miércoles, 16 de noviembre de 2022

LAS HUELLAS FÓSILES MÁS ANTIGUAS


Pensar que, después de 3,6 millones de años, podamos ver las primeras huellas (pisadas fósiles) humanas y de animales resulta inverosímil. Este tipo de investigaciones, aunque no lo parezca, no es nada reciente. En 1976, el equipo de Mary Leakey descubrió en Laetoli los pies de tres individuos de Australopithecus afarensis que caminaban erguidos.

Hoy nos centraremos en las primeras huellas encontradas en el continente europeo. La aparición de las huellas de los homínidos, digamos que, no ha despertado mucho interés en el campo de la paleoantropología debido a la escasez de hallazgos y a la falta de datos en comparación con los registros fósiles óseos. Hoy en día, el número de hallazgos ha crecido y se les presta gran atención por la información que nos aportan sobre aspectos biométricos y morfométricos, referentes al tamaño y la composición de los grupos humanos, así como sobre los desplazamientos de la fauna.

El primer estudio sobre las huellas dejadas por los homínidos en la Península Ibérica se realizó en Gibraltar. En 2019, aparecieron en las dunas móviles del área de Catalán Bay. En la cantera, debido a los trabajos de explotación del sedimento arenoso, se ha expuesto la estructura interna de las dunas del pleistoceno, donde se acumulan depósitos eólicos. Estos llenan las cuevas marinas y cubren las laderas, formando rampas de arena colmatada y débilmente cementada, lo que permite que el registro se conserve en óptimas condiciones.

Después de unos años, se produjo una serie de derrumbamientos naturales de arena, lo que provocó la aparición de más material. Las huellas corresponden a cinco morfotipos de pisadas de mamíferos como el ciervo, el íbice, el uro, el leopardo y el elefante, así como a la de un humano joven, posiblemente un neandertal, y han sido reconocidas en secciones transversales. Las dataciones se realizaron mediante luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), con una edad de 29.000 años. Estos hallazgos constituyen el primer registro paleoecológico en los sedimentos eólicos de Gibraltar. La datación de las huellas situadas en el MIS 2 corresponde al tránsito del paleolítico medio al superior y coincide con los registros fósiles hallados en Gorham’s Cave y Vanguard Cave, excepto Elephas antiquus, que sólo ha sido identificado en un único lugar del Peñón y está asociado a registros del último ciclo glacial.

Poco tiempo después, en 2020, un equipo de investigación encabezado por Fernando Muñiz y Carlos Neto localizó una superficie del Pleistoceno Superior atestada de huellas y rastros, que quedaron expuestos en la base del acantilado de “El Asperillo” (con una altitud de 20-22 m y una longitud de 35 km, situado en el Parque Nacional de Doñana, Matalascañas, Huelva), como consecuencia del temporal. Se trata de una superficie pisoteada, relacionada con áreas encharcadas de aguas poco profundas en una posición interdunar, muy similar a las que se producen hoy en día en el Coto de Doñana.

 Esta superficie pisoteada registra huellas de animales como Bos primigenius, Cervus elaphus, Sus scrofa, Palaeoxodon antiquus y Canis lupus, así como de aves acuáticas (Anatidae, Charadriiformes). Para estos investigadores, la mayoría de las huellas corresponden a una megafauna típica de estos periodos, que vivía en esta zona, como los uros de gran tamaño, los elefantes de colmillos rectos y la especie de jabalí Suidichnus galani, que es tres veces mayor que el cerdo actual y posible descendiente de este, así como a leones y leopardos. Este sería un lugar de caza, donde los grupos humanos encontraban en los grandes vertebrados, como los elefantes, una presa fácil, pues se trataba de hembras parturientas y de sus crías.

Las huellas se encontraron bajo una capa de dunas fosilizadas, con una datación de 106 ka mediante termoluminiscencia (OSL), y corresponden a la etapa MIS-5 o al último interglacial. Los grupos humanos que habitaban la Península Ibérica probablemente eran neandertales. En aquella época, la línea de costa se encontraba a 20 km mar adentro de la actual.

En 2022, el Grupo de Investigación de Geociencias Aplicadas de la Universidad de Huelva, encabezado por Eduardo Mayoral, se encargó del estudio de las huellas fósiles de animales y de las de origen humano. En esta nueva fase de estudio, se han tomado muestras de cuatro niveles sedimentarios para contrastar los resultados con los de la campaña anterior y la edad de los restos fósiles ha quedado definida en 295,8 ± ka.

Las demás muestras han arrojado edades de 271±15,8 ka y 232,8±13,1 ka, y el nivel más joven se sitúa en la base de una unidad eólica con una edad de 203,8±12,7 ka. Con estas nuevas dataciones, el yacimiento queda adscrito al pleistoceno medio y no al pleistoceno superior, como se había establecido anteriormente. Y las huellas estarían asociadas a individuos de Homo heidelbergensis, pero no se dispone de registros óseos de pies que permitan compararlos.

Hasta la fecha, el grupo de investigación se planteaba que las huellas humanas pertenecían a neandertales. Aquí, la cosa se complica: en Europa sólo hay, hasta la fecha, dos yacimientos con registros de huellas de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata (Niza, Francia) y el de Roccamonfina (Italia).

El yacimiento de Terra Amata fue excavado en 1961 por Henry Lumley, quien estableció dos momentos de presencia humana: uno más antiguo, situado en la playa junto al mar, correspondiente a un período cálido hace 400 ka. Y un asentamiento moderno situado en una duna costera, durante un período de enfriamiento hace unos 380 ka. Mostraban una rica presencia de fauna (Palaeoloxodon antiquus, Cervus elaphus, Bos primigenius, Stephanorhinus hemitoechus, Sus scrofa, Hemitragus bonaldianus), con industria lítica achelense. La fauna es típica del período cálido MIS 11-8. En este lugar se localizó una huella humana de un individuo que podría medir 1,55 m. Estudios posteriores realizados en este yacimiento, por Paola Villa, interpretan resultados distintos y abogan por que se había producido una serie de desplazamientos verticales de los materiales entre los distintos niveles y lo consideran un palimpsesto.

La datación realizada en esta revisión de materiales se situó entre 230 ka (OSL) y 380 ka (ESR). Sin lugar a dudas, es un extraordinario yacimiento, pero las pisadas no pueden valorarse en un período determinado.

Otro registro con huellas de homínidos fue descubierto en 2003, cerca de la localidad de Foresta (Italia), y también muy cerca del volcán extinto Roccamonfina. Allí aparecieron las huellas de un individuo adulto y de cuatro jóvenes que caminaban por la ladera de la montaña, supuestamente pertenecientes a Homo heidelbergensis. Dada la pendiente de la ladera, tuvieron que apoyarse con las manos, por lo que se han registrado 56 huellas de pisada y algunas de manos. La estatura de los individuos era de aproximadamente 1,55 m. La datación los sitúa entre 325.000 y 385.000 años. Las huellas se han conservado porque quedaron cubiertas por una fina capa de cenizas volcánicas.  Los investigadores de este hallazgo aseguran que las huellas pueden pertenecer a Homo heidelbergensis, pero no lo afirman hasta que dispongan de nuevos datos.

En la costa de Norfolk (Reino Unido) han aparecido huellas de homínidos con una antigüedad de 780.000 años. Gran Bretaña, en aquella época, todavía estaba unida por tierra a Europa continental, y lo que hoy es el yacimiento de Happisburgh debió de ser una zona de marisma de un gran río. Este yacimiento es conocido desde 2005, cuando se constató la existencia de una industria lítica de pedernal, sobre todo de lascas y núcleos; además, los huesos presentaban marcas de corte. Según las evidencias de flora y fauna, se pueden atribuir a la última parte de un interglaciar, fechada con base en evidencias bioestratigráficas y paleomagnéticas, correspondiente a la fase del Pleistoceno temprano, entre MIS 21 y MIS 25.

En 2013, aparecieron huellas de homínidos adultos y jóvenes; medían 0,93 m y 1,73 m, respectivamente, y posiblemente pertenecían a una familia que caminaba por la orilla del río. Atendiendo a la fecha y a las medidas de las pisadas, la única especie conocida en Europa occidental es Homo antecessor. Es un rango que no ofrece muchas alternativas, pero, sobre todo, son huellas muy frágiles que han sido destruidas por la erosión costera.

Para el equipo de Mayoral, esta nueva datación sitúa a las huellas en su conjunto en un marco paleoambiental y por supuesto una reconsideración taxonómica de las huellas de homínidos, que en un principio se han podido identificar con toda claridad 87 pisadas, que quedaron registradas en una zona pantanosa al borde de una zona encharcada muy poco profunda que se situaría muy cerca de la línea de costa y al resguardo del cordón de dunas; y de las cuales 31 están longitudinalmente completas y miden 14 a 29 cm. De estas huellas, 7 están asociadas a niños, 15 a adolescentes, 9 a adultos y 11 a niños y adolescentes. Dada la amplia gama de tamaños de las huellas, se cree que se trata de un grupo social integrado por individuos de diferentes edades, distribuidos entre niños, jóvenes y adultos.

Estos momentos corresponden a distintos estadios climáticos, entre una época cálida (MIS-9) y su transición hacia el MIS-8, cuando se produjo una glaciación. Se trata, pues, de una evolución climática de cálida a fría.

Ante todas estas evidencias, surge el debate: aparte de las pisadas de EL Asperillo, no se conocen otras huellas de homínidos en los estudios del Pleistoceno medio, por lo que se cuestiona si dichas huellas pertenecen a neandertales. Tras los resultados de las dataciones, hay evidencia para afirmar que se trata de homínidos preneandertales, pero, como hemos valorado, sólo hay dos yacimientos con dataciones de Homo heidelbergensis: el de Terra Amata, donde las evidencias no son muy claras, y el de Norfolk, que se aleja mucho en el tiempo y en el tamaño de las huellas; además, las huellas de Norfolk desaparecieron tras quedar expuestas a los temporales. Y la tercera posibilidad es la de Roccamonfina, que se ajusta a las dataciones, pero el responsable del estudio no afirma que se trate de pisadas de Homo heidelbergensis; necesita más datos para verificar esa hipótesis. Los dos únicos paralelos con evidencia más clara son los de Theopetra (Grecia) y Biache-Vaast (Francia), pero están adscritos a los neandertales y no a Homo heidelbergensis.

El grupo de investigación de Matalascañas, encabezado por el Prof. Eduardo Mayoral, determina que las huellas de homínidos probablemente corresponden al linaje neandertal (Homo neanderthalensis y Homo heidelbergensis), pero aún faltan huellas bien conservadas para apreciar rasgos morfométricos, como pies anchos, asociados a los neandertales. La falta de registros óseos de esta época dificulta la comparación y deja la puerta abierta, hasta nuevos estudios, a que se trate de homínidos preneandertales. Para este equipo se plantea la hipótesis de que se trata de grupos de cazadores-recolectores que se desplazan por la zona o bien que desarrollan actividades de pesca o marisqueo aprovechando los recursos del territorio.

Sin lugar a dudas, se trata de un yacimiento de características excepcionales, pues constituye el primer registro de huellas de vertebrados fósiles en el Golfo de Cádiz. Este momento resulta especialmente interesante para comprender las ocupaciones humanas en Europa durante el Pleistoceno. Este tipo de evidencias nos permite aproximarnos a entornos paleoambientales y paleoecológicos y, sobre todo, a las condiciones sedimentológicas en las que fueron depositadas, algo hasta ahora poco conocido. Además, es el único yacimiento hasta la fecha, en cuanto a tamaño y registro de huellas tanto de animales como de homínidos, que nos revela un único momento de la vida de un grupo humano prehistórico, porque lo que tenemos hasta ahora son sólo datos arqueológicos que nos aportan información sobre la cultura material y las actividades del grupo.

Referencias:

- N. Ashton et al, (2014): Hominin footprints from Early Pleistocene deposit at Happisburgh, UK. PLoS ONE 8, e88329.

- F. Muñiz et al, (2019): Following the last Neanderthals: Mammal tracks in Late Pleistocene coastal dunes of Gibraltar (S. Iberian Península). Quaternary Science Review, V 217, pp 297-309.

-M. Marshall, 2020: “Neanderthals may have climbed an active volcano soon after it erupted”. New Scientist.

- C. Neto de Carvalho et al, (2020): First vertebrate tracks and palaeoenvironment in a MIS 5 context in the Doñana National Park (Huelva, SW Spain). Quaternary Science Reviews, Vol. 243.

- E. Mayoral et al, (2021): “Tracking late Pleistocene Neandertals on the Iberian coast”. Scientific Reports nº 11, 4163.

- E. Mayoral et al, (2022): New dating of the Matalascañs footprints provides new evidence of the Middle Pleistocene (MIS 9-8) hominin paleoecology in southern Europe. Sci Re 12, 17505.


A. Marco geográfico del área de estudio y su ubicación en la Península Ibérica. B. Vista general de la superficie con las huellas. C. Sección estratigráfica simplificada del acantilado de El Asperillo. Foto: C.N. de Carvalho (2021).

Huellas de cérvidos y homínidos. Foto: E. Mayoral. 

Tipologías de pisadas de homínidos en la playa de Matalascañas (Huelva). Foto: E. Moyoral.



jueves, 10 de noviembre de 2022

MESA REDONDA: La Arqueología y el Patrimonio como recurso didáctico. Cuando las ruinas nos desvelan la Historia.

 Durante los días 2 y 3 de noviembre, se celebró en el Museo Arqueológico de Jerez de la Frontera  el III Encuentro con el Patrimonio Arqueológico. Un encuentro organizado por la Asociación Profesional del Patrimonio Histórico-Arqueológico de Cádiz, en colaboración con el Excelentísimo Ayuntamiento de Jerez. Ha estado coordinado por la compañera M.ª Carmen Reimóndez Becerra.

Agradecer a la Asociación ASPHA la invitación a participar en este evento, especialmente a Esperanza Mata, alma máter de este encuentro, y felicitar al Museo Arqueológico por dar cabida a este tipo de acontecimientos, así como por la gran labor de difusión de su Patrimonio Histórico-Arqueológico que viene desarrollando la Asociación Amigos del Museo.

La mesa redonda sobre la arqueología y el patrimonio como recursos didácticos. Cuando las ruinas nos desvelan la historia, participaron: Pepa Lozano Sánchez, Pepa Lozano Ramírez, Agustín García Lázaro e Isabel Cáceres Sánchez, y actuó como moderador Daniel Jiménez. Muy complacida de nuevo por poder debatir con compañeros/as de amplia trayectoria en el campo de la arqueología y la educación.

Cada uno de nosotros fue hablando de su experiencia con la arqueología como elemento educativo. En mi caso, diría que es un recurso que utilizo cada vez que los contenidos lo permiten, pero sí que es cierto que nunca he trabajado el patrimonio arqueológico de forma aislada, sino que, para mí, el patrimonio es natural y también cultural; es decir, debe estar integrado en nuestro proceso histórico. Es verdad que cada patrimonio tiene sus conocimientos concretos, pero estos son complementarios y se puede o se debe cooperar.

Tenemos que decir que cuando trabajamos con el patrimonio en educación, no es lo mismo hacerlo en un medio rural que en una gran ciudad, pero el objetivo principal, tanto del patrimonio arqueológico como del cultural, es que tienen que ser considerados como un recurso integrador que pueda ayudar a crear conciencia histórica, en todo tipo de personas y sobre todo en el alumnado, ya que su aprendizaje les permitirá comprender mejor el pasado que les rodea, valorar la Historia del presente y participar especialmente en la construcción de su futuro personal y social.

La incorporación de nuevas metodologías en la enseñanza de la Historia es muy positiva, como es trabajar con la metodología arqueológica, no sólo nos facilita iniciar al alumnado en una investigación histórica y en el análisis de las fuentes, sino que, debido al conocido carácter interdisciplinar de la misma, nos permite desarrollar contenidos de diversas áreas de conocimiento, como es la Biología, la Física, Geología, Química, Historia del Arte,... La introducción de la arqueología en los centros educativos como recurso para trabajar las competencias básicas en la educación (tanto en Primaria, Secundaria, Grados, Ciclos Formativos como en Másters…) resulta altamente plausible por el conjunto de valores educativos que podemos trabajar a través de ella.

Lo que sí tenemos que tener presente es que los estudios del patrimonio en los centros educativos están relacionados con la materia de Historia y con la Educación para la Ciudadanía o Formación Ciudadana. Aunque cada vez somos más los docentes que estamos más involucrados en que el patrimonio sea el protagonista del proceso de enseñanza. ¿Y por qué esta tendencia? Creo que el conocimiento acerca del alumnado o de la población en general, de un trabajo científico, de la búsqueda de información, de la utilización de un método científico y de un pensamiento autónomo y crítico, y, además, de que existe una relación entre el presente y el pasado, es capaz de construir la formación global del alumnado. En el currículum, cuando está presente la arqueología, suele limitarse a contenidos relacionados con la prehistoria o la antigüedad, pero se ignoran otros períodos históricos, como la arqueología medieval y la arqueología moderna…

A veces nos preguntamos: ¿por qué la arqueología está fuera de los planes de estudio de la historia? Pues es muy sencillo: a pesar de que se firman acuerdos entre los diferentes agentes implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje sobre la importancia del patrimonio como recurso educativo, la realidad es muy diferente, porque en el currículo el patrimonio aparece, como he comentado anteriormente,  como algo transversal dentro de los contenidos actitudinales o de competencias ciudadanas, es decir, como contenidos menores. A pesar de las ventajas y aspectos que aporta la utilización del patrimonio en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya señalados, por ejemplo, en el Real Decreto de 2007-2008, en el que se establece la estructura del Bachillerato y se fijan las enseñanzas mínimas, no se recoge su uso como recurso didáctico ni como elemento que contribuye a la adquisición de las competencias propias de la enseñanza de la Historia.

En general, las actividades relacionadas con el patrimonio  o la arqueología se enmarcan más en actividades lúdicas dentro de la programación que en su relación con el currículum y las unidades didácticas, y se usan en momentos puntuales y como curiosidad, con el objetivo de ilustrar aquello que se quiere explicar.

También hay una serie de ventajas para que la arqueología esté fuera de la educación reglada: no está sujeta a las restricciones de la enseñanza reglada, como formar grupos por edades o, a veces, la presión por cumplir con el diseño curricular, como es el caso del segundo de Bachillerato, en el que el alumnado tiene que superar la PAU.

Evidentemente, existe una gran variedad de actividades y proyectos relacionados con la arqueología y el patrimonio arqueológico que no entran dentro de lo que podemos considerar educación reglada y que generalmente son llevados a cabo por entidades públicas o privadas, como museos, centros de interpretación y universidades, así como por otras, como las empresas privadas de arqueología y gestión del patrimonio.

Hoy en día existen numerosos medios de comunicación mediante los cuales se realiza una labor de difusión arqueológica y patrimonial, que podrían encuadrarse perfectamente en esta categoría, como las asociaciones u organizaciones de distinto signo y, por supuesto, internet, la herramienta más utilizada para la difusión de todo tipo de noticias. Un ejemplo de todo esto es la labor de difusión y divulgación que nuestra asociación ASPHA está realizando. Aunque en todo este tema de la difusión del patrimonio hay que tener mucho cuidado, porque un exceso de información puede ocasionar un efecto contrario al que deseamos: crear confusión o desinformación en la sociedad. Con la información arqueológica hay que ser muy riguroso, porque una de las normas que rigen la difusión del patrimonio establece que debemos satisfacer las necesidades del público al que va dirigida. La sociedad es, en realidad, la que financia la mayoría de los trabajos vinculados a su gestión mediante los presupuestos generales, es decir, con dinero público, por lo que es fundamental esforzarse por hacer llegar el patrimonio y los resultados de las investigaciones científicas a la sociedad en su conjunto, con un discurso acorde con todos los niveles. Lo que sí es necesario es la colaboración interdisciplinar entre investigadores, educadores y gestores, con un único fin: establecer una verdadera relación entre la sociedad y el patrimonio. Sobre arqueología y educación se puede seguir debatiendo mucho más…







jueves, 22 de septiembre de 2022

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ASTURIAS

 Cuando visitamos Asturias, una de las ciudades de paso es Oviedo, para disfrutar de su inmenso patrimonio, tanto cultural como natural. En pleno centro de la ciudad, se encuentra el Museo Arqueológico del Principado, que conserva una larga tradición museística desde 1845. Realizamos nuestra visita a las nuevas instalaciones del museo, situadas a la espalda de la Catedral, en el monasterio benedictino de San Vicente, y vinculadas al primer asentamiento de la ciudad. El edificio ha sufrido varias reformas. La última ha sido una exquisita rehabilitación que ha dotado al edificio de instalaciones renovadas. Se abrió al público en 2011. En esta rehabilitación también se llevaron a cabo la reposición del claustro y la ampliación del solar del edificio contiguo, respetando la fachada barroca.

Un paseo por el interior te hace darte cuenta de la diversidad cultural y la riqueza arqueológica e histórica que guarda la historia de Asturias, y que vamos descubriendo a través de sus exquisitas colecciones particulares, que abarcan desde tiempos prehistóricos y la época de los castros hasta Roma y la Asturias medieval.

Prácticamente, me voy a centrar en la sala de Prehistoria, que para mí es la preferida en un museo. Comienza con unas vitrinas dedicadas a las condiciones ambientales en la prehistoria, que exhiben una rica colección de restos de fauna cuaternaria procedentes de las cuevas de El Castillo, Buxu, Sofoxó, La Rierca y del Cierro…

La incorporación de equipos de investigación en las excavaciones arqueológicas ha permitido conocer las estrategias de subsistencia de los primeros grupos humanos (caza, pesca, recolección, etc.) y los avances técnicos en la fabricación de las herramientas halladas en distintas cuevas y abrigos. Durante este período, la parte antropológica está muy bien representada por los hallazgos de la cueva de El Sidrón.

Una de las vitrinas alberga una representación a escala 1:1 de una mujer neandertal, con el objetivo de resaltar las diferencias anatómicas entre los neandertales y los humanos modernos. La cueva de El Sidrón puede decirse que alberga uno de los registros más completos de fósiles de neandertales (Homo neanderthalensis). Sus restos han sido estudiados desde 2003 por el Grupo de Paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales –CSIC, con el paleoantropólogo Antonio Rosas González como director. Decir que el descubrimiento de la estructura del ADN en 1953 marcó el inicio de la era de la biología molecular y de la genética. Gracias a los beneficios que nos aporta la genética y a partir de esos registros, podemos reconstruir parte de la historia de la especie a la que pertenecieron y así hacerlos nuestros, reintegrándolos a la gran familia biológica que es la especie humana. Pues bien, a partir de su ADN se han establecido las relaciones de parentesco entre los 12 individuos que han aparecido.

A partir de la información que nos han dejado, sabemos que eran grupos que practicaban el canibalismo, usaban plantas medicinales en su vida cotidiana y empleaban palillos de dientes. Pero quizás una de las novedades es que este grupo conocía la división del trabajo por sexo y por edad.

Lo que hace extraordinaria esta cueva es que en la Península Ibérica no existe un registro tan completo y variado de esta especie, por lo que constituye un referente en el ámbito del mundo neandertal.

Otra de las evidencias, única del rico patrimonio de Asturias, es el conjunto de arte mueble paleolítico, que, a mi modo de ver, está muy bien expuesto. Basándose en los aspectos museográficos, han conseguido, mediante iluminación LED, el efecto de una vitrina de doble visión, que te permite ver las piezas desde diferentes ángulos. También la información sobre estas está disponible a través de los recursos interactivos, en los que se puede profundizar en los elementos decorativos de las piezas. El conjunto de industria lítica y ósea procede de las cuevas de Buxu, Llonín, Tito Bustillo, Las Caldas…

Hay que resaltar que buena parte de las colecciones disponibles en el museo se debe al trabajo de investigación y a las donaciones de muchas personas, y me gustaría destacar la del profesor Francisco Jordá Cerdá, quien fue director de este museo desde 1953 hasta 1963 y del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación Provincial de Oviedo. Esas donaciones se deben a sus trabajos en las cuevas de Pindal, Cueto de Mina, Peña de Candamo, La Lloseta, Cova Rosa, El Cierro, la cueva de Les Pedrose…

Otra de las salas, muy bien distribuida, alberga las sociedades del neolítico. En este período nos sorprenden los megalitos, el mundo funerario que se desliza entre el culto y el territorio, así como la transformación del paisaje, reflejo de una nueva sociedad.

Y, por supuesto, en Asturias no podía faltar el poblamiento castreño, que ha influido tanto en el paisaje de esta comunidad entre el final de la Edad del Bronce y la conquista romana. Donde se generaliza el uso del hierro, aparecen los primeros poblados fortificados y, sobre todo, mejoran las técnicas de cultivo. De este período destaca la diadema de Moñes, que representa el arte figurativo en la orfebrería céltica. Es una tira de oro con representaciones figurativas, de un exquisito trabajo.

De aquí se pasa a la sala donde se refleja la llegada de Roma a Asturias, que supuso la organización del territorio, la transformación de las actividades económicas y un fuerte cambio cultural que la vincula con la civilización clásica. Se da paso a la monarquía astur, desde su formación en la alta Edad Media hasta la llegada del s. XV. El recorrido termina con la visita al claustro del antiguo convento, de estilo gótico y con friso renacentista.

En general, podemos decir que el Museo Arqueológico de Asturias satisface las necesidades culturales, científicas, educativas y lúdicas de cualquier público que se acerque a sus salas.

Sólo me queda felicitar a todas las personas que han participado en la puesta en valor de este museo por su diversidad cultural y riqueza arqueológica y, sobre todo, por su planteamiento museológico y museográfico de las piezas que custodia.

 

Referencia:

-Izquierdo, I. y García, S. (2011-2012): “El Museo Arqueológico de Asturias (Oviedo): identidad y memoria del patrimonio asturiano”. Museos.es, 7-8, pp. 264-279.