martes, 29 de abril de 2014

CASTILLO DE LOS GUZMANES DE TREBUJENA (Cádiz)


El día 21 de abril, el pueblo de Trebujena celebraba su XX aniversario de “la bandera de Trebujena”; además, es  la fecha en la que se firmó la Carta Puebla (1494) de la localidad.
En el año 2006, se llevó a cabo una serie de excavaciones arqueológicas de tipo puntual en el interior del Castillo de los Guzmanes, debido a que desde el año 1985 está catalogado como Bien de Interés Cultural, bajo la dirección del arqueólogo D. Diego Bejarano Gueimúndez (Arqueosistemas), para su posterior rehabilitación como centro cultural, que consta de una Sala de Exposición Permanente de Arte, Costumbres Populares y Arqueología.
En esta intervención se ha realizado un trabajo muy completo, ya que, el director de la misma presentó en su memoria final de excavación, un estudio de todos los materiales registrados en la misma, junto al estudio de sondeos, catas paramentales, control arqueológico del picado de paramentos y excavación arqueológica en extensión, se estudió tanto la cerámica aparecida, numismática, trabajos de restauración, así como, el estudio de los restos óseos de fauna.
Nos encontramos ante un trabajo bastante  novedoso en la provincia de Cádiz, ya que son pocas las intervenciones arqueológicas de este tipo que aporten información tan completa sobre el registro histórico, económico y social del yacimiento.
Con motivo de esta conmemoración, nos dimos cita en el castillo con los/las arqueólogos/as que habíamos participado en dicho estudio. Abrió el acto el director de la excavación, quien habló de la época de construcción del castillo, situado entre los s. XIV-XV y posiblemente posislámico; así como de las diferentes estructuras presentes en él, como la torre de vigía y el pozo de captación de agua del s. XVII: el castillo como vivienda en los siglos XVII, XIX y XX; el mercado de abastos; y las diferentes  estructuras de cimentación presentes en el castillo.


Le siguieron a su intervención la arqueóloga Dª María Cristina Reinoso del Río y D. José María Gutiérrez, quienes analizaron el estudio de las cerámicas recuperadas en el castillo, de época tartésica, púnico-gaditana, ibérica, romana, andalusí, mudéjar, moderna y contemporánea; determinaron la tecnología empleada en su fabricación, así como los diferentes tratamientos recibidos. 

Cerré el acto con la intervención  «La arqueología de la ganadería en el castillo de Trebujena», en la que tuve la ocasión de hablar del estudio arqueozoológico realizado y de la presencia del registro faunístico en el yacimiento, así como del desarrollo y la evolución que ha sufrido la domesticación de los animales, desde las sociedades cazadoras-recolectoras hasta las pastoras ganaderas.


Y la importancia de la ganadería en la provincia, a partir del s. XX, con la presencia de ganado vacuno, que ostentaba la primacía en unidades ganaderas, mientras que el ganado ovino registraba el mayor número de cabezas. 
También se produjo un crecimiento del ganado mular y porcino, como consecuencia de la progresiva sustitución del buey por la mula, como ganado de labor; sin embargo, en las zonas arcillosas se siguió utilizando el buey como fuerza de tracción.
Se dio por cerrado el acto tras un breve coloquio sobre el estado de la arqueología en la localidad y el deterioro que sufre el Patrimonio Arqueológico en la zona.






miércoles, 26 de marzo de 2014

EL POBLADO DE CASTELLÓN ALTO


El yacimiento de Castellón Alto se encuentra en el término municipal de Galera (Granada), a un kilómetro del centro urbano y próximo al río Galera. 
Este poblado pertenece a una de las culturas  prehistóricas más avanzadas de la Península Ibérica. En estos momentos, se trata de la cultura del Argar y podemos considerarla una de las primeras sociedades organizadas, donde ya no existe la igualdad y comienza claramente a jerarquizarse la sociedad, y se irán sentando las bases, tanto sociales como económicas, que más tarde darán origen a la cultura ibérica.
En la década de los ochenta se llevó a cabo una serie de intervenciones en los yacimientos de Castellón Alto, Loma de la Balunca y Terrera del Reloj, a cargo del Departamento de Prehistoria de la Universidad de Granada. En concreto, en Castellón Alto se llevaron a cabo varias campañas en 1983 y 1989. 
Estos trabajos han  aportado un nuevo enfoque a las investigaciones sobre la cultura argárica en esta zona.
En 1996, el poblado de Castellón Alto (1.500 a. de.) C) Fue declarado Bien de Interés Cultural y, a partir de entonces,  puede ser visitado por el público.
El yacimiento se encuentra en un enclave excepcional, sobre un promontorio de yeso que transmite una sensación de fortaleza, ya que presenta fuertes pendientes, sin zonas llanas, y las que existen han sido creadas por el hombre.
 El poblado está distribuido en tres terrazas naturales, en la parte más alta amurallada la constituye la acrópolis (donde se encuentra una estructura de cisterna, un horno y un número elevado de sepulturas que denotan por el ajuar y por las características antropológicas de los inhumados, su pertenencia a la clase social más elevada del poblado), y en la ladera oriental del cerro contiguo se encuentra igualmente estructurada en otras terrazas, donde se sitúan las viviendas a las que se accede a través de calles.
Debido a la complejidad del terreno y a su altura, estos cerros tienen un fuerte carácter defensivo; generalmente son accesibles por un solo punto y ofrecen una gran visibilidad sobre toda la Vega. Las zonas de hábitat se sitúan en la soledad, como protección frente a los fuertes vientos del norte.
El esquema urbanístico se caracteriza por la presencia de varias unidades habitacionales de gran tamaño. A veces, las viviendas se distribuyen en dos niveles y presentan estancias alargadas destinadas a actividades domésticas. 
Las casas están construidas con piedras de arenisca propias de la zona y con materiales vegetales. Su interior suele estar formado por varias habitaciones, separadas entre sí por pequeños tabiques elaborados con cañas y barro. La presencia de hoyos para postes junto a las puertas indica que la puerta estaría suspendida, posiblemente formada por esteras de esparto o pieles.
El suelo de las viviendas está formado por una capa endurecida de barro rojizo; en otras, presenta lajas planas de pizarra o de pequeñas piedras de areniscas que conforman un auténtico enlosado. En algunas viviendas se han conservado bancos corridos de piedra junto a los muros de aterrazamiento, recubiertos con una capa de adobe rojizo. También existen molinos asentados sobre poyetes de piedra, estructuras de almacenamiento formadas por losas de pizarra hincadas en el terreno que albergan vajillas de cerámica, y silos excavados en la roca.
También quedan muy bien reflejadas las sepulturas dentro de las viviendas; en este yacimiento son corrientes las covachas realizadas en el muro o en el corte de la roca que forma la pared posterior de las cabañas; una abertura o boca de forma ovoide da paso a una cuevecilla de planta oval y de tamaño variable, aunque suelen rondar el metro en su lado más largo.
 La boca está tapada con losas planas de areniscas y piedras pequeñas en los huecos; a veces, las losas han sido sustituidas por tablas o troncos de madera. Los niños son enterrados en vasijas funerarias y en fosas simples delante de las covachas. También se han recuperado enterramientos dobles compuestos por dos niños, dos jóvenes, un varón adulto y un niño o un joven. En algunas ocasiones, la inhumación es triple o cuádruple y los enterrados junto a la pareja son jóvenes o niños.
En cuanto a las estrategias de subsistencia implementadas en el poblado, podemos decir que se basaban en una economía de producción, basada en la agricultura y la ganadería. Se practicaba la agricultura de secano, junto con el cultivo en los valles fluviales y en pequeños huertos, y se realizaba el pastoreo de importantes rebaños de ovejas y cabras.
También desempeña un papel importante la cría de cerdos, bóvidos y caballos. Posiblemente, los caballos y los bóvidos se utilizaban para la tracción y la carga en los trabajos agrícolas y metalúrgicos y, cuando alcanzaban la edad adulta, eran sacrificados para su consumo. Los perros eran otros de los animales presentes en los poblados; la presencia de esqueletos completos podía indicar una relación especial con el hombre y también podría haberles servido para el cuidado del ganado; la presencia de marcas de corte en  algunos restos nos indica que fueron comidos por estas poblaciones.
En este poblado se han recuperado restos de fauna depositados ritualmente junto al muerto, lo que señala una diferenciación respecto de los que no presentan restos, posiblemente relacionada con la propiedad de los rebaños.  
También existe diferenciación entre algunas sepulturas: en algunas se han recuperado restos de ovicápridos , y en otras se han recuperado restos de vaca, con un rico ajuar compuesto por pendientes de plata, puñal, hacha y pulsera de bronce, collar, tela, vaso globular, olla de paredes rectas y huesos de vaca.
Esta diferenciación entre ovicápridos y vacas posiblemente señale una separación social importante, pues la posesión de una vaca implica el control de los pastos más ricos, a la par que un mayor acceso a productos derivados, como la leche y el queso.
Actividades como la caza, la pesca y la recolección de plantas silvestres para su consumo desempeñaron un papel secundario entre las dedicadas al aprovisionamiento de alimentos, aunque el medio ambiente circundante proveía elementos tan necesarios como la madera para la construcción, la leña para los fuegos y las fibras vegetales para la fabricación de cestos y cuerdas.
Gracias a los trabajos de restauración y consolidación para la puesta en valor del yacimiento, podemos hacer un recorrido por el asentamiento, donde se nos muestran las características urbanísticas y constructivas de este poblado, lo que te permite adentrarte en el conocimiento de la cultura del Bronce, en concreto, del mundo argárico. Donde se han reunido todos los conocimientos aportados por las diferentes  disciplinas para poner de relieve una nueva concepción de la comprensión del patrimonio arqueológico.
Parte del material recuperado en las excavaciones se encuentra expuesto en el museo comarcal de Galera; otra gran parte fue expoliada.














viernes, 21 de marzo de 2014

CRÁNEO DE URO


En el yacimiento de Oued Sarrat, en la provincia de El Kef (Túnez), se ha hallado un cráneo de Bos primigenius. Las excavaciones se llevaron a cabo en el año 2008 y los resultados de los estudios se han publicado en la revista  Quaternary  Science Review por los paleontólogos  Bienvenido Martínez-Navarro y Narjess Karoui-Yaakoub.
Una vez recuperados y restaurados los fragmentos óseos, se ha determinado que pertenecían a un uro. Su tamaño es mayor que el de los ejemplares recuperados en Europa; sus cuernos miden unos 112 cm y su masa corporal supera los 1.000 kg.

Cráneo de Bos primigenius. Foto: IPHES

Los investigadores lo consideran el ancestro de los toros actuales; su cronología, basada en datos paleomagnéticos y biocronológicos, se sitúa en torno a 0,7 Ma. Por su cronología, este Bos primigenius se sitúa como el más antiguo encontrado hasta la fecha y emplaza al toro en orígenes africanos y no euroasiáticos, como se venía barajando hasta ahora.

Diferentes vistas del cráneo de Bos primigenius. Foto: IPHES

Las excavaciones en la cuenca lacustre han continuado en las campañas de 2011 y 2013, donde se ha ampliado  el registro arqueológico y paleontológico, revelando una asociación faunística de rinoceronte, équidos, hipopótamos, cerdos, antílopes, reptiles, aves asociados a una industria achelense, en unos niveles de color negro de origen lacustre, que se corresponde con la base del Pleistoceno Medio (aproximadamente unos 700.000 años) y otra más reciente en niveles fluviales marrones y grises, del Pleistoceno Superior, con fauna e industria ateniense, de hace 30.000-7.000 años de antigüedad.

Industria lítica del yacimiento. Foto: IPHES

Los autores consideran que los toros han evolucionado a partir del búfalo africano gigante de Olduvai, Pelorovis oldowayensis, que daría origen al toro moderno, pero con características anatómicas aún primitivas, que serían de Bos buiaensis, que evolucionaría a Bos primigenius en África y se dispersaría por Eurasia a principios del Pleistoceno Medio, lo cual cuadra con la propagación del tecnocomplejo achelense en el norte de África y Europa.

Referencia:

- Martínez-Navarro, B et al., 2014: The early middle Pleistocene archeopaleontological site of Wadi Sarrat (Tunisia) and the earliest record of Bos primigenius. Quaternary Science Reviews.