Tesoro es una palabra que, a lo largo del tiempo, ha dado lugar a muchos tópicos literarios; además, nos ha venido de la mano de los templos y las tumbas. Hay muchos tipos de tesoros; hoy nos vamos a centrar en los de oro.
En el primer tercio y a lo largo
de mediados del siglo pasado fue apareciendo, de forma fortuita, una serie de tesoros áureos que han pasado a formar parte de nuestro patrimonio. El primero
fue el Tesoro de Aliseda (Cáceres). Después vinieron muchos más como: el Tesoro
de Bodonal de la Sierra (Badajoz), Tesoro de Caldas de Reis (Pontevedra),
Tesoro de Segura de León (Badajoz), Tesoro de Villena (Alicante)… la mayoría de
ellos pertenecientes a la Edad del Bronce; también el Tesoro del Carambolo
(Sevilla), Tesoro de Ébora (Cádiz), Tesoro de La Puebla de los Infantes
(Sevilla), y Tesoro de Mairena de Alcor (Sevilla), adscritos a la cultura
púnico-turdetana.
El tesoro de Aliseda fue
descubierto (en febrero de 1920) de forma accidental por Jenaro, un niño que
acompañaba a sus tíos, Juan Jesús y Victoriano Rodríguez Santano, a extraer
arcilla para hacer tejas, en el término de Aliseda (Cáceres).
Este conjunto de joyas fue vendido a un joyero en Cáceres. El Ayuntamiento, tras conocer la noticia, puso en
conocimiento de las autoridades judiciales y las alhajas fueron confiscadas.
La intervención del arqueólogo D. Juan Ramón Mélida a la Comisión de Monumentos
Históricos y Artísticos de Cáceres y, posteriormente, a la Junta Superior de
Excavaciones y Antigüedades, determinaron que el Tesoro debía de estar
custodiado en el Museo Arqueológico Nacional, por el excepcional valor
artístico y por el exquisito trabajo de orfebrería que mostraban las piezas,
así pasaron a formar parte del patrimonio del Estado, previa aplicación de la Ley
de Excavaciones de 1911.
El conjunto de piezas ascendía a
350 objetos de oro, plata, bronce, vidrio y piedras preciosas, entre los que
destacaban una diadema, tres collares con simbología diferente, brazaletes, ocho anillos, dos arracadas, un cinturón compuesto por placas de oro, un abalorio con forma de campana, un septum, un torque, cadenas, amuletos y una pátera de oro. Un
braseo y una vasija son de plata. El espejo es una pieza de bronce y una jarra
de vidrio con inscripciones egipcias. Joyas datadas entre los siglos
VII y VI a. C. (período orientalizante).
Estas piezas están realizadas
siguiendo técnicas orientales, desarrolladas durante el período de la
colonización fenicia de la Península Ibérica. Algunas de las técnicas
utilizadas, como el repujado, el laminado, la filigrana y el granulado, siguen vigentes hoy en día.
Aún queda mucho por investigar y
determinar si este conjunto de piezas fue un ajuar funerario, como hasta ahora
se ha venido afirmando, pero no existen datos suficientes para respaldar esta
hipótesis de un enterramiento o de varios. Sólo la aparición del brasero y de
la jarra de vidrio constituye un ejemplo de enterramiento.
En los últimos años, la Universidad de Extremadura ha llevado a cabo una serie de intervenciones arqueológicas en la zona, dentro del proyecto GI PRETAGU. Según los trabajos, se
ha determinado que no existió ninguna tumba de prestigio, necrópolis ni santuario, como se ha venido postulando. Sin embargo, el registro
arqueológico hallado en Las Cortinas ha mostrado una gran similitud con el espacio que excavó Juan Cabré en Ejido, por lo que se ha identificado como un espacio de carácter ritual donde los principales linajes de la zona
celebrarían el comienzo de la primavera.
Como apreciamos observando el
tesoro, no es una colección análoga de objetos, ya que hay joyas femeninas, hay
objetos rituales y también elementos masculinos, es decir, es un conjunto
escogido y destacado de piezas que han sido designadas para un ritual de
indudable valor sociopolítico y simbólico, cuyos propietarios debieron adquirir
progresivamente y administrar a través de diversos mecanismos, como por ejemplo
regalos-adquisiciones y que se exhibirían en momentos o situaciones especiales,
siendo transmitido de generación en generación.
Los investigadores han llegado a
la conclusión, hasta nuevas intervenciones y datos, que en torno al 400 a .C es
cuando pudo ser sepultado u ocultado el tesoro de Aliseda, en uno de los
espacios de mayor significación político-religiosa de su dominio, como era el
área ritual del Ejido-Cortinas, donde era mostrado periódicamente en las
fiestas de la primavera y que a través del tiempo este paraje fue abandonado y
marcaría el fin de un tiempo y de un ciclo histórico.
En el año 2020 se celebró el
centenario del Tesoro de Aliseda con la publicación del libro: “El Tesoro de Aliseda, cien años después. En
el laberinto de sus historias”, de A. Rodríguez, I. Pavón, P. Ortiz y D.M.
Duque, donde se hace una reflexión de toda la historia y hallazgos que rodean
al tesoro con una buena base documental y un Tomo II dedicado a las
intervenciones arqueológicas.
La Diputación de Cáceres lleva a
cabo un proyecto titulado “Muro Crítico”. Festival de Arte Urbano en el Medio Rural” y, en abril de 2024, el mural de La Arracada ha sido galardonado como el
mejor mural del mundo por el organismo internacional Street Art Cities. Este
Muro Crítico es un programa de arte urbano que promueve el arte, el diálogo, el
medio rural, la crítica. Muchos de estos murales se encuentran repartidos por
los pueblos de Extremadura, aportando color y arte a los municipios. Hay que
decir que es una iniciativa muy interesante y llamativa.
En el mismo municipio de Aliseda
se encuentra el Centro de Interpretación del Tesoro, que comparte edificio con
la oficina de Turismo. Aquí hay una sala dedicada al Tesoro. Son réplicas fieles
al original. Hay una serie de paneles y audiovisuales que te van introduciendo
en el tesoro de Aliseda, pero los que te cuentan, y muy bien, toda la historia
son los técnicos Mario y Francisco Javier Cambero, que te adentran en todos los
entresijos del tesoro.
Referencias:
- A. Rodríguez, I. Pavón, D. M.
Duque, 2020: El Tesoro de Aliseda (Cáceres): una relectura. NORBA. Revista de
Historia. Vol. 33, pp 61-98.
- M. A. Orti Belmonte, 2020: El
tesoro fenicio de Aliseda (Cáceres). NORBA. Revista de Historia. Vol. 33, pp
15-60.
- A. Rodríguez, I. Pavón, D. M.
Duque, 2018: Más allá de las casas. Familias, linajes y comunidades en la
protohistoria peninsular. CuPAUAM, n.º 44. Universidad de Extremadura. Servicio
de Publicaciones, pp. 237-240.
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| La Arracada: mural de Sojo, ganador del primer premio. Foto RRSS |