martes, 13 de noviembre de 2018

CUEVA MAS D´AZIL / CAVE MAS D´AZIL (Francia)


En la región francesa de Midi-Pyrénées se encuentra la cueva de Mas d’Azil, que alberga una de las estratigrafías más interesantes del Paleolítico Superior. Sus registros confirman la presencia de las distintas culturas del Paleolítico Superior desde hace más de 35.000 años BP.
Esta cavidad es una continuación compleja de salas y galerías profundas, que han ofrecido no solo niveles paleontológicos antiguos, sino también del Paleolítico Superior, especialmente el Magdaleniense, rico en arte parietal y mobiliario, industrias y vestigios humanos. ¿Y dónde podemos conocer la forma de vida de sociedades con una economía apropiadora (caza y recolección) y de una economía productora (agrícola y ganadera), con una serie de cambios tanto en el ámbito cultural como en el económico, el climático y el del hábitat, etc.?
Lo más llamativo de esta cueva-túnel es, por un lado, sus dimensiones y, por otro, su acceso por la misma carretera que llega desde Foix, atravesando literalmente la cueva. El río Ariège ha realizado un excelente trabajo de erosión en esta montaña, creando un entramado de galerías que ha convertido este lugar en un refugio tanto para animales como para Homo sapiens.
Esta cavidad ha sido conocida a lo largo de la historia. La primera intervención se llevó a cabo en 1857, cuando se realizaron trabajos de acondicionamiento y la construcción de un camino con la idea de que cruzara la cueva; en estos trabajos, en el margen derecho, sobre depósitos arcillosos, salió a la luz una serie de objetos arqueológicos. Según los estudios geomorfológicos realizados, se detecta una sucesión estratigráfica de las distintas culturas del Paleolítico Superior. La primera que está representada es el periodo Auriñaciense (35.000-33.000 años BP), que marca el debut del Paleolítico Superior. Se caracteriza por la llegada del Homo sapiens a Europa; además, se difunde una serie de ricos aportes culturales, entre los que destacan el arte, la fabricación de instrumentos de hueso, la talla de animales en madera y la fabricación de herramientas líticas.
En el año 2011, un nuevo proyecto se puso en marcha en la cavidad por parte del INRAP (Instituto Nacional de Investigación Arqueológica Preventiva) y del Laboratorio de Traces (CNRS) de la Universidad de Toulouse, en el que las dataciones obtenidas oscilan entre 33.000 y 35.000 años BP. 
Parece que el Auriñaciense de Mas d’Azil es un Auriñaciense antiguo. Los restos recuperados corresponden a productos líticos, restos de animales consumidos, como équidos, cérvidos y bóvidos, y a algún elemento atribuible al arte mobiliar.
Sin embargo, la cultura solutrense está poco representada en la cueva y también pertenece a un solutrense antiguo, con una datación de 22.000 años BP, basada sobre todo en el estilo de las obras parietales de la Sala Roja, como los caballos con cabezas alargadas, representativos de esta época.
El Magdaleniense supone el desarrollo de la expansión simbólica y artística; lo vemos reflejado en numerosas cuevas, como las de Lascaux, Niaux y Chauvet, e incluso en la de Altamira. En estos niveles encontramos objetos decorados con motivos geométricos y las representaciones figurativas alcanzan su mayor grado de riqueza industrial, faunística y artística. Por ejemplo, las azagayas (armas de asta que se lanzan a mano o con ayuda de un propulsor) presentan una gran diversidad, sobre todo en lo decorativo, y el arte mueble experimenta un gran desarrollo.
También durante este período aparece el propulsor; su uso aumenta la potencia de tiro y la decoración de estos objetos adquiere un gran desarrollo, sobre todo en las zonas de los Pirineos y de Dordoña. Esta diversidad y riqueza de objetos son lo que da pie a hablar de regiones dentro del Magdaleniense.
Los principales lugares ocupados a lo largo del Magdaleniense Medio y Superior en la cavidad corresponden a la entrada, en el margen derecho (la Rotonda y la Galería del Sílex); ello nos confirma que lo hicieron teniendo en cuenta una serie de factores como la facilidad de acceso, la protección, la proximidad al río y la luz natural que llega del exterior. 
Los estudios realizados han demostrado que se trata de ocupaciones humanas estacionales, en las que se desplazaban persiguiendo manadas de bisontes, caballos y cérvidos. Este período cultural se desarrolló a finales de la última glaciación; el paisaje estaba compuesto por estepas abiertas, con escasa vegetación arbórea y una rica fauna de grandes herbívoros (reno, bisonte, caballos y uros). El reno era su presa favorita, pero también cazaban zorros polares, liebres, rebecos, lagópodos, salmones…
Debido a la cantidad de objetos descubiertos en esta cueva, provenientes de diferentes lugares, se sugiere que la cueva de Mas d’Azil funcionó como un lugar de agregación, es decir, un lugar donde periódicamente se reunían grupos humanos de la región para intercambiar conocimientos, técnicas y materias primas, o bien para organizar ceremonias y rituales necesarios para la vida grupal.
Una fuerte identidad magdaleniense se observa en las evidencias de los Pirineos franco-cantábricos. Se han encontrado numerosas similitudes entre las obras parietales y los objetos realizados en toda esta zona, tanto desde el punto de vista estilístico como desde el temático. Mas d’Azil es un lugar integral: un sitio de agregación y de hábitat, un lugar  clave para el arte mobiliario y el arte parietal, sobre todo por su calidad técnica, su singularidad y su gran valor artístico. La presencia de restos humanos ha contribuido aún más a la singularidad de este lugar, conocido en todo el mundo.
Durante el aziliense no encontramos los mismos animales. Durante este periodo, el clima es mucho más cálido, lo que provoca la desaparición de las estepas a favor de los árboles y de los grandes bosques. Luego sus presas favoritas eran el ciervo, el jabalí y el caracol. Estas características climáticas, unidas a herramientas microlíticas (de pequeño tamaño), a arpones llanos de cuerno y a un arte representado principalmente por guijarros pintados o grabados con signos geométricos cuyo significado aún está por determinar, han confirmado lo que conocemos como la cultura azilense.


Los inicios de Mas d’Azil.

Este asentamiento se considera un yacimiento paleontológico y prehistórico desde 1860. Félix Garrigan divulgó la estratigrafía general en 1867 y, años más tarde, Édouard Piette realizó importantes excavaciones. Era un conocido científico en Francia por sus trabajos en las cuevas de Gourdan y Lortet, que le permitieron reconocer numerosas obras de arte prehistórico, aunque tuvo que enfrentarse a coleccionistas y aficionados que operaban de manera muy transgresora.
La importancia de Piette se debe a los trabajos realizados en la orilla derecha, que él llamó “La caverna río arriba”, e incluían la Sala Piette y la Galería Rotonda. Pero también llevó a cabo excavaciones en la orilla izquierda, que le permitieron identificar una cultura intermedia entre el Magdaleniense y el Neolítico y que le valieron el nombre de Aziliense.
A él se debe la colección de huesos de reno que se exhibe en el museo (hablaré de ella en la entrada correspondiente).
Durante estos años se obtuvieron importantes registros tanto de la industria lítica como del arte mobiliar. Después de su intervención, la cavidad pasó al olvido y los coleccionistas clandestinos vieron la oportunidad de hacerse con una rica colección; hay que pensar que en esa época no existían leyes que regulasen el patrimonio arqueológico.
Piette animó al abad Henri Breuil a trabajar en la cueva, quien realizó dos campañas de excavación (1901-1902) y descubrió los primeros hallazgos de arte parietal (bisontes, caballos, felinos, peces…) y de grabados, pero no quiso invertir más dinero en la cueva y no volvió a trabajar allí.
Bégouën, junto a sus hijos, realizó varias excavaciones y, en 1912, descubrió uno de los conjuntos parietales más importantes, que se engloba en lo que conocemos como la Galería Breuil.
Joseph Mandement descubrió una serie de galerías en la orilla derecha durante dos décadas. A él se deben los descubrimientos de la segunda parte de la Galería de Breuil: la Galería de los Osos y la de los Pedernales. También fue el descubridor del cráneo humano (1948), atribuido a una niña de entre 15 y 20 años; este ha sido el único resto humano hallado en la gruta.
Sus trabajos fueron científicos; los realizó mediante la estratigrafía y el material recuperado constituye una colección inestimable que se encuentra expuesta en el museo del pueblo.
Entre 1978 y 1982 se llevaron a cabo trabajos de inventario del material y estudios sistemáticos de las manifestaciones gráficas parietales, realizados por A. Vilalou, Alteirac y Leclerq.
Mas d’Azil ha desempeñado un papel primordial en el estudio del Paleolítico Superior francés, principalmente durante la cultura Magdaleniense, pero también por la singularidad geológica de la cavidad y, sobre todo, por ser el lugar donde se identificó por primera vez una nueva cultura, que marca una transición entre el Paleolítico Superior y el Neolítico y que conocemos como Aziliense.

La visita a la cueva:

Desde 2013 se puede visitar esta cavidad. Es recomendable pasar primero por su Centro de Interpretación, un edificio construido dentro de la cueva, para hacernos una idea de lo que vamos a visitar.  La visita se desarrolla a través de galerías amplias y de fácil acceso, conectadas entre sí mediante pasarelas. 
En cada uno de los espacios más interesantes para comentar se encuentran paneles explicativos en francés y, en otros, se ha instalado una serie de recursos museográficos para complementar las explicaciones de la guía.
Las diferentes galerías que se visitan, aunque no todas, se distribuyen en tres niveles. En el primer nivel están la Sala Piette y la Galería de Breuil; en el segundo, la Sala del Templo y la Galería Flint; y en el tercero, la Galería Bear, la Sala de Conferencias y la Sala Mandement.
En la Sala de Conferencias tienen montado un audiovisual con tres personajes a tamaño natural; uno de ellos es el francés Édouard Piette, quien exploró la cueva en 1889 y a quien debemos los principios básicos sobre los que se han basado los conceptos actuales de la prehistoria. Otro de los personajes es Joseph Mendement , quien descubrió varias galerías y el cráneo de una niña que llamó “Magda”. 
Y el tercer personaje es Magda, la niña, que observa la discusión entre los dos investigadores y reacciona hablando en un idioma inventado, ya que los Magdalenienses usaban un lenguaje articulado, pero no se conoce, evidentemente.
En la Sala Mendement, se encuentra un osario típico de periodos fríos. Esta acumulación de huesos está fusionada en arcilla compacta y se encuentra en niveles anteriores a las ocupaciones magdalenienses, sin huellas humanas asociadas. 
En cuanto a su origen, una de las hipótesis que se barajan es que esta acumulación procede de una aportación del  nivel superior y ha llegado a esas galerías por corrientes de barro a través de las fracturas de las calizas, que hoy en día se encuentran taponadas. La acumulación está formada por huesos de osos de las cuevas, rinocerontes lanudos y mamuts.
Las pinturas rupestres se encuentran distribuidas en cuatro galerías, pero no se pueden visitar: primero, por su capacidad limitada para el público y, segundo, por razones de conservación. Estas pueden contemplarse en el Museo y en el centro de Interpretación, que cuentan con diversos paneles dedicados al arte.
La cueva está ambientada con un juego de luces de colores que no favorece la temática que estamos tratando y resta credibilidad al lugar, pero hay que decir que los franceses invierten mucho dinero en la conservación de su patrimonio, con vistas a una explotación turística que les permite recabar ingresos importantes para las arcas públicas.














lunes, 22 de octubre de 2018

TREPANACIÓN EN UNA VACA DURANTE LA PREHISTORIA.


El asentamiento neolítico de Champ-Durand, situado en la región de la Vendée (Francia), ha sido interpretado como una localidad fortificada con tres series de zanjas y descrito como un importante centro de comercio regional especializado en la producción y el comercio de sal y ganado, principalmente vacuno, que representa el 54% de la fauna allí recuperada. Las excavaciones realizadas entre 1975 y 1985 en las diferentes zanjas permitieron recuperar importantes cantidades de restos de fauna doméstica, como vacas, cerdos, ovejas y cabras, que constituían la principal fuente de su alimentación.
Entre los restos de bóvidos recuperados se encontraba la cabeza de una vaca con un agujero en el lóbulo frontal derecho, que, en un principio, los arqueólogos interpretaron como el resto de una cornada producida por otro animal. Gracias a una nueva revisión del material para la publicación de una monografía sobre el yacimiento y a la revisión de la documentación, los directores de la excavación les pidieron a los investigadores del CNRS francés que realizaran un estudio tafonómico más pormenorizado.
Este nuevo estudio ha dado luz a una interpretación: parece tratarse de una trepanación (perforación del cráneo con un instrumento) que se le realizó a la vaca con fines prácticos, para luego aplicarla a los humanos.
Este tipo de agujeros puede tener varias interpretaciones: puede ser una perforación causada por otro animal, como se pensó en un principio, pero si hubiese sido así, el hueso estaría astillado y la perforación habría sido distinta. También podría haber sido causada por una enfermedad infecciosa, pero no se han detectado patologías en los restos óseos de la vaca. Otra posibilidad es haber sido mordida por carnívoros durante el proceso posmortem, pero no se observan los patrones típicos de las mordeduras.
Sin embargo, la cirugía craneal parece ser la explicación más evidente, ya que hay numerosas marcas de corte de diferentes direcciones e intencionales, lo que sugiere un raspado deliberado del hueso. Las marcas vistas al microscopio son las mismas que las observadas en los cráneos humanos sometidos a trepanación. Además, según los estudios radiológicos, hay evidencia de la ausencia de procesos de curación en el tejido óseo alrededor del agujero, lo que indica que el animal no sobrevivió al procedimiento “quirúrgico” o, en su defecto, ya estaba muerto; en ese caso, fue utilizado para realizar prácticas para mejorar su técnica y así experimentar con él.
Los investigadores ahora se plantean una serie de hipótesis, como: si la trepanación evidencia la intención de sanar al animal, si podría tener algún significado ritual o si incluso podría ser un ejercicio práctico de cara a practicar la cirugía humana, por lo que nos encontramos con el primer caso conocido de experimentación animal y, por otro lado, sería la primera evidencia de prácticas de cirugía veterinaria en el cráneo de un animal.

Referencia:
- Ramírez Rozzi, F., and Froment, A., 2018. Earliest animal cranial surgery: from cow to man in the Neolithic. Scientific Reports nº 8. Article number 5536.

Vistas externas e internas del cráneo de vaca que muestran el orificio en el hueso frontal derecho. Foto: Fernando Ramírez

Cirugía craneal en vacas (fotos a-c) en comparación con dos cráneos humanos del Neolítico de Francia (fotos d-e). La cirugía craneal en la vaca no parece ser diferente de la practicada en humanos. La mayoría de las marcas de corte aparecen en grupos que se entrecruzan y están orientadas oblicuamente hacia el borde de la perfección. Las marcas de corte largas y paralelas, producidas por una sola herramienta en un solo gesto, se observan tanto en vacas como en humanos. Foto de Fernando Ramírez.




lunes, 17 de septiembre de 2018

EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA CULTURA DE PUERTO REAL (Cádiz).



En Puerto Real (Cádiz) se encuentra el Centro de Interpretación de la Cultura, ubicado en lo que fue la Iglesia de San José, del s. XVIII; fue mandada construir con el dinero de la cofradía de Carpinteros, gremio muy popular en la época por su labor en la construcción de barcos, y el solar fue cedido por el Ayuntamiento. Actualmente, la población lo ha recuperado para el museo de la ciudad.
El centro está dividido en tres plantas, en las que se recorre la historia de Puerto Real, desde la prehistoria hasta el s. XX.
En el sótano se encuentra una representación de los primeros pobladores: una réplica de uno de los enterramientos hallados en el asentamiento de El Retamar, que excavamos entre 1995 y 1996. Aquí se pudieron registrar los primeros inicios de la economía de producción en la Bahía de Cádiz, como un proceso autóctono de transición en la región histórica del sur peninsular, desde una economía de cazadores-recolectores hasta una de producción de alimentos, tanto vegetales como animales.
Estas comunidades tribales desarrollaron modos de vida basados en la pesca y la recolección de moluscos, sin dejar de lado sus prácticas de caza y la explotación comunal de animales domésticos como medio de subsistencia del grupo.
De la Edad Antigua se conserva un mosaico de una villa romana, hallado en 2004 durante las obras en el tramo de la N-IV entre Puerto Real y Tres Caminos. Está datado en el s. IV, y su importancia radica en que permiten conocer los modos de vida de la población en tiempos de Constantino. La villa romana era propiedad de un rico comerciante dedicado a la construcción y a la alfarería.
Esta sala es muy didáctica: se expone una réplica de un corte transversal de una embarcación romana dedicada al comercio de salazones, en la que las ánforas desempeñaban un papel importante. Y, a través de paneles explicativos e ilustraciones en formato gráfico, te adentran en el mundo de la prehistoria, la gastronomía, la arquitectura…
En la entreplanta se explica, mediante paneles gráficos, qué fueron la Fundación de la Villa y el Puerto Real de los Austrias.
La primera planta se centra en la construcción naval, lo cual se hace mediante la réplica del puente de un galeón del s. XVI y diferentes maquetas de los fuertes de la zona, como los de Matagorda y San Luis.
La segunda planta está dedicada a los s. XIX y XX. A través de maquetas se explica la tradición salinera del lugar.
Sólo me queda felicitar a todas las personas que han participado en este proyecto cultural y han sabido transformar un espacio religioso en un centro polivalente para el disfrute de la comunidad. Todo está perfectamente explicado, con rigor científico y una buena dosis de didáctica y pedagogía, sobre la evolución histórica de la localidad, donde la población infantil y el público en general pueden disfrutar y ampliar sus conocimientos sobre esta ciudad de forma amena, interactiva y constructiva. Y no sólo se puede visitar su museo, sino también cuando hay montajes de exposiciones, conferencias, etc. 
Destacar, sobre todo, la recuperación de un edificio histórico-religioso con una función social y cultural para la localidad puertorriqueña.