteiros merece una visita para entender cómo se vivía en la Edad del Hierro y la evolución que han experimentado estos poblados hacia un urbanismo rural. Es uno de los poblados protohistóricos más relevantes de la Península Ibérica por su dimensión, monumentalidad, urbanismo avanzado y arquitectura.

 













viernes, 25 de septiembre de 2026

LINCE: sus ancestros y evolución

 

Lynx pardinus. Foto de Andrea en Pixabay

Su cara te fascina y sus ojos de cazador, a media distancia, te atrapan: el lince es el felino más icónico de la península ibérica; sus movimientos sigilosos y su mirada intensa hacen de este carnívoro un animal que pasa desapercibido incluso a pocos metros.  Sus pinceles negros en las puntas de sus orejas les ayudan a detectar movimientos.

El lince es el felino más grande que tenemos en la península ibérica y se había extinguido a finales del s. XX y, gracias a proyectos de reintroducción, vuelve a estar presente en nuestros hábitats mediterráneos.

Este animal habita en nuestro planeta desde hace más de un millón y medio de años, pero ¿cuándo apareció el lince en nuestro país? ¿De dónde proviene? ¿Es endémico de aquí?

De las cuatro especies de lince que existieron, todas tienen un ancestro común: el Lynx issiodorensis (según los estudios de Kurten, 1978, y de Johnson y O'Brien, 1997).

A mediados del Pleistoceno, poblaciones de Lynx issiodorensis que habitaban en Asia dieron lugar a la aparición del lince boreal, que se refugió en el norte de la península; así lo confirman los hallazgos y estudios de Rodríguez Varela (2015), que indican que el lince boreal se distribuyó en la zona norte de la península y que el lince ibérico ocupó principalmente la mitad meridional.

El lince euroasiático o lince boreal (Lynx lynx) es un carnívoro que habitó la península ibérica desde el Último Máximo Glacial hasta el s. XVII.

Un estudio liderado por la Universidad de A. Coruña (Eva Fdez. y Carlos Nores) sobre el esqueleto completo de un lince boreal, recuperado por un equipo de espeleología a más de 100 m de profundidad, ha demostrado, mediante análisis de radiocarbono, que sobrevivió en la península ibérica hasta hace 210 años a. p., lo que constituye la presencia más reciente corroborada en la península ibérica. Lo que nos aclara la cronología de la desaparición de este animal. Este animal es uno de los linces de mayor tamaño entre los actuales, por lo que es un gran depredador de la fauna local.

Su esqueleto fue hallado en la sima Topinoria, en los Picos de Europa (Cantabria), y su conservación ha sido tan buena que ha permitido realizar un estudio completo de su marco cronológico, su identificación taxonómica y sus características craneales y dentales. El análisis morfométrico determinó que se trataba de un individuo macho adulto con una masa corporal de 29,7 kg. El estudio nos muestra que el lince boreal se sitúa junto a muchos machos modernos de Europa central, aunque es más pequeño que los machos del holoceno de la península ibérica.

Hasta la fecha, se creía que el lince boreal había desaparecido de nuestro entorno hace unos 400 años; sin embargo, este hallazgo ha contribuido a su rescate y a su recuperación en su hábitat natural.

La posición anatómica en la que se encontraba el animal demuestra que murió en el interior de la cueva; se refugió en la cavidad y cayó accidentalmente desde una altura de 100 m. Este carnívoro vive en bosques caducifolios, mixtos y de coníferas de Europa y Asia Central. El tamaño corporal de estos animales ha sido el resultado de las adaptaciones de cada especie a sus hábitats y dietas.

Otro hallazgo importante que se ha producido en la península ibérica ha sido el del yacimiento paleontológico de Quibas (Abanilla, Murcia), que alberga el esqueleto de lince ibérico (Lynx pardinus) más completo del pleistoceno inferior, un felino endémico de la península ibérica junto a más de 85 especies, muchas de ellas ancestrales: tigres dientes de sable, bisontes, macacos, rinocerontes…

El equipo de Pedro Piñero y Jordi Agustí viene desarrollando sus trabajos en la cueva de Quibas. En la campaña de 2024, se descubrió el esqueleto completo de un lince de más de un millón de años de antigüedad, lo que ha permitido reconstruir los cambios faunísticos y climáticos de la región.

Hoy en día podemos decir que, entre 2021 y 2024, se han recuperado más de 60 huesos pertenecientes a un mismo individuo de lince ibérico, lo que indica que la especie, en sus orígenes, era de mayor tamaño que los que se conservan hoy.

 

 Esqueleto reconstruido del lince boreal. Foto de la Univ. de Cantabria.


Referencias:

-Kurtén (1978): The Lynx from Etouaries: Lynx issiodorensia, Late Pliocene. Ann. Zool. Fennici15: 314- 322. Johnson, W.E., Eizirik, E., Pecon-Slattery, J., Murphy, WJ., Antunes, A., Teeling, E. y O´Brien, SJ., 2006: The late Miocene radiation of modern Felidae: a genetic assessment. Science 311. 73- 77.

-Rodríguez-Varela, R., Taglicozzo, A., Urena, I., García, N., Cregut-Bonnoure, E., Mannino, M., Arsuaga, JL., Valdiosera, C. 2015: Ancient DNA evidence of Iberian Lynx palaeoendemism. Quaternary Science Reviews 112, 172-180.

-Rodríguez-Varela, R., García, N., Nores, C., Álvarez-Lao, D., Barnet, R., Arsuaga, JL., Valdiosera, C., 20215: Ancient DNA reveals past existence of Eurasian lynx in Spain. Journal of Zoology. Print ISSN 0952-8369.

-Boscaino, A., Madurell-Malapeira, J., Llenas, M., Martínez-Navarro, B., 2015: The origin of the critically endangered Iberian Lynx: Speciation, diet, and adaptive changes. Quat. Sci. Rev. 123, 247-253.

-Eva Fernández-Bejarano et al., 2026: The last Iberian record of Eurasian lynx (Lynx lynx): osteometry and historical implications of the lynx from Sima Topinoria (Cantabria, Spain).

 


jueves, 6 de agosto de 2026

PISADAS DE MAMÍFEROS

 

Muchas veces, cuando caminamos sobre sedimentos blandos o fangosos, nuestras pisadas quedan marcadas en el suelo; dependiendo del tipo de sedimento, estas tendrán una forma u otra, o bien perdurarán más o serán más efímeras. A veces creemos que los restos fósiles son sólo huesos, dientes y conchas, pero tenemos cada vez más evidencias indirectas de su presencia, como las huellas, conocidas como icnitas.

Estas icnitas las podemos ver en las rocas; fueron hechas por organismos vivos mientras caminaban o corrían y nos aportan mucha información sobre los animales que se movían o vivían en determinadas zonas. Para que se conserve una huella, es necesario que el animal camine sobre una superficie blanda, como el barro o la ceniza volcánica. Esta huella es posteriormente cubierta por arena, limo o ceniza adicionales, que le sirven de protección frente a fenómenos atmosféricos, como el viento o el agua. A partir de su estudio, se puede colegir qué animal las dejó, la velocidad y el modo de desplazamiento que presenta, que se miden a partir de la distancia entre pisadas, su comportamiento y, sobre todo, del entorno donde vivía, a partir de la textura del sedimento.

Con el paso del tiempo, estos sedimentos se fosilizan y se convierten en rocas en las que quedan impresas las huellas de los animales. La fosilización se debe a los movimientos tectónicos derivados del plegamiento alpino en el Pirineo. Es el fenómeno observado en el yacimiento de La Fondota (Abiego, Huesca), donde se han hallado más de mil icnitas de mamíferos. El yacimiento fue descubierto en 1973 y actualmente está siendo estudiado por un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza, integrado por Martín Linares, Diego Castanera y José Ignacio Canudo, quienes han realizado el estudio sedimentológico e icnotafonómico.

Hace 35 millones de años (Oligoceno) en Abiego había una zona de lagos y lagunas someras, sometida a frecuentes oscilaciones de la lámina de agua, donde los mamíferos acudían a beber y en esas zonas de fango (calizas, margas, areniscas) quedaron impresas las huellas. Durante este periodo, el paisaje estaba compuesto por praderas y coníferos, con lagos poco profundos; de ahí que los animales acudieran a beber. Dadas su buena conservación y su morfología, se ha determinado que estas huellas están asociadas a Anoplotherium y Entelodon, dos artiodáctilos extintos con pezuñas y dedos pares. El registro fósil de estos animales se encuentra en el Reino Unido, Francia, España, Portugal y Alemania. El Anoplotherium es un herbívoro endémico de Europa occidental y podía erguirse sobre dos patas para ramonear las plantas.

Para saber más sobre las icnitas, o huellas, podéis consultar la entrada de este blog: «Las huellas fósiles más antiguas», que trata sobre las huellas humanas.




Ilustración realizada por Rosa Alonso.

 


 

 

miércoles, 29 de julio de 2026

VILLA ROMANA DE FUENTE ÁLAMO (PUENTE GENIL, Córdoba)


A tan sólo 3 km del centro urbano de Puente Genil, en Córdoba, se encuentra uno de los yacimientos mejor conservados y estudiados de la provincia: Fuente Álamo. En este lugar se daban características extraordinarias para establecerse allí: su clima, un manantial con abundante agua, la fertilidad de sus tierras, propicia para la agricultura, y, lo más importante, su ubicación estratégica en un cruce de caminos, ya que era atravesado por una importante red viaria; todo ello hizo de Fuente Álamo un lugar idóneo para vivir. Un entorno rural que ha experimentado una serie de transformaciones desde la época altoimperial hasta la tardoantigua.

Fuente Álamo es un asentamiento de época romana que fue reutilizado a lo largo de la historia: primero como termas romanas, posteriormente como villa y, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el vacío de poder y la inestabilidad social facilitaron la entrada de los visigodos; en la época musulmana, se utilizó como necrópolis y almazara.

Las termas se construyeron (s. I d.C.) en esta zona porque por aquí discurría un arroyo con el mismo nombre y, en la zona de arriba, había una presa que abastecía de agua a las termas. A ambos lados del arroyo se distribuía un conjunto de piscinas adosadas y escalonadas, conectadas entre sí mediante canalizaciones que las alimentaban de agua.

En el lado derecho del arroyo se encontraban los baños de verano con aguas frías (frigidarium). Y a la izquierda estaban los baños de agua templada (tepidarium) y de agua caliente (caldarium). Para mantener esta instalación de calefacción disponían de unos hornos. Los romanos fueron quienes introdujeron la calefacción por suelo radiante, que consistía en hornos subterráneos tradicionales y en canalizaciones de galerías de aire caliente con las que calentaban el agua de las termas.

Si observamos el lugar donde se encontraron las termas, en su origen no estaban ubicadas en ninguna población, sino que formaban un complejo muy bien situado entre varios núcleos. Por ello, las termas tenían, además de la limpieza corporal, funciones sociales y comerciales; es decir, eran un lugar de ocio y disfrute social y un espacio idóneo para los negocios, sin olvidar el descanso de los viajeros y el abrevadero para el ganado.

Las termas estaban decoradas con ricos mosaicos geométricos que se han conservado en perfecto estado; quizás sea uno de los aspectos que caracterizan a este yacimiento: su riqueza en la conservación de los mosaicos, ya que en la zona sur contamos con muy pocos. Luego hablaremos de ellos.

También en este lugar en concreto, en el margen derecho del arroyo y sobre una buena parte de las termas, se levantó una villa romana de grandes dimensiones.

Esta villa romana alcanzó su auge a finales del s. IV-V d.C. y en el s. VI fue abandonada al inicio de la dominación musulmana. En concreto, en el s. IV y, sobre las estructuras anteriores, se construiría la residencia del nuevo dominus.

Como toda villa que se precie, esta consta de tres zonas bien establecidas: la pars urbana, donde reside el dueño de la villa y su familia, acompañados de sus siervos, quienes realizan las tareas domésticas. La pars rústica es un edificio anexo donde se alojaban los siervos y esclavos y también se utilizaba para guardar los aperos de labranza. Y la pars fragmentaria corresponde a los edificios destinados al trabajo de los animales, como establos y almacenes de productos agrícolas.

En la estratigrafía se detectan dos fases constructivas: en una primera fase se levanta el complejo residencial de la pars rustica y en el s. IV-V, la villa presenta un crecimiento en sus pavimentos, que incluye el mitreo y el tablinium (lugar donde el señor de la casa recibía a sus clientes y se exhibían los bustos de sus antepasados), y los suelos están decorados con mosaicos.

Las habitaciones de la villa son de amplias dimensiones y están comunicadas entre sí mediante un pasillo cubierto. Los pavimentos de toda la villa están decorados con mosaicos de motivos geométricos. Recientemente, en una de estas habitaciones o estancias, un equipo de investigación de la Universidad de Granada ha descubierto una biblioteca y no un mitreo, como se pensaba. La metodología empleada ha sido la "gramática de formas", basada en la combinación de los distintos elementos arquitectónicos de una estancia. Convirtiéndose en la biblioteca más antigua de la península ibérica y la mejor conservada del mundo romano, porque la Villa de los Papiros de Herculano es la que conserva los papiros más antiguos, pero no las estructuras físicas en las que están conservados. Un gran avance en el conocimiento de las villas peninsulares, respaldado por los hallazgos constantes de la investigación actual.

Los motivos musivarios

Nos hallamos ante una encrucijada: o bien el dominus poseía una sensibilidad artística y un gusto estético muy por encima de la media de su época, o bien la genialidad del artífice material desbordó los cánones tradicionales, convirtiendo la villa en un espacio de vanguardia. Lo vemos reflejado en la cantidad de mosaicos de los que dispone la villa; el más emblemático es el que se halló en las termas, el mosaico nilótico, que fue descubierto en el año 1982 y constituía el pavimento de una sala cuadrada central y cuatro semicírculos con cuatro ábsides, de los cuales solo se conservan dos y sus textos son excepcionales en la historia de las inscripciones musivarias de Hispania, ya que constituye el único ejemplo conocido hasta la fecha, con una temática nilótica de geranomaguia (pigmeos y grullas como grandes protagonistas).

En el ábside se desarrolla una serie de pequeñas acciones, entre ellas la imagen y el texto; en cada una, los personajes dialogan entre sí. En el cuadro central aparece el río egipcio, representado como un dios que reposa sobre un recipiente, del que posiblemente brotaría agua, y está acompañado de un hipopótamo, un cocodrilo y dos aves zancudas. La temática es muy intuitiva y sencilla y presenta una composición llena de protagonistas relacionados con el Nilo.  Las escenas de los ábsides laterales presentan inscripciones latinas a modo de cómic: historias protagonizadas por grullas y pigmeos.

Otro de los mosaicos figurativos importantes del pavimento de la estancia principal está compuesto por dos paneles dedicados al dios Baco. En el registro inferior se muestra el combate de Baco para someter a la India, asistido por una tropa de ménades y faunos y por un animal que se asemeja a una leona. Y en la escena superior se describe la llegada triunfal del dios Baco junto a Ariadna, el dios Pan y Sileno. Algunos autores atribuyen al personaje montado a caballo la condición de dueño de la villa, acompañado de su mujer y su hijo.

Y el conocido como mosaico de las Tres Gracias decora el pavimento de un espacio a cielo abierto previo al oecus. El conjunto se divide en tres paneles o cuadros, cada uno con escenas mitológicas independientes. Muestra a las tres gracias: Áglae, que representa la belleza; Eufrósine, la alegría; y Talia, la abundancia, de pie y entrelazadas, flanqueadas por otras escenas, como Belerofonte con Pegaso a un lado y un sátiro persiguiendo a las ninfas. Está elaborado con teselas de colores que enmarcan la escena principal con una rica orla geométrica de círculos tangentes y motivos ornamentales.

 Como he comentado antes, estamos ante una villa romana que destaca por su excepcional repertorio musivario de patrones geométricos en teselas; estos motivos son diversos, como cruciformes, círculos, cuadrados, rectángulos con espigas y flores cercadas con dientes de sierra. Los colores de estos mosaicos son blanco, rojo, negro y sepia.

Evolución arqueológica e investigadora del yacimiento Fuente Álamo

El yacimiento es conocido desde finales del s. XIX, por los materiales aparecidos en la superficie, pero no fue hasta 1982 cuando se realizó la primera intervención, a cargo de Francisco Esojo, director del Museo Municipal de Puente Genil, quien dio el primer aviso del deterioro del yacimiento. Posteriormente, Ana María Vicent, directora del Museo Arqueológico de Córdoba, encargó una excavación de urgencia, y entonces Luis López Palomo llevó a cabo una intervención arqueológica con un perfil científico-metodológico. A partir del año 2000, se iniciaron las obras de puesta en valor y gestión integral del yacimiento, así como su musealización, a cargo de Manuel Delgado, jefe del servicio de arqueología y patrimonio del Ayuntamiento de Puente Genil. El yacimiento fue abierto al público en 2011.

Referencias:

-Delgado, M. y Jaén, D., 2016: El conjunto arqueológico de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Quince años de puesta en valor y gestión integral del patrimonio en el medio rural”. En Vaquerizo, D., Ruiz, A., Delgado, M. (Eds.), Rescate: del registro estratigráfico a la sociedad del conocimiento: el patrimonio arqueológico como agente de desarrollo sostenible. Vol. I. Córdoba.

-Neira Jiménez, M.L., 2019: Los mosaicos romanos del yacimiento de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba): investigación y puesta en valor. Mosaico romano en el espacio rural. Investigaciones y puesta en valor. Lérma di Bretscheider.

- Delgado Torres, M., 2020: El patrimonio arqueológico como agente de dinamización en el ámbito rural. El conjunto arqueológico de la Villa romana de Fuente Álamo (Puente Genil, Córdoba). Em Villae romanas, investigação e inovação.

 -López García, A., Martínez Giménez, J. y Cerrato Casado, E., 2026: New Approaches to Identifying Roman Libraries: Two Late Antique Examples from Stobi (North Macedonia) and Fuente Álamo (Spain). Journal of Mediterranean Archaeology, 39.1.














jueves, 23 de julio de 2026

ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO (HORNACHOS, Badajoz)


Hornachos es una pequeña localidad situada al sur de Badajoz, alejada de toda algarabía urbana y con un rico patrimonio cultural, guardado en su Sierra Grande, punto clave para el estudio del arte rupestre, y en la Sierra de los Pinos. Hablamos de las pinturas rupestres que se encuentran en los abrigos cuarcíticos orientados de noroeste a sureste. Su registro asciende a más de cien abrigos con arte esquemático, como sistema de comunicación que manifiesta una síntesis de conocimientos, ya sean sociales, cinegéticos, rituales, etc., que han ocurrido en un determinado grupo humano durante un espacio de tiempo prolongado, en su ámbito geográfico concreto y en un momento cronológico.

El primero en dar a conocer estas pinturas rupestres fue el abad H. Breuil, en su libro “Les peintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibérique”. Él se centró en los abrigos de la Sierra Grande, siendo el más conocido el abrigo de La Sillá, y estableció que había 140 figuras distribuidas en siete series, con colores que iban del rojo, la sepia y el marrón al negro. Se trataba de pinturas rupestres en las que predominaban motivos antropomorfos, esquemáticos (antropomorfos, zoomorfos…) y zoomorfos.

Tras su visita en 1914-1916 y gracias a los estudios recientes del arqueólogo Alexis Armengol, se ha descubierto que tres de los dieciséis fragmentos conservados en un museo arqueológico francés son de Hornachos: piezas en las que se distinguen motivos humanos y animales, así como representaciones simbólicas. Las autoridades han solicitado información a la administración regional y al Ministerio de Cultura para que esos fragmentos vuelvan a formar parte de nuestro patrimonio. En esa época ya existía una ley de excavaciones que prohibía las intervenciones no autorizadas.

En 1968, Pilar Acosta, en su tesis La pintura rupestre esquemática en España, establece una tipología, seriación y evolución de las figuras, basadas principalmente en los trabajos de Breuil, e intenta establecer una cronología.

Hipólito Collado ha estudiado las Cuevas I de Sierrapino, donde establece tres fases a partir de la superposición de motivos y de los diferentes colores con los que fueron pintadas las pinturas en cada momento. La primera fase consiste en motivos esquemáticos: antropomorfos, zoomorfos, soliformes, ramiformes, puntos, barras… No representan escenas; sus autores no trataron de transmitir, con sus dibujos, ideas o conceptos jerarquizados, sino un modelo de sociedad igualitaria y comunal, dependiente de los animales. Rasgos propios de una sociedad neolítica. La segunda fase destaca por la aparición de una figura nueva hasta entonces, el ídolo oculado, que ya nos va adelantando los inicios del calcolítico. Y en la tercera fase aparecen el trazo y, además, la figura humana. Resumiendo, según los estudios de H. Collado, la pintura esquemática en la zona podemos datarla entre el IV y el III milenio a.C., y desaparecería en los siglos posteriores. VII y VI a.C., con lo cual se daría inicio al período orientalizante.

El ayuntamiento de Hornachos, para dar a conocer su patrimonio cultural, ha puesto en marcha una actividad llamada “Hornachos Rupestre” y, durante los meses estivales, se realizan rutas guiadas a los dos abrigos más cercanos al núcleo de población: los del Salto de la Moza y del Merín, ambos acondicionados para su visita.

Estos abrigos forman parte de todo este conjunto de pinturas rupestres esquemáticas y antropomórficas repartidas por toda la sierra, que destacan por sus trazos simples (cabeza, tronco y extremidades) y reflejan sociedades más complejas que las de los cazadores del Paleolítico, con una forma de organización comunitaria.

El abrigo del Salto la Moza y el abrigo de Menín se sitúan muy cerca, como he comentado, del núcleo de población, en el camino conocido como la senda de los escalones, perfectamente localizable en una gran plataforma rocosa. Los motivos presentes en este abrigo son los esteliformes, soliformes, pectiniformes (en forma de peine) y tectiniformes (en forma de líneas y rectángulos), así como símbolos en forma de herradura o de arco, muy representativos del arte rupestre de Hornachos.

El abrigo de Menín: en él se distinguen dos cronologías: pinturas asociadas al neolítico y otras más modernas, del calcolítico. Se aprecian representaciones con motivos antropomorfos, zoomorfos o esteliformes; las pinturas denotan diferentes estilos de creación, como los ancoriformes oculados (en forma de ancla y con ojos), que están muy poco representados en esta zona. También se aprecian figuras masculinas asexuales.

En esta Sierra Grande de Hornachos, sus pinturas están siendo descubiertas y estudiadas actualmente por Jesús Guerra Galván, vecino de la localidad, quien ha dado a conocer la existencia de una gran cantidad de abrigos con pinturas rupestres que aún no habían sido descubiertos.

Aparte de toda la riqueza de su arte esquemático, Hornachos también cuenta con un pasado árabe que se remonta al s. VIII al s. XVII, momentos en que la localidad alcanza su mayor esplendor económico y se construyen sus fortalezas defensivas, que, tras la conquista en 1234 por la Orden de Santiago, fueron reconstruidas y pasaron a ser castillos. En su época almohade, desempeñó un papel esencial en la frontera entre los reinos de Badajoz y de Toledo. Actualmente, está en proceso de rehabilitación integral, con nuevas intervenciones arqueológicas en el conjunto, que aportarán información sobre cómo era la vida de los antiguos pobladores. 

El centro de interpretación de la cultura morisca es un espacio museístico ubicado en el antiguo pósito de grano. Aquí podemos encontrar la historia, la artesanía, la gastronomía y el legado de los moriscos expulsados de la península en el siglo XVI; la población morisca de Hornachos fue el último refugio de esta comunidad en la península.

Hornachos es un claro ejemplo de cómo el patrimonio arqueológico ha servido de vínculo en una propuesta de turismo cultural y de naturaleza, con una biodiversidad que sorprende por su riqueza paisajística, donde el legado histórico ha sido un referente para la convivencia de culturas y para dinamizar la economía local. Así que felicidades a todas las instituciones —ayuntamiento, diputación…— que han apostado por esta iniciativa cultural.

Referencia:

-Breuil, H., 1933: Les Peintures Rupestres Schématiques de la Péninsule Ibérique. Vol II. Fondation Singer-Polignac, Lagny: Bassin du Guadiana.

-Acosta, P. 1968: La pintura rupestre esquemática en España. Salamanca, memorias del seminario de prehistoria y arqueología.

-Collado, H. 2000: Una nueva representación de carro en la prehistoria rupestre esquemática extremeña. El abrigo de Cuevas I de Sierrapino (Hornachos, Badajoz). Revista de estudios extremeños, n.º 1, enero-abril. Vol. LVI.

-González, A. y Macías, A., 2016: Primera aproximación al abrigo Menín: un nuevo ejemplo de arte parietal esquemático en la sierra de Hornachos (Extremadura). Centenario de los primeros trabajos de documentación de arte rupestre esquemático en Extremadura. Homenaje a Henri Breuil y Eduardo Hernández Pacheco.

 












martes, 26 de mayo de 2026

LA CIUDAD DE LOS MUERTOS DE SHAH-I-ZINDA (Samarcanda, Uzbekistán)


Visitar un país de Asia Central, donde la mayoría de sus monumentos están incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y tratar de elegir uno resulta una tarea ardua. Hoy en día, el mundo alberga una diversidad de culturas y creencias inabarcables; por eso, hay que viajar con la mente abierta y cultivar el entendimiento y el respeto mutuo entre las diferentes comunidades religiosas. Para nosotras, el mundo islámico es cercano, ya que hemos convivido con esta cultura durante ocho siglos.  Por eso me he decidido a reflejar el complejo funerario de Shah-I-Zinda y mostrar que su impresionante avenida de mausoleos resulta conmovedora. La manifestación de sus azulejos, podemos decir, es la más rica del mundo musulmán.

Cuando te adentras en esta ciudad de los muertos, o necrópolis, hay que comprender el entierro, uno de los rituales más significativos de la tradición islámica. El entierro musulmán es un regreso a la tierra, un recordatorio de la temporalidad de la vida terrenal. La práctica de enterrar al fallecido directamente en la tierra, mirando hacia La Meca, simboliza el ciclo de la vida y la creencia en la resurrección. Al igual que en muchas religiones, el sistema de entierro en el islam es mucho más que un rito de paso; es una manifestación de fe, devoción y humildad.

Tengo que empezar diciendo que el nombre Shah-I-Zinda significa “tumba del rey vivo”, porque aquí está enterrado Qutham Ibn Abbas, primo del profeta Mahoma, quien trajo la religión islámica a esta zona en el s. VII. Las excavaciones realizadas en el lugar han permitido determinar la presencia de un cadáver en el interior, pero aún no se ha establecido su identidad. Este hecho convirtió esta necrópolis en un lugar de peregrinación. Durante la Edad Media visitar este lugar equivalía a viajar a La Meca. Su complejo, ubicado en la avenida de Zinda, es el más importante y el más generoso en dimensiones, albergando una mezquita, un mausoleo y una pequeña sala de oración, donde pudimos presenciar los cánticos y las oraciones del islam: personas orando y dando gracias en silencio; sin lugar a dudas, un lugar que invita a la reflexión espiritual.

También el gran Tamerlán eligió este lugar para dar sepultura a sus familiares. Una de las que más me sorprendieron fue la tumba de su hermana, Shirin Bika Aga, que ha sido restaurada a su esplendor original por los conservadores soviéticos y, posteriormente, por el gobierno de Uzbekistán. Es una planta cuadrada, coronada por una gran cúpula sobre un tambor de diecisiete lados, pero la tumba se encuentra en una cripta subterránea. Los familiares de Tamerlán están enterrados en las tumbas azules, que se distinguen del resto por sus azulejos mayólicos pintados.

En la gran avenida de Shah-I-Zinda se pueden visitar más de veinte mausoleos, construidos uno al lado del otro entre los siglos XIV y XV. Durante la época del Imperio Timúrida se erigieron los monumentos más impresionantes con cúpulas turquesas, fachadas de mosaicos y azulejos esmaltados con caligrafía árabe. Cada mausoleo cuenta una historia, una forma de vivir y de morir, un espacio que da lugar a las diferencias sociales, pero todos comparten una atmósfera espiritual y silenciosa.

El día que visitamos la necrópolis era una amalgama de turistas de todas partes, mezclados con visitantes uzbekos de todas las edades, con sus vestimentas de colores, lo que realzaba aún más el colorido del ambiente; la amabilidad de la gente uzbeka se hace notar incluso en un lugar de recogimiento: les gusta hacerse fotos con los turistas y te hacen partícipe de sus costumbres. Los edificios que estaban abiertos al público eran muy variados: algunos, sencillamente simples, cubículos cuadrados con una tumba en el suelo y una ventana que dejaba entrar la luz; otros, sin embargo, eran obras de arte: estructuras cuadradas coronadas por una cúpula y acentuadas por una entrada con pórtico. Sus decoraciones incluyen tallados de rico colorido, cuya base es el azul cobalto y el verde. El techo, lleno de estrellas de ocho puntas en blanco plateado y de lágrimas azules que evocan el dolor del luto por la pérdida del ser querido, contrasta con la tumba despojada de todo elemento decorativo. Todo en su conjunto da testimonio de una riqueza arquitectónica y de una armonía de belleza inigualables que encierran siglos de historia.

Visitar esta necrópolis, la ciudad de los muertos y, a su vez, de los vivos, porque no solo es un lugar sagrado, sino también de peregrinación, donde los visitantes locales acuden a orar y pedir protección ante lo que consideran la “Tumba del Rey Viviente”.

Sin lugar a dudas, ha sido una experiencia de aprendizaje enriquecedora para todas y un recuerdo imborrable de Samarcanda, de Jiva y su mezquita del viernes, y de Bujará, tres lugares que nos han marcado durante nuestro viaje a Uzbekistán.