Ya he hablado en algunas entradas del blog sobre los castros
como poblados fortificados en la Iberia prerromana. Nos vamos a un castro; en
Portugal se denomina citânia. Pero ¿qué diferencia hay entre un castro y una
citânia?
La diferencia está en el tamaño: una citânia es un poblado
fortificado, pero de mayores dimensiones y mayor mixticidad urbana, y
normalmente se concentró en la mitad norte de Portugal y de Galicia.
Visitar la Citânia de Briteiros te deja muy sorprendido
porque no es un castro al uso: es una gran ciudad fortificada con una poderosa
actividad económica, y te sorprende por su dimensión, la monumentalidad de sus
murallas, su urbanismo y arquitectura, y por la presencia de dependencias que
en otro castro no habías visto. Vamos a ir describiendo el castro.
La primera vez que se realizaron trabajos fue en 1874, cuando
Francisco Martins Sarmento dirigió la primera excavación; al ver la importancia
arqueológica de esos terrenos, decidió comprarlos para su puesta en valor y su conservación.
Han sido muchos los proyectos de excavación que han pasado por allí, pero aún
quedan muchas zonas por descubrir y por profundizar en ellas. Su fase inicial
se remonta al neolítico final y al calcolítico; su datación se sitúa en el I
milenio a. C. y perdura hasta el s. X, donde se erigió una pequeña ermita
cristiana. Está muy bien situado sobre una loma que da al río Ave, denominado
límite de la navegación fluvial, es decir, la ruta comercial entre el litoral y
las montañas del interior, y controlaba el corredor norte-sur que conectaba el
valle del Duero con el río Miño.
Conocemos su urbanismo como perfectamente diseñado, ya que
contaba con una gran diversidad de unidades habitacionales y estaba
estructurado en torno a un eje principal: su calle principal, orientada de
suroeste a noroeste. De su calle principal salen varias ramificaciones secundarias
que delimitan pequeños barrios, a los que se accede a través de varios núcleos
residenciales, donde predominan las construcciones rectangulares.
En la parte alta se ubica el núcleo residencial de la
Acrópolis. La sociedad castreña se organizaba en torno a una casa circular, donde
vivía la familia nuclear: el padre y la madre. Alrededor de esta casa circular
se observan otros habitáculos destinados a los demás miembros de la familia,
como parientes mayores o hijos adolescentes. Y junto a estas edificaciones se
encuentran las construcciones destinadas a guardar los aperos agrícolas o a
almacenar alimentos. También se observan
pequeñas cisternas para recoger agua de lluvia.
El patio era el centro de la vivienda familiar, donde cada
miembro se dedicaba a sus tareas diarias o a las artes, como la alfarería o la
metalurgia del bronce y del hierro. Entre las estructuras que te sorprenden en
esta citania están la casa del consejo, el balneario y las murallas.
En la casa del Consejo se reunían los principales jefes de la
ciudad para resolver los conflictos que surgían, repartir las tareas, sortear
los terrenos baldíos, hablar sobre las cosechas; es decir, poner orden y
dirigir la economía de la ciudad. Pero también se celebraban fiestas rituales
en las que las familias más poderosas sacrificaban cabezas de ganado y repartían
alimentos.
Desde la posición de la casa se observaba todo el curso del
río Ave, donde se veían llegar los barcos con sal y mercancías procedentes del
litoral y del Mediterráneo; además, y lo más importante, se vigilaban los
puertos de montaña en busca de posibles ataques.
Una construcción que no se había visto en otros castros es el
balneario; al principio se creía que eran hornos, pero después se descubrió que
eran balnearios donde los habitantes de los castros tomaban baños de vapor tras
lavarse con agua fría.
Sin lugar a dudas, una de las cosas más llamativas de la
citânia de Briteiros es su muralla. Sobre el fin de la muralla, hay varias
interpretaciones: para algunos investigadores, la presencia de grandes murallas
es sinónimo de guerras permanentes entre las diferentes comunidades; para
otros, las murallas tenían una función simbólica de expresión de poder.
Sin lugar a dudas, la Citânia de Briteiros merece una visita
para entender cómo se vivía en la Edad del Hierro y la evolución que han
experimentado estos poblados hacia un urbanismo rural. Es uno de los poblados
protohistóricos más relevantes de la Península Ibérica por su dimensión,
monumentalidad, urbanismo avanzado y arquitectura.
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